Cuando Noé va a la iglesia, habla con el cura en castellano
y los retablos que allí lleva tienen alegorías de santos y escenas familiares
formales. Pero Noé tiene otros, ocultos, en los que modela escenas de eróticos
rituales crueles, de clara filiación incaica – preincaica, un mundo que señala
lo otro, distinto al determinismo occidental y a la creencia en los fines a
cumplir por el ser humano.
domingo, 16 de agosto de 2020
Retablo. Película en quechua
La biblioteca visitada, cada vez, nos permitió
elegir del estante un libro no buscado que atrajo la atención por algún motivo
o por el título, en la mayoría de los casos. Así apareció en la plataforma streaming,
Retablo, un nombre relacionado con el arte medieval eclesiástico y con las
habilidades artesanales. Pero bajo ese nombre contraído encontramos una
película de esforzada realización para mostrar y recrear la realidad
hispanoamericana del Perú.
martes, 19 de mayo de 2020
Grandeza en Bello al amanecer del siglo
En esta novela de Carrasquilla se encuentra la
percepción de un escritor de su entorno: las gentes, el paisaje, el espacio, el
tiempo y lo más seductor la mentalidad de los personajes; una mentalidad que se
conduce hasta ponerla como causa de las posturas del cuerpo, o como hoy se
llama una semiótica del cuerpo. Uno de los personajes, la mujer llamada Magola,
de veinticuatro años, bachiller, es una lectora devoradora de libros sobre
todos los temas, incluye autores como Nietzsche y Schopenhauer. Mescla la
cristianidad con el medio profano y ella se define así:
“Aquí
se aprenden tantas cosas útiles! Tantas […] que esa educación cristiana tan
sólida, que nos dan de niñas, se revuelve después, con otras educaciones
vistas, oídas y hasta olidas, que aquello queda un menjurje de agua vendita e
incienso, con solimán, asafétida y otras yerbas, que lo entenderá mi Señor
Jesucristo. Ya ve yo […] mamá me puso donde las hermanas; aprendí mucho, y
disque he resultado pagana”1.
Magola es una joven sin prejuicios, escucha a todas
las personas que pasan por su vida, por igual, aunque ante su formación
aparezcan como incultos, menguados, insulsos o soberbios. Su mentalidad la
lleva a asumir actitudes más allá de los prejuicios religiosos y racistas.
La novela la concluyó Carrasquilla en 1910. El
tiempo y el espacio en el actúan los personajes es la ciudad de Medellín de
entre los siglos diecinueve y veinte, última y primera década. La mentalidad nobiliaria
es tabla rasa de las gentes convertidas en personajes. Ven la democracia como
asunto de negros y artesanos. Dice la madre de Magola hablando de los libros de
sus hijo, tan lector como la hermana: “Y ve que tal es la gente de ociosa:
tiene uno enorme que se llama La
democracia. Figúrate! Ponerse a escribir ese mundo de fojas para hablar de
los negros…”2. ¿Cómo se entiende que este ideario o mentalidad colonial
siga presente en una república democrática? Sorprende la respuesta: el
pensamiento republicano democrático de estirpe filosófico liberal no logró
derrotar en la cabeza de los colombianos las convicciones coloniales, que a la
vuelta de cien años potencian las viejas prácticas de la religiosidad absoluta
y una actitud ante la vida y los demás mediada por la posesión de riqueza o por
los rasgos blancos en la piel. Aunque el mestizo, mulato, pardo o zambo cuando
se enriquecían abrían todas las puertas menos las de la jerarquía sacerdotal.
Carrasquilla enfoca con su narrativa las familias
que componen “cierta clase social de nuestra ilustre Villa de la Candelaria” de
Medellín. Dice que le han pedido este tema. Familias adineradas que viajan a
Europa a pasear o a estudiar. Son cuidadosas con los matrimonios de sus hijos.
Cuando estos asumen algún criterio y separan el amor del interés, se les
declara extraviados y faltos de juicio. Magdalena Samudio o Magola, la lectora,
la bachiller, escandaliza a su familia y a la otra, la elegida por su madre por
tener varones casaderos y mucho dinero.
La habitabilidad del espacio ciudadano está íntimamente
relacionado con el poder económico. Bailan en el Dollar Club, asisten al teatro de zarzuelas, participan de costosos
bailes de disfraces y gastan mucho dinero en la moda. Viven en el centro urbano
de la ciudad y tienen posesiones en las ciudades pequeñas conurbadas a las que
llaman pueblos con gentes de la “puebleriada” de costumbres campechanas. Se
nombran: Caldas, Sabaneta, Itagüí, Guayabal, Poblado, Envigado, Aguacatal o
Bello. La comunicación regular se establece a caballo y cuando va la familia lo
hacen en coches nombrados también carruajes o victorias. El Dollar Club, debió ser un edificio con
dos pisos. En el primero un patio. En el segundo un salón con un piano y
decorado con una Venus de Milo. Dice Magola que uno de los hombres (un médico
borracho) que había elegido como amor de su vida se le salió del corazón porque
“supe de una deliciosa que se puso en el Dollar Club. Le dio quebradora,
dantesca, y acabó con todo, hasta con la Venus de Milo, que era el mimo de
todos los socios. Solo el piano se le escapó, porque no pudo tirarlo al patio…”3.
Esos hombres jóvenes son presentados como “La
Horda”, un grupo, que se hacen llamar así. Tienen como centro de actividad el
licor, la música o la fiesta y, animada por músicos de la “la Lira, o la […]
Banda de los Paniaguas”4. El hermano de Magdalena toca el tiple y
canta; es reconocido. El pretendiente de la hermana de Magola se llama Arturo
Granda, apodado Grandeza, no es “algún ñapango caviloso de estos pueblos que
han inventado la suma con la guerra y con los negocios tan raros de ahora”5.
Es el momento de mostrar el origen de la riqueza de
estos jóvenes y sus familias. Carrasquilla ve como fundamental los rasgos
blancos de la piel para poder hablar de la gente y la posesión de riqueza. Grandeza
es un zambo de Anorí, nieto de “ño Granda”, dicho como una demostración
peyorativa por ser un zambo rico, adinerado. Grandeza no ha podido entrar a la
clase social alta de la villa por su origen. “los que pasan de pobres a ricos,
quedan como si fueran expulsados del infierno: ni San Pedro les abre, ni el
diablo los vuelve a recibir”6. La familia Samudio, la de Mogola encabezada
por una viuda criada en los campos de Envigado, se acepta a Grandeza por su
dinero “…esta ñapanga de Arturo tiene remedio, […] le hacemos comprar un título
en España, bien lindo: El Marqués de Grandeza”7. Se desentraña el
origen del dinero de Grandeza. Llegó de Anorí con su padre cuando tenía nueve
años de edad. Estudió con los jesuitas (debió ser en San Ignacio) y se hizo
bachiller. La familia montó un negocio en el barrio del comercio (debió ser
Guayaquil – la Alpujarra). Después de la muerte de los padres los tres Grandas
se asociaron en “Granda Hermanos”. Metieron la sociedad en la bolsa. Esto debió
ocurrir antes de la guerra de los Mil días 1899 – 1903, porque en el desarrollo
de la misma los valores cayeron y solo se elevaron los negocios comerciales con
el exterior como el de los hermanos. Granda hermanos de golpe se llenó de
dinero. Grandeza viajaba a Europa y distribuye lujos franceses e italianos en
Antioquia.
La potencia económica de “Granda Hermanos” y la
quiebra de otros, se la adjudicaron en Medellín a la maldición de los ángeles
perversos, a dos rafaeles: Rafael Uribe Uribe y Rafael Núñez; ellos “Los
Rafaeles, los arcángeles, son las aves negras de Colombia [pero] otros, entre
tanto, prendían velas a San Rafael Uribe, para que siguiera esta guerrita,
parienta de Aladino, que en vez de té traía en la mano la varita de virtudes…”8.
Ese otros era Arturo Granda, enriquecido, que viajaba muy regularmente entre
bellos caballos o en carruajes o en lujosos coches a Bello a divertirse, a
descansar, temporizar o a temperar.
En la novela hay dos geografías que son tratadas
casi como sujetos. Las selvas del río Cauca y Bello. El hermano de Magola,
bachiller no abandonó la hacienda de su padre Samudio ubicada en Envigado.
Mantuvo una crítica permanente contra su madre por su arribismo y el derroche
de dinero en fiestas y modas. Se casó y decidió demostrarles a su madre y
amigos citadinos que la riqueza estaba en el campo. Se metió por el sur del
valle de Aburrá a toparse y colonizar el Cauca. En tres o cuatro años peleó
contra el bosque milenario y el paludismo. Venció, fundó y levantó un pueblo y
lo llenó de colonos bajo su mando, don muy loado por sus subordinados.
El Bello nombrado delata fechas; el tiempo de la
novela ocurrió después de 1883 año del cambio de nombre de Hatoviejo por el de
Bello; y tiempo de inicio de la construcción de la nueva iglesia del Rosario
1895; o luego de la guerra 1903 en adelante. En la visita de Grandeza se apreciaban
los cimientos de la nueva iglesia, construcción detenida por la guerra. Hay
alcalde y alcaldía, aunque Bello aún no fuese erigido municipio (esto ocurrió
en 1913). Está la fábrica de tejidos inaugurada en 1908. Dice Carrasquilla: “En
tus contornos, por las faldas, por lo plano, en carreteras, en veredas, arriba,
abajo, distantes, cercanas, juntas, dispersas, chozas, casas, granjas, quintas,
villas, la imponente fábrica de la “Compañía de Tejidos”: la vida. Salve!”9.
El espacio en el que ocurren los acontecimientos de la familia Samudio y la
pretendida familia Cuenca, es el valle de Aburrá. Familias cuyos troncos
coloniales se han bifurcado desde Sabaneta hasta Bello. Una fiesta decembrina
(debió ser la navidad de 1908) le permite al narrador involucrar el valle. Dice
que los vivientes en la villa se trasladaban a los pueblos (Sabaneta, Itagüí,
Envigado, Bello) o a las faldas de las montañas y los habitantes de las faldas
bajaban a Medellín o a las plazas de los mentados. Esa atracción ocurría por
los programas (igual en todo el valle) en la víspera de la “nochebuena” (debió
ser el veintitrés de diciembre):
“Cabalgatas
de caballeros y damas, caravanas pedestres de las clases pobres, coches de
punto* y de particulares, carros y carretillas cargados de paseantes, ciclistas
y bandas, murgas, y charangas, cohetes y triquitraques […] por la noche (debió
ser el veinticuatro de diciembre) retañe la jornada […] el trajín de vehículos
y viandantes, los cantorrios, los gritos, los berridos, la pólvora, el
aguardiente”10. La noche se llena de globos incandescentes “los echan
de Santaelena, ya del Picacho, ahora de Sancristóbal, ahora de las Nieves (de
muchas formas y colores). Principian en Bello: les echan de las quintas
vecinas, de las carreteras, de las calles, de la plaza de la aldea. A cada uno
que cae, corren a buscarlo, grito pelado, sin pensar en distancias, toda la
chiquillería y hasta la grandería”11. Entra la noche con los juegos
de pólvora y “arman vacalocas, unos trafalgares formidables […] las casas y los
árboles con sus hileras, sus ondulaciones y sus quingos de farolillos a la
veneciana, multiformes y multicolores, deslumbran, en una apoteosis de quietud
y serenidad”12.
A la plaza de Bello llegan gentes de todas clases:
pudientes alquilan casas o llegan donde familiares o son invitados por amigos.
Paseantes llegan a estar o a hacer negocio,
“toda
la caimanería del bronce, toda la bohemia de El Blumen y de los antros de Guayaquil, discurre por ahí revuelta
con La Horda, con la cachaquería de alto bordo, con el alcalde y el cuerpo de
policía. En las casas se siente el baile, los cantos y el bureo, y en las
calles se desborda el aguardiente […] En las casas hay regalos, aguinaldos y
banquetes, cantos, recitaciones. En la mañana del veinticinco de diciembre hubo
carrera de caballos; se habilitó la carretera como hipódromo; los pudientes
apostaron. En la tarde corrida de toros en la plaza al pie de los mangos y
barreras que se han levantado para las corridas”13.
Llegaban cabalgatas de la ciudad y de “otros campos
donde se veraneaba, que iban a dar un vistazo a Bello, para volver, sin haberse
desmontado”14. Terminada la corrida el cura montó una tómbola para
producir dinero para el templo, un órgano y santos ornamentos; se vendió al
mejor postor flores y objetos. “El veintiséis y veintisiete duermen y pasan el
guayabo los medellinenses de Bello […] parquesi, guitarreos, y cantares, entre
zagalillas y zagalones promiscuados ingenuamente, bajo los mangos de la plaza y
hasta las diez de la noche”15. El veintiocho de diciembre los
medellinenses (Grandeza y su escudero Linares, La Horda, “mocitos
bullangueros”, temperadores) jugaron una broma a los bellanitas. En la
madrugada sellan las puertas y ventanas por fuera y los residentes quedan
encerrados. Producen un pánico. Cambian los avisos de los sitios santos por los
profanos. El cura y el alcalde corren a cobrarles a esos “caifanes bandidos […]
los multa a todos de diez a cien pesos […] ahí mismo les arranca la palta […]
todo el día y la santa noche siguen la juerga y el bobeo, los disfraces y
astucias y el aguardiente de mi Dios”16. Los “medellinenses de Bello”,
se diseminan, se esparcen por el Valle de Aburrá para recibir el año nuevo de 1909.
Los Samudio van a Sabaneta a casa del abuelo materno. La fiesta es distinta a
la de navidad: más sosegada, más clasista, más familiar.
Las mentalidades tienen su ritmo regido por el
poder económico. Se pasa del colectivismo de la natividad al individualismo de
año nuevo. Los ricos personajes de Carrasquilla van a sus haciendas y los
pobres a sus chozas de bahareque. Las mentes siguen un curso decantado por la
tradición de la sociedad esclavista, venida abruptamente a una sociedad con un
liberalismo insuficiente. El liberalismo es practicado como un libertinaje, y
la democracia se decanta en lo que se tiene en el bolsillo.
La novela tiene un final trágico, así como la
tragedia de las zagalillas y zagalones promiscuados bajo los mangos de la plaza
en la noche del veintisiete de diciembre. Esta historia trágica que insinúan prostitución
o ejercicio de supremacía social, no se detalla; pero se asume igual a la acontecida
después de la quiebra económica de Grandeza que se ve obligado a huir de la Villa.
Su bella y joven esposa hermana de Magola, termina abandonada y presa de la
madre que la utiliza como objeto de negocio de su arribismo. El hermano,
conquistador y poblador de un pedazo de selva el Cauca medio, desafía a un pretendiente
de la abandonada, porque puso en boca de toda Medellín la conducta de la bella
y de la familia. El desafío tipo duelo, terminó con la muerte del hermano, con la
tragedia de los Samudio.
1. Carrasquilla, Tomás. Grandeza. En Obras
completas. Editorial Bedout. Medellín 1958.
2. Ídem. Pág. 267
3. Ídem. Pág. 286
4. Ídem. Pág. 266
5. Ídem. Pág. 287
6. Ídem. Pág. 287
7. Ídem. Pág. 287
8. Ídem. Págs. 307 - 308
9. Ídem. Pág. 311
10. Ídem. Pág. 311
11, 12, 13. Ídem. Págs. 312
14. Ídem. Pág. 316
15. Ídem. Pág. 317
16. Ídem. Pág. 318
*Llamados así por estacionarse en un lugar (punto)
para ser alquilados a quien los necesitase. Pág. 280
Imagen: Coche del tipo victoria. 1917. Autor:
Melitón Rodríguez Márquez. © Biblioteca Pública Piloto de Medellín (acercamiento).
sábado, 9 de mayo de 2020
Máquinas quietas, pandemia y colapso del estado de cosas
En estos tiempo de
pandemia, habla la naturaleza, se impone, aparece evidente ser capaz de
destruir la vida, de destruir el planeta, de deshacer el orden cósmico y
rehacerlo, reinventarlo, un orden nuevo que también pude llamarse caos cósmico.
Habla la Naturaleza, con la única voz que tiene, la voz humana; habla con la
contundencia de la muerte; es decir habla definitivamente. La entendemos y nos
entendemos. La muerte es la que obliga a la reflexión, a revertir las prácticas
y los discursos; obliga a vislumbrar un nuevo pacto si se quiere hacer
prevalecer la vida.
La Naturaleza habla
con nuestro lenguaje de humano milenario que contiene la historia, esa
sabiduría que nos ha hecho autodenominarnos como hombres sabios entre los demás
hombres, entre los demás seres vivos. La historia no ha cesado de mostrarnos el
afuera, la Naturaleza, a pesar de todos las vertientes y desvaríos metafísicos,
tan seductores y bellos; pero enclaustrantes y soberbios.
La voz humana
pertrechada de historia y dentro de ella, la ciencia, la filosofía, el arte, la
religión, el mito o la magia, nos ha llevado en esta época moderna a reubicar
el ser humano dentro de la Naturaleza, a entenderlo y explicarlo como un ser
autoconstruido y no como una criatura. Es fácil el camino de la criatura,
puesto que toda la gravedad del acontecer lo descarga en la voluntad de su
creador, muchas veces concebida esa voluntad como destino.
El ser humano
autoconstruido nos lo da y presenta la ciencia desde esa época en que hurga y
recaba huellas lo más remotamente posible. Desde ese fondo crónida construido
por la voz humana, comenzamos a elaborar un relato alternativo al de la
religión, o al de la metafísica; no más verdadero, solamente alternativo. Aquí
lo ensayo: ocurrió en un momento la separación entre los antropoides de una
rama de seres de vocación biológica para exteriorizar en útiles las funciones
corporales. Ese momento de separación debe entenderse como un golpe inusitado,
así como llega de facto el congelamiento de agua, el cambio de estado. En
extremo podemos concebir la cultura como la extensión del cuerpo en útiles.
Desde esta percepción se puede afirmar que todas las máquinas realizan
funciones corporales: muelen, cortan, perforan como cualquier boca; escarban,
tejen, cosen, como dedos, manos o brazos. Máquinas que corren, recorren y
transportan, como piernas; máquinas que cuentan, calculan, dividen, adicionan
como una masa encefálica.
Pero la cultura
tiene ese otro aspecto sorprendente de tener un acumulado de modos y formas de
preservar lo hecho por otras generaciones: ese otro es la memoria del ser vivo
trastocada en memoria social en el ser humano. Ser vivo excepcional por haber
confundido la memoria con un don, llamándole razón y por la cual se ha
autoproclamado digno de poner bajo sus pies todo lo existente porque se
considera superior. Está convencido de estar de paso por el planeta, pues su
creador así lo ha dispuesto. O porque se considera ser hijo de la luz, o ser
luz, energía, polvo de estrellas; por lo que le está permitido disponer de su
entorno.
La vocación de
exteriorizar el cuerpo en aparatos, aperos o útiles, se acompaña de una imagen
cerebral operativa en forma de signo y símbolo, convertible en sonidos vocales
articulados transmisibles y reconocibles por los otros, por los demás. He ahí l
palabra, el habla que se llevó a la grafía hace unos cuarenta mil años,
siguiendo la externalización de funciones, en este caso se externalizan las
imágenes. La grafía convertida luego en escritura, es la palabra escrita, es el
sostén de la Naturaleza que habla; es lo humano exclusivamente humano.
Palabra llevada a la
condición de discurso, de relato, de sistema de pensamiento, apoyo y creador de
modos de gobierno de la polis, de la ciudad; palabra política, habla política,
lenguaje político, pleno de dictados materializados en actos sistémicos de
seres humanos normados, disciplinados. Así la disciplina en una excrecencia del
cuerpo transmutado en el Estado.
La época moderna ha
posibilitado reubicar el ser humano dentro de la Naturaleza. Los bellos y
monumentales relatos o sistemas metafísicos que cuentan sobre nuestro origen
divino, debieron dar paso a las positividades que atan el cuerpo humano a la
tierra como el hijo a la madre. Sobre el planeta tierra ocurrió el ser humano y
ambos son interdependientes. La tierra naturaleza habla en la palabra para
declarar la igualdad y la desviación de la acumulación de riqueza. La época
moderna ha llegado a las positividades que elaboran relatos alternativos más
acordes con la regulación de la vida sobre el territorio. La libertad burguesa autoproclamada
absoluta por cuatrocientos años de filosofía, encuentra hoy la Naturaleza con
la más cruel de sus caras: la de la muerte, la del peligro del extermino de la
especie.
En el ser humano,
esa vocación de exteriorizar su cuerpo en máquinas tiene un flujo, algo así
como la fuerza de un río. Es la exteriorización de funciones cerebrales. Así
como la memoria crea sistemas de pensamiento, la máquina excretada administra
sistemas de control. Tecnología que en manos del Estado es disciplina para los
cuerpos. Hoy el mundo tiene un ejemplo que lleva a plantear problemas de
soluciones impensadas: es el caso de las sociedades disciplinadas asiáticas. La
disciplina es un mecanismo efectivo que ha posibilitado vencer la pandemia del
coronavirus covid-19. Disciplina conseguida por los métodos policiales de
vigilancia tecnológica. El “ojo del gran hermano” se ha hecho realidad, en la
forma de “ojo del Estado”. Lo peor de esta experiencia es la necesaria
expansión de esos métodos asiáticos hacia occidente y el planeta entero. El
arribo de la humanidad a un estado poblacional gigantesco tiene un futuro en
dos direcciones: una seguir en la lógica capitalista y adoptar los métodos
disciplinarios orientales. El capitalismo burgués deberá abandonar la careta
democrática y asumir el capitalismo totalitario; otra democratizar la riqueza
con la adopción de sistemas de trabajo de todos para todos. Esta última tiene
una sentencia de una de las positividades más prestigiosas de la modernidad: el
Marxismo. La única manera de democratizar la riqueza es arrancarla de las manos
de los acumuladores.
Esta reflexión, es
posible ante una pandemia inédita. Las condiciones del mundo globalizado han
convertido un virus en un amo tiranicida de la humanidad. Hay noticias en la historia
de otras pandemias; pero ellas han quedado circunscritas a territorios específicos.
Esta como se dice coloquialmente, viajó en avión y en meses copó el planeta.
Esta velocidad obligó al cuatro veces centenario sistema burgués capitalista a
desnudar flagrantemente sus principios de expoliación de los medios de vida a
la inmensa mayoría de la población. La privatización de los servicios públicos,
convertidos en empresas especulativas y lucrativas, mostró ante la pandemia, la
incapacidad de prestar un servicio democrático y oportuno. La crisis sanitaria
que obligó al paro mundial de la máquina de producción, máquinas quietas, se
está solventando con la privatización de la riqueza pública. Los bancos
privados reciben grandes cantidades de dinero para evitar la quiebra y al pueblo
llano y sencillo se le palean sus necesidades con dádivas o campañas de
solidaridad mendicantes.
Imagen. Meredith
Woolnougth. Hoja de gomero rizada 2014 (arte con máquina de coser)
sábado, 11 de abril de 2020
Periódicos y comuneros. La revolución en Colombia
Oscuridad es la palabra inmediata para convocar el
discurso contra España. La Nueva Granada estuvo todo el tiempo, después de la
conquista, en las tinieblas de la pobreza, la ignorancia y la superstición. Esa
oscuridad solo es posible medirla con la luz, con cantidad de luz. Iluminación
posible cuando los neogranadinos criollos lograron acercarse a las letras
europeas del siglo XVIII. Ocurrió una coyuntura por la guerra entre los
Austrias y los Borbones, las dos ramas dinásticas del poder español. Triunfaron
los borbones, quienes en cabeza de Fernando V iniciaron una reorganización del
reino y las colonias. En 1740 se creó el virreinato de la Nueva Granada
(Panamá, Quito y Nueva Granada) con el fin de hacer más ágil y eficaz la
defensa de la colonia ante los ataques de la armada inglesa. Con el Virreinato
se crea un territorio con características de país, aunque Venezuela que también
estaba en este concepto, se le declara capitanía bajo jurisdicción de Santo
Domingo.
Esta noción de país entre Quito, Nueva Granada,
Venezuela y Panamá, son el lugar de unos hechos revolucionarios que funcionaron
como pasado de la independencia. Entre ellos la revuelta indígena en Quito de
1765. Los indígenas y la plebe, dice Restrepo, asesinaron a los colectores de
diezmos y tributos. Españoles y pueblo fueron a batalla. “La plebe en los días
siguientes saqueó las casas de las personas que le eran odiosas”1 y
quemó la fábrica de aguardiente y la casa de recaudos de alcabalas. Murieron
más de cuatrocientas personas. Por intermediación del clero la revuelta entregó
las armas y hubo una amnistía general.
Otro hecho o acontecimiento de sensación ocurrió en
1767, dice Restrepo, fue la expulsión de los jesuitas, orden de “un gran
influjo sobre los pueblos, adquirido con sus riquezas, y con la educación de la
juventud”2. En una misma noche se le quitaron los conventos y
tierras y fueron embarcados en Cartagena. Esta expulsión permitió mejorar la
educación y la incorporación de mucha tierra a la producción pues salió de
manos muertas.
Otro hecho se generó a partir de la llegada del
regente Juan Gutiérrez de Piñerez. La monarquía no satisfecha con la
administración del virrey Manuel Antonio Flórez, le nombró este regente que en
la práctica suplantó al virrey y lo relegó. Piñerez “de un carácter duro, y que
no tenía otro interés que aumentar el erario público, aun cuando los pueblos
padecieran, comenzó inmediatamente sus reformas”3. Estancó las
rentas del tabaco, aguardiente, anís; impuso el “derecho de armada de
Barlovento, de alcabala (importación). El cobro fue oneroso y violento; hizo
“derramar copiosas lágrimas a los pueblos, y privado las familias de todas sus
subsistencias”4.
Los neogranadinos se quejaron. Produjeron pasquines
amenazantes contra el gobierno hasta llegar a la rebelión. Comenzó en el
Socorro en 1780, seguido por Simacota, Mogotes y Charalá. El pueblo se apoderó de
la administración real y dispuso de los caudales, “mandaron gentes obscuras de
la plebe”5. El movimiento insurreccional nombró como “capitanes
generales” del movimiento a “Don Juan Francisco Berbeo, Don Salvador Plata, Don
Francisco Rosillo, y Don José Antonio Monsalve”6. Estos, en 1781 se
reunían como “el Supremo Consejo de Guerra”. La insurrección se extendió por
todo el virreinato y en nombre del “común” se depusieron las autoridades reales
y se nombraron en su lugar Capitanes Generales en ciudades y villas. El
movimiento comunero no cometió crímenes; ante la huida de los españoles
peninsulares abolió todos los impuestos de Piñerez.
Una tropa de doscientos hombres fue enviada por
Bogotá para someter a los comuneros del Socorro, pero estos organizaron otra de
quinientos e hicieron huir dispersa a la realista. Ante estos hechos las
autoridades virreinales de Bogotá, sacaron a Piñerez, rebajaron los impuestos y
nombraron al arzobispo de Bogotá Antonio Caballero y Góngora para que contuviera
a los comuneros. De los capitanes generales sólo Berbeo abrazó la causa y
marchó hacia Bogotá Llevando consigo los comuneros de las ciudades, pueblos o
villas por donde pasaba: Moniquirá, Ráquira, Lenguasaque, Nemocón, Tunja…
Berbeo elaboró “formó un proyecto de capitulaciones” para presentarlo ante el
arzobispo, con la fuerza de diez y ocho mil hombres bajo su mando. “Casi todos
estaban armados de lanzas, hondas y palos. Solo tenían trecientas o
cuatrocientas bocas de fuego con pocas municiones”7. Los comuneros y
el arzobispo firmaron un tratado de treinta y cinco artículos, “En ellos se
estipulaba la expulsión del Regente Piñerez y la abolición de su empleo; la
supresión perpetua del derecho de la armada de Barlovento, la del estanco de
naipes, y la del tabacos, la del papel sellado de más de dos reales el pliego,
y de alcabalas en los comestibles…”8 Restrepo detalla muchos de los
artículos y dice que con un Te Deum celebrado en Zipaquirá, se selló la paz y
se disolvió El Común en medio de alegrías de las dos partes: “Los comuneros
empezaron entonces a disolverse y a
retirarse a sus casas muy contentos, llevando copia legalizada de las
capitulaciones como un depósito sagrado en que fincaban su felicidad, y que
juzgaban no podía ser violado”9. El arzobispo recorrió el
territorio, fue al Socorro predicando contra las ideas revolucionarias “con los
terrores que inspiran la religión, de que frecuentemente se abusa para sostener
la esclavitud”10.
El virrey Flórez organizó una fuerza de quinientos
hombres para que desde Cartagena marchase a Bogotá y desconociese lo pactado
porque “eran contrarios y derogaban la soberanía”11. Caballero y
Góngora dividió a los comuneros y enfrentó con intrigas a los capitanes
generales; Plata, Monsalve y Rosillo siguieron al arzobispo y enfrentaron a
Berbeo. Las capitulaciones se desconocieron ocasionando que el comunero José
Antonio Galán, de Charalá, levantara las provincias de Mariquita, Zipaquirá y
el norte del Socorro; pero por las argucias del arzobispo fue prendido, juzgado
y condenado a la horca por alta traición, “a ser quemado el tronco de su cuerpo
delante del patíbulo y su cabeza conducida a Guaduas para fijarse en una
escarpia; la mano derecha a ser puesta del mismo modo en la plaza del Socorro,
la izquierda en San Gil, el pie derecho en Charalá su patria, y el izquierdo en
Mogotes…”12.
Los capitanes generales fueron indultados y el
arzobispo fue elegido virrey en reemplazo de Flórez. Dice Restrepo que en Don
Antonio Caballero y Góngora se reunió el mando militar, civil y eclesiástico en
una sola persona. Y con sus talentos y lealtad a la corona hizo desaparecer
“los últimos gérmenes y reliquias de la revolución…”13. Desde 1777
la monarquía tenía resuelto elevar a Caballero y Góngora al más alto cargo del
gobernó virreinal; pero los acontecimientos habían impedido realizarlo, él
traía todo el pensamiento y la actitud de las reformas ilustradas. Trajo
mineralógos, fundó la cátedra de matemáticas, propagó el conocimiento útil,
formó una expedición botánica de la América septentrional al mando de José
Celestino Mutis y sometió a los indígenas del Darién con el mariscal Arévalo.
Caballero y Góngora salió del virreinato en 1789 y
dejó una memoria sobre el estado económico de la Nueva Granada. Calculó la
población en 1.492.680 habitantes y unas rentas de 3.354.025 pesos. El
arzobispo fue reemplazado por el “Mariscal de Campo Don José Espeleta, quien
continuó una administración […] vigorosa, activa, ilustrada y benéfica”14.
Dice Retrepo que hizo venir de la Habana a Manuel del Socorro Rodríguez para
que iniciase el semanario “Papel Periódico de Santafé de Bogotá. Este fue el
primer papel periódico […] publicado en la Nueva Granada. Una gran parte se
empleaba en literatura, historia natural, y algunos estractos de gacetas”15.
Los jóvenes fueron amigos de Rodríguez y fueron ilustrados; leían la Gaceta de
Madrid, el Mercurio de España, algunos libros y diarios franceses, traducido
por algunos que leían francés y permitió conocer “la halagüeñas máximas de
libertad y de igualdad”. En “sociedad de amigos” unos cuantos hablaron “sobre
los principios republicanos y lo útil que sería a la Nueva Granada un gobierno de
esta clase”16.
El español Francisco Carrasco denunció en 1794, la
circulación de un impreso titulado Derechos del Hombre y luego de un proceso se
encarceló un grupo de implicados hasta llegar a la fuente de esta “causa de
pasquines”. Antonio Nariño los imprimió en su imprenta manejada por Diego
Espinosa. Nariño confesó que había traducido de un “tomo de la asamblea
constituyente de Francia”, los Derechos del Hombre, que el tomo se lo había
posibilitado un guarda del virrey llamado “Capitán Ramírez” y que ante las
averiguaciones del gobierno quemó los ochenta o cien ejemplares que se
imprimieron.
Restrepo dentro de estos temas introductorios de la
Revolución en Colombia, acusa a Nariño de haber dado nombres y lugares de
ubicación de quienes estaban pregonando la libertad y la igualdad. Dice: Nariño
nació en Santafé de familia ilustre en 1766. Su padre, contador del Tribunal de
Cuentas, le dio educación y por ella ocupó varios puestos administrativos en el
virreinato: alcalde ordinario de Bogotá en 1789 y tesorero de diezmos en 1794.
Formó una librería, la dotó de aparatos o máquinas de física y con la imprenta
consiguió fama de sabio. Con buena figura y gran elocuencia se hizo admirar y
respetar. En 1795 fue preso y se le encontró en la caja de diezmos un faltante
de 96.000 pesos; dijo que los tenía invertidos en el comercio.
Contra la sublevación de los pasquines se utilizó
el tormento inquisitorial. El abogado de Nariño, Antonio Ricaurte, fue
condenado a prisión, extrañamiento y confiscación. Nariño fue enviado preso a
África por diez años y se le confiscaron los bienes, igual que a Francisco
Antonio Zea y otros catorce sublevados. Al llegar a Cádiz, Nariño se escapó;
fue a Madrid a Francia e Inglaterra buscando apoyo para la insurrección. Volvió
a Bogotá en 1797 y fue entregado a las autoridades virreinales por el arzobispo
Jaime Martínez Compañón en quien había confiado. Dijo Nariño que confesaría
todo a cambio de no ser torturado. Confesó sus pasos […] nombrando y
comprometiendo a cuantas personas le habían auxiliado, dado hospedaje o
prometiendo auxilios en su tránsito de la Guayra hasta Santafé. Esta conducta
débil en que se delató a sí mismo como un revolucionario enemigo del rey, en
que vendió a sus amigos, e hizo a algunos desgraciados, ha merecido siempre
justa censura, de todo hombre sensato e imparcial”17. Le tocó
enjuiciar la Causa de los Pasquines al virrey Mendinueta, quien recomendó a la
corona indultar y no juzgar a los revolucionarios porque servía para
profundizar el descontento. A Mendinueta lo reemplazó en 1803 Amar y Borbón,
hombre sin talento y manejado por su mujer Francisca Villanova, quien vendió
todos los cargos de la administración.
José Manuel Restrepo consideró en su historia de la
revolución, como hecho fundamental los periódicos. Dice que después del Papel
Periódico de Santafé de Bogotá (1791 – 1796), vino el Correo Curioso, creado en
1807 por Jorge Tadeo Lozano y Luis Azuola, semanario dedicado a literatura,
arte y ciencia; duró un año. También en 1807 el virrey Amar creó el semanario
Redactor Americano dirigido por Manuel del Socoro Rodríguez, dedicado a
noticias y variedades; vivó tres años. En el mismo tiempo Francisco José de
Caldas, director del Observatorio Astronómico de Bogotá, creó junto con un
grupo de “jóvenes literatos” el Semanario de la Nueva Granada (1807 – 1810),
dedicado a fomentar la ilustración, la geografía, la estadística y las producciones.
1. Restrepo, José Manuel. Historia de la revolución
de la república de Colombia. París. Librería Americana 1827. Tomo II. Página. 9
2. Idem. Página 10
3. Idem. Página 12
4. Idem. Página 13
5. Idem. Página 15
6. Idem. Página 16
7. Idem. Página 28
8. Idem. Página 30
9. Idem. Página 33
10. Idem. Página 34
11. Idem. Página 34
12. Idem. Página 40
13. Idem. Página 46
14. Idem. Página 53
15. Idem. Página 53
16. Idem. Página 56
17. Idem. Página 66.
Imagen: Gastón Bettelli. José Antonio Galán. Óleo
2010
martes, 24 de marzo de 2020
La revolución en Colombia
La Historia de la revolución de la república de
Colombia de José Manuel Restrepo, fechada en 1824, es un trabajo que se abre con
una cita de Pierre Le-Grand: “No digas a la posteridad sino lo que es digno de
la posteridad”. Cita reveladora, contextualizada con la época iluminista y con
el universalismo de la cultura europea, que miraba como zócalo de la historia
los hechos de los héroes y los poderosos. Puede entenderse: hay hechos que no
merecen ser recordados y por tanto pueden ser borrados de la memoria. Esos
hechos son en los que actuaron la plebe y la gente sencilla del común.
El concepto de historia visto desde la dignidad de
la posteridad y los hechos dignos de ser contados, se adhieren a una imparcialidad,
es decir, además de hechos dignos de ser remembrados y tratados, el historiador
se la juega para ser imparcial. Se lee: “Más sin embargo de la estensión o
importancia de las funciones que ejercitan las audiencias de la Nueva-Granada y
de Venezuela, es preciso decir con la severa imparcialidad de la historia que
administraban justicia en los últimos tiempos con bastante rectitud,
exceptuando algunos pocos casos en contrario”1. Ahí quedó la
imparcialidad, golpeada contra los motivos de la revolución: acabar con la
tiranía y la explotación inmisericorde de América por España.
Restrepo opera su historia con un paradigma
moderno, con un esquema de pensamiento analítico. Se ubica en el tiempo y en el
espacio. Tiene conciencia de estar en un tiempo contemporáneo de las luchas
anticoloniales y por la libertad esgrimida contra el feudalismo. El espacio lo
conoce y se ha informado con los trabajos de Humboldt. En el espacio están los
seres humanos organizados en una sociedad con sus caracteres y condiciones. Si
va a hablar y escribir sobre la revolución en Colombia, explica que es y
comprende Colombia; de donde viene y como está compuesta.
En el Congreso de Angostura se adopta el nombre en
honor del descubridor Colón y se piensa en la unión bajo ese concepto
jurisdiccional en Nueva Granada, Venezuela, Quito y Lima. Detalla el régimen
Español, las producciones, la tierra, las gentes, la educación y las
oportunidades. Termina enumerando las causas de la revolución: la opresión, el
atraso intencional, la oscuridad de los colonizadores, el enriquecimiento de la
iglesia con el acaparamiento de la tierra, la inexistencia de instituciones de
educación, la prohibición de producir y la persecución a las nuevas ideas o a
la lectura de la literatura producida en Europa.
La identificación que hace Restrepo de la sociedad
colombiana tiene el objetivo de justificar la revolución y por qué la hizo el
puñado de criollos ilustrados. Estos prolongan en el tiempo todos los
prejuicios raciales españoles; pero hablan de la libertad y de igualar a todas
las castas bajo el concepto de ciudadano para liberarlos del Santo Oficio, de
la jerigonza peripatética y de los onerosos impuestos. Ellos, los criollos,
hicieron y dirigieron la revolución y organizaron una sociedad para ellos. Dice
el nuevo orden hecho en Cúcuta en 1821: “…más no todos los padres de familia
tiene derecho a votar en las Asambleas primarias [para elegir electores]. Se
necesita que el sufragante posea una propiedad raíz libre que alcance el valor
de cien pesos, o alguna profesión o industria útil que equivalga la misma
cantidad. Para votar en las Asambleas de provincia o secundarias se necesita
ser dueño de una propiedad raíz que alcance el valor libre de quinientos pesos,
o de una renta de trecientos pesos anuales, o profesar alguna ciencia u obtener
un grado científico. Los representantes deben tener una propiedad raíz que
alcance el valor libre de dos mil pesos, y en su defecto una renta de
quinientos pesos anuales o ser profesores de alguna ciencia; los senadores
necesitan una propiedad de cuatro mil pesos y por falta de ella una renta de
quinientos, o profesar alguna ciencia…”2
Con el paradigma de la ilustración económica –
filosófica – política, Restrepo hace un arqueo de la situación de la sociedad
resultante después de la revolución de independencia: la producción pobre
porque España prohibía competir con sus productos; la sociedad sometida a la
ignorancia y al Santo Oficio, para mantenerla dócil y obediente; por política
impedía que el gobierno y las decisiones, estuvieran en manos de criollos.
Todos los funcionarios fueron importados de España para garantizar la tiranía y
el despotismo.
Pero ¿Cómo operaba el poder? Sencillo: por el pacto
entre el papado y la monarquía. La iglesia permitía al rey ser el patrono de la
religión e incidir en el nombramiento de curas, obispos, arzobispos y demás (actitud
o preeminencia llamada tuición de cultos). Y la iglesia podía, en
contraprestación enriquecerse y expandirse a voluntad. Restrepo trae
estadísticas. Colombia para 1824 tenía 1.891 individuos del clero secular; en
órdenes religiosas 1.178; monjes y monjas en clausura 2.083. Esta población
eclesiástica vivía del trabajo de los indígenas, pardos, negros y mulatos y
permitía a todos por medio de los censos o capellanías hipotecar las tierras,
antes y después de la muerte para salvar el alma o para sustentar gastos
importantes. Esta economía terminó acumulando en manos de la iglesia un tercio
de la tierra culta. “Nota: hay en Colombia 16 conventos de predicadores o de
Santo Domingo; 20 de la orden de San Francisco; 10 de Agustinianos calzados;
Tres de Agustinianos descalzos; 12 de Mercenarios; 10 de Hospitalarios de San
Juan de Dios y 2 de Betlemitas. Total de conventos 73”3. Esta
observación de José Manuel es aguda porque mira la parte más importante de la
economía colonia. Él relaciona ese contexto social porque piensa desde la
economía política, conocimiento que le permitió ver la religión como dominación
o control de la producción y la distribución de la riqueza. Colombia con una
población de 2.717.142 habitantes fue controlada por 73 conventos y 5.152
eclesiásticos.
Restrepo trae este cálculo de la población en un
cuadro estadístico, hecho con ayuda de información publicada por el viajero
Depons; pero dice que sus cálculos personales le suman 2.900.000 porque anexa
200.000 indígenas y más otras poblaciones deben producir un total de 3.100.000
habitantes. De esta “no bajan de 400.000 personas las que han perecido en la
sangrienta lucha de independencia”5. 60.000 esclavos según Humboldt
hay en Colombia y después de la guerra quedaron 30.000: “el español Boves
primero, y después el general Bolívar dieron libertad a todos los que tomaban
las armas, y en efecto, muchos corrieron a ella distinguiéndose en la guerra de
independencia”6.
Triunfante la revolución, Colombia tiene ahora la
tarea de poner su potencial a “cultivar en su suelo todas las producciones del
globo”. Para eso se cuenta tierra suficiente: “De las 92.000 leguas cuadradas
que tiene la superficie de Colombia, por lo menos la mitad o 46.000 […] son
tierras baldías […] resulta que el gobierno de Colombia tiene 204.403.760
fanegadas de tierras baldías de que puede disponer para amortizar la deuda
nacional, establecer sólidamente sus créditos, y tener bien pronto rentas
suficientes […] El precio legal de la fanegada en las costas es de dos pesos y
de uno en las provincias internas”7. Dice Restrepo que esta riqueza
se debe ofrecer a europeos para que se establezcan en el país y desarrollen su
saber y ciencia. “No hay duda alguna que reconocida nuestra independencia por
la Gran –Bretaña, como parece que será bien pronto, los extranjeros corran de
todas partes de la Europa a buscar asilo en Colombia que les ofrece
tranquilidad, abundancia e instituciones liberales que favorecen la libertad y
la propiedad”8.
Colombia debió mantener muchos de los impuestos
coloniales para poder sostener la república. En los últimos cinco años de la
monarquía se recaudaron 5.323.088 pesos entre rentas estancadas del tabaco, la
sal, la pólvora; los diezmos, las anatas, anualidades, bulas, derechos de comercio,
composición de tierras, venta de empleos y títulos nobiliarios y la capitación
indígena. La república, debió sostener muchos de estos impuestos por la
costumbre y falta de métodos para el recaudo. Pero, abolió las odiosas
capitaciones y los estancos. Esa libertad de comercio, para 1824 permitió
llegar al estado 7.430.527 pesos, rentas aumentadas, respecto a las coloniales,
producto de la libertad económica.
La revolución en Colombia fue posible por ayuda de
algunos países, entre ellos Gran-Bretaña; pero una ayuda interesada, porque
todo lo que llegó para la guerra son la deuda pública. José Manuel Restrepo analiza
especialmente este aspecto de la economía. Calcula la deuda en 46.505.638 de pesos
y culpa de ese monto a las malas acciones de Francisco Antonio Zea y Luis López
Méndez, plenipotenciarios enviados por la revolución a Londres. Ellos, un
préstamo inicial de 2 millones de libras lo han centuplicado. “Por marzo de
1822, el mismo Zea, en calidad de ministro de Colombia, contrató con la casa de
los señores Herring, Graham y Powles un empréstito de dos millones de libras al
ochenta por ciento y con otras varias condiciones. Con esta operación Zea
amortizó la deuda de las 547.783 libras que debía la república a varios
individuos y creció nuestra deuda extranjera a dos millones de libra o 10
millones de pesos. Como aún no se han publicado las cuentas de los prestamistas
ignoramos la inversión de este empréstito, y como fue que el señor Zea hizo
crecer tan rápidamente la deuda nacional de Colombia”9
Esta introducción a la historia de la revolución en
Colombia la hace un hombre dedicado a entender su mundo. Estuvo atento a las
producciones intelectuales europeas y americanas y las supo ponderar, para
acercarse al país, dar muestras de conocer el pasado y el presente para planear
el futuro. Eso lo demuestra cuando les promete a los europeos un orden liberal
apropiado para la propiedad privada o la acumulación de riqueza.
1. Restrepo, José Manuel. Historia de la revolución
de la república de Colombia. París. Librería Americana 1827. Pág.56
2. Ídem. Pág. 138
3. Ídem. Pág. 193
4. Francisco Depons 1751 – 1812. Jurista Francés.
Recorrió Venezuela en época prerevolucionaria. Sus observaciones las publicó en
París en 1806 con el nombre de “Viaje a la parte oriental de Tierra Firme”.
5. Ídem. Pág. 211
6. Ídem. Pág. 214
7. Ídem. Pág.198
8. Ídem. Pág. 199
9. Ídem. Pág. 292
Imagen. José María Espinosa. Paisaje de las
batallas en Colombia 1840
jueves, 12 de marzo de 2020
La voz del animal ante la muerte
Este texto salió al
tratar de entender la posibilidad de una voz sin fonación, como originadora del
lenguaje. Concepto que se encuentra como guía de las cuestiones tratadas por
Agamben en estos excursos titulados El lenguaje y la muerte1. Esa
voz sin fonación está en la base de la metafísica occidental –dice-; y por eso
salió esta digresión como un asombro protestoso ante la serie de contrasentidos
encontrados.
La metafísica
occidental se construyó a partir de la negatividad. Todo esfuerzo de
pensamiento se realizó señalando su opuesto: el ser y la nada, el logos y la oscuridad…;
pero la metafísica solo fue posible a partir de pensar el lenguaje y sus posibles
partes componentes: el fonema, la gramática y entre ambas el signo y el símbolo.
El fonema, la voz, se llevó de la intuición al signo, o de la nada a la
significación. Esta forma de pensar deja la voz en el ámbito de lo
preexistente: ahí se radica y florece la arborescencia de la metafísica. Afirma
Agamben al interpretar a Heidegger: “Es decir, que la experiencia del ser es
experiencia de una voz que llama sin decir nada, y el pensamiento y la palabra
humana nacen solo como “eco” de esa voz”. Seguidamente transcribe un trozo de
texto de “¿Que es metafísica?” de 1963: “El pensamiento inicial […] es el eco
de la oferta del ser […], en el que lo Único se abre y se deja apropiar […]:
que el ente es. Este eco es la respuesta humana […] a la palabra […] de la Voz
sin sonido del ser. La respuesta del pensamiento es el origen de la palabra
humana, que es la única que da origen al lenguaje como proferimiento de la
palabra en las palabras”.
Hago una digresión aquí,
o una oposición: para la metafísica es posible hablar-decir-afirmar, la
existencia de un pensamiento sin lenguaje, de una palabra sin sonido y de una
voz sin sentido. En un aparte anterior Agamben hace un rastreo de la concepción
de esa Voz (con mayúscula inicial) desde los antiguos griegos y al llegar a la
modernidad, dice de Hegel: la concibió como la voz del animal ante la muerte,
una voz terrible que nada significa, pero que expresa el horror de la negación.
Esta forma de
argumentar, muestra la construcción del discurso metafísico, lleno de abusos de
la dialéctica, o mejor, es producto de una especie de reduccionismo dialéctico.
Esos contradictos distan de la condición del lenguaje, de ser una obra humana y
una práctica cuya base es la, afirmación- negación, oposición que lleva
implícita la lógica. Pero, Para no caer en las redes mistéricas de la
metafísica, que parte de la pre-existencia del pensamiento y de la voz, para
construir su edificio laberíntico de contrasentidos y supuestos, se debe asumir
la carga conceptual que ha producido el pensamiento moderno que trata y quiere
ser una alternativa a lo mistérico; en el pensamiento moderno se
interdisciplinan filosofía, ciencia y arte para producir un discurso alterno y
completamente defensor de la materialidad de la existencia y de la materialidad
del origen.
Con estos
argumentos, hoy debemos servirnos de la ciencia que produce objetos para
repensar el ser humano desde la época en que comienza a actuar sobre el planeta.
Y afirmar: el ser humano tal cual lo conocemos hoy, no tiene un estado
primitivo, es un sapiens desde hace cuarenta o cincuenta y cinco mil años, momento
en el que se testimonia su presencia. Las ciencias específicas (arqueología,
antropología e historia) dividen su tiempo en dos, el tiempo del mito y el
tiempo de la lógica o de la metafísica. Pero aún más, el ser humano sapiens
tiene el lenguaje articulado y por supuesto el pensamiento. Desde esta forma de
concebir, es imposible el pensamiento sin la palabra, sin el lenguaje. Por
tanto el origen del lenguaje se debe buscar en lo prohomínidos, con argumentos y
testimonios producidos por la arqueología – paleontología. Desde ahí se puede
concebir el origen de facultades o facticidades características de lo humano.
La adquisición de la masa encefálica es producto de una biomecánica por la que la postura sobre la superficie de la tierra
ocasionó una revolución permanente del cuerpo, o también: una transformación
lenta pero permanente del cuerpo, hasta producir un cerebro capaz de convertir
la memoria biológica, instintiva, en memoria social, mediatizada por los gestos
complejos del signo, el símbolo, la fonación y la gramática.
La metafísica,
primera interpretación sistemática de lo humano y la facticidad del lenguaje,
se posicionó como paradigma para el pensamiento. Por eso cundo se quiere pensar
y hablar de la obra de arte, se hace referencia a los cánones o medidas ideales
del arte perfecto, análisis íntimamente emparentado con esa imagen de la Voz
sin sonido, fundadora del lenguaje. En esa perspectiva de análisis el arte fue
pensado en términos de falsación de las ideas primordiales habitantes del mundo
mistérico del origen. O, se piensa el arte, rompiendo con Platón, como el
trabajo de estetas que son capaces en sus obras de entrar en el misterio de las
cosas y representar su esencia, para producir la belleza.
La perspectiva
tradicional occidental, difícil de desprenderla, se visualiza a su vez en el
análisis de las literaturas. La obra de arte literaria se nutre del lenguaje
cotidiano, la más de las veces, para producir el efecto de conectar el lector
con el mundo de las cosas arcaicas y los actos humanos ejemplarizantes, porque
ella, la literatura, los purifica y los muestra esencialmente en una
generalidad idealizante. La obra de arte poética aparece como el trabajo del
poeta para entrar en la voz fundante, en la palabra arquetípica misteriosa y
divina, en el lenguaje dado a los seres primeros y puros. Por medio de la
inspiración musa y mística, convertida en canto melódico, el poeta se convence
de estar más allá de la física y con poder de transcribir la agonía de una
belleza insoportable.
Si se entiende la
palabra y el lenguaje como obra del humano acontecer y como memoria social, el
pensamiento es lenguaje, ambos van a la par; no existe el uno por el otro. Su
origen lento biomecánico, potencia un
paradigma, una argumentación alterna a la metafísica; por esta la obra de arte
se ha adocenado para que sea; para que se convierta en producto y objeto de
riqueza en un proceso de castración de su signo o su símbolo.
Para una
interpretación alternativa de la obra de arte, es necesario pensar la filosofía
y la ciencia, como producto de la actitud obligada del ser humano, para
arrancarle a la naturaleza la subsistencia: la naturaleza se grafica para encantarla
y dominarla; a la naturaleza se le canta para agradecerle o apaciguarla. La
naturaleza se personifica para tenerla siempre al lado, bajo el techo de cielo.
De acuerdo, la analítica del ser humano y su afuera, comenzó con el lenguaje
concebido como don, comenzó con la metafísica. Ahora estamos abocados a una analítica
que ponga como centro el ser humano y su entorno para preservarlos.
1. Agamben, Giorgio.
El lenguaje y la muerte. Un seminario sobre el lugar de la negatividad. Ed
Pretextos. España 2008.
Imagen: Toro
Moribundo. Pablo Picasso 1934
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