Con
ocasión de lecturas hechas sobre dos autores americanos. Uno anclado en el
siglo diecinueve y otro en la transición del diecinueve al veinte: el brasilero
J.M. Machado de Assis y el argentino Roberto Arlt. Machado se inició en la
literatura romántica. Y luego con base en sus estudios y observaciones fue
virando hacia el realismo complejizado como lo muestran sus trabajos llamados “papeles
Sueltos”. Arlt inició su trabajo literario en el interludio de las dos guerras
mundiales; y no satisfecho con el realismo campeante e influenciado por el
vanguardismo, buscó inspiración en el americanismo para ubicarse en un realismo
atado a “la naturaleza del lenguaje poético”1.
Nos
acercamos aquí a Machado de Assis, ya que sobre Arlt se hizo un acercamiento en
otra ocasión anterior. En los doscientos (200) cuentos de Machado que
corresponden a su legado, se visualizan tres momentos de su vida literaria. Una
época romántica en sus “Cuentos fluminenses”, en los que dominan las
historias de niños o niñas pobres que hacen todo lo posible por ascender en la
escala social con matrimonios arreglados o con un arribismo calculado. Una
época realista, visible en sus cuentos “Historias de medianoche”, llenos
de conclusiones o moralejas ejemplarizantes, a través del tratamiento de la
mentira como práctica social. Una tercera época de ruptura, en la que Machado avanza
en el trabajo de la literatura como una entidad que tiene sus propias dinámicas.
Es la época de la década de los setenta del siglo diecinueve, y son los
llamados “Papeles sueltos”. Desarrolla los aspectos sicológicos de los
sujetos entregados a las apariencias impuestas por la sociedad burguesa.
Trabaja el mundo interior, el yo frente a las instituciones que lo moldean. La
debilidad del yo enfrentado a la solidez de las instituciones. Machado de Assis
se expresa con un realismo crítico, porque no cae en un realismo objetivista al
estilo Zola2.
En
los cuentos de “Papeles sueltos” tomamos Misa de gallo, Ideas del canario
y El episodio de la vara. Misa de gallo es un cuento de navidad, porque el
acontecimiento narrado ocurre antes del alba del 25 de diciembre. Narra el
encuentro entre un joven de 17 años y una mujer de 35. Hay allí en una sala de
estar un flirteo en el que se muestran la sicología de un joven que está
abandonando la adolescencia y una mujer madura tranquila y expectante. La misa
de gallo es el pretexto para ubicar a los personajes. El joven espera llegar a
ella con un amigo que debe recoger. Ella, la mujer, insomne se interpone y pone
temas que hacen peligrar el compromiso de ir a la misa. En este ejercicio
literario se lee un romanticismo lejano y un realismo presente en las prácticas
sociales. Se está en el fin del siglo diecinueve y se está también en un romanticismo
persistente, porque viene del siglo iluminista.
El
romanticismo fue una actitud socioestética ante la vida, desarrollada desde
finales del siglo dieciocho. Se ha acordado en verla como una reacción al culto
de la razón, base filosófica y social del iluminismo. Pero también el culto a
la razón y la ciencia, volcó el ejercicio literario hacia el realismo. Si la
ciencia prometía una apropiación objetiva o positiva del mundo, la literatura
adoptó la misión de hacer una copia de la realidad, queriendo también ejercer
una objetividad. Después del romántico icónico Goethe, vino el realista Balzac,
que con las palabras dejó cuadros o pinturas de los seres humanos de su tiempo,
de los espacios habitados, de los abismos entre las clases sociales y de los
conflictos entre ellas o sus contenidos mentales – culturales.
El
realismo cruza el siglo diecinueve e incursiona en las primeras décadas del
veinte; pero muchos ejercitantes de la literatura no se someten de cuerpo
entero a él, porque los acontecimientos en los estudios del lenguaje ponen en
duda las pretensiones de verdad del realismo. Este es solo una manera de
acercarse a la vida, a los hechos humanos y a la naturaleza, tan legítimo como
otros acercamientos, que tuvieron como base construcciones edificadas con
palabras según criterios personales del sujeto creador.
El
realismo entró a concebirse como una opción entre otras porque el lenguaje no
es una copia de la realidad. Así se entiende la realidad como una construcción
del lenguaje, un acuerdo, una convención de los seres humanos para producir un
discurso entendible por todos, y cuyo basamento es la lógica.
Lo
que el siglo diecinueve ejerció como realismo, fue un acuerdo de la sociedad
para producir verdad. Una convención estructurada según el prestigio del
conocimiento científico que pretendió acercarse a la naturaleza y a la sociedad
de manera positiva, actitud llamada positivismo. Así en la segunda mitad del
siglo diecinueve Émil Zola llevó ese acuerdo al extremo y lo convirtió en dogma
y proclamó el naturalismo como la única manera de hacer
literatura, ajustada a la forma de operación de la ciencia. En el ensayo “La
novela experimental”, Zola, llama a imitar la conducta del médico Claude Bernard
quien construyó un tratado sobre las razas según la observación3.
En el
siglo diecinueve coexistieron el clasicismo, el naturalismo y el romanticismo,
porque estos movimientos una vez expuestos, se convierten en paradigmas
populares y son de muy difícil superación. Se observa… “[…] así como el
romanticismo se creó un mundo donde no se vislumbra la realidad de la vida
humana, así el naturalismo creóse un hombre donde no se vislumbra la realidad
de los sentimientos y afectos que agitan al alma humana.”4 Puede decirse que el naturalismo una vez
expuesto se convierte como en una base, una escuela en la que pueden estar
todos siempre que le rindan culto a lo real y verdadero.5
Y
esto porque el realismo siempre estuvo ahí desde la antigüedad griega. Platón proscribió
el arte de su república ideal, por ser una copia de lo real; pero luego los
sofistas lo reivindican, al reivindicar la palabra como el lugar del mundo o el
mundo como palabra. Aunque los nominalistas quieran sacar la cosa de la
palabra. Respecto a esto dice el teórico de la historia Johan Huizinga: “La
palabra realistas debiera usarse siempre, salvo en casos excepcionales y
expresamente señalados, por oposición a nominalistas. Esta antítesis
escolástica sigue presentando todavía hoy interés predominante y ventajas
diarias para nuestro pensamiento y nuestra terminología. Constantemente me está
llamando la atención la frecuencia con que la palabra nominalista vuelve a
emplearse en la literatura científica actual.”6 Y puede adicionarse
en la literatura como arte de las palabras.
Pero
tras el nominalismo, está el decir verdad, la verdad que supone el realismo. Cuando
las palabras dan fe de la realidad se pretende identificar realismo como
verdad. Por eso el realismo desde el siglo diecinueve se adhiere al concepto de
verosimilitud, en el que el símil de la realidad es verdad.
Cuando
la literatura realista se convierte en verdad, hace que el autor realista
describa el tiempo, el espacio y la profundidad de manera exhaustiva para poder
ser verosímil. A este respecto escribió Roland Barthes Barthes7: Las
descripciones se utilizan para complementar o crear atmósferas. Los relatos
occidentales corriente poseen elementos catálicos (rellenos del escritor para
edulcorar situaciones muchas veces tomados como rellenos), detalles inútiles
pero inevitables, porque a la larga adquieren valor simbólico.8
Los
relatos tienen una estructura semiótica y las notaciones catálicas se vinculan a
la estructura con descripciones. La descripción es eminentemente humana y no todas
son superfluas. A pesar de su aparente marginalidad en el relato, son
significativas, participan de la estructura. Las descripciones dentro del
relato, tienen una función retórica y estética. Así lo ha cultivado occidente.
Le ha puesto como finalidad a la retórica la belleza. “la antigüedad agregó muy
pronto a los dos géneros expresamente funcionales del discurso, el judicial y
el político, un tercer género, el epidíctico, discurso de aparato, destinado a
la admiración del auditorio”9.
La
descripción tiene un fin estético dentro del relato o la obra literaria y se
debe llamar “lo verosímil estético”10. Cuando se describe dentro de la obra literaria se hace
como si fuese la descripción de una pintura. La descripción, la verosimilitud
estética, se justifica por las “leyes de la literatura […] su sentido existente
depende de la conformidad, no del modelo, sino a las reglas culturales de la
representación”11 o criterios de belleza de una sociedad.
Ahora,
la descripción puede tomar la connotación de ser una copia de lo real, o como
exige la retórica de mediados del siglo veinte, debe ser concreta. Y la
realidad concreta va en contra del sentido, porque no permite interpretaciones,
pues es definitiva. Así lo verosímil no es equivalente a lo real. La descripción
verosímil es de contenido sintagmático-estético, está dentro de la obra como un
todo. La descripción verosímil se opone a lo real concreto.
Si la
descripción verosímil estética y lo real concreto tienen un referente, se
refieren a lo real; pero la verosimilitud estética se agota en la belleza y lo
real concreto no porque termina referenciándose como la “objetividad del relato”12. Lo real concreto tiene una referencia objetiva
con la realidad. Por eso la representación pura, objetiva, concreta de lo real “resiste
al sentido”13. Lo real concreto es la representación típica del
discurso histórico, de las ciencias sociales, beben en la realidad de la
fotografía, de los monumentos, de los archivos. Y cunado algún intersticio no
tiene respaldo … “La historia (el discurso histórico: historia rerum gestarum)
es de hecho, el mundo de los relatos que admiten llenar los intersticios de sus
funciones con notaciones estructuralmente superfluas, y es lógico que el
realismo literario haya sido, con aproximación de algunos decenios,
contemporáneo del reinado de la historia objetiva…”14.
La
historia rerum gestarun, es la historia de los hechos, pero como es imposible
recuperar el pasado tal como fue, la historia testimonial está sujeta a la aproximación.
Los intersticios deben llenarse con un ejercicio literario. La ilación, la
verosimilitud tendrá que ser estéticamente construida.
Lo
real y la historia han estado (el discurso sobre la realidad; el discurso
histórico) desde la antigüedad opuestos a lo verosímil, a la estética, al símil,
al arte, a la poesía. Por eso hoy un trabajo literario es bello porque es verosímil,
bien construido, la realidad en vez de ser objetiva, es mágica, es epidíctica
como una epopeya, como una épica.
Noviembre de 2025
Guillermo Aguirre González
Notas
1.Prieto,
Adolfo. Prólogo Los siete locos, Los lanzallamas de Roberto Arlt. Biblioteca
Ayacucho. Caracas 1978.
2.Bosi,
Alfredo. Situaciones machadianas. En Joaquim M. Machado de Assis. Cuentos.
Biblioteca Ayacucho. Caracas 1978
3. Zola, Emilio. La novela experimental. Editorial
Nascimento. Santiago de Chile 1975
4. Cabello de Carbonera, Mercedes. La novela
moderna (Estudio filosófico). Editorial Nascimento. Santiago de Chile 1975 Pág.
83.
5.
Ídem. Pág. 110
6. Huizinga, Johan. El concepto de la Historia.
Fondo de Cultura económica. Méjico 1980. Pág. 13
7. Roland. El efecto realidad. En Lo verosímil.
Editorial Tiempo Contemporáneo. Argentina 1973.
8. Ídem. Pág. 95
9. Ídem. Pág. 97
10. Ídem.
Pág. 97
11. Ídem. Pág. 98
12. Ídem. Pág. 98
13. Ídem. Pág. 98
14. Ídem. Pág. 99
Imagen: Arrufos de Belmiro de Almeida 1887