lunes, 31 de mayo de 2021

Gente de bien y música culta: artificios para ingenuos

Detrás del concepto “gente de bien” está un contenido cultural que hunde sus raíces en la sociedad colonial, resultante del exterminio de cientos de miles de indígenas. En el occidente colombiano, Pasto, Almaguer, Chapanchi, Agreda, Yscandé, Popayán, Timaná, La Plata, Cali, Montañas, Buga, Toro, Cartago, Arma, Caramanta, Anzerma, Antioquia y Cáceres, la población indígena tuvo el siguiente comportamiento: 1536=905.760; 1559=88.419; 1570=66.599; 1582=34.200. En 47 años desparecieron 871.560 indígenas, todos muertos por la violencia, el asesinato y la explotación1. Los hijos mestizos o no de los exterminadores crecieron con la convicción de hacer equivalente la cultura indígena a una expresión diabólica. Los mestizos y los hijos de blancos provenientes de España, siguieron la persecución y expoliación de los indígenas atacando permanentemente los resguardos y se labraron en su ideario, para insultarse, el señalarse mutuamente de ser indio.

El pensamiento nobiliario impuesto a la cultura colonial creó en la práctica una lucha a muerte por los títulos de “limpieza de sangre”. En los archivos abundan las demandas de unos blancos contra otros por omitir en el trato cotidiano el título de Don. En los mestizos también se presentó la lucha por la gradación del color de la piel y la compraventa venal de los títulos nobiliarios, negocio de las autoridades virreinales. Las ñapangas, las terceronas o las tente en el aire, ocupaban un lugar social según “los lazos blancos en la piel”.

Ese régimen de exclusión sancionado por las creencias religiosas y sostenido por la poderosa jerarquía eclesiástica, creó el pensamiento colonial. Este se puede identificar en el comportamiento de un individuo: cristiano fundamentalista, señala todo lo distinto como obra del demonio, patriarcal, misógino, autoritario, esclavista; convencido de que la riqueza es el poder social. Las faltas contra la moral se vengan con el escarmiento público y el castigo físico. Esas cualidades forman el bien público y el privado, y por tanto la resultante es “la gente de bien”. El hombre y mujer de bien sostienen el orden social colonial. Tienen todo el derecho de castigar la falta con la violencia, incluidas las faltas contra el superior jerárquico, generalmente un superior racial.

Este pensamiento colonial sobrevivió a la guerra de independencia. La república se dota de una estructura política y filosófica que sólo habita la cabeza de la élite rica; en el pueblo esa cultura colonial del prejuicio se mantiene. La elite se educa, se ilustra y reconoce la educación como la práctica que libera el pensamiento; pero en los siglos de dominación por la elite liberal y conservadora, no se ha querido producir un ciudadano colombiano libre pensador y autónomo. Todo el siglo diecinueve fueron dubitativos con la libertad general. Solo en 1865 se deciden a abolir la esclavitud y quitarle a la iglesia el tercio de la tierra productiva de Colombia que la tenía fuera de la economía. En los últimos tres quinquenios del siglo diecinueve borra o traiciona los principios republicanos democráticos liberales y le entrega el país a los conservadores clericales. Bajo este régimen vuelve con toda la fuerza de la violencia política el pensamiento colonial y “la gente de bien” lo acepta y lo llama Regeneración de las costumbres corrompidas por la mezcla de liberalismo y socialismo.

Las luchas obreras por los “tres ochos”, ocho horas de trabajo, ocho de estudio y ocho de sueño, les parecen a la elite rica el nuevo demonio: los demonios indígenas redivivos. La educación sometida a un estricto control por la jerarquía religiosa, aleja de nuevo la creación de ciudadanos autónomos y librepensadores. Fue necesario el estremecimiento del mundo occidental por el nazifacismo, para que el liberalismo y el socialismo se uniesen a los Estados Unidos para derrotar a Hitler y al eje Japón, Italia, Alemania.

En Colombia este acontecimiento neutralizó y le quitó muchas convicciones a la cultura colonial. Nació un colombiano más proletario, más sindicalizado. La elite diversificó su relación con la cultura y adoptó los populismos en boga. Luego de la guerra, vencida Alemania, se delimitaron los campos políticos y aparece un nuevo enemigo, el socialismo-comunismo, que tiene que ser vencido mediante una “Guerra fría”; aunque en Colombia “la gente de bien”, resolvió el conflicto en caliente para vencer el enemigo, y se contaron de 1948 a 1958 más doscientos cincuenta mil víctimas, muertas por la violencia política.

De nuevo “la gente de bien” escala en contenido cultural. La elite liberal conservadora exorcizó la matanza con un Frente Nacional. Ambos partidos se diluyeron el uno en el otro y apuntaron sus armas político-militares contra el enemigo que les había diseñado “Guerra fría”: el socialismo-comunismo. Pero este enemigo también se diluyó en la misma disolución de la confrontación entre oriente y occidente. Ya no hubo más Unión Soviética y pareció como si la sociedad colombiana hubiese captado y aceptado el gregarismo propuesto por la organización de las Naciones Unidas y su bastión para la educación, la UNESCO. Luego de la casi desaparición de la sociedad por la guerra entre paramilitares y guerrilla, quedó en pie la propuesta de una paz longeva. La cultura política de los colombianos por efecto de la nueva constitución de 1991, aceptó el pluralismo político, la sexualidad diversa, la multiculturalidad, la democracia participativa y se convenció de estar resolviendo el conflicto social que los venía acompañando desde la fundación de la república.

Y “la gente de bien” no pudo salir del mundo de la “Guerra fría”. Socavó la paz con la guerrilla y los paramilitares e hizo retornar, con el poder de los medios de comunicación, el pensamiento y las actitudes coloniales. El retorno de esa cultura colonial es artificioso, porque el socialismo-comunismo ya no propugna por la disolución del Estado, quiere es fortalecerlo y ponerlo al frente de las decisiones socioeconómicas. Ahora es “la gente de bien” la que quiere, con su partido de gobierno y sus prosélitos obnubilados, disolver el Estado y dejar que reine sin cortapisas el capitalismo salvaje.

Pero creo que se puede prescindir de ese concepto de “la gente de bien” y pensarlo como una construcción de quienes quieren prolongar la vida de un enemigo inexistente, para producir miedo y así poder manipular las conductas. Toda la gente es de bien porque es gregaria, quiere mantener los lazos sociales. Pasa igual con el concepto de “música culta”, construido para excluir la cultura popular y mantener una segregación de tipo colonial. Ante esta denominación concebimos que toda música es culta.

Nota

1. Tovar, Hermes. Relaciones y visitas a los Andes. Siglo XVI. Colcultura. Bogotá 1993. Pág. 72

Imagen: Alfonso Ferro. Guitarrista 1995

miércoles, 19 de mayo de 2021

Revelaciones del Paro nacional

El afuera entra por los sentidos, en el presente, con la fuerza de la imagen en movimiento, con la inmediatez del acontecimiento y con la frescura de la novedad tecnológica del mundo interconectado. La información, así obtenida conmueve e incita a buscar explicaciones sobre el comportamiento de los manifestantes, de los agentes del estado y de los privados que quieres suplantar el estado. Estos tres actores se mueven por unas convicciones a las que me quiero acercar.

Se escucha a los jóvenes “muchachos o muchachas” que están en la versión 2021 del paro nacional colombiano, decir que no son de izquierda ni derecha. Lo mismo afirma el presidente Iván Duque, estirando el cuello. Igual se les escucha a los candidatos a ocupar la presidencia de la república, el estar por encima de las ideologías y haber trascendido la pertenencia a uno u otro bando. Estas afirmaciones se pueden explicar como un recurso de conducta de todos aquellos que quieren convocar el favor y la aceptación general para sus luchas y aspiraciones. Y ha sido un recurso de todos los presidentes electos desde el siglo XIX colombiano, decir que gobernarán por encima de los partidos; y convocaron la nación.

Y también se argumenta que el ubicarse en la izquierda o en la derecha y desde ahí tipificar a su oponente, es seguir viviendo en “La guerra fría”1, porque es muy fácil hacerlo y rinde, pues, produce un miedo canalizable. Fue un mundo que se metió profundamente en la mente de los seres humanos de todo el planeta. Mundo dicotómico, montado sobre los hombros de la ciencia y realizado en la pertenencia a una izquierda o derecha política. Concebir la vida, la política, la sociedad desde la lucha geopolítica este – oeste, fue y es ubicarse en uno de los dos bandos posibles: comunismo o capitalismo.

Asombra la insistencia de sectores políticos en la mayoría de los países de la órbita occidental, el concebir el mundo como una confrontación izquierda derecha y llevar a sus seguidores a adoptar una práctica beligerante para defender el esquema. La concepción dicotómica es cómoda e impide actuar en pos de una sociedad más allá. Ambos sectores se acusan mutuamente de ser el causante de la desigualdad y el desorden. Han logrado mantener la polarización política más allá del fin de “La guerra fría”, hasta hoy.

Pero es un simplismo ingenuo quedarse en esa sentencia de superar la izquierda y la derecha para justificar una práctica política sin ideología. Suena en los oídos como una muletilla para captar incautos. Cada parte de la dicotomía tiene un pasado enraizado en la ciencia. Y si se quiere estar por fuera de ella, se debe sustentar la pertenencia y luego la supuesta superación. Porque ambos polos tiene raíces comunes: buscan una sociedad justa y feliz, dicen en sus supuestos.

El capitalismo liberal llegó con el desarrollo científico de la producción, sustentado en la teoría política de la libertad per se o absoluta y concomitante con el orden republicano democrático. Se acuñaron los conceptos de sociedad civil, sociedad política, partidos políticos, derechos individuales, Estado nación, soberanía popular, representación política y contrato social. Todos estos contenido tipificaron la derecha política con dos posiciones, una liberalizante, otra conservadurizante, manifestadas con claridad en la Colombia del siglo XIX; pero confundidas y unificadas en las últimas décadas del siglo XX. Tuvieron y tienen los principios moralizantes y religiosos sembrados por la llamada Regeneración que produjo la constitución de 1886: son autoritarios, traicionan el estado laico, confunden estado y religión, son patriarcales, violan permanentemente los derechos humanos al sostener un orden social elitista que mantiene a grandes segmentos de población en necesidades mortales. Son homofóbicos, racistas, anticomunistas y antisocialistas hasta llegar a proclamar y practicar la eliminación física de sus militantes.

En la presente coyuntura de paro nacional se escucha en las redes sociales, a miembros de la fuerza pública pronunciar amenazas que certifican las concepciones dictatoriales de la derecha; amenazan con desaparecer a los protestantes. Se ven civiles armados al lado de la policía atacando a los manifestantes. El jefe del partido conservador llamó a los indígenas a abandonar la ciudad y retornar a su “hábitat natural” pues los concibe como una fauna extraña; este racismo lo expresó con más claridad una médica de la ciudad de Cali: escribió por su grupo de whatsApp: “…dan ganas de que vengan las autodefensas y acaben literalmente con unos 1000 indios, así poquitos nada más para que entiendan [si] supiera donde tengo que dar la plata para que esto pase, allá voy volando…”2

La izquierda que en el siglo XIX se sustentó en el socialismo y luego en el comunismo, tiene sus raíces en las ciencias sociales generadas por la explotación atroz del trabajador por la industrialización recién nacida. La historia se dota de unas leyes científicas que programaron a la clase trabajadora para tomar el poder y realizar la democracia proletaria contraria a la democracia burguesa liberal. La ciencia del materialismo histórico y dialéctico concibieron y conciben el orden liberal como la dictadura de la burguesía a la cual se opone la dictadura del proletariado; y ambos mundos son una dictadura y una democracia a la vez, según desde donde se mire.

La realización del proyecto socialista en la mitad del mundo, se hizo atando la libertad al determinismo económico. Los absolutos del liberalismo se relativizaron según la posesión de la riqueza. La historia atravesó todos los contenidos humanos y culturales. Ningún ser humano está destinado a ser pobre ni rico. La riqueza del mundo es de todos por lo que ningún ser humano debe pasar necesidades.

Querer superar la dicotomía política y ponerse fuera de ella (proclamarse ni de izquierda, ni de derecha) es aceptable si se reconoce el bagaje teórico, de cada parte y la historia de la experiencia material de los regímenes que la llevaron a efecto. Proclamarse fuera de la dicotomía es proponer un orden social montado sobre el legado de ambos mundos. Un orden que ate la libertad a la economía y destruya la desigualdad.

 Notas:

1. León, J. 11 de mayo de 2021. Uribe le pide a Duque recurrir a unas Fuerzas Militares cada vez más ideologizadas. Lasilla Vacía.

2. Rueda, J. 16 de mayo 2021. Repudio en Cali a mensaje de médica que invita a 'matar mil indios'. El Tiempo. Bogotá.

 Imagen tomada de Víctor de Currea Lugo 7 de mayo de 2021


 

miércoles, 21 de abril de 2021

Narcotalia y Marquetalia. Lenguaje exaltado

Cuando se escucha a los representantes del gobierno emplear palabras insultantes contra el enemigo, se puede pensar en la pérdida de la serenidad. El soberano moderno es llamado pueblo; pero el pueblo por ser un ente movedizo y de difícil moldeamiento, no quiere decir que pierda la majestad soberana y todos aquellos atributos que se le han adjudicado al ente de gobierno a través de la historia, heredados por el pueblo soberano. Unos de esos atributos son la serenidad y la ponderación en el hablar, en el pensar, en la comunicación. Estas, la serenidad y la ponderación, que debe asumir el indicado por el soberano para que lo gobierne, se pierden cuando el indicado, el investido, el depositario de la confianza pública, el gobernante de turno, el ganador del proceso eleccionario, no ha introyectado la trascendencia de la tarea de ser el representante del soberano.

Tener en la conciencia, la trascendencia de la misión, que las formas políticas le han encomendado, en nuestro caso la democracia, se expresa en conductas guiadas por esos atributos de serenidad y ponderación. Pero en nuestro país, en los gobernantes de hoy hemos escuchado expresiones que alejan el personaje de esos atributos mentados. Y los podemos caracterizar por el uso del lenguaje.

El Presidente Iván Duque y el ministro de defensa Diego Molano repiten sin cesar para referirse a las disidencias de la guerrilla como participantes de la “nueva Narcotalia”. Esta expresión que desvaloriza y tuerce el lenguaje, para referirse al enemigo, se dirige a atacar el cometido de las disidencias de crear una “nueva Marquetalia”. Por los anales de la historia de Colombia, sabemos que Marquetalia fue, en los comienzos de los años sesenta del siglo XX, una de las repúblicas independientes que la guerrilla comunista quiso montar en el país (otras fueron Sumapaz, Arari, el Pato, Planadas o Riochiquito) y que fueron destruidas desde el aire por bombardeos sistemáticos ordenados por el presidente Guillermo León Valencia.

Los atributos de serenidad y ponderación del poder del gobierno, que encarnan el pueblo soberano, no puede descender a los niveles del enemigo, porque en ese igualamiento rebela la incapacidad para comprender la misión que les fue encomendada. El monopolio de la fuerza, el poder legislativo, el poder ejecutivo deben ser suficientes para someter el enemigo; si no, si el ministro y el presidente se dedican a insultar o a emplear un lenguaje con parodias, en vez de producir respeto, produce desconcierto y desgobierno.

La serenidad del soberano poder del pueblo representado en el ministro se pierde en un lenguaje inapropiado. Se es sereno si hay una dicción que refleje sabiduría y ponga a la soberanía por encima de la delincuencia, por encima del enemigo. El poder soberano del pueblo tiene la racionalidad moderna en su haber porque es hijo de ese mundo que decantó la república democrática como el mejor sistema de gobierno. Y de ahí que el gobierno materializado en seres humanos concretos sea sabio, sereno y ponderado.

Esta falta de serena templanza también se observa en el presidente de la república. En su campaña para sacar adelante la reforma tributaria de 2021 titulada “Ley de Solidaridad Sostenible”, llama al congreso a aprobarla, porque se trata de beneficiar a una inmensa población menos favorecida; el congreso debe votarla, aprobarla, así como aprobó la ley del proceso de paz que benefició a unos pocos: “Si en el pasado se hicieron reformas fiscales para financiar la desmovilización, el desarme y la reinserción de unos pocos que estaban con armas en contra de las instituciones y, con esas banderas, se promovieron decisiones fiscales de gran trascendencia, ¿cómo no lo vamos a hacer hoy por los más pobres de nuestra sociedad?” El Tiempo. 16 de abril de 2021

Las diferentes manifestaciones en contra de la reforma tributaria no están en contra de la “solidaridad sostenible”, están en contra de la extensión de tasas impositivas a los artículos de primera necesidad y a los salarios de la clase media empobrecida. El símil desafortunado de comparación del presidente entre la reforma y la ley de desmovilización, solo produce desconcierto y desgobierno. Esa comparación refuerza la deslegitimidad del proceso de paz y a los que están dentro de él.

Las palabras y los actos de gobierno del soberano moderno representante del pueblo, son ejemplo a seguir; se convierten en conductas. El imaginario de las gentes se alimenta de lo que dicen aquellos personajes a quienes ha ayudado a elegir. Y si no los ayudó a elegir los reconoce de manera negativa, acusándolos de corrompidos contra quienes casi nada hay por hacer. El imaginario está anclado ahí, en la institución, en la confianza, ella dice verdad y moldea el pueblo.

El incumplimiento y ataque del acuerdo de paz, manifiesto o subliminal, aúpa y enaltece la resolución violenta de los conflictos, la justicia por mano propia y los asesinatos selectivos sistemáticos. Cuando el representante del soberano carece de serenidad y ponderación crea un ambiente de confusión o sensación de “río revuelto”, en el que se dispara contra el otro con alto grado de impunidad.

La serenidad debe ser un atributo del poder soberano. Ella hace tomar las decisiones basadas en la inteligencia y la sabiduría, que están en quien sabe del bien público y colectivo. Satisfacer las aspiraciones de la sociedad, para dirigirlas hacia el logro de la igualdad y la justicia exige una sensibilidad de líder, hecha o construida con vocación de servicio ante el pueblo.

El lenguaje del poder debe ser el más cualificado, medido, dosificado, claro, preciso, para generar actos civilizatorios en los súbditos convertidos por la modernidad en ciudadanos. Estos deben ser tratados permanentemente con la delicadeza que exige un niño en proceso de aprendizaje. Al menor descuido o mal ejemplo, se generan conductas violentas. Violencia de la palabra, violencia por discriminación o por el miedo. Violencia que genera un poder sobresaltado e inseguro.

 

lunes, 19 de abril de 2021

La visión del conquistador. Relación de Anzerma de Jorge Robledo

Dice en las Relaciones y visitas a los Andes, Hermes Tovar, que la relación atribuida a Jorge Robledo ha tenido varias versiones con transcripciones repetidoras de múltiples errores; por eso él debió ir al Archivo General de Indias y consultar y transcribir el documento original titulado “Relación de lo que subcedió en el descubrimiento de las provincias de Antiochia, Anzerma y Cartago y cibdades que en ellas están pobladas por el señor Capitán Jorge Robledo”. Hermes lo publica con el nombre de Relación de Anzerma.

Este documento atribuido a la pluma de Jorge Robledo, es una muestra de las percepciones de un conquistador sobre los seres humanos que sometió. Se puede leer y ver un hombre de guerra con la idea de fondo de haber dominado y destruido unas sociedades con unas costumbres básicas como las suyas aunque realizadas de otra manera. Hombres y mujeres que nacen, aprenden las conductas de sus mayores, se casan, tienen hijos y dioses y se sepultan en condiciones de ir a otra vida. Este último atributo es un indudable contenido metafísico de las culturas precolombinas de muy difícil reconstrucción.

La relación comienza con una revelación perturbadora “…entramos sin lenguas y con muy gran falta de sal e cuando se tomaba algún yndio, le preguntábamos por señas por sal a la cual ellos en su lengua nombravan Anzer y por este vocablo de Anzer, como no aprendimos otro la llamamos Anzerma que su natural nombre de la provincia de Humbra”1 Perturba el saber que la mayoría de los nombres de lugares adjudicados por los conquistadores y conservados hasta hoy, es la fonetización castellana de los vocablos indígenas. Fonetización errática que se manifiesta en la forma distinta de escribir los nombres. Además se despojó así los paisajes de las connotaciones culturales de sus habitantes. Así ocurrió, porque España destruyó la civilización indígena y sobre sus ruinas construyó y nombró el nuevo mundo.

Robledo bajo el nombre de provincia subsumió numerosos pueblos indígenas comarcanos vecinos ubicados en un territorio y se formó una imagen de sus diferencias socioeconómicas. Por eso su relación es un documento con información que hoy podemos usar como etnográfica y socioantropológica. Se puede tratar de recabarla de forma siguiente:

Humbría - Ancerma

En la banda izquierda del río Cauca nombra la provincia de Humbra centrada en Anzerma con muchos pueblos. Esta provincia tiene al norte los valles de Amiçeca [amiceca] a tres leguas; el valle de Chanburuqua a una legua, donde se hace sal. Hacia el oriente a cuatro leguas los pueblos de “Yrra e Angasca e Guacayca e Aconchara”2 Hacia el occidente Gunnia, el valle de Apia, Chatapa, Andica, Hunbria y Taupa. Más retiradas las provincias de Carantama y Caramanta. Pasando la cordillera “está la provincia de Chocó que es en las Barbacoas por la cual corre el río del Darién es muy poblada y de mucha gente la qual yo descobrí”3

Los naturales del territorio de Hunbra alrededor de la ciudad de Santa María o Santa Ana de los caballeros o Anzerma, “son gente bien tratada”4: esta observación de Robledo se puede comprender en los términos de gente satisfecha y de buena presentación. A sus señores o caciques los tienen en altas consideraciones, los transportan en hombros o en andas; llevan un grupo de “diez o doze mujeres muy bien adereçadas y hermosas”5 para cuando el descienda de las andas lo toman y cargan en sus rodillas para impedir que toque el suelo. Dice Robledo que esto es una muestra de “mayor veneración”6. Y debe entenderse más allá de la veneración como la condición divina de los caciques y del poder. Ellos traían la cara pintada de diversos colores y mucho oro en collares, “caricorie” [narigueras], “que pesa xv o xx castellanos que es a manera de barra de oro retorcida y les cae sobre la boca, tiene(n) por çima de las ventana de las narizes // unos agujerillos de cada parte el suyo donde ponen unas perillas de oro que pesarán quatro o cinco castellanos las quales tienen unas asillas [sostenes] con que tienen los agujeros de las narizes”7

 

Robledo dice que los brazos y piernas de los aborígenes de Humbra, tienen prietos los músculos porque ponen debajo de las rodillas, encima de los tobillos, encima de las muñecas, “un gran bulto de chaquira ques unas cuenteçicas menudas muy iguales blancas parejas…”8 . El objeto de estas chaquiras prietas es, “criar molledo” [que es] “La parte carnosa y redonda de algún miembro, especialmente de la parte alta de los brazos, y los muslos y pantorrillas”, según diccionario de antigüedades, anota Hermes Tovar9. Los caciques o señores, usan un cinturón [el relator dice cincho] también de chaquiras blancas y de oro que les sostiene el maure [tejido de algodón de 180 x 80 centímetros, vara y media por una] “con que tapan sus vergúenças”10. El maure, pintado, pasa bajo las piernas dejando adelante la menor parte y atrás cuelga casi hasta el suelo.

Tienen el cabello muy largo y cuidado y lo traen cogido, para dejar ver la guirnalda [corona] de diversas formas. Entre más rango tiene el señor o cacique deja crecer más largas sus uñas. Practican muchas abusiones [creencia disparatada] y agüeros “cuando ven venir [lluvia o nubes] todos empieçan a soplar y a escupir cara al çielo y a desviar el agua con las manos para que no llegue…”11

Todos tienen maure, y el cinturón (cincho) que lo sostiene, se distingue según el estatus. Ancho con chaquiras y cuentas de oro para los caciques y su corte; en los comunes (que no son señores) su cinturón es “una sarta de cuentas gruesas”12 y los de menor calidad tienen “un hilo”13 o madeja. Las orejas de todos tienen múltiples agujeros de los que penden varios pares de sarcillos de oro, el cuello lo rodea una cinta de chaquiras terminada en el frente con una joya de oro (sapo o rana). La ropa es un distintivo social, tiene más arte mientras más alto es el estado de quien la lleva, dice Jorge Robledo14

Las fiestas duran varios días; se juntan “muchos caçiques e munchos onbres principales”15. Se bebe mucho vino que ellos llaman chicha y se come poco. La chicha cuando la quieren fuerte la aderezan con yerbas que llaman tabaque [una especie de clavo de olor, anota Hermes Tovar]16. Beben, bailan, cantan y al final de la extrema embriaguez se pelean entre ellos “y se matan muchos unos con otros y desta man(e)ra pasan su fiesta”17

En la provincia de Hombría hay dos señores principales que son obedecidos por toda la comarca. Se llaman Humbruça y Ocuzca. Pero a tres leguas al norte esta la provincia de Yrra que habla otra lengua y es otro señor - cacique, llamado Cananao, sustentado su poder en el dominio de un brazo del río Cauca18.

Las mujeres de Humbría – Anzerma, no gozaban el mismo reconocimiento que los hombres; pero “bien adereçadas y hermosas”, van vestidas con naguas hasta los pies muy pintadas, ceñidas a la cintura. El torso lo cubren con una “como mantellina”, una manta pintada cogida en los hombros con dos puntos. El cabello lo traen largo y muy bien tratado. Ellas solo sirven a sus maridos y ellas son servidas por sus criadas. Llevan los alimentos a su hombre en copas bien tapadas y los prueban hincadas de rodillas, antes que él los coma19. Los habitantes de Humbría – Anzerma comen poca carne, pero si cazan la mucha y rica fauna que tienen. Cuando guerrean toman prisioneros y se los comen. La comida tiene como base las frutas y las yerbas (verduras) guisadas con ají. Van descalzos; tiene camas de esteras, altas del suelo y duermen cubiertos “con sus mantas grandes de algodón”20.

La fe es lo que dicen “algunos yndios hechizeros”. Tienen unos ídolos de madera con caras pintadas arreboladas con muchos colores. Los hechiceros curan los enfermos y pronostican el futuro del paciente. La curación se hace poniendo las manos sobre la parte del cuerpo donde está el mal; se aprieta la carne y se chupa y luego sopla hacia arriba “diciendo // que en aquello que chupan les sacan el mal e lo echan fuera”21. Los hechiceros son retribuidos con joyas de oro y cosas valiosas.

Los hechiceros de que habla Robledo, debemos entenderlos como sujetos especializados en la comunicación del grupo social con su mundo metafísico. Es claro que el conquistador solo ve en los ídolos de colores arrebolados los demonios que trae en su mente. Robledo testimonia que a los hechiceros, sus dioses representados en sus ídolos, se les aparecen por los caminos y en sus casas y les dicen que es su padre y “es el que cría todas las cosas y ansy las del cielo como las de la tierra […] e ansy como lo veen ansy lo pintan”22 en sus maures, en sus cuerpos, en sus caras. No tienen sacrificios humanos pero si invocan el sol y la luna como hijos del ídolo de colores arrebolados, en tiempos de necesidad, de lluvias. Saben que a la muerte irán a estar con su (ídolo) dios (demonio para Robledo) en el “çielo porq(ue) este diablo q(ue) a ellos se les paresçe dize que allí es donde él está y que todos van con él…”23

Los caciques se casan con las hijas de los otros caciques comarcanos; tienen entre diez o doce mujeres y duermen entre ellas o no, según su querer. Se guardan de relacionarse sexualmente con hermanas y las sobrinas, “Fasta tercer grado, de allí arriba no...”24 Se convierte en mujer principal dentro el cacicazgo la que primero se embaraza. Luego, regresa a sus tierra a parir y solo vuelve cuando el hijo tiene tres años. Este hijo de la primera embarazada ejerce mayorazgo; se convierte en heredero del cacique y ejerce autoridad aunque su padre esté vivo. Si este falta el mayorazgo pasa al segundo hijo, que puede ser una mujer.

Las apreciaciones sobre sobre la provincia de Humbría – Anzerma, las termina Jorge Robledo, describiendo el territorio y la forma de enterramiento de los naturales. Santa Ana de los Caballeros se fundó en una loma alta bordeada por dos ríos de aguas claras, a tres leguas de la cordillera de las Barbacoas o del Chocó, de la que se saca “muy grandes cedros muy hermosos...”25. Desde la ciudad se observan todos los demás pueblos con mucha cantidad de indígenas que celebran los tianguez “que en nuestra lengua se dizen mercados donde ellos se juntan a vender y comprar”26. Son indígenas muy entendidos y amantes de las mujeres, ellas y ellos no consienten el “buxarrones [la sodomía] como en otras partes y tiene(n)lo por cosa fea”27. Si alguno roba, el ofendido tiene el derecho de esclavizar al ladrón y venderlo en otro lugar.

Los señores o los caciques cuando mueres tienen una manera de enterrarse. Al cuerpo se le quita la grasa sometiéndolo a “dos fuegos en una barbacoa a man(er)a de parrillas a desaynar [quitar la grasa de un animal] hasta que se para muy seco y después […] le enbixan con aquella bixa colorada…”28 [Achiote]. Se les tiene encasa por dos meses para llorarlos. Le ponen todos los atuendos que usaba en vida, chaquiras en brazos y piernas y las joyas de oro. Las demás joyas que no caben en el cuerpo, el oro demás, lo hacen añicos, aplastan o destruyes su uso, y asi lo entierran con el cacique, como queriendo decir “que pues él muere que perezca todo”29

Se envuelve en gran cantidad de mantas de algodón preparadas con mucho tiempo. Se le lleva a la sepultura cavada en un lugar secreto: “La sepoltura es muy honda [cuatro o cinco cuerpos] e de dentro hecha una gra(n)de bóveda que pueden estar quatro de a cavallo con una puerta que se çierra con unos palos que no se pudren…”30 Matan dos indígenas de su servicio y los ponen uno a los pies y otro en la cabecera. Meten además sus armas, sus sillas, vasijas en que solía beber llenas de chicha y comidas; “y dizen que lo hacen para que coman de noche y ansí escuchan de noche ençima de la sepultura”31.

Dice Robledo que como los indígenas son “abusioneros” [agoreros, supersticiosos] y tienen sus maestros en ello, “hacen creer que hablan e que come e que pregunta por sus padres y por su gente”32 En los dos meses de tenencia del cuerpo muerto del cacique en casa, le cantan en medio de largas borracheras, “endechas”: canciones tristes y lamentables, que narran los actos de vida del difunto.

Quimbaya - Cartago

Provincia quebrada con múltiples cerros y valles, que la hacen fértil y llena de oro. Cartago dista catorce leguas de Ancerma, el río cauca de por medio; y está a nueve leguas del río, arrimada a las sierras nevadas, hoy nombradas como nevado del Ruiz. Del nevado desciendes múltiples ríos pequeños que dejan “muy grandes vegas [llenas de cañaverales] donde los indios tienen sus sementeras e granjerías e grandes arboledas de frutas, hay entre estos cañaverales mucho género de caça [caza] porque aunque hay cañas no es tierra de anegadizos […] sino tierra buena y muy sana…”33

La provincia, está centrada en la ciudad de Cartago y tiene un territorio ancho y largo de diez y seis leguas, totalmente poblado con “más de ochenta caciques”. La ciudad está asentada en un llano entre dos ríos, la tierra es muy buena “donde los xristianos tiene(n) sus granjerías e labranza e a tres leguas de allí tienen muy grandes zabanas pa(ra) para criaderos de ganados.”34

De Cartago – Quimbaya, río Cauca arriba (al sur), a treinata leguas hay una provincia con una lengua diferente a la usada por los indígenas de Ancerma – Cartago. Robledo no la nombra pero si describe su fabulosa cultura. Son enemigos, tienen muchos señores de más “pundonor” que los Quimbaya; “beben en vasos de oro q(ue) […] pesa treçientos castellanos”35. Todos los indígenas tienen muchas joyas; las mujeres visten y se comportan como las de Humbría. Las cucharas y vasijas son de oro mejor labrado que el de las otras provincias. “son de más razó(n) porque no son tan delicados y esto causa ser los indios más ovidientes a sus Señores y ansi tiene(n) mejores casas y mejor arte en su servicio que los de la provincia de Hunbra”36. Los principales caciques se llaman Tacoronvi, Yanba, Çaçaquavi (Zazacuavi), Via y Pindana. Son todos iguales y ninguno le obedece a otro. Se casan entre ellos. Van motilados, son más robustos, más morenos y mejores que los de (Hunbra) Humbría.

Hacía el norte hay varias provincias sujetas y al servicio a Cartago, a catorce y veinte leguas, se llaman Quindío, Carrapa, Picara, Paucura, Pozo, Arma y muchos otros pueblos. Todos tiene distinta lengua y “tienen diferentes las opiniones e sacrificios”37. Pozo, dice Robledo, está en una loma que cae al río Cauca, de difícil entrada. Los indígenas, tienen en sus casas muchos ídolos, unos de la estatura de un hombre, otros pequeños “hechos de madera e con sus ojos y narizes y sus devisas de joyas e sus colores y arreboles como los Señores se ponen…”38 Son indomables, belicosos, viven en guerra con los comarcanos y practican la behetería o la elección de sus caciques o señores. Robledo le adjudica a esta práctica la belicosidad y el irrespeto que tienen por sus caciques; además dice haber sido la provincia que más dificultad presentó para ser conquistada: “el primer día que entré en ella me hiriero(n) mal […] que llegué a punto de muerte […] son muy grandes carnyçiros de carne humana tiene(n) dentro de las casas muchos huesos e calavernas de los hombres que han comydo”39. Sacrifican algunos de sus miembros jóvenes a sus dioses (Robledo dice demonios) poniéndolos “aspados” en unos palos altos dirigidos hacia el sol saliente.

Jorge Robledo en este pasaje sobre los sacrificios, rebela la forma como obtuvo la información: en Paucura “pregunté yo al Señor q(ue) quantos indios sacrificava a los ydolos cada día y medixo que cinco y questo lo hazía de temor del diablo porque no los asolasen a todos y no se enojase le ofreçian los coraçones”40. Observa que los pueblos vecinos de Paucura hacen a diario los mismos sacrificios humanos; tienen la misma forma de portar las joyas y chaquiras. Visten el maure y las mantas.

Arma

Dos leguas al norte de Paucura, está la provincia de Arma. Es diferente. Es grande y rica sin igualar a la de Quimbaya. Está en las laderas occidentales de la sierra nevada, “en un seno que se haze en la misma sierra”41. Hace frío y no se cultiva el algodón. Las indias usan una “panpanyllas ques hasta palmo y medio de paño de algodón que la çiñe(n) al cuerpo”42 El torso y los muslos los llevan desnudos; los indios no usan maure, llevan una prenda de vegetales que parece “papel de estraça [que es como] cáñamo y lienzo basto, que sirve para envolver mercaderías…”43 en España.

Los de Arma son muy ricos en oro, pero no son tan refinados (Robledo dice pulidos) ni en el comer y beber, como los de Quimbaya. Las casas son redondas, bien hechas y grandes; albergan hasta diez hombres con sus mujeres e hijos “e cada uno tiene su apartado dentro donde duerme”44. El Señor - cacique de Arma se llama Maytama quien al igual de otros de su importancia tiene el labio inferior con muchas perforaciones y en ellas “meten unas barretas de oro que los xristianos llamamos barvas porque andan colgando […] los agujeros algunos tan grandes q(ue) la comida se les sale por ellos”45. Llevan además narigueras (o caricoríes) y sarcillos en las orejas. Al encuentro del enemigo van cantando con el cuerpo cubierto de tierras y el rostro con cenizas “que parecían Monstruos”46 Dice Robledo. Son fuertes pero poco astutos para la guerra y si muy dobles en el trato, es decir mentirosos, falsos.

Jorge Robledo con esta observación sobre los Arma, legó a nuestro tiempo un testimonio, un documento de contenido etnográfico y socioantropológico: Ellos tuvieron el espacio organizado según sus ritos religiosos, lo que debe entenderse como una cosmogonía. Estas prácticas para los conquistadores solo era un comportamiento regido por el demonio. Los Arma organizaban su espacio de vida con grupos de seis casas alrededor de una plaza. Casas circulares, formando un círculo alrededor de un redondel de guaduas o “cañas gruesas como dos muslos”47 Las guaduas distan una de otra, uno o dos palmos. Dentro del primer redondel viene otro y así hasta veinte hileras o “rengleras” que forma “como un monte”48. En medio tiene una escalera de seis palmos de ancho adherida a la pared del círculo interno. En las gradas se tienen ídolos y en la cima un lugar para sacrificar indios e indias; “en esta tierra se hace mucho sacrificio al diablo y destos sacrificaderos ay muchos e los más principales son en las plaças [plazas] de los Señores y en la punta de lo alto destas cañas tiene(n) puestas calavernas de hombres”49

 

La referencia a los Arma, se termina anotando sobre el parentesco. Dice el conquistador que solo guardan (prohíben) entre hermanos la relación sexual y esto los hace ser gente grosera, además la tierra no es tan “abastecida de frutas como es la de Quimbaya e Unbra [y por eso] no tienen tanta puliçía”50, se entiende este concepto como gobierno. Ellos mismos se llaman gente de bellacas costumbres: “sygund ellos son de vellacas costumbres”51. Estas calificaciones completamente eurocentristas, manifiestan la argumentación o justificación de la conquista, convicción de Robledo y su hueste.

Cenufaná

Al tratar sobre la provincia de “Cenufama”, en otras partes Cenufaná, distante veinte leguas de Arma, al norte, dice que “se puede entender el gran servicio que a Dios se haze en poblarse esta tierra”52 porque los indígenas, toda esta gente, son grandes antropófagos –Robledo dice carniceros-; celebran con fiesta el tener en sus casas muchas calaveras y osamentas de los enemigos, prisioneros de guerra, que han comido.

Los de Cenufaná tienen una lengua distinta. De Arma a Aburrá, pasando por Cenufaná, hay veinte y seis leguas y por todo el camino se observan “grandes asientos de pueblos antiguos e muy grandes edificios de caminos hechos a mano e grandes por las syerras e medias laderas que en el Cuzco no los ay mayores y todo esto perdydo e destruydo e no ay indio que sepa decir como ha sido ni de que se a despoblado por lo que se puede pensar que los a despoblado las grandes guerras que avido entre los naturales”53.

Murgia

La pequeña provincia de Murguia [Murgia] está en lo alto de la sierra y tiene cinco o seis pueblos. Su gente y lengua son distintos; vivaces, entendidos, son “grandes rescatadores”54 (comerciantes), por las salinas y las técnicas para hacer la sal: Robledo dice “e aparejo de hazer sal”55. Las mujeres y los hombres se visten como los de Quimbaya. Ellas llevan faldas –naguas- largas y ellos mantas. Tiene sus ídolos, sacan oro y comen mucha carne tanto de caza como la de los enemigos. De la Provincia de Murguia se pasa a la de Arma a través de la cordillera de la Sierra Nevada; pero en ese paso hay un valle con un río grande en el medio. En este Valle está la Provincia de Aburrá.

Aburrá

La gente de Aburrá es diferente de todas las otras (se entiende de las otras provincias sometidas por Robledo). Las casas y los trajes son distintos. Los hombres en lugar de cinturón para sostener el maure, -Robledo dice cincho-, llevan “una madexa de hilo colorado o blanco”56 y su pene lo llevan atado del prepucio hacia arriba: Robledo dice: “y su natura cogida arriba asyda por el capillo”55. No comen carne humana, son pobres porque tienen poco oro; pero son grandes labradores, tiene mucha ropa (se entiende que son tejedores y cultivan el algodón) “e mucho de comer ansy de carne como de frutas porque tienen grandes arboledas y están en aquel valle ques muy ancho e viçioso”57. Son beligerantes, tiene armas diferentes como la estólica o tiradera que impulsan “dardos delgados” con gran fuerza.

Estas características de los habitantes del valle de Aburrá, hechas por Robledo, no se quedan solo en el sector del sur y deben extenderse a toda la geografía que hoy abarca el valle. El conquistador sale de él por la “syerra adelante”, y se entiende que salió por el norte y vio los demás pueblos de indígenas. Por ese sector, río del Aburrá abajo, a veinte leguas llegó a la provincia de Amache cuyos habitantes “son flecheros e tienen yerba, son de otra lengua”58. Por ahí también encontró mucha tierra despoblada con caminos anchos, acequias hechas a mano y ruinas de grandes pueblos.

Antioquia

La ciudad de Antioquia se fundó el 21 de noviembre de 1541 en las “provyncias de Ebixico”. Estas provincias ocupan un territorio de más de cuarenta leguas de largo y ancho. Tienen otra lengua, son la gente más cruel de aquellas tierras, más carniceros “e que más se comen unos a otros”59. La ciudad se hizo con la cordillera detrás (Robledo se refiere a la cordillera occidental). En ella nacen cuatro o cinco fuentes de agua que llegan a la ciudad. “En esta provincia ay muchos géneros de frutas muy buenas e más que en Cartago ni Santana [Ancerma]”60. Los indígenas tienen mucho oro que sacan de varias minas y con él compran a los vecinos abastecimientos, para eso usan pesos y medidas, “tienen gran contratación” -dice Robledo.

Los señores –caciques- van acompañados, no tanto como los de Humbría y Cartago y usan maures y mantas y las mujeres llevan las faldas –naguas- largas. Son “muy entendidos y avisados para ser indios”61. Muy crecidos y de gran fuerza. No tienen ídolos pero si se emborrachan y hablan con el diablo que lo tienen por señor. Esta observación incita a pensar que los ebéjicos habían construido un dios abstracto sin representación material. Por eso dice Robledo que los ebéjicos eran “grandes “hecchiceros e myran en abusyones [supersticiones] e cosas porque cuando ellos quieren que los xristianos no pasen por algund camino ponen unas rayces […] hecho en ellas figuras […] creyendo que pasando por allí nos avemos de morir o dexar de pasar”67 En una laguna cercana a la ciudad creían que en ella había una serpiente grande con orejas y ojos, salía y les hablaba y para que no se enojase le echaban comida. Robledo, de nuevo dice ser el demonio que se les aparecía, porque ellos allí bañaban los caballos ante el asombro de los indígenas.

Vecinos de las provincias de los ebéjicos, son otros indígenas de provincias muy pobladas, se llaman Penco, Ytuango, Jundabe, Brero, Porruto, Corome y muchas otras. Están en tierra “rasa e otras en montañas”, entre ríos, arroyos y quebradas llenas de pescado y jaibas. La tierra tiene mucha cantidad de animales; entre perdices y conejos hay un puerco montés “que tienen el onbligo sobre el espinazo”68. Esta fabulación de Robledo delata que en su relación incluye su propia experiencia con los dichos circulantes entre los conquistadores. Nombra también tigres, armadillos, osos hormigueros y zarigüeyas que los indígenas llaman çevo64 (cevo).

En la laguna cercana a la ciudad, en una loma cercana, dice Robleo que hizo poner una cruz: “hize entender a los indios que no la avían de quitar porque aquella hera ynsynia de los xristianos y que la tenyamos en gran veneración porque el que hizo todo el mundo e crió todas las cosas dél nos la avía dado por señal e bandera para contra todas las cosas malas e que ansy ellos la podían tener contra aquel diablo que se les apareçia y que quando lo viesen que hizien aquella señal con la mano o con palos e que luego huiría…”65

Robledo escribe que recién fundada la ciudad los indígenas le tendieron una trampa al momento de pasar por un camino estrecho; pero él lo esquivó y entró al valle haciendo un rodeo y encontró en la loma más de diez mil hombres alrededor de la cruz “lo cual tovimos por milagro no avella quitado porque ninguna cosa nuestra ellos veen que no la deshacen…”; queman las casas donde han estado los españoles y destruyen lo hecho incluidas las cruces.

La anécdota de la cruz tiene especial significado por mostrar las dos actitudes que se confrontas en la conquista. Los españoles prohíben a los indígenas hablar con sus dioses; pero los llaman a hablar con la cruz para que los saque de sus tradiciones. Este pasaje de la cruz en la loma a su vez ilustra esa paradoja de la conquista, por la cual un puñado de soldados españoles vence y somete un ejército de diez mil indígenas; dice Robledo: “En este valle me tovieron los indios cercado tres días en los cuales tuve guazabaras y escaramuzas con ellos donde ovo indio que acometió a dos españoles e hirió al uno muy mal [con] armas arrojadizos […] con un mo(n)tante [espada de palma tostada] […] hasta que estuve en lo alto […] e con los que allí yvan y ansy los desbaratamos e hicimos huyr porque luego subimos los caballos e me fui al asiento donde fundé la ciudad”66

Luego de fundada la ciudad hubo una alianza de los indígenas de Pequy con los ebéjicos para echar a los españoles de la tierra, pero fueron enfrentados por el alférez Álvaro de Mendoza y otros a caballo “tovieron con ellos otra guaçabara e alançearon muchos dellos e a otros hizieron despeñar [los indígenas] se retiraron e nunca más tovieron ánimo de venyr de guerra e salieron luego de paz”67.

Esta dificultad, de tener los indígenas una actitud indomable, hace que Robledo se la explique desde el tratamiento que él dice, haberle dado a los indígenas, es decir, su método de conquista. Y se responde: en el primer contacto que tuvieron con los españoles fueron saqueados y tratados con extrema crueldad. Según se sabe –Robledo no lo dice- fue la incursión de Badillo en 1538: “otros xristianos que avían pasado por la provincia de Nori que avían quemado a los Señores saliéndoles de paz sobre demandarles oro”68 Los caciques le salieron de paz a Badillo y sus soldados. Pero por el afán y la ambición, los torturó y los quemó vivos por negarse a entregar oro. Por eso dice Robledo que a él le tocó trabajar el doble para someter al servicio de la corona los indígenas de la zona de Antiochia.

Antioquia se ubicó a tres o cuatro leguas del río Cauca, para llegar a él todo es cuesta abajo con valles muy poblados. Der la otra banda “está una syerra muy alta la cual es las provincias de Nutabe y Brero ques donde me mataron tres xristianos”69 A quince leguas de Antioquia, río abajo, hay un puente que atraviesa el río, hecho por los indígenas Brera: “es de bexucos muy gruesos e torçidos unos con otros que hacen unas maromas [nudos] gruesas como el cuerpo e tienen sus yngenyos con que las estiran, tienen del un cavo del río y del otro casas en donde tienen çierta guarnición para defender la puente…”70 Los Brera cobran peaje para pasarlo, porque está hecho para comerciar y por allí el río es imposible pasarlo a nado o con balsas. Robledo termina la ubicación de Antioquia haciéndola vecina de las provincias de Nori, Guaca, y Buriticá enclvadas en la sierra de Abibe.

Notas

1. Relación de Anzerma. En Tovar, Hermes. Relaciones y visitas a los Andes. Siglo XVI. Colcultura. Bogotá 1993. Pág. 335.

2. 3. 4. 5. 6. Ídem. Pág. 336

7. 8. 9. 10. Ídem. Pág. 337

11. 12.13. 14. Ídem. Pág. 338

15. 16. 17. 18. Ídem. Pág. 339

19. Ídem. Pág. 339-40

20. 21. Ídem. Pág. 340

22. 23. 24. Ídem. Pág. 341

25. 26. 27. Ídem. Pág. 342

28. Ídem. Pág. 343.

29. Ídem. Pág. 344

30. Ídem. Pág. 343

31. 32. Ídem. Pág. 344

33. 34. Ídem. Pág. 345

35. 36. 37. Ídem. Pág. 346

38. 39. 40. Ídem. Pág. 347

41. Ídem. Pág. 348.

42. Ídem. Pág. 348.

43. 44. 45. 46. Ídem. Pág. 348

47. 48. 49. 50. 51. Ídem. Pág. 349

52. 53. 54. 55. Ídem. Pág. 350

56. Ídem. Pág. 351

57. Ídem. Pág. 350

58. 59. Ídem. Pág. 351

60. 61. Ídem. Pág. 352

62. 63. 64. Ídem. Pág. 353

65. Ídem. Pág. 354

66. 67. 68. Ídem. Pág. 356

69. 70. Ídem. Pág. 357

Imágenes:

indígena con su atuendo de oro en el Museo del Oro Calima en Cali

Indígena en andas

Mujer Caribe por Charles E. Taylor (1888)



martes, 30 de marzo de 2021

Una crónica insoslayable. Segunda incursión de Robledo por el Río Cauca

 

He aquí un acercamiento a uno de los documentos que permite imaginar algunos aspectos del estado de las sociedades indígenas existentes en la cuenca del río Cauca de 1538 a 1542, tiempo del contacto entre europeos y nativos. Esta crónica de Juan Bautista Sardella narra el segundo viaje de Jorge Robledo por la misma cuenca y es más rica en percepciones sobre las gentes, que la de Sarmiento quien narra la primera incursión.

Luego del encuentro con Andagoya en Cali y recibir nueva tropa, Robledo se dirige Cauca abajo, hacia Buriticá, provincia imaginada como una montaña de oro, según sondeos hechos en 1539 - 1540 por Rodríguez de Sosa soldado de Robledo enviado a reconocer territorio. El cronista Juan Bautista Sardella dice que hace una “relación de lo que sucedió al magnífico señor capitan Jorge Robledo, en el descobrimiento que hizo de las provincias de Antiochia”1. De lo cual da fe porque estuvo presente. Cuando fundó a San Juan de los Caballeros [Ancerma] y Cartago, actuó como capitán del “Marqués Pizarro”. Ahora actúa como capitán del gobernador Andagoya que se había apoderado de la tierra. Andagoya le dio a Robledo treinta soldados y con ellos, unos en balsas y otros por tierra, salió de la población de Vijes para reunirlos todos en la provincia de Gorrones. Ahí el cronista observa hechos y costumbres de los indígenas que habitan en la otra banda del Cauca, nombrados como Quimbayas: 

"Estos yndios que aquí abita(n) tienen una laguna de agua grande que tendrá de box(1) una legua. Cí(r)vese del río grande por un canal que los yndios tienen hecho a mano, que sera de tres estados(2) en hondo e de XX e XXV pasos(3) en ancho y cirvese quando el rio crece y las aguas son muy grandes y entonces entra tan gran cantidad de pescado en aquella lag(un)a e se cría dentro ques una cosa de admy(raci)on e al tiempo ques verano y no // llueve tornase a baciar el agua de la laguna y en cierto artificio que los yndios tienen fecho al t(iem)po que se bacia el agua acaese aver en aquella valsa que queda hecha mas de dos estados de pescado e ansy lo sacan e lo asan en barbacoa e tiene(n) hecho muy gra(n)des troxes dello para rescatar con otros yndios·alrededor desta laguna solia haber muy grandes poblazones al tiempo que entraro(n) cristianos en la tierra y de guerras que los unos con los otros (h)an tenido e de las que los (cristianos les dieron se han destruido porque la gente es) yndomable e de muchas trayciones e no hay agora (sino cient casas)(4).

(1) Box: "El ambito o circuito de algun pais marítimo. Pudo haverse dicho asi por alguna semejanza a los boxes con que se cerca el quadro o plantel en los jardines". En Boxear o Boxar, pronúnciase la X como J. (Diccionario de Autoridades (Madrid 1984)) 3 vols.

(2) Estado: "Medida de longitud equivalente a 7 pies; aproximadamente la de la estatura de un hombre, empleada para medir alturas y profundidades." Medida de superficie equivalente a 49 pies cuadrados (María Moliner Diccionario del Uso del Español (Madrid 1966)).

(3) Paso geométrico: "Especie de medida que contiene 5 pies geométricos". Pie Geométrico: "Lo mismo que el pie romano antiguo, que tiene con el de Castilla la proporción, como 1000 a 923." (Diccionario de Autoridades (Madrid 1984).

(4) La parte final del documento original está deteriorada por lo que las frases del texto que se han perdido las colocamos entre paréntesis conforme a lo transcrito por Torres de Mendoza en Colección de Documentos Inéditos... cit.2

Se reúnen las tropas en la provincia de los Gorrones y Robledo mandó llamar a los nativos que estaban de la otra banda del río a que viniesen de paz. Sardella observa la obra ingeniosa de esos indígenas que aprovechan la creciente del río para llenar unos canales y capturar el pescado, cundo baja el agua. Lo secan y comercian con él con los otros pueblos vecinos. Los indígenas, de territorio Quimbaya, atendieron el llamado y trajeron para los españoles, pescado, yuca y maíz. Dice Sardella que sabe que alrededor de estos estanques había gran población, ya desaparecida.

Se ordenó a Juan Ortega avanzar por tierra hasta Santa Ana de los Caballeros (Ancerma) y luego siguiese hasta Palomino, nombre puesto en memoria de un español muerto allí por los indígenas, y esperara el resto. Los del río, a ocho días de camino, y hambrientos, hallaron 

“ciertos ranchos de yndios que son como cabañas [ellos al ver los españoles] toviero(n) sentimiento diéronse muy gra(n) priesa a recoger lo que tenian en canoas y con todo los que más pudiero(n) se fuero(n) el rio aba(x)o [la tropa encontró] choclo ques mayz tierno e melones de la tierra e ahuyamas e yuca e batatas que son unas raizes de buen sabor”3.

 

Además líos de ropa de algodón, blanca y galana y joyas de oro. Mitigaron el hambre. En Palomino los hombres de Ortega y de Robledo se encontraron, compartieron comida y avanzaron río abajo. Robledo mandó a la Gente de Santa Ana de los Caballeros [Ancerma] hacer “ahumad(a)s en las syerras”4, señales de humo, para orientar la marcha.

Se percibe la conquista de una sociedad con una cultura tecnoeconómica plenamente racional, que utiliza el pensamiento para ordenar el cosmos y darse a sí misma un orden cosmogónico correspondiente. La obra indígena descrita por Sardella causa admiración a los conquistadores, seres que desprecian la humanidad del indígena; por eso es necesario cambiar la mirada. La cultura indígena era en 1541 una muestra de la aplicación original y distinta del ingenio humano para dominar la naturaleza. La lectura de los cronistas que acompañaron a los conquistadores exige pensar las sociedades indígenas prehispánicas como dueñas de un mundo coherente como lo son todos los mundos construidos por los seres humanos. Las distintas reacciones de los nativos ante la imagen vívida del conquistador es muestra del fin del mundo aborigen, del fin de esa coherencia. Los grupos sociales geográficamente ubicados tenían todos los elementos de sociedades en movimiento. Como sedentarios agricultores, estaban en guerra permanente con los vecinos expansionistas. Según las noticias de los cronistas, esas comunidades aceptaron rápidamente el dominio español porque su principio cosmogónico era la paz. Esta observación es deducible con la respuesta de los Gorrones dóciles, del alto chocó; contario a los belicosos Armas del Cauca medio.

La yuca, el maíz, las ahuyamas, las batatas (papas), el pescado, la ropa blanca de algodón, las casas, son testimonio de una sabiduría y unas prácticas culturales del sedentario que mide la geografía y mide el cielo desde su sede. El concepto de “ropa de algodón, blanca y galana”, debe entenderse como un traje decorado con imágenes del mudo simbólico, bebido a su vez de la vida tecnoeconómica. El trabajo del oro, el algodón y la tierra se expresaron en una religión o sistema de creencias señalado a cada tramo recorrido por el conquistador como “culto al demonio”. El demonio para el conquistador embebido por su cielo cristiano poblado de ángeles y santos, era el zoomorfismo indígena. El jaguar americano, imagen de poder superior a imitar por los nativos, se representaba en ídolos e imágenes tridimensionales y se ubicaba en santuarios, miserablemente quemados por el invasor.

Así la apariencia del indígena estaba acorde con su mundo mental. La imagen que expresaba su socius era zoomorfa: La cabeza albergue del pensamiento, surca los aires y ese vuelo se materializa en ponerle el plumaje de las aves más expresivas e impactantes a la vista. Los hombros, parte elevada del cuerpo animal soporta las pieles de los felinos vencidos y consumidos para atrapar su fuerza, velocidad y destreza. El torso lo cubrían innumerables cuentas preciosas y muchas veces pectorales de oro. Las piernas ligadas por cordeles y estelas de cuentas y chaquiras, sostenían unas calzas mínimas protectoras. Y toda la piel envijada (envigada). Ese fue el indígena observado por el conquistador, en pie de guerra. Pero el europeo vio sus demonios en ellos.

La ropa de algodón, blanca y galana, indica otro estado de los cuerpos dentro del socius indígena: es el tiempo del reposo y de la paz. El vestido blanco galano (decorado) indica un uso para el debate, impartir órdenes o hablar del nos. Es un estado distinto a la guerra que exige otra indumentaria. Los indígenas huyeron con el vestido de la guerra y dejaron el vestido de la paz.

Robledo partió de Palomino y mandó hacer señales de humo en las sierras de Ancerma para que sirviese de guía a las tropas que al avanzar río abajo incursionaban a lado y lado en busca de poblaciones de nativos grandes que ameritaran someterlos y ponerlos en servidumbre. A los tres días cayeron en un raudal que les destrozó las balsas y puso en peligro a la expedición. De nuevo el hambre se posó sobre la hueste conquistadora y dice Sardella que salieron de esa “e escaparon a Dios misericordia”5.

En este pasaje de los raudales del río, una balsa quedó anclada sobre una piedra y a punto de caer a un enorme remolino. El contenido de la balsa (mujeres, hombres y cosas) fue rescatado por unos indígenas de servicio que hacían parte de la expedición. Aquí hay otra observación de hechos y costumbres de los indígenas: 

“y otra valsa en que ciertos españoles ivan, se quedó caballera sobre una peña en medio de aquel raudal y en ninguna manera pudo de allí salir con los que en ella estavan porque ningún nadador avia […] y alli el capitán dió cierta industria como de alli los sacase(n) e fue que algunos de los yndios que en nuestra compañia iva(n) pa(ra) nuestro servicio se atreviero(n) a entrar en el rio hasta ponerse en una peña q(ue) (e)staba algo cerca de la en que la valsa estava y los arrojaron una maroma recia hecha de cabuya y con esta ataro(n)la a la valsa muy rezio y en tierra ataronla a un árbol grande y luego diero(n) otra maroma y con esta postrera cada uno dellos se atava por el cuerpo y puestas las manos en la otra en que estava atada tiravan los de tierra por la con que estavan atados y medio ahogados como cuando sacan algun pescado grande con anzuelo los sacaro(n)…”6

Las “maromas de cabuya” refieren cuerdas fuertes que soportaban grandes pesos. Aquí se emplean dos términos que conceptúan los dos mundos enfrentados en ese momento de la conquista. La maroma indica las cuerdas utilizadas en las naves para elevar las velas u otros usos de navegación en el mundo español europeo; y cabuya es la fonetización castellana de la palabra indígena para indicar cuerda. La cabuya, para ese año de 1540, estaba generalizada en centro y parte de Suramérica, donde se cultivaba el fique. Ese producto de la cultura tecnoeconómica aborigen es testimonio de un pensamiento ingenieril: el cultivo, la cosecha, el beneficio, el tratamiento para extraer la fibra y al final tejer los objetos para el uso cotidiano o para el intercambio. Este saber técnico incita a pensar en la existencia de especialistas en las sociedades indígenas.

Se pasó el raudal y el hambre los obligó a buscar “algún poblado de yndios donde poder tomar algun refrigerio de comida”7. Seguían en la banda izquierda del Cauca. Se encontraron con “el comendador Hernán Rodríguez” que había salido de Ancerma a buscarlos. Todos hambientos se dirigieron al pueblo de Angasca, distante ocho leguas, del cual es “señor un indio llamado Hipa”. Allí estuvieron ocho días y fueron regalados con “mayz, yuca, frisoles, axis”8. Hipa y sus indígenas de Angasca llegaron acompañados de perros mudos [hoy desaparecidos], parecidos a los gozques castellanos, dice el cronista.

Tras Hipa llegaron otros señores de la tierra con sus indios a ver al capitán Robledo, porque en su ausencia se declararon en guerra contra el español conquistador. Robledo les pidió que fuesen a verlo a la ciudad de Santana (Ancerma). En esta fue recibido con fiesta por los españoles y “los caciques llamados Ocusca, Humbruça e los Fanfarrones e Guarma e Chatapa e Unbria”9 que estuvieron alzados y fuera de servidumbre por la ausencia del capitán. Robledo a su vez les hizo fiesta a los indígenas por estar de regreso y no los castigó, los arengó; les hizo una plática llamándolos a no rebelarse más y a aceptar la religión católica y la servidumbre para el rey de España. Los indígenas explicaron que se habían revelado porque “el governador Velalcazar vino a la tierra que con la mala maña que se dió se alzó mucha della y mataron muchos españoles”10.



En este pasaje se resalta el método de conquista de Robledo. Antes de emplear las armas hablaba a través de los indios ladinos llamados lenguas, de las necesidades que tenían los nativos de aceptar la servidumbre y dejar el culto al diablo para entrar a adorar el dios cristiano. La oratoria de Robledo, la apariencia, las armas, los caballos, la superioridad militar, contaron mucho para someter a los indígenas. En el año 1539 había peleado con Ocusca y lo había sometido. Ahora que regresaba en el año 1541, Ocusca manifestaba ser obediente solo a Robledo. Pero el capitán los llamaba a permanecer quietos y estos aceptaron, al punto que los veinte españoles que había en Ancerma ya podían caminar tranquilos por ahí. “ansi lo hizieron que después un español solo andava por toda la tierra lo que hasta ella no hazian XX y en esto, los naturales mostraro(n) el grande amor y mucha afición que al dicho capitán siempre tovieron por los haber él conquistado y buenos tratamyentos que siempre les hizo”11

Estando en Ancerma, Robledo recibió noticia del estado de guerra en la provincia, distante dos leguas, llamada Apia y de los indios Quimbaya de la ciudad de Cartago. En el tránsito hacia Apia debió someter al cacique Tucarma de los indios Chatapa: un muchacho de veinte años, muy revoltoso, dice el cronista, pues mataba a los indígenas cristianos que iban a servir a los españoles. Tucarma fue condenado a la horca y antes de ser ejecutado se declaró cristiano; “con las lenguas le hizo entender como por las cosas y delitos que avia cometido avia de morir que se tornase cristiano y toviese bue(n) corazón con Dios Nuestro Señor”12. El joven cacique, vencido aceptó las condiciones del conquistador, un soldado que se presentaba como dador de muertes justas a los vencidos. A los caciques de Apia los capturó, los llevó a Ancerma y les habló; les advirtió aceptar el “dominio de su magestad e al conocimiento de nuestra Santa Fee Cathólica e que si no querían venir a él les haría la guerra y los detruyría”13.

El dos de enero de 1541 pasó el río Cauca por Irra a cuatro leguas al norte de Ancerma para entrar en la provincia de Quimbaya, donde fue bien recibido por todos los señores de la tierra, “le saliero(n) de paz con gra(n) cantidad de indios cargados de comidas de vollos, choclo que es mayz tierno, e pixavaes, que es una fruta que llevan una palma de allá, e guamas e otras frutas, e para llevar el realaje e se fueron con el capitán hasta la cibdad de Ca(rta)go…”14. Fue de admiración dice Sardella Como los indios un mes antes estaban de guerra y al ver el capitán venían en multitud a verle y prometerle la paz y la servidumbre. Para garantizar la paz y la permanencia de los indios se sembró gran cantidad de maíz y así garantizar el sustento de Cartago. Allí en este furor, Robledo tuvo noticia del valle de Arvi comarcano del valle de Quindio. Para ver un posible camino envió a Álvaro de Mendoza. Al cabo de varios días Mendoza volvió e informó que en el valle del Quindío los indios le salieron de paz y le dijeron que Arvi estaba muy lejos por un camino intransitable para caballos; y allí comieron un frutilla amarilla como uvas que los emborrachó por un día y una noche. La fruta es

“como huvas que dan unos árboles como majuelas de España la qual tiene muy buen sabor e como los españoles la provaro(n), comiero(n) della y dezían que nunca tan buena fruta avían comido, e metiéronse mucho en ella y de ay media ora, todos los que la comieron salieron fuera de seso y estoviero(n) deste arte un día y una noche”15 hasta que el frío de la noche los hizo volver.

Ante la imposibilidad de entrar a Arvi por el Quindio, Robledo retornó a San Juan de los Caballeros y en el camino recibió información de Andagoya por Gerónimo Mejía y el capitán Francisco Vallejo, de cómo había llegado un nuevo gobernador enviado por Belalcázar llamado Pedro de Ayala. Vistos los poderes y provisiones en los cuales no estaban la provincias sometidas por Robledo (Cartago, Quimbaya, Carrapa, Picara, Paucura, Pozo, Arma e Ymatama) y además esas provisiones mandaban hacer salir de la tierra a Pascual de Andagoya, Jorge Robledo decidió seguir adelante con su expedición de conquista el veinte de abril de 1541.

Con ochenta y cuatro soldados, treinta a caballo y cincuenta a pie, la expedición rodeaba las sierras nevadas [nevado del Ruiz] como girando sobre un eje que prometía las riquezas afamadas de Arvi. Afamadas por los indígenas que lo hacían aprovechando las ansias de oro de los conquistadores para librarse de ellos y señalarles otras tierras fabulosas; ellos mordían siempre el señuelo y partían en su busca. En Paucura Robledo “hizo su alférez a Alvaro de Mendoza y escuadras de a cavallo a Gerónimo Luys Texelo e a Diego de Mendoza y escuadras de a pie a Juan de Frades y Pedro de Matamoros”16

“Costeando las sierras nevadas” siguió y asentó el real en la provincia de Arma en la margen derecha del Cauca. Allí Robledo recibió, tras previo llamado a los señores de la tierra. Los primeros en llegar, un

“biejo con unas barbas canas que otro nunca se vió en aquellas provincias […] otro era mançebo gentil onbre venia muy pintada al cara de amarillo e azul e negro e todo el cuerpo untado con una resina de árboles que huele e por encima dado con un polbo que se llama bixa es colorado de árboles, es para defensa del sol y aprieta mucho las carnes…”17.

El mancebo se llamaba Çirigua de aspecto grave y venía con “otros indios que traya dos con una vara larga gruesa puesta en los honbros dellos y venya toda llena de chagualas [narigueras] de oro como platos medianos y coronas y otras joyas metidos en la vara”18 El viejo traía una olla llena de oro. En Arma recibieron asaltos de indios belicosos y les quitaron al real algunos indios de servicio, los cuales fueron puestos en barbacoas y comidos. Dice el cronista que la tierra de Arma es áspera con muchos despeñaderos por los cuales se rodaron cinco caballos de seiscientos castellanos y un español llamado Pineda.


Prosiguió el ejército conquistador nombrando pueblos y lugares según los encontraran habitados: Pascua, Blanco, Çinufana. De este último los indígenas hulleron y de nuevo Robledo tomó algunos prisioneros, los arengó y los envió a que convencieran a los demás de venir ante él. Así ocurrió, los demás perdieron el miedo y llegaron en paz y con oro.

Esta práctica caracterizó la conquista: el secuestro, las arengas a través de los indígenas ladinos llamados lenguas, y la violencia y el exterminio si fallaba el parlamento. Los indígenas tuvieron noticia de la llegada de ese ser extraño de aspecto terrible. Lo esperaban y cuando lo tuvieron de frente operaba las más de las veces el miedo. Por todo el territorio del nuevo mundo circulaba un mítico relato de un diluvio próximo, y ante la aparición del ser humano europeo, los indígenas creyeron en el inminente cumplimiento del mito.

Una avanzada enviada al mando de Juan de Frades por el río Cauca abajo descubrió el pueblo de los Qurquy, cuyos habitantes huyeron por la otra banda del río al ver los españoles; dejaron “mucha cantidad de algodón de que en el real había falta para hazer armas”19. De Çinufana el capitán Robledo pasó a un pueblo llano con más de diez mil indios alzados y lo llamaron de las Peras. Los indígenas organizados en escuadrones se burlaban de las pretensiones de los españoles quienes les mandaban decir que viniesen de paz. En la noche se envió al alférez Álvaro de Mendoza con soldados de a pie a entrar y caer sobre los nativos; Mendoza tomó muchos indios y los llevó al real. Luego vieron

“fasta quatro mill yndios de guerra e bajaro(n) junto al arroyo donde el capitán yva y con él yvamos fasta cinco de a caballo e los yndios venían en orden de guerra e traya(n) sus cordeles pa(ra) atarnos e sus pedernales e cañuelas que ellos tienen por cuchillos pa(ra) hacernos piezas e comernos […] e como viero(n) que éramos tan pocos de a caballo e que no nos yvamos aunque los viamos llegarse a nosotros pararonse y empezaro(n) a tocar tambores y voçinas e a vaylar e hazernos gestos y darnos grita y hacían la p(e)rneta e haciendo otros muchos visajes diziendonos que nos fuésemos de su tierra”20

Bastaron las palabras de Robledo para que ellos depusieran las armas y se acercaran a él temblando para ofrecerle la joya pendiente del cuello: “y allegavanse temblando que no se podía(n) tener en pie de myedo al capitán y cada uno le ofrecía la joya de oro que al cuello traya"21. Reunidos en el real los indígenas convencidos por Robledo y los prendidos por Mendoza fueron sometidos a una plática para hacerles entender que ellos no venían por oro, sino a traerles el nombre del rey de España para reducirlos al servicio y a la santa fe cristiana.

En este pasaje hay elementos para construir una imagen de un aspecto de la vida indígena localizada en lo que hoy se llama Amagá, avistada y nombrada como el Pueblo de las Peras. La versión del cronista de los hechos es incoherente. Los indígenas en armas que realizan todos sus rituales guerreros, no iban a deponer sus armas y a entregarse por escuchar algunas palabras del conquistador. Debió mediar el sometimiento militar y la matanza para domeñar el retumbar de los tambores, los visajes o gestos guerreros y las pernetas o movimiento de las piernas, prestas al ataque. Acá está la intensión del cronista de suavizar la conquista y hacer aparecer al invasor como un salvador lleno de comprensión para con el orden indígena. Hermes Tovar22 calcula en 800.000 el número de indígenas antes del contacto con los españoles y el recuento que hacen los visitadores al final del siglo XVI solo se cuentan 265.000. Esta información es básica para ser incrédulos ante el acto de dominación de un ejército de cuatro mil guerreros indígenas con solo algunas palabras. El ejército indígena del pueblo de los aguacates, armado de pedernales y cuchillos de palma tostada, metidos en un ritual contra los enemigos fue vencido y masacrado hasta el miedo trémulo y aceptar la dominación y la servidumbre.

Desde el “Pueblo de las Peras” el capitán Robledo envió a Juan de Frades a explorar hacia las sierras nevadas y Juan, antes de la noche dio con un pueblo de indios (es posible según la dirección es el actual Santa Bárbara). Luego de perder el miedo por mediación de “la lengua” (el indio ladino) el traductor “se llegó a él un principal con una corona de paja muy sotilmente labrada todo emplumajado y los cavellos coxidos en la cabeza y un cuero de nutria colgado de pescuezo, hechado en las espaldas y todo pintado de bixia que parecía un monstruo…”23. Este principal, con otros fueron con Juan de Frades a hablar con el capitán. Con ellos Robledo se infrmó de los pueblos alrededor de las sierras nevadas. Y según la constante, estos principales indicaron que había una provincia de la otra banda de la sierra donde estaban, que tenía guerra con ellos. Fue una constante la búsqueda de los indígenas de la ayuda de los conquistadores para ponerlos a su favor en las guerras con sus vecinos. Se movió Robledo hacia el norte y llegó al pueblo “que se dice en su nombre Murgia y nosotros le pusimos por n(ombr)e de La Sal porque se halló mucha ynfinidad della de manera de panes de azúcar, algo morena, hecha de fuentes saladas que ellos tenían…”24 Los indios le vinieron con comida y presentes de oro.


Siempre teniendo como referencia las sierras nevadas (hoy el nevado del Ruiz), desde Murgia Robledo envió a Gerónimo Luis Tejelo con veinte soldados de pie y a caballo a explorar pasando por “una abra” en dirección a ellas. Tejelo dio con un valle “que en lo baxo del pareçía aver cierta poblazón”25. Fueron recibidos por mil guerreros indígenas convocados con “atambores y bozinas”. La batalla, llamada por el cronista “guazavara”, duró tres horas: los indígenas hirieron siete españoles y mataron varios caballos. Al final los españoles vencieron y obligaron a los indígenas a meterse en sus bohíos. Se volvieron a juntar tres mil guerreros armados con dardos largos de palma tostada, macanas que “son como espadas de a dos manos también de palma”, hondas y estólicas “que es un arma de las más peligrosas que en aquestas pa(r)tes se halla y se tira la vara encaxada en un palo de dos palmos [y] va más rezia que con flecha”26; pero fueron rotos y perseguidos hasta una legua dentro del valle. Tejelo “mató alguna gente y desta vez quedaro(n) tan ostigados, que nunca más tornaro(n) al pueblo”27.

Informado Robledo, trasladó el real para ese valle, porque había comida para más de dos meses: maíz, fríjol, “cories que son como conejos salvo que son más chiquitos […] e muchos perros medianos como los de Castilla salvo que son mudos”28. Los indígenas nombraban la provincia con el nombre de Aburra y los conquistadores le pusieron el nombre de valle de San Bartolomé. Todos los indígenas incluidos los comarcanos vinieron de paz. Dice Sardella que algunos indígenas ante el español “ansi como los vían se quytavan una manta de vara y m(edi)a de largo e de una en ancho con q(ue) traen atapadas sus verguenzas, qytarsela e darse una vuelta al pescuezo y a(h)orcarse […] porque se espantaban de ver a los españoles e de las barvas e que […] no era sino q(ue) e(l) diablo los engañava”29. Esta palabra, diablo, puesta por el cronista Sardella en boca de los indígenas debe entenderse como la invocación de sus dioses. Se sintieron engañados por sus dioses al ver la imagen del español. Esta es la traducción que “la lengua” le hacían a los soldados conquistadores; pero la imagen de los dioses zoomorfos equivalía demoníaca para el europeo. La manta de vara y media, equivalente en metros 140 por 80 centímetros, eran dimensiones para mucho más que solo cubrir las “vergüenzas” y debe entenderse como un vestido.

Si el pequeño ejército de Robledo pasó de Murgia al valle de Aburrá, debió entrar por el hoy San Antonio de Prado y asentarse en la goteras del hoy Itagüí. Desde ahí, el capitán envió a Juan de Frades río abajo (hoy río Medellín) a que viese ciertos pueblos de los que había noticia “fue e dio en el pueblo llamado Curqui e truxo algunas piezas de las cuales el capitán se informó de la tierra e le dieron larga relación de ella”30. Y a Diego Mendosa lo envió por la mano derecha del río, el cual volvió y dijo haber visto solo tierra llana y unas sierras fragosas hacía el río grande (el Cauca). Mendoza fue enviado luego a mano derecha de esas sierras fragosas donde “caya el valle de Arvi por aquellos llanos quél avía visto, a ver lo que avía, el cual anduvo por allá […] veynte días [no halló] poblado sino ciertos boyos como a manera de bentas”31, distantes dos leguas entre ellos y con sembrados de maíz, yuca y grandes acequias para riego: eso informó a Robledo, quien lleno de intriga por Arvi interrogó a los idígenas lenguas y ellos le hablaron de más de cincuenta pueblos, pero cuando se les comprometió a servir como guías “desatinava(n) e no savía(n)”. Luego el capitán Robledo con ocho jinetes y varios peones fue a ver por sí mismo lo de Arvi “e nunca pudo hallar poblado puesto q(ue) halló muy grandes hedificios antiguos destruidos e los camynos de peña tajada hechos a mano más anchos q(ue) los del Cuzco e otros bohíos como a man(er)a de depósitos”32

Robledo salió del valle de Aburra, luego de comprobar que en Arví solo había ruinas antiguas. Volvió atrás, a Murgia y al pueblo de las peras (hoy Amagá). El cronista dice que pasaron las sierras nevadas; pero debe entenderse que por tal nombre se concebía toda la tierra entre Quimbaya y Aburra, margen derecha del río Cauca. Por eso al tornar, volvió al río Cauca y dio con el pueblo de indios de Torbura: “Aquy en este publo se hallarlo(n) tan grandes panes de sal como una estatura de hombre mucho mayz e aquy estovimos quatro días e el capitán mandó levantar el real e nos fuimos dos leguas, el río abajo a donde se halló otra poblazo(n) donde estovimos algunos días, en los quales el capitá(n) tuvo noticia de un pueblo que se dice Tahami q(ue) (e)stá de la otra vanda del río…”33

Se enviaron nadadores y prendieron algunos indígenas y “mucha cantidad de ropa de algodón muy pintada e galana de que avía gran necesidad en el real pa(ra) hazer de vestir…”34. El cacique de este pueblo Tahamí salió e informó, después de ser preguntado, que los edificios antiguos hallados en “la provincia de Aburra” habían sido destruidos por el señor de los Nutabe y Brero, provincia que la encontrarán adelante, río abajo: “tierra muy rica e que avía muchas campanas, patenas e coronas e otras armaduras de indios todas de oro e muy ricas sepol//turas de oro donde los indios se enterravan e que había tantos indios como yerbas en el campo…”34

Con un guía facilitado por el cacique Tahamí se envió al Capitán Vallejo con cuarenta hombres para que fuese a ver los Nutabe. Dos días después, Vallejo entró por un río que lo llevó a una montaña de extremo frío por el cual murieron indios e indias cristianos de servicio de los conquistadores. Allí estuvo cinco días. Pasada la montaña, toparon otro río “que ponía temor oyrlo que parescía que bramaba…”. Lo pasaron por una “zeyva” tan gruesa como cuatro cuerpos, tumbada sobre piedras y un tramo “y de allí adelante avía unos bejucos tejidos que son como mimbres de España, texidas de tres palmos de ancho con unas barandillas de los mismo…”35 Dejaron los caballos y a las dos leguas encontraron otro meandro del río con otro puente indígena de bejucos. Lo pasaron y, ya entrada la noche vieron claramente candeladas en los bohíos de los indios. Al siguiente día divisaron una gran población de nativos y fueron atacados: “un escuadró(n) de mucha cantidad de indios todos con sus arcos y flechas e muy envixados y untados de aquel betún que ellos tienen y con sus penachos dando muy grandes alaridos…”36. Los conquistadores bajo una lluvia de flechas, soltaron a los cautivos, mataron los indígenas que pudieron y retrocedieron. En el puente de bejucos los españoles vivieron un drama: los idígenas “con muchas hachas de piedra” cortaron los bejucos y un español llamado Juan de Torres, flechado, que había atravesado la mitad cayó al río: “los indyos viéndolo dan con las manos a la puentea (sic) y hazenle dar muy grandes bayvenes de una pa(r)te a otra hasta que […] le echaron della abaxo…”37

Murieron flechados cuatro conquistadores (entre ellos Pedro Muzientes y Juan de Torres). Vallejo ante Robledo relató lo vivido y dijo que era cierta la noticia que les habían dado en la provincia de Aburra sobre los Nutabes; recomendó al capitán Robledo no entrar allí porque no saldrían vivos. Pero Robledo arengó a los conquistadores diciéndoles que sería mejor morir en el combate que ser recordados como vencidos. Con todo el real tomó otro camino para entrar contra los Nutabes, a pesar de las protestas que le decían que ellos solo eran setenta y se necesitaban cuatrocientos hombres. Robledo siguió adelante; pasó el real por el río explorado por Vallejo con dificultad y dio con “una provincia que se dice Curume”. La entrada a dicha provincia tenía dos altos con indígenas apostado para echar a rodar “las galgas, que son unas peñas grandes que ellos suele(n) ajuntar en los altos para desde allí arrojarlas abaxo e antes que del todo cayga(n) […] hazense muchos pedazos e aquy salta uno e acullá otro e son muy peligrosos,…”38 Con hombres de a pie y a caballo se sorprendió a los indígenas apostados y se pudo entrar. Robledo se alojó “en unos aposentos grandes que eran del caciq(ue) [Currume] y todos los demás en otros aposentos que avía a la redo(n)da…”39 Información clave que testimonia la organización circular del espacio de vida de los indígenas Nutabes.

Ante los llamados de venir de paz hechos por el capitán “respondían nos avían de comer a todos que aquella era su tierra que nos fuésemos della que no querían paz…”40. Por eso Robledo decidió someterlos por la violencia de las armas. Pero la carencia de herraduras, desanimaba a los soldados. El capitán mandó montar una fragua para hacerlas. Los conquistadores divididos en dos escuadrones dirigidos uno por Vallejo y el otro por Juan de Frades, sometieron la provincia de Currume. Robledo dejó ahí el real a cargo de Álvaro de Mendoza; luego entró al cabo de dos días, a la provincia de “Hebexico” (hoy Ebéjico) donde los indígenas avisados dejaron sus casas y andaban por los montes en bailes, tocando tambores y dando gritos, actos que deben entenderse con rituales de guerra. 

El cronista refiere el territorio de Ebéjico como una seguidilla de pequeños valles separados por quebradas y colinas. Desde que fue avistado por los naturales de la tierra, Robledo recibió mensajeros indígenas que en medio del temblor que les causaba la presencia del europeo, lo invitaban a seguir adelante porque allí encontraría oro y comida. Robledo le manifestó a sus hombres como aquellas invitaciones le parecía una trampa. Envió un avanzada al amanecer y prendieron muchos indígenas que pernotaban en un arcabuco (montaña de espesa vegetación). Presentados ante el capitán fueron arengados con la misma plática repetida en todas las partes donde iba: decía venir a tomar posesión de las tierras para el rey de España y llamaba a los indígenas a someterse y servir a su majestad. Con las lenguas (indígenas ladinos, traductores) incitaba a los cautivos ir donde sus señores o cacique a decirles que ellos no venían a matarlos sino a enseñarles la fe cristiana y hacerles entender “como reyna(n) Dios que era el que criava el cielo y las estrellas el mar y las arenas y el que les dava todo lo que avía(n) menester y que si ellos querían ser su amigo él les ayudaría contra los que les hacen guerra e si no que tanbien se la haría a ellos e los mataría a todos…”41.

En Ebéjico se evidenciaron tres actitudes: una, el miedo de los pobladores naturales ante el europeo; miedo que revelaba la creencia en la divinidad de los conquistadores, prestigiada en el continente desde 1492 a través del sistema chasqui y reforzada por los sentimientos diluvianos comunes desde los aztecas hasta el Tawantisuyo incaico. Segunda, el provecho que los indígenas sacaban a la ambición por el oro de los españoles; es una constante en las crónicas sobre Robledo el señalamiento de los indígenas de otros territorios vecinos con poblaciones más ricas, para hacer que los conquistadores los dejasen tranquilos. Tercera, la superación del miedo, luego de comprobada la humanidad del europeo y la decisión de ingerir la carne de ese enemigo para adquirir sus atributos, contenido básico de la cultura indígena. Por eso mostraron la decisión de pelear y dieron la batalla; además el primer contacto con los conquistadores fue cruel por el bandidaje genocida ejercido por Vadillo en Buriticá en 1538

Los españoles para quebrar la resistencia de los Hebexico enviaron “a P(edr)o de Barrios de a caballo que tomase un perro […] e espantase aquellos indios […] de que los indios lo oyero(n) e vieron el caballo y el onbre ençima cosa nunca vista en aquella partes huyero(n) como si el diablo llevara(n) en el cuerpo…”42 El perro al despedazar un indígena y la visión del hombre sobre el caballo, fueron hechos que garantizaron la victoria a los españoles y explican como millares de indígenas fueron sometidos por ochenta soldados: en la conquista infuyó a favor de los españoles la metafísica nativa indígena. En Hebexico se instaló una cruz en uno de los cerros. Fue abatida por los indígenas; pero luego de ser derrotados, ellos sin mediar mandato la volvieron a erigir, lo que maravilló a Robledo: “y otro día e mañana como amaneció paresció la cruz puesta de que no poco nos maravillamos y tomando aquel alto donde estaba puesta por algunos españoles sin peligro ninguno le pasamos…”43

De nuevo en Currume, Roble encargó del real a Álvaro Mendoza se fue a descubrir. Pasó la cordillera que estaba por encima de Currume y dio con las provincias de Penco, Purruto y Guaramy. Todas con los indios huidos. Siguió, pasó por otras cordilleras y a ocho leguas entro “al segundo valle de la provincia de Hebexico donde el capitá(n) estuvo aposentado”44. Los idígenas armaron escuadrones y amenazantes hacían el ritual de guerra. Esta vez Robledo no tomó rehenes apara arengarlos. Envió en la noche al capitán Vallejo y a Antonio Pimentel, quienes al alba cayeron sobre los indígenas y les hicieron gran daño. De nuevo el cronista esconde la gravedad de la muerte: ese gran daño debe entenderse como matanza; y fueron heridos algunos españoles.

Robledo quiso retornar a Currume; pero vio la “loma de la cruz” tomada por más de veinte mil indígenas en actitud de guerra copando todos los pasos en los que tenían apostadas “muchas galgas”. El capitán estuvo cercado tres días. Decidió atacar y mostró el poder de las armas españolas ante las indígenas. Los conquistadores los hicieron huir y prendieron “çiertos gandules [indígenas notables] en los quales se hizo justicia”45: una vez más debe entenderse la aplicación de un castigo ejemplar, una muerte atroz y ejemplar. Pero seguían llegando escuadrones indígenas y como Robledo vio el peligro, en la noche dividió sus soldados y atacaron en distintos frentes poniendo en fuga a los indígenas. Se mandó traer el real para Hebexico y allí ante todos, el capitán manifestó su intención de “poblar una cibdad”. Tejelo enviado a recoger bastimentos vio en un valle cercano venir “mucha cantidad de indios en esquadrones de la provincia de Ytuango en favor de los de aquella e Hebexico…”46. Gerónimo Luis Tejelo, Martín Bocanegra y Ávaro Mendoza en sus caballos, lancearon los indios: “Mendoza lo hizo bien aquy este día que lanceó más de veynte indios e asy mismo los otros dos”47.

Y Robledo el veintiuno de noviembre de 1541 “en nombre de su magestad y el governador Belalcázar fundó una cibdad que la yntituló Antiochia e nombró por alcaldes ordinarios al capitán [Álvaro] Mendoza e a Diego de Mendoza e por regidores al capitán Vallejo e a Juan de Buste e a Francisco de Avendaño e a Francisco de P(ére)z Zambrana […] e repartidos los solares, tierras y estancias a los vecinos pobladores…”48 El capitán con sentimiento de haber cumplido con la promesa de fundar una ciudad partió hacia España en 1542; pero antes dominó y pacificó la provincia de Peque, lo que le trajo el reconocimiento y alegría de los Hebexicos por ser tradicionalmente sus enemigos. Tomó el camino de Urabá con doce soldados. Siguió la ruta abierta cuatro años atrás por Badillo: Nori, Buriticá, Guaca, Cunas, San Sebastián, Cartagena.

Notas: La primera nota está tomada de la transcripción de Pacheco hecha en el siglo XIX. El resto de las notas se toman de la transcripción del profesor de la Universidad Nacional de Colombia Hermes Tovar publicada en 1993.

1. Pacheco Joaquín y De Cárdenas Francisco. Colección de documentos inéditos, relativos al descubrimiento, conquista y colonización de las posesiones españolas en América y Oceanía, sacados, en su mayor parte, del Real Archivo de Indias. Tomo II. Relación del viaje del capitán Jorge Robledo á las provincias de Ancerma y Quimbaya. Madrid: Imprenta Española 1864. Pág. 291.

2. Nota tomada de la transcripción del original hecha por Hermes Tovar. En Tovar, Hermes. Relaciones y visitas a los Andes. Siglo XVI. Colcultura. Bogotá 1993.

3. “RELACION DE LO QUE SUBCEDIO AL MAGNIFICO SEÑOR CAPITAN JORGE ROBLEDO”. En Tovar, Hermes. Relaciones y visitas a los Andes. Siglo XVI. Colcultura. Bogotá 1993. Pág. 266

4. Ídem Pág. 267

5. Ídem Pág. 269

6. Ídem Pág. 270.

7. 8. 9. 10. Ídem Pág. 271.

11. Ídem Pág. 272

12. 13. Ídem Pág. 274

14. Ídem Pág. 275

15. Ídem Pág. 276

16. Ídem Pág. 279

17. Ídem Pág. 280

18. Ídem Pág. 281

19. Ídem Pág. 283

20. Ídem Pág. 283-84

21. Ídem Pág. 284

22. Ídem Pág. 41

23. Ídem Pág. 285

24. Ídem Pág. 286

25. Ídem Pág. 286

26. 27. Ídem Pág. 287

28. 29. Ídem Pág. 288

30. 31. Ídem Pág. 289

32. 33. Ídem Pág. 290

34. Ídem Pág. 291

35. Ídem Pág. 292

36. Ídem Pág. 294

37. Ídem Pág. 295

38. 39. 40. Ídem Pág. 300

41. Ídem Pág. 301

42. Ídem Pág. 304

43. Ídem Pág. 307

44. Ídem Pág. 310

45. Ídem Pág. 311

46. 47. Ídem Pág. 313

48. Ídem Pág. 314

Imágenes:

Tomado Conquista de Antioquia. Banrepública.

Múcura prehispánica Valle de Aburrá. Pintura de José María Gutiérrez 1880

Vasija Cerámica 600 d.C. Santafé de Antioquia, Antioquia

Casco de combate quimbaya.