miércoles, 27 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Seis: Sobce dios indígena, demonio para españoles. Rodas en Aburrá

Dice Juan de Castellanos que fue Gaspar de Rodas con sus proezas quien sometió a catíos, tahamíes y nutaves. Y la fuente de información quedó cifrada en estos versos:

“Ansí que, por entonces se quedaron

Los indios victoriosos, y las tierras

Que fueron del gobierno de Valdivia

Desamparadas de los españoles,

Hasta tanto que por Gaspar de Rodas,

De quien agora resta que tractemos,

Fueron pacificadas con castigo,

Según declararemos adelante

Ayudándome de las relaciones

Y cartas de Hierónimo de Torres

Que es ocular testigo, y hoy vecino

De la nombrada villa de Antioquia

Antiguo peregrino destas partes […]”1

Los oidores del Nuevo Reino Francisco Briceño, Antonio de Cetina y Alonso de la Torre nombraron a Gaspar de Rodas como segundo gobernador de Antioquia. Entre tanto Juan Meléndez de Valdés, logró someter a los indígenas; pero dice Castellanos que este sometimiento fue posible por un acontecimiento extraordinario en el territorio de Antioquia. Y dice que no lo creyera si no fuese porque el escribano Juan de Vergara, que estuvo presente lo testifica:

“[…] Por decir algo de las invenciones,

Tramas y enbustes quel diablo tiene

Para cazar las almas miserables

Desta gentilidad prompta y atenta

A recibir cualquiera desvarío.”2

Ocurrió en el valle de Penco jurisdicción de Santafé de Antioquia, en marzo de 1576. Un demonio llamado Sobce, fue nombrado y se mostró a quienes deseaban verlo. Sobce se apareció:

“Vestido según indio de la tierra,

Todo de negro y el cabello largo,

Una manta revuelta sobre el hombro…”3

Sobce era familia de una vieja pitonisa, encantadora. La vieja tenía una hermosa hijuela de diez años, de la que decían ser hija del sol. Ella cuando hablaba con los indios se sentaba en las piernas de la vieja “A quien Sobce llamaba madre”.  A la hijuela, hija del sol solo la veían bella los indios no bautizados. Y los bautizados la veían tiznada

“[…] O por mejor decir fiera horrible.

Hacíales ver cosas monstruosas

Como buen jugador de pasa pasa;…”4

Sobce tomaba muchas apariencias y hacía muchos milagros, pues era considerado “El inmenso hacedor de alta y baja monarquía”; 5 Los indígenas realizaban ceremonias para servirle y propiciar su favor permanente. Tres hombres, indios viejos, considerados grandes hechiceros recorrieron toda la tierra predicando la ocurrencia de un diluvio, que ahogaría a los españoles, y quedarían los indígenas libres de yugos y servidumbres. El diluvio ocurriría dentro de seis días, y todos debían llamar a sus parientes, los sirvientes de los cristianos, ladinos y metidos en vasallaje, para que fuesen a tres lugares altos, solitarios desfiladeros, Allí debían llevar

“[…] Semillas y raíces y otras cosas

De que este barbarismo se mantiene,

Porque pasadas las inundaciones

Volviesen a hacer sus sementeras.6

Y no se halló ningún nativo en Antioquia, todos migraron hacia las alturas donde Sobce había indicado. Los españoles los buscaron y con burlas los hicieron volver a la villa; pero llenos de muchos temores. Los hechiceros llegaron al valle de Ebéjico ( Ibijico, escribe Castellanos) y allí fueron confrontados por un español convicto por la muerte de Valdivia:

“[…] Juan Baptista Vaquero retraido,

A causa de la muerte de Valdivia;

El cual, por la destreza que tenía

En aquel idioma de los indios,

Era de todos ellos estimado

Y en opinión de mozo que tractaba

Verdad en cuantas cosas decía.”7

Vaquero mandó traer a los hechiceros por las buenas o las malas a su presencia. Los hechiceros –dice Juan de Vergara, testigo de Castellanos- creen en ello como “[…] si vieran los efectos ya presentes,…”8. Vaquero quería “hacerles entender que Sobce miente” y ellos están sembrando una infame y vil mentira. Los hechiceros, presentaban un gesto espantable, parecían bultos infernales “que lanzaban fuego por los ojos”9. Vaquero espantado tomó una cruz en las manos y se encomendó su “sumo hacedor”10 y comenzó a pronunciar adjetivos despectivos e insultos:

“[…] ministros de maldad, engañadores,

Revestidos de espíritu malino,

¿Porqué venis a ser predicadores

De tan desvariado destino,

Ciegos embarbascados en errores

Y ajenos del católico camino?11

Juan Baptista Vaquero les dijo además que había llegado la hora de ira para hacerles reconocer la mentira en que viven. Ese dios vuestro es un tirano horrendo. El verdadero dios en quien “creemos y adoramos”, vino a desterrar de vuestros corazones a Sobce por medio del bautismo. De los tres hechiceros, dos, los más jóvenes, se convencieron con las palabras de Vaquero, creyeron. El más viejo haciendo “gestos y visajes”, ronco de tanto hablar, dijo a Vaquero: ¡dicen que tu dios es el verdadero! Te reto a que delante de estos ignorantes hagas un milagro en su nombre. Con el mío, Sobce, haré

“Mover las grandes peñas deste suelo,

Y dejen, dando vuelo, su cimiento

Bailando en el viento con zumbido…”12

Has lo mismo y así entenderás cual dios es más poderoso. Vaquero le respondió tratando al viejo de perro hechicero, que su fe le prohíbe tentar a dios, pero que esa fe cristiana puede hacer algo parecido:

“[…] Mas yo, haciendo tu cosa tan rara,

Con esta fe podré mudar el cerro

Alto que ves enfrente de tu cara…”13

Y el hechicero ante el reto comenzó a invocar a Sobce. Primero se lavó el cuerpo, luego ofreció oro, mantas y objetos; sometió las piedras a un sahumerio y las apaleaba con una vara, en medio de “gritos y alaridos” exigiéndoles volaran. La multitud esperaba “verla maravilla”; pero al no verla se burlaron del hechicero. Juan Baptista Vaquero aprovechó para seguir insultando y al enarbolar la cruz que llamó “santo palo” dijo: este santo palo es igual al que venció “el infernal alarde” y todo aquel que la vea se espanta si no vive para ella. El hechicero, se fue renegando y Vaquero fjue reverenciado y obedecido por la multitud de indígenas.

El viejo hechicero volvió y retó a Vaquero a que subieran al peñol del Nuta, distante del valle de Ebéjico tres leguas por una pendiente, para mostrarle ahí el poder de Sobce. Viejo demente –le dijo Vaquero- vamos y verás que el amanecer con la luz del sol se verá que Sobce miente. El hechicero salió primero y Vaquero lo siguió. Dice Castellanos ser testigos de este reto trecientos indígenas. En lo alto de la peña el viejo comenzó la invocación, que duró toda la noche:

“[…] Y el indio hizo sus invocaciones,

Visajes, gestos, saltos y bramuras,

Por aterrorizar a su contrario

O por tener demonio revestido

Pero Baptista con la cruz delante

Los símbolos decía con voz alta,

No sin erizamiento de cabellos…”14

Amaneció y Sobce no llegó. Ocasión para que Vaquero arengara a los indígenas con pasajes victoriosos del cristianismo y terminó amenazando al viejo con la hoguera, con quemarlo vivo. La noticia llegó a Santafé de Antioquia y allí se tomó la decisión de condenar a los tres de la religión del dios indígena: la pitonisa, la niña moza y al viejo hechicero. La pitonisa se condenó al destierro, la niña bella se bautizó al viejo lo quemaron. Vaquero bajó de la peña Nuta victorioso y bautizó gran número de gente. Dice Castellanos:

“Y asi se deshicieron los nublados,

Quedando los ladinos y chontales

Con aviso de nunca dar oídos

Jamás a semejantes devaneos

Y en aborrecimiento del demonio;”15

En esta observación sobre la calidad de los indígenas –ladinos y chontales- se hace referencia al ya avanzado proceso de aprendizaje del castellano por los indígenas, quienes fueron bautizados y cambiados los nombres en sus lenguas por nombres de santos cristianos. Los chontales es el nombre dado a los indígenas desplazados de sus territorios y llevados al valle de Ebéjico.

Gaspar de Rodas recibió la investidura como gobernador de Antioquia de la Real Audiencia en el Año de 1577. Armó a su costa los soldados para cumplir con el mandato de poblar la tierra donde fue muerto Valdivia

“[…] El diestro capitan Gaspar de Rodas,

Atlante fuerte sobre cuyos hombros

El peso se sostuvo de aquel suelo”16

Se sometieron a su mando setenta (70) soldados, entre ellos Pedro Pinto Vellorino, Luis Céspedes de Vargas y su hermano Alonso Vargas naturales de Fregenal; Sancho de Quevedo, esteban de Rivera natural de Albuquerque, Juan de Alvarado Salazar, el esturiano Fernando de Ovango, Pedro Sánchez de Oviedo natural de Extremadura; Manuel Ruviales, el sacerdote Juan Ruiz de Atienza, Juan Fernández Erazo natural de Navarra; Antonio Osorio, Pedro de Arce, Pablo Fernández de Eras, Alonso Fernández Molano, Alonso Martín Merchán, y el mulato Mateo Fernández.

Con ellos  llegó al valle de San Andrés (Guarcama), al fuerte donde murió Valdivia el 8 de febrero de 1577. Los caciques con su gente les salieron de paz y obsequiosos de oro y comida. Y Rodas les dijo que venía

“[…] Era por granjear sus amistades,

Y no para tomalles sus haciendas…”17

Pero Rodas al verlos reunidos tomó prisioneros a veinte y cuatro (24) indígenas principales. Los demás quisieron ir a la guerra. El capitán Rodas les dijo con dos lenguas tahamíes que llevaba respetados en Guarcama Pedro Amato y Aguasici:

“No meneeis los brazoz,

Porque si dais algunas ocasiones

A todos os haremos mil pedazos”18

Tomamos estos prisioneros porque el rey Felipe así lo manda y cualquier rey de cualquier parte o señor, debe ser obediente y servirle. Vive quien acepta la sujeción y castiga a quienes caen en excesos y le juegan trampa. Yo Gaspar de Rodas vine en su nombre a procesar a quienes bajo una paz engañosa mataron a su gobernador Valdivia. Y también manda el rey Felipe Magno que no sea riguroso en el castigo a pesar del grave delito. Haré averiguación para hallar el delincuente. Este tendrá la clemencia del rey que yo traigo; y no me muevo por la pasión, me guía la piedad, y así lo veréis cuando ejecute a los culpables; seré amigo de todos los que viven en este valle, en esta tierra, los favoreceré si dais una paz verdadera y no mentirosa. Por eso os digo que “En mi hallareis gran abrigo” si os quedáis quietos y creéis en lo que digo.19

De la muchedumbre solo prendieron las cabezas, los caudillos y los demás se sosegaron. A los prendidos (prisioneros) les hicieron un juicio solemne, con un “defensor juramentado”. Resultaron seis (6) los culpables, fueron condenados a la horca. Al cacique Guarcama “gentil hombre, feroz y de cabal entendimiento” y otros cuatro (4) los condenaron a perder las manos. A todos los condenados se les bautizó. Dice Castellanos que ellos lo pidieron:

“[…] Y antes de padecer temporal muerte

Aquellos seis señores belicosos

Pidieron el baptismo todos ellos

Con grande devoción, y fueles dado…”20

Les llevaron a la horca con una cruz en las manos y decían: -quien tal hace que pague; nosotros somos culpables porque nos convencieron los tahamíes de cometer el crimen, con el que estuvimos en desacuerdo-. Pero esa declaración postrera se disipó porque Gaspar de Rodas se apoyó en los dos ladinos tahamies Guasici y Pedro Amato.

 

Rodas fundó allí en el valle de San Andrés, en Guarcama, la ciudad de Cáceres:

“Nombró treinta vecinos, hombres nobles,

Entre los cuales repartió la tierra,

Cinco mil indios, poco más o menos,…”21

Rodas informó a la Real Audiencia de lo hecho a través de Antonio Osorio; pero este fue increpado por los soldados de Valdivia que resultaron ignorados en el reparto. El gobernador se vio obligado a viajar a Bogotá para defender lo hecho. Allí el licenciado Juan Rodríguez Mora, reemplazo de del difunto oidor Briceño, le restituyó lo hecho. En la estadía, Rodas coincidió con la sublevación de los Gualí de Mariquita. Gonzalo Jiménez de Quesada los había sometido y fundado en su tierra la ciudad de Santa Agueda. Los españoles construyeron un fuerte y ante la sublevación se recluyeron en él con sus mujeres y niños y el servicio. Fueron sitiados por los Gualí. Ante la urgencia de la guerra la Audiencia encomendó al capitán Gaspar de Rodas

“Para hacer al rey este servicio:

El cual como persona circunspecta

Este cargo tomó de buena gana”22

Se armó con 110 soldados, escogidos a su gusto, entró contra los Gualí y al cabo de tres meses los dominó, venció y los metió en servidumbre. Los soldados de confianza, sus caudillos se llamaban Juan Meléndez y Alonso Fernández Molano, quienes lo acompañaban en Cáceres.

En recompensa Gaspar de Rodas recibió la gobernación de la provincia entre los dos ríos de Valdivia, más la villa de Santafé de Antioquia y su jurisdicción; además se le certificó la separación de su territorio de la gobernación de Popayán. Dice Castellanos de Rodas ser un hombre con talento natural para emprender grandes negocios y mantener hombres sujetados. En su ausencia, los indígenas de Cáceres se sublevaron, por faltarles el caudillo. Mataron a Alonso González de Montijo, a Alonso Fernández de Membrilla, a Lorenzo de Rufas y otros muchos más indios de servicio. A los indígenas los dirigía Omagá, cacique respetado y guerrero. Rodas, avisado de las intenciones del cacique por mujeres indias al servicio de españoles, salió de Santafé de Antioquia con treinta (30) soldados, ganado y pertrechos rumbo a Cáceres. No hallaron a Omagá en el poblado. El gobernador envió a Francisco Alférez reforzado con cuarenta 40 soldados a caballo para prenderlo; pero Francisco “más papelista que guerrero”23, se demoró dos meses y volvió con las manos vacías. Rodas, ante ese fracaso, envió al gallego Juan Arias Ruvián, con solo veinte infantes, a comenzó de diciembre de 1579. Entran en elas montañas altas de Cáceres. Omagá les envía mensajeros con comida y su sobrino Teguerí

“…gentil mancebo,

Bien conocido de la gente nuestra,

Y en opinión tenido de valiente”24

Tenguerí vino a ofrecer la paz a nombre de su tío. Juan Arias Ruvián le dice que puede perdonarlo por todos los delitos si entra en una paz segura y duradera. Omagá ofrece un encuentro en dos cabañas que tiene en una sabana plana, para dar la paz y aceptar la servidumbre al gobernador.

Arias Ruvián y los soldados se alojaron en las cabañas; allí fueron servidos con comida y atenciones; pero fueron advertidos por Ana, una moza ladina cristiana, como en tres días llegarían muchos caciques, cada uno a deshoras, hasta le llegada de Omagá. Ana avisó que cuando todos los caciques estuvieran atacarían a los españoles. Pero estos con la llegada del cacique Tiquimiqui y sus indios, comenzaron a prenderlos, amarrarlos con cabuyas y meterlos en una de las cabañas. Amarraron a cincuenta indígenas, entre ellos

“…bien dispuestos

Y robustos miembros y elegantes,

Pacíficos semblantes y apariencias

Encubridoras de su mal intento”25

Y el viernes 31 de diciembre de 1579, entrando el año de 1580 llegó Omagá y dentro de la cabaña lo despedazaron ante los amarrados. Por las voces de horror salidas de la cabaña, los indígenas ocultos que tenían rodeadas las cabañas comenzaron el ataque contra los españoles. Los indígenas estaban ordenados en escuadrones, nueve por hilera; los sobresalientes o capitanes, señalados, tenían las aljabas o carcaj llenas de flechas venenosas, las picas de madera tostada, las macanas y hondas. Estaban dirigidos por Tenguerí como general, sobrino de Omagá y por capitán tenían a Maubita, yerno de Ocharí: arengan a sus guerreros diciéndoles que los muertos no importan porque son solo veinte a los que hay que vencer. Los españoles disparan los arcabuces y arremeten con sus espadas. Juan Arias Ruvián, Juan Mateos, Mateo de Acosta (lusitano), Pablo Sarmiento, tras sus rodelas y celadas están prestos. Alvarado Salazar, le mete una bala en la frente a Tenguerí. Domingo de Herrera le dio a Maubita en el pecho; Diego de Ávila le puso la bala en la cara a Ocharí, quien al verse herido abandonó el combate que ya llevaba tres horas. El ejército indígena al ver caer a sus caciques, decidió incendiar las cabañas, sin saber de los cincuenta gentiles indios amarrados dentro. Fueron incinerados.

Los españoles mataron a cuchillo y espada más de trecientos (300) naturales y perdieron tres soldados, los sobrevivientes

“cada uno con cinco o seis flechazos

Los cuales puesta buena centinela

Con grande diligencia se curaron,

Abrazando con fuego las heridas;”26

Ambos bandos se agotaron. Los españoles regresaron a un puesto anterior donde descansaron y se repusieron. Ocharí, herido en la cara los seguía y les gritaba que debían desocupar la tierra y pagar con la muerte todo el daño hecho; pero no atacaba y los españoles llegaron al Cauca donde fueron socorridos por Juan Meléndez quien con treinta compañeros los llevaron a Cáceres. Murieron por las heridas con flechas envenenadas Lucas Sánchez y Mateo Acosta.

En Santafé de Antioquia Rodas preparaba incursión para ver lo que había entre los dos ríos: el Cauca y el Magdalena. El gobernador no quiso ser de aquellos que viven del sudor de los demás. No quiso dejar descansar su cuerpo. Salió en 1580 de Santafé con

“…Obra de setenta compañeros,

Caballos y pertrechos necesarios,

Caminando la del oriente

Hasta ver las zavanas de aquel rio

De Aburrá, do tiene nacimiento

El mismo que después llaman Porce,

El curso de sus aguas prosiguiendo,

Hacia septentrión27 encaminadas,

Por tierras despobladas, muchos días,…”28

Según estos versos de Juan de Castellanos, Rodas entró al valle de Aburrá y siguió en curso del río (llamado Medellín después de 1675). Esta incursión fechada por Castellanos en 1580, no se hizo por territorio desconocido para él; pues por otras fuentes se sabe que en 1575 Rodas pide y se le concede merced de tierras por sus servicios de conquista. Se le adjudicaron cincuenta (50) leguas desde los asientos viejos de Aburrá hacia el norte. En su solicitud dice que ya ahí tiene hatos de ganado. Se entiende que cuando arma la incursión de 1580 ya tiene cinco años de estar metido en el valle de Aburrá.

Rodas río aburrá abajo, Porce abajo, llegó a tierra apacible después de pasar hambre y atascaderos. En esa tierra, en la otra banda del Porce (puede entenderse hacia el Magdalena) vio

“…indicios que manifestaban

Haber median copia de cultores.

Pero según las guías declaraban,

A la contraria parte de aquel río

Había población de más substancia,

Lo cual se conocía claramente

Por ver trilladas sendas y caminos,

Humos a todas partes y labranzas;”29

Buscaron un paso cómodo, hicieron un puente de bejucos y pasaron la ropa, el servicio. Los soldados y demás pasaron a nado. Pero los indígenas del otro lado del Porce los recibieron con nubes de flechas y dardos. Del lado de los indígenas ondeaban cantidad de penachos, dice Castellanos, que llevaban petos y diademas de oro, muestra de las buenas minas que tenían. Para vencer la voluntad de lucha de los naturales, los españoles emplearon la táctica común de matar los líderes. El mestizo Francisco de Taborda, famoso por tener buena puntería, le dio un balazo de arcabuz en el pecho al “indio que más se señalaba En galas, magestad, valor y brío”30. Los demás al ver esa muerte como súbita, sin explicación, se llevaron el cuerpo llenos de “admiraciones y alborotos”; pero no descuidaron el combate. Ante esto Gaspar de Rodas se deslizó río abajo, paso la corriente con treinta y seis (36) soldados y tomó por sorpresa a los naturales. Dice Castellano que al pasar el río los soldados se amilanaron; pero el gobernador, se desnudó y pasó el río, dando ejemplo a la tropa. Los hermanos mestizos Francisco y Alonso Taborda tomaron la delantera.

“Salieron los heroicos españoles

Diciendo: “¡Santiago. Santiago!”

Ocupa turbación salvajes pechos;

Corre la confusión desordenando

La bárbara caterva, que no para

Por diferente partes derramada;”31

Afianzaron el territorio y comenzaron las incursiones por toda la tierra. Los indígenas presentaban escaramuzas pero “cuotidianamente Llevaban lo peor los naturales”; Presentaron la paz por reconocer la superioridad de los españoles. A trece leguas del paso del río, encontraron un lugar “proveido” (entiéndase con indígenas y cultivos) y fundaron la ciudad de Zaragoza en mayo de 1581 y en las “juntas” de los ríos Porce y Nechí. Rodas nombró a Sánchez teniente y lo dejó con cuarenta (40) españoles a quienes se les repartió la población indígena. El gobernador, en las tierras de Ituango, refundó la ciudad con veintiocho (28) españoles y se les encomendó los indígenas ya pacificados. Ahí dejó como teniente a su pariente Juan de Rodas y volvió a Santafé de Antioquia.

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. 1035

2. 3. Ídem. Pág. 1036

4. 5. 6. Ídem. Pág. 1037

7. 8. 9. 10. 11. Ídem. Pág. 1038

12. 13. Ídem. Pág. 1039

14. Ídem. Pág. 1040

15. 16. Ídem. Pág. 1041

17. 18. Ídem. Pág. 1042

19. 20. 21. Ídem. Pág. 1043

22. Ídem. Pág. 1044

23. Ídem. Pág. 1045

24. Ídem. Pág. 1046

25. Ídem. Pág. 1047

26. Ídem. Pág. 1049

27. Norte

28. 29.30. Ídem. Pág. 1052

31. Ídem. Pág. 1053

 

Imagen: Mujeres indígenas de Cáceres Antioquia. Tomada de KienyKe.com

domingo, 24 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Cinco: Aquiles, maravillas, Pedro Catía. Los Tahamies y la muerte de Valdivia por el garrote del cacique Quimé

Desde Antioquia, Valdivia y Rodas arman una entrada a Pequi para someter los indígenas. Las tropas al mando de Juan Velasco vencieron al cacique y lo tomaron prisionero junto a un “mancebo gallardo y animoso”1 Este indígena se enfrentó con su “macana” a siete españoles. Les destrozó las rodelas y las celadas y los desarmó repetidas veces. Los españoles con sus espadas lo hirieron, pero el indígena no caía. Estos luego de tenerlo y ver vencido el orgullo conquistador, decidieron empalarlo. Pedro Alonso de Arce les dijo: “Señores, es trabajo vano/ Aquesta diligencia que se intenta,/ Pues no puede perder este pagano/ La vida por herida violenta:/ Mirarle bien las rayas de la mano/ Los que con ciromancia teneis cuenta,/ Y veréis que bañó miembros viriles/ En las estigias ondas como Aquiles.”2 No lo mataron, decidieron amputarle las orejas y cortarle los talones (Castellanos dice “gorroes”). Este trato profundizó la guerra y los Pequi estuvieron once meses en batalla antes de ser vencidos provisionalmente.

Juan de Castellanos quiso mostrar la crueldad de la guerra, con el caso del mancebo pequi y con lo sucedido a Juan Velasco. Dice que este conquistador se enamoró de la tierra del “Cenú” y desde Santafé e Antioquia armó vente (20) soldados, más ochenta (80) indígenas de servicio y se fue a someter las sierras. Allí fue recibido por Güisco, Araque y Guacucevo, con fingida paz. Velasco les habló a través de “la fiel Inés, India ladina,/ Criada de Alvar Sánchez, un soldado,/ Interprete cabal de aquella lengua,”3 Alvar fue avisado por Inés de la intensión de los naturales de atacar por sorpresa a los españoles, y le propuso a Velasco atacar en la noche anticipándose estratégicamente. Velasco optó por establecerse en un llano, llamado valle de Nitana, convocó a los indígenas y les habló del dios cristiano y de la necesidad de adorarlo y bendecirlo… “Y no como lo hacen a las cosas/ Que fabricaron ellos con sus manos,/ Ni al sol, ni la luna, signos ni planetas,/ Rios ni fuentes, montes ni laguna,…”4

Los indígenas atacaron, mataron a Fernán Sánchez, Francisco Morón, Andrés García, Tocino, Cañas, Antonio Fernández, Fernando Ramos, Gavilán, Saboya, “Al fin allá quedaron diez y siete/ Con más de ochenta piezas de servicio,/ Y la fiel Inés, de quien se dice/ Que viva la partían en pedazos/ Y hablando con ella la comían,/ Con otros cinco de los españoles/ Que vivos los cayeron en las manos…”5. Velasco escapó con otros tres y luego de vagar por más de catorce (14) leguas llegaron a San Juan de Rodas, desnudos, hambrientos y heridos.

A finales de 1571, un grupo de soldados salieron a buscar comida. A unas tres leguas encontraron un pueblo recién abandonado y lleno de bastimentos. Una india se les acercó y les advirtió que los indígenas estaban preparando un ataque a San Juan de Rodas y pidió la llevasen porque ella quería ser cristiana. Le creyeron y regresaron presurosos. Al día siguiente los habitantes percibieron el olor del ataque: humadas de tabaco, bijas y trementina; “[…] Fueron mil y quinientos sin la chusma/ Los cuales se venían acercando,/ Según de las señales coligian,/ Por oler a humadas de tabaco,/ Bijas y trementinas con que vienen/ Untados cuando van a rompimiento…”6. Atacaron y antes de huir dieron muerte a Juan Velasco, el caudillo de San Juan. Asumió el mando Leonel de Ovalle. El nuevo caudillo decidió abandonar el poblado y establecerse en el valle de Norisco, para estar más cerca de Santafé.

Oídas las noticias, el gobernador Andrés de Valdivia, llegó a Norisco con “[…] Con cincuenta soldados que tenía,/ Caballos y pertrechos, aunque pocos,/ Abrevió lo posible su camino,/ Y sin les suceder cosa notable/ Entraron en el valle de Norisco/ A donde se juntaron con los otros…”7. Valdivia decidió refundar el pueblo de San Juan de Rodas en 1572 y pasarlo del “…sitio/ De Teco y Maritué”, considerado inseguro, para el asiento antiguo “que llamaban Paramillo” tierra del cacique Agrazava. Valdivia, repartida la tierra y solares, hechos los ranchos, nombrado alcaldes, y teniente a “don Antonio Osorio de Pace, volvió a Santafé de Antioquia.

Antonio Osorio de Pace comenzó un ataque sistemático contra los indígenas, para hacerse respetar dice Castellanos; pero un indio ladino llamado Pedro Catía, que conocía bien a los españoles, reunió los caciques para preparar un ataque. La hermana de Agrazava decidió denunciar a Pedro Catía y hacerse cristiana. Antonio Osorio de Pace la escuchó y la torturó, pero al ver la convicción de la indígena, la bautizó y le puso el nombre de Catalina. Pedro Catía enterado de lo hecho por Catalina, reunió los caciques y los convenció de ir ante los españoles y prometerles falsa paz, para luego atacarlos. Ellos fueron pero los prendieron “[…] A lo cual fueron luego dos hermanos,/ Tucuré y Agrazava, y ansimismo/ Chacurí, Nuguireta, Tacüica,/ Tacujurango y otros principales,/ Con algunos regalos de comida,/ A los cuales prendieron en llegando,…”8

Con una posta (chasqui o mensajero) avisaron a Valdivia del inminente ataque y le pidieron socorro. El ataque se dio, los indígenas mataron a Fernán Sánchez de un garrotazo en las quijadas; a Juan de Ortega con un golpe de onda en las cienes. Aun así los españoles lograron romper el ataque y poner en retirada a los indígenas. En represalia ahorcaron a los caciques Nuguireta y Chacurí, lo que produjo más indignación en los naturales.

Entre tanto llegó a Santafé la noticia de que las cédulas reales de Valdivia no tenía la jurisdicción sobre Santafé de Antioquia, ni sobre San Juan de Rodas; Valdivia lo sabía y por eso quiso revivir la Santafé antigua y hacerla su capital. Nombró tesorero real y teniente a Antonio de Tovar. Dice castellanos que fue informado de algo maravilloso que les ocurrió a los que pretendían revivir la ciudad vieja y por eso abandonaron la intensión “[…] Con rara y espantosa maravilla,/ Lo cual yo no pusiera por escripto/ Si no fueran personas fidedignas/ Aquellas que la dictan a mi pluma…”9. Una mañana en la posada del tesorero se dispusieron a almorzar él y otros amigos suyos. Les sirvieron “Puchas o poleadas, cuyo nombre/ Es aquestas partes mazamorra…”10. Como tenían leche la vertieron sobre las porcelanas y de inmediato se tornó roja “En finísima sangre convertida”. Todos presos de espanto montaron sus armas y caballos y abandonaron la ciudad.

Valdivia, quien estaba convencido de poder hacer una red con un palmo de hilo, dice Castellanos, antes de socorrer a San Juan de Rodas, envió a los capitanes Juan Zavala y Rodrigo Pardo a buscar un lugar cómodo para fundar una ciudad, en la tierra de los Chocoes y el Darién. De sesenta (60) españoles, regresaron treinta (30), después de un año. Castellanos dice que refiere este hecho por información del propio Rodrigo Pardo y otros que aún viven. “[…] La terribilidad de los trabajos/ En el discurso dél acontecidos;/ Pero diremos una sola cosa/ Y Francisco Montilla de los Ríos,/ Que vive de presente donde vivo”11.

Corría diciembre de 1573. Valdivia, antes de que la gente de San Juan de Rodas fuese informada de no estar dentro de su jurisdicción; llegó a ella con auxilios y soldados a incitarlos para trasladar la población a orillas del río Cauca, dentro de su gobernación entre los dos ríos (Cauca y Magdalena). Además tenían la amenaza de un gran ejército indígena confederado dirigido por Pedro Catía, que conocía bien a los españoles. Pedro atacó y luego de la batalla, la espada venció de nuevo al garrote… “[…] Principalmente por haber caído/ En mortal rigor Pedro Catía,/ Aunque también se dice que los indios/ Son los que lo mataron y comieron”12. El caudillo Pedro Catía, dice Castellanos, fue repudiado por los indígenas por haberlos llevado a una batalla con mentiras y hacer matar tantos.

En enero de 1574 Valdivia logró llevar a los de San Juan de Rodas al otro lado del Cauca, y dentro de su jurisdicción los exhortó a construir un puente con cueros y bejucos retorcidos a la manera como lo hacían los naturales. El puente se construyó en doce días “[…] Pusieron luego manos en la obra/ Con tal solicitud y diligencia,/ Que en espacio de diez o doce días/ Le dieron conclusión, que fue difícil/ Y trabajosa por la gran distancia […] El Andrés Valdivia, como viese/ Concluida y acabada la pendiente/ Puente, sin un momento de tardanza/ Hizo pasar por ella diez soldados”13. Pasaron los soldados y demás gente y ganados. Una vez del otro lado, Valdivia mostró su sagacidad, y rebeló la jurisdicción de su poder como gobernador. Les dijo que se habían librado de los indomables Catíos y ahora estaban en tierra de los Nutaves… “[…] Porque venís a tierra de los nutaves,/ Gente ni vencedora ni vencida:/ Nosotros somos las primeras llaves/ Desta puerta sin sernos defendida,/ E ya sabeis por fama que publica/ Ser esta tierra sumamente rica.”14

Juan López de Oviedo a nombre de los cuarenta y seis (46) soldados y veinte (20) negros y doscientos (200) indios de servicio apoyó las intenciones de Valdivia; pero Antonio Machado pidió licencia para volver a Santafé de Antioquia donde tenía su casa. Siguió Valdivia y el 9 de febrero de 1574 llegó al valle de Guarcama por muy anchos caminos indígenas; y lo renombró como Valle de San Andrés. Valle de 20 leguas de latitud, con ricas minas, algodonales y pueblos laboriosos que “hacen telas razonables,/ Blancas y variadas en colores”15. Castellanos nombra los caciques de allí: Guarcama, Cuerpia, Pipiman, Oceta, Maquira y Aguasici. Y los vecinos del valle, Omoga, Neguerí, Yusca, Aguataba, Abaniqui, Cüercia, Taquiburi, Moscataco, Cuerquici, Carinue… “[…] Y otros algunos hombres belicosos,/ Flecheros, carniceros y herbolarios,/ Destrísimos en guerra por estremos… “16

Los nutaves salieron de paz y dieron hospitalidad a los españoles. Vecinos de los nutaves son los thamies: “Tres leguas adelante do tenía,/ El capitan Oceta su dominio…”17 Esto lo supieron en Santafé de Antioquia por boca de indios comerciantes tahamies, encomendados al presente de Castellanos, a Bartolomé Sánchez Torreblanca. Este encomendero, guardó envidias contra Valdivia y por medio del mozo Juan Baptista Vaquero, quien dominaba las lenguas indígenas y por ello era muy respetado, movió a la guerra a los nutaves y tahamies contra Valdivia. Al sentirse sitiado, Andrés de Valdivia encomendó a Juan Alonso de Santana, veterano de la hueste de Lope de Aguirre, junto con Bartolomé Jiménez, ir a Santafé de Antioquia a pedir auxilio para que viniesen al valle de San Andrés (luego se llamará Cáceres).

Pinto Villorrio, encargado del auxilio, salió de Santafé con treinta y seis (36) soldados, cantidad de puercos y caballos. Con este auxilio Valdivia salió de Guarcama el 24 de junio de 1574 a buscar sitio para fundar. Llegaron a la loma de Nohava: “[…] Y como les parecer estar la loma/ en cómodo lugar para ser pueblo,/ Fundaron la ciudad de Ubeda, porque/ El Andrés deValdivia fue nacido/ En aquella que deste nombre goza/ En la provincia de Andalicía.”18

Los caciques de Nohava atacaron por siete meses la nueva Ubeda y sitiaron a los españoles, quienes fueron diezmados y cortada la posibilidad de suministros. Pero los naturales, también cansados hicieron la paz y permitieron la entrada de comida. Castellanos dice que la paz fue posible por las encomiendas permitidas y deseadas por los caciques.

Ubeda prometía futuro; pero Valdivia recibió una carta de Santafé de Antioquia informándole sobre la infidelidad de su esposa, quien se había quedado en Victoria19. Valdivia enloqueció. Cortó las patas a varios caballos; levantó la ciudad y ordenó buscar otro sitio. Los caciques se resintieron y vieron quebrantada la paz. Y los soldados quisieron abandonarlo… “No pararon en este los furores,/ Pues en confirmación de su locura/ A los caballos les cortó las piernas,/ Que fue para sus dueños dolor grave,/ de los cuales algunos, viendo tantos/ Escesos furiosos, rehuyendo/ De no venir con él a rompimiento,/ A Santafé se fueron deslizando,/ Mas a los tres primeros que huyeron/ Indios en el camino los mataron”20.

Con todo llegó hasta el sitio mal sano, pero rico, llamado Pesquerías. Allí se estableció. También de ahí quiso moverse. Se le opuso el soldado Diego de Montoya y Valdivia lo mató a garrote. Los demás se juntaron y enviaron a Juan Alonso de Santana, Pedro Sánchez de Oviedo y Manuel Ruviales, a quejarse ente la Audiencia presidida por Francisco Briceño. En balsa llegaron a Monpox y de ahí por el río Magdalena arribaron al Nuevo Reino. La Audiencia envió a Antón Gómez de Acosta, lusitano, a tomarle residencia. Valdivia lo recibió en el valle de San Andrés y allí mostró la carta que lo hizo enloquecer. El juez de residencia Antón Gómez comprendió las razones y fue testigo de un pacto entre los que pidieron la residencia y Valdivia. Este los dotó de oro y soldados y los dejó libres y se fueron del valle de San Andrés. Allí quedó Valdivia con el juez. Envió otro grupo de soldados al mando de Francisco Maldonado, a seguir el montaje de la población de Pesquerías.

Los caciques nutaves se concertaron y cayeron sobre los españoles al saberlos repartidos en tres sitios y llenos de necesidades. En Pesquerías los indígenas fingieron ayudar y se aparecieron treinta y seis (36), uno por cada soldado, con una carga de guamas (bejuco) cada uno. Mataron a Francisco Maldonado, el capitán, al valenciano Juan Cotura, a Chávez y Sancho Vélez; los sobrevivientes huyeron hacia Santafé de Antioquia.21

En el valle de San Andrés (Guarcama) Valdivia había hecho construir un fuerte. El 10 de octubre de 1574 llegaron los caciques tahamies, Cuerquia, Oceta, Ucharie, Ubaná y Quimé con quinientos (500) guerreros. Emplearon el mismo embuste. Fingieron llevar comida y ante el recibimiento amable, cayeron de sorpresa. Mataron a Pedro Valero, Diego de León, Fray Bernabé y su sobrino Joan Ruiz de Atienza, “Gaspar Negro de nación Jilofo”, Juan Rodríguez… “Valdivia solo resta, que herido/ estaba de un flechazo por la boca/ Al cual ovieron a las manos vivo:/ Vivo tomaron al desventurado,/ Con la moza ladina que tenía.”22 La moza le pidió a Valdivia herido la dejase ir y a los caciques, que dejasen libre a Valdivia. Escucharon el ruego y dejaron hablar al indio Carcara, bautizado con el nombre de Martín. Dijo Carcara que se dejase vivo porque es criado de un poderoso señor que tiene mucha gente y por eso vienen en gran número; pero el caique Quimé se enfureció “[…] Mas un Quimé, cacique furioso,/ De mala digestión, protervo, duro,/ Con iracundo rostro le responde:/ [que no debía defender a un tirano que había dejado tanto huérfano, tantas viudas. Y] …Aquesto dicho levantó la maza,/ Bajándola con golpe tan terrible/ Que le desmenuzó casco y sesos:”23. Así murió Valdivia. El cacique Ubaná mató la moza india ladina de la misma forma.

Cortaron la cabeza de todos los españoles muertos y las exhibieron en picas por el camino por donde podrían llegar los de Pesquerías. Luego de la muerte del lusitano Antón Gómez de Acosta, juez de residencia de Valdivia, los españoles abandonaron la tierra y huyeron hacia Santafé de Antioquia. La avanzada de la huida, Juan Meléndez, Juan de Vargas, Baltazar Muñoz, Mateo Fernández (hijo de india y etíope), Suero Rodríguez, dice Castellanos24, que aún viven y son la fuente de información para su escritura. Recuérdese que esta elegía fue escrita en 1589.

Notas:

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. 994.

 

2. 3. Ídem. Pág. 995

4. Ídem. Pág. 997

5. Ídem. Pág. 1000

6. Ídem. Pág. 1001.

7. Ídem. Pág. 1005

8. Ídem. Pág. 1007

9. 10. 11. Ídem. Pág. 1011

12. Ídem. Pág. 1015

13. Ídem. Pág. 1017

14. Ídem. Pág. 1018

15. 16. 17. Ídem. Pág. 1019

18. Ídem. Pág. 1022

19. Ídem. Pág. 1023

20. Ídem. Pág. 1024

21. 22. Ídem. Pág. 1030

23. Ídem. Pág. 1031

24. Ídem. Pág. 1034

Imagen. Tahamies. Tomada de “El paisa y sus orígenes de Ricardo Saldarriaga”

martes, 19 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Cuatro: Ituango, Catíos, Nutaves, Ebéjicos, Peques, Toné, Tociná, Sinago, Nuguireta, Guaracho, Ereta y Gaspar de Rodas

 

Los soldados de Vadillo, en Cali se adhirieron a Jorge Robledo y con ellos entró al valle de Aburrá (Juan de Frades, Mendoza) y fundó la Ciudad de Antioquia. Robledo conquistó en nombre de Belalcázar el norte de Popayán a ambos lados del río grande del Cauca; fundó Ancerma, Cartago, Antioquia. Pero cuando recibió en su hueste los soldados de Vadillo, Belalcázar se llenó de celos y apoyó la creación de la gobernación del Chocó adjudicada a Andagoya para que absorbiera las conquistas de Robledo. Por eso Jorge Robledo Viajó a España y consiguió la creación de la gobernación de Antioquia y el grado de mariscal. Robledo regresó. Belacázar lo enjuició y lo condenó a muerte. Fue decapitado en Pozo una de las poblaciones establecidas por el mismo Robledo, después de someter a los indígenas Pozo, los más beligerantes de la banda oriental del río Cauca.

Castellanos versifica sobre lo acontecido en Antioquia luego de la partida de Jorge Robledo hacia España (Castellanos llama ese viaje de Robledo fuga). Soldados de Heredia y Belacázar se enfrentaron en la ciudad de Antioquia y se hirieron. Los cartageneros se retiran y los payaneses de Belalcázar trasladan la ciudad a otro sitio y la llamaron Santafé de Antioquia. Escribió Castellanos: “[…] En Antioquia vimos gran revuelta/ Entre los dos adelantados,/ Como sucede cuando gente suelta/ A varios bandos son aficionados […]”1.

En este pasaje Juan de Castellanos, El Beneficiado, introduce al conquistador Gaspar de Rodas. Dice que al regresar Robledo camino de Antioquia, los soldados de Heredia llevaban prisioneros hacia Cartagena a Gaspar de Rodas y a Alonso Madroñero. Robledo los hizo liberar: “Yendo por harto trabajosa vía/ Y con mayor zozobra que yo digo,/ Toparon al Robledo que venía,/ Y soltó muchos que llevó consigo;/ Soltó también a Rodas que tenía/ Por especial y singular amigo,/ El cual gobierna hoy la tierra misma/ Sobre que sucedió dicha cisma.”2

Esta noticia de Castellanos, permite afirmar que Gaspar de Rodas simpatizó con la causa de Robledo y participó en la pequeña guerra civil que se dio en 1546 entre cartageneros y payaneses por el dominio de Antioquia, Belalcázar contra Heredia. La ciudad quedó en manos de Belacázar quien la hizo trasladar: “Para trasladar pues aqueste pueblo/ Al siento que queda declarado/ El Belalcázar hizo confianza/ Del diestro capitan Gaspar de Rodas,/ de quien hice memoria muchas veces/ En los lugares donde convenía/ De sus trabajos varios dar noticia”3.

Sigue Castellanos: noble caballero, nacido en el pueblo “belicoso de Trujillo”, en Extremadura, hijo de Florencio de Rodas (alcalde de la fuerza de Lole, en la provincia del Algarre. “[…] Su madre doña Guiomar Coello”4. Nacida en Lucitania ciudad de Lamego. Gaspar de Rodas llegó joven a las Indias, ya entrenado en la guerra. Costeó el viaje suyo y de “alguna gente”, bajo el mando de Juan de Andagoya, hijo de Pascual de Andagoya ya distinguido en la conquista de Popayán. Juan de Andagoya emprendió la conquista de las tierras entre Popayán y el mar del sur (hoy conocido como el alto Baudó). Rodas se salió con su gente de esa empresa y en 1541 se alió a Baca de Castro, quien llegó a Popayán con poderes para someter a los rebeldes del Perú. Rodas llegó con él a Cali y terminó bajo el mando de Belalcázar que “[…] siempre/ En cargos honrrosos le dio mano”5; Le encargó mudar el pueblo de Antioquia (llamado Santa Cruz) y para ello lo nombró su teniente: trasladó el pueblo a un lugar más apacible y le puso el nombre de Villa Santafé de Antioquia y fijó en ella su vivienda en 1550 “[…] Y en ella desde tiempo que decimos/ Gaspar de Rodas hizo su vivienda,/ No sin deseo de fundar mas pueblos/ En las provincias dentre los dos ríos,/ A lo cual aspiraban otros muchos/ Varones de caudal y principales,/ Que de la gran riqueza de aquel suelo/ tenían a noticia y experiencia”6.

Hombre con este mismo objetivo de Gaspar, fue Lucas de Ávila de la ciudad de Ancerma, le pidió esas tierras de Antioquia al gobierno de Popayán para Andrés de Valdivia, quien con el oro de Lucas Ávila viajó a Castilla y regresó con las credenciales como gobernador de Antioquia. Pero los indígenas catíos comandados por el cacique Toné se preparaban para quitarse el yugo de los españoles. Toné llamaba a los catíos a seguir su ejemplo de haber matado al religioso Pedro de Frías, otros siete españoles y al mestizo Juan González por “lengua y alcahuete”7. Toné inició la sublevación en 1565 y la prolongó por cinco años. Los catíos “Negaron subyección a quien la daban/ Dando principios a sangrienta guerra,/ Y porque con la villa no podían/ Dieron en las cuadrillas de las minas,/ En hatos y en estancias de sus amos,/ matando negros, indios y españoles/ con tal obstinación, […]”8

Ante esta situación el gobernador de Popayán Álvaro de Mendoza, encomendó a Gaspar de Rodas con “largas comisiones” para castigar a los indígenas y fundar poblaciones en las provincias entre los dos ríos. Rodas convocó a sus amigos del Nuevo Reino de Granada y de Remedios. Ellos dejaron sus encomiendas y haciendas adquiridas por las armas en sus conquistas, y organizaron sus ejércitos con “Etíopes, caballos, y las cosas/ Al uso de la guerra necesaria…”9. Entre ellos el capitán Francisco de Ospina fundador de Los Remedios, Bartolomé de Pineda de la ciudad de Victoria, Antón Lobo de Sande, Juan Velasco, Gonzalo Verde, Antonio Machado, Pedro Fernández de Rivadeneira, Diego de Guzmán y Juan de Aldana. De Popayán Francisco López de la Rua, Joan Arias Ruvian, Gaspar Delgado, Alonso Serrano (padre) y Florencio Serrano (hijo mestizo).

Se formó un ejército de noventa y cuatro (94) soldados, todos veteranos conquistadores. Llegaron a Santafé de Antioquia y en julio de 1570 salieron a enfrentar a los catíos. Después de caminar diez y siete días (17) por “Asperas y fragosas serranías”, entraron en “Tociná, provincia de Ibijico […]. Allí se detuvieron en el campo/ Algunos días, y hicieron lista/ Del número de gente que venía:/ Hallaron ser los españoles ciento,/ Hasta seis menos, pero todos ellos/ De todas buenas armas pertrechados;/ Los caballos pasaban de trecientos;/ Setecientos los indios de servicio,/ Y algunos etíopes, aunque pocos,/Arrojadizos y determinados;/ […] De vacas se llevaban cuatrocientas./ Quinientos puercos, antes mas que menos,/ Y otros rebaños de menor ganado/ Para sustento del cristiano campo.”10

Luego se situaron en Pequi y recibieron embajadas que hablaron a nombre de una junta de caciques. El cacique Sinago, envió sus dos sobrinos Ytengo y Aramé; también estuvieron Chacurí, Nuguireta, Guaracho, Ereta, Panque y Agrebora. Todos exigieron a los españoles irse del territorio, o sufrir la guerra. Gaspar de Rodas les dijo que su ejército no daría la vuelta y retornar con las manos vacías. Dice Castellanos que los Pequi actuaron distinto a los de Ibijico Atociná, Cucuba, Bererúa y Rucabé, que no quisieron la guerra y prometieron guardar la paz11.

Gaspar de Rodas, veterano y experto combatiente contra los indígenas, en Pequi se situó en un lugar estratégico, con buena visibilidad, recursos de agua, leña y pastos. El lugar lo llamaron “La lagunilla”12. Sigue Juan de Castellanos: Rodas varón sagaz, mañoso, solerte (apercibido), se estableció en La Lagunilla por ser tierra alta y plana. Desde allí planeó el sometimiento de los Catíos, desde Pequi, llamado así porque los indígenas llamaban así la quebrada que por allí pasaba. Esa quebrada separaba a Rodas del llano en el que estaban los indígenas. Estos al ver a los españoles establecerse en el alto, lo rodearon y bloquearon todos los pasos por donde podrían salir “[…] Y ocuparon los pasos, desde donde/ Pudieran ser los nuestros ofendidos,/ Con sonora grita y algazara/ Y estruendo de atambores y cornetas13.

Así pensaron los naturales espantar a los españoles; pero al ver que no se movían, los indígenas se callaron. El tiempo cálido de julio – agosto, secó los pastos altos de la quebrada Pequi y los indígenas lo aprovecharon y los quemaron “[…] Y ansí toda la tierra comarcana/ Quedó sin ocasión y descubierta/ Escepto lo que con su diligencia/ De manos y de ramos guarecieron/ Los del alojamiento para pasto/ De bestias y ganados que traían […]”14

En la noche nublada salió el capitán Pineda con cuarenta (40) soldados para tomar algunos indígenas prisioneros; pero los caciques también metieron en los pajonales salvados, doscientos (200) indios, llamados por Castellanos,” gandules”. Los indios pretendían atacar a los españoles, cuando estuviesen ocupados en apagar las llamas. “[…] Ocultos y encubierto; y a la hora/ Que para poner fuego convidaba,/ De palos apropiados a tal uso/ Y presto movimiento de las manos/ Sacaron fuego, con que brevemente/ Se levantaron llamas presurosas, […]”15.

Gaspar de Rodas se dio cuenta del ardid y ordenó a sus soldados y servicio estar quietos. Los indígenas ante la quietud de los españoles intentan con gran gritería hacerlos salir; pero Pineda retorna al real y los acomete por la espalda y los hace huir. Los nativos amenazan con volver a los tres días. Gaspar de Rodas sale a buscarlos antes que vuelvan. Envía cuarenta (40) soldados (Castellanos dice peones) al mando de Gonzalo de Vega, viejo soldado; pasan la quebrada Pequi que separa el real del llano, y desde una loma “[…] A cuyo pie después vieron un llano/ Poblado de labranzas y apacible,/ En cierta parte dél doce caneyes/ O casas de vistosa compostura,/ Moradas de los indios mas cercanos”16. Atacaron el poblado y no hubo resistencia porque los indígenas estaban en los funerales de Sinago, quien murió de repente, tomaron algunas mujeres y muchachos.

En horas se reúnen cuatrocientos (400) indígenas y acometen a los españoles, quienes también atacan; pero vuelven a La Lagunilla y allí Gaspar de Rodas decide pasar el real17 para el llano y de nuevo encomendó a Gonzalo Vega, avanzar “con cantidad de indios y negros”18. En la avanzada, al pasar la quebrada Pequi decidió quemar pajonales para evitar que los indios se escondiesen allí; pero fue preso el mismo de las llamas y murió por las quemaduras.

Gaspar de Rodas entró al llano, a la provincia de Pequi sin encontrar resistencia, pues los indígenas estaban turbados por la muerte de Sinago; y Yutengo y Aramé, quemaron todo y se fueron con su gente para el partido de Carauta. Los que quedaron “[…] los otros que de mal se les hacía/ Dejar sus casas y sus propiedades,/ Aceptaron la paz que les pedían,/ Debajo de la cual los españoles/ Eran medianamente regalados/ El tiempo que estuvieron en su tierra,/ Que fue de tres semanas, porque luego/ Fueron a la provincia de Norisco,/ De grandes poblaciones, y abundante/ De los mantenimientos necesarios,/ Rica de telas de algodón y oro […]”19

Los caciques Norisco, dos hermanos: Bayaquima y Tacujurango, con otros muchos principales, les salieron de paz a los españoles y les obsequiaron oro y telas; recibieron noticia de la rica tierra de Ituango y para allá se fueron. Los recibieron de guerra los caciques Tecuce y Agrazaba. Quemaron sus casas y labranzas. Los españoles sufrieron aquella tierra bella pero quebrada. Sobrevivieron por la gran cantidad de aguacates. “[…] Grave necesidad del ganado/ y fruta de aguacates que hallaban/ En grande cuantidad, cuya hechura/ Es a similitud de pera verde,/ Aunque mayor de mas largo cuello […]”20

Gaspar de Rodas no quiso hacer poblado y decidió seguir; dijo a sus soldados, que los indios de Norisco los engañaron. El no poblar generó descontento y Francisco de Ospina, fundador de Remedios, les pidió lo dejase ir para su tierra. Rodas accedió y le puso veinte hombres para que lo llevasen a terreno fuera de peligro. Luego encomendó a Juan Velasco (ospinista) “[…] con cuarenta soldados diligentes/ A descubrir el gran rio Cauca,/ Do cae la provincia de nutaves,/ Bravísima nación y rica de oro;” Ídem. Pág. 988 Encomendó a Pedro Fernández de Rivadeneyra (ospinista), descubrir el valle de Teco. Y Rodas “[…] quedó con los mas impedidos y menos sospechosos en el campo,/ Con lo cual como capitan prudente/ Desbarató nublosas confusiones[…]”21

Los escoltas dejaron seguro a Francisco de Ospina en “la villa de Antioquia”. Desde allí Ospina se quejó ante el gobernador de Popayán por el comportamiento de Gaspar de Rodas. El gobernador Álvaro de Mendoza revocó a Rodas y en su reemplazo nombró a Alonso de Carvajal. Juan Velasco, pasó el río Cauca por el puente de bejucos, ya famoso desde las incursiones de Jorge Robledo. Velasco en la otra banda vio un valle grande, muy poblado y le puso el nombre de La Vieja, por haber sido guiado por una viuda indígena tratante (comerciante). Se regresó e informó a Gaspar de Rodas. Fernández Rivadeneyra, fue hacia Teco y entró en el Cenú y las montañas altas de Carauta; fue herido y regresó a Norisco donde se encontraba Gaspar. Este luego de escuchar a sus dos soldados sobre lo visto a norte y sur de Ituango, decidió fundar una población en esa provincia y dice Castellanos que la llamó San Juan de Rodas… “En la parte que llaman Paramillo,/ Que dista dos leguas poco menos/ Del rapidísimo río Cauca./ Y allí fundó ciudad en obediencia/ Del máximo monarca don Filipo,/ Con nombramiento de San Juan de Rodas” el diez (10) de septiembre de 157022.

Luego de la fundación, Gaspar de Rodas regresó a Peque y Ebéjico para someter los indígenas que se habían levantado. La repartición hecha en San Juan dejó a todos insatisfechos, además él se reservó los indígenas peques y ebéjicos, para ser sujetos desde la villa de Santafé de Antioquia. Esto le costó muchos enemigos, incluido Francisco de Ospina. La contradicción se agudizó cunado ordenó a Juan Velasco trasladar el pueblo recién fundado (San Juan) al valle de Teco, sitio donde anteriormente Pedro de Heredia fundó pueblo: “Y ser el sitio donde fundó pueblo/Aaños antes el don Pedro de Heredia,/ Que duró poco, como queda dicho/ En lo que se trató de Maritué,/ Del cual salieron pocos con vida,/ Y entre ellos el buen padre Juan de Frias”23.

El descontento fue radical, la mayoría renunció a poblar a San Juan y se mudaron a Santafé de Antioquia. En el paso por Peque los indígenas tacaron y mataron a Gonzalo Verde y a Alonso Maldonado. Rodas resultó ileso y llegó salvo. Ya en Antioquia en 1571 le llegaron “Hierónimo de Silva” y Andrés de Valdivia, con los documentos de la creación de la gobernación de Antioquia… “[…] Trajo gobernación ya desmembrada/ De la Popayán, como la vemos”24.

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. 809

2. Ídem. Pág. 810

3. Ídem. Pág. 972

4. Ídem. Pág. 972

5. Ídem. Pág. 972

6. Ídem. Pág. 972

7. Ídem. Pág. 973. (Aquí la palabra lengua se utiliza para nombrar a los mestizos o indígenas que aprendieron castellano y fueron utilizados como traductores)

8. Ídem. Pág. 974

9. Ídem. Pág. 975

10. Ídem. Pág. 978

11. Ídem. Pág. 980

12. Ídem. Pág. 980 (Hoy puede colegirse, que se situó en las estribaciones del Paramillo)

13. Ídem. Pág. 981

14. Ídem. Pág. 981

15. Ídem. Pág. 981

16. Ídem. Pág. 982

17. El real es la denominación de la hueste, la tropa, el campamento de los españoles.

18. Ídem. Pág. 983.

19. Ídem. Pág. 985

20. Ídem. Pág. 986

21. Ídem. Pág. 988

22. 23. Ídem. Pág. 993

24. Ídem. Pág. 994

Imagen: Homenaje al Cacique Toné, de Humberto Elías Vélez E. Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga.