Un ser humano de letras. Humano por su disposición a medir el mundo desde la palabra y de letras por llevar su medición a la escritura incesante durante los primero treinta y seis años del siglo XX. Gilbert Keith Chesterton murió en 1936 y comenzó a dejar huella madura de su escritura desde 1900, es decir, comenzó su obra con el siglo.
Su juventud la vivió con felicidad en las postrimerías del decimonónico siglo, con un grupo de lectura organizado por estudiantes coetáneos, del mismo colegio, en el cual fue matriculado en 1887. Fue bautizado en el anglicanismo por presión de su entorno social que criticaban a su familia por dedicarle más tiempo a las artes y la literatura que a la iglesia. Él lo anota en su autobiografía cuando habla de la fuerza de la tradición, de la que no reniega, pero es consciente de la imposición.
Terminada la educación básica se matricula en la Slade School para perfeccionar su talento en el dibujo y la ilustración entre 1893 y 1896. Esa escuela estaba tomada por el impresionismo y Chesterton lo definió como una moda que disuelve la realidad1. Con su destreza demostrada en ese periodo, ilustró obras en especial las suyas. Otros de sus intereses, antes de situarse en la búsqueda religiosa estuvo en el espiritismo, la teosofía y el ocultismo, temas recurrentes en sus primeras publicaciones hechas en diversos periódicos.
Hasta 1901 fue un agnóstico; pero luego de casarse con Frances Blogg comenzó a ubicarse dentro del cristianismo, con los católicos. Esta ubicación no le satisfizo sus búsquedas intelectuales. Luego de criticar la disolución de la realidad del arte de su época buscó refugio en la literatura. Estudió a Nietzsche seducido como todos los inquietos de su época por la idea del superhombre. Fue amigo y contradictor del premio nobel de literatura de 1925 Bernard Shaw. Admiró y estudió el trabajo en ciencia ficción de Herbert George Wells como El hombre invisible y La guerra de los mundos.
Dice Baviera, además, que se refugió en Charles Dikens, Robert Luis Stevenson, Walt Whitman, Lord Bayron y en general en la producción literaria de la época victoriana. A los autores que estudiaba les dedicaba un ensayo que publicaba en los periódicos y luego compiló todos esos estudios en una publicación que denominó Doce tipos (Twelve types). Concluye Baviera que “la lectura de estos y otros autores proporcionó el alimento a su corazón para no sucumbir al empacho de pesimismo intelectual al que estaba siendo sometido” en la escuela.
En 1921 comenzó a estudiar los autores patrísticos e inició el proceso de conversión de la mano de los sacerdotes conversos Maurice Baring, John O’Connor y Ronal Knox. La práctica literaria y de vida de Chesterton, cruzada por el optimismo sobre la existencia y la búsqueda intelectual se mantienen por tener el apoyo de estos conversos. El permanente debate sobre teología que el cuarteto sostenía animaba la adquisición de una mirada holística sobre la sociedad y la historia. Con O’Connor concluyó o extrajo una concepción del catolicismo como un mapa laberíntico, porque los católicos tienen en la mente un laberinto. Dice Chesterton en su ensayo ¿Por qué soy católico?: el resultado del pensamiento católico “es un mapa en el que todos los callejones ciegos y malos están claramente marcados, todos los caminos que han demostrado no valer la pena por la mejor de las evidencias de aquellos que los han recorrido”2.
Y aquí puede decirse que quienes han recorrido esos callejones y malos caminos, tópicos de pesadilla, fueron los autores patrísticos que dejaron un cristianismo y catolicismo como una guía para el laberinto. El dogma cristiano está dentro de la humanidad porque todos tenemos dogmas y además ellos son “más o menos inconcientes”3.
A pesar de adherirse al mundo confesional del catolicismo, la argumentación en su trabajo literario tuvo motivaciones racionales, fácticas experimentales y en la historia. Por eso lo básico de su obra es el asombro y el misterio. Organizó e hizo parte como primer presidente, en 1926, de la “Liga Distribucionista” para desarrollar la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII. La liga defendió la consigna ni capitalismo y comunismo. Esto ocurrió años después de haberse trenzado en un recio debate con el socialista director del semanario The Clarion, Blatchaford. Este publicó “Un credo determinista” e invitó a debatirlo. Chesterton respondió y durante varios meses hubo intercambio de escritos. Al final Chesterton reconoció y declaró su catolicismo.
Chesterton dejó alrededor de ochenta obras, cientos de poemas y más o menos doscientos cuentos, numerosos ensayos y profusos artículos en periódicos. En 1904 publicó El Napoleón de Noting Hill, considerada su novela prima. En 1908 publicó El hombre que fue jueves, novela en la que desarrolla el tema del libre albedrío. Sus relatos y cuentos los preside el personaje Padre Brawn, un sacerdote pequeño y robusto, portador de un enorme paraguas y quien resolvía los casos llenos de misterio.
Alfonso Reyes en el prólogo de El hombre que fue jueves, (edición de 1919), dice que el estilo de Chesterton estuvo fundado en la parábola, y lo difundió en su propio periódico llamado El Semanario G.Ks Weekly. Reyes escribe ahí en el prólogo: “La literatura inglesa comenzaba a cansarse del grupo excéntrico que, en los últimos años del siglo XIX habían sucedido a los grandes “victorianos”. Chesterton se asoma al mundo con una impresión de aburrimiento. Los paradojistas ya no sobresaltan a nadie. Chesterton se vuelve hacia las virtudes infantiles, hacia los atractivos evidentes y democráticos de la vida”5.
Dice Reyes que Chesterton concibió la literatura de finales del siglo XIX como aburrida y agotada, de gente que se quejaba del verde de la primavera y del rojo de las rosas. “…y se entregó desde entonces, francamente, a las alegrías sencillas de la calle y del aire libre”6. Defensor de la fe, la esperanza, la caridad, poniendo en boca de personajes “una lengua ingeniosa, pintoresca, llena de retruécanos a su manera”7. Esas exageraciones como retruécanos están ahí en sus libros bellos, de vigorosa elocuencia, salidos de la mente de un periodista inspirado y con abundantes calificativos, adverbios y adjetivos.
En los Ensayos escogidos sobre la lectura presentados por Iñigo García Ureta8, se rastrean varias proposiciones o aforismos, que demuestra el recurso a la paradoja, de Chesterton y por el cual fue llamado “príncipe de las paradojas”, a pesar de que Alfonso Reyes vio lo contrario. Ejemplos: “si de algo podemos acusar a nuestros gobernantes es que legislan para todos menos para ellos mismos”; “No oímos hablar de grandes hombres hasta el instante en todos los demás se vuelven pequeños”; “de todos los cultos posibles, el culto al éxito es el único que condena siempre a sus seguidores a convertirse en esclavos y cobardes”; “siempre nos estamos preguntando que hacer con los pobres. Si fuéramos demócratas nos preguntaríamos qué deben hacer los pobres con nosotros”; “Todas las nuevas ideas se encuentran en los viejos libros”.
Iñigo García tipifica a Chesterton como el novelista que prefirió escribir la historia, leyéndola en los seres humanos vivos. Entre la historia y la novela… “De ambas alternativas las novelas son más de fiar. El novelista tiene al menos la pretensión de describir a los seres humanos, algo que con frecuencia el historiador ni siquiera intenta”9.
En el cuento El martillo de Dios, Chesterton comienza identificando los personajes en la medida que actúan. Los primeros personajes son dos hermanos aristócratas, que “no viven de las tradiciones sino de las modas” y por eso “habían sido pícaros bajo la reina Ana y petimetres bajo la reina Victoria”. Y todas esas casas de ancestro medieval “habían degenerado en simples borrachos y gomosos perversos…” y terminaron con síntomas de locura. de los hermanos, uno era cura y el otro un exsoldado sin escrúpulos. El cura “pulcro y nervioso” vivía para la religión. El coronel era un depredador sexual arrojado a las mujeres y el vino. La muerte del coronel es esclarecida por el ingenio detectivesco experto en misterios del padre Brown. Personaje creado a semejanza de los sabuesos de la época como el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, Auguste Dupin de Poe, Hércules Poirot de Ágata Cristi o el Javert de Víctor Hugo.
El ojo de Apolo, otro relato, trata de una de esas religiones practicada por sectas de vividores. Atraen por perdonar los pecados, justamente porque no reconocen su existencia. La protagonista de este relato de Chesterton, es una bella y rica mujer seducida por la secta. Aadoran el sol y su jefe se hace llamar Kalon, hombre también hermoso pero resultó ser un yanki estafador. “Sus dos grandes símbolos son el sol y el ojo abierto; porque dicen que si un hombre estuviese realmente sano podría mirar el sol. -Si un hombre estuviera realmente sano -dijo el padre Brown- no se molestaría en mirarlo”. Esta expresión que indica el absurdo es burlona y despectiva con mucha carga de comicidad. Son expresiones paradojales, pues la protagonista rica, asesinada, seducida por Kalon termina ciega por mirar el sol a medio día.
Chesterton al igual que Nietzsche descubrieron la crisis de la razón tal como la acuñó el siglo XVIII -escribe Tomás Baviera10- Ahora alrededor de 1900 Nietzsche propuso pensarla como una invención del poder y Chesterton la pensó y la desarrolló como misterio. Ante la dualidad del pensamiento, la falta de certeza, el caos teórico, la soledad del ser humano, la indeterminación, la verdad reducida al individuo que actúa en la vida cotidiana, solo quedaba el refugio de la fe católica concebida como un laberinto explicable por los que tienen experiencia en haberlo recorrido. La belleza, pertinencia y calidad de la obra de Chesterton no está en su credo religioso, está en la búsqueda y en la construcción de una forma esencial de pensamiento11. Así es como funciona el padre Brown... no se trata de explicar lo inexplicable, sino de explicar la confusión.
Guillermo Aguirre González
Septiembre30 de 2026
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1.Baviera Tomás. El
legado de Chesterton. Una aproximación a su pensamiento en el 150 aniversario
de su nacimiento. Conferencia 11 de diciembre de 2024 Universidad católica de
Valencia. En:
2. Nota tomada de: es.wikipedia.org/wiki/G.K.Chesterton
3.Idem
4. Baviera
Tomás. Op. Cit.
5.Alfonso Reyes.
Prólogo. G. K. Chesterton, "El hombre que fue jueves (Pesadilla)". Fondo
de Cultura Económica, 2010. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de
Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2049726/), el
día 2026-09-30. Pág. 4
6.Ídem.
7. Ídem.
8.Iñigo García. Prólogo.
Gilber K. Chesterton. La utilidad de leer. Ensayos escogidos. Trama Editores. España
2021.
9. Ídem. Pág.
12
10. Baviera
Tomás. Op. Cit.
11. Borges, Jorge
Luis. Sobre Chesterton. En Otras inquisiciones. Obras completas. Emecé editores
buenos Aires 1974. Págs. 694-696.
