martes, 19 de mayo de 2020

Grandeza en Bello al amanecer del siglo


En esta novela de Carrasquilla se encuentra la percepción de un escritor de su entorno: las gentes, el paisaje, el espacio, el tiempo y lo más seductor la mentalidad de los personajes; una mentalidad que se conduce hasta ponerla como causa de las posturas del cuerpo, o como hoy se llama una semiótica del cuerpo. Uno de los personajes, la mujer llamada Magola, de veinticuatro años, bachiller, es una lectora devoradora de libros sobre todos los temas, incluye autores como Nietzsche y Schopenhauer. Mescla la cristianidad con el medio profano y ella se define así:
“Aquí se aprenden tantas cosas útiles! Tantas […] que esa educación cristiana tan sólida, que nos dan de niñas, se revuelve después, con otras educaciones vistas, oídas y hasta olidas, que aquello queda un menjurje de agua vendita e incienso, con solimán, asafétida y otras yerbas, que lo entenderá mi Señor Jesucristo. Ya ve yo […] mamá me puso donde las hermanas; aprendí mucho, y disque he resultado pagana”1.
Magola es una joven sin prejuicios, escucha a todas las personas que pasan por su vida, por igual, aunque ante su formación aparezcan como incultos, menguados, insulsos o soberbios. Su mentalidad la lleva a asumir actitudes más allá de los prejuicios religiosos y racistas.

La novela la concluyó Carrasquilla en 1910. El tiempo y el espacio en el actúan los personajes es la ciudad de Medellín de entre los siglos diecinueve y veinte, última y primera década. La mentalidad nobiliaria es tabla rasa de las gentes convertidas en personajes. Ven la democracia como asunto de negros y artesanos. Dice la madre de Magola hablando de los libros de sus hijo, tan lector como la hermana: “Y ve que tal es la gente de ociosa: tiene uno enorme que se llama La democracia. Figúrate! Ponerse a escribir ese mundo de fojas para hablar de los negros…”2. ¿Cómo se entiende que este ideario o mentalidad colonial siga presente en una república democrática? Sorprende la respuesta: el pensamiento republicano democrático de estirpe filosófico liberal no logró derrotar en la cabeza de los colombianos las convicciones coloniales, que a la vuelta de cien años potencian las viejas prácticas de la religiosidad absoluta y una actitud ante la vida y los demás mediada por la posesión de riqueza o por los rasgos blancos en la piel. Aunque el mestizo, mulato, pardo o zambo cuando se enriquecían abrían todas las puertas menos las de la jerarquía sacerdotal.

Carrasquilla enfoca con su narrativa las familias que componen “cierta clase social de nuestra ilustre Villa de la Candelaria” de Medellín. Dice que le han pedido este tema. Familias adineradas que viajan a Europa a pasear o a estudiar. Son cuidadosas con los matrimonios de sus hijos. Cuando estos asumen algún criterio y separan el amor del interés, se les declara extraviados y faltos de juicio. Magdalena Samudio o Magola, la lectora, la bachiller, escandaliza a su familia y a la otra, la elegida por su madre por tener varones casaderos y mucho dinero.

La habitabilidad del espacio ciudadano está íntimamente relacionado con el poder económico. Bailan en el Dollar Club, asisten al teatro de zarzuelas, participan de costosos bailes de disfraces y gastan mucho dinero en la moda. Viven en el centro urbano de la ciudad y tienen posesiones en las ciudades pequeñas conurbadas a las que llaman pueblos con gentes de la “puebleriada” de costumbres campechanas. Se nombran: Caldas, Sabaneta, Itagüí, Guayabal, Poblado, Envigado, Aguacatal o Bello. La comunicación regular se establece a caballo y cuando va la familia lo hacen en coches nombrados también carruajes o victorias. El Dollar Club, debió ser un edificio con dos pisos. En el primero un patio. En el segundo un salón con un piano y decorado con una Venus de Milo. Dice Magola que uno de los hombres (un médico borracho) que había elegido como amor de su vida se le salió del corazón porque “supe de una deliciosa que se puso en el Dollar Club. Le dio quebradora, dantesca, y acabó con todo, hasta con la Venus de Milo, que era el mimo de todos los socios. Solo el piano se le escapó, porque no pudo tirarlo al patio…”3.

Esos hombres jóvenes son presentados como “La Horda”, un grupo, que se hacen llamar así. Tienen como centro de actividad el licor, la música o la fiesta y, animada por músicos de la “la Lira, o la […] Banda de los Paniaguas”4. El hermano de Magdalena toca el tiple y canta; es reconocido. El pretendiente de la hermana de Magola se llama Arturo Granda, apodado Grandeza, no es “algún ñapango caviloso de estos pueblos que han inventado la suma con la guerra y con los negocios tan raros de ahora”5.

Es el momento de mostrar el origen de la riqueza de estos jóvenes y sus familias. Carrasquilla ve como fundamental los rasgos blancos de la piel para poder hablar de la gente y la posesión de riqueza. Grandeza es un zambo de Anorí, nieto de “ño Granda”, dicho como una demostración peyorativa por ser un zambo rico, adinerado. Grandeza no ha podido entrar a la clase social alta de la villa por su origen. “los que pasan de pobres a ricos, quedan como si fueran expulsados del infierno: ni San Pedro les abre, ni el diablo los vuelve a recibir”6. La familia Samudio, la de Mogola encabezada por una viuda criada en los campos de Envigado, se acepta a Grandeza por su dinero “…esta ñapanga de Arturo tiene remedio, […] le hacemos comprar un título en España, bien lindo: El Marqués de Grandeza”7. Se desentraña el origen del dinero de Grandeza. Llegó de Anorí con su padre cuando tenía nueve años de edad. Estudió con los jesuitas (debió ser en San Ignacio) y se hizo bachiller. La familia montó un negocio en el barrio del comercio (debió ser Guayaquil – la Alpujarra). Después de la muerte de los padres los tres Grandas se asociaron en “Granda Hermanos”. Metieron la sociedad en la bolsa. Esto debió ocurrir antes de la guerra de los Mil días 1899 – 1903, porque en el desarrollo de la misma los valores cayeron y solo se elevaron los negocios comerciales con el exterior como el de los hermanos. Granda hermanos de golpe se llenó de dinero. Grandeza viajaba a Europa y distribuye lujos franceses e italianos en Antioquia.

La potencia económica de “Granda Hermanos” y la quiebra de otros, se la adjudicaron en Medellín a la maldición de los ángeles perversos, a dos rafaeles: Rafael Uribe Uribe y Rafael Núñez; ellos “Los Rafaeles, los arcángeles, son las aves negras de Colombia [pero] otros, entre tanto, prendían velas a San Rafael Uribe, para que siguiera esta guerrita, parienta de Aladino, que en vez de té traía en la mano la varita de virtudes…”8. Ese otros era Arturo Granda, enriquecido, que viajaba muy regularmente entre bellos caballos o en carruajes o en lujosos coches a Bello a divertirse, a descansar, temporizar o a temperar.

En la novela hay dos geografías que son tratadas casi como sujetos. Las selvas del río Cauca y Bello. El hermano de Magola, bachiller no abandonó la hacienda de su padre Samudio ubicada en Envigado. Mantuvo una crítica permanente contra su madre por su arribismo y el derroche de dinero en fiestas y modas. Se casó y decidió demostrarles a su madre y amigos citadinos que la riqueza estaba en el campo. Se metió por el sur del valle de Aburrá a toparse y colonizar el Cauca. En tres o cuatro años peleó contra el bosque milenario y el paludismo. Venció, fundó y levantó un pueblo y lo llenó de colonos bajo su mando, don muy loado por sus subordinados.

El Bello nombrado delata fechas; el tiempo de la novela ocurrió después de 1883 año del cambio de nombre de Hatoviejo por el de Bello; y tiempo de inicio de la construcción de la nueva iglesia del Rosario 1895; o luego de la guerra 1903 en adelante. En la visita de Grandeza se apreciaban los cimientos de la nueva iglesia, construcción detenida por la guerra. Hay alcalde y alcaldía, aunque Bello aún no fuese erigido municipio (esto ocurrió en 1913). Está la fábrica de tejidos inaugurada en 1908. Dice Carrasquilla: “En tus contornos, por las faldas, por lo plano, en carreteras, en veredas, arriba, abajo, distantes, cercanas, juntas, dispersas, chozas, casas, granjas, quintas, villas, la imponente fábrica de la “Compañía de Tejidos”: la vida. Salve!”9. El espacio en el que ocurren los acontecimientos de la familia Samudio y la pretendida familia Cuenca, es el valle de Aburrá. Familias cuyos troncos coloniales se han bifurcado desde Sabaneta hasta Bello. Una fiesta decembrina (debió ser la navidad de 1908) le permite al narrador involucrar el valle. Dice que los vivientes en la villa se trasladaban a los pueblos (Sabaneta, Itagüí, Envigado, Bello) o a las faldas de las montañas y los habitantes de las faldas bajaban a Medellín o a las plazas de los mentados. Esa atracción ocurría por los programas (igual en todo el valle) en la víspera de la “nochebuena” (debió ser el veintitrés de diciembre):
“Cabalgatas de caballeros y damas, caravanas pedestres de las clases pobres, coches de punto* y de particulares, carros y carretillas cargados de paseantes, ciclistas y bandas, murgas, y charangas, cohetes y triquitraques […] por la noche (debió ser el veinticuatro de diciembre) retañe la jornada […] el trajín de vehículos y viandantes, los cantorrios, los gritos, los berridos, la pólvora, el aguardiente”10. La noche se llena de globos incandescentes “los echan de Santaelena, ya del Picacho, ahora de Sancristóbal, ahora de las Nieves (de muchas formas y colores). Principian en Bello: les echan de las quintas vecinas, de las carreteras, de las calles, de la plaza de la aldea. A cada uno que cae, corren a buscarlo, grito pelado, sin pensar en distancias, toda la chiquillería y hasta la grandería”11. Entra la noche con los juegos de pólvora y “arman vacalocas, unos trafalgares formidables […] las casas y los árboles con sus hileras, sus ondulaciones y sus quingos de farolillos a la veneciana, multiformes y multicolores, deslumbran, en una apoteosis de quietud y serenidad”12.

A la plaza de Bello llegan gentes de todas clases: pudientes alquilan casas o llegan donde familiares o son invitados por amigos. Paseantes llegan a estar o a hacer negocio,
“toda la caimanería del bronce, toda la bohemia de El Blumen y de los antros de Guayaquil, discurre por ahí revuelta con La Horda, con la cachaquería de alto bordo, con el alcalde y el cuerpo de policía. En las casas se siente el baile, los cantos y el bureo, y en las calles se desborda el aguardiente […] En las casas hay regalos, aguinaldos y banquetes, cantos, recitaciones. En la mañana del veinticinco de diciembre hubo carrera de caballos; se habilitó la carretera como hipódromo; los pudientes apostaron. En la tarde corrida de toros en la plaza al pie de los mangos y barreras que se han levantado para las corridas”13.

Llegaban cabalgatas de la ciudad y de “otros campos donde se veraneaba, que iban a dar un vistazo a Bello, para volver, sin haberse desmontado”14. Terminada la corrida el cura montó una tómbola para producir dinero para el templo, un órgano y santos ornamentos; se vendió al mejor postor flores y objetos. “El veintiséis y veintisiete duermen y pasan el guayabo los medellinenses de Bello […] parquesi, guitarreos, y cantares, entre zagalillas y zagalones promiscuados ingenuamente, bajo los mangos de la plaza y hasta las diez de la noche”15. El veintiocho de diciembre los medellinenses (Grandeza y su escudero Linares, La Horda, “mocitos bullangueros”, temperadores) jugaron una broma a los bellanitas. En la madrugada sellan las puertas y ventanas por fuera y los residentes quedan encerrados. Producen un pánico. Cambian los avisos de los sitios santos por los profanos. El cura y el alcalde corren a cobrarles a esos “caifanes bandidos […] los multa a todos de diez a cien pesos […] ahí mismo les arranca la palta […] todo el día y la santa noche siguen la juerga y el bobeo, los disfraces y astucias y el aguardiente de mi Dios”16. Los “medellinenses de Bello”, se diseminan, se esparcen por el Valle de Aburrá para recibir el año nuevo de 1909. Los Samudio van a Sabaneta a casa del abuelo materno. La fiesta es distinta a la de navidad: más sosegada, más clasista, más familiar.

Las mentalidades tienen su ritmo regido por el poder económico. Se pasa del colectivismo de la natividad al individualismo de año nuevo. Los ricos personajes de Carrasquilla van a sus haciendas y los pobres a sus chozas de bahareque. Las mentes siguen un curso decantado por la tradición de la sociedad esclavista, venida abruptamente a una sociedad con un liberalismo insuficiente. El liberalismo es practicado como un libertinaje, y la democracia se decanta en lo que se tiene en el bolsillo.

La novela tiene un final trágico, así como la tragedia de las zagalillas y zagalones promiscuados bajo los mangos de la plaza en la noche del veintisiete de diciembre. Esta historia trágica que insinúan prostitución o ejercicio de supremacía social, no se detalla; pero se asume igual a la acontecida después de la quiebra económica de Grandeza que se ve obligado a huir de la Villa. Su bella y joven esposa hermana de Magola, termina abandonada y presa de la madre que la utiliza como objeto de negocio de su arribismo. El hermano, conquistador y poblador de un pedazo de selva el Cauca medio, desafía a un pretendiente de la abandonada, porque puso en boca de toda Medellín la conducta de la bella y de la familia. El desafío tipo duelo, terminó con la muerte del hermano, con la tragedia de los Samudio.

1. Carrasquilla, Tomás. Grandeza. En Obras completas. Editorial Bedout. Medellín 1958.
2. Ídem. Pág. 267
3. Ídem. Pág. 286
4. Ídem. Pág. 266
5. Ídem. Pág. 287
6. Ídem. Pág. 287
7. Ídem. Pág. 287
8. Ídem. Págs. 307 - 308
9. Ídem. Pág. 311
10. Ídem. Pág. 311
11, 12, 13. Ídem. Págs. 312
14. Ídem. Pág. 316
15. Ídem. Pág. 317
16. Ídem. Pág. 318
*Llamados así por estacionarse en un lugar (punto) para ser alquilados a quien los necesitase. Pág. 280

Imagen: Coche del tipo victoria. 1917. Autor: Melitón Rodríguez Márquez. © Biblioteca Pública Piloto de Medellín (acercamiento).

sábado, 9 de mayo de 2020

Máquinas quietas, pandemia y colapso del estado de cosas


En estos tiempo de pandemia, habla la naturaleza, se impone, aparece evidente ser capaz de destruir la vida, de destruir el planeta, de deshacer el orden cósmico y rehacerlo, reinventarlo, un orden nuevo que también pude llamarse caos cósmico. Habla la Naturaleza, con la única voz que tiene, la voz humana; habla con la contundencia de la muerte; es decir habla definitivamente. La entendemos y nos entendemos. La muerte es la que obliga a la reflexión, a revertir las prácticas y los discursos; obliga a vislumbrar un nuevo pacto si se quiere hacer prevalecer la vida.

La Naturaleza habla con nuestro lenguaje de humano milenario que contiene la historia, esa sabiduría que nos ha hecho autodenominarnos como hombres sabios entre los demás hombres, entre los demás seres vivos. La historia no ha cesado de mostrarnos el afuera, la Naturaleza, a pesar de todos las vertientes y desvaríos metafísicos, tan seductores y bellos; pero enclaustrantes y soberbios.

La voz humana pertrechada de historia y dentro de ella, la ciencia, la filosofía, el arte, la religión, el mito o la magia, nos ha llevado en esta época moderna a reubicar el ser humano dentro de la Naturaleza, a entenderlo y explicarlo como un ser autoconstruido y no como una criatura. Es fácil el camino de la criatura, puesto que toda la gravedad del acontecer lo descarga en la voluntad de su creador, muchas veces concebida esa voluntad como destino.

El ser humano autoconstruido nos lo da y presenta la ciencia desde esa época en que hurga y recaba huellas lo más remotamente posible. Desde ese fondo crónida construido por la voz humana, comenzamos a elaborar un relato alternativo al de la religión, o al de la metafísica; no más verdadero, solamente alternativo. Aquí lo ensayo: ocurrió en un momento la separación entre los antropoides de una rama de seres de vocación biológica para exteriorizar en útiles las funciones corporales. Ese momento de separación debe entenderse como un golpe inusitado, así como llega de facto el congelamiento de agua, el cambio de estado. En extremo podemos concebir la cultura como la extensión del cuerpo en útiles. Desde esta percepción se puede afirmar que todas las máquinas realizan funciones corporales: muelen, cortan, perforan como cualquier boca; escarban, tejen, cosen, como dedos, manos o brazos. Máquinas que corren, recorren y transportan, como piernas; máquinas que cuentan, calculan, dividen, adicionan como una masa encefálica.

Pero la cultura tiene ese otro aspecto sorprendente de tener un acumulado de modos y formas de preservar lo hecho por otras generaciones: ese otro es la memoria del ser vivo trastocada en memoria social en el ser humano. Ser vivo excepcional por haber confundido la memoria con un don, llamándole razón y por la cual se ha autoproclamado digno de poner bajo sus pies todo lo existente porque se considera superior. Está convencido de estar de paso por el planeta, pues su creador así lo ha dispuesto. O porque se considera ser hijo de la luz, o ser luz, energía, polvo de estrellas; por lo que le está permitido disponer de su entorno.

La vocación de exteriorizar el cuerpo en aparatos, aperos o útiles, se acompaña de una imagen cerebral operativa en forma de signo y símbolo, convertible en sonidos vocales articulados transmisibles y reconocibles por los otros, por los demás. He ahí l palabra, el habla que se llevó a la grafía hace unos cuarenta mil años, siguiendo la externalización de funciones, en este caso se externalizan las imágenes. La grafía convertida luego en escritura, es la palabra escrita, es el sostén de la Naturaleza que habla; es lo humano exclusivamente humano.

Palabra llevada a la condición de discurso, de relato, de sistema de pensamiento, apoyo y creador de modos de gobierno de la polis, de la ciudad; palabra política, habla política, lenguaje político, pleno de dictados materializados en actos sistémicos de seres humanos normados, disciplinados. Así la disciplina en una excrecencia del cuerpo transmutado en el Estado.

La época moderna ha posibilitado reubicar el ser humano dentro de la Naturaleza. Los bellos y monumentales relatos o sistemas metafísicos que cuentan sobre nuestro origen divino, debieron dar paso a las positividades que atan el cuerpo humano a la tierra como el hijo a la madre. Sobre el planeta tierra ocurrió el ser humano y ambos son interdependientes. La tierra naturaleza habla en la palabra para declarar la igualdad y la desviación de la acumulación de riqueza. La época moderna ha llegado a las positividades que elaboran relatos alternativos más acordes con la regulación de la vida sobre el territorio. La libertad burguesa autoproclamada absoluta por cuatrocientos años de filosofía, encuentra hoy la Naturaleza con la más cruel de sus caras: la de la muerte, la del peligro del extermino de la especie.

En el ser humano, esa vocación de exteriorizar su cuerpo en máquinas tiene un flujo, algo así como la fuerza de un río. Es la exteriorización de funciones cerebrales. Así como la memoria crea sistemas de pensamiento, la máquina excretada administra sistemas de control. Tecnología que en manos del Estado es disciplina para los cuerpos. Hoy el mundo tiene un ejemplo que lleva a plantear problemas de soluciones impensadas: es el caso de las sociedades disciplinadas asiáticas. La disciplina es un mecanismo efectivo que ha posibilitado vencer la pandemia del coronavirus covid-19. Disciplina conseguida por los métodos policiales de vigilancia tecnológica. El “ojo del gran hermano” se ha hecho realidad, en la forma de “ojo del Estado”. Lo peor de esta experiencia es la necesaria expansión de esos métodos asiáticos hacia occidente y el planeta entero. El arribo de la humanidad a un estado poblacional gigantesco tiene un futuro en dos direcciones: una seguir en la lógica capitalista y adoptar los métodos disciplinarios orientales. El capitalismo burgués deberá abandonar la careta democrática y asumir el capitalismo totalitario; otra democratizar la riqueza con la adopción de sistemas de trabajo de todos para todos. Esta última tiene una sentencia de una de las positividades más prestigiosas de la modernidad: el Marxismo. La única manera de democratizar la riqueza es arrancarla de las manos de los acumuladores.

Esta reflexión, es posible ante una pandemia inédita. Las condiciones del mundo globalizado han convertido un virus en un amo tiranicida de la humanidad. Hay noticias en la historia de otras pandemias; pero ellas han quedado circunscritas a territorios específicos. Esta como se dice coloquialmente, viajó en avión y en meses copó el planeta. Esta velocidad obligó al cuatro veces centenario sistema burgués capitalista a desnudar flagrantemente sus principios de expoliación de los medios de vida a la inmensa mayoría de la población. La privatización de los servicios públicos, convertidos en empresas especulativas y lucrativas, mostró ante la pandemia, la incapacidad de prestar un servicio democrático y oportuno. La crisis sanitaria que obligó al paro mundial de la máquina de producción, máquinas quietas, se está solventando con la privatización de la riqueza pública. Los bancos privados reciben grandes cantidades de dinero para evitar la quiebra y al pueblo llano y sencillo se le palean sus necesidades con dádivas o campañas de solidaridad mendicantes.

Imagen. Meredith Woolnougth. Hoja de gomero rizada 2014 (arte con máquina de coser)