jueves, 9 de junio de 2016

La invención del cielo y el señor Páramo

Diego Rivera, fragmento de Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central



Ha llegado a buscar su padre, a un pueblo que tiene un tráfico de seres humanos entre el cielo y la tierra o entre la tierra y el cielo. Un arriero, su primer contacto humano, le guía y le señala, el hospedaje donde puede quedarse. Ese hospedaje es de una mujer que le esperaba, porque fue amiga de crianza de su madre y esta al morir le dio aviso de la llegada de su hijo en busca del padre. Los personajes del pueblo, que le conducen al padre al hablarle le hacen entender que todos están muertos; pero viven la muerte en la doble existencia del pueblo, condenado a desaparecer por la maldad de un hombre, de su padre. Juan Preciado el hijo de Dolores Preciado, llega a Comala, en busca de Pedro Páramo su padre para reclamarle los bienes que le robó a su madre. Esa historia de Rulfo sirve para poner sobre la tierra, la magia de un pueblo y la invención milenaria del cielo, o del panteón, o del lugar supraterrestre al que van los muertos en estado incorpóreo. Esa magia real, es parte de la cultura y ha trasegado los siglos hasta Comala.

A la cultura la llenan las invenciones, hubo las que se convirtieron en estereotipos, como las convocatorias de los espíritus de las piedras, de los árboles o el agua. Es la operación de la cultura de la magia. Esta estuvo vigente, buena parte del paleolítico. Pero la invención, al parecer más fundamental para esta época nuestra, ocurrió en las sociedades agrícolas: es la invención del cielo. El cielo como un lugar. Así como se adoptó un lugar para la siembra, la recolección y la estadía, se adopta un lugar para estar luego después de la muerte. La invención del cielo es parte de la condición humana de establecer una relación de réplica, entre su práctica y su representación o imaginación. Así el ser humano nómada, con una vida práctica territorial, su imaginación fue también territorial. Su representación imaginación estuvo poblada de humanos incorpóreos habitantes de las plantas, el agua, las piedras, el fuego y la tierra.

Por eso el cielo se inventa como réplica del lugar, sede de la vida, el trabajo y el tiempo. La humanidad anclada en una sede, desterritorializa su representación imaginación y crea un émulo de su sede y lo ubica en el espacio supraterrestre. La invención del cielo es fechable, porque obedece a un periodo o estado de la cultura. Son los agrícolas que se explican su condición de civilización ocurrida alrededor de diez mil años atrás. El cielo es el lugar de habitación sede del panteón. Se puede hacer un inventario de cielos, se cuenta el cielo de Ur, el cielo egipcio, el cielo hebreo, el cielo griego, el cielo romano, el cielo azteca, hasta el cielo cristiano, como el cielo de Comala.

Comala es presentado en dos versiones. El Comala habitado, verde florecido, con fiestas, alegrías, agitado. Y el Comala de los ecos, los fantasmas; el Comala panteón. Se tiene el pueblo material, fáctico y el pueblo supraterrestre en el que las palabras “no tenían ningún sonido, no sonaban; se sentían; pero sin sonido, como las que se oyen durante los sueños”. El pueblo supraterrestre es como el cielo, el lugar del cielo, es una creación pertinente con el sentimiento del sueño. Los seres humanos de ese pueblo rulfiano, en la versión material imaginaron otro, etéreo como efecto del cruce de sentimientos oníricos. La mujer que duerme con su hermano fue muerta por los murmullos y el rechazo social a su incestuosa vida; pero sigue ahí atrapada entre los resquicios de las paredes y por dos de sus sueños: uno bueno, otro malo. Por ellos transmigra entre el cielo y la tierra. Dentro del sueño bueno tuvo un hijo, lo amó, lo crió, lo llevó a todas partes. Pero en el sueño malo, le dijeron en el cielo que se habían equivocado con ella, que le “habían dado un corazón de madre, pero un seno de una cualquiera… llegué al cielo y me asomé a ver si entre los ángeles reconocía la cara de mi hijo. Y nada todas las caras eran iguales, hechas con el mismo molde… pero otro de aquellos santos me empujó y por los hombros me enseñó la puerta de salida: “ve a descansar un poco más a la tierra, hija, y procura ser buena para que tu purgatorio sea menos largo””.

El universo de América independiente pasa por ese pueblo de doble estatuto. El poder del codicioso de tierras y riquezas, despoja a los demás y los condena a la pobreza y el hambre. Ata el devenir del pueblo a su vida. Somete la ley, la iglesia y la libertad. Y cuando los despojados se revelan pone su riqueza a disposición de los ejércitos triunfadores, vencedores, con la esperanza de continuar la supremacía, la dictadura dada por la riqueza, efectiva en poner a su servicio la virginidad y demás bienes de la vida de los demás. Los muertos les narran a los vivos los acontecimientos y les explican por qué el pueblo está muerto. El supremo encontró un solo poder invencible, el amor. Ante él sucumbió e hizo sucumbir el pueblo. Ató los dos destinos.

El arriero que guía a Juan Preciado y la mujer del hospedaje están muertos, pero deben ayudarle al recién llegado a encontrar a su padre y a comprenderlo como ese ser responsable de la historia de esplendor y decadencia de Comala. Juan Preciado lleva en la cabeza las palabras de su madre muerta. Ella le describió un pueblo lleno de colores y de vida. Encuentra uno desolado, habitado por seres que se acusan mutuamente de estar muertos y le obligan a hacer memoria de las palabras de la madre y cotejarlas con la realidad. El arriero comienza y termina la historia. Usted viene a buscar a Pedro Páramo, su padre, siga este camino y lo encontrará. Por el doble estatuto del pueblo, el arriero material es el matador del padre por haber sido despojado y es el justiciero incorpóreo migrante entre cielo y tierra para dar cuenta de lo acontecido.

jueves, 2 de junio de 2016

Una historia cultural de Bello


 Talleres del Ferrocarril de Antioquia
 
En el norte del valle de Aburrá se ha desarrollado una sociedad con una cultura local que se caracteriza y se diferencia en el conjunto del país. En el municipio de Bello se radicaron, en el alba del siglo XX, la industria textil y los talleres centrales del Ferrocarril de Antioquia. Estos dos establecimientos modernos, influenciaron la sociedad con nuevos oficios y comportamientos propios del trabajo en la industria.

La población comenzó un crecimiento sostenido, que aun continúa. En 1913 eran 6.259 habitantes. Por estas condiciones, la Asamblea Departamental de Antioquia erige el municipio y da origen al bellanita con unos horizontes simbólicos dados por los oficios de calidad técnica y los contenidos de la educación en urbanidad, civismo y religión.

En la primera parte del siglo XX, el obrerismo se conjuga con la sociedad tradicional de finqueros, comerciantes y actividades ligadas a las nuevas condiciones económicas. Aparece la dentistería y el bar-cantina, servicios en permanente auge y que en el transcurso del siglo XX le dieron fama al municipio con las expresiones “Bello, Meca de las dentisterías” y “está borracho o va pa’Bello”.

El ferrocarril y la fábrica generaron transformación del territorio. El poblado tradicional, organizado por la “calle arriba” y “calle abajo”, se vuelca hacia el carretero, vía que comunicaba a la fábrica con el ferrocarril y que abrió a la urbanización el sector oriental del municipio. Se poblaron las márgenes de la quebrada La García y allí se crearon los barrios El Congolo, Prado, Las Granjas y el barrio Niquía.

En los años treinta del siglo XX, cuando Fabricato se hubo afianzado y ubicado junto a los talleres del ferrocarril, el desarrollo cultural del municipio comenzó su dependencia de la fábrica hasta 1985. Las técnicas administrativas enseñadas a los obreros y los mandos medios, confluyeron en una política social empresarial de carácter benefactor, la cual se expresó en la construcción de cinco barrios obreros: Bella Vista, Obrero, Panamericano, Santa Ana y Manchester. Frabricato creó una escuela, una clínica y un patronato para los obreros, es decir cubrió los servicios básicos de salud, educación y vivienda.

En 1920, antes de Fabricato, las obreras de la fábrica de Bello, realizaron una huelga de 24 días. Consiguieron aumento de salarios, zapatos, y expulsión de los capataces acosadores. Esta huelga, aupada por el Partido Socialista de la época, creó en el municipio una tradición de deliberación política sobre las ideas de izquierda, pero que por ser ideas perseguidas anidaron en tertulias, bares, cantinas, cafés y grupos de bajo perfil público. Desde allí el devenir político del municipio, ha estado caracterizado por la existencia de las ideas liberales, conservadoras y de diferentes tendencias de izquierda.

De 1913 a 1950 las condiciones culturales en el municipio de Bello se caracterizaron por un territorio en permanente construcción. La sociedad distribuía los tiempos según las condiciones de los individuos. Los obreros funcionaban al ritmo de los turnos de la fábrica y los talleres del ferrocarril, marcados por el sonido de sirenas. Sonidos que eran escuchados por toda la población y que regulaban sus ritmos cotidianos. Los finqueros comerciantes dedicaban el tiempo a la atención de sus negocios rurales y urbanos (la finca y la tienda).

El tiempo de no trabajo u ocio se pasaba en escuchar la radio, visitar el “Salón de Frescos”, ir al cine, caminadas a los “charcos” y bailes sociales. Se asistía con devoción y compromiso a las fiestas religiosas, que al igual que las sirenas o pitos de los talleres y la fábrica, marcaban el ritmo del tiempo como relojes sociales. La iglesia con sus conmemoraciones dividía el año en tiempo de cuaresma y abstinencia; semana santa y penitencia; pascua con jolgorio de San Isidro y lidia de toros, fiestas patronales en octubre con pólvora, y la permisiva navidad, donde se gastaba la riqueza acumulada del año, unos más otros menos.

La segunda mitad del siglo XX entroniza un nuevo ambiente cultural para los bellanitas. Fabricato construye un embalse en la quebrada la García. El embalse conmueve la mentalidad, tanto como el establecimiento de la fábrica a comienzos del siglo. Esa agua acumulada en la montaña se entendió como una maravilla técnica y como una “espada de Damocles” y se instituyó el mito del temor de una inundación general del territorio.

Puede decirse que la gestión cultural moderna en Bello se inicia con la creación del Centro Cultural Marco Fidel Suárez, el 17 de abril de 1949, acción de un grupo de jóvenes egresado del Instituto Manuel J. Caycedo (hoy La Salle), quienes se dieron a la tarea de promover la fundación de la biblioteca pública. En asocio con el Banco de la República la empresa Fabricato cubre con una urna de cristal la humilde choza de Suárez, resguardándola con una estructura monumental y construye al lado un edificio de una planta para la biblioteca pública.

En estos primeros cincuenta años de vida municipal, la acción cultural se caracterizaba por ser centralizada, de iniciativa oficial, y orientada exclusivamente hacia el consumo de expresiones artísticas, bajo el canon e influencia erudita europea. Se recuerdan por aquella época la realización de tertulias selectas en casas de personas distinguidas del municipio, y algunas charlas y recitales esporádicos con personalidades destacadas en el ámbito departamental o nacional. El principal referente simbólico de la época (que posiblemente no dejará nunca de ejercer su influencia sobre la cultura institucional municipal), era la omnipresencia del recuerdo del señor Marco Fidel Suárez, sin duda el personaje más importante en la historia de la localidad hasta la fecha.

En el nuevo edificio de la biblioteca se desplegó una intensa actividad literaria y cultural, que se prolongó hasta finales de los años sesenta. Las acciones del grupo pionero fueron retomadas y potenciadas por el Secretariado de Fabricato, institución que generó un movimiento importante de músicos, danzas folclóricas y artistas plásticos, al cual pertenecieron varias generaciones de obreros e hijos de obreros. El Secretariado en los años setenta se transformó en la Corporación Fabricato para el Desarrollo Social, con una oferta cultural y formativa amplia, asimilable a una escuela de artes y oficios mediante el fomento “del deporte, la recreación, la cultura y la educación para la vida comunitaria, familiar y para el trabajo”.

Esta Corporación ejerció una gran influencia en la dinámica cultural del municipio, ya que fomentó entre los obreros y sus familias el gusto por la creación artística y artesanal, enfocó además su labor en los últimos años hacia la formación para el liderazgo. Esta influencia se refleja aún en la significativa cantidad de artistas con que cuenta desde entonces el municipio. Se destacan entre muchos otros, agrupaciones como Los Típicos, Danzas de mi Tierra, Cosecheros de Antioquia, Grupo de Teatro Alfa y muchos artistas y promotores reconocidos por el movimiento cultural como los “Pioneros”.

Finalizado el acuerdo político del Frente Nacional y luego del experimento suprapartidista de la Alianza Nacional Popular (ANAPO), que tuvo en el municipio de Bello su “canto de cisne”, en la segunda mitad de la década de los setenta, se crearon importantes grupos de teatro, danzas, estudiantinas, cantantes solistas, literatos y artistas plásticos. En ellos se gestaron actitudes estéticas conservadoras pero también contestatarias o claramente revolucionarias y vanguardistas.

La inasistencia del Estado municipio al sector cultural fue reemplazada por el paternalismo de Fabricato, pero al desaparecer este en los años 80, se crea en Bello un movimiento social cultural, fenómeno también expresado a nivel nacional. En Bello el movimiento tomó el nombre de Movimiento Cultural-Comunitario quien logró la construcción de dos espacios apropiados para la cultura: la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez y la Casa de la Cultura “Cerro del ángel”.

Liquidada la Corporación Fabricato, muchos de estos promotores culturales barriales empezaron a nutrirse intelectualmente en la ciudad de Medellín, bien fuera en las universidades, en diversas agrupaciones o en la Escuela Popular de Artes de Medellín (E.P.A.). De esta época, entre los años 1985-1990, surgieron grupos como: Barricada, el Movimiento Fogatero, los Pardos de Fontidueño, las Bibliotecas Comunitarias (desde entonces focos de desarrollo barrial), la Corporación REARTE, Corporación Cultural TECOC y posteriormente, entre muchos otros, el movimiento Arte Joven por Bello.

Por este mismo tiempo, la iglesia católica fortaleció muchos procesos barriales con la organización de grupos juveniles y catequistas orientados por la Pastoral Juvenil Arquidiócesana. De ahí surgieron una cantidad de grupos, que optaron por acciones comunitarias concretas, de allí salió TECOC, la biblioteca Comunitaria de Niquía, y otros.

Bajo todo este influjo, fue creciendo desde 1987 el masivo movimiento de Líderes en Recreación Comunitaria, uno de los fenómenos culturales más importantes de Bello (el municipio se perfiló como modelo nacional de trabajo comunitario), coordinado por el Departamento de Recreación y Deportes del Municipio, hoy Deporbello.

Tras la huelga de 1982, Fabricato dejó de ser la generadora de empleo y gran aportante de dinero para el municipio, esa ruptura fue muy fuerte. Los habitantes comenzaron a vivir fenómenos sociales nacionales, como el narcotráfico y el sicariato. Bello fue conocido como “Cuna de Sicarios”. Se quiebran los imaginarios, sobre el bipartidismo y las guerrillas. Se generó un descreimiento sobre la política, sobre el Estado, sobre lo público. Ese descreimiento será captado por la propuesta de los movimientos sociales y cívicos. En ese ambiente, es donde se expresa en Bello la lucha por la construcción de movimientos recreativos, como los fogateros.

En 1989, durante la primera alcaldía popular de Bello se demolió injustificadamente el antiguo teatro Bello, propiedad del Municipio, declarado patrimonio arquitectónico por el Concejo Municipal de ese entonces. En su lugar se construyó una sede administrativa y se destinó el sótano para casad e la cultura. Ante este hecho, diversos grupos comunitarios conformaron el 15 de abril de 1990 la “Reunión de Artistas y Trabajadores de la Cultura de Bello” (que luego sería la Corporación Cultural Rearte), y bajo la consigna “En Bello la Cultura necesita espacios”, se inició un movimiento dispuesto a conquistar espacios dignos para el desarrollo cultural; no sólo físicos, sino además económicos, sociales y políticos.

La anterior dinámica madura en los noventa y las organizaciones culturales, que se pusieron al frente de un movimiento cultural amplio, consiguieron además de la construcción del Centro Integrado de la Cultura “Cerro del Ángel”, la dotación de un edificio de cinco niveles para la Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez y la elaboración e implementación del primer Plan de Desarrollo Cultural de largo plazo, concebido para el período 1998 – 2008.

Con Rearte se fortalecieron propuestas existentes como la Casa-Teatro TECOC, los Festivales de Teatro, las Fogatas de Luna Llena y los Encuentros de Arte Joven, a la vez surgieron dinámicas nuevas como las Fiestas murales, las Arte-vías, las Escuelas Pilotos de Iniciación Artística Infantil -EPIAI- (o “Escuelitas con Alas”) y las Semanas por Espacios Culturales, dentro de las cuales surgieron los Foros por la Cultura en Bello, con los que se sembró y cosechó la idea de la Casa de la Cultura de Bello.

La participación comunitaria logró que la dirección de la Casa de la Cultura fuera convocada abiertamente por concurso de méritos. Entraron en la dirección tres representantes reconocidos del movimiento cultural, quienes iniciaron su labor el 2 de mayo de 1994, con la consigna “dándole alas a un Bello sueño”. Rápidamente la Casa de la Cultura Cerro del Ángel, respaldada por el Movimiento Comunitario, desató una intensa dinámica socio-cultural que alcanzó reconocimiento nacional.

En esta época hubo una efervescencia cultural, ejercida por grupos alternativos, muchos de ellos inspirados en las teorías del arte, la literatura y la cultura con deseos de transformación social. Estos grupos en los años ochenta, organizaron un movimiento social con objetivos de lucha como la construcción de espacios para la cultura, la apertura de bibliotecas comunales, la enseñanza de las artes y las letras, y políticas de recreación, para una población con todas las carencias.

A la par de este proceso, el territorio recibió, nuevos pobladores, por ser Bello la tierra disponible en el valle de Aburrá para la construcción de vivienda barata. Los barrios de “Casitas sin cuota inicial”, se llenaron de gentes de todos los colores, olores, procedencias, y todo lo habido y por haber, y de pronto esas casas que permanecían con las ventanas abiertas y las puertas sin tranca, fueron robadas y saqueadas. Se crea un enorme celo. La población que vino en busca de una vivienda, no encontró donde trabajar, ni estudiar, ni donde recrearse. Esta situación se tradujo en un contraste inmenso, que generó focos de violencia.

Estos nuevos pobladores fueron estigmatizados por ser pobres, beneficiarios de casa de interés social. Alrededor de esas franjas de viviendas, los raizales de Bello, acostumbrados a vivir en comunidad con tranquilidad, entraron en conflicto. Esta situación desbordó el Estado.

A partir de ahí, el territorio, densamente poblado y ocupado en desorden, fue pensado en términos humanos y de desarrollo cultural. Por ello los ciudadanos activos estéticamente, aspiraron a políticas de recuperación del patrimonio, de la historia local, de recuperación de las aguas, la flora, la fauna, el aire y las montañas.

La inquietud de planificar el desarrollo cultural de la ciudad (o mejor aún: planificar la ciudad desde la perspectiva cultural) se esbozó por primera vez en el Primer Foro por la Cultura en Bello, en agosto de 1990, en la ponencia de la Corporación Cultural REARTE. Esta preocupación se hizo expresa en varios comunicados posteriores del movimiento cultural de Bello, y se recogió en el Plan de Gobierno de la administración 1996 -1999, como una necesidad sentida del sector.

El 8 de marzo de 1996, en virtud de una reestructuración de la Administración Municipal, fue suprimido el cargo de Dirección de la Casa de la Cultura. Esta otra coyuntura, evidenció nuevamente la gran necesidad de planear estratégicamente las acciones y políticas del desarrollo cultural de Bello.

Escuchadas las razones expuestas por el movimiento cultural comunitario, la Administración accedió liderar la empresa de planear los destinos culturales, financiando el equipo que participativamente diseñaría las estrategias y acciones conducentes a potenciar la ya importante dinámica pro-cultural comunitaria e institucional y orientarla hacia el desarrollo integral de toda la ciudad.

El movimiento artístico ejerció una importante influencia sobre la dinámica cultural de la ciudad (al punto de que Bello se ha ganado en Antioquia el apelativo como “Ciudad de los Artistas”), y como movimiento cultural ha venido ampliando su visión a partir de sus experiencias y búsquedas, hacia un concepto más integral del fenómeno cultural, en la que el arte es sólo una de sus expresiones. Se dimensionó y revaloró la Cultura como un factor fundamental del desarrollo integral de la comunidad.

La visión que guió al Plan de Desarrollo Cultural de Bello hacia el 2008, se condensa en el lema “por un Bello futuro con dimensiones humanas”. Las luchas nombradas dejaron en el imaginario bellanita la convicción de institucionalizar el sector cultural del municipio. Ello indujo a un grupo de líderes experimentados y de entusiastas jóvenes, que a través de organizaciones no gubernamentales han hecho aplicar la legislación nacional sobre cultura en la localidad y desarrollan la historia local, el teatro, la literatura, la poesía, la danza, las artes plásticas y la recuperación y protección del medio ambiente. Desde esta actitud se piensa que la Naturaleza no puede concebirse como recurso para gastarse y, para comercializarse, sino para preservar y proteger en beneficio de todos.

En la actualidad el sector cultural del municipio de Bello lucha por la construcción de una sociedad deliberante sobre la integralidad de los problemas de la localidad. Por ello existe desde hace 15 años un Consejo Municipal de Cultura y más recientemente una Subsecretaria de Cultura, con metas claras, como el aumento de las finanzas de la cultura, la descentralización de los servicios del sector, y rutas de desarrollo, a las cuales obedece la construcción de una Política Pública de Cultura, como base y brújula para la construcción del próximo plan de desarrollo cultural 2011 – 2020.

El territorio hoy está pensado por un Plan de Ordenamiento que dispone el espacio para la recepción de nuevos habitantes y nuevos comercios y urbanizaciones de gran calidad espacial. Es ya el municipio de Bello una ciudad populosa, rumbo a metrópoli, con una práctica económica globalizada. A ello debe obedecer una política cultural que facilite el encuentro de la voluntad colectiva y el deber de los gobernantes de modo que se proteja y desarrolle los bienes culturales y se democratice su disfrute, para satisfacer la necesidad de garantizar a todos y a todas una vida con calidad, en un territorio culturalmente diverso, grato, creativo e incluyente.


sábado, 21 de mayo de 2016

El favorito de los colombianos

Botero. Campesinos 2002
Mayo diecinueve de 2016. Siete y treinta de la noche. El canal caracol, en una nota suelta, sin el respaldo documental, como suele hacerlo, cuando presentan encuestas, dijo que la empresa Galoup sostiene que el expresidente senador, sigue en la favorabilidad de la opinión de los colombianos.

Así como se presentó esa nota, de inmediato se piensa en la mala intención del medio de comunicación; se piensa en el deseo de manipular la opinión del televidente. El colombiano del común formado por los medios, no los cuestiona, los toma como verdad de a puño. Si el canal Caracol dice que Álvaro Uribe es el favorito de los colombianos, es verdad.
Con el papel cumplido por esta nota suelta en un horario de alta sintonía, se evidencia la parcialidad del medio para defender, no a la persona de Álvaro Uribe, sino lo que representa este ciudadano en la historia política reciente del país. Un ciudadano personaje que conecta la historia reciente con la historia de la república. Álvaro Uribe representa las intenciones de la oligarquía colombiana de monopolizar el poder y la riqueza e impedir que grupos o partidos que pretendan democratizar el poder y la riqueza, tengan algún protagonismo y menos que sean gobierno.

La república nace en el alba del siglo diecinueve y desde ahí comienza la exclusión de quien no perteneciese al pequeño grupo de poder. Ese es el sentido y lo que indica la palabra oligarquía. Ese grupo de familias se forma y se fortalece desde finales del siglo dieciocho, con el remate de realengos, hecho por los bobones españoles en quiebra. Ese grupo además de ser llamado oligarquía, por el análisis sociohistórico se identifica también como una élite o como una burguesía en formación.

La primera manifestación de apropiación del poder republicano para sí por parte de la élite, estuvo en la constitución de 1821. En ella se establece como criterio para elegir y ser elegido el ser alfabeto y tener un mínimo de pesos oro. Fueron requisitos que solo los cumplía la élite, la oligarquía. La cuestión de la esclavitud, un hecho aplazado de 1810 hasta 1863, puede decirse ser una segunda muestra de exclusión y reserva del poder.

La utilización de los artesanos, a quienes se les descarga la responsabilidad de ser la base social para fundar el partido liberal, se evidencia cuando en 1854 estos llevan al poder al general Melo y ensayan un gobirno popular. Melo y los artesanos se utilizaron para desamortizar la tierra y establecer la libertad económica. Luego de cumplir este papel Melo y la República de los Artesanos fueron destruidos por la alianza liberoconservadora, es decir por la alianza oligárquica.


En la segunda parte del siglo diecinueve se construye el proyecto político bipartidista de la élite. Limaron las asperezas político ideológicas y sobre el modelo económico, con cuatro guerras civiles (1860, 1875, 1885 y 1899) en las que los campesinos y el pueblo atado al servilismo fueron la carne de cañón.

El imaginario político de la élite oligárquica, no soportó, ni a los liberales socializantes, ni a los obreros que recién asumían las ideas comunistas en los comienzos del siglo veinte. El liberal socializante, Rafael Uribe Uribe, fue asesinado en 1913; los obreros en huelga fueron masacrados en 1928. La República Liberal de López Pumarejo, que adoptó medidas económicas necesarias para la modernización del capitalismo, fue destruida por el conservatismo fanático y fascista de Laureano Gómez. La esperanza populista que quiso redistribuir la tierra y la riqueza y desplazar del poder a la oligarquía, materializada en el ser político de Jorge Eliécer Gaitán, fue asesinada. Las ideas del líder y el pueblo, desde 1948 fueron sometidos a un exterminio sistemático: trescientos mil muertos se han contado de 1948 a 1963.

Es perceptible, en la historia republicana del poder en Colombia, la táctica de división y enfrentamiento al interior de la élite oligárquica, para luego unirse y destruir las fuerzas sociales que esa misma táctica generó. Por ese medio fueron asesinados los artesanos de 1854, destruidos los liberales radicales, los obreros socialistas de principios del siglo veinte y los gaitanistas.

Esa táctica fue materializada por una actitud política de desconocimiento de las instituciones republicanas. En los momentos de división, se crearon órganos paraestatales para enfrentar el enemigo; luego liquidarlos después de haber cumplido el papel del ejercicio de la violencia privada. La organización y sostenimiento de fuerzas para estatales ha sido una constante. En el siglo veinte la historiografía habla de chusmeros, pájaros, chulavitas, bandoleros y desde 1985 circula el nombre de paramilitares, bajo el renombre de autodefensas.

Los intentos de modernizar la sociedad y la economía capitalista, en la primera parte del siglo veinte se frustró y las fuerza sociales esperanzadas debieron alzarse en armas contra el Frente Nacional de 1958, es decir contra ese viejo ejercicio de la elite oligárquica. Este Frente Nacional fue plenamente consciente de la necesidad de monopolizar el poder en la élite; a su reglamentación se le puso el nombre de “milimetría política”, figura que garantizaba la repartición del poder entre liberales y conservadores de todos los puestos públicos: uno para ti otro para mí. Esa exclusión de los que pensaban distinto, no dejó más opción que el alzarse en armas. Y así se hizo. Desde 1963 aparece el fenómeno guerrillero de inspiración comunista, y la historia política de Colombia entró en un periodo claro y diferente a los demás en la vida republicana.

En la época posfrentenacional termina la dicotomía política entre liberales y conservadores. Dese 1974 la política colombiana se plantea una nueva, entre élite oligárquica y movimientos de oposición, entre los que se cuenta la izquierda pacífica, la armada y los populismos armados. La tradicional estrategia de unión de la élite y la organización de grupos paraestatales con la tarea de exterminar la amenaza a su hegemonía política, asumió un ingrediente que entró en escena internacional a partir de los años setenta del siglo veinte. Ese ingrediente fue el narcotráfico. La élite oligárquica le dio una nueva tarea al paraestatalismo: apoyarse en el narcotráfico para financiar un ejército paralelo y exterminar la oposición, para impedir que esta utilice la legalidad institucional y tener que compartir el poder.

El narcotráfico se metió en toda la sociedad colombiana y se utilizaron los cuantiosos recursos para profundizar la guerra entre varios ejércitos que de acuerdo a la coyuntura intercambiaron combatientes. El paramilitarismo tomó la forma de Autodefensas con la reivindicación política de refundar la república para crear un país sin guerrillas. En este cometido desplazó y masacró campesinos por ser supuestos guerrilleros vestidos de civil; y se apropió de más de dos millones de hectáreas de tierra pertenecientes a los desplazados.

La guerrilla comunista utilizó el recurso económico del narcotráfico para expandirse y convertirse en una empresa que pagaba a sus combatientes el servicio militar. Esta práctica la llevó al mercenarismo y a relegar sus aspiraciones políticas. La guerrilla populista muy temprano en la época posfrentenacional, aceptó una amnistía y se desmovilizó, se convirtió en un movimiento político y se enroló en la lucha burocrática.

Guerrilla y autodefensas enfrentadas, fortalecidas por los recursos del narcotráfico caracterizaron la historia política resiente de Colombia. Desde 1988 las autodefensas, apoyadas por la institucionalidad de la élite oligárquica, comenzó el proceso de materializar el proyecto de la república refundada, la república sin oposición socialista o comunista. Los intentos de la izquierda, armada o no, de pasar al plano de la lucha electoral legal permitida por las aperturas democráticas, fueron truncados y los militantes cayeron asesinados. En esta confrontación en la república se levantaron voces que clamaron por la recuperación y vigencia de las instituciones; pero la radicalidad de las posiciones metió al país en una violencia sevicia.

Las voces que clamaron por la vigencia de las instituciones, fueron desatendidas porque ellas llamaban a permitir la posibilidad de que la oposición (guerrilla e izquierda pacífica) fuese gobierno. Y esta posibilidad para la elite oligárquica ha estado cerrada desde el origen de la república. El ejercicio de la política en los últimos treinta años ha estado decantado por estas fuerzas. Los políticos de profesión se han tenido que plegar a estos poderes paraestatales para hacerse elegir. Dentro de los destacados está el personaje ciudadano que originó estas notas. Nucleó todas las fuerzas que luchaban contra la oposición, armada o no, y que garantizaran la sostenibilidad del poder tradicional de las élites oligárquicas. Álvaro Uribe Vélez creció y se educó dentro de la lógica del capitalismo acumulativo, cuyo cometido es el hacer los ricos cada vez más ricos y a los pobres más pobres. Fue elegido por la élite para velar por sus intereses y ésta hace que el pueblo lo elija las veces necesarias. Para eso el poder del puñado de familias que tiene la riqueza en Colombia, dueñas de los medios de comunicación, de la tierra, del equipamiento industrial, está ahí tras él. Si el canal Caracol dice que Álvaro Uribe es el favorito de los colombianos, los ciudadanos educados por los medios dicen “esa es la verdad”.

domingo, 15 de mayo de 2016

Encendieron una fogata, bailaron en redondel y le aullaron a la luna.


Tres gracias. Óleo de Svetlana Lazar. España 2011
No dejaron entrar a Nacho a la convención del partido rojo por su barba frondosa y el pelo largo. Pero fue más un pretexto. Los jefes sabían que traía una propuesta para que se apoyara la aspiración presidencial del General. Nacho, un costeño lenguaraz, invocaba en sus discursos las barbas de los revolucionarios cubanos y enfatizaba sobre la necesidad de la revolución social urgente para el país. No lo dejaron entrar a la convención. Ese hecho le abrió los micrófonos de la radio y su voz copó casi todo el espectro. Acusó al partido rojo de ser dirigido por una aristocracia caduca y llamó a sus adeptos y militantes para que apoyaran la Alianza del General. Todos los que deseaban quitarle el poder a la aristocracia de rojos y azules, estaban con la Alianza, proclamó. Y ocurrió así.

Nacho, criado por los rojos, se dejó seducir por la Alianza, se metió de lleno y quiso llevarse a sus viejos copartidarios. Su prestigio lo llevó a muchas partes del país. Así lo conoció Flora. Llegó un viernes de octubre al parque principal de la ciudad. Acompañaba a uno de los curas revolucionarios que intentaban fundir el cristianismo con la filosofía marxista. Flora vibraba con todo lo novedoso. Ese hombre barbado y ese cura que predicaban contra el gobierno y la oligarquía, le erizaban la piel, así como le ocurrió dos años atrás, cuando vio los Beatles por el televisor, regalo del papá a ella y sus hermanos. Esos muchachos de su misma edad, con cabellos largos, tocaban una música eléctrica que se metía en el cuerpo; Flora los sentía como amigos conocidos de una vez para siempre. Todo lo que fuera contra la costumbre lo tomaba. Se creó un ser inédito, escandaloso y visible en la ciudad.

A los dieciséis años se metió en el taller de Sergio, su papá, y se quedó, a pesar de las rabietas de ambos padres. Aprendió mecánica automotriz a fuerza de ver las manos de su padre y de los ayudantes, Chepe y Beto, metidas en los engranajes. Los ayudantes eran un poco mayores que ella. Sacaban los autos, depositados para reparación, a pasear por la ciudad. Muchas veces llevaban a Flora y los tres se turnaban en la cabrilla. La juventud los hizo inseparables y los metió a los bares, cantinas y heladerías. Se crearon un gusto musical híbrido con tangos, rocanrol y baladas románticas. De tanto verlos en la calle y ver a Flora vestida con un overol reparar los autos cuando les fallaba, la gente comenzó a llamarla la Mecánica. Flora se masculinizó, quería parecerse a Chepe o a Beto. Apareció un día en la casa con el pelo corto y enfrentó los reclamos de su madre Silvia. La madre vio en ella un ser tan decidido que terminó por aceptar sus excentricidades y tomarla como parte del destino propio.


El trío encontró en las marchas y manifestaciones de la Alianza un lugar para levantar la voz y gritarle a los demás ¡El pueblo unido jamás será vencido! Recorrieron las calles con paso presuroso, rítmico, fuerte, con banderas rojas, blancas y azules. Las veces que la policía disolvió las marchas, terminaron eufóricos y afónicos en una cantina cantando Tres amigos.

Las lluvias de octubre anegaron la ciudad. Flora entró a los diecinueve años. Salieron los tres a las seis de la tarde del taller, luego de esperar la salida de Sergio, para sacarle el Ford 63 que le había comprado por cuotas a un vecino.

Este corre, dijo Beto; no vuela gritaba Chepe por la ventanilla. Flora, influenciada por las voces aceleraba e hizo llorar los neumáticos. Pero la segunda vez que lo hizo, el auto se deslizó sobre el pavimento mojado y fue a chocarse contra un muro de ladrillo; el costado derecho se abolló completo. Sólo les pasó un susto; pero se llenaron de terror por tener que darle la noticia a Sergio. Se miraban enmudecidos; Beto se quedó en el asiento trasero con las manos en la cabeza. Chepe saltó fuera, recorría el auto sin parar. Flora, sentada al volante no quería moverse. Así pasaron un tiempo indeterminado. Flora reaccionó; puso en marcha el motor. Le funcionó. Hizo una mueca a Chepe para que abordara y sacó el auto de su adherencia estrecha con el muro. Aceleró y tomó rumbo a la zona de tolerancia de la ciudad vecina. Bebieron en un club de nombre La casa Yoli. Los dos amigos sentados en sillas bajas de sala, se sintieron extraños porque el licor no los embriagaba. Sobre la mesa pequeña que tenían en frente le habían puesto varías botellas. En silencio observaron a Flora hablar tomada de la mano de una mujer hermosa, vestida con una falda corta que dejaba ver la turgencia de sus piernas bien torneadas. Ambos sin decirlo pensaron en el contraste presentado en la penumbra de sala entre el overol de Flora y la minifalda de su compañía. Vieron salir a las dos mujeres de la casa. Beto y Chepe se dijeron lo inútil de seguir bebiendo. Estaban muy asustados por el daño del auto de Sergio y decidieron pagar el servicio y salir. Frente a la casa, al lado del auto, estaba Flora con la mujer, riendo mientras señalaba las abolladuras de las latas del auto de su padre. Vamos Flora –dijo Chepe- y con el movimiento de cabeza le indicó subirse al auto.

De regreso al taller Flora les puso en la mano a sus dos amigos una pasta. Les dijo –tomen muchachos, son meques, para que vuelen y hablen bueno, se siente como vivir con los dioses. Me las pasó Betty. Linda ella cierto?-

Guardaron el auto. Le hablaron al celador del taller en una lengua confusa, con palabras pronunciadas a medias. Le dijeron que al día siguiente hablarían con Sergio y explicarían el choque. El trio caminó bajo el frío de la primera hora de la madrugada. Había una llovizna suave revelada por las lámparas de neón y el brillo del pavimento. Entraron al parque principal de la ciudad por el sur y ganaron rápidamente la calle de la heladería Paysandú. Entraron y ocuparon una mesa con vista a la calle. Estaban sedientos. Les sirvieron media botella de aguardiente y les advirtieron que la heladería cerraba en diez minutos por la hora avanzada.

Flora buscó las jardineras del parque. Sentada en una silla de cemento le dijo a los dos –muchachos aquí me quedo, no voy a ir a la casa. No quiero ver a Sergio-. Chepe se sentó a su lado… Nosotros respondemos por todo Flora, tranquila, para que te vas a quedar por aquí sola –le dijo con una voz considerada-. Ella decidió quedarse, sacó de un bolsillo de su overol otras pastas y los tres las tomaron.

El sol les hirió los ojos enfermos por el alcohol y el químico. Abrazados, Flora entre los dos, sin dinero, con sed y hambre; decidieron sin decirlo volver al taller. Caminaron automáticos la calle larga que los llevaba al barrio donde trabajaban y vivían. Enfrentaron a Sergio. Él estaba observando su automóvil chocado, cuando entraron los tres. 

-Hasta aquí llegaste en este taller Flora. Te vas para la casa y buscá otro trabajo. Y ustedes dos saquen las herramientas y me dejan el carro como estaba. Sergio comprendió lo inútil de pasarse en agresiones verbales con los tres. Esperó paciente diez días el trabajo de reparación del su auto y al término, al verlo como estaba antes del choque, dijo –Chepe, Beto, vengan acá- Al tenerlos cerca y al alcance de sus brazos, continuo –Yo a ustedes los he tratado como hijos, además por la amistad que tienen con Flora; pero me han traicionado la confianza y tengo que decirles que se vallan, no vuelvan por acá. Porque ya me informaron que esto lo hacían con los demás carros que entraban aquí. Es decir les perdí la confianza. Adiós, ¡Desgraciados!-

Los dos jóvenes, enmudecidos salieron para sus casas. Los siguientes días los dedicaron a jugar fútbol con otros muchachos del barrio en una cancha, abierta a las patadas, a balonazos y a fuerza de presencia. El barrio estaba en la frontera de la ciudad. Lo limitaba un amplio territorio en el que nacían yerbajos de toda especie y en la parte plana central la presencia humana venció el “rastrojo”. Las gentes nombraban ese lugar como La manga de Pedro y el común decir de los muchachos era sencillo ¡vamos a jugar a La manga de Pedro! 

La manga propiciaba abrigos. Las adormideras altas, permitías que la batatilla las copara y se creara así unos refugios frescos. Bajo ellos se sentaban los espectadores de partidos importantes entre barrios. Algunas reces se dejaban allí. En las noches de los días de intenso sol, grupos de jóvenes, acostumbraban encender fogatas y cantar con la cara dirigida hacia la luna o las estrellas. Flora, Chepe y Beto acostumbraron quedarse más allá de media noche, fumaban marihuana, bebían alcohol impotable e ingerían pastas. La repetición de esa embriaguez, que les torcía el cuerpo, les daba un aspecto grotesco, los llevó a perder la poca cordura, y comenzaron a hacerlo a cualquier hora del día. Escandalizaron las gentes con una moralidad y vida religiosa inscrita indeleble en la conciencia, que les hacían ver el trio, los dos muchachos y la muchacha, como poseídos endemoniados. Sergio y Silvia, le dijeron a Flora ser un mal ejemplo para sus hermanos y un desprestigio para la familia. La llamaron a corregirse, a dejar los amigos, o a abandonar la casa.

Flora no paró. Dejó la alianza con sus dos amigos. Tomó como hábito la visita diaria a la heladería Paysandú. Encontró un grupo de mujeres que le admiraban las formas de su cuerpo, reveladas por los jean ceñidos. En esas rutinas conoció a Claudia Palacio dos años menor. Las dos intimaron de inmediato. El grupo les celebraba. Flora la sacó de casa y ambas se alojaron en la residencia Ana María Petate, una abogada con buena suerte para sacarle dinero a clientes y tribunales. A la hora de terminar el colegio se veía a Flora en el andén de enfrente de la puerta, esperar a Claudia. Luego pasaban la mayor parte de la tarde trajinando la ciudad y en las caminatas era inevitable para Flora, fumar marihuana. Al filo de las seis de la tarde entraban a la Paysandú, eufóricas y bebían cerveza a grandes sorbos, en espera de las otras amigas. Claudia no terminó el colegio, la fuerte influencia de Flora la absorbió, dejó la casa de los padres, dejó el estudio y entró en un mundo con el sabor de una balada de Los Ángeles Negros.

El dos de enero, luego de la fiesta de año nuevo, a las seis de la mañana, recibieron en la casa la visita de Seguridad y Control de la ciudad. Se presentó el agente Donaldo Palacio, exigió que le entregaran a su hija y que todos los presentes se consideraran detenidos. Ana María Petate no estaba. La detenida fue Flora, de inmediato funcionó el dolor y el desquite de la sangre filial de los Palacio contra Flora; la Mecánica terminó recluida en la cárcel de mujeres El Buen Pastor. Donaldo Palacio había rescatado su hija; pero lo ocurrido, informó a la ciudad sobre la vida de Claudia, de Flora, de la mala suerte de Donaldo y la tolerancia del dueño de la heladería Paysandú. Donaldo, jefe de Seguridad y Control, un órgano de seguridad municipal, creado y mantenido por los personajes políticos, se puso en la boca de todos. Los agentes, apadrinados por los directorios de los partidos, repitieron en los mentideros, los insultos de Donaldo contra Flora y Ana María Petate. Las cacorras le secuestraron la hija al jefe, decían. Pero los sentimientos estaban divididos en la ciudad. El rocanrol, las manifestaciones de la Alianza, las ropas corta de las mujeres, los curas revolucionarios, habían creado una tolerante aceptación de la sexualidad de Flora. Por eso Donaldo se metió en el insulto para vengar la salida de su hija Claudia de la casa del padre y la madre.

El seis de enero, el sol inclemente se metió en todas las cosas, hizo sudar los cuerpos en especial el de Ana María Petate. Después de un intenso trajín entre oficinas, sacó a Flora de la cárcel, luego de cuatro días. Alegó ante el juez la voluntad de Claudia para estar con Flora y el maltrato de Donaldo en casa. Claudia y Flora volvieron y las tres mujeres celebraron en la Paysandú con humos y bebedizos. Para profundizar el odio de Donaldo y los agentes de Seguridad y Control, las tres salieron de la heladería a exhibir la embriaguez por las calles del centro y el parque principal de la ciudad. Así llegaron a la casa de Flora a informar su libertad y terminaron en la manga de Pedro. Encendieron una fogata, bailaron en redondel y le aullaron a la luna.

La ciudad supo de Flora. Se convirtió en un ser visible. Habitó los extremos de la ciudad y se le veía con jíbaros y camajanes, con sibaritas y bacanes, caminar las calles y los abundantes charcos balnearios que dejaban las aguas descendientes de la cordillera. El cura Tiberio de la iglesia mayor se refería en los sermones del domingo, a la decadencia moral de los jóvenes que muestran su cuerpo vicioso y a la calle contigua a la iglesia tomada por bares y cantinas servidas por meseras de minifalda, como el fin del mundo. Pero la conciencia de las gentes atendía tanto a dios como a lo dicho en los mentideros. La calle contigua a la iglesia estaba en la propiedad del hombre más rico de la ciudad y esos discursos del cura lesionaban su bolsillo. Por eso en los mentideros se escuchó de los gustos de Tiberio por abrazar y tocar a los muchachos que se le acercaban para servirle en la iglesia o para confesarse. Alguien tenía un poder material más efectivo que el de la sotana y Seguridad y control.

A Donaldo solo le quedó perseguir a Flora. Ordenó a sus hombres detenerla las veces que la vieran sola y llevarla a los calabozos bajo los cargos de ser homosexual y drogadicta. La persecución generó en Silvia y Rogelio un sentimiento de solidaridad familiar. Se enfrentaron a Donaldo y rescataron todas las veces a la muchacha. Después del último rescate de los calabozos, llegaron padres e hija a casa, fue el momento para comprometer a Flora en moderar su estar en la vida y así ocurrió. Flora pasó más tiempo en la casa y en un colegio nocturno cercano terminó los estudios de bachillerato.

Una tarde de julio, llegaron Beto y Chepe en un auto a invitarla a unos tragos. Flora celebró el verlos con amplia sonrisa y les dijo –¡Eh! Aparecieron tres años después del choque; y ese también es para chocar- Apuntó el índice hacia el auto de ambos. Los tres rieron y volvieron a reír, hasta que Flora Abordó y salieron a toda velocidad de la ciudad. Llegaron a La casa Yoli. Bebieron y Flora celebró con un grito el volver a ver su amiga Betty. Se abrazaron, se besaron y tomando un pasillo de la casa se perdieron de la vista de Beto y Chepe.

Betty se convirtió en una amiga permanente y obsesiva; llamaba todos los días a manifestarle fidelidad hasta que mereció un regaño de Silvia. Flora comenzó a estar más tiempo en La casa Yoli que en la propia. Seis meses pasaron. En las fiestas de navidad llegó Alba a reclamarle a Betty el abandono y a amenazarla. Flora, menor que las dos, vio mucha violencia en los reclamos y decidió alejarse. Volvió al lado de su madre; la obsesión de Betty se materializó. Comenzó a llegar a la puerta de la casa de Flora para sacarla. Flora sabía que el lugar para estar tranquila era la manga de Pedro. Allí se les vio escaparse de las miradas de la gente y en especial de la persecución de Donaldo.

En la Semana Santa Flora estuvo al lado de Silvia y la acompañó a algunas procesiones en la parroquia del barrio, sin importarle las miradas acusadoras de las mujeres y los mayores. Silvia se extrañó que esa muchacha tan disoluta le presentara afán por asistir a la procesión del domingo de resurrección. Silvia no pensó más allá y la acompañó como lo había hechos las anteriores.

Finalizó marzo y la Semana Santa en domingo. Entró abril con el lunes y las ansiedades de Flora. Llamó sus amigos y en la tarde del martes, bajo una lluvia que les recordó el día del choque, salieron en el auto hacia La casa Yoli. Bebieron aguardiente. Los tres se extrañaron por la ausencia de Betty. La señora Yolanda, dueña de la casa, les dijo que hacía dos días no llegaba al trabajo. Pidieron la segunda botella bebieron, hablaron del taller, de los autos y de la empresa de mecánica automotriz de Beto y Chepe. En ese trance entraron a la casa Alba y Betty. Tenían aspecto belicoso; abandonaron el salón y volvieron para llevarse a Flora. Chepe la tomó de una mano y dijo que se quedara y lo logró. Alba y Betty salieron. Flora tranquila alzó la copa y los tres bebieron, hablaron de la época del taller, del choque, rieron y eufóricos hicieron sonar en el traganíqueles Tres amigos. Salieron a las diez de la noche de La casa Betty. Flora se despidió y quiso caminar hasta el bus que la llevaría a la casa. Los muchachos le advirtieron el peligro de salir sola de esa zona. Al fin la metieron en un taxi para que llegara sin problemas con su familia.

El miércoles Tres de abril Donaldo recibió por teléfono la noticia del hallazgo de dos cuerpos femeninos, atados con una cabuya por una de las manos, semi incinerados entre unos matorrales de la manga de Pedro. Se trasladó al lugar. Lo encontró lleno de curiosos. Ayudó al levantamiento de los cadáveres y al traslado a una funeraria por la inexistencia de una morgue en la ciudad. Donaldo sospechaba la identidad. Esperó a que alguien más lo hiciera y lo hizo una hermana de Betty, quien dijo al funerario – si esta es Betty y la otra debe ser Flora la amiga íntima de ella. Las dos vivían en La casa Yoli-.

En su oficina Donaldo se enteró de la identificación. Estiró el cuerpo y comenzó la redacción de un informe con las palabras duras de una sociedad que cobra venganza y de un padre al que la naturaleza de las cosas le da la razón. Escribió de la identificación de los cuerpos que correspondieron a dos mujeres de mediana estatura, llamadas Betty y Flora, reconocidas como íntimas amigas, amantes entre sí, licenciosas, homosexuales, drogadictas, acostumbraban salir de noche y volver a casa a los dos días. Flora, residente en esta ciudad tenía como profesión mecánica y varias entradas a la cárcel de mujeres. Donaldo concluyó el informe: “...dada la aberración sexual por el mismo sexo por parte de la mencionada Alba, lo mismo que las víctimas encontradas, el motivo para que se cometiera el crimen, pudo haber sido por cuestiones amorosas, que conllevaron a una discusión, la cual se pudo haber presentado entre las víctimas y la tal Alba, negra, apodada la cacorra, la cual terminó con la muerte de Flora y Betty. Se anota también, que para llevarse a cabo la comisión del delito, la citada Alba, pudo haberse asesorado de uno o más compinches de su misma calaña”.