martes, 26 de mayo de 2015

Atados al destino y a la historia

Leer es una experiencia solitaria, es un acto de escucha y es una relación con la historia. Estas tres afirmaciones tienen tres mundos conceptuales adheridos a su grafismo. Mínimo se llama a pensar la soledad, la existencia de los sordos intelectuales y de los dogmáticos con eso que se llama historia.

Como toda experiencia es una vivencia solitaria. Se dirá que se puede participar en experiencias colectivas: se puede estar de acuerdo con eso; pero el acontecimiento o el acto en el que se participa colectivamente, solo tiene una forma de ser captada por el cerebro y esa forma es la soledad del individuo. Un hecho conmovedor observado por varias personas, será testificado de distinta manera por cada quien. Esto porque la experiencia es individual.
 
Así el acto de la lectura es solitario porque se está ante el testimonio de vida del escritor. La lectura es la puesta del ser ante la experiencia vehiculada por la escritura. Se sabe que la experiencia debe ser transmitida para darle sentido al socius como cuerpo pleno. Pude decirse que la vida funciona como cuerpos plenos, los cuales son en la medida que reciban la experiencia de sus participantes; la experiencia de los otros se recibe mediada por signos. Los seres humanos en su devenir han empleado una diversa gama de signos. Por la investigación paleontológica, se sabe que se puede hablar de ser humano solo a partir de la época en que existieron antropos constructores de útiles (se calcula un millón de años). Esos útiles son experiencia materializada y son un signo de transmisión. Esa facultad humana (llámese también facticidad, factum) de transmitir la experiencia con signos materiales como útiles, tiene su momento estelar en la época de construcción de la escritura.
 
El individuo ante la escritura, se enfrenta con la voz del escritor que le habla por medio de esos signos gráficos o grafismos, de su experiencia de vida directa, o indirecta cuando el escritor ha incorporado en su ser la experiencia leída en otros. El lector es un escucha y por ello ocurre, se efectúa, el fenómeno de la comunicación. El escucha se forma con la experiencia de la lectura, con la voz del escritor; a su vez el lector se transforma o se deforma, porque es un escucha y quien no lee, no escucha y por tanto "ha cancelado su potencial de formación y de transformación".
 
La experiencia de la lectura le da al lector la palabra, para que en su formación se cerciore, sobre el vehículo de transmisión de la experiencia: el lenguaje; este funciona a partir de conceptos variantes en el tiempo. La voz del escritor antes de la modernidad hablaba de las cosas enmarcadas en la historia particular de cada una de ellas. La historia en general no existía. Troya fue una ciudad microcosmos, atada a su destino. La historia escrita por Heródoto o Tucídides, comparan la Hélade con el afuera identificado como bárbaro o extranjero. La circularidad del tiempo hacía que la historia de cada cosa se resumiera al cumplimiento de su destino.
 
El lenguaje de la voz del escritor de la modernidad, forma al lector, le da una conceptualización de la historia en general, llamada también historia universal o historia absoluta. La experiencia del escritor y la escucha del lector se sumergen en un mundo que va hacia la realización de la perfección o al menos hacia un futuro controlado por la ciencia. Esta vocación se convierte en modalidad genérica para escritores y lectores desde 1780. La historia universal expresa simultáneamente la factibilidad del progreso. Ir hacia mejor. La literatura de la edad del progreso es optimista, ejemplarizante y censuradora, porque es el testimonio de escritores atrapados en la historia universal y el lector se forma en la absoluta imparcialidad; o transforma su servilismo o deforma sus militancias.
 
Hoy la lectura y la escritura testimonian una experiencia controlada por la pragmática de la producción, incluida la producción de la historia. La historia se produce y por supuesto se hace. El lector dentro de la modernidad se dualiza respecto a la escritura. Esta, por un lado se ha codificado dentro de la pragmática de la ciencia y se va al laboratorio; por el otro queda un acervo en la biblioteca. La dualidad se resuelve dialécticamente a favor del laboratorio y por ese fenómeno la biblioteca en la modernidad tardía tiene todos los enemigos... "La crisis de la formación humanística y el triunfo de la tecnocientífica ha supuesto la abolición de la biblioteca como espacio privilegiado de la formación".

Comentario sobre La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación de Jorge Larrosa.

jueves, 14 de mayo de 2015

Esa voz oculta. Comentario sobre una novela de Héctor Abad

Hace tiempo, cuando cursaba los estudios de pregrado en historia, recibí de un par de profesores, un llamado de atención porque pasaba el tiempo metido en los archivos. Ellos dijeron que me había convertido en adorador de las fuentes primarias y luego de una sustentación llena de admiración, señalaron la literatura como una fuente alternativa y fundamental. Desde entonces, piénsese en los años alrededor de 1985, comencé a complementar las largas lecturas socioeconómicas de la historia universal con obras específicamente literarias. Esta actitud la mantuve hasta que quise meterme, con alguna intensidad, a armar un discurso sobre historia de Colombia. Así leí el Alférez Real de Eustaquio Palacio, para completar la percepción sobre el siglo XVIII; María de Isaac y Tránsito de Luis Segundo Silvestre, para captar la vida cotidiana decimonónica. Así lo hice con la primera parte del siglo XX con el Cristo de espaldas de Eduardo Caballero y otras obras más.
 
La historia de la época reciente o contemporánea de Colombia, señalada y caracterizada por el ejercicio de una violencia nueva, más cruel, más intensa, sutil, cotidiana, sofisticada, me ha hecho preguntar por la literatura que se escribe, para tratar de explicar y complementar la socioeconómica común del narcotráfico, la guerrilla, el paramilitarismo y el sicariato bandolero. Claro, quería ir más allá de los “pruritos” de narcoliteratura o sicaresca y mirar en el ejercicio llano de la escritura las intensiones graves de los autores, cuando quieren reducir la abundancia de la vida humana a unos tipos encarnados en los personajes.
 
Con estas intensiones abrí La Oculta de Héctor Abad. En esta novela se hace referencia al fenómeno guerrillero y paramilitar porque son acontecimientos insoslayables de la historia de Colombia. Pero el tratamiento no es exclusivo y solo hace parte de la vida de la familia Ángel, protagonista de la novela. El Tiempo de la novela en que viven y hablan los narradores se cifra en dos años. Van de la muerte de la madre hasta la parcelación de La Oculta. Y digo los narradores, porque es una obra literaria a tres voces. Hablan Pilar, Eva y Antonio. Cada quien toma la palabra según el orden de los acontecimientos teledirigidos por la historia de la tierra de la familia. Esos dos años de palabras de los hermanos Ángel ocurren en el tiempo real. Pero el lector es transportado a otros tiempos. Los tiempos de la historia de Colombia y más especialmente a la historia de la colonización antioqueña.

El lector es llevado magistralmente, página tras página, por la necesidad de saber y completar la historia personal de cada uno de los hermanos, al mismo tiempo que arman desde la época colonial la historia de La Oculta. Pero creo que hay una voz aun más oculta que la de Eva, Pilar y Antonio. El autor no la puede domeñar y el lector la escucha y la siente cuando solo puede identificar el género del narrador por los pronombres. Parece que si se quitan los pronombres y los nombres de Eva, Pilar y Antonio, quedaría diáfana esa voz oculta.
 
Bien, estas percepciones ocurren porque he hecho una lectura atenta y son observaciones que no invalidan el tema: la literatura como una fuente alternativa y fundamental de la historia. La guerrilla entró a La Oculta y secuestró un hijo de la familia. Se pagó rescate, se utilizaron influencias políticas para preservar la vida del muchacho. Luego llegaron los paramilitares quisieron expropiar la finca. De nuevo las influencias de la familia movieron los hilos del poder para evadir esa violencia. La familia Ángel se movió en uno de los barrios más aristocráticos de Medellín. En él, Eva tuvo como novio, un hombre que luego fue presidente de Colombia; cuando novio “era tan solo astuto, arrogante y seguro de sí mismo, avispado y casi sin escrúpulos. Tenía una cosa oscura, que ocultaba y asustaba, una escondida capacidad de ser violento, despiadado, sin duda y sin remordimiento, como un Maquiavelo”. El lector avisado une esa descripción con la presidencia de Colombia en la primera década del siglo XXI y comprende el tipo de influencias ejercidas por la familia.
 
La Oculta de Héctor Abad, es también una saga. Los Ángel, inmigrantes españoles, judíos conversos, hacen una trashumancia por las montañas de Antioquia, colonizan, se establecen, emigran, procrean y pueblan territorios feraces y dejan una parentela que se esparce en la geografía, hasta el punto que las ramas de la parentela, en el tiempo de la novela, han perdido la filiación en el momento estelar de la parcelación de La Oculta.