sábado, 25 de mayo de 2019

Líderes sociales asesinados por las trizas de águilas negras


Un presente rico en acontecimientos es el que vivimos; pero no nos llenemos de sentimiento único por ser favorecidos. Decir que estamos en un presente prolífico en hechos y sucesos como ninguna otra época es un consuelo de tontos o de falta de conocimiento. Todos los presentes son ricos en hechos. Hágase el ejercicio de detenerse en cualquier momento de la historia remota, antigua o del inmediato pasado y se encontrará una humanidad en plena acción. Si se topa con una época de paz se tendrá acontecimientos prolíficos, plenos de actos sin violencia, pero inscritos en el conflicto necesario de la vida en sociedad. Si se topa con una época bélica, como lo son la mayoría, porque la historia que tenemos los privilegia, el acontecimiento abunda.

Hago este preámbulo para hacer historia del presente colombiano en el que se ha agudizado el conflicto social a pesar de estar inmersos en un proceso de paz; presente que se nos aparece como una plétora de acontecimientos inéditos. En el pasado inmediato colombiano, se han desmovilizado dos ejércitos paraestatales, uno de extrema derecha y otro de extrema izquierda. Ambos ejércitos dejaron unos restos grandes, peligrosos, violentos, síntoma de alejamiento de la anhelada paz; restos compuestos por combatientes descontentos con los acuerdos con el gobierno. A los restos de derecha se les llamó Bandas Criminales y los de izquierda Grupos Residuales. El incumplimiento de los acuerdos de la Habana por el gobierno de Juan Manuel Santos y el ataque que viene realizando el actual gobierno de Iván Duque han convertido a esos restos de los ejércitos paraestatales, de nuevo, en protagonistas con una importancia igual a la de antes de los acuerdos.

Los acuerdos con la guerrilla y con las autodefensas (ejércitos paraestatales) dejaron dos alas, una legal y otra persistente en la guerra. A esta resultante se debe adicionar la guerrilla Ejército de Liberación Nacional, y las organizaciones delincuenciales de los barrios de las ciudades, para conformar el sector social que enfrenta al Estado y lo suplanta. Percibimos que los procesos de paz se han reducido a permitir la legalización o conversión de parte de los miembros de los ejércitos en agentes políticos desarmados, y la persistencia en la guerra de la otra parte, quiere decir que no se ha podido terminar con el conflicto armado.

Una parte de las causas de la persistencia del conflicto armado es el incumplimiento estatal de los acuerdos; pero otra, la mayor parte es la raigambre poderosa de la exclusión social, explotada miserablemente por los enemigos de la paz que quieren esconder tras la guerra y el desorden institucional el ejercicio de una corrupción profunda. La exclusión social se materializa en unas convicciones sustentadas en la sociedad patriarcal cristiana que no acepta la diferencia y menos que la diferencia tenga derecho a gobernar a los colombianos. Este modo de ser social excluyente lesiona la democracia y deja la sensación que la democracia vigente en Colombia es un remedo.

Hoy, como producto de los acuerdos de la Habana, una población importante que antes luchaba contra el Estado, hoy está haciendo parte de él y participando en la gestión social desde la dinámica de las comunidades. Pero la parte de la sociedad que práctica la exclusión (suficientemente teledirigida) se viene manifestando por la opinión y por el hecho contra ella. Las críticas y el cuestionamiento a la corrupción y el señalamiento de los corruptos es tomada como un “sicariato moral” y esa sociedad excluyente proclama que prefiere ver la guerrilla disparando y no en el parlamento acusando a los dignos hombres y mujeres representantes de corruptos1.

Bajo esta atmósfera se inscribe el asesinato de la defensora del pueblo o personera de Samaniego - Nariño por sus denuncias de corrupción de un grupo administrador del sistema de salud2 y las amenazas de muerte pronunciadas por el personero de Aguadas – Caldas y su padre contra dos líderes que organizan las víctimas del conflicto3. Estos casos protagonizados por dos agentes oficiales deja ver en el Estado y la sociedad civil un comportamiento respecto al proceso de paz o más allá, respecto al proceso de reconciliación.

El acuerdo de la Habana, elevado a norma constitucional ha enfrentado dos batallas: primera, la misma confección del acuerdo, en la que se debió luchar contra los enemigos ubicados en todos los sectores sociales, políticos, gremios económicos, religiosos y populares. Segunda, luego de la firma de los acuerdos, sus contradictores, los han atacado desde el lugar social que habitan. No solo realizan campañas publicitarias, sino ejecutan o incitan a la aplicación de la pena de muerte contra los líderes sociales y activistas de los derechos humanos. Quien alce la voz para denunciar los crímenes cometidos durante el conflicto, la corrupción campeante, o quien participe en actividades en pro de del cumplimiento de los acuerdos, es puesto en la “picota pública” y luego del desprestigio es asesinado4.

Esta práctica de oposición a los acuerdos de la Habana, tiene un engranaje social y se puede decir que la sociedad civil atiacuerdo de paz pone al servicio de su causa el poder que tiene en su lugar social y según el territorio del país que habite5. La violencia contra los líderes sociales se ejerce desde todos los sectores sociales, empresarios del campo y la ciudad, gremios económicos, credos religiosos y entes del estado, agrupados o no en partidos políticos. Por eso las amenazas y los asesinatos se vienen ejecutando a nombre de “las águilas negras”, que indica una actitud de ocultarse para delinquir a disposición de quien quiera. Los sectores sociales que quieren “hacer trizas” los acuerdos de la Habana y las normas constitucionales que los abalan, aupados por el triunfo en las urnas en el año 2018, no necesitan hacer concilios para trazar un plan de acción puntual. Tiene una agenda proclamada por las voces altisonantes de miembros del partido de gobierno que crean una atmósfera para el ataque de los acuerdos de paz, las instituciones creadas para ello, sus defensores y en general los que hablamos y actuamos por un orden social del posconflicto.

La sociedad colombiana, a pesar de su ancestro cristiano autoritario, está dispuesta a cambiar. Los momentos de extrema violencia y terror han dispuesto el espíritu para estar en la época de predominio del concepto de humanidad global. Pero un sector social corrompido, que vive de saquear los dineros públicos, dueños o con acceso al poder de los medios de comunicación, ha satanizado el cambio social y lo han convertido en una fuente de miedo, odio y mentiras. Pero tenemos la esperanza del predominio de la reconciliación6 cuando esta cale en la intimidad de los hogares y en los individuos. Cuando las comunidades de ancestro común sientan y diferencien la guerra de la paz. Cuando prime el derecho, veamos en el Estado un árbitro necesario y elevemos lo público a un sitio sacro.

1. “Prefiero un guerrillero en armas que un sicario moral”: Uribe a Petro. El Universal. Cartagena 25 de mayo 2019. https://www.eluniversal.com.co/colombia/prefiero-un-guerrillero-en-armas-que-un-sicario-moral-uribe-a-petro-XL1058066

2. Personera de Samaniego, Nariño, fue asesinada. El Espectador. Bogotá 20 de mayo 2019. https://www.elespectador.com/noticias/nacional/personera-de-samaniego-narino-fue-asesinada-articulo-861766?fbclid=IwAR0jngvNwexrbbDwOvAgr48jrOV40JZ75mUYHRn-ROYCIFZ0H5pp-NKnBZo

3. “El anda con dos escoltas y yo ando con cuatro bandidos”: Personero de Aguadas Caldas. Revista Semana. Bogotá 18 de mayo 2019. https://www.semana.com/nacion/articulo/el-anda-con-dos-escoltas-y-yo-ando-con-cuatro-bandidos-carlos-arturo-arango-rios-personero-de-aguadas-caldas/616030?fbclid=iwar1bjpysntipzopqboonwrhq9fn0dhrfzcn2sa5prrqpadq3vvawmc5y9b0

4. Padilla, Nelson Fredy. Expedición narrativa hacia la verdad desde las orillas del Caribe. En Rodríguez, César y Meghan, Morris (Coord.). Hacer justicia en tiempos de transición. Centro de estudios de derecho, justicia y sociedad (Dejusticia). Siglo XXI Argentina 2018.

5. Montoya Arango, Vladimir. ¿Cómo ordenar y gestionar los territorios sin la guerra en Colombia? Hacia una imaginación geográfica de la paz. En Las ciencias sociales en sus desplazamientos. Nuevas epistemes y nuevos desafíos. Clacso. Buenos Aires 2017.

6. Ospina Saavedra, Paula Andrea. Tras las claves de la reconciliación. En Las ciencias sociales en sus desplazamientos. Nuevas epistemes y nuevos desafíos. Clacso. Buenos Aires 2017.

Imagen: Rubens. El Prometeo capturado 1611

viernes, 3 de mayo de 2019

Miedo por Venezuela


La presencia de Rusia en Venezuela congeló la percepción de destrucción inminente del gobierno chavista. Dentro de la tradición de la política de los Estados Unidos hacía América latina guiada por la doctrina autócrata llamada “América para los americanos” en el siglo XIX y la política del gran garrote de Roosevelt a comienzos del siglo XX, se esperaba una intervención militar en Venezuela, según lo muestra la historia latinoamericana de los años mil novecientos. Y si no lo han hecho, es porque la geopolítica del mundo ha cambiado.

Un nuevo orden internacional regido por el desarrollo económico de Asia entronizó en la lucha por el poder en el mundo nuevas potencias; hecho que posibilita proclamar la existencia de un mundo multipolar en el que las permisibilidades politicoeconómicas de las naciones ya no están regidas por Norteamérica o Europa central, sino además por un tercer incluido: Asia central.

Este orden es posible por el gran desarrollo de las fuerza productivas hoy comandadas por la tecnologías de la información aplicadas a la robótica que permiten la acumulación de riqueza y poder como nunca antes. Fuerzas productivas así identificadas, descentradas por efecto del fenómeno de la globalización y de accesibilidad al conocimiento. Fenómeno que amenaza las particularidades nacionales, pero al mismo tiempo universaliza algunas bondades de occidente como lo son la individualidad y los derechos individuales. Por estos, se imponen las nociones globales de humanidad sobre los conceptos nacionales que violan la autodeterminación de las gentes, así se argumenten desde el respeto a las cultura autóctonas. Muchas culturas nacionales tienen prácticas que riñen con los contenidos globales subyacentes o defendidos por organismos internacionales.

Potenciados por la globalización las organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional y el respaldo de la política del Derecho Internacional Humanitario, se señalan como violadoras de los derechos humanos, prácticas de culturas particulares como la ablación, la lapidación por el adulterio, la negación de los derechos de la mujer, el castigo del cuerpo como pena por delitos, la penalización de la diversidad sexual, la pena de muerte, las monarquías autocráticas, las teocracias, los regímenes totalitarios y la práctica de ritos mágicos que agreden el cuerpo.

La concepción global de una humanidad a defender ante los intereses de naciones poderosas que imponen sus puntos de vista particulares, es la que está en la base del nuevo orden mundial multipolar, de libre comercio, de tránsito asequible para migrantes, de respeto y admiración a la cultura de los pueblos y su libre determinación para adoptar sistemas de gobierno democráticos incluidos formas socialistas.

Estas consideraciones, son las que permiten afirmar la quiebra del dominio tradicional absoluto de los Estados Unidos sobre Suramérica. Expresiones de esa quiebra son las relaciones abiertas y claras, políticoeconómicas, con el área asiática; relaciones que ya han calado hondo hasta el punto de esgrimir el poder militar para defenderlas. Recientemente, en marzo de 2019, China ya lo dijo: América del Sur ya no es más el “patio trasero de los Estados Unidos”. Este gigante asiático necesita de los recursos de esta parte del mundo para sostener su tren productivo y su máquina de guerra.

No pude decirse que América del Sur, estará mejor y más justamente tratada bajo la órbita asiática, porque son poderes montados sobre el predominio económico y esta lógica obliga a preservar la economía por encima del pensamiento y de la vida. Pero el que haya un mundo multipolar con un juego de intereses, se tiende al equilibrio. La geopolítica entre iguales ata las manos y hace difícil la declaración de guerra entre las potencias. Pero hacen la guerra en pequeño y han ocurrido confrontaciones particulares localizadas en territorios en disputa que dejan una destrucción inmisericorde de la sociedad y el patrimonio cultural de la humanidad, como el caso del aniquilamiento de Siria una nación con huellas milenarias.

Hay muchos otros ejemplos de destrucción de naciones por haberse desmarcado o quererse desmarcar de las órbitas de poder. Más lo ha hecho Norteamérica y los países adscritos a la organización militar del Atlántico Norte. Pero hoy con la llegada al poder del mundo del tercer incluido, Asia, se obliga a la deliberación, al menos desde un plano teórico.

En Venezuela, por un efecto de la llegada al poder de un gobierno socialista de nuevo cuño o “socialismo del siglo XXI”, que nacionalizó las riquezas y por el ataque y bloqueo económico de los norteamericanos y sus seguidores, salieron del mercado sus riquezas naturales, entre ellas sus inmensas reservas de petróleo. Esta situación ha estado incidiendo con lentitud, pero de manera firme, en el alza del precio internacional del combustible, lo que ha obligado a la atención del poder mundial multipolar, con la intensión de asumir su control. Asia ya ha comprometido e invertido recursos importantes en Latinoamérica, en Venezuela, igual que La Federación Rusa, nueva situación que obliga a pensar en el futuro de Venezuela trazado desde una convención entre potencias del mundo multipolar.

Venezuela ante el desgaste de la clase política tradicional, optó por reemplazarla por un experimento socialista de nuevo cuño, trunco y frustrado por el bloqueo norteamericano. Venezuela se atrevió a desmarcarse de esa vieja dependencia y asumir su independencia político económica, con la legitimidad posibilitada por el mundo globalizado montado sobre la libre determinación de los pueblos, de las organizaciones internacionales, de las Naciones Unidas, de la Corte Penal Internacional y el respaldo de la política del Derecho Internacional Humanitario.

El poder tripartito mundial no va a permitir una Venezuela libre y soberana, dueña de su propia riqueza. Desde el chavismo temprano, occidente ha atacado sistemáticamente su sistema socializante con toda clase de mentiras, dirigidas a conmover las vísceras de los televidentes, radioescuchas y usuarios de las redes sociales, maleables por su incultura y falta de educación. Hoy el sujeto-objeto de los medios de comunicación dominados por el gran capital, culpa al “socialismo del siglo XXI” de la quiebra económica de Venezuela, porque repite como un eco en su cerebro la versión del poder mundial alertado y medroso, ante la pérdida de un bastión rico.

Imagen. Cuatro bandas. Juan Calzadilla 1995