jueves, 29 de junio de 2017

Una utopía, ni liberal, ni comunista

Voceadores de Débora Arango (detalle). Acuarela de 1937
La práctica de imponer por la fuerza de las armas, por la violencia, el comunismo a la sociedad colombiana, creó un anticomunismo tácito, que aflora en momentos coyunturales de la actividad política. Hoy, ante el acontecimiento de la conversión de la guerrilla más grande en partido político, se expresa el miedo al comunismo y se escuchan manifestaciones de congresistas dedicados a estudiar la teoría y la práctica de ese ideario, con la intención de impedir su llegada a Colombia.

Esta actitud está relacionada con la reinvención de un enemigo muerto en 1989 por la implosión del régimen soviético. Hoy el enemigo de la burguesía capitalista es el fundamentalismo religioso expresado en el terrorismo indiscriminado y no el comunismo. Si en Colombia se quiere revivir el miedo al comunismo, es más por una táctica política que quiere explotar los miedos de la gente; pero no por una comprensión inteligente del devenir histórico.

Los partidos políticos, que tienen en sus propuestas y agendas, la democratización de la riqueza, la modernización de las costumbres políticas, la creación de ciudadanos participativos – deliberantes, la erradicación de la corrupción, no lo pueden hacer desde una inspiración comunista, porque su vigencia lo fue desde 1848 (publicación del manifiesto comunista), hasta 1989. El edificio teórico práctico de la propuesta comunista, conquistó la imaginación política del planeta por ciento cincuenta años. La filosofía del materialismo dialéctico, atada al materialismo histórico, se creó para presentar una alternativa de orden social distinto al orden del capitalismo burgués, el mismo que se inspiró en la filosofía liberal y terminó instituyendo una violencia legal.


La vigencia debe entenderse en perspectiva histórica. El concepto de vigencia no está aquí igualado a la idea de error. Ni el comunismo es un error, ni el liberalismo es una equivocación. Ambas propuestas de orden social tienen su justificación histórica y su tiempo. La edad moderna, expuesta en su posibilidad a mediados del siglo XVII, le impuso a la humanidad la tarea de construir un mundo para hacer feliz la vida sobre la tierra. Esta territorialización del bienestar, le quitó a los credos religiosos la promesa de felicidad después de la muerte, y la puso sobre la superficie de la tierra. Crease lo que se crea; pero el orden social moderno adopta una lógica de vivir bien en la existencia terrenal, en el mundo.


El camino para materializar esos cometidos modernos, se llenó de revoluciones crueles y necesarias, dirigidas a quitar los obstáculos, entre ellos, las monarquías absolutas, el cesarismo napoleónico y el anarquismo. Como consecuencia de estos procesos históricos se enarboló, el liberalismo, signo de la libertad individual, de la libertad económica y de la deliberación, para hacer un régimen conveniente. El liberalismo adoptó la república democrática de factura grecorromana, como el régimen más apropiado a las actitudes y aspiraciones socioeconómicas modernas.

El liberalismo, une las teorías políticas de John Locke, Rousseau y Montesquieu, con el pensamiento económico de Adams Smith y David Ricardo. John Stuart Mill, hace la fusión lógica y le da estatuto epistémico. Jeremías Bentham traza la conducta y el comportamiento del ser liberal. El ser humano debe dejar que la naturaleza obre y evitar intervenir el orden natural. La naturaleza ha hecho al humano como individuos distintos y por tanto desiguales. La riqueza fluye como oferta según la demanda y toda intervención es una violación a este orden natural. El objetivo de la vida humana es ser feliz y por eso la legislación dentro de la república democrática debe construirse para hacer humanos felices. El sentido de la vida es la búsqueda de la felicidad y la lucha contra el displacer. Este orden de práctica y pensamiento, produjo la acumulación de la riqueza en pocas manos en una sociedad con profunda desigualdad en todos los sentidos.
Se levanta, casi al mismo tiempo, el diseño de una forma distinta de concebir la edad moderna. Es la propuesta comunista. Los socialistas utópicos fueron la puerta de entrada, para que Carlos Marx, pertrechado con una dialéctica materialista, levantara una estructura teórica, política y filosófica, anclada en la historia de la vida económica de la humanidad. Se aplica la dialéctica materialista a la historia humana, para producir un materialismo histórico, por el cual se concibe al ser humano como producto de la lucha de las clases sociales o lucha por el acceso a los recursos económicos. Cada periodo de la historia tiene su identidad de acuerdo con el estado de la lucha y los conflictos son el ámbito en el que se fragua un nuevo orden. La conducta política de los partidos comunistas inspirados en el marxismo, parte de trazarse la tarea de organizar la clase social del proletariado, para que asuma el poder como consecuencia de la revolución comunista, empleando todos los medios de lucha entre ellos la violencia. Este proceso se justifica porque está inspirado en el materialismo histórico concebido como una ciencia que obliga a cumplir sus leyes insoslayables e inevitables.

El comunismo en Colombia desde su aparición, a principios del siglo XX, fue practicado por sectores sociales que han asumido dogmáticamente las ideas. Unos y otros han dejado de lado las prácticas violentas o las han adoptado hasta el punto de declararle la guerra al Estado: por eso originaron el movimiento guerrillero, desde 1950. La historia del comunismo en Colombia es una historia de desunión, lucha de intereses, persecuciones internas y culto de la personalidad de líderes iluminados. Esas prácticas ocasionaron un desgaste nacional, el mismo que inmerso en la crisis internacional de la opción comunista, ha generado en la actualidad un descreimiento.

Ni el liberalismo, ni el comunismo tienen vigencia en la Colombia que debe construirse a partir del presente. La coyuntura política obliga a una utopía, ni liberal, ni comunista. La utopía ahora debe ser por una sociedad deliberante. Crear un acuerdo nacional para ponerle tope a la acumulación insaciable de riqueza en pocas manos; ponerle fin a la violencia política y quitarle su fuente nutricia: la corrupción.

El nuevo partido resultante del acuerdo de paz con la guerrilla y las coaliciones que haga con otros partidos o movimientos, no pueden tener como agenda política impulsar en Colombia un régimen comunista, por inviabilidad histórica, porque sería un anacronismo, porque comunismo sin violencia no puede ser. Si la violencia política la ha dejado atrás la guerrilla más grande, es signo que llama a la deliberación y a un acuerdo nacional sobre el futuro.

viernes, 23 de junio de 2017

Bello rural, sólido y líquido. Patrimonio olvidado



Amanecer en Llano de Ovejas. Óleo de Jaime Carmona 1992 

En la década de los noventa, hicimos el libro Bello Patrimonio Cultural. Lo llevé a la biblioteca de la universidad Autónoma Latinoamericana y el director luego de mirarlo me dijo: Bello parece una pequeña Suiza. Me expliqué esta apreciación por la primacía del color verde en el apartado dedicado a las veredas del municipio. Sabemos que de los 142 kilómetros cuadrados, área total del territorio, solo en 19 está la zona urbana; el resto es zona rural mayoritariamente ubicada en la meseta norte de Antioquia. Pero ese territorio no es una planicie llana, es ondulado y surcado por innumerables fuentes de agua que alimentan las quebradas típicas de Bello. Entre las ondulaciones están los hatos, las sementeras, los cultivos más o menos extensivos y el hábitat de los campesinos bellanitas.

Allí nacen las quebradas típicas, porque descienden al valle de Aburrá, entran al río Medellín y crean el territorio del municipio, estructuran el territorio, tipifican la geografía. Se puede decir que los otrora habitantes coloniales del Hatoviejo le dieron nombre a esas quebradas porque al nombrarlas las hacían suyas y les daban identidad. La conquista y poblamiento de la zona rural se hizo remontando las cuencas de las quebradas hacia el altiplano por el sector occidental y norte. Y por el oriente hacía Arví.

Los sectores rurales de Bello tienen una fuente de agua que identifica y caracteriza, tanto la geografía como las gentes y sus producciones. La quebrada La Madera, es el límite entre Bello y Medellín, su nombre se tomó de la actividad económica ancestral: por su cauce se bajaba madera para la construcción en el Hatoviejo y Medellín. En el nacimiento de la quebrada La Madera hoy encontramos la vereda el Carmelo con fincas de recreo y sectores que producen hortalizas y frutas de tierra fría.

Entre La Madera y la quebrada de los Escobares, límite de Bello con el municipio de Copacabana se ubica la cuenca de la quebrada La Loca en cuyo nacimiento está la vereda la Palma, tierra ganadera. La cuenca de la quebrada del Hato, alma líquida del municipio, origina en su nacimiento la vereda Sabanalarga y el sector sede del corregimiento de San Félix; produce ganado hortalizas y desde hace algunos años ha adquirido la vocación de zona de recreo. La quebrada La García y su sus numerosos afluentes (El Barro, La Gallinaza, La Porquera, La Chachafruto), hacen unas cuencas estriadas con todas las producciones agrícolas de tierra fría, porcinos, aves de corral y una importante vocación de cría de ganado lechero, hasta llegar a ser destino turístico bajo el slogan de “Vía láctea”.

La mirada de los habitantes de Bello y sus visitantes, se choca al norte con la imponencia del Cerro Quitasol. Es un cerro con una sola vertiente, pues tras de su cúspide está la meseta norte Antioquia y la vereda Cerezales, zona rizada propia para el cultivo de papa y ganado lechero. Esa zona cobija las cuencas de las quebradas la Señorita, Los Seminaristas, Quebrada Seca y la anteriormente nombrada de Los Escobares.

El oriente de Bello tiene las cuencas de la Quebrada Negra (Seca ó Vélez), límites con Medellín y la de Quebrada de Rodas, límite con Copacabana. Ambas quebradas cobijan la vereda Granizal que entre producciones agrícolas, alberga la planta de Tratamiento de agua Manantiales. Por este sector se gana el parque Arví, frío y ancestral.

La zona rural de Bello invoca la belleza y llevada a la fotografía le hizo ver al director de la Biblioteca de la Universidad Autónoma Latinoamericana en 1994, una pequeña Suiza, pero es el Bello verde, el rizoma, las estrías de gea, las aguas abundantes de la geografía rural, el ganado que pasta, las producciones. Las gentes de la zona rural de Bello, son pocas en comparación con los habitantes urbanos, pero son fundamentales, en sus manos está el cuidado del verde y el agua que nos quedan.

Habitar un territorio, es no solo pasar el día o la noche bajo su abrigo, es amarlo en sus elementos constitutivos. El territorio tiene además de la tierra, agua, aire, fauna, minerales, vegetales y el componente humano. La identidad con el territorio está en amar su complejidad. Pero ese amor terrenal está mediado por la construcción simbólica en la memoria, hecha sobre esos elementos. Así, de manera simple damos un concepto de lo que es el patrimonio cultural. Basta que una comunidad ame sus ríos y montañas, la arquitectura, el lenguaje y las artes, los signifique como parte de su ser, para poder decir: ese es el patrimonio cultural material e inmaterial de la ciudad.

La descripción anterior se debe conectar con el deber ser del patrimonio cultural olvidado, el ambiental. Olvidado por su indefinición. La legislación colombiana deja a iniciativa de los entes territoriales y locales, el inventario y la declaratoria. Y es la comunidad organizada quien debe hacerse oír y decirle a los gobernantes de turno que el paisaje, los ríos, las montañas, el aire, son bienes culturales dignos de ser valorados como patrimonio de los bellanitas.

El POT de Bello (Plan de Ordenamiento Territorial), habla de bienes patrimoniales de carácter natural y entre ellos se mete el cerro Quitasol, la Represa La García o de Fabricato, el Salto quebrada el Hato o “Chorroelhato”, El Charco Verde, el Camino Antioqueño, el Camino a Corrales, los sitios con interés arqueológico, ubicados en la Serranía de Las Baldías, la Cuchilla del Yolombo, la vereda Cerezales (Alto de Sepultura y Canelón de La Mata), el Cerro Quitasol, el Alto de Medina. Estos son bienes mínimos en número con respecto al reconocimiento que tiene el pueblo bellanita de su entorno medioambiental. Y se dice mínimos porque se deben incluir las cuencas y el paisaje verde.

El patrimonio cultural ambiental se colige del texto del decreto 2941 del 2009. Esta legislación regula el Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia. Dice que dentro de él se incluyen: lenguas y tradición oral; organización social, conocimiento tradicional sobre la naturaleza y el universo; medicina tradicional; producción tradicional; Artes populares de recreación, músicas, danzas, literatura, audiovisuales y plásticas; fiestas; eventos religiosos tradicionales de carácter colectivo; conocimientos y técnicas tradicionales asociadas al hábitat.; cultura culinaria; y patrimonio cultural inmaterial asociado a los espacios culturales.

Dentro de esta lista hay varios contenidos que involucran el Patrimonio Cultural Ambiental. Cuando se señala el conocimiento tradicional sobre la naturaleza y el universo, se dice que la base de ese conocimiento es el territorio compuesto de agua, tierra, aire, flora y fauna. Cuando se indica la medicina tradicional, incluye la botánica. La producción agropecuaria, forestal, pesquera y la recolección solo son posibles con la preservación del Patrimonio Cultural Ambiental. Cuando se manda incluir las fiestas religiosas y los ejercicios lúdicos de la comunidad, excepto los actos de violencia contra los animales, se colige el patrimonio ambiental.

El concepto de Patrimonio Cultural Ambiental, como puede verse no tiene una identidad dentro de la legislación y dentro del globo de lo que conocemos como Patrimonio Cultural. Pero la base del Patrimonio Cultural Inmaterial, son el agua, la tierra, el aire, la flora y la fauna, es decir el medio ambiente.

Los ciudadanos de Bello, organizados como comunidad, los entes administrativos y las organizaciones no gubernamentales, tenemos una tarea de obligado cumplimiento: levantar la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial y dotar el municipio de sendos planes de manejo y protección del medio ambiente, como lo manda la ley y especialmente el Plan de Ordenamiento Territorial.

Estas notas fueron publicadas en dos partes, pero hoy se recuperan y se unen para llamar la atención sobre una práctica que se exige y se debe imponer: los habitantes urbanos tienen el deber de frenar el consumo desenfrenado y la mejor manera de coadyuvar al cumplimiento de ese deber es traerles a la conciencia la existencia del Patrimonio Cultural Ambiental para que se visite, respete, preserve, salve, se ame y se transite con responsabilidad.

viernes, 16 de junio de 2017

Cambia las armas por la palabra

Fernando Botero. La familia presidencial (1957)

Audios tendenciosos circulan en las redes, en especial por la mensajería familiar y personal como lo es el whatsapp. Las voces tienen una entonación autoritaria y burlesca contra las instituciones colombianas, específicamente contra la presidencia de la república de Colombia. Pero la voz es la misma en los mensajes que se escuchan desde el inicio de las negociaciones de la Habana. La entonación deja pensar, ser de un militar adiestrado en los tiempos de la Escuela de las Américas, lugar donde salieron todos los golpistas de los años setenta del siglo veinte, con la misión de derrotar el comunismo en los países latinoamericanos, llamado el enemigo interno.

Los mensajes tienen el mismo objetivo, la misma argumentación y se dirigen a crear en el destinatario, miedo por el futuro político y social. Los dos últimos escuchados comienzan dirigiéndose al grupo de whatsapp y advirtiendo sobre la necesidad de compartir el audio para evitar que la situación descrita ocurra.

La situación planteada en el primero es un desabastecimiento del país, por causa de los próximos paros que los sectores económicos básicos de Colombia harán contra “ese desastre de Santos”. Pararán los transportadores, la justicia, los productores del campo, los maestros y la salud. Por eso “abatescasen” de todo: la voz nombra muchos productos de primera necesidad y señala la situación de Venezuela. Explica que la consigna del presidente Santos es conducir el país a ese estado de cosas, porque así quedó acordado en la Habana.

En el segundo, la voz ordinaria de mala dicción; pero vehemente, llama a enterarse de lo que va a pasar en Colombia –dice- con el entrenamiento de mil “guerrillos” para hacerlos escoltas y que funcionarán como lo hicieron las convivir en la década de los noventa. Imagínense ustedes lo que sería tener de vecinos, guerrilleros con armas oficiales “enseñados a secuestrar, violar y asesinar”. El mensaje termina con la constante advertencia de que la forma de impedir ese futuro es compartir el audio.

Esos dos mensajes, circularon por las redes de whatsapp en los últimos días y son parte de la campaña de uno de los sectores políticos en que se divide hoy la opinión de los colombianos: los defensores y los detractores de los acuerdos de paz. Los detractores utilizan ese sentimiento fóbico de la gente sencilla, lo incentivan desde dos niveles del lenguaje: el ordinario y mal hablado, como los ejemplos anteriores y otro más construido que tiene podio, pues está en los medios, la radio y la televisión. Lo utilizan los precandidatos presidenciales. Dicen destruir los acuerdos si ganan las elecciones del 2018. Tienen una crítica expedita a los pasos que se vienen cumpliendo, inspirada en lo que ellos hicieron con los acuerdos de paz con el paramilitarismo y las autodefensas. Pero son críticas que se encuentran con el inevitable fracaso político esa desmovilización mendaz.

Enrutar el país hacía la primacía de las instituciones implica reivindicar el Estado como garante de los deberes y derechos. La reestructuración de la república implica la destrucción de los paraestados privados que suplantan la ley y la convierten en la defensa de sus privilegios. Acabar con la corrupción campeante en todas las capas de la sociedad y la necesidad de construir un ciudadano participativo de conciencia laica, son tareas urgentes que no están en los supuestos y programas políticos de ese sector contrario a los acuerdos de paz. Defienden el orden republicano en Colombia atado a la herencia política del privilegio y el dictado de la riqueza acumulada en un puñado de familias. Nunca han imaginado un país para todos y las cartas constitucionales que han salido de sendos conflictos violentos, han proclamado la igualdad ante la ley pero sin efectividad, porque en vez de disminuir la desigualdad, la profundizan.

El presente es inédito los dos sectores políticos en que se divide hoy la opinión de los colombianos tienden a enfrentarse a futuro y prometen un rito electoral del 2018, regido por la lucha entre el miedo y el optimismo. El miedo explota un electorado inculto y profundamente religioso. El optimismo convoca a las gentes convencidas de la efectividad de los acuerdos paz, porque es quitarle a la guerra y la violencia un ejército de siete mil combatientes que han demostrado hacer mucho daño.

La historia inmediata es una construcción cuyo archivo es el acontecer en caliente de la vida. El fundamento filosófico político no está en las pretendidas leyes de la historia, deterministas, porque la humanidad no tiene una finalidad trazada. Si así fuere, la ciencia moderna ya hubiese logrado un ser humano respetuoso del otro e igualitario. A finales del siglo diecinueve, occidente estuvo convencido de entrar en el siglo siguiente con el logro de la paz perpetua y un progreso perfeccionista permanente; pero los conflictos que llegaron demostraron la inexistencia de las leyes históricas del progreso indefinido.

El presente colombiano, tiene la novedad de haber dejado atrás el bipartidismo originado en 1848 y la aparición, en el devenir, de dos sectores políticos que no se pueden concebir como partidos. Son posiciones filosóficas políticas, que tienen su universo social, concebido uno, desde la tradición colonial y otro desde el deseo de un país moderno que quiere resolver los conflictos sociales, causa de la violencia sistemática.

Tenerle miedo a la resolución pacífica de los conflictos quiere decir no estar dispuesto a abandonar la imposición de un solo punto de vista al contrario. Esa es la tradición política colonial. El autoritarismo de la supremacía construida por occidente está vivo y se ha decantado en los opositores al acuerdo de paz de la Habana.

El optimismo sobre una sociedad colombiana moderna, de plena vigencia del derecho, la justicia; sociedad igualitaria, sin miedo, es la opción que se busca cuando un ejército se desarma y cambia las armas por la palabra. Esta es una exigencia de un estado social de masas, metidas en el espacio de la ciudad, en el que la violación de los derechos humanos se da con facilidad. Los dineros de la guerra ahora deben ir a satisfacer las necesidades de los ciudadanos.

viernes, 9 de junio de 2017

La velocidad de la máquina. Sobre el El hombre sin atributos de Musil

 Velocità óleo de Giacomo Balla 1913

Ha madurado el espacio y el tiempo del Hombre sin atributos. El espacio es llamado el Imperio de Kakania; y Musil lo hace coincidir con el imperio Austrohúngaro. El poder del emperador Francisco José, su corte, los ministerios, el cumpleaños sesenta del reinado, las aspiraciones universalistas y la construcción de un frente ideológico para frenar el desorden social, disolvente de la tradición y el respeto de la autoridad, ocurre en la tierra de kakania, espacio en el que se despliega la tradición y la herencia de la civilización a occidental, llamada a redimir la humanidad amenazada en el tiempo de la pérdida de los atributos.
 
El tiempo está identificado por la calidad de los personajes. Lo que dicen y sienten se contextualiza en la cultura, porque la sociedad que habita Kakania es heredera de la tradición occidental. La gestualidad corporal, los deseos y las aspiraciones de las gentes del imperio solo pudieron ocurrir en la primera década del siglo veinte, en el tiempo de la novela.
 
En un encuentro de jóvenes menores de treintaicinco años, Arheim, rico dueño de periódicos, industrias de balas, comercios, se sorprendió por observar y escuchar discursos sobre el culto a la agilidad del músculo. El mundo es de los que tienen la plena potencia del cuerpo y la capacidad de desplazarse con eficiencia. La madurez del ser humano y la cultura, ha adoptado la velocidad de la máquina y por eso el arte ha optado por sus expresiones más excelsas, la arquitectura y la religión, como la forma superior. Los jóvenes son quienes están en capacidad de observar y vivir la velocidad del automóvil y tienen la posibilidad de verter o acomodar la cultura al primado de esa máquina.
 
El dueño de periódicos, escribe en ellos, en su propiedad. Exhibe en sus artículos la sabiduría que puede lograr un ser humano culto en los albores del siglo. La capacidad de hablar y escribir sobre política, cultura, arte, economía, literatura, la ciencia y la técnica, le hace ser admirado en el encuentro de jóvenes. El rico escritor admira y participa en la reunión. La inscribe dentro de la empresa de la “Acción Paralela”, porque ambas hacen una de las prácticas más importantes de una sociedad: reunirse para hablar.
 
El escritor seduce a Diotima, la promotora de la Acción y esposa de un ministro del rey austrohúngaro. La lectura, la escritura y la riqueza lo hacen irresistible. La cultura y la educación llenan su dicción de una tonalidad, agradable al oído. Ante su dicción se rinden todos y solo reaccionan los generales del monarca porque creen en la superioridad de la campiña y en la plena potencia del músculo joven.
 
En la reunión para hablar, se mezclan muchas ideas; pero se decantan dos vertientes de pensamiento: una, el culto a la patria y a sus jóvenes que encarnan el tiempo presente y quieren reducir la cultura al arte de la construcción y la religión, a la velocidad de la máquina. La otra, la del escritor, que trae el universo abierto en su cabeza, admira todas las producciones de la humanidad y tiene como principio la igualdad de los seres humanos.
 
Musil hace sentir el tiempo, en la vivencia de otra mujer, partícipe de la Acción, órgano de la alta sociedad destinado a salvar la humanidad. Es la amiga de juventud del secretario: Clarisse. El secretario Ulrich, ejerce una atracción parecida a la del escritor sobre Diotima; pero no por la universalidad del saber, sino por la búsqueda en la filosofía de un sustento del ser alemán libre de los atributos tradicionales. El alemán de Ulrich debe estar absorto en la técnica y en la ciencia; debe ser un hombre nuevo, recio, poderoso, pleno de energía joven, y en ruptura con la tradición paralizante. El hombre nuevo superior, tiene asiento en Austria y será modelo para Alemania y el universo. Ulrich busca en Fichte, Goethe y Nietsche. Este último ha calado en la imaginación de la bella y joven Clarisse. Ella siente pesimismo por el poder, se inclina por la austeridad; le inquieta la persistencia del horror; el mal y los apetitos espantosos son como enemigos dignos. Concibe la profundidad de las “tendencias antimorales” y “tales palabras producían en su boca, cuando las pensaba, una excitación sensual, tan dulce y fuerte como leche que apenas pudiera tragar”. ¿El hombre sin atributos es un hombre nuevo? Se pregunta.
 
Clarisse tiene deseos inexplicables por Ulrich y contempla la posibilidad de serle infiel a su esposo; dejar que las palabras diestras del secretario de la Acción se conviertan en manos que serpentean sobre la piel de su cuerpo. Piensa en una situación igual del tiempo de su pubertad con las caricias eróticas de su padre y en esa noche de verano en una cabaña de montaña alquilada por varias familias, en la que un amigo adulto de su padre, entró en la oscuridad de la habitación y la tocó intensamente sin encontrar resistencia.
 
Diotima, compara al anciano ministro del rey, su esposo. Su voz trémula, sus palabras medidas son como un árbol seco ante el flujo exuberante y fresco de las palabras de Arheim. En ellas está el mundo que ha recorrido, la experiencia de ver y nutrirse de la cultura de otros países. El cuerpo maduro y esbelto, cubierto de sobrias vestiduras a la moda, son una mezclan exacta de refinamiento. La voz del escritor, agradable al oído de la hermosa aristócrata, la llevan a remembrar momentos de igual intensidad. Los bailes, los cuerpos de los familiares y compañeros de clase, forman en el tiempo de su memoria las experiencias eróticas tempranas. Ahora está dispuesta a cambiar la resequedad de su esposo por la frondosidad del escritor; la infidelidad está servida y atenuada.
 
Las palabras de la boca son tan seductoras como las palabras escritas. La “Acción Paralela” avoca el asunto. Como la dirección está en manos de los ministros de la monarquía, se asume el tema desde la vertiente de pensamiento de culto a la patria, la tradición, la religión y supremacía austríaca. Los periódicos no pueden cambiar los fundamentos del ser alemán. Lo que hacen es pura literatura, dice el jefe la Acción. También es literatura las peticiones de la gente a la organización. La literatura es una invención de los judíos dueños de periódicos y creadores de utopías. Con la sola inteligencia no se puede ser moral y hacer política. Es necesaria la fuerza del músculo joven atado al arte excelso y la religión.
 
Musil se obliga a defender el escritor. Lo caracteriza. Relata con minucias lo que debe hacer un constructor de artículos de periódicos. La misma periodicidad le impone una disciplina y un ritmo de estudio permanente para escribir con convicción, sabiduría, y aportar a la construcción de un ser humano culto e igualitario.

domingo, 28 de mayo de 2017

El barrio de Ladrillo

Volver. Óleo Antonio Seguí 1998

Lo trajeron a la tierra o al mundo o a la luz, las manos hábiles de la alta y gruesa Encarnación, partera prestigiosa en ese sector de la ciudad al que no alcanzaban los escasos servicios públicos del Estado. Lo puso sobre la palma de la mano derecha y con la otra barrió el rostro del niño y dijo –es moreno, chiquito y aguileño-. Lo terminó de acondicionar y lo puso sobre los pechos desnudos de la madre.
Ser aguileño fue el rasgo físico que marcó la vida de Javier. La forma rapaz de su nariz originó el sobre nombre de Condorico desde muy temprano. La madre morena y de baja estatura, hacía trabajo de limpieza en el hogar de Carlos y Berta. Cuando habló del hijo que esperaba, Carlos le comentó que no habría problema porque sería una compañía para Emilia; pero la madre, entendió por un sentido de consideración, que ella y el hijo serían un peso para ese hogar en el que trabajaba. Por eso dejó a Condorico, luego de amamantarlo por tres años. Salió una noche de diciembre y no volvió. Berta y Carlos trataron de encontrarla pero no tuvieron resultado.
Javier Condorico fue adoptado en silencio. Cuando adquirió orientación en el espacio se encargó de comprar las cosas de la casa en las tiendas y graneros del barrio. Al comienzo le anotaban en un trozo de papel el listado de víveres por traer, luego puso en uso una nemotecnia de grande a pequeño y grababa en su mente los artículos por el tamaño; prescindió del listado y se convirtió en el mandadero de los vecinos de Berta. Creció rápido el prestigio de Javier por el reconocimiento de Encarnación. Ella con su mayestática figura lo saludaba siempre; –Mi aguileñito- le decía y se agachaba hasta poner su cara contra la del niño. Por eso Condorico creció en prestigio y reconocimiento. Seguro, corrió por el barrio el mandadero. Los días le dejaban exhausto y en las noches soñaba con las aceras y el pavimento de las calles. El afán de hacer bien su trabajo lo llevó a soñar repetidamente tener alas y volaba, con autonomía para elevarse o descender, sobre el barrio.
Carlos y Berta decidieron matricularlo en la escuela. Las primeras semanas le fueron traumáticas. Acostumbrado a correr libre en el día, sintió el peso del claustro y la disciplina. El sentimiento se agravó cuando en el tiempo del recreo orinó el pedestal de la Virgen del Rosario puesto en el centro del patio, porque creyó poderlo hacer, así como orinaba en la calle, cuando le llegaban las ganas. Encontró el dedo acusador de los compañeros y la burla y el ser llevado por el maestro de disciplina prendido del cuello de la camisa, a patio traviesa, hasta la presencia del director. No supo explicarse; pero aprendió desde ese día la ubicación de los retretes, por el olor del orín rancio. El escarnio público lo metió en la rutina de la escuela. Entró en los juegos, muchas veces tomó iniciativa y otras impuso el correr indefinido por el patio, como novedad, igual que si estuviera haciendo las compras de sus vecinos de casa.
Salía de la escuela a la hora de la caída del sol entre las montañas altas, adheridas a la ciudad. Javier Condorico esperaba en la puerta amplia y alta de la escuela con la mano derecha a la altura de la frente para taparle a los ojos los últimos rayos de sol. Los esperados pasaron en carrera y le golpearon la espalda. Corrieron por las calles del barrio dando gritos. Golpeaban la puesta de algún vecino para reactivar la risa y la velocidad de los pies. Exhaustos, jadeantes llegaron a sus casas vecinas. -Cinco muchachos en tropel es de respeto- decía Encarnación al verlos llegar. Ella los admiraba. Sus ojos negros, pequeños, se iluminaban cuando les tocaba los cachetes y los brazos y se decía par si: parecen una biflora en flor. A todos los había traído a la tierra; por eso le gustaba verles crecer el cuerpo. La alegría le salía por los ojos al ver la turgencia de las carnes y la comparaba con una florescencia.
El más vecino, el más cercano, Alcides, entró a la casa de Javier, por invitación de Berta a tomar chocolate. Alcides se quedó, por la televisión, por la compañía, por el aire mejor comparado con el de su casa llena de polvo. Se hizo sólida la entraña entre ellos. Venían de la escuela juntos, iban juntos por todos los lugares que debían ir. La casa de Alcides nunca llamó la atención de Javier Condorico. Allí había mucha gente. Esos seis monitos me joden mucho -decía Javier cuando le reclamaban. Entre ellos Juan Ladrillo, le caía más pesado. Era un muchacho robusto de cara roja y con saludos abrasivos y se burlaba de su nariz. Javier se libraba de él por los dos años que le llevaba en edad, la presencia de Alcides y los manoteos agresivos necesarios. Alcides, Juan y los hermanos tenían trabajo permanente en el depósito de materiales para la construcción del que vivía la familia.
El viento entraba con dificultad y el sol calentaba en exceso el pavimento. La calle de Alcides y Javier era larga y sin bermas. Las aceras angostas obligaban transitar fuera de ellas; daban a los muchachos un sentimiento de amor por el afuera. Se hicieron adolescentes con un aire de libertad sin el alcance de las manos de sus familias. Exploraron con cuidado todas las callejuelas y callejones y por ahí les entró la yerba con facilidad, en el corazón y la cabeza, por eso abandonaron la escuela. Ahora Caminaban en silencio como si fuese difícil vocalizar los pensamientos y muchas veces en la noche alta se metían en sus casas sin despedirse.
El barrio abandonado por el Estado, sufrió el desgaste del pavimento. Huecos, baches, lodos, fueron el espacio y el tiempo para animar la mezcla de yerba con barbitúricos. El cuerpo se les inclinó como si a cada paso fuesen a perder el equilibrio. Encarnación les ofrecía agua helada cada vez que creía salvarlos o sacarlos de ese mundo extraño e inasible para ella. Cuando tuvo oportunidad les advirtió que le estaban dando mal ejemplo a Juan. Él los está siguiendo y ya lo he visto con la varita de yerba. Le falta poco para comenzar con la seco, como ustedes –dijo la mayestática partera al cambiar el gesto maternal por una rigidez lacónica.
Javier Condorico y Alcides, se alertaron; pasaron a hacerle seguimiento a Ladrillo y se sorprendieron porque visitaba los mismos lugares y mayor fue el asombro cuando lo vieron acercarse a Emilia. Ella posaba alegre por sentirse cortejada y admirada. Hermosa. Javier le tenía un alto sentimiento de protección, por su belleza e ingenuidad y por ser la muchacha más admirada del barrio.
Ladrillo progresó solitario. El cuerpo grande y el afán de dominio lo dejaron solo. Su cara roja lucía apretada, huraña, como queriendo mostrar un profundo descontento por todo; contra todo. Su progreso con la seco y la yerba, lo hicieron temible. Se enfrentó a Condorico, amenazó a Alcides, hasta hacerlos recluir en un sector del barrio. Por un pacto tácito trazaron una frontera invisible y se respetaron el territorio. Llegó a oídos de Berta noticias de atracos a transeúntes, hechos por Ladrillo. Javier Condorico notó cambios en Emilia. La ingenuidad y candor se le desaparecieron. Se mostraba dura, con un silencio que decía estar en aprietos. Ocurrió una noche de octubre, cuando Javier vio en la puerta de la casa a Emilia llorar entre los brazos fuertes de Ladrillo. Condorico se abalanzó sobre ese cuello rojo y debió halar tres veces para hacer retroceder ese cuerpo grande. Ladrillo, enfurecido giró, enfrentó la baja estatura de Javier y le descargó en el pecho un puño que le hizo rodar. Los gritos de Emilia, sacaron de la casa a Carlos y Berta. La familia vociferante espantó la agresividad de Ladrillo. Le vieron casi correr tropezando con los huecos de la calle.
El año tornó hacia el fin. En la casa de Condorico las palabras se hicieron escasas; pero la época festiva hizo que el mal semblante de los rostros desapareciera con lentitud y firmeza. Ladrillo se recluyó en su territorio y no volvió más con Emilia. Los dos amigos dejaron de trajinar. Siguieron metidos en la yerba con seco; pero cada quien en lo suyo. Alcides fue lejos, no paraba; utilizó con más frecuencia aguardiente e hizo famosa su embriaguez más allá del barrio. Condorico se quedó rumiando la imagen del puño de Ladrillo sobre su pecho hasta la obsesión. La yerba le traía desde el fondo de su memoria los vuelos de sus sueños de niñez. Caía golpeado; pero el caer se hacía lento y duraba en el tiempo.
El nueve de diciembre el sol fue implacable, la fiesta de la virgen del Rosario celebrada en los dos días anteriores, dejó resaca en los cuerpos y las aceras manchadas con parafina de colores. Condorico se levantó con dificultad, dejó la cama y sintió el pensamiento pesado y lento. Comió el desayuno que Berta le sirvió automática. Hacía tiempo que en la casa se hablaba solo lo necesario; ese día decembrino fue igual. Condorico decidió bañarse en la quebrada. Cogió la pantaloneta, se la puso en el hombro y subió la montaña acosado por el calor ya generalizado a esa hora. Con las monedas que aún le quedaban compro yerba y seco.
La tarde acentuó el calor. Las casas y las calles del barrio estaban inmersas en el color de la incandescencia. El sol terminó de caer tras las montañas y Condorico comenzó a recorrer la calle. La cara roja de Ladrillo estaba permanente en su pensamiento. Llegó hasta su puerta; entró a la casa descargó el vestido de baño y metió una navaja en el bolsillo del pantalón. No atendió la voz de Berta que le llamaba a comer. Salió absorto de nuevo a la calle. La imagen de su orín corriendo por pedestal de la virgen de la escuela se le presentaba frustrante. La mano de Encarnación sobre su cara amniótica recién parida, la asociaba a su nariz y al eco inicial de la palabra Condorico. La mano maza de Ladrillo que golpea su pecho era la obsesión de la presencia. Sabe dónde está Ladrillo. Alcides y él lo han mantenido bajo mirada. Ahora camina hacia allá. -A esta hora debe estar sentado en la mesa de la entrada del bar La Palma- Se dice.
A las ocho de la noche Condorico pasó su navaja por el cuello de Ladrillo. Cuello que haló tres veces para librar a Emilia del abrazo mal querido. Ladrillo daba la espalda a la calle y no vio quien le cortó el cuello. Condorico corrió a meterse en su casa. Estuvo tres horas con la boca seca y deseos imperativos de vomitar. A las once de la noche llegó una patrulla de policía y lo capturaron bajo el cargo de asesinato premeditado y alevoso, así mismo como lo denunciaron los muchos testigos.
Alcides y la familia sintieron propia la agresión. Por la forma, por ser a traición, por no respetar la costumbre del desafío y el franco duelo. Olvidaron las malas actitudes del hijo y acumularon un odio y venganza contra Condorico. Alcides, recibió palabras de respaldo de amigos y extraños. El barrio y la ciudad se llenaron de indignación por esos hechos de sangre entre muchachos jóvenes. No faltó quien se alegrara por la muerte de Ladrillo; había ofendido a muchos, en sus estados de yerba y seco. En el bar la Palma hubo discusiones sobre Ladrillo. Alguien le tiró la culpa al abandono en que el Estado mantiene la Juventud; pero otro dijo que ahí pagó todas sus faltas y lo que se hizo fue justicia.
Javier Condorico entró en su segunda reclusión. Lo metieron en una celda con muchos detenidos. Le informaron que en la mañana lo pasarían ante el juzgado. Vio como se orinaban en un rincón de la celda y de nuevo la imagen del pedestal de la virgen del Rosario que dejaba correr su orín sobre el patio de la escuela. Salió del mundo de su imaginación porque un brazo le apretó el cuello y muchas manos le saquearon los bolsillos. Sintió los pies en el aire y cuando volvió la cara a tratar de ver quien lo atacaba, vio muchos cuerpos quietos y rostros impávidos.
La condena fue de diez y seis años. Berta y Carlos gastaron el dinero ahorrado en la defensa; hubo atenuantes: asesinó impulsado por el uso de alucinógenos y por el maltrato que el occiso aplicaba a su hermana. La buena conducta, el trabajo, la diligencia en las tareas de la cárcel, bajaron los años de reclusión. Luego de nueve años estuvo de nuevo en la calle y en la casa. Salió corregido, arrepentido, se creyó perdonado. Tomó confianza en la calle y en el barrio. Los saludos que recibía le convencían más cada vez del olvido de la gente. Volvió a la quebrada a bañarse, a ser el mandadero. El cuerpo grande y viejo de Encarnación lo saludaron sin ningún reproche en la cara.
La calle ahora pavimentada, el calor decembrino, el ambiente festivo, mostraban diez años de curación de las heridas y diez navidades ausentes y la disposición de gozar esta, porque tiene el signo del perdón. Condorico, confiado vuelve a la yerba y la seco. Vuelve a buscar a Alcides y lo encuentra. Ve el viejo amigo como siempre, aunque más adulto; las palabras tienes el mismo signo de complicidad y Javier se convence de que el perdón existe porque él lo ha decretado.
Javier Condorico amaneció sentado en el quicio de una puerta que nunca se abría, equidistante entre su casa y el bar la Palma. Los testigos dijeron a la policía, verle ahí sentado desde muy temprano en la noche y ver mucha gente que se acercó a bridar con él, en repetidas oportunidades. Alguien se percató de su muerte por la inmovilidad, por los ojos abiertos, de un azul mortal, por la rigidez. Así con la pose sedente lo metieron en el auto policial rumbo a la morgue, entre la gente curiosa. A Berta y Carlos les dijeron, cuando se les entregó el cadáver, que lo habían matado con una aguja larga y por eso no hubo sangre derramada.

lunes, 15 de mayo de 2017

La vida de la letra, la historia del presente

La ciudad, la familia y el campo. Mural de Jorge Cárdenas 1982

Formar el acontecimiento con la información recabada del medio, obliga dar unos pasos más para entrar en el redil del historiador y dejar el momento periodístico como el registro del presente, dice Jean Lacouture1. Entrar en la esfera de la historia, es decir entrar en el plano de la disciplina y acatár las reglas para producir conocimiento. Así se hace historia del presente. Hay ejemplos memorables: Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. Heródoto, Los nueve libros de la historia. Trotsky, Historia de la revolución rusa. José Manuel Restrepo, Historia de la revolución de la república de Colombia.

La identidad de estas obras está en el haber sido concebidas y realizadas con información del presente vivido por sus autores; información que se trató como insumo para producir conocimiento histórico. Es un reto hoy sopesar el logro o no de ese conocimiento; pero sí son fuente de información para hace la historia universal o la historia de Colombia.

El género está legitimado. Tiene como base la formación del acontecimiento. Se puede hacer un ejercicio, con información extraída de hechos del hoy colombiano para construir historia del presente. Se dice así: Colombia está escindida entre una sociedad del enunciado escrito y otra, práctica, que niega los enunciados fundantes de la república democrática.

La del enunciado escrito es una sociedad de papel. Existe en los textos de las constituciones y proclama las plenas libertades modernas. Se define como una sociedad laica de derecho positivo. Pero la sociedad real y práctica tiene una sociabilidad basada en la vigencia de valores coloniales y clericales.

Esta escisión de la sociedad colombiana ha salido de la penumbra y se ha manifestado con crudeza por el Acuerdo de paz en curso que está aplicando la constitución. La letra ha salido del papel y se está materializando en la efectividad del derecho. El enfoque de género impulsado por la ONU y esbozado en la constitución colombiana de 1991, ha llevado a garantizar el derecho de las minorías y hacer realidad la adopción de niños por los nuevos tipos de familia, entre ellas, la monoparental y la homoparental de ambos sexos. Esta materialización del laicismo generó la reacción de la sociabilidad basada en la vigencia de valores coloniales.

Se registra el recurso a la mentira, para explotar la falta de educación de los colombianos, respecto a la adopción, porque la experiencia muestra que no hay diferencia conductual entre los niños educados por familias de un mismo sexo o por solteros, separados o viudos. El querer llevar la decisión a un plebiscito, se lee como la imposición de la mayoría católica a las aspiraciones de una minoría y es muestra del fundamentalismo católico y de las sectas religiosas1.1.

La construcción de una legislación desprendida de los credos religiosos no fue fácil. La primera lucha la dio Moreno y Escandón en 1760 cuando cambió en el plan de estudios la religión, por el estudio de la historia de la religión, convencido de que la biblia antes que dogma era un registro de acontecimientos históricos. La segunda la hizo Santander en 1823, cuando sacó de los estudios de derecho a Balmes y puso a Jeremías Bentham: pasó del derecho de inspiración divina a la inspiración por interés y el placer. Luego otras luchas como el cierre de conventos para convertir sus claustros en escuelas, motivó y originó la Guerra de los Supremos en 1839. Tomás Cipriano de Mosquera interpretó el sentimiento capitalista de liberales y conservadores en 1863, por eso, ambos partidos aceptaron quitarle la tierra a los muertos y dársela a los vivos. Ese hecho se llamó desamortización y fue un acto laico contra las finanzas del clero. Por todo el periodo de la Colombia federal, llamado el Olimpo Radical, se impuso una concepción del estado y de la sociedad de supremacía civil sobre los credos religiosos. El orden fue completamente laico y los distintos gobiernos ejercieron un patronato sobre la iglesia.

La experiencia del octtocento político colombiano generó una reacción de la sociabilidad basada en la vigencia de valores coloniales, solemnizada en la constitución de 1886. El estado colombiano acepta ser tutelado por el clero y el derecho volvió a ser de inspiración divina; pero la modernidad capitalista y burguesa rompió ese obstáculo y ahora exige dejar la tradición, cambiarla por el hedonismo utilitarista del consumidor.

El Estado Social de Derecho proclamado en 1991, reivindica el derecho de vida y expresión de las minorías culturales y étnicas. Garantiza la libertad de cultos; pero esa modernidad de papel no ha llegado a imponerse y cambiar la sociabilidad colonial por una sociabilidad laica con primacía del respeto del otro. Sin este cambio la mayoría cristiana impone su visión del mundo a las minorías.

El acontecimiento de la escisión de la sociedad, ubicado en el tiempo y en el espacio, se impone por su influencia en la política colombiana fundada en la falta de educación de la población. Para dejar la escisión, se necesita que la educación permita al individuo llevar a la vida práctica las normas y enunciados del papel carta de la constitución. Si no hay educación para el ejercicio político, el sujeto colombiano toma las decisiones políticas desde la sociabilidad colonial.

La práctica política hoy en Colombia está en lucha entre lo nuevo y o viejo. Entre el país clerical y el país de la libertad. Se lee en los hechos registrados por los medios de comunicación: El partido Centro Democrático realizó una convención en la que se programó una coalición del viejo país tradicional contra el proceso de paz, y terciar en las elecciones presidenciales del 2018. La convención se reunió en la sede de una iglesia protestante cristiana. El jefe del partido Álvaro Uribe Vélez dijo “que los creyentes tendrán un rol importante en la estrategia electoral”2, y trabajaremos con todos ellos para la defensa de la familia, la vida y la intimidad; hacer que la educación no esté exenta de ideología. En el acontecimiento presente, para este partido, hay familia cuando es nuclear, dice defender la vida porque piensa en la prohibición del aborto y señala una educación controlada por la religión cristiana, sea católica o protestante.

El Acuerdo de paz se impone como hecho revelador. Se lee en los medios periódicos que los enemigos de la paz quieren volver a la Constitución de 1886, que se ofenden cuando se reitera el principio universal de la prevalencia del interés general sobre el particular, establecido constitucionalmente desde 19363. Estos pilares de la sociedad liberal se están condenando como socialistas y se extrema hasta estigmatizar un funcionario del estado por expresar en público su ateísmo4.

El Acuerdo saca la letra del papel y la hace práctica. Se registran reformas necesarias, en el caso del ordenamiento electoral; pero la costumbre inscrita en la sociabilidad colonial hizo que los partidos que han usufructuado el estado, se unieran para enfrentar la reforma, porque no quieren rendir cuentas5.

La sociedad escindida y un Acuerdo que pretende abolir la escisión para darle efectividad y vida a la letra, es el acontecimiento que marca el presente y la lucha entre lo viejo y lo nuevo; la lucha entre el clericalismo y el liberalismo. Las contradicciones del octtocento, no se han resuelto.

1. Lacuture, Jean. La historia inmediata. En Le Goff, Jacques; Roger Chartier; Jacques Reve (1988). La nueva historia. Mensajero.
1.1. Uprimny, Rodrigo. ¿Congresistas o notarios? El Espectador online. 6 Mayo 2017. Bogotá
2. La cruzada que Ordóñez le propuso al Centro Democrático. Revista Semana online. 5 de mayo de 2017. Bogotá.
3. Bejarano Guzmán, Ramiro. La nueva cruzada del fascismo criollo. El Espectador online. 6 Mayo 2017. Bogotá.
4. Botero, Jorge Humberto. ¡Vade retro, Satanás! Revista Semana online. Mayo 5 de 2017. Bogotá.
5. Duzán, María Jimena. Falsos demócratas. Revista Semana online. Mayo 5 de 2017 Bogotá.