miércoles, 6 de febrero de 2019

Una músico de Bello y expresivo sonido



La artista Berenice Hoyos es uno de los patrimonios culturales inmateriales del Municipio de Bello. Ella encarna ese ámbito de la cultura de los pueblos señalado como intangible, un concepto que referencia las producciones culturales sin una materialidad directa. La existencia de este patrimonio cultural está en las relaciones interpersonales o entre pueblos. El músico con sus presentaciones de obras o piezas musicales, crea en los espectadores un nexo espiritual de goce y disfrute que mueve en el oyente una sensibilidad estética o artística, propia de los seres humanos. Conmover esas sensibilidades que a veces se tornan pasiones, es una relación inmaterial entre el artista y el espectador o entre pueblos, relación inmaterial, intangible, pero existente en un soporte material. La música es un patrimonio cultural inmaterial, ubicado en la materia del instrumento, la partitura o en el cuerpo del artista. La cultura inmaterial de los pueblos tiene un vehículo de transmisión material: la obra de arte. En música es la partitura, en las plásticas es la pintura sobre superficies o la escultura en la piedra; en la danza son los gestos rítmicos de los cuerpos, en la gastrosofía que excita el ojo y el gusto son los platos, en las obras artesanales son los diseños, los colores y los materiales de múltiples objetos para útiles o adornos.

Entre las expresiones del patrimonio cultural inmaterial, es la música la más prestigiosa, la más cultivada y la más íntima con la mentalidad y comportamiento de la sociedad. Es ella la primera en presentar ante propios y extraños la identidad cultural, aspecto que ofrece la pertenencia a una nación y a un país. Pero las personas también se convierten en patrimonio cultural vivo de la sociedad. Las personalidades raizales de los pueblos que han dedicado la vida al cultivo de una profesión artística, intelectual, científica o cualquier plano de la cultura, son Patrimonio Vivo.

Berenice Hoyos es Patrimonio Vivo del Municipio de Bello por haber crecido en su territorio y haber dedicado su vida al cultivo de la música. Nació en Cocorná, otro municipio antioqueño, y desde pequeña se radicó en Bello con su familia. Durante la secundaria ingresó al Centro Auxiliar de Servicios Docentes (CASD) en el programa de música lo que le permitió entrar en contacto con muchos jóvenes de la cuidad de Bello y participar en la estudiantina de la institución en 1989. Terminada esa formación inicial, ingresó al Instituto de Bellas Artes de Medellín a estudiar cello. En 1992 ingresa a la Universidad de Antioquia y cinco años después egresa con el título de Maestra en Violoncello.

Berenice inicia su vida de profesional académica como profesora de su Alma Mater, la misma Universidad de Antioquia, y del Instituto de Bellas Artes: este hecho es un reconocimiento a sus capacidades didácticas para transmitir los conocimientos de música. Desde la cátedra inicia una participación decidida y apasionada en la vida de la cultura musical de la ciudad de Medellín y la zona de influencia el Valle de Aburrá; participa como docente en la Red de Escuelas y Bandas de Música, como músico en La Sinfónica de Antioquia, La Filarmónica de Medellín, la Sinfónica de la Universidad EAFIT, La Orquesta de Cámara de Antioquia. Su actividad se extendió a los toques repetidos y sistemáticos con grupos de música popular en los que se la tenía además como vocalista, por su bella y entonada voz.

La práctica musical en la ciudad región metropolitana de Medellín, llevó a que las capacidades profesionales de Berenice Hoyos, entraran a ser reconocidas más allá de las fronteras de su territorio nativo. A partir del año 2.000 comenzaron las invitaciones para viajar a los Estados Unidos de Norteamérica y participar en recitales y festivales de verano en las ciudades de Chicago, Forth Worth (Texas), Las Vegas, Nevada, San Francisco (California).

El reconocimiento del saber musical continúa y en el año 2003 la Universidad de California por intermedio del profesor Andrew Luckansky, le adjudica una beca para hacer un máster en violonchelo en la ciudad de Sacramento. Cuando terminó el máster, la vocación didáctica se renueva y comenzó a desenvolverse como docente de música en la zona californiana. Desde el 2005 trabaja en varia instituciones en esta área: Napa Valley Laguage Academy (School), Napa Valley Symphony Orchestra, Sacramento County Day (School), Camellia Symphony Orchestra. Berenice Hoyos tiene un grupo familiar de músicos, su esposo y su hija también lo son, por eso ha llevado su espíritu docente a desarrollar clases de música para estudiantes privados de cello y piano junto con su familia.

De ella como ser humano y como músico han expresado palabras de admiración y reconocimiento varias personalidades de la cultura colombiana, la prensa latina y norteamericana. Rafael Vega Bustamante crítico de arte y literato colombiano escribió en el periódico El Colombiano de Medellín en 1997 sobre la Orquesta Filarmónica de Medellín dirigida por Miguel Ángel Caballero: “La Sinfonía No. 1 de Dimitri Shostakovich es una composición generosa y eficaz para probar una orquesta y deleitar al público con amplia gama de colorido y, por supuesto para calibrar un director. La manera de vistosa expresión física que usa el maestro Caballero, está de acuerdo para todo lo que tiene esta sinfonía en música de vital colorido, lirismo y drama. Con excepción de la primera trompeta, a la cual le falló un punto para brillar, pues su papel es importantísimo desde que arranca la obra, todos los solos fueron de alta calidad (como) la chelista Berenice Hoyos con su bello y expresivo sonido”.

En el 2001 el Ministerio de Cultura de Colombia comentó en un boletín sobre la Orquesta Filarmónica de Medellín que bajo la dirección de Alberto Correa Cadavid está la alta calidad de Berenice Hoyos, una profesional dedicada, excelente profesor, primer chelista del departamento de Antioquia. La señora Hoyos ha sido invitada a participar en numerosos conciertos y presentaciones en Colombia y en los Estados Unidos.

En el año 2018, el canal Univisión realizó una entrevista a la músico Berenice Hoyos. La presentó como la historia de la maestra de música María dedicada a enseñar el chello a cientos de niños de esta región californiana. La entrevista resalta el método de la docente: la afinación, la atención y la disciplina son las claves para aprender un instrumento; todo niño puede llegar a tocar por la disciplina. En la entrevista María Berenice Hoyos dice “estoy ayudando a niños que hablan español a aprender el idioma de la música, un instrumento convierte los niños en sensibles con sus padres hermanos y amigos. Los padres deben apoyar a sus hijos para que sean perseverantes”. Univisión concluye que los alumnos de esta maestra de música ya han llegado a estar en grandes orquestas profesionales y uno de ellos, músico e intérprete, pretende un premio Grammy.

Imagen: Noelle Maki. "Cello". 2009

viernes, 25 de enero de 2019

Hacer historia del presente


La Historia social, entre los múltiples espacios analíticos que ha abierto, se tiene el más polémico llamado historia del presente o historia coetánea. El contenido apunta la señal hacia la política porque se trata de dar una versión del presente en la que es insoslayable los sesgos o aspiraciones del historiador investigador. La historia del presente no puede hacerse con la pretensión de imparcialidad o sin ningún asidero teórico. El historiador está obligado a recurrir al pasado para poder interpretar el presente. Y con esta actitud, el historiador, se diferencia del periodista que registra los hechos presentes en forma de crónica, tal vez bella, pero inocua. Invocar el pasado para investigar y escribir sobre el presente (hacer historia del presente) es estar en contacto con las corrientes, modelos, o los grandes relatos, para desde uno de ellos, interpretar los hechos del presente.

La historia del presente puede hacerse desde el liberalismo historicista, desde el marxismo determinista o desde las religiones hebraicas, budistas o de la América precolombina. Los hechos presentes se rastrean en los protagonistas o en quienes dan una versión de ellos (oralidad y escritura). El recurso obligado debe ser la memoria del hecho en relación con la motivación de la fuente-sujeto para remembrar este hecho y no otro. La motivación está ligada a la identidad cultural, al sentimiento nacional, a la memoria colectiva y a las aspiraciones futuras. Así se tiene que la historia del presente está en el centro del debate sobre el tiempo. Es la historia de un presente imposible de asirse; pero que puede ser explicado con el pasado y según las proyecciones futuras de la cultura de un pueblo. La inasibilidad del presente se palea con el concepto de contemporaneidad o la coetaneidad que hacen referencia al pasado inmediato y al futuro aspirado porque los actos del ser humano civilizado se inscriben en una proyección.

El historiador del presente está armado con un bagaje de inevitable contenido arqueológico: ¿qué es el ser humano, cuál es su paleontología, su devenir, desde cuando es ser humano, porque existe la historia y la prehistoria? Las respuestas a estas cuestiones potencian el análisis de los hechos presentes. De la misma manera el historiador del presente, tiene una serie de aspiraciones futuras: si tiene argumentos para sostener que el ser humano es un diseño inteligente, una criatura, dirige el análisis de los hechos presentes a querer ver en ellos el mantenimiento del estado originario, a considerarlos naturales y a señalar el peligro de desviación. O si sus argumentos están inscritos en considerar la indeterminación del ser humano, leerá en los hechos presentes, una manifestación de desarrollo dirigido o azaroso.

Las aspiraciones futuras tienen contexto. El historiador del presente montado sobre el imaginario liberal de los siglos XVIII y XIX, leerá en los testimonios de los hechos presentes un acercamiento o distanciamiento del Estado-nación: qué hace falta para adoptar la libertad del individuo y desterrar las trabas para la acumulación de riqueza; trabas instauradas por la intromisión de moralidades o éticas en el desarrollo de la economía. La naturaleza humana tiene una desigualdad originaria y el mundo y la historia deben garantizarla por ese sentido de la libertad. La historia demuestra fehacientemente que el progreso es hecho por los actos de los grandes hombres.

El historiador del presente que avizora en los hechos una manifestación de las leyes de la historia decide el acercamiento de la destrucción de las desigualdades y la opresión de las clases sociales poderosas sobre las clases trabajadoras. Tarde o temprano por efecto de la determinación y sujeción científica del devenir, se realizará una sociedad igualitaria, luego de la destrucción del Estado y sus aparatos ideológicos, instituciones que tienden a perpetuar la opresión de unos seres humanos sobre otros.

Las lecturas del presente adscritas a los mitos religiosos hebraicos, budistas o amerindios, conciben los hechos como purgatorio, o como el deber ser, merecimiento, destinación y acción de espíritus superiores directores de las fuerzas cósmicas que rigen la historia: por la tierra se pasa para llegar a otra dimensión, a otra vida u otro lugar habitado por el creador de todo lo existente.

El historiador del presente hoy, está obligado a tener estas condiciones para leer el acontecer y complejizarlo con las construcciones de las ciencias sociales. Pensar y teorizar el presente obliga a bajar de las alturas de la historia estructural cronológica tal como lo ha concluido el pensamiento social transdisciplinario, a la vivencia de los sujetos y los colectivos localizados, inmersos en las tradiciones con una identidad cultural, un sentimiento nacional, habitantes de una memoria colectiva. Por eso se reivindica la memoria como objeto de estudio; en ella se encuentra el complejo cultural, visible en la investigación de los hechos presentes. La fuente oral o escrita es memoria de alguien afectado por los sentimientos propios o colectivos. Un hecho inscrito en un acontecimiento será recordado u olvidado, es decir inscrito o no en la memoria, porque significa dentro de la identidad cultural. Los contenidos culturales tienen la tradición o la costumbre de nombrar o desconocer, lo significante y lo insignificante, porque el sentimiento nacional filtra o acepta. Ahí está la política con su ingrediente básico, el poder, para explicar los contenidos de la memoria.

La historia del presente se construye en la complejidad del tiempo pasado futuro, los idearios, las aspiraciones, las identidades culturales o las memorias individuales y colectivas. Esta complejidad involucra la acción del poder que crea, por fuerza o convicción las experiencias significativas. El acto de creación del poder, hace que la historia del presente contemple y explique cómo se construye el sujeto desde la educación, la familia, la escuela y los medios de comunicación. Sujeto que reproduce o destruye con actos de carácter simbólicos la identidad cultural, actos que se sabe conmueven porque significan.

Ejemplo. Un crimen de estado en el presente, es un hecho que debe inscribirse en el comportamiento de la sociedad. Quienes detentan el poder del Estado lo hacen porque juegan a la cultura de la nación que lo permite. Una cultura, con una génesis y devenir, que contempla el crimen como estrategia para mantener el orden social. El historiador del presente califica ese hecho como un crimen por su capacidad intelectual de sumergirse en la complejidad, y observa además las prácticas de ocultamiento desplegadas por el poder a través de los entes que construyen el sujeto, la escuela, la familia, y los medios de comunicación, quienes explican el hecho desde la razón de estado o la verdad oficial.

Imagen: Salvador Dalí. Enigma sin fin Óleo de 1938

viernes, 11 de enero de 2019

Experiencia cotidiana


Trajo el vigésimo siglo de nuestra era en el globo de la reflexión sobre la ciencia y sus consecuencias prácticas, la crítica radical del cientismo o del absolutismo del método de las ciencias físico matemáticas. Esa crítica le abrió la puerta a la cualidad como un ámbito tan pertinente como la cantidad para pensar y actuar sobre todos los contenidos humanos. Estos conceptos, la cantidad y la cualidad, señalan dos estrategias metodológicas para la ciencia contemporánea libre de absolutismos y decidida a combinar los dos conceptos con una actitud complementaria. Por este ambiente epistemológico se reconoce un estatuto científico de las disciplinas llamadas humanas o sociales y su decidida analítica cualitativa. El fruto más visible de esta disposición anímica se halla en la microsociología histórica o viceversa, la microhistoria sociológica, con sus variaciones como las historias particulares, la vida cotidiana, la sociabilidad, la vida privada; variaciones que se fundamentan en una línea de pensamiento iniciada a finales del siglo XIX por Edmund Husserl y desarrollada como marca indeleble en el siglo XX con el nombre de fenomenología.

La Historia social, gran marco de la transdisciplinaridad, adalid de los métodos cualitativos, señala el lugar de la memoria como espacio en el que queda la huella de la vida material y la potencia de los actos del diario vivir. Los fenómenos de la tradición, la identidad cultural, las culturas particulares, lo colectivo, son lentes de acercamiento a las formas que permiten la vida relacional de los individuos y los grupos, asumida por lo que se ha llamado Historia de la vida cotidiana.

La Historia social complejiza la memoria y la convierte en objeto de estudio. La pregunta por la historia decanta los discursos sobre la memoria en un espacio cerebral adquirido recientemente por el animal humano y la llama memoria social para diferenciarla de la memoria específica genérica para todos los seres vivos. Por la memoria social se posibilita la historia y se dan los comportamientos relacionales, fenómenos devenidos en objeto de estudio del nivel micro en las ciencias sociales.

El concepto de vida cotidiana se convirtió en una posibilidad, desde que la historia como ciencia social señaló la historia universal como historia general de los grandes acontecimientos excepcionales e irrepetibles. El opuesto de la historia general es y lo ha sido la historia particular generadora de la microhistoria, ámbito de la vida cotidiana. Pensar, escribir e investigar los actor relacionales, las intimidades, la existencia en el presente, no es quedarse en la anécdota cómica de lo que pasa; es ubicarse en la historia de la vida cotidiana, que obliga a leer los actos de los individuos y los colectivos como signos del mundo simbólico que permite mantener y construir la sociabilidad.

Ir a la experiencia existencial de los sujetos y los grupos con el despliegue de métodos consecuentes como la observación participante, la convivencia in situ con las comunidades para el registro de la oralidad o la entrevista profunda, es lo que permite teorizar la experiencia sobre el folclore, el origen y mantenimiento de las fiestas, la génesis de los conflictos sociales y su expresión violenta, de resistencia o pacífica. Acercase a la forma como se construye la cultura popular y la vida en colectividad.

Estas prácticas de acercamiento a la existencia, subsumidas en la Historia de la vida cotidiana, no pueden presentarse en oposición o desprecio de las estructuras generales de la historia que permiten teorizar los grandes periodos. Ejemplo: la Modernidad tiene niveles de expresión general como el triunfo de la razón, el orden republicano democrático, la autonomía individual y nacional, la construcción del Estado – nación o la sociedad capitalista burguesa; pero estos genéricos son sostenidos por las experiencias individuales y colectivas con un más o menos acercamiento o ninguno. Por eso es posible observar comunidades y países que no han podido construir un orden republicano a pesar de tener sistemas educativos para modelar los sujetos. Y se puede observar a su vez naciones que han profundizado la modernidad después de crueles holocaustos. La Historia de la vida cotidiana no contradice la historia de las estructuras; es la opción de verlas operar en el sujeto y las comunidades. O permite observar la resistencia a la modernidad o la lucha por destruirla.

La Historia social, terreno posible de la Historia de la vida cotidiana, recoge la disposición sociológica a pensar lo microsocial de las décadas tempranas del siglo XX. Se le llamó a esta disposición etnometodología, con un diáfano basamento en el lenguaje. Por eso la Historia de la vida cotidiana se dirige a los signos del mundo simbólico, al lenguaje, los gestos, la expresión de los cuerpos, la elaboración de los objetos, contenidos de la cultura. Se reconoce que todo pasa por el lenguaje hasta el punto de proclamar al lenguaje como el creador del mundo humano: el nombrar crea el ser, el sujeto y la cultura.

Hacer historia de la vida cotidiana, es investigar el presente de los seres humanos ubicados localmente en un territorio. Es el presente que se decanta en la cotidianidad como memoria, al decir palabras, escucharlas o construir objetos. El poder decir o construir hace que lo cotidiano sea además un ejercicio político, porque se resiste o se sufre los dictados del orden social. Como ejemplo contemporáneo debe citarse el papel fundamental que juegan los medios de comunicación celosos de su predominio, al punto de controlar el monopolio de la opinión pública. La cotidianidad de los sujeto y colectivos está diseñada y se dirige a ocasionar conductas repentistas en las que opera la memoria inmediata o la exaltación de sentimientos viscerales.

Acercarse a los sujetos que viven lo cotidiano de forma inconsciente, obliga a tener presente estos niveles de reflexión construidos por la Historia Social, en la que se despliega los métodos cualitativos, para traer a la conciencia y poder comprender los actos de los seres humanos.

Imagen: Joan Miró “Mayo 68” Acrílico sobre tela 1973

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Biósfera e historia. El agua de la tierra


Estas palabras se escriben con el nexo de una ecohistoria y motivadas por la observación directa o por imágenes mediáticas de océanos de basura, fauna que muere lentamente por la ingesta de residuos inorgánicos; todo tipo de utensilios de casa en desuso viajando de la quebrada al río y del río al mar. El aire de las ciudades irrespirable y la deforestación hecha por máquinas de una eficiencia aterradora.

El agua sobre el cuerpo o rauda sobre la tierra; agua en el espacio sublunar pendiente en la nube o decantada como lluvia; agua interior como líquido de sustento; agua inmensa oceánica límite de los continentes: verla, tocarla o ingerirla produce éxtasis. Ella siempre ha estado ahí al lado del ser humano y ha pasado inadvertida como objeto de estudio por su abrumadora presencia. Pero en esta modernidad posindustrial comandada por la tecnología, que aplica el proceder científico a la técnica, ha pasado a ser objeto de reflexión por recibir la excrecencia del consumo frenético. Si el agua limpia el cuerpo, se cree ingenuamente que puede limpiar nuestra casa-planeta y recibir todas las excretas del consumo en permanente aumento y sin control. Esta práctica social hace complemento con la deficiente educación generalizada. La basura-excrecencia va al agua y quienes lo practican están obnubilados por el espejismo del progreso y por una educación deshumanizada.

Ver hoy los océanos convertidos en basureros, ver los ríos grandes y menores llevar en sus corrientes los desechos de las ciudades y los ciudadanos; ver el aire saturado de las excretas de la combustión que hace la lluvia ácida; ver la vida amenazada, ha abierto en la reflexión sobre los contenidos humanos un lugar a las relaciones entre la sociedad y su entorno. Ese lugar abierto está asumido por la Historia Social, con el nombre de Ecología Humana. El objeto de estudio, ubicado como una epistemología relacional ser humano-cultura adaptativa, tiene antecedentes en los estudios sobre la agricultura, la geografía, la demografía, la economía y por supuesto en la política, porque desde ahí salen las decisiones reguladoras de la conducta y el comportamiento social. Desde que se pensaron las relaciones del ser vivo con su espacio se le dio apertura a la ecología, palabra acuñada a finales del siglo XIX, pero que indica la reflexión biológica, ya tratada por Aristóteles, retomada por los taxonomistas de finales del XVIII y sistematizadas en la segunda mitad del siglo XX.

Cuando una empresa o un individuo arrojan la basura-excrecencia a las aguas, lo hacen comandados por sus concepciones del mundo, el entorno, el ser humano y el tiempo. Concepciones adquiridas en el sistema educativo y en la proclama de los medios de comunicación. La modernidad posindustrial comandada por la tecnología, creó el individuo ególatra encerrado en su pequeñez, que se autoproteje y le hace a los demás y la tierra lo que él no quiere sufrir.

El consumo frenético va a la par con concebir la naturaleza inagotable o como hecha para hacer de ella depredación, porque ella ha sido donada desde la creación a los humanos. Esta concepción de la naturaleza es rastreable desde el mundo del civilizado temprano. El ser humano nómada, trashumante, consumía los recursos en el trajín del territorio de sus ancestros y permitía la recuperación, porque el ciclo de su recorrido y su pensamiento se fundían en la intelección del mundo. Humanidad y naturaleza estaban unidas en un todo inseparable.

La cultura del sedentario es quien sufre el agotamiento de los recursos y está obligado a pensarlo para superar la limitación. Así como la cultura posindustrial abre el espacio de reflexión para la ecología por la contaminación, se puede generalizar y decir que la cultura del sedentario abre un espacio para pensar la tierra y sus producciones, es decir hacer una historia agraria. Y en congruencia se conectan otros espacios epistémicos: historia geográfica, historia del clima, historia de la alimentación, historia de la estatura, historia del aire y el agua.

Es en la década de los setenta del siglo pasado cuando se afianzan los estudios de la Historia Ecológica dentro de la Historia Social y en ese entramado de la interdisciplinaridad de las ciencias sociales, para responderle a las posturas pesimistas sobre el desarrollo socioeconómico de corte apocalíptico. Se construye la perspectiva del Desarrollo Sostenible, la Ecología Humana, ambas montadas sobre el concepto de Medio Ambiente que establece una relación clara entre las ciencias humanas y físicas. Actitud de la cultura para señalarle caminos a la humanidad y seguir sosteniendo la esperanza de perpetuar la vida sobre el planeta. Se cumple con las razones de ser del papel de la ciencia: hacer historia para prever y planear el futuro.

Evitar la catástrofe de desertizar el planeta y hacer desaparecer la vida, está en la actitud obligada e insoslayable de la Economía Ambiental como espacio dentro de la ecología humana y la ecohistoria, para hacer regir las proyecciones futuras de la cultura por la sostenibilidad. Cultura hoy que consiste en hacer objetos de estudio el agua, la flora, los bosques, el aire; en genérico todo lo que contiene la biósfera.

La ecohistoria tiene una especificidad dentro de la historia social, pero sus hallazgos y construcciones irrigan todos los actos y las prácticas humanas de la contemporaneidad. No hay compartimentos estancos ni en las prácticas, ni en las teorías. La complejidad de los análisis se compagina con la complejidad del ser humano dividido en múltiples aspectos funcionales y a los que responden múltiples objetos de estudio. Esta situación no es anarquía, es complejidad y las decisiones sociopolíticas están obligadas a hacer un esfuerzo de síntesis para garantizar la permanencia de la vida. La política no puede seguir separada de los centros de reflexión, de las academias, de los estudiosos y de la educación humanística.

El ser humano tiene límites dados por los recursos para sostener la vida y la conciencia del límite crea un conflicto que debe resolverse no por la guerra y el consecuente exterminio de poblaciones, sino por la educación y la convicción. El aumento geométrico de la población es un problema que está retando las posibilidades humanas. La solución está en la atención que los centros de decisión sociopolítica pongan a las construcciones de las ciencias humanas, sociales y sus especialidades como la tratada aquí, la ecohistoria.

Imagen: Olivos de Van Gogh 1889

sábado, 15 de diciembre de 2018

La racionalidad de los estudios de género


En los últimos tiempos nada ha causado tanta inquietud en los círculos sociales renuentes a aceptar las consecuencias de la modernidad, como los estudios de género, o el tener que llegar a la democracia radical, fuente de depuración de las sobrevivencias de concepciones socioculturales del viejo régimen, entre ellas la negación de los derechos a grandes poblaciones excluidas como las etnias afrodescendientes, indígenas o las mujeres.

Los estudios de género o el género como objeto de estudio y reflexión, es producto de la Historia Social diseñada en el siglo XX, que convierte todos los contenidos de la sociedad en objetos de estudio dimensionados históricamente, es decir, todos los contenidos del ser humano son considerados producto del devenir y construidos por él. Actitud moderna desarrollada, por la que se han abierto múltiples objetos de estudio para la ciencia natural y social. Desarrollo llamado desde muchas trincheras modernidad tardía o posmodernidad. Estos nombres que indican bastos campos de reflexión, señalan a su vez un ambiente intelectual bajo el cual se construyeron novísimos objetos de estudio ubicados en nuestra contemporaneidad y en la “revolución copernicana” sufrida por la interrelación de la historia con la sociología, la antropología y la sicología y con sus prolongaciones llamadas, Historia Social, etnología o psicoanálisis.

Los estudios de género se abren bajo una sentencia que confronta el conservadurismo autoritario excluyente. Dice la sentencia: los conceptos de femenino y masculino (el género) son una construcción social; y como todos los constructos sociales son engendros del poder. Para comprender el alcance de estas afirmaciones, es necesario estar inmerso en la complejidad de los desarrollos de la ciencia social de nuestra contemporaneidad iniciada en los años tempranos del siglo XX. Si no se comprende que la democracia moderna debe realizar la igualdad de derechos, la justicia socioeconómica, reconocimientos de las formas plurales de la cultura, el respeto a la diferencia o la relatividad de la verdad, no se comprende la pertinencia de los estudios de género y con ligereza se señalan como decadencia o el fin del mundo o se desprecian con epítetos como el de ideología de género.

Desde los años setenta del siglo XX, la proclama del feminismo, debe entenderse como un primer desarrollo en perspectiva de los estudios de género. Se produjo la agremiación de la mujer en busca de la igualdad con un sentido de oposición al hombre acusado de opresor en la lógica amigo enemigo. El segundo desarrollo, ocurrido a finales del mismo siglo XX, los estudios de género progresan hacia el reconocimiento de diversos tipos de familia (monoparental, nuclear, extensa y la realizada por parejas homosexuales), las nuevas masculinidades y la elección a voluntad por el sujeto del género diverso (homosexual, heterosexual, bisexual, transexual). Estos acontecimientos sustentados por la teoría y la observación, fueron los que hicieron explotar las sobrevivencias de concepciones socioculturales del viejo régimen, en todos los sectores poblacionales. Los Liberoconservadores administradores de las repúblicas democráticas desde hace más de doscientos años, los cristianos o hebreogénicos de todos los pelambres y la izquierda que no alcanzó a construir el hombre nuevo como lo prometió la ortodoxia marxista, se han rebelado escandalizados ante la evidencia del género como un constructo del poder de la sociedad patriarcal y los sujetos contemporáneos que exigen reordenar la sociedad con base en la democracia radical en consecuencia con la reivindicación del sujeto autónomo.

La Historia Social y uno de sus contenidos de más choque, las mentalidades, se relaciona en términos francos con el psicoanálisis, cuando se trata de reflexionar sobre la permanencia en el inconsciente de los dictados del poder. Las imágenes, los signos, los símbolos de la sociedad patriarcal son reproducidos automáticamente a través de arquetipos (estereotipos) no consientes y a los que los sectores sociales reacios, adjudican a una supuesta naturaleza humana. La Naturaleza ha puesto el género en el cuerpo y por eso quienes dicen lo contrario están contra el orden natural. Este nivel de invocación, mueve las aspiraciones políticas de la tradición y es un nicho donde se ha producido y se reproduce el fascismo de derecha y el totalitarismo de izquierda.

El mundo de la episteme contemporánea comandado por las ciencias sociales y naturales en una relación con fronteras difusas, ha puesto todos los contenidos humanos en perspectiva histórica. La historia que se tiene, es la historia de la sociedad patriarcal, iniciada con la civilización y sus contenidos, la escritura, la ciencia, el poder político del civilizado. Antes de la historia, en la prehistoria, es difícil acercarse a una explicación reflexiva sobre la relación sexo-género. La creación del masculino y el femenino son claros productos de la sociedad civilizada. Antes, la mujer y el hombre deben concebirse por la extensión al pasado de la observación de sobrevivencias culturales arcaicas, como las que hace la antropología estructural o la paleontología. La concepción del incesto como la prohibición de la práctica sexual entre parientes imaginados y no por la consanguinidad, observación hecha por la antropología, permite acercarse a la relación sexo-género en las sociedades no civilizadas o prehistóricas: igual la prohibición del incesto es un constructo del poder social como lo es la feminidad o la masculinidad. La paleontología que relaciona dialécticamente el gesto y la palabra, porque ambos se generan mutuamente, proporciona una imagen del ser humano arcaico o el sapiens, por la cual deja pensar en un moldeamiento de la conducta por el poder del socius. Nada ha sido dado, todo ha sido construido.

La Historia Social transdisciplinaria y su abanico de posibilidades inscritas y desarrolladas en la llamada modernidad tardía o posmodernidad, ha legitimado una teoría sobre el sujeto-individuo, en la que se argumenta la noción de producto histórico. El sujeto es moldeado por el poder, pero el poder moderno ha pasado del castigo del cuerpo al autocontrol o la libertad inscrita en la democracia radical. Sujetos autónomos que pueden elegir la opción de construir una sociedad no patriarcal, en la que el cuerpo pertenezca al sujeto y en la que el poder de la sociedad tome otro rumbo sin miedos, temores o fobias.

Imagen: Los ojos de la Monalisa de Leonardo Da Vinci

domingo, 2 de diciembre de 2018

La libertad y la historia local


Oscilar entre lo genérico y lo particular es la dualidad inherente a los problemas humanos. Está planteado en el lenguaje con los términos generales como arboleda y su respectivo particular el árbol. Dualidad llevada a las ciencias físico matemáticas o a las humanas. Allí el análisis a nivel de las estructuras señala para definir el lugar de los elementos. El estudio del Estado se hace a costa del estudio del individuo a pesar de que ambos estudios se retroalimentan. Esta oscilación se expresa a su vez en la historia porque permite ir de la macro a la microhistoria o de la historia general, universal o total a la historia local.

En lo local están planteados unos objetos o problemas de estudio claros y distintos a los planteados por la historia macro, a pesar de utilizar los mismos recursos de cientificidad como son la estadística o la cualitatividad. En la historia local–micro, los objetos de estudio son los sujetos interrelacionados, sus instituciones, sin ser las mismas del orden general de la sociedad o el Estado.

El hacedor de la historia local saca a la luz las instituciones o los órdenes por medio de la observación y la vivencia comunitaria, observación que obliga a una actitud inductiva, es decir, obliga a registrar esas organizaciones inéditas por medio del lenguaje y la narración, posibilitando inscribirlas en la conciencia. Es en el nivel de la microhistoria donde tiene fundamento empírico los hechos humanos y las acciones individuales; pero esta observación directa no puede convertirse en una vana gloria para deslegitimar la cientificidad de la historia universal, porque se antepone la noción de realidad como un constructo complejo: es tan real la categorización genérica, como la específica.

La historia local no es la versión micro o simple de las leyes generales de la historia, tiene un nivel de racionalidad distinto. El acuerdo de la comunidad científica de historiadores sobre la realidad del modelo historicista o marxista, ha permitido producir una historia sometida a leyes generales. El historicismo mide el devenir de las sociedades por su grado de progreso y decadencia. El materialismo histórico obliga a cumplir con el dictado de las formaciones sociales que han resuelto su contradicción socioeconómica: si se deviene de un comunismo primitivo, un esclavismo, un feudalismo, un capitalismo, es necesario cumplir con estas leyes históricas y construir el comunismo, luego de resolver la contradicción entre la propiedad y el trabajo o entre las clases sociales burguesía y proletariado.

Pero esa generalidad no aplica en lo local porque se opera por inducción y la generalización no es pertinente, porque no se trata de convertir los hechos de los individuos territorializados en hechos universales. En lo local, el historiador tiene que vérselas con el individuo, los signos y los símbolos atados al territorio. En lo local hay una cotidianidad identitaria irreductible a reglas universales. Es claro que esta actitud de la historiografía contemporánea de volverse sobre lo local, no plantea una disyuntiva insalvable entre micro y macrohistoria. Lo que se trata de hacer visible es la legitimidad de la historia local y la especificidad de su epistemología, materializada en la producción de sus propias categorías.

Se trata de recabar información sobre la vida cotidiana enlazada con el tiempo en el que discurre, atada al espacio o territorio en el que se despliega, ejemplarizada en la vida de los sujetos individualizados a voluntad del historiador. Las categorías de análisis tienen esa referencia producida por la información, pero pueden ser modeladas por las ciencias sociales (sociología, antropología, psicología, etnografía) y localizarlas en el cuerpo, en la mentalidad, en la interrelación societal, en la gestualidad, en la actitud ritual, en el recurso al inconsciente y en las formas de sustentar la vida.

Categoría cuerpo dócil, modelado y consumido por las instituciones o la tradición. Cuerpo que compila el ejercicio de poder de las instituciones educativas sobre la carne, los gestos, las maneras formales, subversivas o alternativas. Categoría de lo político que lee el poder en perenne relación con la posesión de la riqueza y generador de conflictos y violencias que caracterizan el régimen político como justo, desigual o corrupto.

Categoría mentalidad, acervo imaginado del mito de origen y de la norma, por el que la oralidad respeta reglas: qué se puede decir, qué callar; es decir, la forma del pensamiento y su contenido. Categoría ritualidad por la que se rescata o constituyen las fiestas y efemérides anualizadas de la política y la religión; o las prácticas culturales ancestrales de resistencia indígenas y africanas. Categoría referida al recurso de las conductas de base en las convicciones profundas o miedos colectivos potenciadores de asonadas, pánicos o aplicación de justicia por mano propia: la generación de justicieros a la manera de Raskolnikov.

La historia local, sumerge al historiador en una nueva actitud del conocimiento. Se deja, se abandona el proceder tradicional de leer en la vida de los pueblos o los individuos la normatividad del poder o el producto del diseño social de los grandes sistemas filosófico-económicos, ese proceder de lo general a lo particular que se ahorra la observación y hace desaparecer la libertad.

La historia local se dedica a rastrear en las relaciones entre los individuos, el margen de libertad que permite a los sujetos consensuar los comportamientos y resistir el poder supuestamente total e invencible. Los acuerdos se construyen en una relación inmaterial de lectura de los signos y las aspiraciones de autogobierno de los cuerpos, con la convicción que es más valioso que el dinero esa libertad labrada a contrapoder.

La historia local se escribe no como como una narrativa diacrónica en la que los individuos son marionetas sometidos a los dictados de las leyes generales. La historia local se escribe sustentada en la ciencia, visible en textos de rigor argumentativo, producidos por la observación de la vida local palpitante o de su memoria inscrita en la oralidad o en los archivos, insumos para una demografía, alimento y base de las categorías de análisis nombradas. En lo local hallamos la complejidad de lo humano que obliga a reconocer la imposibilidad de someterlo a leyes eternas o normas inamovibles. En este nivel de existencia todo es imprevisto, versátil, movedizo, de una duración suficiente hasta la próxima revaluación.

Imagen: Un pueblo. Pintura de Fernando Botero 1997

miércoles, 21 de noviembre de 2018

La deuda de la historia


Nada más intimidatorio, con un efecto paralizador, como acatar los pronunciamientos perentorios de los cultores dogmatizados de una ciencia humana o social, pertrechados en lo que indica el concepto de la especificidad. Esto pertenece o no a la ciencia, esto es un préstamo que ilegitima lo que se haga, dicen. Hay una serie de sentencias llamadas a recluir al cultivador de la disciplina en el mundo cerrado y por tanto fracasado de la identidad. Para evitar este comportamiento de feudo, puede hacerse un ejercicio de situar el presente de la historia en el mundo del pensamiento.

Pensarse es muy humano. Sólo lo hacen los humanos. Pensarse arrastra a los otros tras ese ejercicio. No se puede pensar sobre sí sin pensar a los demás. La pregunta por sí mismo es una pregunta por todos. Por eso, ese añejo pensamiento desemboca en la acuñación de la palabra sociología, tarea asumida cuando se quiso hacer del discurso sobre la sociedad un émulo de la ciencia física. Se produjo la ciencia de la sociedad o sociología, destinada por Comte a ser la religión científica de la humanidad. La acuñación de la palabra y el concepto que involucra, creó un culto del progreso sustentado en una lógica diacrónica. Esta actitud del pensamiento y la cultura entra a ser identificada en su relación con la historia como historicismo.

La época del historicismo es la convicción de estar en un mundo que deviene en un progreso permanente de todos los contenidos humanos “hacia mejor” como lo escribió Kant o en perfección permanente del espíritu humano que se hace más racional cada vez como lo concibió Hegel.

Estas nociones se traen acá para relacionar la historia con la sociología. Si la sociología buscó la cientificidad en las ciencias duras como la física y la biología, la historia la buscó en las ciencias sociales o humanas. Ambas búsquedas ocurrieron en tiempos distintos. La sociología lo hizo en el siglo XIX y la historia en el siglo XX temprano.

En la sociología además de la física social de Comte, se cuenta el organicismo de Spencer y luego por la influencia del marxismo, la búsqueda del hecho social como unidad básica de la cientificidad de Durkheim. El marxismo al exponer el materialismo científico es quien inicia la tradición de dotar a la historia de un basamento científico, proceso que puede entenderse como un primer acercamiento de la historia a la sociología: ese es el materialismo histórico. La historia sale del historicismo por seguir el desarrollo de las ciencias sociales en ese temprano siglo XX. Uno de los primeros acuerdos revolucionarios fue el tumbar las pretensiones occidentales de ser la cultura superior ante la cual debían postrarse los demás pueblos del mundo. Abre estas novísimas ciencias la pluralidad de las culturas y el reconocimiento de las diversas formas empleadas por el ser humano para acercarse a la naturaleza en los planos económicos e intelectuales.

El análisis a nivel del individuo o del colectivo, lleva a las ciencias sociales a construir un enfoque sicológico, extremado en la exposición freudiana del sicoanálisis, para el sujeto; y el nivel colectivo se inscribió en el desarrollo de un estructuralismo que atrapó el pensamiento de la sociedad en una matematización insospechada antes. La sicología y el sicoanálisis posibilitaron la creación de la historia de las mentalidades dirigida a rastrear los imaginarios, los idearios, el pensamiento que han potenciado los grandes y pequeños acontecimientos motores de los cambios.

Y la antropología estructural dio posibilidad a una historia socioeconómica de larga duración por considerar la economía como una estructura que permanece y sobrevive a las épocas. Cupo la historia de las estructuras en el ámbito de sociología marxista, levantada sobre la economía como el determinante en última instancia de los actos y los pensamientos humanos.

En la primera parte del siglo XX la historia con pretensiones científicas bebe de las ciencias sociales y se acuña el nombre de Nueva Historia para caracterizar una historia que ata los contenidos mentales de la humanidad a las prácticas socioeconómicas en una relación dialéctica entre cultura y naturaleza. Ambos mundos se motivan y se generan. En el devenir histórico de los pueblos se puede sustentar, por la observación radicada en los archivos, la motivación de los cambios y las transformaciones en las revoluciones conceptuales o de pensamiento. A su vez se sustentó el cambio y la revolución en las adquisiciones técnicas dependientes de las transformaciones del trabajo, o en rigor, en las condiciones económicas. Por eso los cultivadores de la Nueva Historia, en Europa y los Estados Unidos (Bloch, Fevbre, Le Goff, Duby, Braudel, Huizinga, Elton, Ariés, Anderson, Hobsbawn, entre otros) produjeron obras de manera profusa de historiografía, cuyos títulos señalan los temas inscritos tanto en la mentalidad como la economía: las revoluciones científicas, la arqueología de las ciencias, los reyes taumaturgos, la formación de la clase obrera, la niñez y la vida familiar, la religión y revolución, la sociabilidad, la sociedad cortesana, la destinación del protestantismo, el problema de la incredulidad, los intelectuales del medioevo, lo maravilloso y lo cotidiano, el nacimiento del purgatorio, la enfermedad cultural, el mundo mediterráneo, la economía moral, el puritanismo y la revolución, la monarquía absoluta, la fuerza del consentimiento, entre tantos otros..

El presente de la historiografía, está marcado por la adopción en las ciencias sociales del estudio del lenguaje y en consecuencia de la comunicación, estudio cultivado por la denominada comunicología posada sobre el texto escrito o sobre la oralidad como texto. Las humanidades o las sociales, en la segunda parte del siglo XX buscan la cientificidad en la construcción de textos de alta reflexión y desarrollan una cientificidad basada en la pertinencia, la coherencia, la comprensión, en la hermeneusis de la experiencia, en la sincronía o sobreposisción de procesos y sistemas. El producto de este giro se expresó en una historización radical de las ciencias sociales como parte del fenómeno de la complejidad del saber sobre la humanidad. Ninguna de las disciplinas puede hablar o escribir desde la especificidad porque las fronteras se han disuelto y esta condición no es falta de método, sino la apertura a la multiplicidad metódica.

El préstamo, el intercambio, el tráfico de conceptos entre las ciencias humanas y sociales, le ha dado a la historia unos horizontes para la época contemporánea. Se ha renovado el sentido del concepto Historia Social porque recoge la riqueza de las producciones del siglo XX y no puede renegar de los aportes de “posmodernidad” que nuclea el volcamiento del análisis social sobre el lenguaje o la textualidad oral o escrita.

Por eso hoy se hace historia en los ámbitos de los estudios de género, la condición social de la mujer, lo medioambiental, el ecosistema, las historias particulares o la historia local, la vida cotidiana, historia del presente e historias de vida o historia de lo vivido por cualquier sujeto. Historias todas con el mismo rango de pertinencia de la historia política, historia económica, historia de las ideas, historia del arte o historia de las religiones.

Texto en deuda con “Tendencias hitoriográficas actuales. Escribir historia hoy” de Elena Hernández Sandoica. 2003

Imagen: tai-huizitaku (pintor y escribano) mixteca de Alfonso Ortiz y Juárez 2009