jueves, 4 de julio de 2019

La colonia en Hato Viejo no partió de cero


Imaginar, hablar o escribir sobre la colonia en Bello es un reto para el historiador. Construirla (para no decir reconstruirla porque suena pretensioso) es difícil por la filigrana investigativa que exige la historia local. La información es más o mementos profusa para los centros mineros, las villas o las ciudades, puntos de interés para los pobladores españoles, quienes producían los documentos. Ese periodo colonial sabemos con certeza que termina en 1810, pero no es fácil señalar el comienzo. La conquista no puede encerrarse en el siglo XVI, porque la guerra con los indígenas se prolongó a lo largo del siglo XVII. En Bello, llamado Hato Viejo desde 1575, se puede escribir sobre momentos, según la documentación producida, en la entrada de Tejelo al Valle de Abrurrá, la gobernación de Valdivia, la gobernación de Gaspar de Rodas, la gobernación de Bartolomé de Alarcón y luego, el paso del Hato Viejo a la parentela Piedrahíta.

En el camino de Popayán a Antioquia, año de 1570, para tomar posesión de la gobernación, Rodas se detiene en Ebéjico y recuenta la gente que lo acompaña: “Allí se detuvieron en el campo/ Algunos días, y hicieron lista/ del número de gente que venía:/ Hallaron ser los españoles ciento,/ Hasta seis menos, pero todos ellos/ de todas buenas armas pertrechados;/ Los caballos pasaban de trecientos;/ Setecientos los indios de servicio;/ Y algunos etíopes, aunque pocos,/ Pero para cualquier trance dudoso/ Arrojadizos y determinados;/ De vacas se llevaban cuatrocientas/ Quinientos puercos, antes más que menos,/ Y otros rebaños de menor ganado/ …”1

Castellanos, en la Historia de la gobernación de Antioquia, parte de Elegías de Varones Ilustres de Indias, escribe sobre Andrés de Valdivia y sus incursiones en las tierras de los nutabes. En el año de 1574 los indígenas lograron engañar a los españoles. Al verlos cansados y hambrientos les ofrecieron comida y amistad, para luego caer sobre ellos. Mataron a Valdivia y su mujer ladina, llamada Catalina. Los nutabes hicieron retroceder a los españoles de su tierra (designada como Valle de San Andrés), y volver a la villa de Santa Fe de Antioquia2.

Gaspar de Rodas llegó al Valle de San Andrés el 8 de febrero de 1577 como gobernador, para hacer justicia por la muerte de Valdivia y someter a los indígenas nutabes y en ese valle funda la ciudad de Cáceres. Rodas pasó luego hacia el occidente hasta ver las sabanas de Aburrá y seguir por el río Porce y el Nechí, en cuya confluencia funda la ciudad de Zaragoza en 1581; allí estableció 40 encomenderos. Luego pasó a san Juan de Rodas en términos de Ituango y lo repobló con 28 encomendereos3. El paso para tomar el río Porce debió ser por el norte del Valle de Aburrá, tierra con asentamientos indígenas. Allí según la Capitulación, figura de la legalidad monárquica de los conquistadores, Rodas repartió y encomendó los indígenas entre sus compañeros de campaña y entre ellos su hijo Alonso de Rodas. Está la ubicación de la casa del cacique Niquía, en frente de la quebrada de las Piedras Blancas de la otra banda del río4.

Bartolomé de Alarcón heredó la gobernación por la muerte de Rodas en 1607 y por ser el esposo de María de Rodas Carvajal, hija mayor del gobernador. El Valle de Aburrá, comenzó a llamarse Hatos de Aburrá por ser un lugar de estadía del ganado que transitaba del valle del Cauca y Anserma hacia los centros mineros de Zaragoza, Cáceres, San juan de Rodas, Guamocó y San Jerónimo del Monte, todos ubicados en el bajo Cauca. Se registra también el nombre de los Hatos de Alarcón para referirse a los hatos del Valle de Aburrá como Hato Viejo, Hato Grande y Hatillo, lugares que fueron utilizados por los españoles por tener población indígena repartida entre los conquistadores, para ser sometida como servidumbre.

La sociedad colonial no parte de cero. Los conquistadores españoles comenzaron a establecerse sobre las tradiciones socioeconómicas indígenas. Sí destruyeron la cosmogonía indígena e impusieron la cosmogonía y religión cristiana5; pero conservaron los cacicazgos porque de ellos, de su mediación, dependió la apropiación de la mano de obra indígena o del trabajo indígena. El conquistador español fundó las villas y las ciudades sobre los territorios indígenas y encomendó la población por medio del repartimiento. Este acto se registraba en un acta para legalizar la actuación. La encomienda y la repartición de los indígenas es la factibilidad del paso de la conquista a la colonia. “…las formas de producción prehispánica, lejos de desaparecer con la llegada de modos de producción europeos, se mantuvieron como pilar de la sociedad colonial a la cual subsidiaban”6 o sostenían. De esta manera la sociedad colonial creó los conceptos de “indio” y a partir de él creó el aparato jurídico montado sobre el trabajo indígena y la apropiación de la tierra y sus riquezas, en especial el oro.

El yerno de Gaspar de Rodas “Bartolomé de Alarcón, un viejo minero y excorregidor de Mariquita, que se había casado con María de Rodas hija mestiza del gobernador, heredó el poder en Antioquia. Gaspar de Rodas se casó con una hija del cacique de Peque a quien bautizó y le puso el nombre de Catalina Carvajal. Con ella tuvo dos hijos María y Alonso. Alarcón consolidó los hatos del Valle de Aburrá que su suegro había puesto a funcionar al finalizar el siglo XVI y organizó una serie de expediciones militares que buscaban no solo mantener la “paz y quietud” de los habitantes, sino ampliar la frontera”7. Este heredero de la Gobernación de Antioquia, calculó en 1614 la población indígena de la provincia en 890 colonizados y habló de la necesidad de introducir 2.500 esclavos negros para recuperar la producción aurífera de Antioquia y Urabá.8

Alarcón se opuso a la visita del oidor Francisco Herrera Campuzano porque la provincia estaba empobrecida por falta de mano de obra y la apertura de nuevas minas. Además a la gobernación le tocaba financiar y sostener la visita. “Durante la visita, Herrera Campuzano castigó a los encomenderos, estimuló la explotación de las minas, reglamentó el trabajo asalariado y activó la ampliación de la frontera hacia el Chocó […] trasladó la población indígena desde sus asentamientos “originales” hacia los nuevos pueblos que fundó, a saber: San Antonio de Buriticá, San Juan del Pie de la Cuesta, […] Nuestra Señora de Sopetrán y San Lorenzo de Aburrá […] Igualmente la visita fue importante porque permitió conocer el estado en que se encontraba la población indígena: número, oficio, edad, loclización”9.

Las visitas comienzan con el reconocimiento de los indígenas como “vasallos libres” resultado de la controversia de Valladolid 1550 – 1551. Se ordenan las visitas para certificar el estado de los vasallos. En esta controversia se enfrentaron las posiciones del padre Bartolomé de las Casas defensor de la humanidad de los indígenas y la de Ginés de Sepúlveda que los consideraba seres inferiores.10

Herrera Campuzano hace comparecer a Alonso de Rodas por las encomiendas y repartimientos del gobernador Gaspar de Rodas. Este dice: “El repartimiento de Aburrá y Yamecies, que ausi mesmo sucedio en ellos el dicho Alonso de Rodas por muerte del dicho gobernador que son dos repartimientos le parece que ay en ambos quarenta indios utiles de macana su las mujeres e hijos de los dichos indios que por todos serán ciento y treinta poco mas o menos…”11

Comparece y declara también “Andrés Purpur yndio ladino natural del dicho natural del dicho repartimiento de Siritabe”12 encomendados a Alonso de Rodas. Dice Andrés Purpur que el encomendero Rodas, trasladó indígenas de su repartimiento ubicado en Cáceres a san Jerónimo del Monte distante 10 leguas para el trabajo de minas, de los cuales enfermaron algunos y murieron. Se queja además de haberse llevado Alonso cuatro indias para Santa Fe de Antioquia a servir en sus posesiones, las mismas que murieron. Otros debían viajar todos los años de Cáceres a Santa Fe para hacer las rozas de maíz del encomendero Rodas, distante 20 leguas, diez días de camino por tierras difíciles. Los indios enfermaban. El ladino Purpur denuncia las palizas propinadas a los indios por los administradores al servicio de Rodas y da el nombre de un descalabrado.

Por el mal trato y abuso, las encomiendas son abolidas y Los indígenas del Valle de Aburrá, bajo la condición de repartidos y encomendados, que estuvieron en cabeza de Gaspar y luego de su hijo mestizo Alonso de Rodas, pasaron por orden del visitador a la corona y fueron llevados al pueblo de San Lorenzo de Aburrá creado para la ocasión.

La muerte de Gaspar, el despojo real hecho contra Alonso, dejaron las tierras del norte del Valle de Aburrá sujetas a la compraventa para el pago de las deudas endémicas adquiridas por los encomenderos a las cuales estaban obligados para poder explotar las minas de oro corrido o de aluvión. Muchas minas y tierras fueron dadas en pago a comerciantes que introducían en Antioquia aceites, vinos, herramientas y ropas de Castilla, productos con precios muy altos por la distancia y la dificultad del transporte. “En julio de 1610 se pusieron en remate las tierras, 200 cabezas de ganado y 30 yeguas, que poseía Alonso de Rodas en Aburrá. Por ellas pagó Pedro Villareal 1.698 pesos de oro”13

Los bienes de los conquistadores y sus hijos pasaron al haber de los comerciantes para la segunda parte del siglo XVII. Estos habitantes, tercera generación de los conquistadores o nuevos inmigrantes inversionistas, diversificaron las producciones para atender las demandas de la sociedad colonial expuesta. Las Tierras del norte del valle de Aburrá después de transacciones diversas se dedicaron a la explotación agrícola con el empleo intenso de mano de obra esclava. En 1667 Juan de Piedrahíta y Saavedra ubicado en el Hato Viejo tiene estancia de ganado mayor y pan coger, hato con potreros, aposentos, canal y capilla. Cultivos de maíz, plátano y caña. 1.172 cabezas de vacuno. 469 caballos. 91 mulas, 11 yuntas de bueyes y 9 burros. Minas en Osos y 167 esclavos, entre ellos “siete esclavas bozales que tenía cada una entre dos y cinco hijos y una mulata criolla, Bernabella, quien junto con sus cinco hijos, estaba destinada a las labores domésticas en la casa de sus amos”.14

Las familias empadronadas en 1675, para la fundación de la villa de la Candelaria de Medellín, son ubicadas en la cuenca de la quebrada de los niquías, ahora bautizada como quebrada de García, en el Hato Viejo. En esa etapa temprana de la colonia vivían allí: El capitán Rodrigo García, Don Toribio de Villa, Pedro Zelada, Miguel López Garrido, el mulato Antonio Leal, el mulato Pedro Alejandro Herrera, el mestizo Fernando Jaramillo, Rodolfo yerno del anterior también mestizo. Juan Hernández yerno del anterior también mestizo, José Jaramillo mestizo, María Jaramillo mestiza. Miguel Gómez de Ureña. Juan de la Luna Mestizo, Luis Gómez, Doña María Paladines, Lorenzo Tasón de Rivilla, Roque González de Fresneda, Salvador Indio y “el licenciado Alfonso de Piedrahíta Presbítero”15. Estas dieciocho familias, sostenían una economía colonial híbrida, Tenían esclavos, asalariados, tierra labrantía, ganados y minas de oro. Tuvieron un imaginario cristiano anclado en una jerarquización social de castas, dependiente del color de la piel: escribe Gabriel Arango “De europeo e india … sale la mestiza –dos cuartos de cada parte. De europeo y mestiza … sale la cuarterona –cuarta parte de india. De europeo y cuarterona … sale la puchuela –enteramente blanca”16. Un conglomerado de dieciocho familias nucleares con un aproximado de docientos miembros materializan la sociedad colonial en el Hato Viejo de finales del siglo XVII y la primera mitad del XVIII (1680 – 1750).

La sociedad de castas resultante estuvo en consecuencia lógica con la concepción e imagen del mundo de la monarquía española. El debate entre De las Casas y Ginés de Sepúlveda en 1550, terminó en el reconocimiento de la humanidad de los indígenas, dentro de las concepciones humanistas del renacimiento; pero una humanidad inferior en comparación con la tradición occidental heredera de la cultura grecolatina, que consideró la guerra justa contra los indígenas por ser considerados de costumbres bárbaras.

Por eso en el ápice de la jerarquía social España privilegió al ser de piel blanca para irradiar desde ahí el derecho, a su vez matizado por el devenir político europeo. Desde el siglo XVII la sociedad medieval declinó su ordenamiento por las intenciones de la monarquía de establecer la plena soberanía. Este proceso se conoce en la historia occidental como “El Absolutismo”, acontecimiento político fondeado por el dominio económico de la burguesía capitalista. La monarquía absoluta ejerció todas las bondades tecnoeconómicas de este periodo, expuestas como el advenimiento de la edad moderna. La ciencia, la técnica, los métodos administrativos y la búsqueda de la eficacia del Estado le permitieron a la monarquía española atender permanentemente la administración de la colonia americana.

La fundación de los pueblos, ciudades y las villas, se hicieron adoptando una imagen del territorio de claros contornos de control absoluto de las conductas. El Estado español en las indias operó a través de las atribuciones concedidas a los Adelantados, Jefes de la conquista y descubridores. Atribuciones para repartir tierras, las mismas que le son dadas a los administradores llegados de la península ya establecido y maduro el periodo colonial. “De esta misma facultad gozaron […] Virreyes, Presidentes, Gobernadores, y Cabildos” aunque la monarquía se reservaba el derecho de confirmación posterior17.

1. De Castellanos Juan. Elegías de Varones Ilustres de Indias. Ed. Gerardo Rivas Bogotá 1977. Pág. 978
2. Idem. Pág. 1030 -1031
3. Idem. Pág. 1051 -1052
4. Archivo Histórico de Antioquia. Colonia. Indios. Tomo 2. Doc. 696 de 1635.
5. Montoya G. Juan David y González J. José Manuel. Visita a la provincia de Antioquia por Francisco Herrera Campuzano 1614 – 1616. Ed. Universidad Nacional Medellín 2010. Pág. 14
6. Idem. Pág. 14
7. Idem. Pág. 19
8. Idem. Pág. 21
9. Idem. Pág. 26
10. Cabdequí, Ots. El Estado Español en la Indias. Colegio de Méjico 1938
11. Montoya. Ob. Cit. Pág. 151
12. Idem. Pág. 153
13. Álvares Morales, Víctor. La sociedad colonial 1580 – 1720. En Historia de Antioquia. Periódico El Colombiano. Agosto 5 de 1987
14. Idem.
15. Padrón General y Primitivo para la Fundación de la Villa de Medellín. En Crónica Municipal Medellín Colombia 1967
16. Arango Mejía, Gabriel. Genealogías de Antioquia y Caldas. Medellín 1942. Pág.10
17. Cabdequí, Ots. Ob. Cit. Pág. 38

Imagen: Enrique Grau. Mulata 1940

domingo, 16 de junio de 2019

La derecha de la izquierda y la izquierda de la derecha


En esta modernidad tardía nuestra, que ha comprendido y asumido la desacralización de los grandes sistemas filosófico-teóricos y políticos, se tiende a tomar una actitud política bajo el supuesto de ser la única posible, no sólo por ser fruto de la desacralización, sino porque sólo queda una forma de ser luego de las hondas heridas de la guerra hoy convertidas en cicatrices imborrables en una permanente verbalización del recuerdo y la memoria.

Esa huella de la guerra, hoy obliga, a una sola actitud política; ella es actuar por la paz, la igualdad y la justicia dentro del orden de la democracia participativa. Desde esta perspectiva, no es coherente ni pertinente, ubicarse a la derecha o a la izquierda. No habría razón política, porque sólo existe la búsqueda de un gobierno garante de la paz, la igualdad y la justicia social desde la democracia, debido a la desacralización de los sistemas políticos promotores de la lucha violenta por el poder. Sólo queda la participación política a través del ejercicio del sufragio universal.

Pero la realidad nos muestra que la democracia está atada a la economía. La democracia cumple el designio de la paz, la igualdad y la justicia, según el grado de distribución de la riqueza. Esos designios se materializan, se vuelven realidad en determinados territorios, según el grado del poder adquisitivo de los individuos. Se puede argumentar que las instituciones solo tienen como fin y objetivo defender al desposeído de la ambición de los acumuladores de capital; pero la experiencia hoy nos muestra que la observación elevada a teoría hecha por el marxismo desde el siglo XIX sobre el funcionamiento de la democracia, está vigente, porque la democracia sigue controlada, atrapada, secuestrada, teledirigida por los dueños del capital o la riqueza de la nación. La propuesta de una participación política con un proyecto para tratar de convencer a los dueños de la riqueza que humanicen su comportamiento y dejen de acumular dinero para poder garantizar el bienestar de la mayoría de la población que vive lleno de necesidades básicas insatisfechas, no es efectiva. Querer poner el recurso de la buena voluntad sobre el interés económico que aparece a través de la historia de la humanidad como invencible, es un proyecto fallido. El marxismo le dejó a la humanidad una observación teorizada sobre el orden social capitalista y la consecuentemente denominada “democracia burguesa”, donde quien gobierna en últimas es el capital y su dueño por la necesidad de mantener la tasa de ganancia y se legisla en ese sentido sobre los precios y el salario.

El no ubicarse a derecha o izquierda, porque la democracia es una, es actitud ingenua según la argumentación anterior. La democracia per se, no garantiza ni la igualdad, ni la redistribución de la riqueza. Hasta hoy la experiencia política nos ha demostrado que participar esperanzado en la buena voluntad del dueño del capital, ha terminado poniendo el pensamiento y la acción de los sectores sociales que buscan la redistribución de la riqueza entre toda la población, al servicio de medidas antisociales como el aumento de la edad de jubilación o la privatización de la riqueza pública. Esa lógica del capital y sus dueños hace parte constitutiva de un pensamiento típico e identificado desde el siglo XVIII como de derecha, porque sus promotores acostumbraban ubicarse en el lado derecho del recinto de la asamblea nacional de la Francia revolucionaria.

Por lo escrito aquí, la práctica política en estas primeras décadas del siglo XXI, deja la enseñanza obligante de construir un universo político de izquierda para oponerlo al universo político de la derecha. Según Norberto Bobbio1 la mentalidad de la derecha está constituida por la defensa de la tradición y el sustentar todos los contenidos humanos en la naturaleza. La tradición dice de los seres humanos estar sometidos a una jerarquía social relacionada con la posesión de la riqueza y el prestigio que ella da, huella de las sociedades cerradas medievales que ataban el derecho a la cuna o al nacimiento. La naturaleza es quien sustenta el orden social, dado desde el origen por la divinidad. La sexualidad solo se concibe entre sexos opuestos, la libertad es natural y la igualdad es antinatural.

El recurso a la naturaleza engloba las posiciones políticas conservaduristas y liberales; pueden llamarse tradicionalistas que niegan la ciencia política y su basamento racional. Es un acuerdo de la comunidad científica que ha asumido el estudio de la política como su objeto, considerar la desigualdad natural de los seres humanos susceptible de corregirse racionalmente para proclamar la igualdad como un hallazgo o una construcción cultural; este último es un elemento de la mentalidad de la izquierda: hay que ponerlo todo bajo la óptica de la razón. La igualdad es un bien cultural decantado por el mundo moderno. La igualdad arrastra la justicia y esta la economía hasta la necesaria redistribución de la riqueza para garantizar el derecho a vivir bien a todos los miembros de la sociedad.

La derecha liberoconservadora también argumenta basar su ideario, su mentalidad, en la razón y la llama razón natural y la sustenta en la cultura; pero ata la cultura a la naturaleza y así la detiene en el tiempo, la hace perenne o absoluta, todo es igual desde el principio. Es natural la existencia de ricos y pobres o es natural la jerarquía social según la posesión de riqueza.

La democracia moderna pensada como un bien, permitió unos acuerdos entre derecha e izquierda identificados, por la lógica del lenguaje, en las expresiones “sectores de centro”, y “sectores extremos”. Así se habla de centroderecha o centroizquierda, o como dice Bobbio1: la derecha tiene su izquierda y la izquierda tiene su derecha. Por estas mesclas la derecha conservadora ha tenido dentro de sus proclamas la democracia republicana y dentro de ella ha dejado transcurrir la acumulación de riqueza hasta el punto de que esta secuestra la democracia para ponerla al servicio de quienes más han acumulado; ahí en esa derecha conservadora se han escuchado voces críticas contra ese secuestro; pero inefectivas y olvidadas.

Igual ha pasado con el liberalismo. Ha tenido sus expresiones derechistas negadas a todo pensamiento igualitarista. Ha tenido al mismo tiempo sus líderes izquierdizantes con sendos discursos igualitaristas y redistributivos. Han tratado de profundizar la democracia moderna tal como se diseñó desde la revolución francesa; pero esas voces se han chocado contra la derecha liberal naturalista quien ha salido triunfante por el hecho de tener la riqueza adquirida o heredada.

Por lo aquí escrito, se puede decir que en nuestro tiempo, se necesita una práctica social que materialice la racionalidad política. Una mentalidad de izquierda que asuma la democracia moderna como un bien cultural y la depure o la adapte al presente. Para hacerlo se debe centrar en el interés de propiciar un acuerdo por la igualdad política, la justicia económica, concebidas como bienes de la cultura de nuestra sociedad tardomoderna.

1. Bobbio, Norberto. Derecha e Izquierda. Razones y significados de una distinción política. Taurus Madrid 1995

Imagen: Fernando Botero. El cazador 1999

sábado, 25 de mayo de 2019

Líderes sociales asesinados por las trizas de águilas negras


Un presente rico en acontecimientos es el que vivimos; pero no nos llenemos de sentimiento único por ser favorecidos. Decir que estamos en un presente prolífico en hechos y sucesos como ninguna otra época es un consuelo de tontos o de falta de conocimiento. Todos los presentes son ricos en hechos. Hágase el ejercicio de detenerse en cualquier momento de la historia remota, antigua o del inmediato pasado y se encontrará una humanidad en plena acción. Si se topa con una época de paz se tendrá acontecimientos prolíficos, plenos de actos sin violencia, pero inscritos en el conflicto necesario de la vida en sociedad. Si se topa con una época bélica, como lo son la mayoría, porque la historia que tenemos los privilegia, el acontecimiento abunda.

Hago este preámbulo para hacer historia del presente colombiano en el que se ha agudizado el conflicto social a pesar de estar inmersos en un proceso de paz; presente que se nos aparece como una plétora de acontecimientos inéditos. En el pasado inmediato colombiano, se han desmovilizado dos ejércitos paraestatales, uno de extrema derecha y otro de extrema izquierda. Ambos ejércitos dejaron unos restos grandes, peligrosos, violentos, síntoma de alejamiento de la anhelada paz; restos compuestos por combatientes descontentos con los acuerdos con el gobierno. A los restos de derecha se les llamó Bandas Criminales y los de izquierda Grupos Residuales. El incumplimiento de los acuerdos de la Habana por el gobierno de Juan Manuel Santos y el ataque que viene realizando el actual gobierno de Iván Duque han convertido a esos restos de los ejércitos paraestatales, de nuevo, en protagonistas con una importancia igual a la de antes de los acuerdos.

Los acuerdos con la guerrilla y con las autodefensas (ejércitos paraestatales) dejaron dos alas, una legal y otra persistente en la guerra. A esta resultante se debe adicionar la guerrilla Ejército de Liberación Nacional, y las organizaciones delincuenciales de los barrios de las ciudades, para conformar el sector social que enfrenta al Estado y lo suplanta. Percibimos que los procesos de paz se han reducido a permitir la legalización o conversión de parte de los miembros de los ejércitos en agentes políticos desarmados, y la persistencia en la guerra de la otra parte, quiere decir que no se ha podido terminar con el conflicto armado.

Una parte de las causas de la persistencia del conflicto armado es el incumplimiento estatal de los acuerdos; pero otra, la mayor parte es la raigambre poderosa de la exclusión social, explotada miserablemente por los enemigos de la paz que quieren esconder tras la guerra y el desorden institucional el ejercicio de una corrupción profunda. La exclusión social se materializa en unas convicciones sustentadas en la sociedad patriarcal cristiana que no acepta la diferencia y menos que la diferencia tenga derecho a gobernar a los colombianos. Este modo de ser social excluyente lesiona la democracia y deja la sensación que la democracia vigente en Colombia es un remedo.

Hoy, como producto de los acuerdos de la Habana, una población importante que antes luchaba contra el Estado, hoy está haciendo parte de él y participando en la gestión social desde la dinámica de las comunidades. Pero la parte de la sociedad que práctica la exclusión (suficientemente teledirigida) se viene manifestando por la opinión y por el hecho contra ella. Las críticas y el cuestionamiento a la corrupción y el señalamiento de los corruptos es tomada como un “sicariato moral” y esa sociedad excluyente proclama que prefiere ver la guerrilla disparando y no en el parlamento acusando a los dignos hombres y mujeres representantes de corruptos1.

Bajo esta atmósfera se inscribe el asesinato de la defensora del pueblo o personera de Samaniego - Nariño por sus denuncias de corrupción de un grupo administrador del sistema de salud2 y las amenazas de muerte pronunciadas por el personero de Aguadas – Caldas y su padre contra dos líderes que organizan las víctimas del conflicto3. Estos casos protagonizados por dos agentes oficiales deja ver en el Estado y la sociedad civil un comportamiento respecto al proceso de paz o más allá, respecto al proceso de reconciliación.

El acuerdo de la Habana, elevado a norma constitucional ha enfrentado dos batallas: primera, la misma confección del acuerdo, en la que se debió luchar contra los enemigos ubicados en todos los sectores sociales, políticos, gremios económicos, religiosos y populares. Segunda, luego de la firma de los acuerdos, sus contradictores, los han atacado desde el lugar social que habitan. No solo realizan campañas publicitarias, sino ejecutan o incitan a la aplicación de la pena de muerte contra los líderes sociales y activistas de los derechos humanos. Quien alce la voz para denunciar los crímenes cometidos durante el conflicto, la corrupción campeante, o quien participe en actividades en pro de del cumplimiento de los acuerdos, es puesto en la “picota pública” y luego del desprestigio es asesinado4.

Esta práctica de oposición a los acuerdos de la Habana, tiene un engranaje social y se puede decir que la sociedad civil atiacuerdo de paz pone al servicio de su causa el poder que tiene en su lugar social y según el territorio del país que habite5. La violencia contra los líderes sociales se ejerce desde todos los sectores sociales, empresarios del campo y la ciudad, gremios económicos, credos religiosos y entes del estado, agrupados o no en partidos políticos. Por eso las amenazas y los asesinatos se vienen ejecutando a nombre de “las águilas negras”, que indica una actitud de ocultarse para delinquir a disposición de quien quiera. Los sectores sociales que quieren “hacer trizas” los acuerdos de la Habana y las normas constitucionales que los abalan, aupados por el triunfo en las urnas en el año 2018, no necesitan hacer concilios para trazar un plan de acción puntual. Tiene una agenda proclamada por las voces altisonantes de miembros del partido de gobierno que crean una atmósfera para el ataque de los acuerdos de paz, las instituciones creadas para ello, sus defensores y en general los que hablamos y actuamos por un orden social del posconflicto.

La sociedad colombiana, a pesar de su ancestro cristiano autoritario, está dispuesta a cambiar. Los momentos de extrema violencia y terror han dispuesto el espíritu para estar en la época de predominio del concepto de humanidad global. Pero un sector social corrompido, que vive de saquear los dineros públicos, dueños o con acceso al poder de los medios de comunicación, ha satanizado el cambio social y lo han convertido en una fuente de miedo, odio y mentiras. Pero tenemos la esperanza del predominio de la reconciliación6 cuando esta cale en la intimidad de los hogares y en los individuos. Cuando las comunidades de ancestro común sientan y diferencien la guerra de la paz. Cuando prime el derecho, veamos en el Estado un árbitro necesario y elevemos lo público a un sitio sacro.

1. “Prefiero un guerrillero en armas que un sicario moral”: Uribe a Petro. El Universal. Cartagena 25 de mayo 2019. https://www.eluniversal.com.co/colombia/prefiero-un-guerrillero-en-armas-que-un-sicario-moral-uribe-a-petro-XL1058066

2. Personera de Samaniego, Nariño, fue asesinada. El Espectador. Bogotá 20 de mayo 2019. https://www.elespectador.com/noticias/nacional/personera-de-samaniego-narino-fue-asesinada-articulo-861766?fbclid=IwAR0jngvNwexrbbDwOvAgr48jrOV40JZ75mUYHRn-ROYCIFZ0H5pp-NKnBZo

3. “El anda con dos escoltas y yo ando con cuatro bandidos”: Personero de Aguadas Caldas. Revista Semana. Bogotá 18 de mayo 2019. https://www.semana.com/nacion/articulo/el-anda-con-dos-escoltas-y-yo-ando-con-cuatro-bandidos-carlos-arturo-arango-rios-personero-de-aguadas-caldas/616030?fbclid=iwar1bjpysntipzopqboonwrhq9fn0dhrfzcn2sa5prrqpadq3vvawmc5y9b0

4. Padilla, Nelson Fredy. Expedición narrativa hacia la verdad desde las orillas del Caribe. En Rodríguez, César y Meghan, Morris (Coord.). Hacer justicia en tiempos de transición. Centro de estudios de derecho, justicia y sociedad (Dejusticia). Siglo XXI Argentina 2018.

5. Montoya Arango, Vladimir. ¿Cómo ordenar y gestionar los territorios sin la guerra en Colombia? Hacia una imaginación geográfica de la paz. En Las ciencias sociales en sus desplazamientos. Nuevas epistemes y nuevos desafíos. Clacso. Buenos Aires 2017.

6. Ospina Saavedra, Paula Andrea. Tras las claves de la reconciliación. En Las ciencias sociales en sus desplazamientos. Nuevas epistemes y nuevos desafíos. Clacso. Buenos Aires 2017.

Imagen: Rubens. El Prometeo capturado 1611

viernes, 3 de mayo de 2019

Miedo por Venezuela


La presencia de Rusia en Venezuela congeló la percepción de destrucción inminente del gobierno chavista. Dentro de la tradición de la política de los Estados Unidos hacía América latina guiada por la doctrina autócrata llamada “América para los americanos” en el siglo XIX y la política del gran garrote de Roosevelt a comienzos del siglo XX, se esperaba una intervención militar en Venezuela, según lo muestra la historia latinoamericana de los años mil novecientos. Y si no lo han hecho, es porque la geopolítica del mundo ha cambiado.

Un nuevo orden internacional regido por el desarrollo económico de Asia entronizó en la lucha por el poder en el mundo nuevas potencias; hecho que posibilita proclamar la existencia de un mundo multipolar en el que las permisibilidades politicoeconómicas de las naciones ya no están regidas por Norteamérica o Europa central, sino además por un tercer incluido: Asia central.

Este orden es posible por el gran desarrollo de las fuerza productivas hoy comandadas por la tecnologías de la información aplicadas a la robótica que permiten la acumulación de riqueza y poder como nunca antes. Fuerzas productivas así identificadas, descentradas por efecto del fenómeno de la globalización y de accesibilidad al conocimiento. Fenómeno que amenaza las particularidades nacionales, pero al mismo tiempo universaliza algunas bondades de occidente como lo son la individualidad y los derechos individuales. Por estos, se imponen las nociones globales de humanidad sobre los conceptos nacionales que violan la autodeterminación de las gentes, así se argumenten desde el respeto a las cultura autóctonas. Muchas culturas nacionales tienen prácticas que riñen con los contenidos globales subyacentes o defendidos por organismos internacionales.

Potenciados por la globalización las organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional y el respaldo de la política del Derecho Internacional Humanitario, se señalan como violadoras de los derechos humanos, prácticas de culturas particulares como la ablación, la lapidación por el adulterio, la negación de los derechos de la mujer, el castigo del cuerpo como pena por delitos, la penalización de la diversidad sexual, la pena de muerte, las monarquías autocráticas, las teocracias, los regímenes totalitarios y la práctica de ritos mágicos que agreden el cuerpo.

La concepción global de una humanidad a defender ante los intereses de naciones poderosas que imponen sus puntos de vista particulares, es la que está en la base del nuevo orden mundial multipolar, de libre comercio, de tránsito asequible para migrantes, de respeto y admiración a la cultura de los pueblos y su libre determinación para adoptar sistemas de gobierno democráticos incluidos formas socialistas.

Estas consideraciones, son las que permiten afirmar la quiebra del dominio tradicional absoluto de los Estados Unidos sobre Suramérica. Expresiones de esa quiebra son las relaciones abiertas y claras, políticoeconómicas, con el área asiática; relaciones que ya han calado hondo hasta el punto de esgrimir el poder militar para defenderlas. Recientemente, en marzo de 2019, China ya lo dijo: América del Sur ya no es más el “patio trasero de los Estados Unidos”. Este gigante asiático necesita de los recursos de esta parte del mundo para sostener su tren productivo y su máquina de guerra.

No pude decirse que América del Sur, estará mejor y más justamente tratada bajo la órbita asiática, porque son poderes montados sobre el predominio económico y esta lógica obliga a preservar la economía por encima del pensamiento y de la vida. Pero el que haya un mundo multipolar con un juego de intereses, se tiende al equilibrio. La geopolítica entre iguales ata las manos y hace difícil la declaración de guerra entre las potencias. Pero hacen la guerra en pequeño y han ocurrido confrontaciones particulares localizadas en territorios en disputa que dejan una destrucción inmisericorde de la sociedad y el patrimonio cultural de la humanidad, como el caso del aniquilamiento de Siria una nación con huellas milenarias.

Hay muchos otros ejemplos de destrucción de naciones por haberse desmarcado o quererse desmarcar de las órbitas de poder. Más lo ha hecho Norteamérica y los países adscritos a la organización militar del Atlántico Norte. Pero hoy con la llegada al poder del mundo del tercer incluido, Asia, se obliga a la deliberación, al menos desde un plano teórico.

En Venezuela, por un efecto de la llegada al poder de un gobierno socialista de nuevo cuño o “socialismo del siglo XXI”, que nacionalizó las riquezas y por el ataque y bloqueo económico de los norteamericanos y sus seguidores, salieron del mercado sus riquezas naturales, entre ellas sus inmensas reservas de petróleo. Esta situación ha estado incidiendo con lentitud, pero de manera firme, en el alza del precio internacional del combustible, lo que ha obligado a la atención del poder mundial multipolar, con la intensión de asumir su control. Asia ya ha comprometido e invertido recursos importantes en Latinoamérica, en Venezuela, igual que La Federación Rusa, nueva situación que obliga a pensar en el futuro de Venezuela trazado desde una convención entre potencias del mundo multipolar.

Venezuela ante el desgaste de la clase política tradicional, optó por reemplazarla por un experimento socialista de nuevo cuño, trunco y frustrado por el bloqueo norteamericano. Venezuela se atrevió a desmarcarse de esa vieja dependencia y asumir su independencia político económica, con la legitimidad posibilitada por el mundo globalizado montado sobre la libre determinación de los pueblos, de las organizaciones internacionales, de las Naciones Unidas, de la Corte Penal Internacional y el respaldo de la política del Derecho Internacional Humanitario.

El poder tripartito mundial no va a permitir una Venezuela libre y soberana, dueña de su propia riqueza. Desde el chavismo temprano, occidente ha atacado sistemáticamente su sistema socializante con toda clase de mentiras, dirigidas a conmover las vísceras de los televidentes, radioescuchas y usuarios de las redes sociales, maleables por su incultura y falta de educación. Hoy el sujeto-objeto de los medios de comunicación dominados por el gran capital, culpa al “socialismo del siglo XXI” de la quiebra económica de Venezuela, porque repite como un eco en su cerebro la versión del poder mundial alertado y medroso, ante la pérdida de un bastión rico.

Imagen. Cuatro bandas. Juan Calzadilla 1995