viernes, 26 de enero de 2018

Tiempo de humanos envilecidos



Observar tiene niveles, según la calidad del observador. Y la calidad la potencia el ser capaz de ubicarse en el espacio-tiempo en el que se vive. La ciudad densa, es el espacio que nos ha tocado, y observarla desde el concepto tiempo, dota de una perspectiva histórica. Es desde ahí que se puede extender al pasado la condición de la vileza de los seres humanos que nos circundan. Vileza detectada en el comportamiento cotidiano. Vecino que le pone la basura al vecino y se ha visto casos de familias obligadas a desplazarse porque los vecinos le han convertido el frente de su casa en un acopio de escombros y desechos. Las zonas verdes las han reemplazado por capas de concreto para parquear vehículos y evitarse el gasto. Las fuentes de agua son contaminadas sistemáticamente con el arrojo del mobiliario sobrante, para ahorrar los costos del traslado a las escombreras permitidas. Vileza generalizada cuando periodistas y políticos se deshacen en condenas contra los crímenes de acoso sexual o violación, pero en su haber los han cometido. Los partidos políticos montan campañas electorales para luchar contra la corrupción y todos los que militan en sus filas son corrompidos.

Vileza observada en el presente, pero que la perspectiva histórica permite detectarla desde la fundación de la nación. En 1821 la constitución grancolombiana prohibió la esclavitud, pero el vil esclavista la siguió sosteniendo porque su vida muelle, parásita del trabajo ajeno, dependía de ello; además, el ejercicio autoritario de su ser social, estaba en la posesión de esos cuerpos y se extendía a su propia familia cercana o a la sociedad que regentaba, si tenía la autoridad adquirida por ocupar puestos públicos.

El modelo republicano, para instaurarse en Colombia, cobró la vida de cientos de miles de personas, cuyos cuerpos estaban bajo la más cruel dependencia de los caudillos hacendados. Fue una vileza, enmascarada con la discursividad del progreso y la civilización. El discurso eugenésico o racista cruzó las consignas beligerantes, para sustentar, luego de las batallas, la confección de nuevas constituciones políticas que negaron de entrada la igualdad y redujeron el derecho a elegir y ser elegido a los varones dueños de tierras y riquezas.

Instaurada la nación unitaria, transformaron el capital hacendario en comercial y luego en industrial. Entregaron la educación a la iglesia católica para evitar la formación de ciudadanos autónomos, librepensadores y dueños de su cuerpo y futuro. Es la vileza que transmonta el tiempo, mostrando la autonombrada dirigencia social, inescrupulosa, actuar con bajeza. Por efecto del contacto de los colombianos con el mundo, más clandestino que legal, fue inevitable la organización sindical de los trabajadores en el siglo veinte. Organización que amenazó el predominio centenario de los varones dueños de la riqueza, e hizo de nuevo, flotar el ser vil, para condenar la población a un exterminio sistemático y de todo orden no inscrito en los pactos de los partidos políticos predominantes. La población se diezmó para domeñar con crueldad sus organizaciones amenazantes.

Pero esa vileza que hoy se observa en la generalidad de la población, no es genética, es aprendida. Ha bajado de la cumbre de la estructura social al ser humano llano. A los colombianos se les ha enseñado con el ejemplo, no en aula de clase, en la tribuna, en los medios de comunicación, en la práctica política del rito electoral metido hasta el tuétano en el clientelismo, cuyo último componente es el cambio del voto por favores económicos o simplemente la compra directa.

Las mujeres y los hombres comunes han introyectado el concepto de equivalencia entre la política y la corrupción, porque después de las campañas electorales, en las que se promociona la honradez, resulta el erario público desfalcado y las necesidades en educación, salud y vivienda en crecimiento. El fenómeno se ha profundizado de tal manera que el político corrompido ha perdido la vergüenza y muchos le ven como héroe. Esta práctica explica varios comportamientos viles del poblador común: cuando le da uso privado al espacio público, desdeña el Estado, y cuando adopta una doble moral.

Pero va más allá el ejemplo del ser humano vil. La corrupción que ha bajado a los estratos menores de la sociedad, mantiene esa vileza que ha transmontado los tiempos, visible en la posesión de los cuerpos. La agresión sexual, es la herencia del sentido esclavista de la vida. Acceder al cuerpo del otro ser humano, tocarlo o tomarlo sin consentimiento, es un ejercicio de posesión que ha pasado de la cosa a la humanidad indistintamente.

Las guerras contemporáneas nacionales crearon dictadores en los campos y las ciudades, sectorizados y en lucha por territorios, que sacaron a plena luz el ser autoritario fundacional y sostenido por el ejemplo de la corrupción. Los poderes de estos dictadores barriales o territoriales, son ejercidos con una conciencia esclavista. Disponen de los cuerpos de los habitantes, en especial de las mujeres. Cobran impuestos por la movilidad y el consumo. Obligan a un comercio controlado de productos sin ninguna garantía de calidad. Estos dictadores ejercen poder armado intimidatorio y ponen al servicio del mejor postor la voluntad política de los sometidos; el mejor postor es siempre los aspirantes al poder político. La vileza ha bajado a la calle y se encarnó en jóvenes de imaginación local y oscura.

Esa vileza colombiana, tiene una expresión que hace ver la discursividad del progreso y la civilización como una falacia. La ética moderna de respeto del otro, porque los atributos de la libertad, la igualdad y la solidaridad se condensan ahí, no ha tocado tierra, no se ha introyectado en la conducta del colombiano. El cuerpo del otro sigue siendo una cosa a tomarse por la fuerza y el ofendido reacciona con una venganza reducida a la reproducción el sistema y a hacer lo mismo: Los violadores fueron violados, los agresores fueron agredidos, los esclavistas fueron esclavos. Esas condiciones se mantienen para que la sociedad tradicional siga existiendo.

Imagen: Beatriz González. Serigrafía 1983. Zócalo de la comedia

jueves, 18 de enero de 2018

El mal de ojo, envidia y fascinación

En la tarde de un viernes caluroso de agosto hablábamos de logros y frustraciones. Se hizo mención de la envidia buena, como un sentimiento que mueve a muchos y opera a la manera de motivo de búsqueda de trabajo y dedicación. Pero, igual se escuchó la voz vehemente de un contertulio, negando el reconocimiento de la existencia de una envidia buena o mala y afirmó altisonante: ¡Envidia es envidia! Siguió un breve silencio, luego sonrisas y disquisiciones sobre las envidias que atmosferan por doquier, creándole una base o piso a al ser de la mayoría de la gente que nos rodea. Por eso se la reconoce en boca de todos, casi que justificándola, cuando se trae de la memoria el dicho “mal de todos, mal de tontos”. Se dice además ser mejor provocar la envidia que sentirla, o “aquí la gente se muere más de envidia que por enferma”. Y se le pone color al envidioso: el verde. Estar verde de la envidia, es meterse en una condición no humana, de seres verdes. El imaginario común de la gente, ve así a los posesos por ese sentimiento. Se les ve y concibe como seres fuera de la cultura, habitados por una fuerza maligna, de la que no pueden escapar y los hace parte de de una especie de seres humanos catalogados como envidiosos.

Las disquisiciones de ese viernes augusto, me generó una búsqueda de respuestas sobre el ser de la envidia y por querer ir más allá de la opinión común. Me topé con información abundante sobre el comportamiento o la conducta del sujeto, cuando tiene sentimientos de envidia. Información que concibe ese supuesto sentimiento como innato o don de la criatura humana. Ese tipo de tratamiento se queda en una psicología de superficie y sintomática.

Otra perspectiva ha sido levantada desde la convicción de ser la envidia, un constructo humano; la endivia comprendida como la respuesta humana a un comportamiento animal y su respectiva mistificación. Así se concibe el objeto de estudio envidia, desde una transdisciplinaridad y se trata como un sentimiento, originado en la mirada, que debe ser asumido desde las ciencias sociales, auxiliadas cuando se necesite por la biología, la arqueología o la fisiología.

Los ojos del otro denotan sus sentimientos e intensiones. El, habla para verte, platónico, es un logro cultural, venido mucho tiempo después de la concepción elaborada a partir de la apariencia del otro. Antes de la pregunta por la palabra está la respuesta por la presencia. Desde la presocrática y después, en toda la antigüedad, se tuvo la creencia de que “los rasgos somáticos traducen el carácter de las personas: los ojos son el espejo del alma”. De la presencia del otro el rasgo inmediato para hacerse a una opinión, es la mirada. De ahí la exudación de la envidia y su relación con la mirada. Ojos que la expresan son ojos malos, o mejor, quien lo haga tiene el “mal de ojo”.

El mal de ojo y la envidia se configuran en actitud anticultural. Uno y otra se motivan e interrelacionan y contra ellos se utilizan objetos identificados con el mal, como lo son los cuernos; objetos técnicamente nombrados como apótropes. Así los ritos dedicados al exorcismo del aojamiento toman el nombre de apotropaicos; se entienden también como una profilaxis contra la envidia.

El aojo se relaciona a su vez con la fascinación o poder de la mirada para fijar la atención y poseer al atento. Contra la fascinación se utilizan los riegos y esparcimiento de escancias aromáticas. La mirada, el aojo, la envidia, la fascinación, se toman genéricamente bajo la denominación “el mal de ojo”, que justifican su oposición a la religión y se conciben como el mal. De Grecia pasa a Roma la creencia de la existencia del aojamiento, hecho por mujeres, como la bruja Dípsade “que fulmina con sus ojos de doble pupila”, nombrada por Ovidio en su Ars Amatoria. En el renacimiento, se relacionó el aojo, muy directamente con el envidioso: ellos atacan con la mirada “y no apartan jamás los ojos de la felicidad y del bien de los otros…”

Se ha entendido pues, el aojamiento, como magia, por la antropología fundacional de finales del siglo diecinueve y principios del veinte. Se concibió como “magia maligna pura” cuando se adjudica intrínseca al portador. Este no necesita de ningún rito para ejercerla. Otra forma es entenderla como “magia maligna” sencilla, practicada mediante ritos o performance, para propiciarla. Como magia maligna pura, el aojamiento funciona opuesto a la religión estatal o teodicea legal. Como magia maligna sencilla funciona como superstición y se identifica con rituales vulgares del pueblo llano e inculto: saliva sobre los ojos del recién nacido o hacer la higa con una o ambas manos ante la presencia del posible aojador.

La elaboración de connotaciones de poder en la mirada, se hace por el contenido de violencia que tiene la mirada directa; hecho relacionado con la mirada fija del animal para la defensa o el ataque: la mirada fija es agresiva. El mal de ojo es la elaboración cultural de ese innatismo animal. El apótrope cultural humano contra el aojo, practicado desde la antigüedad, es esgrimir el símbolo por excelencia de la agresividad humana: el falo, ya en dijes, cuentas o figuras itifálicas.

El mal se exorciza con el mal. Más allá de las connotaciones eróticas griegas, romanas o egipcias, está el uso de representaciones itifálicas para contrarrestar la envidia, la mala mirada, la fascinación de la palabra seductora que doblega la voluntad. Esta misma lógica se ve en la arquitectura medieval, el uso sobre las cornisas de figuras monstruosas imitando de las gorgonas griegas de mirada petrificadora. La terrible figura o Gorgona, transformada en gárgolas, tenías la función de apótrope contra la hechicería y lo demoníaco.

La religión estatal o no, se pertrecha con un acervo de prácticas opuestas, para fundamentarse. La teología popular, rica en prácticas acumuladas des tiempos arcaicos, es fuente para la religión dominante, de la que saca conductas, para declararlas contrarias a la ortodoxia conciliar. Pero esas prácticas populares están en relación íntima con sentimientos humanos respecto al otro, en este caso los sentimientos construidos a partir de los ojos y su función: la mirada.

Figura: Medusa. Mosaico romano procedente de Palencia.


Este texto se debe a Antón Alvar Nuño por la lectura de su texto “Envidia y fascinación: el mal de ojo en el occidente romano”.

viernes, 12 de enero de 2018

Agujeros escatológicos



Veleidoso es el poder. Amistoso y comprensivo con quienes necesita para suplir sus necesidades de fundamentar y perpetuar su existencia. La soberanía básica adquirida desde la instauración de su dominio, le permite establecer tratados de intercambios económicos y culturales, con pueblos y naciones, hasta el día de la saciedad de sus apetencias. Pero cambia por la veleidad de su ser y por el control territorial. Por el dominio de amplias áreas del planeta, impone a los pueblos ahí ubicados, condiciones de vida de obligatorio cumplimiento por la coacción militar o la amenaza de destrucción. La amistad propuesta es pasajera. La cooperación es falsa. El intercambio es desigual. No cesa en el diseño de estrategias de sometimiento y es capaz de cambiar la política y la economía, según la supremacía que ejerce.

Ese poder tiene nombres y hombres que lo encarnan. Desde los pequeños y grandes imperios de la antigüedad, no ha cesado de expandirse, concentrarse y crecer. El poder de estos tiempos es heredero de experiencias monopólicas y es un acumulado de ciencia, técnica o tecnología, con el nombre de las tierras que ocupa: Norteamérica en occidente, Rusia y China en oriente. Ronald Trump, Vladimir Putin, Xi Jiping, son hombres que encarnan el poder soberano, bajo unas condiciones desalentadoras para quien quiera mirar el mundo con un sentido de libertad y autonomía de individuos y pueblos.

La encarnación del dominio en hombres afectados por todas las condiciones humanas y por estar en el mundo, tiene un sello personal. La mecánica de elección, luego de haber producido el personaje, entra en la penumbra. Queda la disposición omnímoda unipersonal; y por más referencia que se haga al orden jurídico, el tinte monárquico sale a flote, para restablecer la filiación con el ejercicio del poder en la historia de la humanidad. Sátrapas, tiranos y monarcas se han hecho con el trono después de aniquilar todos los opositores. Presidentes de la era moderna toman el poder luego de la compraventa de favores y el ejercicio de la supremacía económica de sus casas. Erguida permanece la figura de la veleidad del potente: una vez allí en la cima dispone de los cuerpos y las naciones para realizar su sueño de dominación.

El poder en Norteamérica se construyó, luego de la crueldad de la esclavitud, con puertas abiertas a la inmigración de pueblos que necesitaron, entre los siglos diecinueve y veinte, dejar la tierra enferma que los generó. La dejaron por persecución étnica, por la guerra o por la proscripción de sus creencias. En Norteamérica encontraron la libertad del capitalismo que los enganchó en las cadenas de producción con el nombre de trabajadores asalariados. El inmigrante cambió la persecución en su tierra de origen, por la persecución del desempleo o el hambre o el hacinamiento de las ciudades. En ese ambiente pudo por la comprensión del funcionamiento de la sociedad basada en la acumulación de riqueza, ser tramposo, traficante, traidor a los suyos o los otros; y acumular riqueza para, desde el culto a su individualidad, reproducir las condiciones sociales. Pero esta fortuna fue y ha sido selectiva y condena a la mayoría a la explotación del trabajo.

El inmigrante fue llamado, recibido, adoptado; pero cuando el poder estuvo saciado, puso en entredicho la legitimidad de todos y su descendencia. Hoy quien encarna el poder en Norteamérica quiere ponerle su sello personal al ejercicio de gobierno, ya por satisfacer los intereses de su sociedad capitalista, ya por proteger la riqueza de su casa. Para Donald Trump, el inmigrante ya no produce riqueza, es un gasto que desangra la economía de su país y de su boca mal hablada salen escatologías como insultos para los países generadores de hombres y mujeres migrantes. Ha llamado “agujeros de mierda” a El salvador, Haití y otros países africanos.

La acusación o persecución contra el inmigrante puede entenderse como el sello personal del ejercicio del poder en Norteamérica, por la idiosincrasia del presidente, manifiesta en sus muestras de xenofobia y convicciones de la supremacía de la piel blanca. Pero puede ser, a su vez, la percepción del agotamiento del modelo económico neoliberal. El libre mercado toca a su fin; y cuando lo que produce el capitalismo norteamericano es más caro que en otras partes, la economía queda a merced de otros. Diríase que dentro de las convicciones de Donald Trump están el restablecimiento de la supremacía blanca y de la economía gringa.

Este poder del norte de América no quiere competir en el mundo globalizado, porque su sociedad ha perdido la capacidad de hacerlo. Y por eso el centro del poder ha salido de su órbita y se ha ubicado en el oriente. Quieren recuperar la primacía expulsando la mano de obra que le dio grandeza. Pero la pérdida no está ahí. Está en la misma opulencia que ha hecho del ciudadano norteamericano un individualista que compite con lo público. Es posible equiparar la situación con lo ocurrido en la Roma de los primeros siglos de nuestra era. Las ciudades opulentas del imperio se acostumbraron a vivir de las mieles de la riqueza y descuidaron la cosa pública. Los ciudadanos hedonistas sacaron a sus hijos de los deberes para con el ejército y el Estado y abandonaron las ciudades en pos de la vida campesina. Sin darse mucha cuenta, destruyeron poco a poco el poder romano y fueron fácil presa de los eslavos y germanos. Hoy los ciudadanos norteamericanos compran en el exterior lo que antes producían. Les va mal con la globalización y quieren sanar su incapacidad con la expulsión de los inmigrantes. El culto de la vida privada ha destruido el imperio económico y solo queda la máquina de guerra.

Imagen de Tiempos modernos de Chaplin

martes, 26 de diciembre de 2017

Memoria colectiva para salir del error



No es lo que fue. Hay queja generalizada por haber perdido la radicalidad y la aspiración a una sociedad sin explotación de los trabajadores. Una sociedad controlada por el Estado, para darle a cada quien lo justo, según su trabajo y sus cualidades. Sociedad meritocrática en la que la propiedad cumpla una función social y las fuerzas productivas desarrolladas produzcan riqueza para todos. Los promotores de esta utopía socialista han perdido la radicalidad y han devenido en potenciar una opción política dócil ante la tradicional sociedad feudal o burguesa. En los países donde ha llegado al poder, en las últimas décadas del siglo veinte, cogobernó el capitalismo y desgastó el prestigio social logrado desde finales del siglo diecinueve, dentro de los trabajadores.

Pero existe un nivel de comprensión, en el que el pensamiento socialista, se inscribe en la memoria colectiva de la humanidad, como una de las posibilidades del comportamiento político dirigido a acabar con la desigualdad y la opresión. Esta memoria legitimante, tiene la factibilidad de habitar en el individuo, quien la materializa y la hace visible, en el tiempo de su existencia. Los individuos por la necesidad impuesta de actuar en su época, buscan en la historia fuerza inspiradora o ejemplarizante.

Los individuos inmersos en este ejercicio, no son predestinados, ni dotados. Son seres prácticos en cuyas mentes se enciende un fuego de liderazgo por las condiciones materiales de existencia de su grupo, de su sociedad o colectivo. La vida se defiende de lo que la amenaza y el individuo líder asume la defensa, construye un acervo de pensamiento con recurso a la historia o a la memoria colectiva, para extraer de allí lo que necesita para luchar.

Esta práctica puede observarse en América Latina desde épocas inmediatamente posteriores al fin de la colonia. Los artesanos de corte gremialista, fueron agredidos por las elites adoptantes del liberalismo, quienes debieron destruir los gremios y convertir a los artesanos en trabajadores para el mercado libre de mano de obra. En Méjico, Colombia y Argentina, los líderes de los artesanos, buscaron en la memoria colectiva ideas para darle a la lucha, bases legitimantes y tomaron inspiración en el socialismo. Así como las elites independentistas tomaron el pensamiento liberal inglés, los artesanos tomaron el socialismo francés.

La historia es una creación colectiva. Del fondo enorme de los acontecimientos, los líderes seleccionan aquellos que pueden ayudar a sustentar los actos de la vida, en especial los pertinentes para exigir derechos. La selección se convierte en la historia para la vida o en un relato de apoyo, fundamento y guía de la lucha por el fin de la opresión. En el siglo veinte Ignacio Torres Giraldo y María Cano en Colombia; José Revueltas y Vicente Lombardo Toledano en Méjico y Pedro Milesi en Argentina, hurgaron en la memoria porque quisieron ser unos continuadores de las luchas populares. Tomaron las experiencias decimonónicas y las contextualizaron en las luchas de los trabajadores del momento. El contexto solo podía ser la práctica y la teoría del socialismo marxista.

La memoria colectiva de la lucha en América Latina, en la imaginación de los líderes, se puebla con la lucha de clases, con la teleología de la misión histórica de los trabajadores, ahora convertidos en clase obrera, destinada a liberar la humanidad de la explotación del hombre por el hombre y los monopolistas de la riqueza. Beben de los ejemplos socialdemócratas en Alemania y de la Revolución Rusa. Ubican como enemigo mundial de la clase obrera al imperialismo norteamericano y se deciden por la construcción de un partido que guie a los trabajadores.

En un primer momento, los líderes, unos instruidos por la academia, otros autodidactas, otros empiristas crasos, adoptaron la teleología de las clases y quisieron, en la lucha diaria, abolir las clases sociales, tomar el poder del Estado para desde ahí destruir la propiedad privada y con el socialismo científico construir la sociedad comunista. Pertrechados con este mundo teórico, recorrieron sus respectivos países, crearon sindicatos clasistas, escuelas obreras, periódicos y huelgas, para enseñarle al trabajador proletario a enfrentar y conocer su enemigo.

En un segundo momento, la memoria colectiva, llevó a otra generación de luchadores, a ver el mundo con un acumulado de experiencias y a concebir la lucha solo desde la organización de un partido político, adscrito a la Internacional Comunista. La política mundial obligaba a los partidos seguidores a construir Frentes Populares para enfrentar el nazifascismo que amenazaba con exterminar el comunismo y las razas inferiores según su política del terror. En los frentes cupieron todas las personas y partidos convencidos de la necesidad de destruir a Hitler y sus apoyos. Se populariza la alianza de liberales, socialistas, comunistas, populistas y democristianos, todos antifascistas. Por eso ingresa a la memoria colectiva de la lucha, la opción de tratar de conseguir el poder del Estado por medio de la participación electoral y luego realizar la revolución clasista.

Un tercer momento se abre con la crítica a los frentes populares y la participación democrática de la izquierda. Se expone la necesidad de la lucha armada de los trabajadores proletarios, por fidelidad a la teoría marxista y sus desarrollos rusos como el leninismo. La memoria colectiva de los líderes, ahora inscritos en partidos políticos, sustenta a unos y otros, a los socialistas democráticos y a los comunistas que quieren imitar la Revolución Rusa. Dentro de este clima teórico y por el ejercicio práctico, se permite la llegada al poder en América Latina, de revoluciones social-liberales como la mejicana y de populismos de izquierda como el peronismo argentino. En Colombia no ocurre. Por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, líder al frente de una propuesta extraña, que logró ligar a comunistas, socialistas, liberales de base y conservadores perseguidos. La contraparte en el campo de la izquierda, siguió su curso y generó la guerra de guerrillas.

La memoria colectiva de la lucha en América Latina, inserta en su haber el debate sobre la educación de la clase obrera, para que fuese capaz de asumir, como sujeto histórico, los dictados de la teleología. En el debate se critica el dogmatismo de imitar, con actitud mecánica, las revoluciones triunfantes y desconocer las condiciones particulares de cada país. Este cuarto momento se inscribe en la necesidad de investigar la historia particular de cada pueblo, para conocer, desde la ciencia de la historia, la idiosincrasia, la cultura, las tradiciones, las formas de pensar la justicia, la igualdad y la solidaridad.

Se puede concluir: hoy no se ha perdido la radicalidad y la aspiración a una sociedad sin explotación de los trabajadores y sin desigualdad. Hoy La memoria colectiva de la lucha en América Latina, es un acervo de experiencias que obliga a los líderes y los partidos a un acuerdo para derrotar los regímenes políticos que viven de privatizar la riqueza pública y condenan a las grandes mayorías a las carencias de la pobreza. Ya no hay teleología pero si inteligencia.

Imagen: diego Rivera 1947. Sueño de una tarde dominical en la Alameda.



Texto suscitado por la lectura de Cultura de izquierda, violencia y política en América Latina de Magdalena Cajías y Pablo Pozzi

sábado, 16 de diciembre de 2017

No está el colombiano civilista



La tranquilidad y seguridad con la que difunden mentiras, políticos, funcionarios y periodistas de los medios de comunicación colombianos; y la credibilidad observada en los oyentes receptores de esos menajes, hace pensar en una condición cultural anclada en la tradición. Es folklor, forma de ser y pensar, carácter, costumbres heredadas, condiciones de seres humanos habitantes de estas tierras colombianas en quienes no ha entrado el mundo. La imaginación les fue cercenada por la educación colonial, cuyos contenidos traslaparon los siglos y se han mostrado invencibles ante los tímidos intentos republicanos de modernizarlos. La escuela cubre más del noventa por ciento de la población en edad escolar, pero se queda ahí en el cubrimiento. Los contenidos se dedican a adiestrar en conocimientos divorciados de la vida. El maestro deposita en el alumno información y el alumno la memoriza para el momento culmen de la evaluación y luego olvidar. Y el ser humano queda con los contenidos del folklor, las costumbres heredadas: cristianismo excluyente, agresivo con los bienes públicos, violencia intrafamiliar, una sexualidad grosera y genital, concepción del otro como botín de guerra, y lo más terrible, se toma la existencia como castigo, porque se espera la redención en una supuesta otra vida.

Por esa cultura de seres humanos sin relación sustantiva con la vida, es por la que un Juez de Bogotá obliga al alcalde a cometer un error gramatical. Debe cambiar su eslogan “Bogotá mejor para todos” por “Bogotá mejor para todos y todas”. En este desfortunio, está involucrado un congresista de izquierda y una mujer capitalina. Desconocen las decisiones de la academia de la lengua, quien hace un llamado a conservar la lógica del lenguaje, inmersa en la gramática que usamos los de habla castellana. Si el juez, el congresista, y la mujer, hubiesen asistido a una escuela para la vida y no para preservar las costumbres del colonizador, sabrían del lenguaje como una convención creada por el ser humano destinada a ordenar el mundo para entenderlo y transformarlo. El lenguaje sintetiza en lo genérico las particularidades, en un ejercicio taxonómico, para poder pensar. Si no se hace así sería imposible el pensamiento, condición que separa al ser humano de los demás animales.

Otra expresión que revela la decisión de continuar habitando la tradición, es la existencia del servicio público de la radio, en manos de particulares defensores de sus intereses. Se escuchó el 16 de diciembre de 2017 a las siete de la mañana. Los periodistas de Blu radio en Colombia, se deshicieron de indignación por la negativa del gobierno venezolano de dejar salir un grupo de 126 niños, pedidos por sus padres emigrados al Perú. Una ONG de diputados opositores fue quien consiguió los niños. Los periodistas mueven a la oyente contra el régimen venezolano, por socialista, por impedir la navidad en familia de los niños. Pero no ponderan que por los niños deben ir los padres; los niños deben viajar con los padres como ocurre en toda América. Otra forma es tráfico de seres humanos. Este periodismo de Blu radio, se escuda tras la libertad de prensa para mover visceralmente al oyente y hacerle tomar posiciones políticas. Esos sucesos en época navideña, y presentados sin ningún análisis y cotejo, consiguen fácilmente la indignación del oyente y las lágrimas profusas.

La escuela divorciada de la vida, impide formar ciudadanos participativos, alfabetizados en la composición de las instituciones y organismos del Estado; por eso la clase política heredera del poder, moviliza a los electores con promesas sistemáticamente proclamadas e incumplidas. Dentro de este contexto, un periodista, de los más escuchados, anuncia la existencia de un golpe de estado en Colombia dado por el poder ejecutivo contra el congreso de la república, por la no aceptación del presidente de la negativa legislativa de cumplir con el acurdo de paz; en especial el punto que crea las circunscripciones espaciales de paz. Por estas circunscripciones, los territorios víctimas del conflicto obtendrían 16 curules en el congreso, directas, sin mediar el rito electoral. El presidente anuncia presentar el caso ante la Corte Constitucional porque el congreso archivó la ley a pesar de haber obtenido 50 votos sobre 99 posibles. En radio Caracol el periodista director de noticias, dice del presidente Santos haber dado un golpe de estado en Colombia por desconocer la decisión del congreso sobre las curules de las víctimas. Este registro de boca de quien lo pronuncia, es un acto de irresponsabilidad pública, pues lo hace desde una instancia pública como lo es el servicio público de radiodifusión. El periodista lo hace porque no le importa que sus palabras muevan a los escuchas a tomar conductas destructivas y explosivas, dadas las condiciones de los oyentes, como ciudadanos sin criterios y las de él, pues se toma la existencia como castigo y espera la redención en la otra vida.

Un caso extremo amerita registrarse, por el nivel de conciencia y premeditación de la manipulación. Es la franja que Caracol radio pone en manos del periodista de Colombia Universal y Las voces del secuestro, en las mañanas de los sábados y domingos. Se percibe una radio en trabajo con sectores aislados del ejército colombiano, contra las conversaciones de la Habana, primero y luego contra los acuerdos. Las voces de gentes comunes, repetidas, dejan la sensación de ser un libreto hecho con finalidades políticas. Todo el tiempo los periodistas y el director están volcados sobre el oyente para introyectarle la convicción de culpar a la guerrilla de la guerra y el conflicto. Y lo peor acusar el gobierno actual de entregar el país a la subversión.

Esos programas y periodistas son posibles por la existencia de un ciudadano maleable y de cultura tradicional. Si los periodistas saben que el conflicto colombiano tiene actores en todos los sectores sociales, ¿Por qué quieren reducir la culpa a uno solo? Ahí está la utilización del servicio público de la radio, para defender intereses particulares entendidos como los intereses de la guerra convertidos en modo de vida, para preservar la desigualdad y la ignorancia. Reconocer la pluralidad de los actores del conflicto, es estar dispuesto a comprender el acuerdo con la guerrilla como un paso necesario para construir un país moderno que realice el colombiano educado y civilista.

Imagen: Beatriz González "Señor presidente, que honor estar con usted en este momento histórico" 1987