domingo, 24 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Cinco: Aquiles, maravillas, Pedro Catía. Los Tahamies y la muerte de Valdivia por el garrote del cacique Quimé

Desde Antioquia, Valdivia y Rodas arman una entrada a Pequi para someter los indígenas. Las tropas al mando de Juan Velasco vencieron al cacique y lo tomaron prisionero junto a un “mancebo gallardo y animoso”1 Este indígena se enfrentó con su “macana” a siete españoles. Les destrozó las rodelas y las celadas y los desarmó repetidas veces. Los españoles con sus espadas lo hirieron, pero el indígena no caía. Estos luego de tenerlo y ver vencido el orgullo conquistador, decidieron empalarlo. Pedro Alonso de Arce les dijo: “Señores, es trabajo vano/ Aquesta diligencia que se intenta,/ Pues no puede perder este pagano/ La vida por herida violenta:/ Mirarle bien las rayas de la mano/ Los que con ciromancia teneis cuenta,/ Y veréis que bañó miembros viriles/ En las estigias ondas como Aquiles.”2 No lo mataron, decidieron amputarle las orejas y cortarle los talones (Castellanos dice “gorroes”). Este trato profundizó la guerra y los Pequi estuvieron once meses en batalla antes de ser vencidos provisionalmente.

Juan de Castellanos quiso mostrar la crueldad de la guerra, con el caso del mancebo pequi y con lo sucedido a Juan Velasco. Dice que este conquistador se enamoró de la tierra del “Cenú” y desde Santafé e Antioquia armó vente (20) soldados, más ochenta (80) indígenas de servicio y se fue a someter las sierras. Allí fue recibido por Güisco, Araque y Guacucevo, con fingida paz. Velasco les habló a través de “la fiel Inés, India ladina,/ Criada de Alvar Sánchez, un soldado,/ Interprete cabal de aquella lengua,”3 Alvar fue avisado por Inés de la intensión de los naturales de atacar por sorpresa a los españoles, y le propuso a Velasco atacar en la noche anticipándose estratégicamente. Velasco optó por establecerse en un llano, llamado valle de Nitana, convocó a los indígenas y les habló del dios cristiano y de la necesidad de adorarlo y bendecirlo… “Y no como lo hacen a las cosas/ Que fabricaron ellos con sus manos,/ Ni al sol, ni la luna, signos ni planetas,/ Rios ni fuentes, montes ni laguna,…”4

Los indígenas atacaron, mataron a Fernán Sánchez, Francisco Morón, Andrés García, Tocino, Cañas, Antonio Fernández, Fernando Ramos, Gavilán, Saboya, “Al fin allá quedaron diez y siete/ Con más de ochenta piezas de servicio,/ Y la fiel Inés, de quien se dice/ Que viva la partían en pedazos/ Y hablando con ella la comían,/ Con otros cinco de los españoles/ Que vivos los cayeron en las manos…”5. Velasco escapó con otros tres y luego de vagar por más de catorce (14) leguas llegaron a San Juan de Rodas, desnudos, hambrientos y heridos.

A finales de 1571, un grupo de soldados salieron a buscar comida. A unas tres leguas encontraron un pueblo recién abandonado y lleno de bastimentos. Una india se les acercó y les advirtió que los indígenas estaban preparando un ataque a San Juan de Rodas y pidió la llevasen porque ella quería ser cristiana. Le creyeron y regresaron presurosos. Al día siguiente los habitantes percibieron el olor del ataque: humadas de tabaco, bijas y trementina; “[…] Fueron mil y quinientos sin la chusma/ Los cuales se venían acercando,/ Según de las señales coligian,/ Por oler a humadas de tabaco,/ Bijas y trementinas con que vienen/ Untados cuando van a rompimiento…”6. Atacaron y antes de huir dieron muerte a Juan Velasco, el caudillo de San Juan. Asumió el mando Leonel de Ovalle. El nuevo caudillo decidió abandonar el poblado y establecerse en el valle de Norisco, para estar más cerca de Santafé.

Oídas las noticias, el gobernador Andrés de Valdivia, llegó a Norisco con “[…] Con cincuenta soldados que tenía,/ Caballos y pertrechos, aunque pocos,/ Abrevió lo posible su camino,/ Y sin les suceder cosa notable/ Entraron en el valle de Norisco/ A donde se juntaron con los otros…”7. Valdivia decidió refundar el pueblo de San Juan de Rodas en 1572 y pasarlo del “…sitio/ De Teco y Maritué”, considerado inseguro, para el asiento antiguo “que llamaban Paramillo” tierra del cacique Agrazava. Valdivia, repartida la tierra y solares, hechos los ranchos, nombrado alcaldes, y teniente a “don Antonio Osorio de Pace, volvió a Santafé de Antioquia.

Antonio Osorio de Pace comenzó un ataque sistemático contra los indígenas, para hacerse respetar dice Castellanos; pero un indio ladino llamado Pedro Catía, que conocía bien a los españoles, reunió los caciques para preparar un ataque. La hermana de Agrazava decidió denunciar a Pedro Catía y hacerse cristiana. Antonio Osorio de Pace la escuchó y la torturó, pero al ver la convicción de la indígena, la bautizó y le puso el nombre de Catalina. Pedro Catía enterado de lo hecho por Catalina, reunió los caciques y los convenció de ir ante los españoles y prometerles falsa paz, para luego atacarlos. Ellos fueron pero los prendieron “[…] A lo cual fueron luego dos hermanos,/ Tucuré y Agrazava, y ansimismo/ Chacurí, Nuguireta, Tacüica,/ Tacujurango y otros principales,/ Con algunos regalos de comida,/ A los cuales prendieron en llegando,…”8

Con una posta (chasqui o mensajero) avisaron a Valdivia del inminente ataque y le pidieron socorro. El ataque se dio, los indígenas mataron a Fernán Sánchez de un garrotazo en las quijadas; a Juan de Ortega con un golpe de onda en las cienes. Aun así los españoles lograron romper el ataque y poner en retirada a los indígenas. En represalia ahorcaron a los caciques Nuguireta y Chacurí, lo que produjo más indignación en los naturales.

Entre tanto llegó a Santafé la noticia de que las cédulas reales de Valdivia no tenía la jurisdicción sobre Santafé de Antioquia, ni sobre San Juan de Rodas; Valdivia lo sabía y por eso quiso revivir la Santafé antigua y hacerla su capital. Nombró tesorero real y teniente a Antonio de Tovar. Dice castellanos que fue informado de algo maravilloso que les ocurrió a los que pretendían revivir la ciudad vieja y por eso abandonaron la intensión “[…] Con rara y espantosa maravilla,/ Lo cual yo no pusiera por escripto/ Si no fueran personas fidedignas/ Aquellas que la dictan a mi pluma…”9. Una mañana en la posada del tesorero se dispusieron a almorzar él y otros amigos suyos. Les sirvieron “Puchas o poleadas, cuyo nombre/ Es aquestas partes mazamorra…”10. Como tenían leche la vertieron sobre las porcelanas y de inmediato se tornó roja “En finísima sangre convertida”. Todos presos de espanto montaron sus armas y caballos y abandonaron la ciudad.

Valdivia, quien estaba convencido de poder hacer una red con un palmo de hilo, dice Castellanos, antes de socorrer a San Juan de Rodas, envió a los capitanes Juan Zavala y Rodrigo Pardo a buscar un lugar cómodo para fundar una ciudad, en la tierra de los Chocoes y el Darién. De sesenta (60) españoles, regresaron treinta (30), después de un año. Castellanos dice que refiere este hecho por información del propio Rodrigo Pardo y otros que aún viven. “[…] La terribilidad de los trabajos/ En el discurso dél acontecidos;/ Pero diremos una sola cosa/ Y Francisco Montilla de los Ríos,/ Que vive de presente donde vivo”11.

Corría diciembre de 1573. Valdivia, antes de que la gente de San Juan de Rodas fuese informada de no estar dentro de su jurisdicción; llegó a ella con auxilios y soldados a incitarlos para trasladar la población a orillas del río Cauca, dentro de su gobernación entre los dos ríos (Cauca y Magdalena). Además tenían la amenaza de un gran ejército indígena confederado dirigido por Pedro Catía, que conocía bien a los españoles. Pedro atacó y luego de la batalla, la espada venció de nuevo al garrote… “[…] Principalmente por haber caído/ En mortal rigor Pedro Catía,/ Aunque también se dice que los indios/ Son los que lo mataron y comieron”12. El caudillo Pedro Catía, dice Castellanos, fue repudiado por los indígenas por haberlos llevado a una batalla con mentiras y hacer matar tantos.

En enero de 1574 Valdivia logró llevar a los de San Juan de Rodas al otro lado del Cauca, y dentro de su jurisdicción los exhortó a construir un puente con cueros y bejucos retorcidos a la manera como lo hacían los naturales. El puente se construyó en doce días “[…] Pusieron luego manos en la obra/ Con tal solicitud y diligencia,/ Que en espacio de diez o doce días/ Le dieron conclusión, que fue difícil/ Y trabajosa por la gran distancia […] El Andrés Valdivia, como viese/ Concluida y acabada la pendiente/ Puente, sin un momento de tardanza/ Hizo pasar por ella diez soldados”13. Pasaron los soldados y demás gente y ganados. Una vez del otro lado, Valdivia mostró su sagacidad, y rebeló la jurisdicción de su poder como gobernador. Les dijo que se habían librado de los indomables Catíos y ahora estaban en tierra de los Nutaves… “[…] Porque venís a tierra de los nutaves,/ Gente ni vencedora ni vencida:/ Nosotros somos las primeras llaves/ Desta puerta sin sernos defendida,/ E ya sabeis por fama que publica/ Ser esta tierra sumamente rica.”14

Juan López de Oviedo a nombre de los cuarenta y seis (46) soldados y veinte (20) negros y doscientos (200) indios de servicio apoyó las intenciones de Valdivia; pero Antonio Machado pidió licencia para volver a Santafé de Antioquia donde tenía su casa. Siguió Valdivia y el 9 de febrero de 1574 llegó al valle de Guarcama por muy anchos caminos indígenas; y lo renombró como Valle de San Andrés. Valle de 20 leguas de latitud, con ricas minas, algodonales y pueblos laboriosos que “hacen telas razonables,/ Blancas y variadas en colores”15. Castellanos nombra los caciques de allí: Guarcama, Cuerpia, Pipiman, Oceta, Maquira y Aguasici. Y los vecinos del valle, Omoga, Neguerí, Yusca, Aguataba, Abaniqui, Cüercia, Taquiburi, Moscataco, Cuerquici, Carinue… “[…] Y otros algunos hombres belicosos,/ Flecheros, carniceros y herbolarios,/ Destrísimos en guerra por estremos… “16

Los nutaves salieron de paz y dieron hospitalidad a los españoles. Vecinos de los nutaves son los thamies: “Tres leguas adelante do tenía,/ El capitan Oceta su dominio…”17 Esto lo supieron en Santafé de Antioquia por boca de indios comerciantes tahamies, encomendados al presente de Castellanos, a Bartolomé Sánchez Torreblanca. Este encomendero, guardó envidias contra Valdivia y por medio del mozo Juan Baptista Vaquero, quien dominaba las lenguas indígenas y por ello era muy respetado, movió a la guerra a los nutaves y tahamies contra Valdivia. Al sentirse sitiado, Andrés de Valdivia encomendó a Juan Alonso de Santana, veterano de la hueste de Lope de Aguirre, junto con Bartolomé Jiménez, ir a Santafé de Antioquia a pedir auxilio para que viniesen al valle de San Andrés (luego se llamará Cáceres).

Pinto Villorrio, encargado del auxilio, salió de Santafé con treinta y seis (36) soldados, cantidad de puercos y caballos. Con este auxilio Valdivia salió de Guarcama el 24 de junio de 1574 a buscar sitio para fundar. Llegaron a la loma de Nohava: “[…] Y como les parecer estar la loma/ en cómodo lugar para ser pueblo,/ Fundaron la ciudad de Ubeda, porque/ El Andrés deValdivia fue nacido/ En aquella que deste nombre goza/ En la provincia de Andalicía.”18

Los caciques de Nohava atacaron por siete meses la nueva Ubeda y sitiaron a los españoles, quienes fueron diezmados y cortada la posibilidad de suministros. Pero los naturales, también cansados hicieron la paz y permitieron la entrada de comida. Castellanos dice que la paz fue posible por las encomiendas permitidas y deseadas por los caciques.

Ubeda prometía futuro; pero Valdivia recibió una carta de Santafé de Antioquia informándole sobre la infidelidad de su esposa, quien se había quedado en Victoria19. Valdivia enloqueció. Cortó las patas a varios caballos; levantó la ciudad y ordenó buscar otro sitio. Los caciques se resintieron y vieron quebrantada la paz. Y los soldados quisieron abandonarlo… “No pararon en este los furores,/ Pues en confirmación de su locura/ A los caballos les cortó las piernas,/ Que fue para sus dueños dolor grave,/ de los cuales algunos, viendo tantos/ Escesos furiosos, rehuyendo/ De no venir con él a rompimiento,/ A Santafé se fueron deslizando,/ Mas a los tres primeros que huyeron/ Indios en el camino los mataron”20.

Con todo llegó hasta el sitio mal sano, pero rico, llamado Pesquerías. Allí se estableció. También de ahí quiso moverse. Se le opuso el soldado Diego de Montoya y Valdivia lo mató a garrote. Los demás se juntaron y enviaron a Juan Alonso de Santana, Pedro Sánchez de Oviedo y Manuel Ruviales, a quejarse ente la Audiencia presidida por Francisco Briceño. En balsa llegaron a Monpox y de ahí por el río Magdalena arribaron al Nuevo Reino. La Audiencia envió a Antón Gómez de Acosta, lusitano, a tomarle residencia. Valdivia lo recibió en el valle de San Andrés y allí mostró la carta que lo hizo enloquecer. El juez de residencia Antón Gómez comprendió las razones y fue testigo de un pacto entre los que pidieron la residencia y Valdivia. Este los dotó de oro y soldados y los dejó libres y se fueron del valle de San Andrés. Allí quedó Valdivia con el juez. Envió otro grupo de soldados al mando de Francisco Maldonado, a seguir el montaje de la población de Pesquerías.

Los caciques nutaves se concertaron y cayeron sobre los españoles al saberlos repartidos en tres sitios y llenos de necesidades. En Pesquerías los indígenas fingieron ayudar y se aparecieron treinta y seis (36), uno por cada soldado, con una carga de guamas (bejuco) cada uno. Mataron a Francisco Maldonado, el capitán, al valenciano Juan Cotura, a Chávez y Sancho Vélez; los sobrevivientes huyeron hacia Santafé de Antioquia.21

En el valle de San Andrés (Guarcama) Valdivia había hecho construir un fuerte. El 10 de octubre de 1574 llegaron los caciques tahamies, Cuerquia, Oceta, Ucharie, Ubaná y Quimé con quinientos (500) guerreros. Emplearon el mismo embuste. Fingieron llevar comida y ante el recibimiento amable, cayeron de sorpresa. Mataron a Pedro Valero, Diego de León, Fray Bernabé y su sobrino Joan Ruiz de Atienza, “Gaspar Negro de nación Jilofo”, Juan Rodríguez… “Valdivia solo resta, que herido/ estaba de un flechazo por la boca/ Al cual ovieron a las manos vivo:/ Vivo tomaron al desventurado,/ Con la moza ladina que tenía.”22 La moza le pidió a Valdivia herido la dejase ir y a los caciques, que dejasen libre a Valdivia. Escucharon el ruego y dejaron hablar al indio Carcara, bautizado con el nombre de Martín. Dijo Carcara que se dejase vivo porque es criado de un poderoso señor que tiene mucha gente y por eso vienen en gran número; pero el caique Quimé se enfureció “[…] Mas un Quimé, cacique furioso,/ De mala digestión, protervo, duro,/ Con iracundo rostro le responde:/ [que no debía defender a un tirano que había dejado tanto huérfano, tantas viudas. Y] …Aquesto dicho levantó la maza,/ Bajándola con golpe tan terrible/ Que le desmenuzó casco y sesos:”23. Así murió Valdivia. El cacique Ubaná mató la moza india ladina de la misma forma.

Cortaron la cabeza de todos los españoles muertos y las exhibieron en picas por el camino por donde podrían llegar los de Pesquerías. Luego de la muerte del lusitano Antón Gómez de Acosta, juez de residencia de Valdivia, los españoles abandonaron la tierra y huyeron hacia Santafé de Antioquia. La avanzada de la huida, Juan Meléndez, Juan de Vargas, Baltazar Muñoz, Mateo Fernández (hijo de india y etíope), Suero Rodríguez, dice Castellanos24, que aún viven y son la fuente de información para su escritura. Recuérdese que esta elegía fue escrita en 1589.

Notas:

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. 994.

 

2. 3. Ídem. Pág. 995

4. Ídem. Pág. 997

5. Ídem. Pág. 1000

6. Ídem. Pág. 1001.

7. Ídem. Pág. 1005

8. Ídem. Pág. 1007

9. 10. 11. Ídem. Pág. 1011

12. Ídem. Pág. 1015

13. Ídem. Pág. 1017

14. Ídem. Pág. 1018

15. 16. 17. Ídem. Pág. 1019

18. Ídem. Pág. 1022

19. Ídem. Pág. 1023

20. Ídem. Pág. 1024

21. 22. Ídem. Pág. 1030

23. Ídem. Pág. 1031

24. Ídem. Pág. 1034

Imagen. Tahamies. Tomada de “El paisa y sus orígenes de Ricardo Saldarriaga”

martes, 19 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Cuatro: Ituango, Catíos, Nutaves, Ebéjicos, Peques, Toné, Tociná, Sinago, Nuguireta, Guaracho, Ereta y Gaspar de Rodas

 

Los soldados de Vadillo, en Cali se adhirieron a Jorge Robledo y con ellos entró al valle de Aburrá (Juan de Frades, Mendoza) y fundó la Ciudad de Antioquia. Robledo conquistó en nombre de Belalcázar el norte de Popayán a ambos lados del río grande del Cauca; fundó Ancerma, Cartago, Antioquia. Pero cuando recibió en su hueste los soldados de Vadillo, Belalcázar se llenó de celos y apoyó la creación de la gobernación del Chocó adjudicada a Andagoya para que absorbiera las conquistas de Robledo. Por eso Jorge Robledo Viajó a España y consiguió la creación de la gobernación de Antioquia y el grado de mariscal. Robledo regresó. Belacázar lo enjuició y lo condenó a muerte. Fue decapitado en Pozo una de las poblaciones establecidas por el mismo Robledo, después de someter a los indígenas Pozo, los más beligerantes de la banda oriental del río Cauca.

Castellanos versifica sobre lo acontecido en Antioquia luego de la partida de Jorge Robledo hacia España (Castellanos llama ese viaje de Robledo fuga). Soldados de Heredia y Belacázar se enfrentaron en la ciudad de Antioquia y se hirieron. Los cartageneros se retiran y los payaneses de Belalcázar trasladan la ciudad a otro sitio y la llamaron Santafé de Antioquia. Escribió Castellanos: “[…] En Antioquia vimos gran revuelta/ Entre los dos adelantados,/ Como sucede cuando gente suelta/ A varios bandos son aficionados […]”1.

En este pasaje Juan de Castellanos, El Beneficiado, introduce al conquistador Gaspar de Rodas. Dice que al regresar Robledo camino de Antioquia, los soldados de Heredia llevaban prisioneros hacia Cartagena a Gaspar de Rodas y a Alonso Madroñero. Robledo los hizo liberar: “Yendo por harto trabajosa vía/ Y con mayor zozobra que yo digo,/ Toparon al Robledo que venía,/ Y soltó muchos que llevó consigo;/ Soltó también a Rodas que tenía/ Por especial y singular amigo,/ El cual gobierna hoy la tierra misma/ Sobre que sucedió dicha cisma.”2

Esta noticia de Castellanos, permite afirmar que Gaspar de Rodas simpatizó con la causa de Robledo y participó en la pequeña guerra civil que se dio en 1546 entre cartageneros y payaneses por el dominio de Antioquia, Belalcázar contra Heredia. La ciudad quedó en manos de Belacázar quien la hizo trasladar: “Para trasladar pues aqueste pueblo/ Al siento que queda declarado/ El Belalcázar hizo confianza/ Del diestro capitan Gaspar de Rodas,/ de quien hice memoria muchas veces/ En los lugares donde convenía/ De sus trabajos varios dar noticia”3.

Sigue Castellanos: noble caballero, nacido en el pueblo “belicoso de Trujillo”, en Extremadura, hijo de Florencio de Rodas (alcalde de la fuerza de Lole, en la provincia del Algarre. “[…] Su madre doña Guiomar Coello”4. Nacida en Lucitania ciudad de Lamego. Gaspar de Rodas llegó joven a las Indias, ya entrenado en la guerra. Costeó el viaje suyo y de “alguna gente”, bajo el mando de Juan de Andagoya, hijo de Pascual de Andagoya ya distinguido en la conquista de Popayán. Juan de Andagoya emprendió la conquista de las tierras entre Popayán y el mar del sur (hoy conocido como el alto Baudó). Rodas se salió con su gente de esa empresa y en 1541 se alió a Baca de Castro, quien llegó a Popayán con poderes para someter a los rebeldes del Perú. Rodas llegó con él a Cali y terminó bajo el mando de Belalcázar que “[…] siempre/ En cargos honrrosos le dio mano”5; Le encargó mudar el pueblo de Antioquia (llamado Santa Cruz) y para ello lo nombró su teniente: trasladó el pueblo a un lugar más apacible y le puso el nombre de Villa Santafé de Antioquia y fijó en ella su vivienda en 1550 “[…] Y en ella desde tiempo que decimos/ Gaspar de Rodas hizo su vivienda,/ No sin deseo de fundar mas pueblos/ En las provincias dentre los dos ríos,/ A lo cual aspiraban otros muchos/ Varones de caudal y principales,/ Que de la gran riqueza de aquel suelo/ tenían a noticia y experiencia”6.

Hombre con este mismo objetivo de Gaspar, fue Lucas de Ávila de la ciudad de Ancerma, le pidió esas tierras de Antioquia al gobierno de Popayán para Andrés de Valdivia, quien con el oro de Lucas Ávila viajó a Castilla y regresó con las credenciales como gobernador de Antioquia. Pero los indígenas catíos comandados por el cacique Toné se preparaban para quitarse el yugo de los españoles. Toné llamaba a los catíos a seguir su ejemplo de haber matado al religioso Pedro de Frías, otros siete españoles y al mestizo Juan González por “lengua y alcahuete”7. Toné inició la sublevación en 1565 y la prolongó por cinco años. Los catíos “Negaron subyección a quien la daban/ Dando principios a sangrienta guerra,/ Y porque con la villa no podían/ Dieron en las cuadrillas de las minas,/ En hatos y en estancias de sus amos,/ matando negros, indios y españoles/ con tal obstinación, […]”8

Ante esta situación el gobernador de Popayán Álvaro de Mendoza, encomendó a Gaspar de Rodas con “largas comisiones” para castigar a los indígenas y fundar poblaciones en las provincias entre los dos ríos. Rodas convocó a sus amigos del Nuevo Reino de Granada y de Remedios. Ellos dejaron sus encomiendas y haciendas adquiridas por las armas en sus conquistas, y organizaron sus ejércitos con “Etíopes, caballos, y las cosas/ Al uso de la guerra necesaria…”9. Entre ellos el capitán Francisco de Ospina fundador de Los Remedios, Bartolomé de Pineda de la ciudad de Victoria, Antón Lobo de Sande, Juan Velasco, Gonzalo Verde, Antonio Machado, Pedro Fernández de Rivadeneira, Diego de Guzmán y Juan de Aldana. De Popayán Francisco López de la Rua, Joan Arias Ruvian, Gaspar Delgado, Alonso Serrano (padre) y Florencio Serrano (hijo mestizo).

Se formó un ejército de noventa y cuatro (94) soldados, todos veteranos conquistadores. Llegaron a Santafé de Antioquia y en julio de 1570 salieron a enfrentar a los catíos. Después de caminar diez y siete días (17) por “Asperas y fragosas serranías”, entraron en “Tociná, provincia de Ibijico […]. Allí se detuvieron en el campo/ Algunos días, y hicieron lista/ Del número de gente que venía:/ Hallaron ser los españoles ciento,/ Hasta seis menos, pero todos ellos/ De todas buenas armas pertrechados;/ Los caballos pasaban de trecientos;/ Setecientos los indios de servicio,/ Y algunos etíopes, aunque pocos,/Arrojadizos y determinados;/ […] De vacas se llevaban cuatrocientas./ Quinientos puercos, antes mas que menos,/ Y otros rebaños de menor ganado/ Para sustento del cristiano campo.”10

Luego se situaron en Pequi y recibieron embajadas que hablaron a nombre de una junta de caciques. El cacique Sinago, envió sus dos sobrinos Ytengo y Aramé; también estuvieron Chacurí, Nuguireta, Guaracho, Ereta, Panque y Agrebora. Todos exigieron a los españoles irse del territorio, o sufrir la guerra. Gaspar de Rodas les dijo que su ejército no daría la vuelta y retornar con las manos vacías. Dice Castellanos que los Pequi actuaron distinto a los de Ibijico Atociná, Cucuba, Bererúa y Rucabé, que no quisieron la guerra y prometieron guardar la paz11.

Gaspar de Rodas, veterano y experto combatiente contra los indígenas, en Pequi se situó en un lugar estratégico, con buena visibilidad, recursos de agua, leña y pastos. El lugar lo llamaron “La lagunilla”12. Sigue Juan de Castellanos: Rodas varón sagaz, mañoso, solerte (apercibido), se estableció en La Lagunilla por ser tierra alta y plana. Desde allí planeó el sometimiento de los Catíos, desde Pequi, llamado así porque los indígenas llamaban así la quebrada que por allí pasaba. Esa quebrada separaba a Rodas del llano en el que estaban los indígenas. Estos al ver a los españoles establecerse en el alto, lo rodearon y bloquearon todos los pasos por donde podrían salir “[…] Y ocuparon los pasos, desde donde/ Pudieran ser los nuestros ofendidos,/ Con sonora grita y algazara/ Y estruendo de atambores y cornetas13.

Así pensaron los naturales espantar a los españoles; pero al ver que no se movían, los indígenas se callaron. El tiempo cálido de julio – agosto, secó los pastos altos de la quebrada Pequi y los indígenas lo aprovecharon y los quemaron “[…] Y ansí toda la tierra comarcana/ Quedó sin ocasión y descubierta/ Escepto lo que con su diligencia/ De manos y de ramos guarecieron/ Los del alojamiento para pasto/ De bestias y ganados que traían […]”14

En la noche nublada salió el capitán Pineda con cuarenta (40) soldados para tomar algunos indígenas prisioneros; pero los caciques también metieron en los pajonales salvados, doscientos (200) indios, llamados por Castellanos,” gandules”. Los indios pretendían atacar a los españoles, cuando estuviesen ocupados en apagar las llamas. “[…] Ocultos y encubierto; y a la hora/ Que para poner fuego convidaba,/ De palos apropiados a tal uso/ Y presto movimiento de las manos/ Sacaron fuego, con que brevemente/ Se levantaron llamas presurosas, […]”15.

Gaspar de Rodas se dio cuenta del ardid y ordenó a sus soldados y servicio estar quietos. Los indígenas ante la quietud de los españoles intentan con gran gritería hacerlos salir; pero Pineda retorna al real y los acomete por la espalda y los hace huir. Los nativos amenazan con volver a los tres días. Gaspar de Rodas sale a buscarlos antes que vuelvan. Envía cuarenta (40) soldados (Castellanos dice peones) al mando de Gonzalo de Vega, viejo soldado; pasan la quebrada Pequi que separa el real del llano, y desde una loma “[…] A cuyo pie después vieron un llano/ Poblado de labranzas y apacible,/ En cierta parte dél doce caneyes/ O casas de vistosa compostura,/ Moradas de los indios mas cercanos”16. Atacaron el poblado y no hubo resistencia porque los indígenas estaban en los funerales de Sinago, quien murió de repente, tomaron algunas mujeres y muchachos.

En horas se reúnen cuatrocientos (400) indígenas y acometen a los españoles, quienes también atacan; pero vuelven a La Lagunilla y allí Gaspar de Rodas decide pasar el real17 para el llano y de nuevo encomendó a Gonzalo Vega, avanzar “con cantidad de indios y negros”18. En la avanzada, al pasar la quebrada Pequi decidió quemar pajonales para evitar que los indios se escondiesen allí; pero fue preso el mismo de las llamas y murió por las quemaduras.

Gaspar de Rodas entró al llano, a la provincia de Pequi sin encontrar resistencia, pues los indígenas estaban turbados por la muerte de Sinago; y Yutengo y Aramé, quemaron todo y se fueron con su gente para el partido de Carauta. Los que quedaron “[…] los otros que de mal se les hacía/ Dejar sus casas y sus propiedades,/ Aceptaron la paz que les pedían,/ Debajo de la cual los españoles/ Eran medianamente regalados/ El tiempo que estuvieron en su tierra,/ Que fue de tres semanas, porque luego/ Fueron a la provincia de Norisco,/ De grandes poblaciones, y abundante/ De los mantenimientos necesarios,/ Rica de telas de algodón y oro […]”19

Los caciques Norisco, dos hermanos: Bayaquima y Tacujurango, con otros muchos principales, les salieron de paz a los españoles y les obsequiaron oro y telas; recibieron noticia de la rica tierra de Ituango y para allá se fueron. Los recibieron de guerra los caciques Tecuce y Agrazaba. Quemaron sus casas y labranzas. Los españoles sufrieron aquella tierra bella pero quebrada. Sobrevivieron por la gran cantidad de aguacates. “[…] Grave necesidad del ganado/ y fruta de aguacates que hallaban/ En grande cuantidad, cuya hechura/ Es a similitud de pera verde,/ Aunque mayor de mas largo cuello […]”20

Gaspar de Rodas no quiso hacer poblado y decidió seguir; dijo a sus soldados, que los indios de Norisco los engañaron. El no poblar generó descontento y Francisco de Ospina, fundador de Remedios, les pidió lo dejase ir para su tierra. Rodas accedió y le puso veinte hombres para que lo llevasen a terreno fuera de peligro. Luego encomendó a Juan Velasco (ospinista) “[…] con cuarenta soldados diligentes/ A descubrir el gran rio Cauca,/ Do cae la provincia de nutaves,/ Bravísima nación y rica de oro;” Ídem. Pág. 988 Encomendó a Pedro Fernández de Rivadeneyra (ospinista), descubrir el valle de Teco. Y Rodas “[…] quedó con los mas impedidos y menos sospechosos en el campo,/ Con lo cual como capitan prudente/ Desbarató nublosas confusiones[…]”21

Los escoltas dejaron seguro a Francisco de Ospina en “la villa de Antioquia”. Desde allí Ospina se quejó ante el gobernador de Popayán por el comportamiento de Gaspar de Rodas. El gobernador Álvaro de Mendoza revocó a Rodas y en su reemplazo nombró a Alonso de Carvajal. Juan Velasco, pasó el río Cauca por el puente de bejucos, ya famoso desde las incursiones de Jorge Robledo. Velasco en la otra banda vio un valle grande, muy poblado y le puso el nombre de La Vieja, por haber sido guiado por una viuda indígena tratante (comerciante). Se regresó e informó a Gaspar de Rodas. Fernández Rivadeneyra, fue hacia Teco y entró en el Cenú y las montañas altas de Carauta; fue herido y regresó a Norisco donde se encontraba Gaspar. Este luego de escuchar a sus dos soldados sobre lo visto a norte y sur de Ituango, decidió fundar una población en esa provincia y dice Castellanos que la llamó San Juan de Rodas… “En la parte que llaman Paramillo,/ Que dista dos leguas poco menos/ Del rapidísimo río Cauca./ Y allí fundó ciudad en obediencia/ Del máximo monarca don Filipo,/ Con nombramiento de San Juan de Rodas” el diez (10) de septiembre de 157022.

Luego de la fundación, Gaspar de Rodas regresó a Peque y Ebéjico para someter los indígenas que se habían levantado. La repartición hecha en San Juan dejó a todos insatisfechos, además él se reservó los indígenas peques y ebéjicos, para ser sujetos desde la villa de Santafé de Antioquia. Esto le costó muchos enemigos, incluido Francisco de Ospina. La contradicción se agudizó cunado ordenó a Juan Velasco trasladar el pueblo recién fundado (San Juan) al valle de Teco, sitio donde anteriormente Pedro de Heredia fundó pueblo: “Y ser el sitio donde fundó pueblo/Aaños antes el don Pedro de Heredia,/ Que duró poco, como queda dicho/ En lo que se trató de Maritué,/ Del cual salieron pocos con vida,/ Y entre ellos el buen padre Juan de Frias”23.

El descontento fue radical, la mayoría renunció a poblar a San Juan y se mudaron a Santafé de Antioquia. En el paso por Peque los indígenas tacaron y mataron a Gonzalo Verde y a Alonso Maldonado. Rodas resultó ileso y llegó salvo. Ya en Antioquia en 1571 le llegaron “Hierónimo de Silva” y Andrés de Valdivia, con los documentos de la creación de la gobernación de Antioquia… “[…] Trajo gobernación ya desmembrada/ De la Popayán, como la vemos”24.

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. 809

2. Ídem. Pág. 810

3. Ídem. Pág. 972

4. Ídem. Pág. 972

5. Ídem. Pág. 972

6. Ídem. Pág. 972

7. Ídem. Pág. 973. (Aquí la palabra lengua se utiliza para nombrar a los mestizos o indígenas que aprendieron castellano y fueron utilizados como traductores)

8. Ídem. Pág. 974

9. Ídem. Pág. 975

10. Ídem. Pág. 978

11. Ídem. Pág. 980

12. Ídem. Pág. 980 (Hoy puede colegirse, que se situó en las estribaciones del Paramillo)

13. Ídem. Pág. 981

14. Ídem. Pág. 981

15. Ídem. Pág. 981

16. Ídem. Pág. 982

17. El real es la denominación de la hueste, la tropa, el campamento de los españoles.

18. Ídem. Pág. 983.

19. Ídem. Pág. 985

20. Ídem. Pág. 986

21. Ídem. Pág. 988

22. 23. Ídem. Pág. 993

24. Ídem. Pág. 994

Imagen: Homenaje al Cacique Toné, de Humberto Elías Vélez E. Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga.

jueves, 14 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Tres: Yapel, Guacá, Utibará, Quinunchú, Urabá, Buriticá, los Heredia, Francisco César y Vadillo

 

Los Heredia hacen nuevas incursiones hacia el sur. En 1535 llegan a los territorios del cacique Yapel, quien guerrea hasta huir; Llegan al río Cauca y lo vadean. Los indígenas informados sobre los españoles quemaron los pueblos y huyeron. La hueste de Heredia, debió regresar a Cartagena. Castellanos mete dentro del lío de los Heredia y Vadillo, juez de residencia enviado desde Santo Domingo, la llegada de Francisco César con 100.000 castellanos de oro sacados de su recorrido por siete meses en el sur de la gobernación de Cartagena. Dice Juan de Castellanos que César entró en la región de Guacá y vio en ella un gran número de pueblos mineros… “Aunque sobre dicho potentado/ Es tierra del Guacá que se derrama/ Por rico Mineral a cada lado/ Cuya grandeza publicó la fama;/ Y el indio de quien era gobernado/ Utibará supieron que se llama;/ hicieron pues los nuestros sus conciertos/ De estarse por entonces encubiertos.”1. Francisco César fue bien recibido, aunque los indígenas temblaban de pánico ante los caballos. Utibará ataca con dos mil indígenas de guerra […] Con flechas, hondas, y con largas lanzas/ Y con sus atambores y ordenanzas”. Utibará es traído en andas y con un gran séquito de mujeres con útiles para comerse a los invasores… “Cuando venían era de ver dino/ El orden que traían los salvajes./ Aquellas joyas ricas de oro fino,/ Aquella gran soberbia de plumajes,/ Aquel alboroto todo torbellino,/ Aquellos ademanes de corajes,/ Y de los españoles el más fuerte/ Tragada, como dicen, ya la muerte”2.

El hermano de Utibará, menor, (Quinunchú, nombrado por Cieza) “[…] De grandes miembros, mozo tan lozano” es el general del campo indígena, arremete y sitia a los españoles. Francisco César ruega a su dios y expresa su concepto del enemigo: “[…] Guie la vuestra mi cansada mano;/ No prevalezcan los que no os entienden/ Y con tantas maldades os ofenden”3. Luego de esta invocación, pica los estribos del caballo y de gran estocada decapita al general indígena Quinunchú. El cuerpo es llevado a la litera de Utibará y este declara la retirada del ejército. Los españoles despojaron los caídos muertos “[…] de joyas de oro que trajeron buenas,/ Diademas, Chaguales, capacetes,/ Orejeras y rocos brazaletes.”4. Saquearon una tumba de un cementerio de Guacá la cual sola les dio 100.000 pesos. Ante la noticia del rearme de Utibará, rápidamente tomaron el camino hacia Cartagena y al cabo de tres días llegaron a Urabá.

Vadillo restituye a Francisco César en el cargo de General de Calamar – Cartagena y seducido por sus relatos decide organizar una incursión con trescientos (300) soldados, cien (100) etíopes esclavos, numerosos indígenas de servicio, doscientos (200) caballos de silla y muchos de carga; “[…] A César hizo general teniente/, por ser para tal cargo suficiente […] Fue capitan de la caballería/ Juan de Villoria, noble caballero;/ Por consiguiente del infantería/ Alonso de Saavedra, tesorero,/ Monte Mayor alférez, y regía/ El escuadrón que llaman machetero/ Baltazar de Ledesma, que con tino/ Había de romper duro camino […] Escuadra fue Francisco de Mojica/ Y otro dicho Juan Ruiz e Molina,/ Y con los mismos cargos del aplica/ A un Carvajal y otro Medina […] con sus colaterales Juan de Frades/ Un Portalegre y un Alonso Pérez/ De quien en los rigores o bonanzas/ Hizo Vadillo grandes confianzas”5.

En este último verso está el nombre de Juan de Frades, hombre que entrará luego con Robledo al valle de Aburrá. Lleva además cuatro (4) cuatro religiosos, armamentos, “Trompetas clarones”. Por mar Vadillo recorre de Cartagena a Urabá, allí desembarca y transita, dice Castellanos, un camino ya conocido: Urabaibe, Montería, la provincia de Abive, “Terreno de poquitos moradores,/ Mas eran curiosos labradores […] Humana carne comen todos ellos,/ Y es gente de gallarda compotura;/ Traen ellos y ellas los cabellos/ Tan largos que traspasan la cintura;/ Hombres luengos de zancadas y de cuellos/ El cuerpo sin ninguna vestidura,/ Pero cubren las partes vergonzosas/ con pedazos de manta y otras cosas”6.

De Abive entran por las sierras hasta llegar a unas sabanas cultivadas de algodón, con el nombre de valle del Pito, por haber muchos chinches. Los indígenas presentaron batalla. Los conquistadores vencen a punta de estocada y “Corría por el campo vena gruesa/ De sangre del ejército salvaje”7. Llegaron luego a un valle llamado Mauri, toda tierra de Guacá, regida por Utibará. Vadillo se asentó en “Mauri por estar más cercano/ Al río del Guacá”, y de allí mandó buscar a Utibará, quien estaba con su gente, mil indígenas, fortalecido en una sierra. Vadillo utiliza la experiencia de Francisco César y suben la cuesta con dificultad con toda la hueste; “Y de repente dan en una mesa/ de gentil vista, todas partes rasas,/ Y en ella grande número de casas”8. Los indígenas salen en masa, hacen retroceder a los conquistadores quienes vuelven al valle de Mauri, donde está Vadillo. Se rearman y deciden volver sobre Utibará porque estaban informados que guardaba un tesoro; además, vencer a Utibará le sposibilitaba entran en regiones muy ricas como la provincia de Nori y la de Buriticá. Dice Francisco César: “Aquí tenemos guía que publica/ Haber otros riquísimos terrenos,/ La provincia de Norí ser muy rica,/ La de Buriticá ni más ni menos”9.

A Utibará, se le dejó y Vadillo se dirigió al Nori. Allí encontró s una serie de valles poblados y con la batalla sangrienta en el primer pueblo encontrado, los demás huyeron y dejaron a disposición de los conquistadores gran cantidad de comida. Castellanos versifica: “Crecen sanguinolentas tempestades/ De los que van diciendo ¡Santiago!/ Juan Ruiz de Molina y Juan de Frades/ En bárbaros hacian grande estrago…”10. Les vino de paz el cacique Nabuco de Nori y entregó “[…] dos mil pesos de oro fino/ Con otras muchas cosas en presente;/ Sagaz y en el aspecto venerable/ Y para bárbaro Varón afable”11. Vadillo le regaló un bonete colorado con una galana pluma, “El bárbaro mostró quedar contento”. En Nori no encontraron oro. Interrogaron a Nabuco y este se ofreció a guiarlos hasta Buriticá, provincia rica y sus naturales eran prósperos. Al cabo de tres días de camino inhóspito llegaron “Pues al septentrión y al medio día,/ Y al orto y al ocaso, van subidos/ Cerros, la cumbre dellos algo fría;/ Y ansí los indios andan bien vestidos,/ Dispuestos y de mucha gallardía,/ Valientes, sueltos, bravos y atrevidos/ Y ricos, pero poco labradores,/ Por ser de oro todas sus labores”12.

Los pobladores de Buriticá tenían un fuerte. Castellanos le dice palenque. Allí se concentraron. El palenque se describe como un alto fortificado con maderos y con accesos de caminos para una sola persona. Los indios enbijados y fortificados, es muestra que esperaban a los conquistadores. El fuerte cayó y el cacique (de quien nadie recuerda su nombre –dice Castellanos) guió a Vadillo por uno senderos escarpados hacia el lugar donde estaba el oro, del que se exigieron doce (12) cargas. El cacique engrillado y sostenido por cuatro soldados se despeño a propósito y con el cayeron quienes lo sostenían; pero un zarzal les detuvo la caída. Ante el hecho Vadillo mandó a cuatro negros a que quemaran vivo al cacique. Los soldados exhibieron el cuerpo quemado, montado en un caballo por el pueblo de Buriticá.

La hueste de Vadillo siguió hasta un provincia llamada Iraca “[…] llena de poblaciones y abundante;/ Y antes que por la tierra se metiese/ Al campo dio mandado que viniese”13. Dice Castellanos que llegaron a un río grande, (el Cauca) y a una provincia con pozos de agua salada de los cuales los indígenas sacaban sal como el principal producto de su economía. Cruzaron otro río llamado Garú cerca de la ciudad de Cori 14con mucha gente quienes dieron batalla y hubo muchos heridos. Los indios Cori huyen y la hueste descansó veinte días. Allí francisco César enferma y muere. Vadillo recibe noticia de una residencia que se le adelantaba y para evitarla sigue hacia el sur, hacia las provincias de Cartama y Caramanta “El primer pueblo de estas vecindades/ De todas cosas lo hallan falto,/ Y los indios con grandes cuantidades/ Tenían de la sierra lo mas alto;/ Mas con ciertos soldados Juan de Frades/ Tomó siete gandules en un salto,/ Y con intérprete que los entiende/ Vadillo preguntó lo que pretende”15. Llegaron hasta Ancerma y batallaron con los indígenas de varios pueblos. Allí los indígenas sorprendieron haciendo sus necesidades coprológicas a García-López y lo mataron. García antes de morir mató cuatro indígenas16. Los conquistadores se desquitan y hacen escarmiento; Castellanos lo versifica así: “Y esta parte, do se representa/ Haber sido la muerte y el conflicto,/ Emplaron después mas de cincuenta/ Que estaban harto libres del delito;/ Y ansi toda la tierra se amedrenta/ De modo que no dan guerrero grito,/ Antes de paz un cierto señor vino/ Y trajo dos mil pesos de oro fino”17. Pasaron a Otumani, a la provincia de Guarama “Y todo lo Hallan abrazado” igual en Nacor y Dabitó. El hambre los acosaba y de nuevo enviaron a Juan de Frades experto explorador, pero no encontró camino de pueblos. Pasaron el río y allí encontraron pueblos vacíos con comida. Vadillo siguió hacia el sur y se encontró con Jorge Robledo, y fue advertido de estar en territorios de Pizarro, gobernados por Belalcázar. La tropa en Lile repartió el oro rapado a los indígenas en la correría desde Cartagena, despojando así a Vadillo, quien se embarcó por Cali hacia Panamá. Allí fue prendido por su juez de residencia y enviado como reo a Castilla.

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. 749

2. Ídem. Pág. 750

3. Ídem. Pág. 751

4. Ídem. Pág. 752

5. Ídem. Pág. 756

6. Ídem. Pág. 758

7. Ídem. Pág. 760.

8. Ídem. Pág. 763

9. Ídem. Pág. 766

10. Ídem. Pág. 767

11. Ídem. Pág. 770

12. Ídem. Pág. 771

13. Ídem. Pág. 778

14. Ídem. Pág. 781

15. Ídem. Pág. 783

16. Ídem. Pág. 788.

17. Ídem. Pág. 788

jueves, 7 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Dos: Cenú, Cospique, Cocon, Caricocox, Matarapa, Bahaire y Vadillo

 

Después del caso de Aguirre ocurrido en 1561, el beneficiado Juan de Castellanos, prosigue su crónica versificada sobre la invasión de América por los españoles. La distancia de cincuenta años de la llegada de Colón y los años menos de otros acontecimientos, más cercanos, le permiten tomar unos personajes, hacerles el relato de sus acciones hasta su tiempo el año de 1600. Vuelve al principio de la conquista con otros personajes como el licenciado Juan de Vadillo en 1539, enviado por la Audiencia de santo Domingo (La Española), a tomarle residencia a Pedro de Heredia, creador de la gobernación de Cartagena, al separarla de la gobernación de Santa Marta. Heredia consiguió esta gobernación con un viaje a España donde convenció el Consejo Real de la necesidad de la creación. Heredia incursionó en el “Cenú” y el oro rescatado de la profanación de las tumbas indígenas se lo apropió, no lo compartió con sus soldados; felonía que ocasionó la denuncia ante la Audiencia.

Vadillo llegó a Cartagena con cuatrocientos (400) soldados y cien (100) caballos. Dice Castellanos de él, ser un joven muy vital; hace huir a Heredia quien pierde sus riquezas en naufragios. Pero Vadillo seducido por el oro, como todos los conquistadores, entra por el “Cenú”, tierra adentro, hasta llegar a Buriticá, en la futura Antioquia.

Cartagena se crea por las contradicciones entre el gobernador de Santa Marta Diego de Nicuesa y Pedro de Heredia y éste consiguió la gobernación en 1537, llamada inicialmente Calamar. “El despacho se dio que pretendía/ De la gobernación de Cartagena/ Y el término de tierra se estendía/ Desde el gran rio de la Magdalena/ Hasta el Darien y su bahía,/ Y por la tierra adentro fue muy llena,/ Con las fuerzas y vínculos bastantes/ Que se dan en negocios semejantes.”1

Heredia y su teniente Francisco César iniciaron la conquista de Calamar (Cartagena). Los indígenas indómitos dirigidos por el cacique Corinche, presentaron fiera batalla y los españoles hicieron una carnicería: “El buen gobernador iba delante/ Dando de su valor patente muestra,/ Recambiando la lanza penetrante,/ Vez a la diestra, vez a la siniestra;/ Corría rojo rio y abundante/ De los que clava su potente diestra;/ Brama la tierra con mortal gemido,/ Y aumentarse al grita y alarido”2

Castellanos no ahorra imágenes del horror de los indígenas vencidos… “Desta manera son los embrazos/ Que ponen a los vivos los caidos,/ Con piernas y con piés, manos y brazos/ Que por aquel lugar están tendidos:/ Cabezas repartidas en pedazos,/ Y sesos derramados y esparcidos,/ Con los demás belígeros pertrechos/ Con que se mueven semejantes hechos”3. Luego de esta batalla, los caciques indígenas “Cospique, Cocon, Caricocox, Matarapa y Bahaire” vinieron de paz y aceptaron las condiciones del conquistador.4 La paz se selló con un banquete ofrecido por Heredia a los caciques comarcanos con la comida que ellos llevaron y con vino de castilla. Aquí en este punto de la crónica versificada, el Beneficiado se pregunta si la paz estuvo en firme y se responde revelando como obtuvo la información. Los veteranos de la conquista le enviaban escritos: “Aunque según las relaciones nuevas/ Que de la villa de Mompox me envía/ El antiguo soldado Juan de Cuevas,/ No fue poco sangrienta la porfía,/ Pues antes de la paz hicieron pruebas/ De lo que cada cual parte podía;/ Más Gonzalo Fernández no da cuenta/ sino de lo que aquí se representa”5

Heredia convirtió a Calamar – Cartagena en un puerto pujante de intenso comercio de mercancías europeas cambiadas por oro “rescatado” de los indios (esta palabra encubre lo que realmente ocurrió: el despojo). Heredia informado de las riquezas que prometía el sur, arma en 1534 una incursión. Llegó al “Cenú” y dice Castellanos que encontró un pueblo de indios en cuya plaza tenía un santuario en una de sus esquinas, capaz de albergar mil hombres.6

“Y aun dos mil hombres no quedaran faltos/ De lugares cumplidos y bastantes:/ Dentro del se pusieron en dos saltos/ Esos que por allí llegaron antes:/ Ídolos veinte y cuatro vieron altos/ Todos como grandísimos gigantes,/ De madera labrada lo intestino/ Y lo de fuera hoja de oro fino […] Tenía cada cual puesta tiara/ O mitra de oro puro bien tallada;/ De dos en dos tenían una vara/ Sobre sus anchos hombros travesada,/ Cuyas posturas son cara con cara/ Y una hamaca del bastón colgada,/ En las cuales hamacas recibían/ El oro que los indios ofrecían […] Era todo lo más oro labrado/ Y había también oro derretido,/ Finísimo después de quilatado,/ Puesto que por encima denegrido,/ Que algún tiempo debió de ser quemado/ Aqueste santuario referido;/ Y ansí los indios con aquel mal talle/ Se lo dejaron sin osar tocalle […] Había muchos árbores afuera/ Pegados con el dicho santuario,/ Colgados de los ramos en hilera/ Campañas de oro no de talle vario,/ Más en tamaños, formas y maneras,/ Según un almirez de boticario;/ Y en un momento mano bien Instructas/ Los despojaron de estas bellas fructas […] Recogidas las dichas campanillas/ Cuyo sonido daba gran consuelo,/ para ver si eran de oro las costillas/ Derriban las estatuas en el suelo:/ Quitan las vestiduras amarillas,/ No de brocados ni de tercio pelo, /Más oro puro, hoja mal batida,/ De más valor cuanto menos polida”7.

El oro allí despojado, dice Castellanos, se calculó su valor en 150.000 ducados. Además de este interés por el oro, la observación de Castellanos tiene un interés antropológico. El pueblo indígena esta construido alrededor del santuario, de la plaza que tiene esquinas –dice-. Los colosos gigantes al estar vestidos de oro, indican que los adoradores llevaban, igualmente, vestido; y las campanillas y frutos de oro que pendían de los árboles alrededor del santuario, indicaban la intención de crear un ambiente de sosiego y paz. El sonido de las campanillas de oro daba gran consuelo –dice Castellanos-. Además que el santuario estaba rodeado de tumbas [montículos] según un indígena “mozuelo” quien les dijo:

“Porque según antiguamente canta,/ Y es opinión de todos mis mayores,/ Esta que veis es toda tierra santa,/ Llena de sepulturas de señores:/ Encima dellas ponen una planta/ Destas que veis o grandes o menores,/ Y otras en la grandeza más enhiestas,/ Según los tiempos en que fueron puestas […] Ansí que, porque el muerto meno pene,/ Aqueste lugar toma por abrigo,/ O natural o quien de lejos viene,/ Y aqueste suele ser orden antiguo,/ Que las preseas quel difunto tiene/ Al mundo donde va lleva consigo,/ Y la macana y arco y el aljaba/ Con que cuando vivía peleaba”8.

Continúa el cronista versificando al poner en labios del indígena “mozuelo” una descripción de las costumbres de su grupo social: enterraban vivos con él a sus sirvientes y queridas; la tumba es una “cueva cuadrada” y luego del entierro con el debido equipaje y comida, se llena con una tierra distinta y coloreada. En un “duho” (asiento bajo de piedra o madera o de oro) ponen el difunto sentado con la mochila y el poporo. Hay sepulturas en pirámide para difuntos de poca valía, pero con oro; el difunto se llora, se le hacen “areïtos”, se le dedican borracheras, las “endechaderas” cantan tristes.

El hermano de Pedro de Heredia, Diego, llegó de Guatemala. Pedro lo nombró general de su hueste y desplazó a Francisco César. Diego volvió al “Cenú” y profanó más sepulturas en Tolú y Mogotes. Dice Castellanos que esas piezas de oro eran “[…] diversísimas figuras/ Y de todas maneras de animales,/ Acuáticos, terrestres, aves, hasta/ Los mas menudos y de baja casta./ Dardos con arcos de oro rodeados,/ Con hierros de oro grandes y menores,/ Y en hojas de oro todos aforrados;/ Ansi mismo muy grandes atambores/ Y cascabeles finos enlazados,/ Según los de pretales y mayores,/Flautas, diversidades de vasijas,/ Moscas, arañas y otras sabandijas.”9

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. 696

2. Ídem. Pág. 704

3. Ídem. Pág. 705

4. Ídem. Pág. 710

5. Ídem. Pág. 712

6. Ídem. Pág. 719

7. Ídem. Pág. 719

8. Ídem. Pág. 719 – 720

9. Ídem. Pág. 725

Imagen: Theodoro de Bry 1602 Enterramiento Cacique Cinu.jpg


miércoles, 6 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Uno: Cristóbal, Ursúa y Lope de Aguirre. La belleza de los caribes


Aquí hago un acercamiento a la crónica versificada del Beneficiado Juan de Castellanos. La lectura de esta obra exige construir una familiaridad con los versos y con los acontecimientos de base. En la medida en que las imágenes sobre los protagonistas, las geografías y las acciones se van posando en nuestro cerebro, la lectura discurre y de pronto la forma versificada se diluye para luego reaparecer. El acercamiento a esta extensa elegía lo he hecho buscando a dos personajes de los cuales me quiero formar un acervo documental sobre los hechos de su vida cotidiana, en el contacto que tuvieron con Antioquia. Se trata de Gaspar de Rodas y su hijo mestizo Alonso de Rodas. Ellos tuvieron uno de los primeros contactos con las sociedades indígenas asentadas en el norte del Valle de Aburrá, en especial lo que se llamó el Hatoviejo. Pero la referencia a los personajes tiene una entronización en el contexto de la conquista y por eso, estas notas se dejan llevar por esa entrada, en la que seduce la mirada antropológica de Beneficiado, por la que llena su obra de nombres, lugares, hazañas, y en especial la guerra de exterminio contra los naturales de esta parte de América.

El “Beneficiado” Juan de Castellanos, escribe sus elegías en “una época renacentista de dualismo ideológico, cuando se mezclaron los ideales caballerescos y teocéntricos del mundo medieval, con los antropocéntricos y mercantilistas del mundo moderno”1. La obra fue compuesta durante 45 años en Tunja. La primera redacción la hizo en prosa de 1561 a 1562, y de 1577 a 15892.

Castellanos realiza la crónica versificada a los cincuenta (50) años de iniciada la invasión de América, la conquista. La escribe como si fuese una gesta parecida a la del Mío Cid o la Eneida, o la Ilíada y la Odisea. Dice del ejército de Colón: “Al occidente van encaminadas/ Las naves inventoras de regiones”. En el contacto con los habitantes de América, Castellanos expresa, con la convicción del conquistador que ve el lado oscuro de su cultura: Con la iluminación de la iglesia y Jesucristo vemos “gente bruta, divertida en diabólicas idolatrías;…”3. Dice que fueron exterminados millones de indígenas y destruida su tierra y cultivos “De ver que de millones/ Ya no se hallan rastros ni pisadas;/ Y que tan conocidas poblaciones/ Esten todas barridas y asoladas,/ Y destos no quedar hombre viviente/ Que como cosa propia lo lamente.”4.

Castellanos pone en boca de Martín Pinzón, compañero de viaje de Colón (quien llamaba a entender y considerar a los naturales), palabras para mostrar su propia apreciación sobre los indígenas y justificación de la conquista. Pinzón dice: “Pues aunque todos estos naturales/ Muestran cinceridad y buen intento,/ No me podréis negar el ser bestiales,/ Sin fe, sin ley, sin buen conocimiento,/ Sin peso su razón y siendo tales/ También se moverán a cualquier viento:/ Un indiezuelo vil que los atice,/ No dudarán hacer lo que les dice”5.

Dedicado a hablar del segundo viaje de Colón, dice en un verso de los caribes, ser fieros y bellos; en las islas Guadalupe y Marigalante: “Salen de aquí caribes con armadas/ […] En sus piraguas bien aderezadas,/ ayudadas de velas y de manos;/ […] Sus flechas son de yerba tan insana/ Que mueren cuantos della son llegados,/ Las gentes de estas islas es lozana,/ Altos, fornidos, bien proporcionados,/ Y todos ellos comen carne humana,/ Mejor que la de puercos o venados;/ Acometen con más atrevimiento/ que tigre que a la caza va Hambriento”6.

Por las necesidades de combatientes, al organizar las incursiones por el Orinoco, desde la isla Margarita alrededor de 1520, Jerónimo de Ortal, recibe noticia de un grupo de soldados, quedados en la isla Cubagna, rica en perlas y pobre en vegetación; esos soldados terminaron cometiendo, muchos delitos, incluso el de sodomía. “[…] Ortal para Cubagna se fue luego/ A fin de recoger alguna gente,/ Que hicieron ausencia del armada,/ Y cosas que serían convenientes/ A la prosecusión de la jornada:/ Allí supo delitos diferentes,/ Dignos de corregir mano pesada,/ y en una levantisca compañía/ Un no sé qué hedor de sodomía.”7

Otra muestra de la crueldad y descomposición (según sus códigos morales cristianos) de los soldados conquistadores, soldados en la guerra y ante un enemigo superior en número, está en esta noticia y crónica verificada de Castellanos, sobre la seducción de las mentes codiciosas de oro causada por la imagen del Amazonas, concebido como un mar mediterráneo, regido por mujeres con cuerpos masculinos.

Desde la isla Margarita, Armendáriz encomienda a Pedro de Ursúa, someter ese mundo a la corona. Le tocó formar el ejército con los peores hombres de la conquista, aunque él no lo sabía y por eso llevó consigo a su hermosa mujer, Inés, una limeña hija de Blas de Atienza. “Ellos […] de corazón malo y horrendo,/ Como fue Joan Alonso de la Vanda,/ Lope de Aguirre, Pérez y Salduendo,/ Diego Torres, Vargas y Miranda,/ Y un Cristobal Fernández, mal cristiano,/ Pero [Pedro] Ferández y Miguel Serrano”8 mataron a Ursúa por querer asumir el mando “Pues la Caterva vil, sucia, bellaca,/ Echando mano van a las espadas,/ Y con furor que del infierno saca/ Entrambas puertas tienen ocupadas:/ Finalmente rodean la hamaca,/ Y allé le dan crüeles estocadas;/ El viéndose herir de golpes fieros/ les dice: ¿Por qué es esto, caballeros? […] Cayó diciendo bien y claramente/ Santísimos artículos del credo;/ Con esta contrición bien conocida/ El Ursúa partió de aquesta vida”.9

En este pasaje Juan de Castellanos, refuerza su percepción de crueldad y maldad de los conquistadores. Resalta como el moho de las espadas no se cansan de destrozar entrañas. Detalla muy bien lo acontecido después del asesinato de Pedro de Ursúa. Se deleita poniendo a Lope de Aguirre los calificativos que muestran en extremo su maldad. Al momento en que muere Isabel de Ursúa, ella le dice al asesino: “¡Traidor! Si tu naciste de mujeres,/ ¿Qué bestia paró hijo tan nefando?/ Y si eres hombre, di, ¿Cómo no mueres/ Tan enorme traición imaginando?/ Desdichado de ti, que donde fueres/ Siempre la soga llevas arrastrando,/ Pues la justicia del divino alarde/ No deja de llegar, aunque se tarde.”10

Lope de Aguirre vuelve a la isla Margarita, la somete y la destruye: Un monje escapa y denuncia ante la audiencia de la Española los desmanes y asesinatos. La audiencia organiza una hueste para dar caza al tirano Aguirre. Este al enterarse, reúne todos los hombres y mujeres y antes que el oro, se lleva todo el vino; entra en tierra firme por Maracaibo y se hace fuerte en Barquisimeto. Aguirre allí mata a su hija: le dice que si queda en manos de sus enemigos, la señalarán como la hija del desertor. Ella responde: “Cristianas gentes son entre quienes quedo,/ Y a quien no daré causa de discordia:/ Mostrar con mujer flaca tal denuedo/ No es animosidad sino recordia:/ ¡Desdichada de mí, pues que no puedo/ En mi padre hallar misericordia!/ Nomás, señor, tened vuestra derecha”. Él le responde: “Nada hija, te aprovecha”. “[…] Mi día llegó, llegue tu hora:/ No quiero que te digan los leales/ La hija del traidor, ó la traidora”/ Y para colmo de sus malos hechos/ Dióle de puñaladas por los pechos”11

Diego García de Arce, Galindo y Guerrero, compañeros de Aguirre, al verse vencidos y sitiados, pasaron a su jefe por sus espadas a petición del mismo Aguirre: “Al fin que como tanto le rogasen/ Aquellos a quien esto mas agrada,/ A estos les mandó que le tirasen,/ Y al uno que tiró dijo ser nada;/ Mas como mas de veras apuntasen,/ Cayó la bestia mala, traspasada/ Sin alcanzar aquello que pedía:/ Parece ser que no lo merecía.”12

Guillermo Aguirre González. Octubre 2021

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. XI

2. Ídem. Pág. XII.

3. Ídem. Pág. 35

4. Ídem. Pág. 39

5. Ídem. Pág. 42.

6. Ídem. Pág. 52

7. Ídem. Pág. 216

8. Ídem. Pág. 307

9. Ídem. Pág. 316

10. Ídem. Pág. 322

11. Ídem. Pág. 342

12. Ídem. Pág. 342

Imagen. Oros y cerámicas Zenúes.