domingo, 30 de marzo de 2025

Los nombres de Feliza de Juan Gabriel Vásquez


   La imagen del tablero verde pleno de trozos de papel con información recabada sobre el mundo de Feliza Bursztyn, hace recordar el trabajo de Roa Bastos cuando sacaba de los manuscritos del archivo histórico del Paraguay, la historia de vida del dictador José Gaspar Rodríguez de Francia. Es el mismo ejercicio. Compilar información sobre un personaje para luego hacerle recobrar vida cotidiana ante los ojos d ellos lectores.

  Puede decirse que se hace novela histórica. Se toman los datos logrados, se presentan como testimonio para discurrir y narrar la vida de Feliza. Y los vacíos, o mejor, la distancia entre testimonio y testimonio se llena con ficción sobre lo que pudo haber hecho el sujeto investigado. Esa verosimilitud hace coherente y vivo el relato.

  Así de fácil aparece la mecánica; pero otra cosa es el dominio del tiempo de vida que debe referirse al contexto sociopolítico. Ese dominio es lo admirable. Si Feliza fue contemporánea del bogotazo, se hace necesario su estudio para poder mostrar el comportamiento de ella ante tamaño acontecimiento de la historia de Colombia.

  Además del tablero con fondo verde está la revelación de ir por las calles por las que anduvo Feliza, oteando los olores, relacionando la luz de las horas del día con el olor percibido, la situación espaciotemporal del cuerpo inmerso en el sentimiento del momento exacto en el que se expresa con palabras precisas la felicidad, el sosiego o la desesperanza. Juan Gabriel Vásquez lo expresa cundo indica que ese rastreo produce la imagen del personaje en su cabeza con una facticidad precisa, lo que le permite narrar la vivencia y transmitirla al lector ya preparado para caminar las calles de París o Bogotá, entrar a sus cafés o a las habitaciones de Feliza con sus diversos amantes compañeros.

  El autor dice estar en su París del presente a comienzos del siglo XXI; pero la ciudad se le convirtió en el escenario de una vida que no era la suya. Era la vida de Feliza que lo obligaba a retroceder cuarenta años. Los acontecimientos los recrea con base en la información sacada de un recorte de periódico, de una fotografía o de sus entrevistas hechas a quienes convivieron con ella.

  Así queda expuesto el método: recabar información, cruzarla, triangularla y producir un relato ubicado en el espacio y momento sociopolítico. Hay aquí un cruce con el método de la historia para conseguir testimonios. Pero se hace literatura y no historia. Si fuese una obra hecha desde la ciencia de la historia, cada proposición o párrafo debería llevar un pie de página o una referencia explicando los avatares de la búsqueda y hallazgo de la información; y explicando porqué se afirman o se niegan los actos de los personajes o los hechos narrados.

  Pero al hacer literatura, el discurrir de la palabra escrita no lo necesita o no lo hace, porque basta con la verosimilitud de los hechos cifrados y la convicción de los lectores de estar transportados a una época, guiados por la mano del personaje. Se está ante una narrativa familiar, porque se siente involucrado en la vida cotidiana, en la vida de Feliza. Cotidianidad imaginada con la distancia del tiempo y con ayuda de noticias. El autor Vásquez lo manifiesta: se hace una historia novelada con ayuda de información recabada. El método es diáfano. Se tiene una escultora que muere en un restaurante ruso de París en 1982 y en compañía de amigos famosos.

  La historia ficcionada se construye alrededor del hecho y respondiendo preguntas necesarias; ¿cómo fue el origen de la escultora y porqué ese apellido no latino? Descubrir estar ante un personaje de origen judío permite involucrar el holocausto; estar ante una mujer artista que mueve grandes masas de fierros, refresca las luchas feministas. Con un personaje tan activo en la vida social lleva a ponerlo en planos políticos, ponerlo en contacto con la tragedia colombiana de muerte y asesinato de líderes insoslayables como Jorge Eliécer Gaitán y la violencia generalizada que precipitó. La vida dentro de la dictadura de Rojas Pinilla, el papel de las artes y la crítica de arte en ruptura con esa sensibilidad clasista que solo concebía la escultura hecha en piedra y nada más.

  La Feliza de Juan Gabriel Vásquez como trabajadora del arte fue ubicada en los avatares de la izquierda política y la guerrilla de su época contemporánea, en la que tuvo que rosarse con intimidades comunistas, militaristas, a pesar de ser presentada como una pacifista fundamentalista. El practicar la amistad como principio social, la llevó a tener a su lado artistas, críticos y militantes de partidos políticos vitales en la vida colombiana: Marta Traba, desde la televisión recién fundada renovaba la sensibilidad estética; el pintor Obregón sacaba la plástica de los lienzos relamidos en competencia perdida con la fotografía. Santiago García promotor del teatro vivencial; Gaitán Durán y la gente de la Revista Mito que ampliaron el horizonte bibliográfico contra el costumbrismo de Germán Arciniegas. García Márquez y el grupo de Barranquilla quienes al innovar la literatura comprendieron la obra de Feliza y le dieron pertinencia.

  La muerte súbita de Feliza Bursztyn en palabras de García Márquez fue explicada como muerte por tristeza. Esta percepción desarrollada por Juan Gabriel tiene relación con el protagonismo de la guerrilla del M-19. Cuando fue invitada a exponer sus obras en Cuba trajo de regreso unas invitaciones de la Casa de las Américas para algunos personajes que resultaron comprometidos con esa guerrilla, Feliza fue detenida e investigada y por eso se asiló en la embajada de México. Exiliada y separada violentamente de sus medios de trabajo y sus bienes entró en un descreimiento que la llevó a la muerte en un momento en que departía con García Marques, Mercedes Barcha, Enrique Santos Calderón su esposa y Pablo Leyva su compañero.

  El final de Feliza fue armado con una excelente técnica literaria. Un amigo le regala una pistola. Por motivo de viaje contrató un vigilante y le prestó la pistola para que se defendiera de posibles ladrones. El vigilante desarmó la pistola y no fue capaz de volverla a armar. Al regreso Feliza y Pablo guardaron la pistola desarmada, que en un cajón se olvidó. El M-19 con los actos de guerra puso en jaque al presidente Julio César Turbay quien tras la expedición de un Estatuto de Seguridad comenzó una casería de guerrilleros para ser sometidos a la justicia penal militar. El M-19 por una acción de película asaltó el Cantón Norte del ejército y robó miles de armas en mal estado. Por la repartición de esas invitaciones traídas de Cuba, la casa de Feliza fue allanada y ella detenida por porte ilegal de armas. El lector arma motivaciones con los puntales que proporciona Juan Gabriel: las armas robadas del Cantón Norte estaban en mal estado. Feliza tenía una pistola en mal estado. Los allanadores hicieron la relación y Feliza fue imputada. Y Obligada al exilio.

Guillermo Aguirre González

Marzo 30 de 2025

 Foto Tomada de:

https://www.pares.com.co/post/la-artista-que-ech%C3%B3-del-pa%C3%ADs-julio-c%C3%A9sar-turbay-por-acusarla-de-ser-guerrillera

 

sábado, 29 de marzo de 2025

La belleza de la vida en bicicleta. Sobre tres cuentos de T. Mann


     Tres cuentos tempranos de Thomas Mann, escritos entre 1900 y 1904, a los veinticinco años del autor. Ellos son Un instante de felicidad, Camino al cementerio y Los hambrientos. Pero también con su primera novela publicada en 1901 Los Buddenbrook, mereció el Premio Nobel en 1929. En los tres cuentos, objeto de este escrito se puede tener un contexto socioeconómico base de las dos hecatombes mundiales de la primera parte del siglo XX, sobre todo el acontecimiento en el que participó y apoyó Thomas Mann, como lo fue la república de Weimar. Los cuentos son contemporáneos de su matrimonio contraído con Katia Pringsheim en 1905, de donde salieron seis hijos y la obra la Montaña Mágica de 1924 sacada de la experiencia de Katia internada en un sanatorio para curarle la tuberculosis.

    En estos cuentos tempranos se puede observar algunas bases temáticas o convicciones y en especial el espacio tiempo de sus personajes. Se encuentra maduro su método narrativo basado en la omnisciencia y expresado en las primeras líneas de Un instante de felicidad donde invita al lector a meterse en el alma de la baronesa Anna para contemplar sus ataques de celos, o a observar como él lo hace, la calzada pavimentada de una avenida que corre paralela al camino engravillado del cementerio, donde pone a sufrir convulsiones al alcohólico Lobgott Piepsam. En Los hambrientos, sin rodeos, mete al lector en el proscenio en el que Detlef se extasía ante la belleza de Lilli y ambos metidos en un flirteo, salen del teatro para encontrar otro hambriento, un andrajoso grande de barba roja que los mira con ojos críticos y deseosos. Se observa como este recurso genérico de la narrativa literaria, Thomas Mann lo personaliza, haciéndolo explícito ante el lector, porque permanentemente convoca lo convoca a observar con él los hechos y los personajes.

   Se puede rastrear en estos cuentos tempranos (pues fueron escritos alrededor de los 25 años de edad) la admiración profunda de Thomas Mann por la belleza de la juventud. El joven objeto del ataque de Piepsam por conducir su bicicleta por el camino del cementerio, es nombrado como la vida. Piepsam interactúa con la vida montada en una bicicleta. Esta misma temática está en la Montaña mágica y en la Muerte en Venecia. No hay otra forma de materializar la belleza si no es en la potencia del cuerpo joven femenino o masculino. Y esa temática es perfectamente compatible con los criterios estéticos de la época, dispuestos para convencer a los jóvenes a iniciar el sacrificio de sus cuerpos por la nación, fuese alemana o cualquier otra.

   

  Ese centramiento en la belleza de la potencia juvenil también pude leerse en los contemporáneos Herman Hesse, Óscar Wilde o en Robert Musil. La práctica de esta convicción llevó a los compatriotas habitantes de una cultura del sentido común a proscribir la obra de Thomas Mann y fue obligado a salir de la Alemania caída en manos de los nazis desde 1930. Admirar la belleza donde estuviese sin distinguir el sexo fue vista como homosexualidad, suficiente argumento para ser perseguido, enjuiciado y asesinado por el nazi-fascismo.

   Puede considerarse los cuentos aquí cifrados como narrativa temprana, a pesar de haber sido escritos contemporáneos con la obra que le mereció el Nobel de Literatura en 1929 titulada Los Buddenbrook publicada en 1901. Los cuentos fueron escritos alternativamente con su novela primigenia; por eso en los cuentos están las convicciones de Mann puestas en las palabras de sus personajes. Pero se quiere decir aquí que esas convicciones se relacionan con la decisión de mostrar el ser alemán como materia novelable, haciendo gala de una gran capacidad de observación. Anna y el barón Harry viven un momento de felicidad, al socializar en un baile entre militares con sus esposas y damas de compañía especializadas en el oficio, llamadas “las golondrinas”. El barón corteja una muchacha de las golondrinas hasta llegar a ponerle en los dedos el anillo de su propio matrimonio con Anna. Toda la escena es observada por esta hasta sentir un ataque de celos. En ese momento recibe la solidaridad de la muchacha que le devuelve la sortija. Ahí está el poder masculino desfachatado y la mujer dominada, condenada a sufrir las infidelias sin punto de fuga.

   Lobgott y la vida montada en una bicicleta con ojos azules y cabello rubio, dejan ver la tragedia personal de un hombre condenado al alcoholismo luego de perder toda su familia; pero defensor hasta el paroxismo de las reglas sociales. Por eso confía en las instituciones con las que amenaza demandar al joven carne de la vida a quien poco le importa la vida en sociedad, pero si hace ostentación de la fuerza de su cuerpo joven presentada como la belleza de la vida.

  Lilli y Detlef muestran el hambre de la una por el otro dentro de un ambiente histriónico frente al proscenio de una sala de teatro. Todas las convicciones estéticas de entre siglos, del XIX al XX, están ahí es este relato: la escenografía, los vestidos, los tocados femeninos, los aderezos de metales preciosos, el gusto por la música, los coches tirados por caballos, el consumo de viandas y champaña durante el espectáculo, la fiesta, los enormes crisantemos anclados en los ojales de los fracs. El hambre burgués se contrasta con el hambre del desposeído, aparecido de las sombras del frío amanecer, luego de terminar el espectáculo. Hambre encarnada en el cuerpo de un alemán de barbas rubias y rojas y un rostro enjuto con vistosas ojeras. El hombre no habló, pero Detlef leyó en su expresión y concluyó que el andrajoso mostraba deseos de ser como él, tenía envidia y se dijo que ese hambriento no tenía por qué haber salido a la luz. Sin embargo, Detlef se sintió hermano del desgraciado y se puso a considerar que la desgracia ocurre tanto en la opulencia como en la carencia.

    En los tres cuentos nombrados aquí, está la referencia a una espacialidad organizada, a un espacio ciudadano, regido por la necesidad de circulación. Es un espacio moderno apropiado para el transporte de seres humanos y mercancías; por eso las calles tiene una amplitud mínima para permitir ir y venir al mismo tiempo los carruajes de movidos por la fuerza animal. Los carruajes se congregan en puntos para facilitar la contratación; se les llama “coches de punto”. Este es un elemento que permite imaginar el espacio de la ciudad en un tiempo entre siglos donde la tracción es animal y la lumbre se obtiene con estearina (velas de sebo).

  Los ámbitos de estos tres relatos tempranos de Thomas Mann testimonian el culto a la juventud, pensamiento o ideario apropiado para tener una base social que se pondrá como “carne de cañón” en las dos guerras mundiales por venir que Thomas Mann vivió. Ese, su tiempo, puede dividirse en cuatro periodos: La preguerra con los contenidos y hechos testimoniados en las obras tempranas. La primera guerra 1914 – 1917 años en los que el autor madura su sensibilidad literaria y apoya la guerra incluso con su dinero. La primera posguerra 1917 – 1930 recibe el premio Nobel de Literatura y apoya la república de Weimar con ideas antimonárquicas y liberales. En la segunda guerra, por iniciativa de sus hijos se exilia y escapa al genocidio nazi para lo cual ya había sido perfilado. En la segunda posguerra desarrolla temas sin temores de censura, en especial el tratamiento histórico de la biblia del que saca la obra “José y sus hermanos”.

Guillermo Aguirre González

Marzo 29 de 2025