miércoles, 26 de abril de 2017

Escritos de abril. La venzonalización uno de los miedos colombianos

La llave. Óleo de Enrique Grau 1963
La venezonalización de Colombia es el nuevo miedo que Uribe y Pastrana quieren explotar en el electorado. Es evidente en la carta que Uribe dirige a los congresistas norteamericanos. El contenido de esa comunicación es el programa político del uribismo para la campaña electoral de 2018: acabar con el proceso de paz. Ante esta evidencia, es necesario avisar a los colombianos sobre la imposibilidad de que ocurra en Colombia un régimen como el venezolano, por la sencilla razón de no existir aquí unas fuerzas militares propulsoras del Socialismo del siglo XXI. El régimen venezolano resiste porque es sostenido por el ejército.

La estrategia política utilizada por los del NO en las últimas votaciones en Colombia, que dio excelentes resultados, se va a repetir en las elecciones del próximo año. Se trata de indignar al elector para llevarlo controlado a las urnas: eso denunció el centrodemocrático Juan Carlos Vélez. Ya no será la homofobia de la "ideología de género", será el miedo al desabastecimiento sufrido por Venezuela desde que los ricos dueños de las cadenas de abastos se pelearon con el chavismo. Ese miedo lo han extendido hacia la inclemencia de los colombianos que no creen en la rehabilitación de los que se han puesto fuera de la ley y han delinquido sistemáticamente. Es el miedo a las Farc. Tan infundado como la homofobia nombrada, pues el partido político resultante de esta guerrilla transmutada, no podrá quitarle con la facilidad pensada, el poder a la clase política dos veces centenaria. Se sabe que en las elecciones del 2018 se opondrán los defensores del proceso de paz contra los que quieren congelarlo o destruirlo y en la contienda jugará un papel fundamental las redes sociales, en especial los grupos de WhasApp que son capaz de dirigir la opinión política de las gentes sencillas de una o varias familias conectadas. Así operó Juan Carlos Vélez.

El WhasApp, jugó un papel estelar en la convocatoria de los colombianos a participar en el plebiscito sobre los acuerdos de paz del año 2016, porque el acceso al aparato telefónico con esa aplicación, llegó a la mayoría de los miembros de las familias. Ese medio de comunicación le dio el poder a su usuario, al dejar por escrito o por la réplica de imágenes quietas o en movimiento, de expresar su opinión sobre los acuerdos de paz.

Pero esa opinión estuvo determinada por varios factores y entre ellos el más favorecido fue el venir la información de un pariente con nexos políticos. Otro factor, el sentimiento popular de ridiculizar el gobierno de turno o los poderes públicos, que ató el desprestigio de la política a la opción de decir y votar por el No, en medio de chistes, insultos y groserías. Otro el provecho que sacaron los opositores a los acuerdos, de ese bajo nivel de nuestra cultura política y la incapacidad de pensar racionalmente los grades temas que han identificado en las últimas décadas, el desarrollo de la civilidad colombiana, como el enfoque de género, la inclusión social, el respeto, la tolerancia de los otros y la ampliación de la libertad.

Esta situación ha cambiado, en el sentido del aumento permanente del uso del WhasApp, por el acceso masivo a la tecnología y la conectividad. Es decir en los próximos comicios tendrán un protagonismo superior al anterior y es tarea asumir esta novedad y darle contenido edificante. Decía Umberto Eco a comienzos del año 2016 que las redes sociales le habían dado la palabra a los imbéciles; pero no dijo que eso ha ocurrido con todos los medios de comunicación cuando se pierde el monopolio ejercido por las élites. Ocurrió con el libro, la radio, el cine y la televisión, no porque hayan caído en manos de imbéciles, sino porque se ampliaron las visiones del mundo otrora acalladas. Las redes no se pueden dejar al garete. Es deber darle un contenido edificante e impedir que una sola visión del mundo, la deleznable sea la que impere.

Es necesario terciar en el debate, como se dice en los coloquios persistentes. Y en esta coyuntura colombiana el debate se ha metido en las familias. Hoy los padres, hijos y allegados pasan más tiempo "wasapiando" que ante el televisor. ¡Ocurre!. En muchos hogares se ponen mensajes mientras se ve televisión. Es la seducción de la pantalla. Hay dos pantallas involucradas en esta actitud y parece cumplirse la predicción de Ray Bradbury en Farenheit 451; ocurrió en su sociedad imaginada que los libros y las bibliotecas se incineraron y en su lugar el Estado obligó montar pantallas. Las habitaciones reemplazaron sus paredes por pantallas.

Hoy se compite por tener pantalla grande y aparatos que se pueden conectar a las redes sociales y desde ahí "wasapear". El contenido de esos mensajes textos, sin autor, sin responsables y llenos de sentencias sobre personajes políticos o sobre el mismo lector al que se insulta, se le maltrata, si no obra como lo dice el anónimo. Los temas dominantes de los mensajes son la chistología, la religión y la política. La primera sirve para desplegar el ingenio o poder de desencadenar hilaridad; la segunda de muy difícil racionalidad hay que respetarla porque es un sentimiento humano muy profundo. La tercera hay que someterla al debate. Es un deber participar en esos debates familiares. Se debe enseñar a tener criterio para reproducir información, para compartir textos. Los mensajes políticos que se compartieron entre los miembros de la familia por los mismos familiares, dirigidos a crear opinión política en las pasadas votaciones, utilizaron la mentira, el odio, el daño, la falsedad y la calumnia. Se recurrió a todos los bajos sentimientos para "llevar al elector indignado a las urnas".

El debate político ha entrado en las familias conectadas por las redes sociales. Allí es necesario terciar, para dignificar la información, no en términos de control sino, en términos de nivelar el imaginario por lo alto y no por lo bajo, por ese bajo nivel de nuestra cultura política y la incapacidad de pensar racionalmente lo que ocurre en Venezuela. En la casa de nuestro vecino, un líder militar quiso enfrentar la injusticia y la acumulación de la riqueza en pocas manos, pero se equivocó de método y sus herederos políticos profundizaron la equivocación.

En el debate político que las redes sociales han generado en nuestras familias, hay que presentar el tema del enfoque de género, con racionalidad. Se debe aclarar que el enfoque es distinto a la ideología de género. Este concepto se introduce para manipular el tema y potenciar el miedo a la diversidad sexual, un fenómeno de nuestra sociedad que se debe comprender y tratar desde la ciencia y no desde la ideología en la que se mezcla religión y política.

El acuerdo de paz, debe ubicarse en el contexto histórico para sacarlo del maquiavelismo político de los sectores que quieren perpetuar la guerra en Colombia. Desde el origen de la república democrática, en nuestro país se registran, diez grandes guerras civiles, un periodo de violencia soterrada, una dictadura y la disolución de la sociedad por las aspiraciones políticas del narcotráfico. Todas estas convulsiones han terminado con sendos indultos o amnistías o pactos de paz. El presente acuerdo con las Farc se diferencia de los anteriores por estar en el contexto de vigencia universal de los Derechos Humanos, que exigen resarcir a las víctimas, perdón y eterno recuerdo para no repetir.

sábado, 15 de abril de 2017

Soy rico y sabio; pero inferior por ser judío. Sobre El hombre sin atributos de Musil

Rosa meditativa. Salvador Dalí 1958
Ulrich está en permanente diálogo consigo mismo. Es un hombre formado en una generación estudiosa, de la cual, para la década del treinta del siglo XX, todos están ejerciendo una profesión y “por un camino más o menos largo habían llegado del estado nebuloso al estado sólido, y por eso la historia dirá de ellos al describir su siglo: “estuvieron presentes”.

En Ulrich y su generación, el yo es una voz que se escucha y se acata críticamente; pero la crítica se dirige a denigrar de todo lo que se aleje de la comunidad y los valores de los burgueses, apoyo de la corona. Esos valores afianzados en el yo están en Austria y es lamentable que los alemanes los critiquen. En Austria está la humanidad. Eso lo sabe Ulrich y por eso el creador del proyecto de la “Acción paralela” ha pensado en él para que sea el secretario de ese sentimiento devenido de un estado nebuloso a un estado sólido. El mundo está lleno de experiencias indirectas porque se ha dejado la vivencia propia, se ha cambiado por la información: los atributos no tienen hombre y el hombre no tiene atributos.

Ulrich se habla y descubre dos Ulrich. Uno lleno de filosofía y arte que responde al ser formal de la ética, la moral y tiene el ancestro presente. Otro, herido por el desorden social, el caos, la insolencia del proletariado. Un periódico proletario llama a la “Acción paralela” una ideología de la clase dominante monárquica. Esta acusación además de indignar al creador del proyecto, lleva a Ulrich a enfrentar un ebrio en la calle, que vociferaba contra el emperador y su “Acción paralela”. El forcejeo con gritos y un policía, termina con Ulrich detenido y conducido a un cuartel de policía por querer, al final, defender el derecho del borracho.

Ese evento lo utiliza Musil para conectar a Ulrich con el diseñador y promotor del proyecto. En el cuartel, el inspector tenía la petición de ubicarlo y hacerlo llegar a la primera asamblea. Ulrich como secretario debía redactar la primera resolución con el carácter de contenido ideológico de las tareas. La “Acción paralela” debe ser poética para la admiración del mundo. Debe darle a Austria la condición de centro del mundo y a su pueblo, como colectivo, darle la tarea de hacer grandes acciones colectivas con base en ideas redentoras.

La participación de Austria en las guerras ha sido actividad reducida al criterio de los ministros del emperador Francisco José, con setenta años de reinado; esa edad y la de sus ministros ha hecho inoperante el ejército. Es necesario que la guerra sea asumida por el pueblo, actuando como colectivo, para desencadenar la innovación y el sentimiento nacional.

Ulrich ha dejado de estar partido en dos. Une ciencia, filosofía y sicología, para satisfacer el deseo de su prima Diotima, abanderada del trasfondo ideológico de la “Acción paralela”. Ella dirige la Acción a un “resultado espiritual” con hombres modernos; detiene el proyecto en el nacionalismo campeante en Europa. En él reluce el cristianismo germánico como la alta cultura alemana. Ella acusa al judaísmo de haber convertido a Austria en una sociedad de profesionales guiada por la racionalidad. Los banqueros y financistas semitas profesantes de una filosofía y ciencia práctica, se olvidaron del espíritu alemán germano cristiano. Los convocados al proyecto de la Acción, burgueses de las profesiones dueñas de la economía, aportaron su prestigio y potenciaron la popularidad de la organización; pero luego del progreso del pensamiento nacionalista, dentro de la “Acción paralela”, fueron confrontados, a pesar de su encantadora dicción y cultura, de su liberalismo con libertad de empresa y enriquecimiento, que los llevaba a concebir la sociedad como un banco.

La razón el progreso y el liberalismo se cambiaron por el racismo. Los hombres ricos, burgueses, en su mayoría de ascendencia judía, luego de participar en las asambleas de la Acción, entendieron esas inspiraciones del grupo como expresiones de aristócratas y cortesanos aburridos y levantaban sus hombros despectivamente: ellos casados, convivientes y amantes de mujeres germanocristianas, cercanas a la corte de Francisco José, comenzaron a sentir como sus mujeres les miraban con superioridad en la intimidad de sus propias casas.

Ellas sistemáticamente separadas por los varones de los temas y decisiones políticas, tomaron la bandera de comparar el espíritu universal germanocristiano, con las demás tradiciones culturales y decidieron que los males del mundo causados por el capitalismo librepensador. Por este, los judíos ricos han impuesto la ciencia, la racionalidad, sus profesiones, en detrimento de las ideas universales de la Austria Imperial. La monarquía y sus cortesanos aristócratas, preservantes de la genealogía de sus apellidos privilegiados, dejaron participar a sus las mujeres en la Acción porque veían en el orden tradicional la grandeza austrohúngara.

Ulrich metido en su yo, actuaba según las circunstancias y observaba expectante. Como secretario del proyecto, compila las comunicaciones radicadas en la oficina que le ha sido asignada. Las comunicaciones tiene el carácter de ser una suerte de Cahier de doleance, en los que la gente, el pueblo colectivo, más organizaciones sociales reconocidas, piden como debe ser el actuar de la “Acción paralela”. El secretario hace una selección y entrega dos legajos a su jefe. Entre las peticiones hay una en la que reconoce a su autora por el estilo, la letra y la manía de subrayar: viene de su amiga Clarisse. Ella pide a la “Acción paralela” declarar el “Año de Nietzsche”, de la misma forma como se ha declarado el “Año de Austria”.

El secretario comenta la comunicación con su jefe y en ese diálogo entre ambos personajes, el autor de la novela El hombre sin atributos registra la percepción de un debate presente en la época, en el tiempo de la novela. La pretensión de Ulrich, sabida en las asambleas, de abogar por un asesino misógino y alegar locura periódica, opera en la cabeza de Clarisse, dama impulsora de la Acción, y la asocia con el pensamiento de Nietzsche. Ella ha leído ese autor por incitación de Ulrich y la asociación mental ocurre por el tema de la enfermedad mental. La dama expone un condicional: si se quiere exonerar un asesino misógino por loco periódico, se debe celebrar al filósofo, también con accesos periódicos de locura.

Musil se mete en el yo del asesino. Lo muestra como un hombre inculto que se creó un odio contra la mujer desde su madre. Ella no lo respaldó cuando deseó el sexo de su maestra y esta, ante tal impertinencia, le rompió una cuchara de madera en la boca. Debió dedicarse al vagabundeo, hasta el día del encuentro con la mujer con cara de ratón que lo quiso acceder sexualmente, por la fuerza, y debió asesinarla por el odio acumulado desde la actuación de su madre y la maestra. A pesar de su falta de educación, el asesino misógino, ya preso, medita y reflexiona sobre el derecho, las gentes en sociedad, la educación negada, la riqueza, la pobreza y el poder. Su pensamiento es una función subconsciente que se puede asociar con el surrealismo: él se ve en el rostro de los otros, no sabe si sueña o vive en vigilia, un mundo nebuloso y gris en el cual nace una rosa de colores vivos. Va por calles vacías; pero llenas ojos tras las piedras y paredes.

Se unen varias líneas de pensamiento en las asambleas. El yo y el sicoanálisis; la historia y el derecho nacionalcolectivo; la razón capitalista y el ancestro judío; la locura y la estética; la enfermedad mental y la filosofía; la mujer y la política; la tradición y la necesidad de modernización. Los personajes escuchan perplejos, se confunden y solo logran darle coherencia al pensamiento del nacionalismo austríaco. Desde ahí quieren medirlo todo.

domingo, 2 de abril de 2017

Acción paralela. Sobre El hombre sin atributos de Musil



Autorretrato con esposa de Max Slevogt. Impresionismo alemán 1904

La Viena de 1913 abriga un hombre deslumbrado por la tecnología y la ciencia. Ese hombre expresa con su vida y comportamiento el sentir de la parte occidental del mundo. Es un sentir centrado en la capital cultural de la época. Allí se organizó y se produjo la obra del Círculo de Viena en 1920. La Viena, capital del imperio Austrohúngaro, en los primeros años del siglo XX, tuvo un grupo de pensadores y escritores, radicados en la universidad. El grupo dirigió todo su interés intelectual, al problema de la ciencia y su método, decantado en el tema de la lógica científica. La escuela filosófica de Viena elevó la racionalidad científica a la condición de verdad irrebatible y señaló a las disciplinas que no asumen ese método como faltas de rigor y por consiguiente de cientificidad.

Ese hombre deslumbrado por la tecnología y la ciencia, abandona el mundo seguro de los padres, la familia y la religión, mundo, que denomina el narrador, del hombre con atributos, y se dedica a darse un mundo controlado por la tecnociencia; pero ese mundo está en construcción y para ser asumido es necesario abandonar los atributos y quedar despejado y vacío y dispuesto a ser llenado por los bienes de la modernidad: la ciencia y la tecnología, que no necesitan un ser humano con moralidad tradicional, sino uno en permanente revolución espiritual y material, tal como funciona la ciencia.

Ese hombre deslumbrado se llama Ulrich. Creció con Clarisse y Walter. El trio ya adulto esgrime sus profesiones. Walter es un artista, toca admirablemente el piano y pinta sobre lienzos con los estilos revolucionarios de la época: Impresionismo y expresionismo. Ella ama la música, toca el piano y pinta, pero dice no poder llegar a la perfección lograda por su esposo Walter. Ulrich ha dejado atrás la cultura y la educación que sus padres le dieron y ha abrazado la obra de Nietzsche y las matemáticas. Desde ahí le habla de manera seductora a Clarisse y llena de celos a Walter. En el encuentro de los tres amigos de infancia, hablan y se miran con sentimientos opuestos de amor y celos y extasiados por la bella interpretación que hace Walter del Himno de la Alegría de Beethoven.

El narrador, voz atrevida que irrespeta la verosimilitud o la fuerza, dice que a Ulrich, la filosofía nietzscheana le quitó los atributos y de esa transformación de su amigo se entera Walter, quien vive en matrimonio con Clarisse. Walter hombre lleno, pleno, sin dudas, le advierte a su esposa sobre los peligros de la personalidad del amigo común, porque ha caído en la nada y solo le queda la palabra seductora y bien articulada del sofista.

La voz que habla, narra, lo sabe todo, le da cuerpo a la novela de Robert Musil. La voz interrumpe el diálogo de los personajes para ayudarles a expresarse o para contextualizar sus dominios político-económicos. Avanzada la novela y su argumentación, se percibe la tendencia objeto de la obra: Mostrar lo que los austrohúngaros tenían en la cabeza, sus ideas, la intelectualidad, los prejuicios, las convicciones, los miedos y la furia. El poder político-económico sirve de fondo y base material de esos contenidos del imperio vienes.

Un Crimen atroz, morbosamente narrado, es introducido abruptamente por la voz que habla, para luego mostrar a Ulrich como salvador del asesino, por haber detectado con sus conocimientos lógicos, matemáticos y psicológicos, la inocencia del criminal. Ocurre el crimen, el juicio y la entrada de Ulrich a los espacios de la nobleza feudal dominante, ayudada por la burguesía todopoderosa. Allí Ulrich pide clemencia y le es concedida. Sus conocimientos de sicología han justificado el crimen atroz y decide la libertad, en justicia, inspirada en la ciencia. Una ciencia que no está en la clase dominante austrohúngara. Ulrich ha sido entronizado en la corte por su padre que le dice ser esa, parte de la herencia. Encuentra en palacio los promotores de un proyecto político de culto a la patria y a los valores religiosos e imperiales, expresados en la máxima, vivir el espíritu universal. El proyecto tiene el nombre de “la acción paralela” y se dirige a desterrar el materialismo, la sicología, el sensualismo, ideologías que amenazan los atributos del ser alemán, tal como lo escribió Fichte en su Discurso al a Nación Alemana.

El narrador da muestras de suplantar el papel de los personajes al inducir el lector. Le dice como concebir y qué quiere decir el personaje. Es el caso de Diotima la prima de Ulrich. Es una hermosa mujer cortesana, que se relaciona con las más altas esferas del poder imperial. Ella ha interpretado el deseo de su esposo, alto dignatario del imperio, de desarrollar el proyecto patriótico.

Diotima y Ulrich, son familia que han escalado en la corte imperial y hacen parte del fenómeno clasista de la época, alborada del siglo XX: la burguesía austriaca se quiere ennoblecer. Los primos son hijos de comerciantes y han tenido acceso a una educación para garantizar la acumulación de capital. Son alfabetos en la ciencia y la tecnología; pero el deseo de ennoblecerse les hace dudar de los beneficios culturales de esas novedades modernas y quieren mezclar sus contenidos mentales, “su alma” con el sentimiento patriótico, con el proyecto patriótico, llamado en palacio “acción paralela”. Al alma práctica, pragmática, sensualista y tecnocientífica se le debe dar un sentido ideológico nacionalista.

lunes, 20 de marzo de 2017

La literatura ha muerto, que viva la literatura. Sobre Rayuela de Cortázar

Rayuela. Óleo de Osvaldo Félix Pellegrini 1998

Horacio Oliveira habla de sí mismo, de su búsqueda y experiencia con una mujer a la que ha sobrenombrado la Maga. Habla desde París, sus calles y lugares, habla de su intelectualidad y militancias, de su Argentina a la que ve en la Ciudad Luz. Luego entra otro hablante a hablar de Oliveira, de su ser e idearios.
 
Estos recursos que utiliza Cortázar son, en principio, una polifonía propiciatoria de las identidades profundas de los personajes. Ellos hablan desde sus aspiraciones y frustraciones para dar al lector una imagen de la complejidad espiritual por estar en el mundo.
 
Oliveira: -hablo yo, otras veces soy descrito-. Ambas voces saben mucho sobre Oliveira. Hay igual recurso de descripción e indagación, de conocimiento del personaje. Él mismo dice que la vida es como estar en la casilla de una rayuela: hay reglas, pero sabe que las puede modificar. Cada salto a otra casilla tiene la esperanza de llegar, la esperanza del encuentro de las cosas y situaciones. Y la despedida de los queridos por la ambición de algo nuevo o promesa de lo distinto del lugar a llegar, donado por el salto: ya será otra casilla.
 
Ambas voces hablan de Oliveira, como un ser humano que vive la existencia a lo Sartre o a lo Herman Hesse. Se siente afectada esa vivencia cotidiana llena de hastío y nausea. Ama una mujer bella y cada vez que la toma, luego la deja ir para, como en un juego, tener que volverla a encontrar en cualquier calle de París. El sexo no trae compromisos, ambos tienen una historia de relaciones personales, se la cuentan, se celan; pero vuelven a sus sujetos. Oliveira la acusa de leer mucho y comprender poco. Ella lo acusa de querer ahogarse en un río metafísico construido con filosofía, historia y literatura. Te estás suicidando metafísicamente, le quiere decir.
 
Y ese es el ejercicio de escritura de Cortázar, ejercicio hecho a finales de los años cincuenta del siglo veinte. Es literatura extrema, gusto por la palabra escrita, gusto por hacer con ellas, construcciones bellas, que encuentran la materia narrable en el yo existencial, ubicado en pueblos y ciudades natales, en esa historia particular de las sociedades latinoamericanas.
 
Horacio Oliveira es un bonaerense metido en las entrañas de Francia, en París. Todo lo que le pasa es objeto de narración para la reflexión y cuando el diálogo interior o la descripción del narrador íntimo, tiende a agotarse, recurre al recuento de los hechos originadores del pasaje para retomar la reflexión. Es este el recurso literario: volver sobre lo dicho aunque ambos, el yo o el narrador, por tener que hacerlo, denigren de ese mismo hacer… “No hagamos literatura (…) no saquemos a relucir las perras palabras, las proxenetas relucientes. Pasó así y se acabó”.
 
Las palabras son objeto de reflexión por parte de los personajes. Todos son inmigrantes, se topan todos los días porque tienen las mismas rutinas, habitan los mismos espacios. Los diálogos ocurren en las habitaciones arrendadas en las que falta casi todo y sometidas al capricho del arrendador. El contenido de los diálogos cae repetidamente en el nombrar lo que les pasa, en el nombre y su relación con la historia particular de los dialogantes. El nombre de la realidad y su difícil definición, lleva a presentar en la novela una imagen o concepción del mundo. Hablan a favor o en contra de Sartre, Wittgenstein, Freud, Trotsky. El ser humano tiene una lógica, por la que las palabras son entendibles, por quien las lea o las escuche. Por la lógica existe una construcción racional del mundo, a la que se le da el nombre de realidad; pero los seres humanos viven su particularidad, potenciados por la intuición, en la que la realidad es difusa, bella, feliz o angustiante y en la mayoría de los casos, una experiencia estética.
 
Horacio Oliveira encarna a un personaje culto que ama los libros y en ellos bebe filosofía, literatura, historia y música. Su relación con los amigos, está mediada por los contenidos de su formación. Tiene una novela en construcción y tras las páginas se funde con Rayuela. Los amigos le sirven como instrumento, para llevar a la escritura los diálogos reveladores de su concepto del mundo. Le preocupa estar y ser en el mundo. Vuelve permanentemente sobre la realidad. El mundo es la realidad, pero está en una construcción mediada por el ser animal. El animal humano construye el mundo real totalmente abstraído, abstracto, ficticio, ficcionado. Así todo queda pendiente: las verdades, los sistemas, las ortodoxias.
 
Esta constatación hace que Oliveira viva en una perenne provisionalidad. Va por el mundo de París con los demás pegados a su piel, con la lluvia sobre su cabeza, con el frío domesticado por su cuerpo aterido: es un existencialista fenoménico que sufre la mayor parte del tiempo; sufrimiento del que se escapa con el blues, el jazz, el mate y el cuerpo de la maga.
 
Agotado el viejo mundo para sus andanzas, vuelve a la Argentina. Dos amigos de infancia, ahora pareja, lo reciben en puerto. Oliveira evoca permanentemente las capacidades físicas e intelectuales de la infancia y juventud de los tres. Lo hace porque se siente débil y desarraigado. El amigo es un residente intenso de pocos viajes. El diálogo entre el viajero y el anclado, se da con palabras duras de mutua acusación por lo que les falta. A Oliveira le falta haber visto crecer a Buenos Aires, al amigo le falta conocer otras tierras. Oliveira quería hacerse a un lado y no interferir en su amigo a pesar de su vocación de “acceder, por inmiscuirse, por ser…” dado su interés de escritor sobre las cosas humanas.
 
El trio quería deshacer la amistad, querían hacerse a un lado; pero el diálogo intenso lo impedía. Un diálogo atado al pasado por haber sido socialistas teosóficos. Ahora se reúnen a hacer jitanjáforas y juegos mistéricos que llaman Cementerio: unir palabras en retahíla, referidas a un tema. Pero se hastían y se enfrentan. El socialismo que imaginaron, mesclado con gnosticismo se puede llamar primitivo, por el que muchos consideraron a Jesús Cristo el primer socialista del mundo. Ese socialismo solo les alcanzó para leer literatura y otros temas conexos mediados por ella, y determinantemente decantados por una metafísica que Oliveira llama patafísica o “meta la pata más allá”.
 
Los tres, ella farmaceuta, el guitarrista y cantor, con Oliveira, se meten a trabajar en un circo. El espectáculo se conecta con lo maravilloso de las posibilidades humanas, de la prestidigitación, hasta una evasión propiciada por la taumaturgia. El dueño del circo cambia esa empresa por un hospital psiquiátrico, engancha a los tres amigos en las labores del hospital. Ella va a la farmacia y ellos dos hacen turnos para cuidar a veinticinco internos.
 
A Oliveira se le complejiza el mundo de su cabeza. Europa y Argentina se le mesclan. Ve a su Maga en los pasillos del siquiátrico y entra en un juego extraño con el interno dieciocho, que lo pone en peligro de pasar de empleado a interno o enfermo psiquiátrico. La patafísica profesada se trueca en lenguaje de la locura. La realidad se le disuelve en el juego de lo posible y en hechos pensados no materializados. Los espacios del hospital, el patio, la farmacia, los pasillos, las habitaciones, los pisos, la cava, la cadena de frío, están entre el sueño y la materia.
 
La rayuela ubicada a la vista de Oliveira en el piso bajo y paso obligado hacia el patio del siquiátrico, obliga a ser jugada de lado a lado, casilla a casilla, hacia el cielo fugaz. Las colillas de cigarrillo encendidas, Oliveira las hace impactar sable la rayuela y motiva la fusión de idearios e imágenes en su cerebro al vuelo; invoca los autores leídos que lo han incidido en sus representaciones. La realidad disuelta lo hace deducir que todo es literatura.
 
Cortázar dedica la tercera parte de Rayuela a las aspiraciones de novelista de Oliveira, el personaje complejo metido en un mundo real pero que el ve y siente irreal. El mundo de allá (Europa) y el mundo de acá (Buenos Aires - Argentina), los ha vivido atado a los hechos de los otros, de sus amigos, conocidos y sus amantes. No le ha quedado tiempo de estructurar la novela. Por eso en la tercera parte están todos los escritos hechos con las vivencias, de todos, con todos, por las calles, los cafés, los museos y conciertos. Esos escritos son sacados de Otros lados y son el vuelo poderoso del escritor a quien el cuerpo le estorba porque le impone la necesidad de interrumpir el vuelo, por exigencias que hace la máquina para seguir viva: la máquina del cuerpo.
 
Oliveira decide que la novela debe ser una rayuela, que adquiere sentido según el jugador. Es el lector cómplice quien la arma con toda libertad. Quien lee puede unir las partes, los trozos, los escritos, como quiera. Así el lector no es un paciente que recibe una trama hecha, unos acontecimientos predecibles que le concitan temor, risa o dolor. El lector cómplice, amante de la literatura, comprende al novelista y ayuda a darle coherencia la novela. Si ocurre así la relación lector – novelista, es porque la literatura es un complejo inasible. Puede decirse: La literatura ha muerto, que viva la literatura, porque la realidad es el lenguaje y cada vez que se piensa el lenguaje se hace cambiar, cambia la realidad.

domingo, 12 de marzo de 2017

Historia, carne y cuerpo

Janice Urnstein Weissman. Las tres Gracias (2003)

Un sentimiento conmovedor, casi inexplicable, me llega a la cabeza, al observar los cuerpos de las gentes que pasan por mi campo visual o aparecen. Me entra el deseo de juzgarlos con los valores de mis padres: el color, la distancia respecto al ideal de belleza, la apariencia su poder económico y la expresión del rostro; pero, el estar en el mundo y el toque de vida que me han dado otras posibilidades, otros valores, permiten, ya no un juicio de los otros, sino una ponderación de su estar en el mundo. Ser humano es ser considerado sujeto de admiración per se o por tener el valor de mostrar ante los ojos de los demás el cuerpo que le ha tocado.
 
Al cuerpo, el mundo de los derechos humanos, le ha dado sentido. A las carnes amplias, escasas, magras, desmirriadas; a las estaturas largas, cortas, asimétricas; a las pieles oscuras, claras, mescladas; a las apariencias bellas, feas, atractivas; les ha sido dado un lugar, para que la materia, la física del cuerpo, no interfiera en la salud del complejo contenido inmaterial, existente en la cabeza.
 
El cuerpo no exime, ni disculpa, la obligación de buscarle explicaciones a la existencia, auxiliado por los legados anteriores, de los humanos pasados, las que podemos apreciar, si nos acercamos a la historia.
 
El cuerpo en el mundo duele, la existencia angustia. Si solo se tiene la carne para estar en el mundo, el dolor es inevitable y la angustia permanente. Se sale de ahí con el acercamiento a la historia o a otra trascendencia. Entre tantas trascendencias la única que llegó a declarar la igualdad racional de los cuerpos humanos es la historia. Los credos religiosos, como otras trascendencias, se levantan sobre la desigualdad y la opresión.
 
Escribió Hegel que en el mundo egipcio-babilónico fue libre uno solo, en el mundo greco-romano fueron libres algunos y en el mundo de él, que le tocó vivir, lo llamó mundo germano-cristiano, todos son libres; pero la libertad hegeliana se ejercía en la dialéctica del espíritu, en la historia del desarrollo del espíritu. Y este último concepto, se debe meter dentro de lo que se llama historicismo, el mismo constructor de la idea de progreso indefinido del ser humano, con su cuerpo a cuestas.
 
El progreso del cuerpo y sus trascendencias, no se ha abandonado. Ahora cuñado por el evolucionismo darwiniano, es una creencia que le va muy bien al ser humano infantilizado de hoy. El auxilio de la tecnología, deja la sensación de la inutilidad de sufrir la existencia, y por eso el cuerpo se embellece, y se decantan los valores de la tradición: el color, la distancia respecto al ideal de belleza, la apariencia económica y la expresión del rostro medida por el prototipo del criminal sacado de la frenología.
 
El cuerpo del ser humano del presente tiene culto. La sensiblería lleva a figurar sobre él, de manera indeleble, los motivos más banales, acordes con el éxtasis que produce el color en el cerebro del infante. Y cuando se trata de figurar sobre superficies, la humanidad tiende a tenerle miedo al vacío; por eso los cuerpos se tatúan en sus espacios visibles e invisibles, según el vestido. Se ven cuerpos barrocos, en los que parece haber hecho falta piel para graficar.
 
La libertad de hacer con el cuerpo lo que se quiera, es una fuga de la igualdad racional decantada por la historia. La libertad y la igualdad de los derechos humanos, se ha banalizado. El centramiento en el propio cuerpo, no deja ver el poder que aúpa la infantilización, además producida y administrada por la tecnología. Se crea la sensación de progreso y evolución del cuerpo. El poder sobre los cuerpos, ejercido por muchas jerarquías modernas, hace de la crítica a la infantilización y a las trascendencias hegelianas, una violación de la propiedad personal sobre el cuerpo que ha tocado llevar a cuestas. Esa crítica señala la pérdida de la más cultivada de las trascendencias: la historia.
 
El cuerpo y la historia que lo sustenta, están en el mundo; el dolor y la angustia de la existencia, del ser, se recluyen en el olvido o se neutralizan con la palabra, continente de la transcendencia. En las épocas de la palabra escrita en el cuerpo, la grafía evocaba el pasado del grupo y ver el cuerpo figurado convocaba el discurso, signo que facilitaba el símbolo.
 
La historia escrita en el cuerpo fue el principio motivante de la grafía sobre la piel. Hoy los cuerpos barrocos tatuados hasta el paroxismo, nada dicen, porque es imitación infantil de las culturas tempranas. El ser humano de las primeras épocas hizo grafías en su piel, en la piedra y en las cavernas para convocar la memoria y reducir el tiempo a sus intereses.
 
Los cuerpos escritos fueron producto del trabajo y el trabajo los producía para el consumo del poder de la sociedad. Se seguía el ritmo dialéctico de producción, consumo, producción. Ese era el contenido de las grafías sobre la piel, en las que se involucraban el cosmos y el microcosmos: la sociedad y el individuo. El Marx de los Grundrisse, escribió a mediados del siglo diecinueve: el individuo consume para producir su propio cuerpo; no solo consume alimentos, digo yo, consume otros cuerpos para producir su cuerpo.
 
En el cuerpo de las sociedades tempranas se graficaba la historia sobre la piel de los individuos. El cuerpo antiguo fue consumido por el poder para satisfacer las aspiraciones de dioses y déspotas, validos de la grafía convertida en escritura. Los cuerpos de la barbarie germana, gestora de la servidumbre medieval, se ocultaron a los ojos de dios y de los humanos y quedaron a disposición del poder para ser quemados, torturados, o santificados según el uso individual del deseo de la carne.
 
Los cuerpos moderno son para la libertad; pero el poder socioeconómico y político los consume como fuerza de trabajo y reduce su libertad a una apariencia de libertad, materializada en individuos que desde una trascendencia arcaica y alienante, se fugan, se marginan, se tatúan, se ocultan, o viven sin historia.
 
Pasan cuerpos y aparecen en mi campo visual. Cada individuo tiene un mundo interior, respetable, inviolable, participe o no de una trascendencia; y lleva su cuerpo a cuestas. Cuerpos con poder, color y forma, atributos que conmueven.

jueves, 2 de marzo de 2017

Cien años de izquierda en Colombia

Después de la revolución de octubre llegó Silvestre Savitsnki a los cafés de Bogotá a promocionar la fundación de un partido comunista en Colombia. Bogotá 1925 Tomada del blog Los desvelados

Noticias de los opinaderos o mentideros sin respaldo alguno en fuentes, salvo el “dicen por ahí”, informan que en las próximas elecciones presidenciales en Colombia se tendrá la derecha unida alrededor del Centro Democrático contra todos los defensores de los acuerdos de paz apostados en un frente político. El prurito, rasquiña o consigna será acabar con la corrupción. Pero más allá de este ideal de todos los colombianos, están los modelos de gobierno posibles visualizados por ambos contendores. La derecha unida sabe que el gobierno de un posible Frente prodefensa de los acuerdos de paz, perseguirá a los corruptos que han usufructuado el poder desde la fundación de la república y gobernará para extender la justicia socioeconómica. En otras palabras le pondrá coto a las ganancias exorbitantes de los capitalistas criollos.

Ese escenario posible, para que no ocurra, es tergiversado y atacado con calumnias. Dicen que un triunfo de ese frente llevaría a la república a una situación como la venezolana; por eso se compara a Petro o a Robledo o a Piedad Córdoba, o a De la Calle o a Clara y Claudia López, con Chávez o Maduro.

Los opositores a la derecha unida alrededor del Centro democrático, visualizan un gobierno de esa unión como destructor de los acuerdos de paz, para enturbiar el ambiente nacional y volver a la guerra, la misma que le da sustento y fundamento a su ser: defensa de las ganancias exorbitantes del capital, a costa de las necesidades insatisfechas de la gran mayoría.

El poner como imagen del futuro político colombiano la situación venezolana, es un ejercicio maquiavélico. Colombia no llegará allá porque no tiene unas fuerzas armadas deliberantes, con capacidad de apoyar un frente de izquierda; o además, la izquierda colombiana no se pone de acuerdo ni para una fiesta, como lo ha demostrado su historia de desunión y disidencias, desde el alba del siglo XX. Un gobierno de un frente político defensor de los acuerdos de paz, si ocurre, deberá garantizar un capitalismo humanizado para tener contentos a todos y evitar los extremos.

La vigencia de la oposición política izquierda-derecha
Referir la política, es entrar en el mundo de lo provisional, de lo indefinido y sujeto al debate permanente. Existe la ciencia política, la teoría política, la filosofía política, el pensamiento político, campos de la cultura, en peramente construcción y por eso mismo permiten el apoyo de discursos, textos o pronunciamientos. Hay unas ideas generales que pueden ser comunes a esos campos nombrados y son las que se refieren a la verdad (relación legítima para toda la cultura). La política y la verdad, profundizan la indefinición, pues, la concepción de la verdad, por fuera de los absolutos dogmáticos, hay que asumirla como provisional.

El objeto de estudio de la política, en sus campos nombrados, son los contenidos sociales, sujetos al devenir histórico y el desarrollo del pensamiento, y este desarrollo tiene como base la provisionalidad de la verdad, de la percepción de la realidad. Así cuando se habla de la política colombiana se debe referir a las convicciones cambiantes de la sociedad. La puesta en la opinión pública de formas de pensar la realidad, por los medios de comunicación o por movimientos políticos, hacen que los colombianos apoyen opciones políticas, que luego en el poder gobiernan contra los intereses de los electores. Son los casos de las leyes de flexibilidad laboral, la ley 100, las que han aumentado la edad de jubilación, y muchas otras.

En este orden, la percepción que tiene los colombianos, de la dinámica política del país como la confrontación entre izquierda y derecha, es legítima, aunque sea una verdad provisional. Esto ocurre porque la opinión gobierna el imaginario político, una opinión que ha devenido a reemplazar la oposición liberales – conservadores, por la oposición clase política dominante versus clases populares.

Y esta es una verdad provisional, porque los campos de la cultura que se refieren a la política, han construido sobre nuestro tiempo otras verdades, sobre otras realidades. Ejemplo: la cuasi muerte de los partidos tradicionales en Colombia, dejó expuesta la construcción de movimientos o frentes políticos, con grupos de distintos idearios. Práctica llamada pluripartidismo, con el fin principal del reparto burocrático, aunque promocionen divisas justicialistas. Este pluripartidismo lleva incluida la sentencia de muerte de las ideologías incluida izquierdas y derechas. Pero según lo dicho, también es una verdad provisional que mueve las conductas.

Cien años después y sigue atomizada
La izquierda colombiana quiere ser protagonista, quiere gobernar el país y cada feudo o sector que la compone sueña con una izquierda unida en el poder, para realizar un gobierno justicialista o en otras palabras, democratizar los bienes terrenales de la humanidad colombiana. Eso no más, porque el pensamiento y la filosofía que arrulló la cuna de la izquierda, ya no es vigente. La directriz de emplear todos los métodos de lucha para llegar al poder se han reducido drásticamente a la sola lucha electoral.

Esa reducción de las formas de lucha, en esos años noventa del siglo veinte, pasado, permitió decir, desde los más altos podios, que había ocurrido la muerte de las ideologías políticas, así como Nietzsche dijo: dios ha muerto, allá en la segunda mitad del decimonónico. Muerte de las ideologías, situación que fue una consecuencia de la coexistencia pacífica de los dos imperios (oriente comunista y occidente capitalista) y sus correspondientes ideologías marxista y capitalista. El análisis, fue hasta decir, que el mundo había entrado en una etapa posmoderna, en la que los grandes relatos sustentadores de la imaginación, habían perdido su vigencia y eran reemplazados por los mensajes planetarizados de los medios masivos de comunicación.

Los grandes relatos: uno, la racionalidad acumulativa que garantizaba bienestar y progreso permanente por efecto de la ciencia y la tecnología. Otro, la promesa de la redención de la humanidad por la resolución de la lucha de clases, a favor de la justicia social y la construcción de una sociedad sin diferencia económica y definitivamente feliz.

Las dos guerras mundiales y su correspondiente consumo cruel de vidas humanas, tumbaron el mito del desarrollo y el progreso permanente: el ser humano no ha progresado en su ética y moral. Sigue siendo un animal ambicioso, acumulador de riqueza a costa del hambre de los demás.

La construcción de los grandes sistemas marxistas, asesinó la cultura ancestral de los pueblos bajo su dominio, con la promesa de un hombre nuevo. Ni lo uno ni lo otro. Terminaron construyendo unos regímenes, para rendirle culto a la personalidad y seguir el sometimiento de los seres humanos a los dictados de camarillas, muchas veces familiares, y la negación de las más elementales libertades.

La crítica y la propuesta quedaron en proclamar la muerte de las ideologías y necesidad de una acción política que recurra a la voluntad, a la conciencia, a la sensibilidad por los demás, a convencer al dueño de la riqueza de la necesidad de darle un rostro humano al capital.

La acción política, de la izquierda hoy, tiene el signo de la pluralidad y el multipartidismo. Es lo que debe hacer la izquierda colombiana. Luchar por una sociedad culta en su voluntad, conciencia y sensibilidad política. Si se equivoca y trata de revivir todos los métodos de lucha, resulta repotenciando la derecha, el capitalismo cruel. Un gobierno de izquierda que no respete la tasa de ganancia del capital, será sometido al desabasto por los dueños de la riqueza, así ocurre en Venezuela, así ocurrió en Chile.

La izquierda colombiana si quiere ser protagonista, si quiere gobernar el país, debe dejar su conciencia de feudo, dejar esas convicciones de tener la solución a la crisis ética del país, guardada en sus surcos. Hace cien años la izquierda entró a Colombia, es hora de que se haga unidad de acción, plural, multipartidista y multicolor.

La edad de la acumulación
Un sentimiento de orfandad viene al pensamiento cuando se intuye la larga vida del capitalismo y se lee un grafiti por el estilo “capitalismo tus milenios están contados”, grafiti que parodia el dicho tradicional “ese mal tiene los días contados”. Y hay orfandad porque el capitalismo no resiste ningún análisis como sistema protector de la humanidad. El capital de Marx y Economía y sociedad de Max Weber, son dos obras que desnudan la avaricia del sistema capitalista y los capitalistas. Las bondades son mínimas, comparadas con la gran cantidad de perjuicios.

La libre empresa, la competencia, trajeron suficientes recursos para enfrentar las necesidades de la población en crecimiento. En 1798, Thomas Robert Malthus, en su teoría de la población, dedujo que en la tierra, la población se estancaría por no haber los suficientes alimentos. Estos crecen a un ritmo aritmético, y los humanos crecen a uno geométrico. Pero ese maltusianismo fue derrotado por la libre empresa y la competencia, actitudes económicas potenciadoras de la innovación técnica y tecnológica.

Esta es una de las bondades del capitalismo. Otra, el enriquecimiento del concepto y la práctica de la libertad. La reivindicación del individuo, el volcamiento de la cultura hacia el derecho y garantías del hombre y el ciudadano, y luego los llamados derechos humanos, dejó expuesta la vocación de la edad moderna capitalista de rendirle culto a la libertad per se.

Pero el orden social, montado sobre la acumulación de riqueza y capital, orden moderno vigente en el mundo, deja como secuela la traición–tergiversación de sus propios principios. El individuo es masificado y su libertad es coaccionada por la riqueza acumulada en unas pocas manos. Cada vez el rico será más rico y el pobre más pobre. Esta consecuencia se trata de paliar con el intervencionismo de Estado en la economía; pero el Estado en manos de los dueños del capital, hacen inocuo el intervencionismo. Y si el socialismo del siglo XXI, pretende romper la cadena capitalista, su mismo principio de utilización electoral, se tendrá que enfrentar a una economía en manos del capitalismo y tendrá que abdicar el intervencionismo.

El análisis marxista, desde el decimonónico siglo, dejó trazado el camino político para superar el socialismo utópico y aterrizarlo, al convertirlo en científico. Este, para poder ser y hacerlo real es obligante emplear en la lucha político partidista todas las formas de lucha, es decir el socialismo científico vendrá luego de la revolución proletaria.

Max Weber, que pudo observar la sociedad capitalista en el siglo XX, promocionó la inutilidad de la revolución, porque la libertad y la igualdad económica pueden lograrse por la creciente burocratización y estratificación de la población, que trae la distribución de recursos, según las capacidades o méritos.

Queda expuesta la táctica del debate electoral, la lucha electoral por el control del Estado para desde él pactar con los dueños de capital, la democratización de los recursos. Se hace vigente luego, la concertación, el pacto, el acuerdo, la convención; y estas son las actitudes a tomar en un momento constitucional.

domingo, 5 de febrero de 2017

Literatura del exilio o El jardín de al lado de Donoso

Allende inaugura Principio y fin. Mural de Julio Escámez 1972.

La voz. Le interesa la voz. Siempre la busca. Le inquieta cuando escribe y muchas veces paraliza la historia traída a cuento, porque la voz no es la apropiada para el tenor del argumento. Se debe volver a empezar. Esta es la experiencia de Julio en El jardín de al lado de Donoso. A Julio le han devuelto una novela de la editorial y le recomiendan reescribirla. Julio supone que la agente de la casa editorial, reflexionó de esa manera cuando leyó su novela; pero luego, se dice: esa mujer no lee ni escribe, solo aplica lo dicho y recomendado por sus asesores, lectores de oficio pagado. Ella no sabe nada de la voz narradora, ni de los temas del mundo actual. La voz… eso lo pongo yo, hombre exiliado, obligado a escribir desde una ciudad española.

Dice Julio que esa editora y sus asesores, tienen un pensamiento esquemático sobre la literatura actual. Les gusta publicar a novelistas de impacto publicitario como a García Márquez y Vargas Llosa. No entienden las narrativas distintas, las experiencias estéticas diferentes. En El jardín de al lado se ve esa diferencia. El hombre exiliado, con su familia, salido de su país por causas políticas, narra su vida desarraigada con una prosa que discurre por asociación de ideas, pero que no se pierde y logra darle al lector un espacio, un tiempo y unos personajes característicos.

La voz de Julio se hace imperativa en su yo exiliado. Es más fuerte la primera persona que el vosotros o el nosotros. Se hace una especie de superyó que habla con nostalgia enfermiza del tiempo – espacio de la tierra en la que creció y aún tiene su entraña. La vida en España, tierra de exilio, le lleva a la suya, propia, en Chile.

Un amigo, pintor prestigioso, rico, también exiliado, le prestó por el verano, su casa-palacete, ubicada en el centro de Madrid. Tiene una arquitectura clásica con columnas y capiteles. Esa experiencia, le profundiza la voz de su yo exiliado, porque ficciona ver en el jardín de al lado, de la casa vecina, a su padre viejo en la casa paterna, de Chile abandonado, por la sentencia de muerte impuesta por la dictadura de Pinochet a todos los simpatizantes y participantes del gobierno de la Unidad Popular.

La voz del exilio se siente como un imperativo inconsciente que recorre la vida libre de su niñez: vagar por el jardín de la casa o jugar con el padre. La vida de juventud: los amigos, los estudios, las farras, las novias, las militancias. El adulto, liberal permisivo, congresista, carnal de “un civilizado aunque tal vez injusto liberalismo que por lo menos era ilustrado”.

Esa voz caracteriza la literatura por el tema y el tono y así como existe la literatura y el mal por Cumbres borrascosas, dicho por George Bataille, existe la literatura y el exilio. El dolor por extrañamiento, sale, se cuela en las piedras y paredes de una casa aristocrática madrileña en la que ha devenido Julio con su esposa. El dolor es doble: está en el rechazo de su novela enorme que le hace pensar en el escritor fracasado. Se ha metido en eso y ha dejado las actividades en las que era realmente bueno ensañar sobre la literatura de los otros, o sus excelentes traducciones. Quiere quemar esas quinientas páginas, rechazadas porque no pueden “convocar un universo poético regido por sus propias leyes refulgentes como, pese al insoportable oropel de falsedades comerciales, logran hacerlo, a veces, García Márquez, Carlos Fuentes, Marcelo Chiriboga o Cortázar”. Julio se duele por haber fracasado como escritor.

Pero hay otro dolor en esa literatura del exilio, sentido por la inevitable asociación de lo que ve y come con la experiencia de vida en su país. El jardín de al lado lo transporta a su historia local. La comida le hace remembrar el desabasto perpetrado por el imperialismo y que la gente asoció con el caos y la anarquía producida por la izquierda de Allende y del MIR. Julio se duele de la vida que le tocó. Salir de Chile, huir porque Pinochet mató la república y declaró inexistentes los derechos individuales y colectivos. Su madre le dijo: -vete de aquí porque es imposible vivir en un país sin congreso, sin parlamento. Yo no lo hago porque ya no tengo fuerzas-. La literatura del exilio le permiten desentrañar la cusa del exilio y concluir que es un exiliado político, exiliado por sus ideas políticas, por la aceptación como liberal del libre juego democrático y de un gobierno de izquierda en Chile.

En los exiliados, Julio detecta los matices políticos que se practicaron bajo la Unidad Popular: anarco-terroristas prestos para los bombazos, marxistas puros, guerreristas comunistas, liberales, cristianos, socialistas. Ahora se topa con ellos en las reuniones de la comunidad exiliada. Comunidad que desborda la procedencia chilena y se amplía a toda América hispana. Expulsados de sus patrias por dictaduras montadas y sostenidas por Washington. Julio cae en cuenta que a los exiliados corresponde una dictadura respectiva: chilena, guatemalteca, nicaragüense, argentina, uruguaya. La época de dictaduras, negación de la democracia y ataque y destrucción de los partidos proletarios.

Esos son los contenidos que la agente editorial le pide. Su larga novela debe ser reescrita para que sea un ejercicio de literatura testimonio como lo han hecho los del Boom y por lo cual son famosos y un éxito editorial.

Julio prefiere dedicarlo todo a la estética, a hacer de la literatura una experiencia artística antes que una denuncia política, tal como se lo pide la comunidad de exiliados: El arte y la literatura deben estar sintonizados con la época de dictaduras y cumplir el papel que le ha sido dado por la política partidista, denunciar la muerte de la democracia, la persecución y negación del derecho de los pueblos a elegir su propio destino, el derecho a la autodeterminación. Julio se niega y observa la exigencia de la comunidad de exiliados como un espécimen extraño sostenido dentro del régimen franquista en España, otra dictadura, y para la cual los exiliados son unos “rojos culiaos”, así lo escriben en las paredes de Madrid.

Estar en esa condición, hace que los idearios cambien, se reconsideren y que la estabilidad mental sufra. Hay mutuas acusaciones. La esposa de Julio entra en crisis luego de tomar una cantidad de tranquilizantes con alcohol. Ambos se hacen psicoanalizar y tratar por un siquiatra de la comunidad de exiliados. La esposa descarga sus culpas sobre Julio y lo acusa de ser el origen de todas sus desgracias, en especial haber salido de Chile huyendo y dejar su prometedora carrera universitaria.

Se reconsidera el universo mental intelectual y le llegan las acusaciones de haberse vuelto revisionista y deductivamente, por tanto, ha devenido en agente de la CIA. El arte y la literatura si no denuncian la dictadura son una práctica burguesa para ocultar la realidad. Los idearios que le dieron cohesión a la Unidad Popular, se deben mantener; el marxismo se debe mantener en la pureza de sus clásicos. Si se habla contra ellos se está revisando sus contenidos y se cae en los brazos del imperialismo.

Julio reescribe la novela. La idea de hacer algo distinto a lo del Boom y alejarse de la denuncia potencia una resultante, la agente editorial lo dice: Julio las editoriales la han rechazado, dicen que haz parodiado “Conversaciones en la catedral” y que haz emulado en muchas partes a “Rayuela”. La voz del narrador se quiebra, desaparece y da paso a la voz de su mujer, quien después de la crisis del exiliado, le demuestra a su esposo como se escribe una novela. La hace, se la presenta a la agente editorial y de inmediato es acogida, editada y publicada.

El jardín de al lado termina con esa sorpresa. El lector es sorprendido, por creer en el talento de Julio. Ese final le da salida a la angustia enfermiza, pero legítima, de los personajes.