miércoles, 15 de junio de 2016

La política en Bello desde 1913





La política, es el ejercicio de participar en los asuntos públicos. Esta participación tiene muchas modalidades, la más prestigiosa es, adscribirse a un partido y hacer que este asuma el poder público para realizar programas sociales o también las políticas del partido.


Este ejercicio de participación en los asuntos locales, en Bello, comienza con la creación del municipio en el año de 1913. Desde este hecho trascendente para la historia local, los bellanitas asumieron mucha parte de la responsabilidad de sus destinos como grupo social.


Ser erigido en municipio implicó el tener una réplica de los poderes de la república: un Alcalde (poder ejecutivo), un Concejo (poder legislativo) y unos jueces de circuito (poder judicial). El ocupar estos puestos públicos fue y es un producto de la lucha política partidista. Por ello desde 1913 en el municipio de Bello, se desarrolla la puja entre liberales y conservadores por el control de la pequeña burocracia local.


Pero el municipio no estuvo aislado de los acontecimientos nacionales, por ello es posible periodizar, el devenir político de Bello, según los ritmos de la república. Así, puede hablarse de las siguientes épocas:


Las hegemonías 1913 – 1948: a pesar de que los conservadores monopolizaron el poder hasta 1930 y satanizaron la oposición liberal, un grupo de ballanitas se sostuvo en su militancia y mantuvo una mínima participación en el Concejo Municipal, hasta 1930. En este año con el comienzo de la hegemonía liberal el debate bipartidista se equilibra, así como la composición del Consejo municipal.


El ejercicio de la política, tiene como fundamento ideológico, la defensa del poder económico de los participantes en el poder local. La práctica económica normal de este periodo, es el tener tierra productora de agropecuarios y poseer propiedades en la zona urbana, en la que se comercia lo producido o se presta servicio de abarrotes.


Se puede decir que la sociedad bellanita en la primera parte del siglo XX, estuvo dirigida políticamente por terratenientes comerciantes liberales y conservadores. El imaginario político de este grupo, se caracterizó por mantener las instituciones republicanas, pero inscritas en la tradición. Esto debe entenderse como una hibridación entre la dependencia y los derechos ciudadanos.


Si la riqueza económica la producía la propiedad de la tierra y del comercio urbano, en términos tradicionales, se tenía una sociedad dependiente de los dueños. Y la dependencia riñe con los atributos del ciudadano republicano. Se puede entender la sociedad dependiente, como sociedad clientelista, donde el grupo que ha ejercido el poder, ha movilizado los electores dependientes en términos clientelistas, para el mantenimiento del poder personal.


Por ello, el concejo municipal, durante la primera parte del siglo XX, y la política en Bello estuvieron en manos de tres o cuatro familias, entre las que sobre salen apellidos como Velásquez, Villa, Sierra y Zapata. Ellos ejercieron el poder y establecieron una relación muy estrecha con las dos empresas que le dieron a Bello el carácter de campamento obrero: El ferrocarril de Antioquia y fabricato.


El periodo de la violencia bipartidista (1948 – 1958): Como en la mayor parte del territorio colombiano, durante estos diez años los conservadores pusieron en desbandada a los liberales con base en el terror. El poder público fue monopolizado por el conservatismo. En Bello se organizó un grupo de hombres armados, quien viajó a la ciudad de Rionegro, con el objetivo de incendiar ese pueblo liberal. La memoria popular bellanita guarda la imagen del “aplanchamiento”, por este se sometía al contrario político a golpes de machete, por lo general entre varios hombres.


Esta situación se neutralizó un poco con la dictadura militar. A partir de 1953 -1954 todo el ordenamiento institucional republicano, es reemplazado por el poder unipersonal de militares. El alcalde militar en Bello desarrolló el programa de pacificación del General Gustavo Rojas Pinilla, pero según datos de la prensa de la época, continuaron los “aplancahmientos”.


La disposición política de la dictadura, que tuvo contenidos populistas de redistribución de la riqueza y apertura cultural, se expresó en Bello, con la apertura de la Avenida Suárez, la construcción de la biblioteca pública Marco Fidel Suárez y del monumento Choza Marco Fidel Suárez.


La milimetría política del Frente Nacional (1958 – 1974): este consenso, materializado constitucionalmente por el plebiscito reformatorio de la constitución de 1858, se expresa en el restablecimiento del ejercicio político de los finqueros comerciantes (clientelista). La lucha partidista es abolida, junto con el sectarismo y cuando se va a las urnas se lleva prácticamente un consenso, sancionado por el resultado electoral.


Pero en este periodo llega a la escena local un elemento nuevo, opacado y sin posibilidades de expresión en la primera mitad del siglo XX. Se trata de los grupos de izquierda. La izquierda se organiza, a nivel nacional, en guerrillas y partidos no violentos. Ambos tuvieron expresión en Bello, los unos clandestinos y los otros participaron en la lucha electoral, y lograron llevar al Concejo municipal algunos militantes.


Los frentenacionalistas hicieron su proselitismo a través de las Acciones Comunales, organizadas por el Estado para efecto de darle cuerpo al pacto bipartidista. El ejercicio político fue de corte eminentemente clientelista. Para acceder a los servicios del Estado en salud, vivienda, educación y servicios públicos, fue necesario estar inscrito en la red bipartidista.


La izquierda organizó permanentemente, huelgas y manifestaciones populares, en las que se denunciaba el monopolio político y el régimen capitalista. A este ambiente llegó y pegó con gran fuerza el llamado Tercer Partido, Alianza Nacional Popular” (ANAPO). Para 1970, este partido logra el noventa por ciento de las curules en el Concejo Municipal y la ocupación de la burocracia local.


La actividad beligerante de la ANAPO y los partidos de izquierda, generaron un ambiente de debate político de cuestionamiento del bipartidismo y de promoción del socialismo y el comunismo, elementos que entraron a matizar el ideario político de los bellanitas de los años setenta.


El descrédito de la política (1974 – 1984): Con el fin del Frente Nacional. Aparece el político profesional, que en aras de lo que se llamó la “Operación Avispa”, se organizaron empresas electorales de corte unipersonal. Ambos partidos se atomizaron por estas empresas, sustentadas económicamente por los llamados “Auxilios Parlamentarios”. Esto profundizó el clientelismo y dejó como consecuencia el descrédito de la política. Se posesionó en el imaginario popular la figura del político como ladrón y los bellanitas dejaron de participar en las elecciones. Por ello la abstención electoral deslegitimó lo público y el sistema político.


La empresa política unipersonal, posibilitó además el ingreso a la política de dineros provenientes del tráfico de marihuana y el contrabando. En Bello en esta época algunos políticos prestigiaron esta forma de financiar la política; pero en términos generales ambos partidos tuvieron en el periodo dos líderes que supieron estar al margen de estas actividades no santas y sostener la tradición. Fueron ellos Armando Estrada, por el liberalismo y Gustavo López por conservatismo.


El descrédito de la política fue canalizado por los grupos de izquierda y esto les permitió crecer con muy buenas perspectivas de convocatoria de las masas populares.


El Pluripartidismo (1984 – hasta hoy): Se inicia un escepticismo político, tanto ante los partidos tradicionales como por la izquierda. La lucha armada promocionada por la guerrilla, cayó por las luchas intestinas entre sus dirigentes. Los favores políticos de la gente, fueron recibidos por los llamados “Movimientos Sociales”, quienes lograron movilizar a los ciudadanos contra la “valorización de predios”, por “servicios públicos”, entre otros motivos.


Los partidos tradicionales disolvieron sus presupuestos políticos y comenzaron a participar en los ritos electorales a nombre de movimientos pluripartidistas, que nucleaban gentes de todas las banderas.


La empresa electoral adquiere un nuevo remozamiento, y hombres con talante de políticos profesionales, lograron liderar estos movimientos plurales y poner los alcaldes, concejales y llenar los puestos públicos, hasta hoy.


Este periodo estuvo matizado por el ingreso de los dineros del narcotráfico a la vida política. Estos dineros, permitieron crecer a la guerrilla y financiaron ejércitos paraestatales, destinados a enfrentar a la guerrilla robustecida. Esta confrontación llegó a todas las barriadas y generalizó una violencia urbana que disolvió el tejido social.

jueves, 9 de junio de 2016

La invención del cielo y el señor Páramo

Diego Rivera, fragmento de Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central



Ha llegado a buscar su padre, a un pueblo que tiene un tráfico de seres humanos entre el cielo y la tierra o entre la tierra y el cielo. Un arriero, su primer contacto humano, le guía y le señala, el hospedaje donde puede quedarse. Ese hospedaje es de una mujer que le esperaba, porque fue amiga de crianza de su madre y esta al morir le dio aviso de la llegada de su hijo en busca del padre. Los personajes del pueblo, que le conducen al padre al hablarle le hacen entender que todos están muertos; pero viven la muerte en la doble existencia del pueblo, condenado a desaparecer por la maldad de un hombre, de su padre. Juan Preciado el hijo de Dolores Preciado, llega a Comala, en busca de Pedro Páramo su padre para reclamarle los bienes que le robó a su madre. Esa historia de Rulfo sirve para poner sobre la tierra, la magia de un pueblo y la invención milenaria del cielo, o del panteón, o del lugar supraterrestre al que van los muertos en estado incorpóreo. Esa magia real, es parte de la cultura y ha trasegado los siglos hasta Comala.

A la cultura la llenan las invenciones, hubo las que se convirtieron en estereotipos, como las convocatorias de los espíritus de las piedras, de los árboles o el agua. Es la operación de la cultura de la magia. Esta estuvo vigente, buena parte del paleolítico. Pero la invención, al parecer más fundamental para esta época nuestra, ocurrió en las sociedades agrícolas: es la invención del cielo. El cielo como un lugar. Así como se adoptó un lugar para la siembra, la recolección y la estadía, se adopta un lugar para estar luego después de la muerte. La invención del cielo es parte de la condición humana de establecer una relación de réplica, entre su práctica y su representación o imaginación. Así el ser humano nómada, con una vida práctica territorial, su imaginación fue también territorial. Su representación imaginación estuvo poblada de humanos incorpóreos habitantes de las plantas, el agua, las piedras, el fuego y la tierra.

Por eso el cielo se inventa como réplica del lugar, sede de la vida, el trabajo y el tiempo. La humanidad anclada en una sede, desterritorializa su representación imaginación y crea un émulo de su sede y lo ubica en el espacio supraterrestre. La invención del cielo es fechable, porque obedece a un periodo o estado de la cultura. Son los agrícolas que se explican su condición de civilización ocurrida alrededor de diez mil años atrás. El cielo es el lugar de habitación sede del panteón. Se puede hacer un inventario de cielos, se cuenta el cielo de Ur, el cielo egipcio, el cielo hebreo, el cielo griego, el cielo romano, el cielo azteca, hasta el cielo cristiano, como el cielo de Comala.

Comala es presentado en dos versiones. El Comala habitado, verde florecido, con fiestas, alegrías, agitado. Y el Comala de los ecos, los fantasmas; el Comala panteón. Se tiene el pueblo material, fáctico y el pueblo supraterrestre en el que las palabras “no tenían ningún sonido, no sonaban; se sentían; pero sin sonido, como las que se oyen durante los sueños”. El pueblo supraterrestre es como el cielo, el lugar del cielo, es una creación pertinente con el sentimiento del sueño. Los seres humanos de ese pueblo rulfiano, en la versión material imaginaron otro, etéreo como efecto del cruce de sentimientos oníricos. La mujer que duerme con su hermano fue muerta por los murmullos y el rechazo social a su incestuosa vida; pero sigue ahí atrapada entre los resquicios de las paredes y por dos de sus sueños: uno bueno, otro malo. Por ellos transmigra entre el cielo y la tierra. Dentro del sueño bueno tuvo un hijo, lo amó, lo crió, lo llevó a todas partes. Pero en el sueño malo, le dijeron en el cielo que se habían equivocado con ella, que le “habían dado un corazón de madre, pero un seno de una cualquiera… llegué al cielo y me asomé a ver si entre los ángeles reconocía la cara de mi hijo. Y nada todas las caras eran iguales, hechas con el mismo molde… pero otro de aquellos santos me empujó y por los hombros me enseñó la puerta de salida: “ve a descansar un poco más a la tierra, hija, y procura ser buena para que tu purgatorio sea menos largo””.

El universo de América independiente pasa por ese pueblo de doble estatuto. El poder del codicioso de tierras y riquezas, despoja a los demás y los condena a la pobreza y el hambre. Ata el devenir del pueblo a su vida. Somete la ley, la iglesia y la libertad. Y cuando los despojados se revelan pone su riqueza a disposición de los ejércitos triunfadores, vencedores, con la esperanza de continuar la supremacía, la dictadura dada por la riqueza, efectiva en poner a su servicio la virginidad y demás bienes de la vida de los demás. Los muertos les narran a los vivos los acontecimientos y les explican por qué el pueblo está muerto. El supremo encontró un solo poder invencible, el amor. Ante él sucumbió e hizo sucumbir el pueblo. Ató los dos destinos.

El arriero que guía a Juan Preciado y la mujer del hospedaje están muertos, pero deben ayudarle al recién llegado a encontrar a su padre y a comprenderlo como ese ser responsable de la historia de esplendor y decadencia de Comala. Juan Preciado lleva en la cabeza las palabras de su madre muerta. Ella le describió un pueblo lleno de colores y de vida. Encuentra uno desolado, habitado por seres que se acusan mutuamente de estar muertos y le obligan a hacer memoria de las palabras de la madre y cotejarlas con la realidad. El arriero comienza y termina la historia. Usted viene a buscar a Pedro Páramo, su padre, siga este camino y lo encontrará. Por el doble estatuto del pueblo, el arriero material es el matador del padre por haber sido despojado y es el justiciero incorpóreo migrante entre cielo y tierra para dar cuenta de lo acontecido.

jueves, 2 de junio de 2016

Una historia cultural de Bello


 Talleres del Ferrocarril de Antioquia
 
En el norte del valle de Aburrá se ha desarrollado una sociedad con una cultura local que se caracteriza y se diferencia en el conjunto del país. En el municipio de Bello se radicaron, en el alba del siglo XX, la industria textil y los talleres centrales del Ferrocarril de Antioquia. Estos dos establecimientos modernos, influenciaron la sociedad con nuevos oficios y comportamientos propios del trabajo en la industria.

La población comenzó un crecimiento sostenido, que aun continúa. En 1913 eran 6.259 habitantes. Por estas condiciones, la Asamblea Departamental de Antioquia erige el municipio y da origen al bellanita con unos horizontes simbólicos dados por los oficios de calidad técnica y los contenidos de la educación en urbanidad, civismo y religión.

En la primera parte del siglo XX, el obrerismo se conjuga con la sociedad tradicional de finqueros, comerciantes y actividades ligadas a las nuevas condiciones económicas. Aparece la dentistería y el bar-cantina, servicios en permanente auge y que en el transcurso del siglo XX le dieron fama al municipio con las expresiones “Bello, Meca de las dentisterías” y “está borracho o va pa’Bello”.

El ferrocarril y la fábrica generaron transformación del territorio. El poblado tradicional, organizado por la “calle arriba” y “calle abajo”, se vuelca hacia el carretero, vía que comunicaba a la fábrica con el ferrocarril y que abrió a la urbanización el sector oriental del municipio. Se poblaron las márgenes de la quebrada La García y allí se crearon los barrios El Congolo, Prado, Las Granjas y el barrio Niquía.

En los años treinta del siglo XX, cuando Fabricato se hubo afianzado y ubicado junto a los talleres del ferrocarril, el desarrollo cultural del municipio comenzó su dependencia de la fábrica hasta 1985. Las técnicas administrativas enseñadas a los obreros y los mandos medios, confluyeron en una política social empresarial de carácter benefactor, la cual se expresó en la construcción de cinco barrios obreros: Bella Vista, Obrero, Panamericano, Santa Ana y Manchester. Frabricato creó una escuela, una clínica y un patronato para los obreros, es decir cubrió los servicios básicos de salud, educación y vivienda.

En 1920, antes de Fabricato, las obreras de la fábrica de Bello, realizaron una huelga de 24 días. Consiguieron aumento de salarios, zapatos, y expulsión de los capataces acosadores. Esta huelga, aupada por el Partido Socialista de la época, creó en el municipio una tradición de deliberación política sobre las ideas de izquierda, pero que por ser ideas perseguidas anidaron en tertulias, bares, cantinas, cafés y grupos de bajo perfil público. Desde allí el devenir político del municipio, ha estado caracterizado por la existencia de las ideas liberales, conservadoras y de diferentes tendencias de izquierda.

De 1913 a 1950 las condiciones culturales en el municipio de Bello se caracterizaron por un territorio en permanente construcción. La sociedad distribuía los tiempos según las condiciones de los individuos. Los obreros funcionaban al ritmo de los turnos de la fábrica y los talleres del ferrocarril, marcados por el sonido de sirenas. Sonidos que eran escuchados por toda la población y que regulaban sus ritmos cotidianos. Los finqueros comerciantes dedicaban el tiempo a la atención de sus negocios rurales y urbanos (la finca y la tienda).

El tiempo de no trabajo u ocio se pasaba en escuchar la radio, visitar el “Salón de Frescos”, ir al cine, caminadas a los “charcos” y bailes sociales. Se asistía con devoción y compromiso a las fiestas religiosas, que al igual que las sirenas o pitos de los talleres y la fábrica, marcaban el ritmo del tiempo como relojes sociales. La iglesia con sus conmemoraciones dividía el año en tiempo de cuaresma y abstinencia; semana santa y penitencia; pascua con jolgorio de San Isidro y lidia de toros, fiestas patronales en octubre con pólvora, y la permisiva navidad, donde se gastaba la riqueza acumulada del año, unos más otros menos.

La segunda mitad del siglo XX entroniza un nuevo ambiente cultural para los bellanitas. Fabricato construye un embalse en la quebrada la García. El embalse conmueve la mentalidad, tanto como el establecimiento de la fábrica a comienzos del siglo. Esa agua acumulada en la montaña se entendió como una maravilla técnica y como una “espada de Damocles” y se instituyó el mito del temor de una inundación general del territorio.

Puede decirse que la gestión cultural moderna en Bello se inicia con la creación del Centro Cultural Marco Fidel Suárez, el 17 de abril de 1949, acción de un grupo de jóvenes egresado del Instituto Manuel J. Caycedo (hoy La Salle), quienes se dieron a la tarea de promover la fundación de la biblioteca pública. En asocio con el Banco de la República la empresa Fabricato cubre con una urna de cristal la humilde choza de Suárez, resguardándola con una estructura monumental y construye al lado un edificio de una planta para la biblioteca pública.

En estos primeros cincuenta años de vida municipal, la acción cultural se caracterizaba por ser centralizada, de iniciativa oficial, y orientada exclusivamente hacia el consumo de expresiones artísticas, bajo el canon e influencia erudita europea. Se recuerdan por aquella época la realización de tertulias selectas en casas de personas distinguidas del municipio, y algunas charlas y recitales esporádicos con personalidades destacadas en el ámbito departamental o nacional. El principal referente simbólico de la época (que posiblemente no dejará nunca de ejercer su influencia sobre la cultura institucional municipal), era la omnipresencia del recuerdo del señor Marco Fidel Suárez, sin duda el personaje más importante en la historia de la localidad hasta la fecha.

En el nuevo edificio de la biblioteca se desplegó una intensa actividad literaria y cultural, que se prolongó hasta finales de los años sesenta. Las acciones del grupo pionero fueron retomadas y potenciadas por el Secretariado de Fabricato, institución que generó un movimiento importante de músicos, danzas folclóricas y artistas plásticos, al cual pertenecieron varias generaciones de obreros e hijos de obreros. El Secretariado en los años setenta se transformó en la Corporación Fabricato para el Desarrollo Social, con una oferta cultural y formativa amplia, asimilable a una escuela de artes y oficios mediante el fomento “del deporte, la recreación, la cultura y la educación para la vida comunitaria, familiar y para el trabajo”.

Esta Corporación ejerció una gran influencia en la dinámica cultural del municipio, ya que fomentó entre los obreros y sus familias el gusto por la creación artística y artesanal, enfocó además su labor en los últimos años hacia la formación para el liderazgo. Esta influencia se refleja aún en la significativa cantidad de artistas con que cuenta desde entonces el municipio. Se destacan entre muchos otros, agrupaciones como Los Típicos, Danzas de mi Tierra, Cosecheros de Antioquia, Grupo de Teatro Alfa y muchos artistas y promotores reconocidos por el movimiento cultural como los “Pioneros”.

Finalizado el acuerdo político del Frente Nacional y luego del experimento suprapartidista de la Alianza Nacional Popular (ANAPO), que tuvo en el municipio de Bello su “canto de cisne”, en la segunda mitad de la década de los setenta, se crearon importantes grupos de teatro, danzas, estudiantinas, cantantes solistas, literatos y artistas plásticos. En ellos se gestaron actitudes estéticas conservadoras pero también contestatarias o claramente revolucionarias y vanguardistas.

La inasistencia del Estado municipio al sector cultural fue reemplazada por el paternalismo de Fabricato, pero al desaparecer este en los años 80, se crea en Bello un movimiento social cultural, fenómeno también expresado a nivel nacional. En Bello el movimiento tomó el nombre de Movimiento Cultural-Comunitario quien logró la construcción de dos espacios apropiados para la cultura: la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez y la Casa de la Cultura “Cerro del ángel”.

Liquidada la Corporación Fabricato, muchos de estos promotores culturales barriales empezaron a nutrirse intelectualmente en la ciudad de Medellín, bien fuera en las universidades, en diversas agrupaciones o en la Escuela Popular de Artes de Medellín (E.P.A.). De esta época, entre los años 1985-1990, surgieron grupos como: Barricada, el Movimiento Fogatero, los Pardos de Fontidueño, las Bibliotecas Comunitarias (desde entonces focos de desarrollo barrial), la Corporación REARTE, Corporación Cultural TECOC y posteriormente, entre muchos otros, el movimiento Arte Joven por Bello.

Por este mismo tiempo, la iglesia católica fortaleció muchos procesos barriales con la organización de grupos juveniles y catequistas orientados por la Pastoral Juvenil Arquidiócesana. De ahí surgieron una cantidad de grupos, que optaron por acciones comunitarias concretas, de allí salió TECOC, la biblioteca Comunitaria de Niquía, y otros.

Bajo todo este influjo, fue creciendo desde 1987 el masivo movimiento de Líderes en Recreación Comunitaria, uno de los fenómenos culturales más importantes de Bello (el municipio se perfiló como modelo nacional de trabajo comunitario), coordinado por el Departamento de Recreación y Deportes del Municipio, hoy Deporbello.

Tras la huelga de 1982, Fabricato dejó de ser la generadora de empleo y gran aportante de dinero para el municipio, esa ruptura fue muy fuerte. Los habitantes comenzaron a vivir fenómenos sociales nacionales, como el narcotráfico y el sicariato. Bello fue conocido como “Cuna de Sicarios”. Se quiebran los imaginarios, sobre el bipartidismo y las guerrillas. Se generó un descreimiento sobre la política, sobre el Estado, sobre lo público. Ese descreimiento será captado por la propuesta de los movimientos sociales y cívicos. En ese ambiente, es donde se expresa en Bello la lucha por la construcción de movimientos recreativos, como los fogateros.

En 1989, durante la primera alcaldía popular de Bello se demolió injustificadamente el antiguo teatro Bello, propiedad del Municipio, declarado patrimonio arquitectónico por el Concejo Municipal de ese entonces. En su lugar se construyó una sede administrativa y se destinó el sótano para casad e la cultura. Ante este hecho, diversos grupos comunitarios conformaron el 15 de abril de 1990 la “Reunión de Artistas y Trabajadores de la Cultura de Bello” (que luego sería la Corporación Cultural Rearte), y bajo la consigna “En Bello la Cultura necesita espacios”, se inició un movimiento dispuesto a conquistar espacios dignos para el desarrollo cultural; no sólo físicos, sino además económicos, sociales y políticos.

La anterior dinámica madura en los noventa y las organizaciones culturales, que se pusieron al frente de un movimiento cultural amplio, consiguieron además de la construcción del Centro Integrado de la Cultura “Cerro del Ángel”, la dotación de un edificio de cinco niveles para la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez y la elaboración e implementación del primer Plan de Desarrollo Cultural de largo plazo, concebido para el período 1998 – 2008.

Con Rearte se fortalecieron propuestas existentes como la Casa-Teatro TECOC, los Festivales de Teatro, las Fogatas de Luna Llena y los Encuentros de Arte Joven, a la vez surgieron dinámicas nuevas como las Fiestas murales, las Arte-vías, las Escuelas Pilotos de Iniciación Artística Infantil -EPIAI- (o “Escuelitas con Alas”) y las Semanas por Espacios Culturales, dentro de las cuales surgieron los Foros por la Cultura en Bello, con los que se sembró y cosechó la idea de la Casa de la Cultura de Bello.

La participación comunitaria logró que la dirección de la Casa de la Cultura fuera convocada abiertamente por concurso de méritos. Entraron en la dirección tres representantes reconocidos del movimiento cultural, quienes iniciaron su labor el 2 de mayo de 1994, con la consigna “dándole alas a un Bello sueño”. Rápidamente la Casa de la Cultura Cerro del Ángel, respaldada por el Movimiento Comunitario, desató una intensa dinámica socio-cultural que alcanzó reconocimiento nacional.

En esta época hubo una efervescencia cultural, ejercida por grupos alternativos, muchos de ellos inspirados en las teorías del arte, la literatura y la cultura con deseos de transformación social. Estos grupos en los años ochenta, organizaron un movimiento social con objetivos de lucha como la construcción de espacios para la cultura, la apertura de bibliotecas comunales, la enseñanza de las artes y las letras, y políticas de recreación, para una población con todas las carencias.

A la par de este proceso, el territorio recibió, nuevos pobladores, por ser Bello la tierra disponible en el valle de Aburrá para la construcción de vivienda barata. Los barrios de “Casitas sin cuota inicial”, se llenaron de gentes de todos los colores, olores, procedencias, y todo lo habido y por haber, y de pronto esas casas que permanecían con las ventanas abiertas y las puertas sin tranca, fueron robadas y saqueadas. Se crea un enorme celo. La población que vino en busca de una vivienda, no encontró donde trabajar, ni estudiar, ni donde recrearse. Esta situación se tradujo en un contraste inmenso, que generó focos de violencia.

Estos nuevos pobladores fueron estigmatizados por ser pobres, beneficiarios de casa de interés social. Alrededor de esas franjas de viviendas, los raizales de Bello, acostumbrados a vivir en comunidad con tranquilidad, entraron en conflicto. Esta situación desbordó el Estado.

A partir de ahí, el territorio, densamente poblado y ocupado en desorden, fue pensado en términos humanos y de desarrollo cultural. Por ello los ciudadanos activos estéticamente, aspiraron a políticas de recuperación del patrimonio, de la historia local, de recuperación de las aguas, la flora, la fauna, el aire y las montañas.

La inquietud de planificar el desarrollo cultural de la ciudad (o mejor aún: planificar la ciudad desde la perspectiva cultural) se esbozó por primera vez en el Primer Foro por la Cultura en Bello, en agosto de 1990, en la ponencia de la Corporación Cultural REARTE. Esta preocupación se hizo expresa en varios comunicados posteriores del movimiento cultural de Bello, y se recogió en el Plan de Gobierno de la administración 1996 -1999, como una necesidad sentida del sector.

El 8 de marzo de 1996, en virtud de una reestructuración de la Administración Municipal, fue suprimido el cargo de Dirección de la Casa de la Cultura. Esta otra coyuntura, evidenció nuevamente la gran necesidad de planear estratégicamente las acciones y políticas del desarrollo cultural de Bello.

Escuchadas las razones expuestas por el movimiento cultural comunitario, la Administración accedió liderar la empresa de planear los destinos culturales, financiando el equipo que participativamente diseñaría las estrategias y acciones conducentes a potenciar la ya importante dinámica pro-cultural comunitaria e institucional y orientarla hacia el desarrollo integral de toda la ciudad.

El movimiento artístico ejerció una importante influencia sobre la dinámica cultural de la ciudad (al punto de que Bello se ha ganado en Antioquia el apelativo como “Ciudad de los Artistas”), y como movimiento cultural ha venido ampliando su visión a partir de sus experiencias y búsquedas, hacia un concepto más integral del fenómeno cultural, en la que el arte es sólo una de sus expresiones. Se dimensionó y revaloró la Cultura como un factor fundamental del desarrollo integral de la comunidad.

La visión que guió al Plan de Desarrollo Cultural de Bello hacia el 2008, se condensa en el lema “por un Bello futuro con dimensiones humanas”. Las luchas nombradas dejaron en el imaginario bellanita la convicción de institucionalizar el sector cultural del municipio. Ello indujo a un grupo de líderes experimentados y de entusiastas jóvenes, que a través de organizaciones no gubernamentales han hecho aplicar la legislación nacional sobre cultura en la localidad y desarrollan la historia local, el teatro, la literatura, la poesía, la danza, las artes plásticas y la recuperación y protección del medio ambiente. Desde esta actitud se piensa que la Naturaleza no puede concebirse como recurso para gastarse y, para comercializarse, sino para preservar y proteger en beneficio de todos.

En la actualidad el sector cultural del municipio de Bello lucha por la construcción de una sociedad deliberante sobre la integralidad de los problemas de la localidad. Por ello existe desde hace 15 años un Consejo Municipal de Cultura y más recientemente una Subsecretaria de Cultura, con metas claras, como el aumento de las finanzas de la cultura, la descentralización de los servicios del sector, y rutas de desarrollo, a las cuales obedece la construcción de una Política Pública de Cultura, como base y brújula para la construcción del próximo plan de desarrollo cultural 2011 – 2020.

El territorio hoy está pensado por un Plan de Ordenamiento que dispone el espacio para la recepción de nuevos habitantes y nuevos comercios y urbanizaciones de gran calidad espacial. Es ya el municipio de Bello una ciudad populosa, rumbo a metrópoli, con una práctica económica globalizada. A ello debe obedecer una política cultural que facilite el encuentro de la voluntad colectiva y el deber de los gobernantes de modo que se proteja y desarrolle los bienes culturales y se democratice su disfrute, para satisfacer la necesidad de garantizar a todos y a todas una vida con calidad, en un territorio culturalmente diverso, grato, creativo e incluyente.