martes, 5 de octubre de 2021

Constitución de Cúcuta de 1821. Doscientos años de plutocracia


Hace doscientos años en Villa del Rosario de Cúcuta, los pudientes, la élite con poder económico del recientemente muerto virreinato de la Nueva Granada, se sentaron a manteles para crear la nación colombiana e instituirla. El terror del reconquistador Pablo Morillo los hizo despertar del sueño constitucionalista de la llamada “Patria boba” en el que los notables ilustrados de las provincias dejaron por escrito sus idearios independentistas en sendas constituciones, ingenuas o tímidas, así: Constitución del Estado libre e independiente del Socorro. Agosto en 1810, de corte pactista, monárquico-constitucional. Constitución de Cundinamarca 1811, monárquica y absolutista. Acta de Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada 1811 (Antioquia, Cartagena, Neiva, Pamplona, Tunja). Constitución de la República de Tunja de diciembre de 1811, liberal republicana. Acta de Independencia de Cartagena de noviembre de 1811, tímida ante la monarquía. Constitución de Cartagena de julio de 1812, monárquico - constitucionalista. Constitución de la República de Cundinamarca de abril de 1812, liberal. Constitución del estado de Antioquia de marzo de 1812, liberal. Constitución de Mariquita de junio de 1815, liberal.

Luego del triunfo en la batalla de Boyacá, la elite con poder económico, se dispuso a una guerra prolongada de liberación nacional. Y para ello necesitó centralizar el poder en el ejército y en un orden jurídico. Esto fue lo que ocurrió en Cúcuta en 1821. Y escribimos aquí sobre la obra de la elite pudiente, porque esta denominación permite acercarse al hecho histórico de una manera distinta a cuando hablamos de patriotas. Bajo la palabra patriota la historia oficial y mítica esconde la desigualdad que pasó de la colonia a la república y aun se mantiene.

Los criollos del virreinato de la Nueva Granada, adquirieron el poder económico a finales del siglo XVIII cuando la monarquía borbónica reformó la economía de los territorios de ultramar, es decir, de la América española, para ordenar las arcas reales y sostener sus guerras periódicas en Europa. Una de las medidas fue rematar las tierras realengas. En el Nuevo Reino de Granada los criollos descendientes de encomenderos y con capital, en virtud de este remate, terminaron con inmensas posesiones, dando origen al hacendado ilustrado con pretensiones de transformar su poder económico en poder político.

Aprovecharon la invasión napoleónica a España en 1808 para declarar la independencia y darse su propio orden político. Pero como puede verse en las constituciones de 1810 a 1815, la revolución no se planeó, fue espontánea y por eso la confusión en la construcción de la nueva nación. Y como se dijo arriba, fue necesario el terror de la reconquista iniciado en 1815, para obligar a la adopción de un orden constitucional centralizado y sustentado en el liberalismo rousseauniano y en el pensamiento jurídico de Montesquieu.

La Constitución de la República de Colombia de 1821, es la creación de una nación hecha acorde con las necesidades la elite criolla hacendada. Legislaron en nombre de dios y la nación, para los hombres libres y sus hijos. El pueblo de hombres libres (no se incluyen los esclavos) ejerce el poder mediado por las elecciones. Puede participar en las elecciones el…

“RTICULO 15. 1. Ser COLOMBIANO. 2. Ser casado o mayor de veinte y un años. 3. Saber leer y escribir; pero esta condición no tendrá lugar hasta el año de 1840. 4. Ser dueño de alguna propiedad raíz que alcance el valor libre de cien pesos. Suplirá este defecto el ejercitar algún oficio, profesion, comercio, o industria útil con casa o taller abierto sin dependencia de otro, en clase de jornalero o sirviente.”

El orden construido en Cúcuta hace doscientos años, fue excluyente y por eso no fue democrático. Fue un orden para los dueños de un capital de cien pesos, el precio de una hectárea de tierra, de una finca que hacía de su dueño y su familia un grupo privilegiado. Ahora para ser representante, aumenta el requisito de poder económico, además de la cualidad de saber leer y escribir en una sociedad iletrada. Dice el

“ARTÍCULO 21. Para ser Elector (es el representante salido de la asamblea parroquial) se debe […] 4. Ser dueño de una propiedad raíz que alcance el valor libre de quinientos pesos, o gozar de un empleo de trecientos pesos de renta anual, o ser usufructuario de bienes que produzcan una renta de trecientos pesos anuales, o profesar alguna ciencia, o tener un grado científico.”

Los electores se reúnen también en Asamblea de Electores por provincia para elegir Presidente y vicepresidente de la república, los senadores por departamento, representantes por departamento y diputados de la provincia. Luego de estas condiciones y dotar la república de su debido tren burocrático, establecen las disposiciones generales en el título VIII. La primera disposición establece: ARTÍCULO 156…

“el derecho de escribir, imprimir, y publicar libremente sus pensamientos y opiniones, sin necesidad de examen, revisión o censura alguna anterior á la publicación. Pero los que abusen de esta preciosa facultad sufrirá los castigos á que se hagan acreedores conforme á las leyes.”

Esta disposición tiene la forma de un contradicto; se establece la libertad, y al mismo tiempo se niega. El negador es el que dice con qué, cómo y cuándo se abuza de la “preciosa facultad” de expresar libremente las ideas. Además la elite de notables ilustrados no rompe con el pasado colonial, lo utiliza, lo mantiene y solemniza ese nexo en el

ARTÍCULO 188.-Se declaran en su fuerza y vigor las leyes que hasta aquí han regido en todas las materias y puntos que directa o indirectamente no se opongan a esta Constitución ni a los decretos y las leyes que expidiere el Congreso.”

En Villa del Rosario de Cúcuta se crea la república de Colombia, llamada por la tradición historiográfica “la Gran Colombia”, por contener los territorios que luego, a partir de 1832, serán las repúblicas de Venezuela, Ecuador y Nueva Granada. Los constituyentes actuaron a la manera griega cuando se instituyó la democracia en una sociedad esclavista. Participaron de ella solo los hombres libres, los demás, los esclavos, las mujeres y los niños quedaron excluidos.

Lo dice taxativamente el “ARTÍCULO 4.-Son colombianos: 1. Todos los hombres libres nacidos en el territorio de Colombia, y los hijos de éstos;”. Atención, no dice todos los hombres nacidos en el territorio son libres. Dice, entiéndase, son colombianos los hombres libres; por eso actuaron a la manera griega; la elite de notables ilustrados crearon la república democrática de Colombia dentro de una sociedad esclavista. Crearon un gobierno de hacendados para hacendados.

Guillermo Aguirre González

Octubre 2021

viernes, 1 de octubre de 2021

Parque, cine y radio. Cultura en Bello 1940 -1950.

 

Sí, todo es cultura. El hacer, las prácticas humanas sólo tienen esa denominación; pero es necesario especificar para comprender como opera la memoria y el orden del pensamiento. Por eso sacamos de la cultura la ciencia, el arte, la religión, y la política. Y dentro de cada uno de estos compartimentos hemos hecho a su vez divisiones y especificidades muy particulares. Pero cuando queremos hablar de una de estas especificidades solo lo podemos hacer buscando las relaciones con el todo de la cultura y sus partes. Aquí es donde adquiere sentido una actitud dialéctica entre la parte y el todo, para saber y poder interpretar las acciones de los habitantes de un territorio.

Para tratar de hacer un acercamiento a la cultura desplegada en Bello en la década 1940 – 1950 por sus habitantes en necesario compartimentarla y el aspecto más importante que rebela el ser ante la vida, es la vida cotidiana. Cómo se vivió la ciencia, el arte, la religión, y la política, en el día a día.

Para no caer en un esquema, nombremos algunos acontecimientos que marcaron el ritmo de la vida. Terminación de la construcción del nuevo templo del Rosario. Se inauguró en 1947. Desde este podio poderoso e intimidante, una iglesia inmensa, hecha en mármol, oro y bronce, todo importado del país capital del cristianismo, de Italia, hasta el arquitecto constructor Albano Germanetti, se dirigía la conducta de los bellanitas. Dice Guillermina Zapata hablando del presbítero Rogelio Arango Calle, como en las Fiestas de San Isidro remataba desde una biflora con su matera en 50 centavos, hasta cerdos y vacas lecheras y las gentes terminaban diciendo “Ah, es que el padre Arango, le pone color al remate! Ah, es el alma de Bello... esto es lo mejor de Bello, y sus fiestas de Corpus.”1 Es el registro de la adscripción extática (éxtasis por la confirmación práctica de la belleza habitante entre el espacio, el tiempo y la economía) de la gente común a la jerarquía eclesiástica y su poder. Pero al lado de experiencia de San isidro, estaban los críticos con una mentalidad de difícil comprensión, pero que con sus palabras se ponían fuera de la sociedad de la iglesia. Por su ventanita, Guillermina, después del éxtasis sacro, testimonia sobre El “borrachito de la calle arriba, apodado Nano, [este gritaba] siempre su mismo mensaje “¡Viva el partido liberal! Y que venga el hijueputa que le cambió el nombre a mi pueblo. Yo no soy de Bello… Soy de Hatoviejo… Que viva mi Hatoviejo!”2

Este mismo presbítero, Rogelio Arango, excomulgaba repetidamente a uno de los líderes culturales de la década, Delimiro Moreno, por comunista y ateo. Aunque el cura, admirado por sus feligreses, no lo acusó directamente, fue su coadjutor Carlo Pérez… “Según Vallejo, este aventado bellanita no fue excomulgado por bañarse un viernes santo, sino por denunciar al párroco de Bello en un comunicado mimeografiado, debido a que el sacerdote era propietario de una sala de cine y había despedido sin justa causa al operador del proyector, sin pagarle la liquidación ni el último salario”. En palabras de Delimiro, “ya no era el cura Arango—que había desertado de sus votos—, ahora era el cura Luis C. Pérez, un vocero de la oligarquía industrial antioqueña, un tipo feroz, me excomulgó en todas las misas”3.

Desde la Iglesia del Rosario se irradiaron dos actitudes ante la cultura. Una para el católico genérico, básico, consumidor del clericalismo y admirador del poder eclesiástico. Y otra, la que irradiaba el presbítero Roberto Jaramillo, animador de tertulias literarias o culturales. Uno de los fundadores del Grupo Marco Fidel Suárez en 1949 y quien fuera monaguillo para la época en la que el presbítero Jaramillo se desprendió de su biblioteca personal, Rafael Castaño, dijo que se la pasó al grupo para que la pusiera al servicio del pueblo4.

Sobre la acción cultural en Bello de este presbítero que consideraba escandalosa la relación religión y política, dice el pintor Mario Madrid, quien lo conoció de cerca, -acostumbraba reunirse con amigos, en el centro de Bello; amigos de reconocido trabajo cultural en Antioquia: Ciro Medina, Carlos Castro Saavedra, Fernando González y Luis López de Mesa, o extranjeros como el poeta mejicano Carlos Pellicer5.

La ciudad de Bello en la década 1940 -1950, contaba con una población aproximada 30.000 habitantes; con espacios de encuentro que facilitaban la discusión política y cultural como el parque Santander, los bares y cantinas a su alrededor y los Teatros Iris y Rosalía. El cine, la política y las tertulias, influenciaron a jóvenes y “maduros”. Maduros como José Abel Jiménez o Hernán Villa Baena; Jóvenes como Rafael castaño, Delimiro Moreno, Miguel Ángel Días García, José Benjumea, Abel Álvarez, Hernando Velásquez, Israel Escobar o Alfonso Hernández, “…conversaban con el padre Roberto Jaramillo Arango, autor de unas magníficas traducciones de Horacio quien nos animaba a los jóvenes a pesar de nuestras inquietudes existencialistas…”6. Inquietudes por las que entraron en el conocimiento de una literatura filosófica, permitiéndoles tomar distancia de la literatura estrictamente marxista. Leyeron a “Hegel, Husserl, Sartre […] Merleau-Ponty, Lefervre, Lukács, Levi Strauss”7

Luego de la inauguración del templo del Rosario, la fisonomía de Bello, se puede imaginar, como una ciudad de tierra; casas de altos tapiales, cubiertas de teja, vigiladas por una inmensa iglesia ricamente ataviada, desde la cual emanaba una cultura clerical. Pero hubo otras fuentes de expresión y prácticas culturales, otros imaginario que si bien no hicieron ruptura con la religión, habitaron unos imaginarios basados en el bienestar y progreso de la ciudad y los ciudadanos.

Desde las fábricas y el ferrocarril emanaron esos otros imaginarios que llegaron con el telar y los rieles. El contexto nacional es insoslayable. La Revolución en Marcha se adscribió a la lucha contra el nazi-fascismo e impulsó en el país los Frentes Populares donde se dio la alianza entre comunistas, socialistas y liberales. Ese fragor de la lucha contra Hitler y Musolini, le quitó protagonismo al conservatismo colombiano; pero no lo calló. Las políticas obreristas de López Pumarejo se dirigieron a proteger, ampliar y garantizar la acción sindical. Actos que se tradujeron en un práctica defensa y promoción del sindicato único.

Hubo una sola central obrera (la CTC) de 1936 a 1946, liderada indiscutiblemente por el sindicato ferroviario. Por eso, desde los Talleres del Ferrocarril de Bello, se registran actividades de cultura política, y desde las fábricas textiles se irradió una cultura de nuevo cuño, nuevo imaginario de lucha anticlerical, antifascista y prosocialista o comunista; dice Jairo Gutiérrez de uno de los jóvenes “[…] culto y escritor comprometido en el concepto sartreano, con el destino del pueblo, del proletariado y el campesinado oprimidos por el imperialismo, las transnacionales y la burguesía nacional, su abyecta lacaya”8. Pero esas ideas se extendieron a algunos otros de estos jóvenes, Bernardo Muñoz o Mario Atehortua, aunque luego de 1953, saludaron la dictadura de Rojas Pinilla… “la dictadura ha muerto viva la dictadura” dijo uno de los miembro de grupo M.F.S. en un acto público, expresión de apoyo a Rojas que les ocasionó enemistad con los directivos liberales de Bello, entre ellos Colís Paniagua.

Los sindicatos de Bello, de Fabricato y luego Pantex, tuvieron al abogado Villa Baena por su defensor, graduado en la Universidad de Antioquia en 19429. Llevó muchos casos de obreros y se granjeó fama de efectivo, hasta que la empresa textil Coltejer le ofreció un buen salario para que cambiase de bando, oferta que rechazó. Obreros y sindicatos inmersos en el liberalismo intervencionista de López Pumarejo, quisieron poner el estado al servicio del pueblo y de la cultura. Villa Baena, Luis Montoya Cuervo, Francisco Cadavid, Óscar Agudelo y José Abel Jiménez, animaron la cultura de los años cuarenta del siglo veinte, leían por vocación, sabían de música y literatura; “Entre ellos hubo diferencias, pero a las dos o tres de la tarde tenían una tertulia con el padre Roberto Jaramillo. La hacían en Pozo del Rotal entre Copacabana y Girardota”, dice Armando Estada Villa10. Además del debate y la fama de cultos, crearon y difundieron periódicos locales, que cumplieron un papel de dinámica cultural en una ciudad cuyo interés era el trabajo fabril y el rendimiento económico.

El pensamiento de aquellos que aquí llamamos “maduros” lo dejaron signado en un par de periódicos sostenidos en la década: “Acción” dirigido por José Abel Jiménez y administrado por Alberto Monsalve; “Juventud” de un grupo de liberales. En “Acción” José Abel le dice al Concejo elegido en octubre de 1945 que solo con la unión se demostraría el deseo de trabajar con desinterés y llevar la ciudad “a una época en que veamos a Bello marchando por la ruta que desde hace muchos años le ha señalado su industria y una altiva generación que lleva siempre la mano empuñada en alto y hacia a delante”11. Llama a la unión, porque hay odios partidistas y ambiciones personales generalizados en esa década en la que se consolidó la violencia cruel y genocida. El puño en alto no fue un gesto sólo de papel; se realizó en el fragor de la confrontación. Pero además fueron capaz de hacer que el estado municipio montara una emisora local llamada la Voz de Bello que reproducía por altoparlantes ubicados en el quiosco del parque Santander programas del acontecer nacional y uno llamado “Selección Musical”. El 17 de noviembre a las 8:30 de la noche se presentaron “los siguientes números: oberturas “Italianos en Argel” y de la ópera El barbero de Sevilla, de Rosini; “Danza Macabra”, de Saint Saenz; “Miserere” de Verdi; obertura “Las Alegres Comadres de Windsor”, de Nicoli; selección de la ópera “Rigoleto” de Verdi…”12 En los números 2,3,4 y 5, Hernán Villa Baena publica artículo en el que da cuenta de su lectura sobre el sicoanálisis en el que testimonia haber leído además de Sigmund Freud, a Jung, Nietzsche, Schopenahuer y termina con esta apreciación: “La educación es tanto más eficaz cuanto mejor se [¿acerque?] a la personalidad del educando. El sicoanálisis ha enriquecido las disciplinas pedagógicas, por cuanto suministra el método preciso de exploración del subconsciente que es la verdadera personalidad humana”13

En el periódico Juventud un informe de comisión en el concejo firmado por el alcalde Samuel Mejía y el concejal Villa Baena, es una especie de declaración de la función social del derecho laboral. Dice: “En consecuencia todas las normas jurídicas del trabajo deben ser interpretadas como mejor convenga a los intereses sociales, que son los del gran número de trabajadores desconocidos hasta ahora por los estatutos civiles”14.

La década de los cuarenta presentó un ambiente cultural complejo, porque la confrontación obligó a los protagonistas a sacar y expresar sus convicciones sociales, filosóficas o políticas y defenderlas con la palabra y el hecho en los espacios de encuentro. El universo reformista liberal se desplegó por una mayoría política que sembró en el imaginario de los bellanitas una idea de progreso material e intelectual, alcanzable en el corto plazo. Pero la reacción conservadora obligó a desviar esos sentimientos y actitudes hacia la confrontación cruel y visceral.                                                                                                              

                                                                                                                             Guillermo Aguirre González

Notas

1. Zapata, Guillermina. Ventanita de mi pueblo. Memorias de la Calle arriba. En Revista Huellas. Centro de Historia de Bello. No. 1. Bello. Año 2000. Pág. 17

2. Ídem Pág. 15

3. Gutiérrez, Jairo. Delimiro Moreno Calderón: librepensador, militante revolucionario, historiador y periodista. En Revista Huellas de Ciudad. Centro de Historia de Bello No. 15. Bello 2014. Pág. 71

4. Espitaleta, Sergio. Roberto Jaramillo Arango. Un sacerdote poeta en un pueblo prosaico. En Revista Huellas de Ciudad. Centro de Historia de Bello No. 15. Bello 2014. Pág. 71

5. Ídem. Pág. 62

6. Gutiérrez, Jairo. Delimiro Moreno Calderón: librepensador, militante revolucionario, historiador y periodista. En Revista Huellas de Ciudad. Centro de Historia de Bello No. 15. Bello 2014. Pág. 73

7. Ídem. Pág. 73

8. Ídem. Pág. 72

9. Aguirre, Guillermo. Hernán Villa Baena: un liberal culto, defensor de los trabajadores. En Revista Huellas de Ciudad. Centro de Historia de Bello No. 15. Bello 2014. Pág. 80

10. Ídem. Pág. 82

11. Jiménez, José Abel. Editorial. El Nuevo Concejo. En periódico Acción No. 4. Bello noviembre 1º. de 1945

12. Jamel. Contra el Viento. Concierto. En periódico Acción No. 5. Bello noviembre 17 de 1945

13. Villa Baena, Hernán. Sección científica. Psicoanálisis. En periódico Acción No. 4. Bello noviembre 1º. de 1945

14. Periódico Juventud No. 12 Noviembre 2 de 1941.


miércoles, 8 de septiembre de 2021

Versión local de la violencia. Bello años cuarenta.

El nombre del parque principal de Bello, fue posible por la llegada al concejo municipal en 1930 de una mayoría liberal. Y estos liberales estuvieron inmersos en esa teoría construida a partir de 1848 y 1849 años en los que se proclamaron los manifiestos fundacionales de los partidos tradicionales colombianos. Ezequiel Rojas lo hizo en el 48 y Mariano Ospina Rodríguez en el 49. Rojas sustentó como el ideario liberal bebía de las ideas de Francisco de Paula Santander y Ospina señaló que las ideas conservadoras se arraigaban en el pensamiento bolivariano.

Esta teoría reduccionista del origen de los partidos políticos en Colombia se afianzó en la mentalidad de los colombianos, desde entonces, y por eso el nombre de los parques construidos durante el régimen conservador, o de los municipios de tradición conservadora, llevan el nombre de Bolívar. De ahí que Bello tenga el Parque Santander, porque ese espacio de ocio se inauguró en 1937, pleno dominio de mayoría liberal en el concejo municipal, institución que puso el nombre.

Pero la confrontación entre liberales y conservadores fue más allá de ponerle nombres los espacios o de pintar las casas de azul o rojo; llegó a convertirse en un fanatismo violento luego de la utilización de la radio como medio masivo de comunicación.

Construido el Parque Santander, se dotó de un quiosco y en él se instaló un aparato de radio que retransmitía música, y en especial, lo más importante, retransmitía los discursos políticos de los líderes de la época que venían acumulando una confrontación violenta. Esta pasaba del discurso a los hechos. Los discursos del liberal Jorge Eliécer Gaitán y los de Laureano Gómez conservador, estaban impregnados de una oratoria altisonante, estruendosa y altamente gestual, tal como la diseñó el nazifascismo.

Por eso los habitantes de Bello pasaron del fanatismo atenuado, devenido del siglo diecinueve, a un fanatismo activo que enfrentó a los vecinos. Fue común los matrimonios entre vecinos de filiación contraria y también común las agresiones entre vecinos y parientes por lo mismo. Delimiro Moreno cuenta que su padre Octavio Moreno, dueño de una fábrica de artículos de cuernos “cachos”, fue un líder político liberal, que se enfrentó con un vecino conservador; en ese altercado “perdió un ojo y se hizo uno postizo con material de cacho”1. Y está además el comentario que confirma los lazos matrimoniales entre contrarios políticos. Dice: “fue una época en la que el liberalismo era considerado pecado, y el anticomunismo, profesado por la doctrina social de la Iglesia, estaba al orden del día. De hecho, [mi madre] Mercedes, que era de mentalidad conservadora y amiga de los curas, confabulada con el párroco, un día [me] quemó los libros…”2

En Bello, la violencia política, no fue generalizada, hasta llegar a producir desplazamiento masivo como en otras regiones colombianas. La violencia la ejercieron personalidades conocidas por todos y de quien se hablaba en voz baja. Las gentes, en general se protegían entre ellas; pero el fanatismo prendió. Un ejemplo traído por Moreno, es lo ocurrido al grupo que crearon unos jóvenes en 1949, dice: “Rafael Castaño Franco, secretario del Concejo de Bello, líder conservador por lo que, […] nos sirvió de mampara contra los violentos de su partido, entre ellos Miguel Velásquez Uribe; un tenebroso sujeto llamado El Marinillo, jefe de la banda que incendió a Rionegro; el oscuro “Pastelero”, etc. que no admitían nuestra actitud ‘revolucionaria’ como grupo”3.

Y enemistades individuales memorables que no pasaron a las descendencias; como la del hijo del tendero de la calle 53 con la carrera 50, enfrente de la casa de la pintora Lola Vélez, el conservador Germán Orrego, perseguido por los liberales desde 1930 y por ese motivo se enfrentó con Octavio Moreno, mi padre dice Delimiro Moreno; pero que a pesar de eso, “el viejo godo Orrego era mi contertulio para resolver crucigramas y yo lo estimaba mucho como mi mejor amigo de entonces”4.

Luego de la renuncia a la presidencia de la república de Alfonso López Pumarejo, terminó el periodo presidencial Alberto Lleras Camargo a quien le tocó garantizar el retorno de los conservadores al poder en cabeza de Mariano Ospina Pérez. Y el retorno se dio también a nivel municipal y departamental. Por eso se testimonia directrices de estos niveles administrativos a los funcionarios para atacar a los liberales luego de que estos perdieran el poder. Esto puede entenderse como retaliación y desquite.

Las relaciones sociales se vieron atravesadas por la confrontación, y los niveles institucionales de la iglesia, la policía, el ejército y el gobierno desempeñaron el papel de propiciadores, y la profundizaron. El alcalde de Bello en el año 48, Luis María Correa, permitió que la policía, seleccionara a las personas según su filiación política para requisarlas y atropellarlas. En el barrio Buenos Aires la tienda de Pablo E. Montoya fue allanada por un suboficial de apellido Jaramillo y su tropa de diez policías. Le decomisaron herramientas de trabajo y ante la queja, el policía le contestó que eso lo hacía para “que probara que no se vivía ya en el gobierno liberal”5.

Fue protagonista de la militancia política antiliberal en Bello el cura José Miguel Agudelo, terrateniente aguerrido. Adriana Correa tiene el caso de un obrero del ferrocarril embriagado, que gritó vivas al partido liberal en frente de la casa del cura y lo desafió. El sacerdote salió en pantaloncillos y le disparó varias vece, sin consecuencias.6

Luego del nueve de abril del cuarenta y ocho, los intentos de tumbar el gobierno de Ospina al ser acusado de la muerte del candidato Jorge Eliécer Gaitán, la reacción conservadora se volvió sistemática contra los pueblos. Al parque Santander de Bello llegaron tres volquetas con soldados, quienes indiscriminadamente atacaron todos los establecimientos públicos, los saquearon frente a sus dueños y los testigos hombres y mujeres fueron detenidos y llevados para la brigada con sede en Medellín. Este hecho lo documentó el personero conservador Miguel Velásquez Uribe en una queja escrita dirigida al gobernador.7 El ataque lesionó a fanáticos de ambos partidos, lo muestra el que haya sido Miguel Velásquez Uribe el quejoso, personaje con fama de perseguidor de liberales.

Quedó en la memoria de los bellanitas, personajes conservadores que se distinguieron por su fanatismo y organizaron grupos para “aplanchar”8 liberales. “Es el caso de los “Los Pasteleros”, comandados por Fabioeme, un grupo de hombres godos entre ellos varios hermanos fueron reconocidos como aplanchadores de liberales”9, Acciones de grupo para eliminar los contrarios o para hacer incursiones dentro de Bello o en otros municipios. Adriana Correa saca del periódico El Colombiano del 12 de agosto de 1949, una noticia que refiere la incursión de conservadores en Santa Rosa de Osos para celebrar el cumpleaños de monseñor Miguel Ángel Builes, el sacerdote antioqueño más beligerante contra los liberales. Se fueron con permiso del alcalde Marco Vélez Arango. Allí a las 4 de la tarde del domingo 11 de agosto, propiciaron una confrontación, mataron un liberal y resultando heridos los conservadores Miguel Velázquez Uribe, el odontólogo Leonel Gómez Gómez, José A. Vélez M., Julio E. Mesa A. y Luis E. Villa U.10

La institución que más sufrió los embates políticos para doblegar su supuesta imparcialidad fue la policía. El periódico local Frente Liberal, denunciaba en 1946, que la alcaldía no diferenciaba entre policía civil, para delitos comunes y policía política; pero esta denuncia caía en el vacío porque la policía la pagaba el municipio y el que paga pone las condiciones. La conservadurización del país después de la renuncia de Alfonso López Pumarejo, puso en manos del partido conservador la policía. El Concejo de Bello con el Acuerdo No. 11 de 1947 dispuso para la policía municipal “…el sueldo mensual de un Sargento de la Policía con $120.00 mensuales; tres cabos para la misma, a razón de $90.00 mensuales cada uno de ellos; el salario mensual para 45 agentes de Policía, de $80.00 por cabeza; el sueldo mensual para seis (6) agentes de la Policía rural, con destino a las veredas de “Cuartas, Sabanalarga, El Carmelo, Tierrradentro, Gallinazo y Guacimal” a razón de $ 25.00 cada uno; y se destinó $4.000 “para vestuario y demás dotación de la Policía Municipal”11

Esta práctica fue un factor poderoso y determinante de la violencia bipartidista: “El enfrentamiento entre liberales y conservadores se recrudeció en los inicios de la década de 1950, expresado en peleas, aplanchamientos, pedreas y sectarismo, latentes en la memoria colectiva y en la cultura política de los bellanitas”12. Por eso una de las acciones administrativas de la dictadura en 1953, fue quitarles la policía a los alcaldes y concejos y ponerla bajo la jurisdicción departamental, aunque les conservó a los alcaldes la atribución de administrarla como primera autoridad política.

Guillermo Aguirre González

Septiembre de 2021

Notas

1. Gutiérrez, Jairo. Delimiro Moreno Calderón: librepensador, militante revolucionario, historiador y periodista. En Revista Huellas de Ciudad. Centro de Historia de Bello No. 15. Bello 2014. Pág. 70

2. Ídem. Pág. 71.

3. Ídem. Pág. 74

4. Ídem. Pág. 74

5. Correa, Adriana. Pulpitazos y arengas políticas: una alianza violenta. En Revista Huellas de Ciudad. Centro de Historia de Bello No. 14. Bello 2013. Pág. 26

6. Ídem. Pág. 26

7. Ídem. Pág. 28

8. Este término folclórico indica darle a otros, golpes de machete con la parte plana. También se entiende como "darle plan”

9. Ídem. Pág. 29

10. Ídem. Pág. 41

11. Centro de Historia de Bello. Historia del Concejo de Bello 1913 - 2013. Cien años de Acuerdos y desacuerdos. Edición Concejo de Bello 2013. Pág. 120

12. Ídem. Pág. 122

viernes, 16 de julio de 2021

El poder está en la bolsa

La democracia que circula hoy en el mundo, tiene todas las connotaciones de ser una forma tras la que se esconde el poder. Esa forma se llama Estado, gobierno o régimen. La condena a la pobreza de amplias masas de seres humanos, al lado de inmensas riquezas en manos de pocos individuos es una observación contundente de la existencia del poder por fuera del Estado, forma que se puede desechar o neutralizar o reducir. El poder moderno se sigue comportando como lo ha hecho en la historia humana. Se ejerce para garantizar su permanencia y reproducción. Así lo hacen las monarquías constitucionales o las democracias liberales que no dudan en recurrir a las peores prácticas ilegales.

Steven Knight, guionista de la serie de televisión británica Peaky Blinders, nacido en Birmingham en 1959, produjo su historia con la oralidad que le transmitieron sus mayores y la gente local. Ubica las acciones de una banda pandillera de inmigrantes gitanos en 1919. Pone la banda a ser dirigida por una familia cuyos dos miembros principales fueron sobre vivientes de las trincheras de la primera gran guerra. Como soldados veteranos del ejército real disfrutan de ciertas tolerancias ante las autoridades, lo que les permite apoderarse de la ciudad de Birmingham con el mejor estilo de las mafias norteamericanas de la época: controlan todo, corrompen la policía y la ponen a su servicio a cambio de un sueldo.

El guión y la serie son una ficción; pero como toda ficción hunde su inspiración y raíces en la realidad social económicopolítica. Y la traigo a la memoria porque es una obra basada en el deleite del ejercicio del poder, sin importar la vida propia o la de los demás. Tiene esa idea de base. Deja en el espectador una desesperanza larga; porque el poder monárquico extiende innumerables tentáculos para mantenerse, incluido el darle misiones a la banda pandillera para eliminar hombres o mujeres que obstaculizan los intereses del rey.

Puede decirse que esto ocurre en las monarquías en las que las decisiones son unipersonales y no deliberantes. En este caso de la obra de Steven Knight, Wiston Churchill recibe la orden del monarca de limpiar la ciudad de Birmingham de republicanos irlandeses, de comunistas y bandidos. Y Churchill le ordena a la policía ejecutarla. Órdenes que terminan en la muerte de seres humanos y que por la línea intelectual que la inspira, es el rey el asesino. Hay muchas referencias a los órganos de la monarquía constitucional. Se nombra el parlamento y las elecciones de las autoridades locales por medio del sufragio; hay acusaciones que llevan a militantes, bandidos y comunistas a los estrados judiciales; pero se hace evidente la formalidad de la democracia, porque quien más funciona es el poder perseguido, tolerado o triunfante.

La democracia y sus órganos, están ahí, funcionan. Le dan forma al Estado; pero el Estado no está por encima del poder. Esta forma social es un resultado de las relaciones sociales. Se ve el Estado en la regulación del nacimiento, la procreación, del matrimonio, la sexualidad y la muerte; en la aplicación de las leyes que lo forman, para permitir y castigar. Pero el poder está ahí medrando el Estado para que funcione a su gusto.

Hay innumerables ejemplos en los imperios que han logrado entrar en la historia: asiáticos, mediorientales y occidentales. Alejandro acabó con la democracia griega por corrompida y volvió a la monarquía y los romanos destruyeron la república en pos del imperio. Luego de Roma, su modelo persiste y rebela el poder que tutela al Estado.

El poder no es un ente atemporal, parecido a la historia de los dogmáticos, cuando dicen que la historia los absolverá o cunado repiten esa máxima incomprensible: “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”. El poder es como el tiempo, está ahí y se le ve actuar. El tiempo se hace visible en la piel ajada de los humanos viejos, en la muerte de los organismos vivos. El poder rebela su existencia, su ser, en el asesinato de un presidente contemporáneo; en un magnicidio. Se le ve porque el presidente está rodeado y protegido por el poder que tiene: un aparato militar. Y quien lo asesina supera ese aparato y comete el crimen.

Puede pensarse que el poder lo tiene quien tiene riqueza, si y solo si, quien tiene dinero. Es una concepción restrictiva del poder, porque no es el dinero o la riqueza el dador, es el sistema simbólico humano que otorga el poder a los objetos. Esto explica la existencia del poder en las sociedades sin dinero, pero que depositan el poder en un tótem, en un brujo, en un chamán, en un sacerdote. Por eso el poder no es el Estado, es un imaginario enraizado en las profundidades de la memoria y permite a un individuo, a un grupo social, someterse o ejercer poder.

Esta reflexión se hace por lo expresado en el film de Steven Knight o en los acontecimientos planetarios contemporáneos ocasionados por la preservación del poder de los grandes creadores de máquinas de guerra y tecnologías para la dominación. Los norteamericanos están en permanente acecho de los países que domina en América y Europa. Los rusos lo hacen con Asia central y los chinos con Asia oriental.

El mundo contemporáneo tiene muy pocos ejemplos de poderes basado en sistemas simbólicos totémicos o chamánicos. El mundo nuestro enraizado desde hace milenios, basa su poder en los sistemas simbólicos que otorgan poder a la posesión objetos significativos de riqueza: el dinero, el oro, las máquinas, los dispositivos tecnológicos. Este poder está tras el Estado. El Estado es formal y sirve para enmascarar las intenciones e intereses de quienes luchan cotidianamente por mantener la riqueza y por aumentarla.

Michel Foucault lo dijo a su audiencia en los años setenta del siglo XX, y se puede entender así: el Estado no es una fuente de poder porque no es un universal como el individuo y la sociedad. El Estado permite y hace transacciones permanentes para y por las finanzas, impulsa y regula las inversiones, crea y se mete en los centros de decisión, crea “…formas y los tipos de control, las relaciones entre los poderes locales y la autoridad central”*

En la época moderna, el Estado muchas veces ha sido proclamado como insulso o estorboso. Es lo que hace el liberalismo decimonónico o el neoliberalismo que vivimos desde la segunda posguerra. Estos modos liberales de pensar y actuar tienen conciencia de que el poder está en la bolsa y el Estado es solo el efecto del régimen socioeconómico materializado en la gobernabilidad. Concluye Foucault, el Estado “…no es otra cosa más que el efecto móvil de un régimen de gubernamentalidad múltiple”**

*Foucault, Michel. “Fobia al Estado”. En La vida de los hombres infames. (1996). Buenos Aires Editorial Altamira 1996. Pág. 136

**Ídem. Pág. 137

Imagen: Quentin Massysm. El cambista y su mujer. 1514

jueves, 1 de julio de 2021

Elecciones presidenciales y conservadurismo excluyente colombiano

La embajada de Colombia ante los Estados Unidos, tiene un fondo ideológico antiliberal. Estuvo manifiesto en las posturas asumidas por Francisco Santos ante la campaña electoral por la que resultó elegido John Biden. Santos como embajador, expresó las convicciones y deseos del gobierno colombiano del partido Centro Democrático sobre el rumbo de los Estados Unidos. Tomaron abierto partido por el conservadurismo racista, supremacista, de Donald Trump y direccionaron el voto de los hispanos por la reelección.

El gobierno colombiano y su embajada acusaron a los programas de gobierno de John Biden y su Partido Demócrata, de socialistas, castrochavistas o comunistas. Ahora que el gobierno del demócrata Biden ha mostrado su catadura imperial, al continuar las guerras en el oriente europeo, la política antidrogas tradicional y el intervencionismo en los asunto internos de todos los países, bajo la máscara de defensa de la democracia, se ve con claridad que las acusaciones de los embajadores colombianos tenían una alta dosis de mentira, para inducir el voto. Y valga decir que tal inducción parte del supuesto de concebir a ese electorado como compuesto por seres humanos inmersos en la minoría de edad política, moldeables por la propaganda oficial: expresión del maquiavelismo político de Santos y el partido de gobierno colombiano.

La embajada colombiana sigue ahí en sus convicciones. El embajador entrante Juan Carlos Pinzón antes de ser funcionario público, es decir antes de posesionarse, intervino en la política colombiana y se dedicó a tratar de convencer a la audiencia de Caracol Radio de ver en Gustavo Petro, aspirante a la presidencia de la república, un convencido socialista, castrochavista o comunista. Y lo dijo sobre un candidato colombiano porque no lo podía decir sobre el gobierno demócrata de John Biden ante el cual iría.

El embajador saliente Francisco Santos, relevado de su cargo por dar la cara colombiana ante el apoyo a Donald Trump, hizo lo mismo ante los micrófonos de Caracol Radio. Atacó a Gustavo Petro y repitió la manida expresión de salvar a Colombia impidiendo la llegada al poder de socialistas, castrochavistas o comunistas; así como pretendieron salvar a los Estados Unidos induciendo el voto por Trump.

La posición de los embajadores colombianos, tipifica el fondo ideológico del gobierno del partido Centro Democrático. Están actuando igual como lo hicieron ante las pasadas elecciones norteamericanas. Están induciendo el voto de los colombianos contra ciertos partidos, afirmando con mendacidad que quieren venezolanizar a Colombia. Dijo Francisco Santos con tono de voz satisfecha: -lo que está pasando con el Paro Nacional es una muestra de lo que ocurrirá-.

El comportamiento de Biden y sus hechos de gobierno, revelan contundentemente la propaganda negra contra la actual oposición colombiana que pretende ser gobierno. El gobierno Biden es un gobierno liberal, garantista de los derechos humanos, el libre ejercicio y expresión de la opinión pública, la asistencia social y sensible ante los problemas medio ambientales. Aunque todo ello se de por la utilización de la democracia para gobernar el mundo con criterios imperiales.

Por un ejercicio transitivo, si se acusó a Biden de socialista, castrochavista y a la oposición colombiana de lo mismo, Biden y la oposición colombiana son liberales. Y esta afirmación se levanta sobre una grave sentencia: el socialismo hoy es imposible y aquellos que quieren ver su existencia no comprenden el mundo de hoy.

Lo que asombra son las prácticas políticas de los conservaduristas colombianos. Siguen tomando una posición contra la modernidad. Están reaccionando ante los principios liberales de la libre determinación de los individuos, libre expresión, la igualdad y la justicia. Y cabe preguntar por el momento y el motivo de abandono del liberalismo y lo peor, acusar al liberalismo de socialista. Se puede decir: o son conscientes de la mendacidad o perdieron la analítica de la realidad.

En los idearios políticos-filosóficos que se le escuchan a la oposición colombiana, están muchos de los del liberalismo radical colombiano del siglo diecinueve: libertad e igualdad de expresión, estado laico, control de precios, impuestos directos (quien más tiene, más paga); libertad de emprendimiento; individuos autónomos y libre pensadores, esto último traducido hoy en el respeto del otro y garantías a la diversidad sexual y cultural.

Sabemos de la acusación hecha por el nacionalismo de Núñez y Caro contra el liberalismo radical, lo llamaron “oscura noche”, así lo solemnizaron en el himno nacional y llevaron el país a una conservadurización de la vida social y política, destruyendo la poca modernización existente. Lo hicieron en el tránsito del siglo diecinueve al veinte y ensangrentaron el país por mil días. La guerra, la necesidad y las masas que descubrieron un papel protagónico en la política, recuperaron el liberalismo en 1936, y de nuevo la violencia fratricida aupada por los dueños del poder, borró el componente social de la modernización. Sólo quedó una economía empresarial, industrial y bancaria que ahondó la brecha entre ricos y pobres, brecha que nunca se pudo cerrar, a pesar de que Alfonso López Michelsen le dedicó un plan de desarrollo.

El pacto excluyente del Frente Nacional polarizó la política colombiana entre derecha e izquierda o entre capitalismo y socialismo. Un socialismo de ancestro marxista que proponía estatalizar toda la riqueza de la nación para luego destruir poco a poco el Estado y luego sin Estado proclamar la sociedad comunista. Esta utopía, no se realizó; su imposibilidad se entendió. Pero el espectro de una posible realización siguió girando el cabeza de los herederos del pacto excluyente del Frente Nacional. El conservadurismo identifica a quienes persisten en recuperar el ideario liberal o la modernidad social, con ese socialismo que hoy debe entenderse como una imposibilidad histórica.

Cuando se identifica como socialistas, castrochavistas a quienes proponen la vigencia absoluta de los derechos humanos; el respeto al derecho internacional, producto del diálogo entre las naciones; la democratización de la riqueza; la satisfacción generalizada de las condiciones de vida digna, es una acusación que funciona como una táctica maquiavélica de los adictos al poder de la riqueza, dispuestos a incendiar otra vez el país antes que permitir la vigencia de una democracia radical.

El conservadurismo excluyente visible en los embajadores colombianos en los Estados Unidos y que ronda en la cabeza del partido de gobierno, al no poderlo respaldar en Donald Trump, lo están desplegando aquí como táctica electoral con miras a preservar el poder en el próximo periodo presidencial a iniciarse en el año 2023. Es una táctica basada en la mentira y en el miedo de un amplio sector de la sociedad colombiana.

Imagen: Estudiante muerto. Alejandro Obregón. 1956

 

lunes, 31 de mayo de 2021

Gente de bien y música culta: artificios para ingenuos

Detrás del concepto “gente de bien” está un contenido cultural que hunde sus raíces en la sociedad colonial, resultante del exterminio de cientos de miles de indígenas. En el occidente colombiano, Pasto, Almaguer, Chapanchi, Agreda, Yscandé, Popayán, Timaná, La Plata, Cali, Montañas, Buga, Toro, Cartago, Arma, Caramanta, Anzerma, Antioquia y Cáceres, la población indígena tuvo el siguiente comportamiento: 1536=905.760; 1559=88.419; 1570=66.599; 1582=34.200. En 47 años desparecieron 871.560 indígenas, todos muertos por la violencia, el asesinato y la explotación1. Los hijos mestizos o no de los exterminadores crecieron con la convicción de hacer equivalente la cultura indígena a una expresión diabólica. Los mestizos y los hijos de blancos provenientes de España, siguieron la persecución y expoliación de los indígenas atacando permanentemente los resguardos y se labraron en su ideario, para insultarse, el señalarse mutuamente de ser indio.

El pensamiento nobiliario impuesto a la cultura colonial creó en la práctica una lucha a muerte por los títulos de “limpieza de sangre”. En los archivos abundan las demandas de unos blancos contra otros por omitir en el trato cotidiano el título de Don. En los mestizos también se presentó la lucha por la gradación del color de la piel y la compraventa venal de los títulos nobiliarios, negocio de las autoridades virreinales. Las ñapangas, las terceronas o las tente en el aire, ocupaban un lugar social según “los lazos blancos en la piel”.

Ese régimen de exclusión sancionado por las creencias religiosas y sostenido por la poderosa jerarquía eclesiástica, creó el pensamiento colonial. Este se puede identificar en el comportamiento de un individuo: cristiano fundamentalista, señala todo lo distinto como obra del demonio, patriarcal, misógino, autoritario, esclavista; convencido de que la riqueza es el poder social. Las faltas contra la moral se vengan con el escarmiento público y el castigo físico. Esas cualidades forman el bien público y el privado, y por tanto la resultante es “la gente de bien”. El hombre y mujer de bien sostienen el orden social colonial. Tienen todo el derecho de castigar la falta con la violencia, incluidas las faltas contra el superior jerárquico, generalmente un superior racial.

Este pensamiento colonial sobrevivió a la guerra de independencia. La república se dota de una estructura política y filosófica que sólo habita la cabeza de la élite rica; en el pueblo esa cultura colonial del prejuicio se mantiene. La elite se educa, se ilustra y reconoce la educación como la práctica que libera el pensamiento; pero en los siglos de dominación por la elite liberal y conservadora, no se ha querido producir un ciudadano colombiano libre pensador y autónomo. Todo el siglo diecinueve fueron dubitativos con la libertad general. Solo en 1865 se deciden a abolir la esclavitud y quitarle a la iglesia el tercio de la tierra productiva de Colombia que la tenía fuera de la economía. En los últimos tres quinquenios del siglo diecinueve borra o traiciona los principios republicanos democráticos liberales y le entrega el país a los conservadores clericales. Bajo este régimen vuelve con toda la fuerza de la violencia política el pensamiento colonial y “la gente de bien” lo acepta y lo llama Regeneración de las costumbres corrompidas por la mezcla de liberalismo y socialismo.

Las luchas obreras por los “tres ochos”, ocho horas de trabajo, ocho de estudio y ocho de sueño, les parecen a la elite rica el nuevo demonio: los demonios indígenas redivivos. La educación sometida a un estricto control por la jerarquía religiosa, aleja de nuevo la creación de ciudadanos autónomos y librepensadores. Fue necesario el estremecimiento del mundo occidental por el nazifacismo, para que el liberalismo y el socialismo se uniesen a los Estados Unidos para derrotar a Hitler y al eje Japón, Italia, Alemania.

En Colombia este acontecimiento neutralizó y le quitó muchas convicciones a la cultura colonial. Nació un colombiano más proletario, más sindicalizado. La elite diversificó su relación con la cultura y adoptó los populismos en boga. Luego de la guerra, vencida Alemania, se delimitaron los campos políticos y aparece un nuevo enemigo, el socialismo-comunismo, que tiene que ser vencido mediante una “Guerra fría”; aunque en Colombia “la gente de bien”, resolvió el conflicto en caliente para vencer el enemigo, y se contaron de 1948 a 1958 más doscientos cincuenta mil víctimas, muertas por la violencia política.

De nuevo “la gente de bien” escala en contenido cultural. La elite liberal conservadora exorcizó la matanza con un Frente Nacional. Ambos partidos se diluyeron el uno en el otro y apuntaron sus armas político-militares contra el enemigo que les había diseñado “Guerra fría”: el socialismo-comunismo. Pero este enemigo también se diluyó en la misma disolución de la confrontación entre oriente y occidente. Ya no hubo más Unión Soviética y pareció como si la sociedad colombiana hubiese captado y aceptado el gregarismo propuesto por la organización de las Naciones Unidas y su bastión para la educación, la UNESCO. Luego de la casi desaparición de la sociedad por la guerra entre paramilitares y guerrilla, quedó en pie la propuesta de una paz longeva. La cultura política de los colombianos por efecto de la nueva constitución de 1991, aceptó el pluralismo político, la sexualidad diversa, la multiculturalidad, la democracia participativa y se convenció de estar resolviendo el conflicto social que los venía acompañando desde la fundación de la república.

Y “la gente de bien” no pudo salir del mundo de la “Guerra fría”. Socavó la paz con la guerrilla y los paramilitares e hizo retornar, con el poder de los medios de comunicación, el pensamiento y las actitudes coloniales. El retorno de esa cultura colonial es artificioso, porque el socialismo-comunismo ya no propugna por la disolución del Estado, quiere es fortalecerlo y ponerlo al frente de las decisiones socioeconómicas. Ahora es “la gente de bien” la que quiere, con su partido de gobierno y sus prosélitos obnubilados, disolver el Estado y dejar que reine sin cortapisas el capitalismo salvaje.

Pero creo que se puede prescindir de ese concepto de “la gente de bien” y pensarlo como una construcción de quienes quieren prolongar la vida de un enemigo inexistente, para producir miedo y así poder manipular las conductas. Toda la gente es de bien porque es gregaria, quiere mantener los lazos sociales. Pasa igual con el concepto de “música culta”, construido para excluir la cultura popular y mantener una segregación de tipo colonial. Ante esta denominación concebimos que toda música es culta.

Nota

1. Tovar, Hermes. Relaciones y visitas a los Andes. Siglo XVI. Colcultura. Bogotá 1993. Pág. 72

Imagen: Alfonso Ferro. Guitarrista 1995

miércoles, 19 de mayo de 2021

Revelaciones del Paro nacional

El afuera entra por los sentidos, en el presente, con la fuerza de la imagen en movimiento, con la inmediatez del acontecimiento y con la frescura de la novedad tecnológica del mundo interconectado. La información, así obtenida conmueve e incita a buscar explicaciones sobre el comportamiento de los manifestantes, de los agentes del estado y de los privados que quieres suplantar el estado. Estos tres actores se mueven por unas convicciones a las que me quiero acercar.

Se escucha a los jóvenes “muchachos o muchachas” que están en la versión 2021 del paro nacional colombiano, decir que no son de izquierda ni derecha. Lo mismo afirma el presidente Iván Duque, estirando el cuello. Igual se les escucha a los candidatos a ocupar la presidencia de la república, el estar por encima de las ideologías y haber trascendido la pertenencia a uno u otro bando. Estas afirmaciones se pueden explicar como un recurso de conducta de todos aquellos que quieren convocar el favor y la aceptación general para sus luchas y aspiraciones. Y ha sido un recurso de todos los presidentes electos desde el siglo XIX colombiano, decir que gobernarán por encima de los partidos; y convocaron la nación.

Y también se argumenta que el ubicarse en la izquierda o en la derecha y desde ahí tipificar a su oponente, es seguir viviendo en “La guerra fría”1, porque es muy fácil hacerlo y rinde, pues, produce un miedo canalizable. Fue un mundo que se metió profundamente en la mente de los seres humanos de todo el planeta. Mundo dicotómico, montado sobre los hombros de la ciencia y realizado en la pertenencia a una izquierda o derecha política. Concebir la vida, la política, la sociedad desde la lucha geopolítica este – oeste, fue y es ubicarse en uno de los dos bandos posibles: comunismo o capitalismo.

Asombra la insistencia de sectores políticos en la mayoría de los países de la órbita occidental, el concebir el mundo como una confrontación izquierda derecha y llevar a sus seguidores a adoptar una práctica beligerante para defender el esquema. La concepción dicotómica es cómoda e impide actuar en pos de una sociedad más allá. Ambos sectores se acusan mutuamente de ser el causante de la desigualdad y el desorden. Han logrado mantener la polarización política más allá del fin de “La guerra fría”, hasta hoy.

Pero es un simplismo ingenuo quedarse en esa sentencia de superar la izquierda y la derecha para justificar una práctica política sin ideología. Suena en los oídos como una muletilla para captar incautos. Cada parte de la dicotomía tiene un pasado enraizado en la ciencia. Y si se quiere estar por fuera de ella, se debe sustentar la pertenencia y luego la supuesta superación. Porque ambos polos tiene raíces comunes: buscan una sociedad justa y feliz, dicen en sus supuestos.

El capitalismo liberal llegó con el desarrollo científico de la producción, sustentado en la teoría política de la libertad per se o absoluta y concomitante con el orden republicano democrático. Se acuñaron los conceptos de sociedad civil, sociedad política, partidos políticos, derechos individuales, Estado nación, soberanía popular, representación política y contrato social. Todos estos contenido tipificaron la derecha política con dos posiciones, una liberalizante, otra conservadurizante, manifestadas con claridad en la Colombia del siglo XIX; pero confundidas y unificadas en las últimas décadas del siglo XX. Tuvieron y tienen los principios moralizantes y religiosos sembrados por la llamada Regeneración que produjo la constitución de 1886: son autoritarios, traicionan el estado laico, confunden estado y religión, son patriarcales, violan permanentemente los derechos humanos al sostener un orden social elitista que mantiene a grandes segmentos de población en necesidades mortales. Son homofóbicos, racistas, anticomunistas y antisocialistas hasta llegar a proclamar y practicar la eliminación física de sus militantes.

En la presente coyuntura de paro nacional se escucha en las redes sociales, a miembros de la fuerza pública pronunciar amenazas que certifican las concepciones dictatoriales de la derecha; amenazan con desaparecer a los protestantes. Se ven civiles armados al lado de la policía atacando a los manifestantes. El jefe del partido conservador llamó a los indígenas a abandonar la ciudad y retornar a su “hábitat natural” pues los concibe como una fauna extraña; este racismo lo expresó con más claridad una médica de la ciudad de Cali: escribió por su grupo de whatsApp: “…dan ganas de que vengan las autodefensas y acaben literalmente con unos 1000 indios, así poquitos nada más para que entiendan [si] supiera donde tengo que dar la plata para que esto pase, allá voy volando…”2

La izquierda que en el siglo XIX se sustentó en el socialismo y luego en el comunismo, tiene sus raíces en las ciencias sociales generadas por la explotación atroz del trabajador por la industrialización recién nacida. La historia se dota de unas leyes científicas que programaron a la clase trabajadora para tomar el poder y realizar la democracia proletaria contraria a la democracia burguesa liberal. La ciencia del materialismo histórico y dialéctico concibieron y conciben el orden liberal como la dictadura de la burguesía a la cual se opone la dictadura del proletariado; y ambos mundos son una dictadura y una democracia a la vez, según desde donde se mire.

La realización del proyecto socialista en la mitad del mundo, se hizo atando la libertad al determinismo económico. Los absolutos del liberalismo se relativizaron según la posesión de la riqueza. La historia atravesó todos los contenidos humanos y culturales. Ningún ser humano está destinado a ser pobre ni rico. La riqueza del mundo es de todos por lo que ningún ser humano debe pasar necesidades.

Querer superar la dicotomía política y ponerse fuera de ella (proclamarse ni de izquierda, ni de derecha) es aceptable si se reconoce el bagaje teórico, de cada parte y la historia de la experiencia material de los regímenes que la llevaron a efecto. Proclamarse fuera de la dicotomía es proponer un orden social montado sobre el legado de ambos mundos. Un orden que ate la libertad a la economía y destruya la desigualdad.

 Notas:

1. León, J. 11 de mayo de 2021. Uribe le pide a Duque recurrir a unas Fuerzas Militares cada vez más ideologizadas. Lasilla Vacía.

2. Rueda, J. 16 de mayo 2021. Repudio en Cali a mensaje de médica que invita a 'matar mil indios'. El Tiempo. Bogotá.

 Imagen tomada de Víctor de Currea Lugo 7 de mayo de 2021