miércoles, 3 de febrero de 2021

Peatonalización del centro histórico de Bello

La ciudad de Bello tiene un acontecimiento nuevo en su haber histórico. Se ha sacado de su centro el tránsito vehicular y se le ha dado garantía de movilidad al peatón. Es un acontecimiento sorprendente si se mira el devenir, en el que los intereses de particulares o la miopía de muchos dirigentes, han impedido poner la ciudad a tono con los desarrollos modernos del espacio urbano.

Años, décadas de espera para realizar una aspiración de muchos habitantes de la ciudad de Bello. Aspiración relacionada con el arribo de la ciudad a una situación socioespacial que la hace ser una urbe por la densidad humana; condición cumplida para adaptar el espacio urbano a las necesidades culturales contemporáneas. Hace treinta años [desde 1980] se pidió la peatonalización del centro urbano de Bello. La petición se aplazó indefinidamente por efecto de la influencia poderosa de empresas de transporte que utilizaba el parque Santander como estacionamiento.

Primeramente se celebró la transformación de la avenida Suárez en paseo peatonal; un tramo corto, pero inmensamente significativo. El transitar del monumento a Suárez al parque Santander, sin compartir el espacio con todo tipo de vehículos, creó en los ciudadanos un sentimiento nuevo: el gusto por los espacios de ocio con exclusividad.

El gusto por el ocio, no era nuevo, se presentó en la ciudad de Bello desde la creación de las empresas textiles y el ferrocarril. Fue un ocio que habitó en el encuentro social del bar o la cantina, en el cine o la caminada hacia los charcos de baño del campo. Ese ocio primigenio se enriqueció con la dedicación de esos espacios exclusivos para estar y contemplar.

El centro histórico de Bello ha llegado a la peatonalización “en cámara lenta”: primero la avenida, luego algunas calles como la 51 A y la 51 llamada calle de los bares o “Guayaquilito”. Disponer el centro de la ciudad para estar, es humanizarlo y potenciar su significado cultural. El parque Santander con sus dos templos, el palacio municipal, la avenida y el complejo de edificios alrededor de la plazoleta Andrés Bello, entraron a ser resaltados y ser objeto de verbalización en relatos sobre la identidad o el patrimonio cultural.

La reciente peatonalización de la carrera 49, hace evocar la historia de esta vía. Desde la creación de la Fábrica de Bello en la primera década del siglo XX, se convirtió en el primer carreteable de la ciudad. Por eso en la memoria del espacio de los bellanitas se le nombró “El carretero”. Es una vía que forma una media luna alrededor de la ciudad colonial; tiene poca pendiente y un tramo largo y plano del parque Santander hasta  el puente sobre la quebrada La García, unas cuadras antes de ganar la vieja fábrica de Bello.

Por el carretero entraba desde la estación Bello del ferrocarril carretas copadas de pacas de algodón prensado y bajaban las telas para ser distribuidas en el mercado de Medellín y otras partes de Colombia. Algunos relatos orales conocidos hablan de los carruajes tirados por corceles que transportaban a los dueños de la fábrica periódicamente por “El carretero”: en especial a Emilio Restrepo, contra quien las obreras hicieron una huelga de veintiún días en 1920. Huelga en la que descolló Betasabé Espinal, obrera que ocupa los anales de la memoria local.

Ese Carretero es el que hoy se nombra con una nomenclatura, un poco falta de connotación. Se le llama “La 49”; pero si tras ese número colgamos la historia de la vía, adquiere un significado inusitado y se convierte en símbolo de desarrollo urbano de Bello. Este mismo acercamiento se puede hacer con los demás bienes de interés cultural que han quedado resaltados con la peatonalización del centro histórico de Bello.

En 1936 se sacó la plaza de mercado de ese espacio ubicado entre las dos iglesias. Espacio dedicado desde 1780 a ser plaza, espacio de lo público, para la aplicación de justicia, para el escarmiento, para la fiesta, para la política o para la solemnidad religiosa; y por sobre todo espacio de intercambio económico: plaza de mercado. En el año 36 se sacó el mercado y se transformó la plaza en parque. Estos dos términos tienen una connotación opuesta. Como parque es un lugar para estar, para ejercer ocio, para pasear. Allá en la primera mitad del siglo XX se consideró suficiente su dimensión para los 15.000 habitantes de entonces. Por eso para los más de 600.000 habitantes de hoy es necesario ampliar la condición de espacio para el ocio al centro histórico. Se ve, se nota, salta a la vista el acierto. Estar ahí, en la 49, en la calle 50, en la carrera 50 o la avenida, se cae en cuenta de la necesidad de desahogo espacial de los habitantes.

Han aumentado los visitantes y se les ve tranquilos, sin afán, disfrutando de buen espacio para sus qué haceres. Hay otro ambiente y hay una muestra de que se está pensando la ciudad. Se está trayendo a la conciencia el hacinamiento insoportable producido por una alta densidad poblacional y muy poco espacio de movilidad. Hacer amable el espacio urbano es lo mínimo en vía de solucionar tanto problema social de Bello. Con la peatonalización del centro histórico de la ciudad, duele menos la violencia endémica, la amenaza pandémica, las necesidades insatisfechas de la mayoría de la población, los asentamientos subnormales, la indisciplina social por la que se apropia el espacio público, se contamina las fuentes de agua, se contamina el aire por el empecinamiento del transporte automotor individual, el mismo que se duele de la peatonalización y la ataca acusando a los ejecutores de ineptos.

Esta transformación del uso del espacio del centro de la ciudad, puede ser el comienzo de una pedagogía que posesione lo púbico sobre el interés individual. El comienzo de una era de administradores que satisfagan las necesidades educativas y socioeconómicas, única política que permite sacar de la cabeza de hombres y mujeres de este territorio, la convicción de las soluciones violentas y la administración de justicia por propia mano.

Fotos. Guillermo Aguirre

 

 

jueves, 21 de enero de 2021

Entre Toro y Buriticá. Matar las culturas indígenas. Primera incursión de Robledo por el río Cauca


En busca de información sobre los Rodas en Antioquia, encontramos en el Archivo Histórico de Antioquia el documento No. 698, del Tomo 23, titulado “Testamento de Gaspar de Rodas”, ubicado en el fondo indios y fechado en 1649. De golpe el interés creció, no porque fuese desconocido el testamento del gobernador sino porque al estar fechado en 1649 a cuarenta años de la muerte del personaje, podría tener datos nuevos o estar inmerso en un proceso legal que podría informar sobre repartición de tierras en el Valle de Aburrá del siglo XVI, cuando Gaspar fue socorrido con la merced que le adjudicó cincuenta leguas.

 Terminada la transcripción de los quince folios que componen el documento, se encontró solo una mención de Gaspar de Rodas, cuando se invoca una costumbre en su largo periodo de gobernador. Costumbre según dice el documento, las ciudades financiaban parte de las campañas de conquista de indígenas indómitos; dice que la ciudad de Anserma debía financiar la expedición que se organizaba en 1649 para expulsar a los Chocoes de las minas del Toro, e incorporarlas a la hacienda de la corona. Dice el texto “que se le pide de la dicha ciudad que puede su señoría a entrar en persona y a costa de su misma hacienda, bien es la dicha ciudad acuda a lo que se le pide demás de la obligación que de buena correspondencia tiene a esta que es en los tiempos del señor Gobernador Gaspar de Rodas…”1

 Hecha la transcripción del documento, solo se encontró esa mención, porque el contenido del manuscrito es la organización de la expedición de conquista de los chocoes y la muerte de Pereyra el organizador. Por este contenido se asumió una búsqueda de contexto. Se encontró que las minas de Toro estuvieron ubicadas en la jurisdicción de Anserma ciudad fundada por Jorge Robledo en 1539. Las minas estuvieron ubicadas en el territorio del Cacique Ocusca indómito ante los requerimientos del conquistador; pero luego, tras batallas aceptó la sumisión; y tras esta, el territorio de los chocoes se convirtió en atractivo. Robledo envió un grupo de cincuenta soldados a ese territorio; entraron en la cordillera occidental hasta los nacimientos del Darién y se encontraron con la fiereza de los nativos. Volvieron mal heridos y perdieron un hombre, tomado prisionero y de quien no se supo su paradero. En esta búsqueda de contexto, se tomó la relación de Jorge Robledo sobre su incursión en el territorio indígena del Cauca medio y se hace el siguiente acercamiento:

 La seducción del Chocó

Puede imaginarse un corredor indígena, el tránsito de Cartagena a Popayán. Lo recorrió varias veces en su vida el conquistador Jorge Robledo, en la medianía del siglo XVI. Por ese corredor las sociedades prehispánicas comunicaban el sur con el norte del continente. La exploración de los conquistadores no se hizo a ciegas. Siguieron las huellas indígenas y la mayoría de las veces tomaron presos indígenas y les enseñaron el castellano: a estos los llamaron ladinos y se referían a ellos como lenguas. Estos ladinos guiaron la mayor parte de la conquista. Las huestes (el ejército conquistador) cayeron sobre los asentamientos indígenas y con el famoso requerimiento, algo así como leerle los derechos a un delincuente, se les llamó a someterse al rey de España. Ante el primer contacto muchos grupos indígenas se espantaron; pero luego les hicieron la guerra a los intrusos, al cerciorarse de su humanidad y descartar su divinidad.

 En la relación de sus conquistas y fundaciones, que Jorge Robledo hace escribir al escribano Pedro Sarmiento en Cali, en 1540, está ese contacto entre los nativos y los invasores europeos. En la crónica el “capitan Jorge Robledo, teniente de Gobernador” de el “Señor Marqués Don Francisco Pizarro, Adelantado, Gobernador y Capitan General en los reinos de la Nueva Castilla”2, funda varias ciudades.

 Jorge Robledo partió de la ciudad de Cali el 14 de julio de 1539. Se centró para la partida “en un pueblo, que se dice Vijes, el cual pueblo es de indios”3. Dice el escribano que Robledo hizo alarde de su expedición: “muy nobles caballeros é otras personas de honrra […] cient hombres de pies é de á caballo, isleños é hombres esforzados en la guerra, de mucho tempo, en estas partes, é llevó muchos ganados é negros é indios para los pobladores é conquistadores”4.

 Honrados vecinos de Cali acompañaron a Robledo por espacio de una legua; la salida todo un acontecimiento lleno de ostentación de poder político – económico ante sus coterráneos españoles y ante los indígenas reclutados. Todos con la convicción de ir a someter a los nativos concebidos como monstruos salvajes a quienes había que someter a nombre de la nobleza, la honra y el cristiano superior. Estas convicciones son el resultado de una monarquía española en proceso de absolutización. Desde Castilla se vencían y dominaban los reinos circundantes; pero el medioevo se afianzaba con el sentimiento y la actitud contrareformista. Todo lo que no fuese cristiano católico se consideraba digno de ser exterminado: protestantes, judíos y los indígenas de las indias occidentales.

 Robledo viaja por el río Cauca hacia el norte. Nombra las cosas, los seres humanos y los lugares con nombres recursivos. Al pueblo de Vijes le da ese nombre porque sus nativos coloreaban su cuerpo con un rojo sacado de la planta nombrada vijes por ellos. Hoy la palabra se escribe con b. La Bijes Orellana o achiote, nativa de América usada también como un condimento colorante. En la margen izquierda del Cauca (río aún no nombrado, el cronista lo llama el río Grande), están pueblos indígenas de resistencia tenaz ante el invasor. Se les pone el nombre genérico de chocoes; y la ciudad que funda en esos territorios le pone como límite al sur el pueblo de los Gorrones, porque los nativos utilizaban un gorro, prenda parecida a la usada en España, para cubrir la cabeza. Encontró a los Gorrones después de ocho días de Camino. “Aportó con su real a una provincia que se dice los Gorrones, e allí junto al grande que por allí pasa…”5.

 El ejército de Robledo avanza organizado: “ordenó su avanguardia é retaguardia y alférez é cabos descuadras de gente de á caballo é de pie; é con este ordenamiento caminó con voluntad de Dios Nuestro Señor”6. El largo y ancho territorio del valle del Cauca, desde la mirada del conquistador, es una tierra por descubrir, y desde el ojo del indígena es la tierra de la cual hay que echar al invasor. El conquistador y su ejército avanzan y envía a cada trecho a izquierda y derecha grupos de treinta o cuarenta soldados a “ranchear” o a “descubrir”. El ejército real español se aposenta en pueblos indígenas con abastos (sembrados y frutos almacenados). Esta acción la llaman “asentar el real”. En el real, Robledo recibe informes de los descubridores – rancheadores para decidir la entrada al territorio indígena. Si la tierra está poblada y muestra riqueza en cultivos y número de indígenas, ameritaba desplazar hacia ella el real y fundar una ciudad.

 Robledo se desplaza por la margen izquierda del río, lleva en balsas sus bastimentos. Incursionó sobre la cordillera occidental. Cayó sobre los indígenas y prende a los notables o sus hijos, para obligar a su rescate y negociación; para luego someter por la fuerza y la violencia a los caciques:

“É porque había necesidad de comida, mandó a cierta gente, que pasasen en las balsas é canoas a unos pueblos que parecían de la otra banda; é en sintiendo los indios del dicho pueblo que había españoles, desampararon los pueblos; é los españoles hallaron tanto maíz é tanta infinidad de pescado asado, que aunque estuviera el real dos meses no lo acabaran. E allí estuvo el señor capitan con su real tres o cuatro días, en el cual dicho tiempo vinieron ciertos indios de paz, é les hizo entender como él no venía a hacerles mal, é que fuesen amigos de los españoles, é se volviesen a sus casas y estuviesen de paz; porque les hacían saber que eran vasallos de S. M. é habían de servir a los cristianos. Y el señor capitán les volvió ciertas indias e muchachos que habían tomado”7

 En la crónica bajo los conceptos de “descubrir y ranchear”, están las actitudes de los conquistadores de someter a los indígenas. A pesar de la insistencia de comunicarles el ser amigos, los nativos ya tenían noticia de las intenciones del invasor. La crónica subestima la inteligencia de los indígenas. Sabemos que las sociedades americanas estaban en un proceso de consolidación de poderes regionales. Los más consolidados vistos por los cronistas de indias, estaban al sur con el Imperio Inca y al norte con los Mexicas – Technochitlan. En la región Caribe (Hoy Colombia, Venezuela, Ecuador) los grupos nativos estaban construyendo cacicazgos extensos y por eso se guerreaban entre ellos; pero a pesar de esta circunstancia, la comunicación interregional estaba y lo certifica la red de caminos pedestres. Por eso la noticia de la llegada de los españoles corrió con la velocidad del chasqui y cunado hubo el contacto visual, se detectan dos actitudes de los nativos: una, adherirse al español, cubrirse con su sombra y ayudarle a vencer al cacique enemigo, con la convicción de hacerse al lado del dios esperado o del dios aparecido. Así ocurrió con los Mexicas – Technochitlan y Tlaxcala. Estos intrigaron ante el invasor, contra los Cholula;

“[…] los de Tlaxcala ha tiempo están en guerra, ven con enojo, ven con mala alma, están en disgusto, se les arde el alma contra los de Cholula. Esta fue la razón de que le dieran hablillas [al conquistador] para que acabaran con ellos. Le dijeron:-es un gran perverso nuestro enemigo el de Cholula. Tan valiente como el mexicano. Pues cuando esto oyeron los españoles, luego se fueron a Cholula. Los fueron llevando los de Tlaxcala, y los de Cempoala. Estaban todos en son de guerra […] cuando se hubo llegado, se dieron gritos, se hizo pregón; los guías y también los hombres del pueblo. Hubo reunión en el atrio del dios. Pues cuando todos se hubieron reunido, luego se cerraron las entradas: por todos los sitios donde había entrada. En el momento hay acuchillamiento, hay muertes hay golpes. –¡Nada en su corazón temían los de Cholula! No con espadas, no con escudos hicieron frente a los españoles. No más con perfidia fueron muertos, no más como ciegos murieron, no más sin saberlo murieron. No fue más que con insidias se les echaron encima los de Tlaxcala”. Texto tomado de los informantes de Sahagún en su Historia general de las cosas de Nueva España y de la Historia de Tlaxcala de Muñoz Camargo.8

San Juan se pobló allí, en la margen izquierda del río Grande (el Cauca). Allí se distribuyó el poder en alcaldes ordinarios y alguaciles y aconteció que un grupo de españoles llegados de Caratagena en busca de Vadillo, se disolvió y acataron la autoridad de Robledo9. En los rancheos se apresaban mujeres e hijos de caciques quienes al ver la ciudad de San Juan poblada, llegaron de paz y aceptaron el sometimiento ante el invasor para poder rescatar a sus deudos.

“Estando en dicha cibdad el dicho señor Capitan con toda la dicha gente de ambos ejércitos [el de Vadillo y el de Robledo], vino de paz mucha parte de los señores de la tierra, con mucha cantidad de indios que los traian en los hombros por grandeza; e allí el señor Capitan les habló con las lenguas é les dio á entender a todo lo que venía. Los cuales dijeron que querían ser amigos de los cristianos é servirles é hacer todo aquello que el señor Capitan les mandaba; é de allí adelante, cada dia reunian dos o tres mil indios al real, de toda la tierra, con comida é frutas é otras cosas á los españoles en abundancia, é ivan é venían tan alegres, como si hubiera diez años que conocieran a los españoles; é esta paz, fue cabsa dos señoras de la tierra que se prendieron por gracia de Dios en un rancheo, que desde la cibdad se fue á hacer, las cuales estaban en el aposento del señor Capitan bien tratadas, como señoras que eran; é ellas de allí mandaban venir á toda la tierra de paz”.10

 

La táctica del secuestro y cautividad de los notables o jefes de los nativos dio resultado a los conquistadores, quienes luego de obligar al compromiso de sometimiento, exigieron su cumplimiento, argumento con el que justificaron el castigo y la matanza de los indomables.

 San Juan o Sata Ana de los caballeros (luego llamada Ancerma) se mudó dos leguas hacia el norte, por la misma margen izquierda del Cauca en 1539. Allí se trazó la ciudad y se repartieron solares, “é los repartió ansi mismo las estancias ó tierras, conforme a la calidad de sus personas11. Robledo nombró a Suero de Nava alcalde y luego lo envió hacia el norte a conquistar otra provincia a las que llamaron Caramanta, siguiendo la costumbre de verter al castellano la fonética indígena. Suero de Nava llegó “hasta las provincias de Palasla Metian é Buritica”12. Dice el cronista que en ese territorio los indígenas salían al encuentro, unos de paz otros de guerra. En Buritica (Buxitica – Vuxatica, según anota el transcriptor) hallaron “grandes fundiciones de oro é crisoles é carbón”. El viaje de Suero de Navia duró setenta días y le llevó a Robledo una relación de muchos pueblos y caciques. Robledo entre tanto incursionó en todas las provincias alrededor de San Juan, las cuales el cronista llama Aucerma (nombre que luego se adopta para San Juan). En la provincia el cacique Ocusca se presentaba indómito ante los españoles, “y envió a amenazar al señor capitan diciendo, que se saliese de su tierra…” Al fin Ocusca convino a hablar con Robledo “con mucha potestad como señor que era”. Hablaron todo el día. Robledo explicó a lo que venía y Ocusca “dijo con mucha sagacidad que ni sus antepasados no habían seido subjetos, que como lo había él de ser13.” Ocusca fue prendido para obligarle a hacer venir a todos los caciques bajo su mando, de paz, lo que debe entenderse aceptar la sumisión. Dice el cronista que Ocusca era un hombre maduro de “gran presencia, cuando habla parece que asombra las gentes, tiene fama, por dicho de indios, de muy rico é lo debe ser según su manera”14. Robledo llevó preso a Ocusca hasta Ancerma y a petición de este se le llevó en un caballo. Allí se le puso guardas; pero una noche de tempestad oscura se escapó de manera imperceptible y Robledo empleó la táctica de devolverle las mujeres y todo lo que tenía allí, para mostrar que no había enojo.

 Ante la situación el capitán envió hacia el occidente de Ancerma a Gómez Fernández con cincuenta hombres; este anduvo por cuarenta y cinco días hasta el nacimiento del Darién en la provincia que llamaron Choccechima (o Choco o Sima, dice el transcriptor). Los nativos contactados por Gómez Fernández, se registraron como en extremo belicosos; hirieron muchos españoles y tomaron un prisionero. Ocusca se confederó “para venir sobre la cibdad, é por otro cabo que diesen sobre el señor Capitan […] é que, ansi nos matarían a todos”. Ocusca enviaba permanentemente espías. Robledo fue tras él y puso en desbandada a los nativos quienes huyeron, pasaron el río hacía la otra banda. Los conquistadores prendieron muchos indígenas y les aplicaron ejemplar castigo, de manera que logró aplacar a los confederados y Ocusca y su gente estuvieron de paz. Bajo esta situación los indígenas de Ancerma, pacificados, aprovecharon el poder de Robledo y su ejército para someter la provincia de Irra y su cacique Cananao: “é que les daba mucha guerra, que fuese allá é que ellos irían con él”15. Cananao llevado en andas suntuosas, aceptó los términos de Robledo y “le trujo el dicho cacique una vasija de oro a manera de casquete”; al ser preguntado sobre el origen de la vasija, dijo que venía de la provincia de Quimbaya, en la banda derecha del río Cauca; y que allí todo el servicio es de oro.

 Ya con la ciudad “de los caballeros, Anserma, pacificada, Robledo repartió los indígenas, “hizo repartimiento, […] dando a cada uno conforme a lo que merecía, según la calidad de su persona”16. Y el ocho de marzo de 1540, pasó el Cauca por Irra hacia la otra banda con todo su real: cien hombres de a pie y a caballo y mil indios amigos. Cnanao indicó que el pueblo más cercano en la provincia de Quimbaya era el de Carrapa; en esta encontraron a los indígenas alzados contra los invasores. Luego de la confrontación y la toma de cautivos, los nativos y sus caciques vinieron a los españoles de paz. Después de ocho días, Robledo partió de Carrapa hacia Picara, donde los indígenas había huido por miedo. Luego de mensajes “…vinieron cuatro caciques […] con mucha abtoridad, acompañados de muchos indios […] é le dijeron como había muchas provincias adelante muy ricas é de mucho oro”17 y que la más cerca se llamaba “Pozo que eran sus enemigos; é que fuesen allá, é que ellos les ayudarían contra ellos”18. El cronista insiste en la enemistad entre los caciques. Esta condición le permitió avanzar a los conquistadores. Es indudable la percepción indígena del invasor como un ser con fuerzas superiores, divinas, y que la cercanía, el contacto y la comunicación permitió intrigar para poner esas fuerza a favor y utilizarlas contra los enemigos cercanos.

 Así registra el cronista el contacto con los nativos de Pozo. Los de Picara no dudaron en señalarlos como ricos en oro, para incitar a los invasores contra ellos. Las ansias inocultables de los españoles por ese metal, fueron fácilmente manipuladas. Los indígenas observaron como ante el oro “se les puso risueña la cara […] como si fueran monos levantaban el oro […] como unos puercos hambrientos ansiaban el oro […]” dicen los informantes de Sahagún sobre los conquistadores de México19.

 Robledo se dirigió a Pozo de inmediato. Tardó un día en llegar, el ocho de marzo de 1540; los de Pozo, dice el cronista, “tiene guerra con todos los señores de la tierra”, con todos sus vecinos. Se presentan como guerreros especializados que habitan en un territorio escarpado, en lomas (en esas tierras se ubican hoy las poblaciones de Neira, Aranzazu y Salamina). Armados con tiraderas y arcos, desde lo alto flecharon a Robledo en un costado; pero con ayuda de los perros, los españoles ganaron la batalla a los pozos y Robledo fue curado en la casa del cacique vencido. Dice el cronista: “En esta provincia hallamos en las casas muchos almacenes de dardos é tiraderas é muchos ídolos en mucha cantidad”20

 A los veinte días Robledo sanó y partió hacia Pacura o Pancura; le salieron los indios de paz y le indicaron hacia adelante la provincia de Arma y advirtieron “que era muy grande tierra; é que no fuésemos allá porque nos matarían a todos, porque era mucha gente” escribió el cronista21. Entró Robledo a Arma y ganó el pueblo, siguió y venció en otros cuatro más hasta la provincia del cacique Maitama. En estas tierras, dice la crónica, es tan abundante el oro que “é no hacían los dichos indios caso del oro, como si fuera yerro de Vizcaya”22. Igual que en los demás territorios, los nativos les salieron a los españoles unos de paz otros de guerra; y todos al igual que el cacique Maitama, tenían en oro armaduras, coronas y patenas; hasta cinco mil indios relucían.

 Robledo estuvo con Maitama sesenta y cuatro días. De allí envió cincuenta hombres al mando de Hernán Rodríguez de Sosa, “a que fuesen descubriendo hasta en derecho de la provincia de Vuritica […] é descubriese una provincia que se dice Cenufana, donde hay noticia de muchas sepolturas é entierros de indios, con oro”23. Esta misión tuvo por objeto buscar una población de indígenas grande para fundar allí una ciudad. Rodríguez regresó a los cuarenta y cinco días; dio a su capitán relación de lo visto: dijo haber mucho oro y riqueza pero poca población. Robledo regresó a Qimbaya por Carrapa. Apresaron “un indio de abtoridad, porque no se pudo tomar más, é allí le habló el señor Capitan, con las lenguas […] é le preguntó por los caciques de la tierra; é le dio por relación que había sesenta caciques, é los contó todos por sus nombres é pueblos”24. Con este indio de autoridad Robledo les envió un mensaje y luego vinieron a él con mucha comida en regalo.

 El capitán Robledo, luego de ser informado sobre ser Pascual de Andagoya, el nuevo gobernador de Cali y su jurisdicción, se desplazó tierra adentro y fundó la ciudad de Cartago en octubre de 1540, “é hizo la traza de la cibdad, é la repartió los solares a todos los vecinos é conquistadores” y nombró a Álvaro Mendoza alguacil mayor y entregó la vara de justicia a Suero de Navia y Martín Arriaga. Luego el capitán decidió ir a ver al adelantado Andagoya. Retornó por Irra a la margen izquierda del cauca, llegó a San Juan (Ancerma) y de allí se dirigió con prisa para Cali, trajinando el camino en siete días. Andagoya lo recibió con muchos agasajos y lo ratificó como Capitán General y Teniente de Gobernador y le dio ochenta hombres “de a pie y a caballo” para que continuase la fundación de ciudades25.

 Esta relación fue hecha en Cali en 1540 a petición de Robledo y escrita por el escribano Pedro Sarmiento. Se conoce como la relación de Robledo porque el informante del escribano fue el mismo conquistador. Robledo partió de nuevo hacia el norte y continua el relato Juan Bautista Sardella quien dice acompañó a Robledo “en el descubrimiento que hizo de las provincias de Antiochia”26.

 Morir por entrar al Chocó

Esta nota introductoria al documento, se hace para mostrar la suerte de Pereyra un colonizador que en 1639 se presentó como una alternativa, para recuperar de los indios chocoes las minas de Toro. Estas estuvieron ubicadas en la margen izquierda del rio Cauca, ascendiendo la cordillera occidental, entre Cali y Anserma. En 1573 el conquistador Melchor Velásquez de Valdenebro obtuvo de la real Audiencia de Santafé de Bogotá una capitulación con el grado de gobernador, para entrar en la provincia del Chocó e incorporar esos territorios a la colonización. Los indígenas eran particularmente belicosos; pero las noticias de la existencia de mucho oro, hacía de gran atracción la empresa. Melchor Velásquez de Valdenebro entró al territorio y fundó a Nuestra Señora de la Consolación de Toro, el 3 de junio de 157327; pero el altísimo costo de la empresa lo empobreció y el ideal de las minas del Toro se abandonó junto con la dominación de los indígenas chocoes en 1599.

Cuarenta años después, el capitán Julio Antonio de Pereyra en 1639, retoma la empresa y pide a la corona española una capitulación para entrar. Se recibe en Antioquia provisión de la real audiencia de Santafé de Bogotá, con una capitulación en la que se crea un fondo para el sometimiento de los indígenas del Chocó, sometimiento e incursión que debía comenzar por recuperar las minas de Toro. El fondo es llamado en el documento “el entero”, pretendido por pobladores de Ancerma y por el obispo de Popayán Don Diego de Montoya y Mendoza. El obispo alega el derecho a utilizar “el entero” porque explotó las minas y gastó en esa empresa muchos esclavos y suministros. Los notables de Ancerma mostraron su derecho por estar cercanos y haber financiado muchas expediciones para someter a los pijaos que asaltaban a los viajeros y a los chocoes indómitos.

 El documento escrito y fechado en Antioquia muestra la dificultad de la tarea y hace el siguiente recuento de las incursiones de los españoles para dominar y tomar las minas de Toro y someter a los indios Chocoes entre ellos los poyaes, tatamaes, sitarabies, anocue, nocozco, urraus, penderiscos, promecaes y citaraviraes, que se han confederado.

 

“[En] mil quinientos y sesenta y cinco [1575] entró a pacificar los dichos indios el gobierno de Toro, Melchor Velásquez, con cien soldados y habiéndolo conseguido y teniéndolos de paz, le mataron ochenta hombres, cuatro hijos suyos y él salió huyendo, y el año de sesenta y ocho [1568] había entrado el capitán Miguel de Ávila con cien hombres y los mataron y el año de noventa [1590] entro el Capitán García de Herrera con treinta hombres y los mataron y el año de seiscientos y cuatro [1604] el Capitán Julio Hernández Gómez los pobló en Andica y se alzaron y le quisieron matar y quemar el pueblo y se retiraron a sus tierras y demás de esto es público y notorio que despoblaron a Caramanta en la jurisdicción de Popayán y otras muchas muertes que han hecho de fuerte, que [en] el dicho Cabildo abierto consta todas las muertes referidas en el tiempo y cuando sucedieron…”28

 También pretendían el llamado “entero” antioqueños con amplia experiencia en el castigo de los indígenas como los capitanes Fernando de Toro Zapata, Mateo de Cifuentes y Martín Bueno; pero el documento refiere la Real provisión donde se capitula con el capitán Juan Antonio Pereyra la pacificación y sometimiento de los indígenas Chocoes. Se le dan dos mil pesos oro de veinte quilates. Se argumenta que el mejor camino para entrar en Toro es desde Antioquia por la provincia de “Urau”. “se le pide más que la que siempre se corre por su calidad y lo que se precia de leal vasallo suyo, ofrece entrar en persona con la mayor copia de gente que fuere posible por esta parte, ayudando la ciudad de Anserma con doscientos indios para cargueros […]”29 y treinta soldados. Deberá entrar y a dos o tres días de camino “sentar el real” y hacer correrías alrededor, de cuatro leguas.

 El capitán Julio Antonio de Pereyra (maese de campo) estableció el real en el río San Juan. Con 60 soldados, indios cargueros entre ellos los serviciales gorrones, muy tempranamente del lado de los españoles. Comenzó cumpliendo la advertencia de la capitulación de no llamar la incursión con el nombre de conquista. Se debía atraer los indígenas con buenas maneras para evangelizarlos, ponerles un doctrinero y tenerlos de paz. Pereyra cercó el real, y construyó algunos depósitos; pero unos indígenas se metieron a robar salados y una rosa (cosecha). Pereyra los persiguió “y estando allí a media legua de aquel sitio [se] encontró con muchos ranchos”30. Se puede pensar que se volvió a su real. Pocos días después tres chocoes se metieron de nuevo a los depósitos y Pereyra salió tras ellos, “al uno mató de un escopetazo, los dos huyeron y él alcanzó el uno, el otro se escapó [el capturado] salió confeso que los indios de los campos venían a llevarse las provisiones de las salanas”31. Venían poyaes, tatamaes y citaramiraes, dirigidos por Guatica y Tavianca; venían asaltando por caminos vecinos.

 El maese Pereyra los enfrentó con doce soldados y cinco gorrones; en la “guazavara” (lucha) no hubo heridos, “no resultó daño ninguno”. Pero un domingo después de la “guazavara”, a pesar de las advertencias Pereyra salió, no resistió la tentación de luchar. Salió con el sayo sin la armadura ni la rodela, con el solo arcabuz; y los gorrones con dos cabos encendidos, uno adelante y otro atrás cruzaron hasta la otra banda del río San Juan. Allí los indígenas los atacaron. El capitán “cuando quiso disparar no pudo, que estaba lacevar el arcabuz y aunque después disparó estaba ya herido y casi sin aliento, mataron un goron luciéndolo de más”32. El domingo siguiente Pereyra murió. Los gorrones salaron el cuerpo y al martes siguiente lo llevaron al real. Pero el real fue atacado, destruido “dieron al campo otra guazabara y envistieron al cuerpo muerto del Capitán, mataron dos indios que eran por cargado y al cuerpo lo hicieron pedazos a palos y le quitaron y llevaron la cabeza y mataron hasta veinte o veinte y cuarto personas y soldados”33.

 Notas

1. AHA. T. 23. Doc. 698. Folio 641. “Testamento de Gaspar de Rodas”. Fondo Indios 1649

2. Pacheco Joaquín y De Cárdenas Francisco. Colección de documentos inéditos, relativos al descubrimiento, conquista y colonización de las posesiones españolas en América y Oceanía, sacados, en su mayor parte, del Real Archivo de Indias. Tomo II. Relación del viaje del capitán Jorge Robledo á las provincias de Ancerma y Quimbaya. Madrid: Imprenta Española 1864. Pág. 267.

3. 4. Ídem Pág. 267

5. 6. Ídem Pág. 268

7. Ídem Pág. 268 - 269

8. León Portilla, Miguel. Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista. Universidad Nacional Autónoma de México DGSCA. Coordinación de publicaciones digitales. Ciudad universitaria. México D.F. 04510. Págs. 57 – 58.

9. Pacheco Joaquín y… Op. Cit. Pág. 273

10. Ídem. Pág. 273

11. Ídem. Pág. 274.

12. Ídem. Pág. 275

13. 14. Ídem. Pág. 276

15. Ídem. Pág. 277

16. Ídem. Pág. 280

17. 18. Ídem. Pág. 282

19. Portilla, Miguel. Op. Cit. Pág. 66

20. Pacheco Joaquín y… Op. Cit. Pág. 283

21. 22. Ídem. Pág. 284

23. Ídem. Pág. 285

24. Ídem. Pág. 286

25. Ídem. Pág. 290

26. Ídem. Pág. 291

27. Salcedo S. Jorge Eliécer. Reseña histórica de la fundación de Toro. Profesor Departamento de Historia Universidad del Valle. Sin fecha

28. AHA Doc. No. 698. T. 23. Fondo indios 1649. “Testamento de Gaspar de Rodas”. Folio 688

29. Ídem. Folio 690

30. 31. 32. 33. Ídem. Folio 694

 

Imagen: Pasado Indígena. Pedro Nel Gómez (1942) Mural al fresco. Casa Museo Pedro Nel Gómez

domingo, 29 de noviembre de 2020

Poetas de la tierra y de las pequeñas cosas. Las semblanzas de Ñito Restrepo y el Indio Uribe

 

El par de primos Juan de Dios y Antonio José, salidos del suroeste de Antioquia, tuvieron la oportunidad de viajar a Bogotá y estudiar en medio de las fuertes tempestades políticas de la segunda mitad del siglo XIX. Ambos poseían una inquietud intelectual que los llevó a situarse en los problemas vigentes del pensamiento universal decimonónico. Esa vocación de rastrear el “alma nacional”, observarla y dejar por escrito sus percepciones, estuvo en consonancia con las tareas filosóficas, políticas y económicas del pensamiento europeo centrado en la construcción de los estados nacionales.

 

El momento álgido de ataque y destrucción de los Estados Unidos de Colombia, decantó las contradicciones entre liberales y conservadores, tanto en el combate armado como en la escritura para periódicos. Los liberales radicales, apoyo ideológico del federalismo, se fueron hasta el límite y trazaron una línea divisoria entre revolución y tradición. En este marco se inscriben las semblanzas de antioqueños de Ñito Restrepo y El Indio Uribe.

 Juan de Dios Uribe encuentra una humanidad lustrosa, plenamente ejercida y respetada en Candelario Obeso: “Obeso se paseaba con botas altas, un fuete en la mano derecha y, en la otra, apretados, un montón de papeles impresos”1. El Indio Uribe dice de Obeso haber sido un admirador incondicional, del varias veces presidente de Colombia, Manuel Murillo Toro. Por eso retó a Lino Ruiz a un duelo en el atrio de la catedral por haber escrito en el periódico “La Camarilla” contra “el doctor Manuel Murillo”. Candelario -dice El Indio Uribe- fue un enamorado eterno de la mujer y vivía amoríos permanentes y para cumplirle a sus enamoradas creó el periódico “Letras para ti”. En él hizo público su amor, con una prosa corta “llena de conceptos originales […] hay, además, un impulso de rabia que se desata en largos sollozos […] cuando el poeta considera la diferencia de raza, las desigualdades de fortuna, la desgraciada condición del talento en Colombia”2. Candelario Obeso “…negro, pobre y poeta…” no fue un resignado; pegaba duro en los rostros de los ricos con sus hojas ardientes de las “Lecturas para ti”. Obeso dejó esa autoincriminación por ser negro, cuando conoció a Ñito Restrepo. Entre ambos hubo un mutuo reconocimiento como poetas. En ese ambiente, Candelario conoció a Zenaida y montó un hogar. Tuvo épocas de holgura y muchas de pobreza. Fue cónsul colombiano en una ciudad francesa y se suicidó en 1884. Esta semblanza muestra la gran capacidad narrativa del Indio Uribe; está llena de observaciones perspicaces que obsequian una imagen precisa de un poeta colombiano de dedicación exclusiva.

 Sobre Epifanio Mejía escribe con profunda admiración porque es el segundo poeta de Antioquia después de Gregorio Gutiérrez González. La admiración por su sencillez, lo llevó a recabar sus escritos dispersos en periódicos e hizo un libro con las prosas y poesías de Epifanio. Dice el Indio Uribe que en 1877 cuando entró a Medellín como recluta de las tropas liberales, le mostraron a Epifanio “…un hombre alto y grueso, vestido como los comerciante de Medellín. De Barba espesa, amarilla de oro, ojos muy dulces y frente amplia y en relieve. Sin advertirse de nosotros continúo silbando una tonada triste y distraída. Ya había estado loco”3. El Epifanio del Indio Uribe, es un poeta de la naturaleza, capaz de observar detalles en el agua, la flora y los animales; los colores y sonidos; pero no tiene noción de la política, lo social y las pasiones que suscitan. Es un poeta inmerso en su familia y en su país Antioquia; satisfecho con sus costumbres y su cristianismo. No sale del territorio y no lo desea. Es un poeta pegado a la tierra y gusta de su raza adelantada de Colombia, dice.

 

Aquí en este trance, el Indio Uribe, despliega su concepto del antioqueño robusto y fecundo “…sus hábitos de trabajo están más arraigados y los Estados circunvecinos no sostienen la competencia con el brazo y la industria de los antioqueños”4. Antioquia tiene literatura y en ella Epifanio es un ejemplo aunque es un poeta local, sin recursos gramaticales y vocabulario pobre, pero todos lo conocen y cantan sus versos, provoca inspiración; lo quieren con cariño. El Indio Uribe termina esta semblanza diciendo que Epifanio Mejía es “un gran poeta de las cosas pequeñas”5.

 El suicidio de Camilo “El Tuerto” Echeverri fue un acontecimiento en 1888, asistieron a su funeral conservadores y sus enemigos como Mariano Ospina. Después de la guerra de 1876, Echeverri se declaró públicamente ateo y proudhoniano. Y públicamente los conservadores de Medellín, lo insultaron; pero leían sus prosas y poemas. Camilo Echeverri es mostrado por El Indio Uribe como un hombre con tierras, casa y sirvientes en El Guayabal. El día del suicidio llamó a su amigo Federico Jaramillo con una nota. Luego de leerla Federico pidió su caballo y en quince minutos surcó el camino entre Medellín y El Guayabal. Allí ambos amigos compusieron versos y acordaron aplazar el suicidio tres días; pero en la mañana siguiente Federico Jaramillo se encontró la ciudad con carteles fúnebres de la muerte de Echeverri, hombre culto; él y su esposa sabían latín y así saludaron a Federico cuando desmontó su alazán en El Guayabal. El Tuerto Echeverri le dejó por herencia a Jaramillo “los hijos de su inteligencia” manuscritos titulados: “La riqueza natural de Colombia”, “Cuadros al natural”, “Los hombres públicos”, “Mis confesiones”, “Teodicea”, “Jorge Robledo. Drama”, “Un bastión de la historia. Estudios sobre Lord Macaulay”, “Los cuatro vientos del espíritu” (traducción de Víctor Hugo), “Consideraciones morales…”6

 Estas semblanzas tiene la virtud de dejar a los lectores, una imagen del ambiente intelectual de finales del siglo XIX en Antioquia y los escritores oradores que se relacionaban e intercambiaban opiniones y producían periódicos. Camilo A. Echeverri, Gregorio Gutiérrez González, Antonio José Restrepo, Juan de Dios Restrepo, y el mismo Juan de Dios Uribe “El Indio”, todos –dice- combinaban las faenas del trabajo material con el intelectual. Percibe que unos poetas y pensadores fueron perjudicados por su fe religiosa: “creo que el exceso de misticismo perjudica muchos versos. La religión será buena para tenerla –si se quiere- pero para cantarla es detestable”7.

 Nota que aplica a lo que relata sobre la causa de la locura de Epifanio Mejía. Dice que tomó la costumbre de leer la biblia en las tardes a orillas del rio Caunce en Yarumal. Al caer el sol volvía a su casa y escribía poesías de las cosas pequeñas que le inspiraba el río. Comenzó a llegar tarde, entrada la noche, a casa; luego a media noche, hasta que preocupó a la familia. Fueron a buscarle y  lo encontraron en la alta noche jugando con las espumas del agua. La familia entendió que estaba loco y lo internaron en el manicomio de Medellín8. El mismo exceso de misticismo lo sufrió Gregorio Gutiérrez González, le matizó el genio poético. La profunda fe religiosa y los accidentes de la vida le hicieron amar la muerte.

 

Las semblanzas de El Indio Uribe están hechas en una prosa fluida e inteligente que utiliza sistemáticamente referentes de su realidad local y universal para crear metáforas como un recurso admirable. A sus personajes les pone una fuerza creativa como el vapor que mueve los trenes; o como la avenida de un río que no alcanza a perturbar la entereza del pensamiento. El vapor y las fuerzas selváticas del agua o el viento, son símiles con los que identifica a esa generación de hombres que introyectaron la libertad, para decir con altivez en las reuniones sostenidas en Bogotá, “vengo del Estado soberano de Antioquia”.

 Los personajes de El Indio Uribe tienen un común sentimiento, producido por el choque de la libertad contra las poderosas barreras de la tradición eclesiástica conservadora. Ese sentimiento se revierte en tristeza, frustración y abatimiento. La poesía y la prosa lo revelan y también la forma de morir: Candelario Obeso se suicida en el segundo intento; Camilo Echeverri bebe cianuro; Gregorio Gutiérrez Gonzáles muere de tristeza y Epifanio Mejía loco.

 Antonio José “Ñito” Restrepo, semblanza a Tomás Carrasquilla como compañero de estudio en el colegio de San Ignacio de Medellín en 1874. Junto con el amigo inseparable coetáneo Francisco de Paula Rendón, los califica de filipichines emperejilados, porque cuidaban demasiado de sus apariencias, en vez de estar metidos en los libros de estudio como yo –dice Ñito. Se la pasaban persiguiendo muchachas bonitas, metidos en sastrerías y costureros, leyendo novelas. El uso de trajes perfectos y a la moda, se terminó con la guerra de 1876 – 1877. Rafael Núñez ganador político de la guerra, empobreció las familias como la de Carrasquilla, que basaban su economía en el oro. Núñez obligó a utilizar el papel moneda, del cual hacía emisiones clandestinas causa de inflación, dejando de paso nuevos ricos y empobrecimiento a los tradicionales. Los filipichines, en vez de alistarse y prometer como todos “ir a bailar en el Capitolio”, se recluyeron en su pueblo natal (Santo Domingo) con su monaguillería en ciernes – dice Ñito.

 Pero Carrasquilla sorprendió a todos con “Frutos de mi tierra”, una novela que reveló un escritor sin rival: “maneja un estilo castizo, vigoroso y firme, en que mezcla sin fatigar el lenguaje del vulgo de su pueblo, produciendo un conjunto de bellezas armónicas y reales que serían la desesperación de quienes quisieran imitarlo…”9. Carrasquilla testimonia la conservación en Antioquia del lenguaje de los conquistadores españoles, poco modificado por la colonización venida luego10. El acercamiento de la obra de Carrasquilla al lenguaje del pueblo, le da a Antonio José Restrepo argumentos para cifrar su conocimiento sobre el lenguaje de los antioqueños encomenderos y comerciantes aislado por las montañas, quienes preservaron el castellano de Granada de los tiempos de los Reyes Católicos; y las inspiraciones adquiridas en la Celestina, en Guzmán de Alfarache y en versiones antiguas de la biblia. El antioqueño habla recio con “voz áspera y golpeada”11 porque trae el ejemplo de los encomenderos autoritarios, los regaños permanentes de los eclesiásticos y alcaldes, acostumbrados “a ser obedecidos”.

 Dice Ñito que con ocasión de la exposición de pintura de 1892, se permitió un discurso suyo: en el despliega todo su intelecto para ensalzar la cultura antioqueña hasta el paroxismo. Utiliza el término “mentalidad” para señalar las aptitudes empresariales, visibles ahora en el montaje de fábricas y en los tres ferrocarriles [El Nus, Amagá y Medellín]. Pero estas aptitudes de crear riqueza son pasajeras. La riqueza es una materia que decae y muere; en cambio la poesía, la literatura permanecen porque sobreviven a la destrucción. Carrasquilla es un novelista inmortal y ha dejado para el mundo una memoria de la mentalidad antioqueña a través de su prolífico talento para crear personajes que pertenecen a estas montañas.

 Ahora, Ñito se refiere su amigo apodado “El Indio” -Juan de Dios Uribe- oriundo de Andes Antioquia. Le reconoce con admiración el prólogo que le hizo a su obra “El Cancionero de Antioquia”. Lo aprecia como un hombre revolucionario que imaginaba un gobernó basado en el comunismo del cristianismo primitivo; le indignaba la pobreza y los obstáculos a la libertad de prensa. Comenzó a publicar en 1880 y dirigió toda su fuerza contra Rafael Núñez. Denunció especialmente el uso del papel moneda y las ediciones clandestinas. Estas denuncias le valieron el destierro a las islas de San Andrés y Providencia: De allí huyó hacia Nicaragua, donde reinició su actividad intelectual y política. Pasó a Ecuador y Venezuela y apoyó a personajes políticos de esas naciones que buscaban el poder. Ñito se prometió editar la obra de El Indio Uribe como homenaje a su temprana muerte. Murió en Ecuador y sus restos fueron trasladados a Medellín: “Que duerma el apóstol sueño secular de triunfo, reclinado en sus obras y su pluma”12.

 Antonio José Uribe también hace semblanza de Gregorio Gutiérrez González como el hombre de las cinco g, porque le agrega las de godo y gacho, por su adscripción política y su aspecto físico. Hay en este texto de Ñito, un acercamiento estrecho a la vida y obra de Gregorio y a su amistad que no se vio afectada por pertenecer a partidos políticos opuestos. Gregorio para Antonio José fue un poeta inmortal, que a pesar de no tener una vasta cultura, desarrolló su genio poético para cantarle con métrica a su tierra. Dice que Gregorio se consideraba un poeta que componía en antioqueño y no en español. Ñito se duele de Rafael Pombo, quien hizo en 1881 una edición de la poesía de G.G.G. en la que lo corrigió; y concluye: a ningún poeta se le corrige y las ediciones se deben hacer tal como el autor dejó su obra; sólo el poeta mismo se puede corregir.

 Las palabras laudatorias por G.G.G. dejan ver la catadura aristócrata de Antonio José. Expresiones que tienen más claridad en el tratamiento de María y la semblanza de Jorge Isaac. La sociedad esclavista no aparece en su crítica social. Se despliega hondamente en el culto al amor romántico, del cual él y su generación estuvieron presos cuando leían la novela de Isaac. Todos los comentarios están atravesados por la condición racial, de la cual Ñito se ufana: dice venir de una familia que desplazó del suroeste antioqueño a los indígenas, y fundaron allí la población de Concordia. Muestra el hecho como una hazaña civilizatoria de sus mayores descendientes de conquistadores. Estas notas sobre Isaac opacan el ideario liberal radical de Ñito desplegado en otros escritos, cuando se expresó contra la concentración de riqueza y abogó por una justicia distributiva.

 1. Uribe, Juan de Dios y Restrepo, Antonio José. Semblanzas Antioqueñas. Mincultura. Bogotá 2015. Pág. 18

2. Ídem. Pág. 20

3. Ídem. Pág. 48

4. Ídem. Pág. 57

5. Ídem. Pág. 58

6. Ídem. Pág. 64 – 65

7. Ídem. Pág. 85

8. Ídem. Pág. 89

9. 10. Ídem. Pág. 105

11. Ídem. Pág. 107

12. (Ídem. Pág. 121)

Imagen: Óleo de Candelario Obeso

domingo, 16 de agosto de 2020

Retablo. Película en quechua

 La biblioteca visitada, cada vez, nos permitió elegir del estante un libro no buscado que atrajo la atención por algún motivo o por el título, en la mayoría de los casos. Así apareció en la plataforma streaming, Retablo, un nombre relacionado con el arte medieval eclesiástico y con las habilidades artesanales. Pero bajo ese nombre contraído encontramos una película de esforzada realización para mostrar y recrear la realidad hispanoamericana del Perú.

 El cineasta peruano Álvaro Delgado Aparicio crea en el año 2017 la película Retablo, premiada en Berlín. Es un film etnológico hablado en quechua que va más allá de las ubicaciones esquemáticas de la crítica; esta lo toma como una película importante porque asume contenidos de la población LGTBI. Pero la película muestra más. El ser hablada en quechua, rebela la intensión de indicar la persistencia o sobre vivencia del mundo incaico.

 Además del lenguaje inca, la película tiene unos planos secuencia ilustrantes del uso del espacio y la arquitectura basada en la mampostería de piedra, que sin tener los perfectos acoples incas, muestra la pervivencia de su estética. Pero además de ese contexto material, está el mundo mental testimoniado por el predominio de la cultura cristiana y los remanentes quechuas, profusamente puestos en las danzas y duelos festivos que salen a manera de surtidor de un retablo escenificado con dimensiones reales.

 Está la homofobia y el patriarcado predominantes en disposición de continuar exterminando el mundo inca. En la aldea donde vive el artista de los retablos está la pervivencia del mundo prehispánico; pero en el mercado y pueblo o ciudad cercana se habla castellano y la iglesia cristiana nuclea los comportamientos. En este contexto Álvaro Delgado pone al retablista a encarnar dos sustratos culturales prehispánicos: la homosexualidad socialmente constitutiva y el arte alegórico, que replica el mundo real en modelos transportables, para la veneración o invocación de poderes sobrenaturales.

 La cerámica incaica y preincaica certifica la sexualidad relacionada con el goce y no con la prohibición. Este tema también es traído a nuestro tiempo por la novela Tríptico de la infamia de Pablo Montoya documentada en los indígenas norteamericanos en el tiempo de la conquista. Otro tanto se reafirma con la cultura antigua precristiana, donde el goce fue practicado para agraciar a los dioses, en fiestas periódicas.

 Noé el retablista expresa ese sentimiento arcaico, que irrumpe en la película de manera inesperada y cambia el rumbo en el espectador. Se pasa de una muestra etnofolclórica a una tragedia cuando la sociedad y la familia cercana le descubren a Noé los gustos sexuales. El film no dice como Noé ha adquirido el gusto y queda a disposición del espectador construir la explicación o llenar ese vacío. Por eso estas notas. La explicación puede ser esta. Noé encarna una percepción prehispánica y precristiana, en la que la cultura se ejercía desde otras lógicas, otras relaciones del ser humano con la naturaleza, distintas a la moralidad cristiana. Esas otras lógicas sancionadas por el cristianismo como satanismo están ejemplarizadas en el antiguo Egipto: Orhemeg, general restaurador del culto al dios Amón es obligado por los sacerdotes a triturar corazones humanos aún vivos como rito de desagravio. En el mismo sentido la película de Mel Gibson Apocalypto, muestra los sacrificios humanos mayas y los ritos crueles populares.

Cuando Noé va a la iglesia, habla con el cura en castellano y los retablos que allí lleva tienen alegorías de santos y escenas familiares formales. Pero Noé tiene otros, ocultos, en los que modela escenas de eróticos rituales crueles, de clara filiación incaica – preincaica, un mundo que señala lo otro, distinto al determinismo occidental y a la creencia en los fines a cumplir por el ser humano.

 La existencia de esas otras estéticas, de esas otras lógicas, son las que permiten afirmar e imaginar la vida del ser humano no regida por los fines a cumplir. La concepción de esa finitud remite al creacionismo y al creador; remite a la obra como criatura que debe vivir cumpliendo el libreto escrito en el libro universal del que se dice “no tiene borrones o enmendaduras”. El ser humano no es un programa, de ahí que el goce de su propio cuerpo lo reprime el poder y no la naturaleza. El goce es parte de la cultura y la cultura es el alejamiento de la naturaleza. El poder y la cultura van de la mano.

 La lectura de los cronistas de indias rebela la satanización de las culturas americanas prehispánicas y la glorificación de la cultura cristiana occidental como superior. Este ejercicio de supremacía es el que se puede observar en Retablo de Álvaro delgado, con el agravante de ser ejercida la cultura cristiana occidental por los mismos descendientes del inca, por la sociedad mestiza. Noé es agredido y llevado al suicidio por sus gustos sexuales a pesar de ejercer un oficio querido por todos, ser el hacedor de retablos.

 La película no es una defensa de la población LGTBI, a pesar de haber sido premiada por ello. Es el registro de un comportamiento cultural que lleva en su interior atavismos y ancestros, tragedias y admiraciones. La mujer y los vecinos de Noé son lo atávico y el hijo adolescente la admiración, la comprensión y la continuidad del arte de los retablos.

 Imagen. Fotograma de la película Retablo

martes, 19 de mayo de 2020

Grandeza en Bello al amanecer del siglo


En esta novela de Carrasquilla se encuentra la percepción de un escritor de su entorno: las gentes, el paisaje, el espacio, el tiempo y lo más seductor la mentalidad de los personajes; una mentalidad que se conduce hasta ponerla como causa de las posturas del cuerpo, o como hoy se llama una semiótica del cuerpo. Uno de los personajes, la mujer llamada Magola, de veinticuatro años, bachiller, es una lectora devoradora de libros sobre todos los temas, incluye autores como Nietzsche y Schopenhauer. Mescla la cristianidad con el medio profano y ella se define así:
“Aquí se aprenden tantas cosas útiles! Tantas […] que esa educación cristiana tan sólida, que nos dan de niñas, se revuelve después, con otras educaciones vistas, oídas y hasta olidas, que aquello queda un menjurje de agua vendita e incienso, con solimán, asafétida y otras yerbas, que lo entenderá mi Señor Jesucristo. Ya ve yo […] mamá me puso donde las hermanas; aprendí mucho, y disque he resultado pagana”1.
Magola es una joven sin prejuicios, escucha a todas las personas que pasan por su vida, por igual, aunque ante su formación aparezcan como incultos, menguados, insulsos o soberbios. Su mentalidad la lleva a asumir actitudes más allá de los prejuicios religiosos y racistas.

La novela la concluyó Carrasquilla en 1910. El tiempo y el espacio en el actúan los personajes es la ciudad de Medellín de entre los siglos diecinueve y veinte, última y primera década. La mentalidad nobiliaria es tabla rasa de las gentes convertidas en personajes. Ven la democracia como asunto de negros y artesanos. Dice la madre de Magola hablando de los libros de sus hijo, tan lector como la hermana: “Y ve que tal es la gente de ociosa: tiene uno enorme que se llama La democracia. Figúrate! Ponerse a escribir ese mundo de fojas para hablar de los negros…”2. ¿Cómo se entiende que este ideario o mentalidad colonial siga presente en una república democrática? Sorprende la respuesta: el pensamiento republicano democrático de estirpe filosófico liberal no logró derrotar en la cabeza de los colombianos las convicciones coloniales, que a la vuelta de cien años potencian las viejas prácticas de la religiosidad absoluta y una actitud ante la vida y los demás mediada por la posesión de riqueza o por los rasgos blancos en la piel. Aunque el mestizo, mulato, pardo o zambo cuando se enriquecían abrían todas las puertas menos las de la jerarquía sacerdotal.

Carrasquilla enfoca con su narrativa las familias que componen “cierta clase social de nuestra ilustre Villa de la Candelaria” de Medellín. Dice que le han pedido este tema. Familias adineradas que viajan a Europa a pasear o a estudiar. Son cuidadosas con los matrimonios de sus hijos. Cuando estos asumen algún criterio y separan el amor del interés, se les declara extraviados y faltos de juicio. Magdalena Samudio o Magola, la lectora, la bachiller, escandaliza a su familia y a la otra, la elegida por su madre por tener varones casaderos y mucho dinero.

La habitabilidad del espacio ciudadano está íntimamente relacionado con el poder económico. Bailan en el Dollar Club, asisten al teatro de zarzuelas, participan de costosos bailes de disfraces y gastan mucho dinero en la moda. Viven en el centro urbano de la ciudad y tienen posesiones en las ciudades pequeñas conurbadas a las que llaman pueblos con gentes de la “puebleriada” de costumbres campechanas. Se nombran: Caldas, Sabaneta, Itagüí, Guayabal, Poblado, Envigado, Aguacatal o Bello. La comunicación regular se establece a caballo y cuando va la familia lo hacen en coches nombrados también carruajes o victorias. El Dollar Club, debió ser un edificio con dos pisos. En el primero un patio. En el segundo un salón con un piano y decorado con una Venus de Milo. Dice Magola que uno de los hombres (un médico borracho) que había elegido como amor de su vida se le salió del corazón porque “supe de una deliciosa que se puso en el Dollar Club. Le dio quebradora, dantesca, y acabó con todo, hasta con la Venus de Milo, que era el mimo de todos los socios. Solo el piano se le escapó, porque no pudo tirarlo al patio…”3.

Esos hombres jóvenes son presentados como “La Horda”, un grupo, que se hacen llamar así. Tienen como centro de actividad el licor, la música o la fiesta y, animada por músicos de la “la Lira, o la […] Banda de los Paniaguas”4. El hermano de Magdalena toca el tiple y canta; es reconocido. El pretendiente de la hermana de Magola se llama Arturo Granda, apodado Grandeza, no es “algún ñapango caviloso de estos pueblos que han inventado la suma con la guerra y con los negocios tan raros de ahora”5.

Es el momento de mostrar el origen de la riqueza de estos jóvenes y sus familias. Carrasquilla ve como fundamental los rasgos blancos de la piel para poder hablar de la gente y la posesión de riqueza. Grandeza es un zambo de Anorí, nieto de “ño Granda”, dicho como una demostración peyorativa por ser un zambo rico, adinerado. Grandeza no ha podido entrar a la clase social alta de la villa por su origen. “los que pasan de pobres a ricos, quedan como si fueran expulsados del infierno: ni San Pedro les abre, ni el diablo los vuelve a recibir”6. La familia Samudio, la de Mogola encabezada por una viuda criada en los campos de Envigado, se acepta a Grandeza por su dinero “…esta ñapanga de Arturo tiene remedio, […] le hacemos comprar un título en España, bien lindo: El Marqués de Grandeza”7. Se desentraña el origen del dinero de Grandeza. Llegó de Anorí con su padre cuando tenía nueve años de edad. Estudió con los jesuitas (debió ser en San Ignacio) y se hizo bachiller. La familia montó un negocio en el barrio del comercio (debió ser Guayaquil – la Alpujarra). Después de la muerte de los padres los tres Grandas se asociaron en “Granda Hermanos”. Metieron la sociedad en la bolsa. Esto debió ocurrir antes de la guerra de los Mil días 1899 – 1903, porque en el desarrollo de la misma los valores cayeron y solo se elevaron los negocios comerciales con el exterior como el de los hermanos. Granda hermanos de golpe se llenó de dinero. Grandeza viajaba a Europa y distribuye lujos franceses e italianos en Antioquia.

La potencia económica de “Granda Hermanos” y la quiebra de otros, se la adjudicaron en Medellín a la maldición de los ángeles perversos, a dos rafaeles: Rafael Uribe Uribe y Rafael Núñez; ellos “Los Rafaeles, los arcángeles, son las aves negras de Colombia [pero] otros, entre tanto, prendían velas a San Rafael Uribe, para que siguiera esta guerrita, parienta de Aladino, que en vez de té traía en la mano la varita de virtudes…”8. Ese otros era Arturo Granda, enriquecido, que viajaba muy regularmente entre bellos caballos o en carruajes o en lujosos coches a Bello a divertirse, a descansar, temporizar o a temperar.

En la novela hay dos geografías que son tratadas casi como sujetos. Las selvas del río Cauca y Bello. El hermano de Magola, bachiller no abandonó la hacienda de su padre Samudio ubicada en Envigado. Mantuvo una crítica permanente contra su madre por su arribismo y el derroche de dinero en fiestas y modas. Se casó y decidió demostrarles a su madre y amigos citadinos que la riqueza estaba en el campo. Se metió por el sur del valle de Aburrá a toparse y colonizar el Cauca. En tres o cuatro años peleó contra el bosque milenario y el paludismo. Venció, fundó y levantó un pueblo y lo llenó de colonos bajo su mando, don muy loado por sus subordinados.

El Bello nombrado delata fechas; el tiempo de la novela ocurrió después de 1883 año del cambio de nombre de Hatoviejo por el de Bello; y tiempo de inicio de la construcción de la nueva iglesia del Rosario 1895; o luego de la guerra 1903 en adelante. En la visita de Grandeza se apreciaban los cimientos de la nueva iglesia, construcción detenida por la guerra. Hay alcalde y alcaldía, aunque Bello aún no fuese erigido municipio (esto ocurrió en 1913). Está la fábrica de tejidos inaugurada en 1908. Dice Carrasquilla: “En tus contornos, por las faldas, por lo plano, en carreteras, en veredas, arriba, abajo, distantes, cercanas, juntas, dispersas, chozas, casas, granjas, quintas, villas, la imponente fábrica de la “Compañía de Tejidos”: la vida. Salve!”9. El espacio en el que ocurren los acontecimientos de la familia Samudio y la pretendida familia Cuenca, es el valle de Aburrá. Familias cuyos troncos coloniales se han bifurcado desde Sabaneta hasta Bello. Una fiesta decembrina (debió ser la navidad de 1908) le permite al narrador involucrar el valle. Dice que los vivientes en la villa se trasladaban a los pueblos (Sabaneta, Itagüí, Envigado, Bello) o a las faldas de las montañas y los habitantes de las faldas bajaban a Medellín o a las plazas de los mentados. Esa atracción ocurría por los programas (igual en todo el valle) en la víspera de la “nochebuena” (debió ser el veintitrés de diciembre):
“Cabalgatas de caballeros y damas, caravanas pedestres de las clases pobres, coches de punto* y de particulares, carros y carretillas cargados de paseantes, ciclistas y bandas, murgas, y charangas, cohetes y triquitraques […] por la noche (debió ser el veinticuatro de diciembre) retañe la jornada […] el trajín de vehículos y viandantes, los cantorrios, los gritos, los berridos, la pólvora, el aguardiente”10. La noche se llena de globos incandescentes “los echan de Santaelena, ya del Picacho, ahora de Sancristóbal, ahora de las Nieves (de muchas formas y colores). Principian en Bello: les echan de las quintas vecinas, de las carreteras, de las calles, de la plaza de la aldea. A cada uno que cae, corren a buscarlo, grito pelado, sin pensar en distancias, toda la chiquillería y hasta la grandería”11. Entra la noche con los juegos de pólvora y “arman vacalocas, unos trafalgares formidables […] las casas y los árboles con sus hileras, sus ondulaciones y sus quingos de farolillos a la veneciana, multiformes y multicolores, deslumbran, en una apoteosis de quietud y serenidad”12.

A la plaza de Bello llegan gentes de todas clases: pudientes alquilan casas o llegan donde familiares o son invitados por amigos. Paseantes llegan a estar o a hacer negocio,
“toda la caimanería del bronce, toda la bohemia de El Blumen y de los antros de Guayaquil, discurre por ahí revuelta con La Horda, con la cachaquería de alto bordo, con el alcalde y el cuerpo de policía. En las casas se siente el baile, los cantos y el bureo, y en las calles se desborda el aguardiente […] En las casas hay regalos, aguinaldos y banquetes, cantos, recitaciones. En la mañana del veinticinco de diciembre hubo carrera de caballos; se habilitó la carretera como hipódromo; los pudientes apostaron. En la tarde corrida de toros en la plaza al pie de los mangos y barreras que se han levantado para las corridas”13.

Llegaban cabalgatas de la ciudad y de “otros campos donde se veraneaba, que iban a dar un vistazo a Bello, para volver, sin haberse desmontado”14. Terminada la corrida el cura montó una tómbola para producir dinero para el templo, un órgano y santos ornamentos; se vendió al mejor postor flores y objetos. “El veintiséis y veintisiete duermen y pasan el guayabo los medellinenses de Bello […] parquesi, guitarreos, y cantares, entre zagalillas y zagalones promiscuados ingenuamente, bajo los mangos de la plaza y hasta las diez de la noche”15. El veintiocho de diciembre los medellinenses (Grandeza y su escudero Linares, La Horda, “mocitos bullangueros”, temperadores) jugaron una broma a los bellanitas. En la madrugada sellan las puertas y ventanas por fuera y los residentes quedan encerrados. Producen un pánico. Cambian los avisos de los sitios santos por los profanos. El cura y el alcalde corren a cobrarles a esos “caifanes bandidos […] los multa a todos de diez a cien pesos […] ahí mismo les arranca la palta […] todo el día y la santa noche siguen la juerga y el bobeo, los disfraces y astucias y el aguardiente de mi Dios”16. Los “medellinenses de Bello”, se diseminan, se esparcen por el Valle de Aburrá para recibir el año nuevo de 1909. Los Samudio van a Sabaneta a casa del abuelo materno. La fiesta es distinta a la de navidad: más sosegada, más clasista, más familiar.

Las mentalidades tienen su ritmo regido por el poder económico. Se pasa del colectivismo de la natividad al individualismo de año nuevo. Los ricos personajes de Carrasquilla van a sus haciendas y los pobres a sus chozas de bahareque. Las mentes siguen un curso decantado por la tradición de la sociedad esclavista, venida abruptamente a una sociedad con un liberalismo insuficiente. El liberalismo es practicado como un libertinaje, y la democracia se decanta en lo que se tiene en el bolsillo.

La novela tiene un final trágico, así como la tragedia de las zagalillas y zagalones promiscuados bajo los mangos de la plaza en la noche del veintisiete de diciembre. Esta historia trágica que insinúan prostitución o ejercicio de supremacía social, no se detalla; pero se asume igual a la acontecida después de la quiebra económica de Grandeza que se ve obligado a huir de la Villa. Su bella y joven esposa hermana de Magola, termina abandonada y presa de la madre que la utiliza como objeto de negocio de su arribismo. El hermano, conquistador y poblador de un pedazo de selva el Cauca medio, desafía a un pretendiente de la abandonada, porque puso en boca de toda Medellín la conducta de la bella y de la familia. El desafío tipo duelo, terminó con la muerte del hermano, con la tragedia de los Samudio.

1. Carrasquilla, Tomás. Grandeza. En Obras completas. Editorial Bedout. Medellín 1958.
2. Ídem. Pág. 267
3. Ídem. Pág. 286
4. Ídem. Pág. 266
5. Ídem. Pág. 287
6. Ídem. Pág. 287
7. Ídem. Pág. 287
8. Ídem. Págs. 307 - 308
9. Ídem. Pág. 311
10. Ídem. Pág. 311
11, 12, 13. Ídem. Págs. 312
14. Ídem. Pág. 316
15. Ídem. Pág. 317
16. Ídem. Pág. 318
*Llamados así por estacionarse en un lugar (punto) para ser alquilados a quien los necesitase. Pág. 280

Imagen: Coche del tipo victoria. 1917. Autor: Melitón Rodríguez Márquez. © Biblioteca Pública Piloto de Medellín (acercamiento).