domingo, 27 de octubre de 2019

Un Gnomón de veinte pies. La mirada Ilustrada de José Manuel Restrepo


 La búsqueda de información documentada sobre la historia local de la ciudad de Bello ha llevado a prestar atención al periodo de transición de la colonia a la república. Época de preocupación de la monarquía española de la casa borbónica, por inventariar los recursos socioeconómicos de las colonias. Estas preocupaciones se enmarcaron con las actitudes e ideas del absolutismo ilustrado, que permitió la participación en la administración de las Colonias a los criollos y mestizos pardos. Además les permitió el acceso a los colegios pontificios, a la literatura liberal peninsular, a viajar a por Europa y el acceso a los debates sobre la ciencia o la eficacia del gobierno público.

El Hatoviejo, resultado de la conquista y colonia, entró en la observación de los ilustrados antioqueños de finales del siglo XVIII, por hacer parte del valle de Aburrá, territorio dedicado al cultivo de pancoger y a la cría de ganados para el abasto de la población minera local y de la provincia.

El contacto de los criollos neogranadinos con la IIlustración europea, comenzó desde la permisibilidad de la corona española para ocupar puestos administrativos y públicos. Es el caso del antioqueño “Abogado de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá” José Manuel Restrepo. El pensamiento ilustrado, que según Renán Silva1, se manifestó por el cambio en la concepción de la Naturaleza, en la colonia medieval. Esta se pensaba como un ser monstruoso habitado por mohanes, demonios y selváticos seres brujos. Para los ilustrados la Naturaleza entró a ser amable, llena de una exuberante riqueza digna de ser conocida, porque dios la creó como un don para el ser humano, para que extrajera de ella su sustento. Conocer la Naturaleza era alabar al ser supremo.

Esta reflexión explica la dedicación de José Manuel Restrepo a elaborar un temprano escrito (lo hizo a los veinte años) “Ensayo sobre la geografía, producciones, Industria y población de la provincia de Antioquia en el Nuevo Reyno de Granada”2. Pero la novedad estuvo en el vuelco de la actitud racional hacia la observación, para luego construir conocimiento. Dice José Manuel: el que hace investigación, si no hace mediciones topográficas, el curso de los ríos, longitud y latitud de los lugares y el curso de las montañas, fracasa en cualquier proyecto económico; la prosperidad de los pueblos se hace muy lenta.

José Manuel Restrepo utiliza y se ayuda con instrumentos en su observación – medición de la Naturaleza. Dice: “La primera Carta de la Provincia de Antioquia, que se ha formado con observaciones astronómicas ha sido la que yo levanté en 1807. Para observar las alturas meridianas del sol, y de las estrellas utilizaba un Grafómetro de anteojo que sirve lo mismo que un cuadrante y cuyo error me era conocido. También para el primero me valí de grandes Gnomones de 15 a 20 pies de altura medida aproximadamente. De este modo he determinado con exactitud la latitud de los principales puntos de la Provincia […] Las longitudes me han sido más difíciles. Tuve la felicidad de que el Barón de Humbold determinó astronómicamente la de Nare: así, en esta población comenzaron mis trabajos: desde aquí llevé con la Brúxula hasta Medellín una cadena de rumbos compuesta de muchos triángulos: después la continué en todos mis viages conociendo la declinación de la aguja por observaciones del Azimut del sol. Los lados del triángulo los hallaba por medio de operaciones geodésicas, donde el terreno lo permitía, o por observaciones del tiempo que tardaba en caminar uno de ellos, haciendo siempre la rebaja que exigía la desigualdad del país…”3

Observaciones y mediciones dirigidas a buscar explotaciones de los recursos naturales, para beneficios económicos, que debían aprender los dueños de minas y esclavos, para tratar de sacarlos del atraso y el fracaso de muchos emprendimientos. Dice a este respecto: “Las minas ricas dan todos los días quatro tomines de jornal (8 reales) por cada esclavo, aunque son muy raras las de esta clase: las comunes producen uno o dos tomines. Los mineros dueños de esclavos son pocos, y el que más, tiene 100 negros; de modo que los esclavos no explotan la sexta parte del oro que sale de Antioquia; las otras cinco partes son extraídas por los individuos libres que nombran Masamorreros”4.

Este conocimiento elaborado con los paradigmas científicos de la modernidad debe llevar a los neogranadinos a lograr la prosperidad con el aumento de las producciones cuando ocurra la explotación de las betas y logren dejar el laboreo del oro corrido cada vez más escaso. “Las minas de oro corrido no son las únicas que existen en esta Provincia: hay betas de oro en las Cruces, en San Vicente, y en el Guasimal […] Hay muchas otras que existen en los montes; pero nuestros conocimientos de minería, en dos siglos que hace las trabajamos, son ningunos; así ni sabemos distinguir las betas de oro, ni seguir sus veneros, ni dar los zocabones, y al fin todas se pierden”5.

El ensayo de José Manuel fue publicad en 1809 y se lee en él una inspiración basada en el pensamiento económico de la Riqueza de las Naciones de Adams Smith. Por ello está convencido de que la riqueza se origina en la industria; utiliza el concepto de “balanza del comercio para medir la salud de la economía e una nación: “Ya se sabe, y es principio indudable entre los economistas, que un pueblo es más rico cuanto más exceden sus exportaciones a las introducciones, y que es pobre cuando las entradas son mayores que las salida”6.

Al final del texto Restrepo trae algunas estadísticas y coordenadas de todas las poblaciones de Antioquia. Datos que revelan sus intenciones de relacionar el número de habitantes con las posibilidades económicas. Los censos que para la época se hicieron, tuvieron también los oficios y el número de oficiantes, le reforzaron su convicción de las pocas luces neogranadinas; muy pocos habitantes para explotar el inmenso territorio lleno de riquezas. Los datos en el año 1808 sobre la población del valle de Aburrá: Hatoviejo 1.446, Antioquia 18.680, Medellín 14.182, Copacabana 2.468, Barbosa 1.493, Envigado 9.556, La Estrella 628.

La misma intención de hacer inventario del territorio antioqueño la tuvo el visitador de la Real Audiencia Juan Antonio Mon y Velarde, llamado el regenerador, llegado al territorio en 1784. Su formación ilustrada coincide en preocupaciones con las de José Manuel y por eso dice: “El sitio de Hatoviejo se halla a distancia de Medellín como tres leguas, aunque logre de buen clima y temperatura, no es tan aparente su terreno para las siembras, por lo que son pocos los sujetos acomodados, y muchos los pobres. Siendo reducida la Iglesia que antes tenían, se está actualmente construyendo una de tapia y teja con capacidad y extensión proporcionada al vecindario”7.

En esta Observación está el territorio, la población y la economía pero la intensión de Mon y Velarde se dirigió a detectar la posibilidad de del pago de los impuestos, aunque al observar muchos pobre, los declaró insolventes o población problema y por eso recomendó a la corona desplazar las gentes pobres hacia otras tierras. Generó lo que se conoce como la colonización dentro de la colonia del sur de Antioquia.

1. Silva, Renán. El descubrimiento de la Economía Política en la Nueva Granada a finales del siglo XVIII. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. No. 29 Bogotá 2002.

2. En el Semanario del Nuevo Reyno de Granada. No. 6 Santafé 12 de febrero de 1809.

3. Idem Pág. 42.

4. Idem Pág. 57. Cursiva en el original.

5. Idem Pág. 58

6. Idem Pág. 71

7. Robledo Emilio. Sucinta relación de lo ejecutado en la visita de Antioquia por el Oidor Juan Antonio Mon y Velarde. Transcrito por Emilio del Archivo Nacional de Colombia. Separata Tomo 12.

  • Imagen: Intihuana, calendario gnomonlítico de Machu-Picchu

jueves, 17 de octubre de 2019

Muñeca brava. El personaje literario


En su último libro de cuentos Deshoras, Cortázar puso su “Diario para un cuento”. Es una narración sobre sus disposiciones anímicas para escribir. Esta narración es considerada por muchos críticos, como el lugar donde el escritor expuso una teoría literaria o estética de la creación.

Dice de uno de los personaje que piensa crear: “¿cómo hablar de Anabel sin imitarla, es decir sin falsearla?” esta pregunta que se hace el escritor plantea algo sobre la actitud del creador de personajes y puede ser lo siguiente: si se describe un personaje tal como existe en la realidad del diario vivir, se falsea; pero ese falsear no está referido al ser del personaje en la vida cotidiana. Se refiere al personaje literario. Si se traslada a la literatura la creatura tal cual vive con la carne, los huesos y su mentalidad en el día a día, se falsea su existencia en el mundo de las letras y se le convierte en una imagen tediosa para el mundo de la ficción, lugar de la belleza y la estética, lugar abstracto en el que los personajes tienen un ser, una existencia poética o literaria.

Cuando se dice que a Anabel (o cualquier otro personaje) hay que darle una existencia sin imitarla para no falsearla, se está invocando la imitación en términos de la tradición platónica aristotélica. Por esta se concibe la imitación como lo falso y la no verdad. La imitación, la mimesis, es la actitud, o el ser de la obra de arte; ahí en ella habita la falsación; pero a pesar de la proscripción del arte y de los artistas de la república o de la polis, él y ellos, tienen en sus haberes el goce estético, el éxtasis, la alegría por la belleza. Puede concluirse que la mimesis griega es equivalente al goce de la imitación. Pero en la cita que trae Cortázar, al afirmar que imitar a Anabel es falsearla, se puede apreciar una ruptura con la mimesis griega; ya no se trata de imitar la realidad, es decir copiarla, porque se agrede la ficción, se violan las máximas del mundo de la ficción, en el que todo existe dentro de una generalidad tipo de las cosas y los personajes. Algo así como cualidades y condiciones que las hacen bellas y bellos, por rasgos de universalidad.

Imitar la cotidianidad de Anabel es falsearla. Llevar al cuento la materialidad cotidiana y rutinaria de ella, resulta una trama narrativa pesada y forzada; es decir, imitar a Anabel es violar las condiciones de la creación literaria, lugar donde todo es abstracto pero verosímil o posible.

Anabel será tratada como un personaje construido en medio de los afanes, decisiones incompletas o tímidas; en medio de la abstracción que opta por el tiempo indefinido. Dice Cortázar que el personaje será construido, sacado de una “nebulosa madeja con tantas puntas, puedo tirar de cualquiera sin saber lo que va a dar; la de esta mañana tenía un aire cronológico […] seguir o no seguir esas hebras: me aburre lo consecutivo pero tampoco me gusta los flashbacks gratuitos que complican tanto cuento y tanta película”. Cualquier hilo que se hale produce una Anabel en el tiempo y en el espacio e identificada por el ejercicio de una profesión, así sea la profesión más vieja del mundo: la prostitución.

La copia de la Naturaleza no produce hoy belleza; la producía en la antigüedad y en el occidente renacido. Hoy la belleza del personaje está en la construcción nebulosa de la ficción. Sobre la fotografía de la Anabel detenida en la imagen, Cortázar crea otra mujer, imaginada, sacada de una madeja en la que pueden existir múltiples Anabeles, una por cada hilo. La que salga de ese nudo abstracto y ficticio, habrá que darle un tiempo cronológico o diacrónico aunque esta necesidad resulte aburrida, gratuita o complicada.

El personaje construido bajo las condiciones de la modernidad del siglo XX, está dotado de tanta belleza, como el narrador quiera darle, en dependencia, sólo de su talento literario. El recurso del tiempo evolutivo del personaje, o del tiempo diacrónico, muestra el deseo del creador de darle un ancestro, una raigambre en una sociedad, en una cultura. El recurso de un tiempo para el acontecimiento, ubica el personaje en una cronología para dotarlo de unas características psíquicas.

La cultura y la Psiquis de Anabel, dice Cortázar, es contar algo que no se conoce, pero necesario para el cuento o la narración: “Absurdo que ahora quisiera contar algo que no fui capaz de conocer bien mientras estaba sucediendo, como en una parodia de Proust pretendo entrar en el recuerdo como no entré en la vida para al fin vivirla de veras”. Recurso al absurdo de la invención porque choca con el recuerdo de vivencias efectivas, pero que sólo son indicios de hechos incompletos. Es el recurso a los puntales de anclaje de memoria para producir un personaje coherente en el tiempo, en el espacio y en las relaciones sociales. Se le hace hablar de manera apropiada, se le hace participar en unos diálogos que deben coincidir con la identidad cultural; y eso se inventa: “(No me acuerdo, como podría acordarme de ese diálogo. Pero fue así, lo escribo escuchándolo, o lo invento copiándolo, o lo copio inventándolo. Preguntarse de paso si no será eso literatura)”.

A deshoras, en una dialéctica de sí mismo, en un diario con mañanas y tardes, salió un cuento cuyo personaje es Anabel, un ser bello y humano, se prostituye para sobrevivir, capaz de separar el sexo del amor. El sexo lo vende, el amor lo da a quien se lo retribuya con lo mismo. Es una mujer joven inmersa en el mundo de amores marineros y realizada existencialmente con la moda de un vestido de nilón o un aparato de radio con tocadiscos, para escuchar Adiós pampa mía o Muñeca brava de Alberto Castillo.

viernes, 4 de octubre de 2019

Del oro corrido a los hilos perfectos.

La forma de comer y vestir delata la cultura de la sociedad y por medio de estas costumbres se puede estudiar ese grupo humano. Nuestro territorio ha sido ocupado desde hace milenios y ese tiempo largo se puede medir por periodos. Por eso, los tratados de historia hablan de época o periodo prehispánico, conquista, colonia y república.

Nuestro territorio tiene historia, llena de acontecimientos en cada uno de esos periodos. Historia de la sociedad, de la cultura, de la economía, de la religión; pero la línea de pensamiento prometida para esta tarde, se dirige a mostrar como el oro rescatado de los ríos y quebradas es la riqueza que va a financiar la industria textil y el recurso humano que la sostiene, la mano de obra, los obreros.

Los conquistadores españoles se apropiaron de toda la cultura indígena. Se asentaron sobre la tierra culta, se apropiaron de los cultivos, del cuerpo de los indígenas, se aparearon con las mujeres indias, y a la vuelta de cincuenta años, hubo dos generaciones de mestizos, hijos de indígenas con españoles.

España llegó a América buscando una ruta para comerciar especias y se encontró con un mundo nuevo lleno de oro. Primero saquearon las sepulturas, luego exterminaron los ejércitos indígenas y luego se repartieron la tierra con sus habitantes, bajo la figura de la encomienda. Esta figura institucional fue la forma como la corona o mejor la monarquía, reconoció y premió la tarea de los conquistadores. El encomendero, inició el periodo colonial y utilizó los indígenas para explotar las minas de oro y la tierra. Minas que tradicionalmente los indígenas explotaron y que el español llamó minas de aluvión o de oro corrido, porque este metal corría libre en ríos y quebradas.

En Antioquia, la mano de obra indígena no aguantó el duro trabajo impuesto por los amos españoles y se extinguió rápidamente. Para subsanar el faltante de mano de obra se importó masivamente esclavos africanos. Del oro sacado de las minas se pagó un quinto al rey y el resto se empleó en pagar el sustento de la empresa encomendera (comida para los esclavos, útiles y herramientas de labranza, vestidos, aceites y vinos) traídos de España o de otras zonas del virreinato como Bogotá y el Socorro.

Se puede observar, como el oro pasó de la bolsa del encomendero a la bolsa del comerciante. Estas dos actividades, minería y comercio, fueron ejercidas por familias en el siglo XVIII y le dieron identidad a la economía colonial, la que tuvo como base fincas productoras de alimentos, que se combinaba con la explotación de minas y la importación de todo lo necesario que no se producía en la región. En Antioquia predominó la pequeña y mediana propiedad autosuficiente.

La colonia finalizó porque el encomendero se transformó en finquero, comerciante. La riqueza que se trajo de la colonia a la época republicana, puede llamarse capital comercial que se dedica en la primera parte del siglo XIX a la explotación de la minería de beta que exigió personal experto y maquinaria, a la exportación de la quina y el tabaco.

En la segunda mitad del Siglo XIX el tabaco es reemplazado, de manera lenta pero segura, por el café. Para 1890 el país quedó prácticamente monocultivado con cafetos. Las primeras industrias que se crean en Colombia y específicamente en Antioquia, fueron generadas por las necesidades de las haciendas cafeteras: la metalmecánica (molinos, tostadoras y arados), los alimentos procesados como cervezas y chocolates.

El capital Comercial se transforma en capital industrial. El Estado colombiano impulsa los ferrocarriles y comenzó un interés general por la creación de empresas industriales. Pero este interés fue aplazado e interrumpido por la Guerra de los Mil días; por eso la fundación de empresas textiles en Antioquia se inicia a partir de 1908 con la puesta en marcha de Tejidos Medellín luego llamados Tejidos de Bello. A pesar de tener el ferrocarril, los telares debieron pasar la cordillera de la Quiebra en mulas, porque le túnel solo se terminó en 1929. La empresa textil Fabricato, entablamento industrial, se funda en 1923 y absorbe las anteriores. Fabricato se establece al lado de la estación del ferrocarril, para permitir que el algodón y el carbón entren sobre rieles hasta los telares y la caldera. Y que la producción también salga sobre rieles.

Esta primera parte de la historia de la industria textil en Antioquia estuvo marcada por el primer fruto que dio la organización sindical de las trabajadoras. La mano de obra inicial mayoritariamente femenina protagonizó la primera huelga obrera de Colombia en 1920. Ocurrió en la fábrica de Bello y fue dirigida por Betsabé Espinal. Lograron todo lo pedido y se fundamento desde ahí una tradición de lucha obrera que maduró con la Revolución en Marcha de López Pumarejo iniciada en 1936 y terminada en 1945. En este periodo se creó la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) dentro de la política de la central única de trabajadores.

Luego de terminada la hegemonía liberal, el sindicalismo Antioqueño, a semejanza de lo que pasó en todo el país, se divide en tres corrientes: el sindicalismo conservador llamado Unión de Trabajadores de Colombia (UTC), la CTC liberal y la comunista FEDETA (Federación de Trabajadores de Antioquia). La lucha de estas tres centrales por el control del sindicato de los trabajadores de Fabricato, termina con el triunfo los Utecistas por el apoyo decidido de la iglesia católica que en asocio con los gobiernos conservadores y los patrones expulsan de la organización sindical a las otras dos corrientes. Los Utecistas para mostrar como el sindicalismo revolucionario liberal y comunista, querían solo utilizar a los obreros para fines políticos, impulsan el paternalismo empresarial y montan unos programas de educación, salud y vivienda para los trabajadores. Fabricato construye barrios obreros, restaurantes, escuelas y hospital.

La violencia bipartidista, la dictadura militar de Rojas Pinilla, se intentan superar con el Frente Nacional vigente de 1958 a 1973. Esta repartición del poder entre los dos partidos tradicionales creó una nueva era dentro de la organización sindical de Fabricato. La UTRAN y la CTC se dividieron el favor de los obreros y tenazmente se opusieron a la entrada del sindicalismo de filiación comunista.

Luego del Frente Nacional, con la restauración de la libre participación política, el sindicalismo antioqueño se diversifica y múltiples corrientes entran competir por los sindicatos de base, de industria y por especialidades.

(Texto leido en el Sindicato de Fabricato el 2 de octubre de 2019 con ocación de la insuguración del mural Contando historias de Ilduara Gallego y Fernando Torres)


jueves, 4 de julio de 2019

La colonia en Hato Viejo no partió de cero


Imaginar, hablar o escribir sobre la colonia en Bello es un reto para el historiador. Construirla (para no decir reconstruirla porque suena pretensioso) es difícil por la filigrana investigativa que exige la historia local. La información es más o mementos profusa para los centros mineros, las villas o las ciudades, puntos de interés para los pobladores españoles, quienes producían los documentos. Ese periodo colonial sabemos con certeza que termina en 1810, pero no es fácil señalar el comienzo. La conquista no puede encerrarse en el siglo XVI, porque la guerra con los indígenas se prolongó a lo largo del siglo XVII. En Bello, llamado Hato Viejo desde 1575, se puede escribir sobre momentos, según la documentación producida, en la entrada de Tejelo al Valle de Abrurrá, la gobernación de Valdivia, la gobernación de Gaspar de Rodas, la gobernación de Bartolomé de Alarcón y luego, el paso del Hato Viejo a la parentela Piedrahíta.

En el camino de Popayán a Antioquia, año de 1570, para tomar posesión de la gobernación, Rodas se detiene en Ebéjico y recuenta la gente que lo acompaña: “Allí se detuvieron en el campo/ Algunos días, y hicieron lista/ del número de gente que venía:/ Hallaron ser los españoles ciento,/ Hasta seis menos, pero todos ellos/ de todas buenas armas pertrechados;/ Los caballos pasaban de trecientos;/ Setecientos los indios de servicio;/ Y algunos etíopes, aunque pocos,/ Pero para cualquier trance dudoso/ Arrojadizos y determinados;/ De vacas se llevaban cuatrocientas/ Quinientos puercos, antes más que menos,/ Y otros rebaños de menor ganado/ …”1

Castellanos, en la Historia de la gobernación de Antioquia, parte de Elegías de Varones Ilustres de Indias, escribe sobre Andrés de Valdivia y sus incursiones en las tierras de los nutabes. En el año de 1574 los indígenas lograron engañar a los españoles. Al verlos cansados y hambrientos les ofrecieron comida y amistad, para luego caer sobre ellos. Mataron a Valdivia y su mujer ladina, llamada Catalina. Los nutabes hicieron retroceder a los españoles de su tierra (designada como Valle de San Andrés), y volver a la villa de Santa Fe de Antioquia2.

Gaspar de Rodas llegó al Valle de San Andrés el 8 de febrero de 1577 como gobernador, para hacer justicia por la muerte de Valdivia y someter a los indígenas nutabes y en ese valle funda la ciudad de Cáceres. Rodas pasó luego hacia el occidente hasta ver las sabanas de Aburrá y seguir por el río Porce y el Nechí, en cuya confluencia funda la ciudad de Zaragoza en 1581; allí estableció 40 encomenderos. Luego pasó a san Juan de Rodas en términos de Ituango y lo repobló con 28 encomendereos3. El paso para tomar el río Porce debió ser por el norte del Valle de Aburrá, tierra con asentamientos indígenas. Allí según la Capitulación, figura de la legalidad monárquica de los conquistadores, Rodas repartió y encomendó los indígenas entre sus compañeros de campaña y entre ellos su hijo Alonso de Rodas. Está la ubicación de la casa del cacique Niquía, en frente de la quebrada de las Piedras Blancas de la otra banda del río4.

Bartolomé de Alarcón heredó la gobernación por la muerte de Rodas en 1607 y por ser el esposo de María de Rodas Carvajal, hija mayor del gobernador. El Valle de Aburrá, comenzó a llamarse Hatos de Aburrá por ser un lugar de estadía del ganado que transitaba del valle del Cauca y Anserma hacia los centros mineros de Zaragoza, Cáceres, San juan de Rodas, Guamocó y San Jerónimo del Monte, todos ubicados en el bajo Cauca. Se registra también el nombre de los Hatos de Alarcón para referirse a los hatos del Valle de Aburrá como Hato Viejo, Hato Grande y Hatillo, lugares que fueron utilizados por los españoles por tener población indígena repartida entre los conquistadores, para ser sometida como servidumbre.

La sociedad colonial no parte de cero. Los conquistadores españoles comenzaron a establecerse sobre las tradiciones socioeconómicas indígenas. Sí destruyeron la cosmogonía indígena e impusieron la cosmogonía y religión cristiana5; pero conservaron los cacicazgos porque de ellos, de su mediación, dependió la apropiación de la mano de obra indígena o del trabajo indígena. El conquistador español fundó las villas y las ciudades sobre los territorios indígenas y encomendó la población por medio del repartimiento. Este acto se registraba en un acta para legalizar la actuación. La encomienda y la repartición de los indígenas es la factibilidad del paso de la conquista a la colonia. “…las formas de producción prehispánica, lejos de desaparecer con la llegada de modos de producción europeos, se mantuvieron como pilar de la sociedad colonial a la cual subsidiaban”6 o sostenían. De esta manera la sociedad colonial creó los conceptos de “indio” y a partir de él creó el aparato jurídico montado sobre el trabajo indígena y la apropiación de la tierra y sus riquezas, en especial el oro.

El yerno de Gaspar de Rodas “Bartolomé de Alarcón, un viejo minero y excorregidor de Mariquita, que se había casado con María de Rodas hija mestiza del gobernador, heredó el poder en Antioquia. Gaspar de Rodas se casó con una hija del cacique de Peque a quien bautizó y le puso el nombre de Catalina Carvajal. Con ella tuvo dos hijos María y Alonso. Alarcón consolidó los hatos del Valle de Aburrá que su suegro había puesto a funcionar al finalizar el siglo XVI y organizó una serie de expediciones militares que buscaban no solo mantener la “paz y quietud” de los habitantes, sino ampliar la frontera”7. Este heredero de la Gobernación de Antioquia, calculó en 1614 la población indígena de la provincia en 890 colonizados y habló de la necesidad de introducir 2.500 esclavos negros para recuperar la producción aurífera de Antioquia y Urabá.8

Alarcón se opuso a la visita del oidor Francisco Herrera Campuzano porque la provincia estaba empobrecida por falta de mano de obra y la apertura de nuevas minas. Además a la gobernación le tocaba financiar y sostener la visita. “Durante la visita, Herrera Campuzano castigó a los encomenderos, estimuló la explotación de las minas, reglamentó el trabajo asalariado y activó la ampliación de la frontera hacia el Chocó […] trasladó la población indígena desde sus asentamientos “originales” hacia los nuevos pueblos que fundó, a saber: San Antonio de Buriticá, San Juan del Pie de la Cuesta, […] Nuestra Señora de Sopetrán y San Lorenzo de Aburrá […] Igualmente la visita fue importante porque permitió conocer el estado en que se encontraba la población indígena: número, oficio, edad, loclización”9.

Las visitas comienzan con el reconocimiento de los indígenas como “vasallos libres” resultado de la controversia de Valladolid 1550 – 1551. Se ordenan las visitas para certificar el estado de los vasallos. En esta controversia se enfrentaron las posiciones del padre Bartolomé de las Casas defensor de la humanidad de los indígenas y la de Ginés de Sepúlveda que los consideraba seres inferiores.10

Herrera Campuzano hace comparecer a Alonso de Rodas por las encomiendas y repartimientos del gobernador Gaspar de Rodas. Este dice: “El repartimiento de Aburrá y Yamecies, que ausi mesmo sucedio en ellos el dicho Alonso de Rodas por muerte del dicho gobernador que son dos repartimientos le parece que ay en ambos quarenta indios utiles de macana su las mujeres e hijos de los dichos indios que por todos serán ciento y treinta poco mas o menos…”11

Comparece y declara también “Andrés Purpur yndio ladino natural del dicho natural del dicho repartimiento de Siritabe”12 encomendados a Alonso de Rodas. Dice Andrés Purpur que el encomendero Rodas, trasladó indígenas de su repartimiento ubicado en Cáceres a san Jerónimo del Monte distante 10 leguas para el trabajo de minas, de los cuales enfermaron algunos y murieron. Se queja además de haberse llevado Alonso cuatro indias para Santa Fe de Antioquia a servir en sus posesiones, las mismas que murieron. Otros debían viajar todos los años de Cáceres a Santa Fe para hacer las rozas de maíz del encomendero Rodas, distante 20 leguas, diez días de camino por tierras difíciles. Los indios enfermaban. El ladino Purpur denuncia las palizas propinadas a los indios por los administradores al servicio de Rodas y da el nombre de un descalabrado.

Por el mal trato y abuso, las encomiendas son abolidas y Los indígenas del Valle de Aburrá, bajo la condición de repartidos y encomendados, que estuvieron en cabeza de Gaspar y luego de su hijo mestizo Alonso de Rodas, pasaron por orden del visitador a la corona y fueron llevados al pueblo de San Lorenzo de Aburrá creado para la ocasión.

La muerte de Gaspar, el despojo real hecho contra Alonso, dejaron las tierras del norte del Valle de Aburrá sujetas a la compraventa para el pago de las deudas endémicas adquiridas por los encomenderos a las cuales estaban obligados para poder explotar las minas de oro corrido o de aluvión. Muchas minas y tierras fueron dadas en pago a comerciantes que introducían en Antioquia aceites, vinos, herramientas y ropas de Castilla, productos con precios muy altos por la distancia y la dificultad del transporte. “En julio de 1610 se pusieron en remate las tierras, 200 cabezas de ganado y 30 yeguas, que poseía Alonso de Rodas en Aburrá. Por ellas pagó Pedro Villareal 1.698 pesos de oro”13

Los bienes de los conquistadores y sus hijos pasaron al haber de los comerciantes para la segunda parte del siglo XVII. Estos habitantes, tercera generación de los conquistadores o nuevos inmigrantes inversionistas, diversificaron las producciones para atender las demandas de la sociedad colonial expuesta. Las Tierras del norte del valle de Aburrá después de transacciones diversas se dedicaron a la explotación agrícola con el empleo intenso de mano de obra esclava. En 1667 Juan de Piedrahíta y Saavedra ubicado en el Hato Viejo tiene estancia de ganado mayor y pan coger, hato con potreros, aposentos, canal y capilla. Cultivos de maíz, plátano y caña. 1.172 cabezas de vacuno. 469 caballos. 91 mulas, 11 yuntas de bueyes y 9 burros. Minas en Osos y 167 esclavos, entre ellos “siete esclavas bozales que tenía cada una entre dos y cinco hijos y una mulata criolla, Bernabella, quien junto con sus cinco hijos, estaba destinada a las labores domésticas en la casa de sus amos”.14

Las familias empadronadas en 1675, para la fundación de la villa de la Candelaria de Medellín, son ubicadas en la cuenca de la quebrada de los niquías, ahora bautizada como quebrada de García, en el Hato Viejo. En esa etapa temprana de la colonia vivían allí: El capitán Rodrigo García, Don Toribio de Villa, Pedro Zelada, Miguel López Garrido, el mulato Antonio Leal, el mulato Pedro Alejandro Herrera, el mestizo Fernando Jaramillo, Rodolfo yerno del anterior también mestizo. Juan Hernández yerno del anterior también mestizo, José Jaramillo mestizo, María Jaramillo mestiza. Miguel Gómez de Ureña. Juan de la Luna Mestizo, Luis Gómez, Doña María Paladines, Lorenzo Tasón de Rivilla, Roque González de Fresneda, Salvador Indio y “el licenciado Alfonso de Piedrahíta Presbítero”15. Estas dieciocho familias, sostenían una economía colonial híbrida, Tenían esclavos, asalariados, tierra labrantía, ganados y minas de oro. Tuvieron un imaginario cristiano anclado en una jerarquización social de castas, dependiente del color de la piel: escribe Gabriel Arango “De europeo e india … sale la mestiza –dos cuartos de cada parte. De europeo y mestiza … sale la cuarterona –cuarta parte de india. De europeo y cuarterona … sale la puchuela –enteramente blanca”16. Un conglomerado de dieciocho familias nucleares con un aproximado de docientos miembros materializan la sociedad colonial en el Hato Viejo de finales del siglo XVII y la primera mitad del XVIII (1680 – 1750).

La sociedad de castas resultante estuvo en consecuencia lógica con la concepción e imagen del mundo de la monarquía española. El debate entre De las Casas y Ginés de Sepúlveda en 1550, terminó en el reconocimiento de la humanidad de los indígenas, dentro de las concepciones humanistas del renacimiento; pero una humanidad inferior en comparación con la tradición occidental heredera de la cultura grecolatina, que consideró la guerra justa contra los indígenas por ser considerados de costumbres bárbaras.

Por eso en el ápice de la jerarquía social España privilegió al ser de piel blanca para irradiar desde ahí el derecho, a su vez matizado por el devenir político europeo. Desde el siglo XVII la sociedad medieval declinó su ordenamiento por las intenciones de la monarquía de establecer la plena soberanía. Este proceso se conoce en la historia occidental como “El Absolutismo”, acontecimiento político fondeado por el dominio económico de la burguesía capitalista. La monarquía absoluta ejerció todas las bondades tecnoeconómicas de este periodo, expuestas como el advenimiento de la edad moderna. La ciencia, la técnica, los métodos administrativos y la búsqueda de la eficacia del Estado le permitieron a la monarquía española atender permanentemente la administración de la colonia americana.

La fundación de los pueblos, ciudades y las villas, se hicieron adoptando una imagen del territorio de claros contornos de control absoluto de las conductas. El Estado español en las indias operó a través de las atribuciones concedidas a los Adelantados, Jefes de la conquista y descubridores. Atribuciones para repartir tierras, las mismas que le son dadas a los administradores llegados de la península ya establecido y maduro el periodo colonial. “De esta misma facultad gozaron […] Virreyes, Presidentes, Gobernadores, y Cabildos” aunque la monarquía se reservaba el derecho de confirmación posterior17.

1. De Castellanos Juan. Elegías de Varones Ilustres de Indias. Ed. Gerardo Rivas Bogotá 1977. Pág. 978
2. Idem. Pág. 1030 -1031
3. Idem. Pág. 1051 -1052
4. Archivo Histórico de Antioquia. Colonia. Indios. Tomo 2. Doc. 696 de 1635.
5. Montoya G. Juan David y González J. José Manuel. Visita a la provincia de Antioquia por Francisco Herrera Campuzano 1614 – 1616. Ed. Universidad Nacional Medellín 2010. Pág. 14
6. Idem. Pág. 14
7. Idem. Pág. 19
8. Idem. Pág. 21
9. Idem. Pág. 26
10. Cabdequí, Ots. El Estado Español en la Indias. Colegio de Méjico 1938
11. Montoya. Ob. Cit. Pág. 151
12. Idem. Pág. 153
13. Álvares Morales, Víctor. La sociedad colonial 1580 – 1720. En Historia de Antioquia. Periódico El Colombiano. Agosto 5 de 1987
14. Idem.
15. Padrón General y Primitivo para la Fundación de la Villa de Medellín. En Crónica Municipal Medellín Colombia 1967
16. Arango Mejía, Gabriel. Genealogías de Antioquia y Caldas. Medellín 1942. Pág.10
17. Cabdequí, Ots. Ob. Cit. Pág. 38

Imagen: Enrique Grau. Mulata 1940

domingo, 16 de junio de 2019

La derecha de la izquierda y la izquierda de la derecha


En esta modernidad tardía nuestra, que ha comprendido y asumido la desacralización de los grandes sistemas filosófico-teóricos y políticos, se tiende a tomar una actitud política bajo el supuesto de ser la única posible, no sólo por ser fruto de la desacralización, sino porque sólo queda una forma de ser luego de las hondas heridas de la guerra hoy convertidas en cicatrices imborrables en una permanente verbalización del recuerdo y la memoria.

Esa huella de la guerra, hoy obliga, a una sola actitud política; ella es actuar por la paz, la igualdad y la justicia dentro del orden de la democracia participativa. Desde esta perspectiva, no es coherente ni pertinente, ubicarse a la derecha o a la izquierda. No habría razón política, porque sólo existe la búsqueda de un gobierno garante de la paz, la igualdad y la justicia social desde la democracia, debido a la desacralización de los sistemas políticos promotores de la lucha violenta por el poder. Sólo queda la participación política a través del ejercicio del sufragio universal.

Pero la realidad nos muestra que la democracia está atada a la economía. La democracia cumple el designio de la paz, la igualdad y la justicia, según el grado de distribución de la riqueza. Esos designios se materializan, se vuelven realidad en determinados territorios, según el grado del poder adquisitivo de los individuos. Se puede argumentar que las instituciones solo tienen como fin y objetivo defender al desposeído de la ambición de los acumuladores de capital; pero la experiencia hoy nos muestra que la observación elevada a teoría hecha por el marxismo desde el siglo XIX sobre el funcionamiento de la democracia, está vigente, porque la democracia sigue controlada, atrapada, secuestrada, teledirigida por los dueños del capital o la riqueza de la nación. La propuesta de una participación política con un proyecto para tratar de convencer a los dueños de la riqueza que humanicen su comportamiento y dejen de acumular dinero para poder garantizar el bienestar de la mayoría de la población que vive lleno de necesidades básicas insatisfechas, no es efectiva. Querer poner el recurso de la buena voluntad sobre el interés económico que aparece a través de la historia de la humanidad como invencible, es un proyecto fallido. El marxismo le dejó a la humanidad una observación teorizada sobre el orden social capitalista y la consecuentemente denominada “democracia burguesa”, donde quien gobierna en últimas es el capital y su dueño por la necesidad de mantener la tasa de ganancia y se legisla en ese sentido sobre los precios y el salario.

El no ubicarse a derecha o izquierda, porque la democracia es una, es actitud ingenua según la argumentación anterior. La democracia per se, no garantiza ni la igualdad, ni la redistribución de la riqueza. Hasta hoy la experiencia política nos ha demostrado que participar esperanzado en la buena voluntad del dueño del capital, ha terminado poniendo el pensamiento y la acción de los sectores sociales que buscan la redistribución de la riqueza entre toda la población, al servicio de medidas antisociales como el aumento de la edad de jubilación o la privatización de la riqueza pública. Esa lógica del capital y sus dueños hace parte constitutiva de un pensamiento típico e identificado desde el siglo XVIII como de derecha, porque sus promotores acostumbraban ubicarse en el lado derecho del recinto de la asamblea nacional de la Francia revolucionaria.

Por lo escrito aquí, la práctica política en estas primeras décadas del siglo XXI, deja la enseñanza obligante de construir un universo político de izquierda para oponerlo al universo político de la derecha. Según Norberto Bobbio1 la mentalidad de la derecha está constituida por la defensa de la tradición y el sustentar todos los contenidos humanos en la naturaleza. La tradición dice de los seres humanos estar sometidos a una jerarquía social relacionada con la posesión de la riqueza y el prestigio que ella da, huella de las sociedades cerradas medievales que ataban el derecho a la cuna o al nacimiento. La naturaleza es quien sustenta el orden social, dado desde el origen por la divinidad. La sexualidad solo se concibe entre sexos opuestos, la libertad es natural y la igualdad es antinatural.

El recurso a la naturaleza engloba las posiciones políticas conservaduristas y liberales; pueden llamarse tradicionalistas que niegan la ciencia política y su basamento racional. Es un acuerdo de la comunidad científica que ha asumido el estudio de la política como su objeto, considerar la desigualdad natural de los seres humanos susceptible de corregirse racionalmente para proclamar la igualdad como un hallazgo o una construcción cultural; este último es un elemento de la mentalidad de la izquierda: hay que ponerlo todo bajo la óptica de la razón. La igualdad es un bien cultural decantado por el mundo moderno. La igualdad arrastra la justicia y esta la economía hasta la necesaria redistribución de la riqueza para garantizar el derecho a vivir bien a todos los miembros de la sociedad.

La derecha liberoconservadora también argumenta basar su ideario, su mentalidad, en la razón y la llama razón natural y la sustenta en la cultura; pero ata la cultura a la naturaleza y así la detiene en el tiempo, la hace perenne o absoluta, todo es igual desde el principio. Es natural la existencia de ricos y pobres o es natural la jerarquía social según la posesión de riqueza.

La democracia moderna pensada como un bien, permitió unos acuerdos entre derecha e izquierda identificados, por la lógica del lenguaje, en las expresiones “sectores de centro”, y “sectores extremos”. Así se habla de centroderecha o centroizquierda, o como dice Bobbio1: la derecha tiene su izquierda y la izquierda tiene su derecha. Por estas mesclas la derecha conservadora ha tenido dentro de sus proclamas la democracia republicana y dentro de ella ha dejado transcurrir la acumulación de riqueza hasta el punto de que esta secuestra la democracia para ponerla al servicio de quienes más han acumulado; ahí en esa derecha conservadora se han escuchado voces críticas contra ese secuestro; pero inefectivas y olvidadas.

Igual ha pasado con el liberalismo. Ha tenido sus expresiones derechistas negadas a todo pensamiento igualitarista. Ha tenido al mismo tiempo sus líderes izquierdizantes con sendos discursos igualitaristas y redistributivos. Han tratado de profundizar la democracia moderna tal como se diseñó desde la revolución francesa; pero esas voces se han chocado contra la derecha liberal naturalista quien ha salido triunfante por el hecho de tener la riqueza adquirida o heredada.

Por lo aquí escrito, se puede decir que en nuestro tiempo, se necesita una práctica social que materialice la racionalidad política. Una mentalidad de izquierda que asuma la democracia moderna como un bien cultural y la depure o la adapte al presente. Para hacerlo se debe centrar en el interés de propiciar un acuerdo por la igualdad política, la justicia económica, concebidas como bienes de la cultura de nuestra sociedad tardomoderna.

1. Bobbio, Norberto. Derecha e Izquierda. Razones y significados de una distinción política. Taurus Madrid 1995

Imagen: Fernando Botero. El cazador 1999