La imagen del tablero verde pleno de trozos de papel con información recabada sobre el mundo de Feliza Bursztyn, hace recordar el trabajo de Roa Bastos cuando sacaba de los manuscritos del archivo histórico del Paraguay, la historia de vida del dictador José Gaspar Rodríguez de Francia. Es el mismo ejercicio. Compilar información sobre un personaje para luego hacerle recobrar vida cotidiana ante los ojos d ellos lectores.
Puede decirse que se hace novela histórica. Se toman los datos logrados, se presentan como testimonio para discurrir y narrar la vida de Feliza. Y los vacíos, o mejor, la distancia entre testimonio y testimonio se llena con ficción sobre lo que pudo haber hecho el sujeto investigado. Esa verosimilitud hace coherente y vivo el relato.
Así de fácil aparece la mecánica; pero otra cosa es el dominio del tiempo de vida que debe referirse al contexto sociopolítico. Ese dominio es lo admirable. Si Feliza fue contemporánea del bogotazo, se hace necesario su estudio para poder mostrar el comportamiento de ella ante tamaño acontecimiento de la historia de Colombia.
Además del tablero con fondo verde está la revelación de ir por las calles por las que anduvo Feliza, oteando los olores, relacionando la luz de las horas del día con el olor percibido, la situación espaciotemporal del cuerpo inmerso en el sentimiento del momento exacto en el que se expresa con palabras precisas la felicidad, el sosiego o la desesperanza. Juan Gabriel Vásquez lo expresa cundo indica que ese rastreo produce la imagen del personaje en su cabeza con una facticidad precisa, lo que le permite narrar la vivencia y transmitirla al lector ya preparado para caminar las calles de París o Bogotá, entrar a sus cafés o a las habitaciones de Feliza con sus diversos amantes compañeros.
El autor dice estar en su París del presente a comienzos del siglo XXI; pero la ciudad se le convirtió en el escenario de una vida que no era la suya. Era la vida de Feliza que lo obligaba a retroceder cuarenta años. Los acontecimientos los recrea con base en la información sacada de un recorte de periódico, de una fotografía o de sus entrevistas hechas a quienes convivieron con ella.
Así queda expuesto el método: recabar información, cruzarla, triangularla y producir un relato ubicado en el espacio y momento sociopolítico. Hay aquí un cruce con el método de la historia para conseguir testimonios. Pero se hace literatura y no historia. Si fuese una obra hecha desde la ciencia de la historia, cada proposición o párrafo debería llevar un pie de página o una referencia explicando los avatares de la búsqueda y hallazgo de la información; y explicando porqué se afirman o se niegan los actos de los personajes o los hechos narrados.
Pero al hacer literatura, el discurrir de la palabra escrita no lo necesita o no lo hace, porque basta con la verosimilitud de los hechos cifrados y la convicción de los lectores de estar transportados a una época, guiados por la mano del personaje. Se está ante una narrativa familiar, porque se siente involucrado en la vida cotidiana, en la vida de Feliza. Cotidianidad imaginada con la distancia del tiempo y con ayuda de noticias. El autor Vásquez lo manifiesta: se hace una historia novelada con ayuda de información recabada. El método es diáfano. Se tiene una escultora que muere en un restaurante ruso de París en 1982 y en compañía de amigos famosos.
La historia ficcionada se construye alrededor del hecho y respondiendo preguntas necesarias; ¿cómo fue el origen de la escultora y porqué ese apellido no latino? Descubrir estar ante un personaje de origen judío permite involucrar el holocausto; estar ante una mujer artista que mueve grandes masas de fierros, refresca las luchas feministas. Con un personaje tan activo en la vida social lleva a ponerlo en planos políticos, ponerlo en contacto con la tragedia colombiana de muerte y asesinato de líderes insoslayables como Jorge Eliécer Gaitán y la violencia generalizada que precipitó. La vida dentro de la dictadura de Rojas Pinilla, el papel de las artes y la crítica de arte en ruptura con esa sensibilidad clasista que solo concebía la escultura hecha en piedra y nada más.
La Feliza de Juan Gabriel Vásquez como trabajadora del arte fue ubicada en los avatares de la izquierda política y la guerrilla de su época contemporánea, en la que tuvo que rosarse con intimidades comunistas, militaristas, a pesar de ser presentada como una pacifista fundamentalista. El practicar la amistad como principio social, la llevó a tener a su lado artistas, críticos y militantes de partidos políticos vitales en la vida colombiana: Marta Traba, desde la televisión recién fundada renovaba la sensibilidad estética; el pintor Obregón sacaba la plástica de los lienzos relamidos en competencia perdida con la fotografía. Santiago García promotor del teatro vivencial; Gaitán Durán y la gente de la Revista Mito que ampliaron el horizonte bibliográfico contra el costumbrismo de Germán Arciniegas. García Márquez y el grupo de Barranquilla quienes al innovar la literatura comprendieron la obra de Feliza y le dieron pertinencia.
La muerte súbita de Feliza Bursztyn en palabras de García Márquez fue explicada como muerte por tristeza. Esta percepción desarrollada por Juan Gabriel tiene relación con el protagonismo de la guerrilla del M-19. Cuando fue invitada a exponer sus obras en Cuba trajo de regreso unas invitaciones de la Casa de las Américas para algunos personajes que resultaron comprometidos con esa guerrilla, Feliza fue detenida e investigada y por eso se asiló en la embajada de México. Exiliada y separada violentamente de sus medios de trabajo y sus bienes entró en un descreimiento que la llevó a la muerte en un momento en que departía con García Marques, Mercedes Barcha, Enrique Santos Calderón su esposa y Pablo Leyva su compañero.
El final de Feliza fue armado con una excelente técnica literaria. Un amigo le regala una pistola. Por motivo de viaje contrató un vigilante y le prestó la pistola para que se defendiera de posibles ladrones. El vigilante desarmó la pistola y no fue capaz de volverla a armar. Al regreso Feliza y Pablo guardaron la pistola desarmada, que en un cajón se olvidó. El M-19 con los actos de guerra puso en jaque al presidente Julio César Turbay quien tras la expedición de un Estatuto de Seguridad comenzó una casería de guerrilleros para ser sometidos a la justicia penal militar. El M-19 por una acción de película asaltó el Cantón Norte del ejército y robó miles de armas en mal estado. Por la repartición de esas invitaciones traídas de Cuba, la casa de Feliza fue allanada y ella detenida por porte ilegal de armas. El lector arma motivaciones con los puntales que proporciona Juan Gabriel: las armas robadas del Cantón Norte estaban en mal estado. Feliza tenía una pistola en mal estado. Los allanadores hicieron la relación y Feliza fue imputada. Y Obligada al exilio.
Guillermo Aguirre González
Marzo 30 de 2025
Foto Tomada de:
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