lunes, 22 de septiembre de 2014

Novelas sobre la guerra. Vida y destino de Vasili Grossman

Ser distinto y pensar a su manera
Por Guillermo Aguirre González

La opinión es un ejercicio de libertad y es producto de ese propósito de los grupos humanos de "conquistar el derecho que todo el mundo tiene a ser diferente, a ser especial, a sentir, pensar y vivir cada uno a su manera". Este derecho se radica a su vez en el instinto animal porque se relaciona la libertad con el ser a su manera. Grossman concibe la libertad como un instinto y por él interpretó lo que pasó en el mundo en la primera mitad del siglo XX, como la adopción del totalitarismo. De paso, en un diálogo de presos políticos en un gulag, se dice que Marx no valoró la libertad y esta afirmación relaciona la concepción de la libertad como instinto y como derecho inalienable.

Quedan planteadas dos concepciones de la libertad. Una como derecho inalienable y la otra como un constructo social. Ambas tienen las mismas consecuencias en el mundo; pero se diferencian en el origen. Lo inalienable en el ser humano se funda en la naturaleza. La libertad es inalienable porque es un derecho natural, un don natural. Estos pensamientos, del ámbito de la filosofía, pasaron a la política y de ahí al mundo práctico. Desde el siglo XVII, el mundo occidental, comenzó una lucha interna entre las clases sociales y entre el viejo y el nuevo régimen, para adoptar por acuerdo los bienes inalienables del ser humano y elevarlos a la condición de valores sociales. En otras palabras, la creencia en la existencia de derechos naturales se transformó en un acuerdo, o como lo nombró Rousseau, en un contrato social. De esta manera se conquistó el derecho a la diferencia, a pensar y sentir cada uno a su manera.

La otra concepción, plantea la libertad como una construcción social, y cada época de la humanidad ha tenido la suya. La sociedad moderna adopta los derechos del hombre y el ciudadano, porque la acumulación de riqueza con el método capitalista, exige declarar al ser humano practicante de todas las libertades. Libertad de pensamiento, de movilidad, de empresa, libertad religiosa y libertad de vender o no su fuerza de trabajo.

Esta concepción fue calificada de liberal por Marx. La teoría marxista del ser humano y de la sociedad no tiene como base la libertad. Tiene como base el trabajo. La producción de los medios de subsistencia hace que el ser humano adopte formas de relacionarse y por tanto un tipo de libertad. De esta manera la humanidad ha construido formas diversas de relacionarse, dependiendo de las formas de producir los medios de subsistencia. Así la historia de la humanidad tiene en su haber una libertad primitivista o tribal, una libertad antigua (egipcia, griega, romana) en la que coexistían los libres con los esclavos. Una libertad medieval con señores dominantes y siervos sometidos. Un libertad moderna burguesa y capitalista, la misma que garantiza la acumulación de la riqueza del mundo, en pocas manos.

Decir que Marx no valoró la liberad, que el mundo se debe organizar en torno al derecho de conquistar la diferencia, el derecho a ser distinto, a pensar a su manera, son proposiciones que lesionaron las políticas del partido comunista soviético. La teoría social, la libertad, el ser humano, deben pensarse según las directrices del partido y hacerlo de modo distinto es declararse en disidencia y someterse al castigo, a la purga. Por eso Vida y destino de Grossman fue una novela confiscada, censurada y no circuló en el mundo ruso.

Medir el mundo a partir del concepto de libertad y luchar por organizarlo en torno a este concepto, obliga a ubicar en un lugar común a todos quienes quieren medir el mundo y organizarlo por la raza o por la economía. Por eso Grossman construye la idea de totalitarismo para ubicar en él, los regímenes que impiden la individualidad y el derecho a ser diferente. Son totalitarios los nazis, los comunistas soviéticos, los cristianos y musulmanes fundamentalistas. Es muy liberal abogar por la libertad per se, por un régimen que garantice pensar y sentir distinto. Y es muy comunista, pensar en un régimen que tenga como principio la prohibición de enriquecerse, de acumular y acaparar los medios de subsistencia y condenar a la mayoría a la carencia de todo incluida la vida.

Parece que los seres humanos están inmersos en un misterio. Si adoptan la plena libertad, tendrán que sufrir la guerra por el monopolio de los bienes y vender su fuerza de trabajo al mejor postor o quien pague lo que sea por ella: se tienen todas las libertades incluida la de morirse de hambre. La otra, si adoptan un régimen que garantice la subsistencia (salud, educación y vivienda) deben sacrificar la libertad o parte de ella. No hay término medio.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Cuando dios perdona y premia el pecado. Sobre Bola de Sebo de Maupassant

Cuando dios perdona y premia el pecado

Por Guillermo Aguirre González

La gente sencilla es solidaria. La gente sin títulos nobiliarios está dispuesta a recibir al noble caído en desgracia. La gente del pueblo resuelve los conflictos por el acuerdo deliberado o por métodos consuetudinarios. Estas observaciones, son convicciones de Maupassant. Las tiene presentes y las ubica en Elizabeth Rousset, una mujer que se gana la vida con la venta de placer. Maupassant toma partido por ella, a pesar de que la llama Bola de Sebo, un apodo despectivo, tanto como la descripción que hace de ella, pues resalta la acumulación de grasa en su cuerpo especialmente en sus manos y sus dedos; pero le pone la piel tersa y la carne joven y la hace tomar la actitud de una mujer desprendida y libre. Es precavida, honesta, amante de lo humano, dadivosa, servicial. A través de ella se mide la sociedad de la ciudad normanda de Ruan en 1871, invadida por la Prusia de Bismark. Ella es el pueblo solidario y no, ese otro personaje, que canta la Marsellesa, Cornudet. Este es un republicano que pregona la igualdad, la solidaridad y la libertad; pero deja que la dignidad de Elizabeth sea destruida. Por eso la virtud ciudadana es ubicada en el pueblo llano.

 El sentido nobiliario de la vida, el sentido burgués industrial, burgués comercial, el de los cristianos católicos, el de los liberales republicanos, es puesto en un solo lugar; en el lugar de los poderosos quienes humillan al desposeído, cuando hablan en público de su riqueza. Si los desposeídos tienen algo que les sirva o necesiten ellos, se lo quitan. Y si lo ofrece a voluntad, lo desprecian. El poder es arrogante y tiene un acervo cultural que le permite sustentar sus privilegios con conductas ejemplares de héroes y santos.
 
En el escenario del cuento, la vida de la burguesía, de la nobleza, la iglesia y el republicanismo, quedan a merced de las artes amatorias de Elizabeth Rousset. El ejército prusiano pide tener la piel de Bola de Sebo para dejar libre a los representantes de los estamentos. Ella les quitó el hambre y la sed de vino, al compartir su canasta de víveres y cuando creyó atraer su atención y tener sus consideraciones, le exigen prostituirse a su favor. Para lograrlo, invocan muchos ejemplos del pasado estratificado en dosis ejemplarizantes. La voluntad de Elizabeth puesta a punto como la dignidad de la patriota ante el invasor alemán, se intenta quebrar. Le dicen que dios perdona y premia el pecado cuando se comete para salvar la vida de aquellos que le representan en la tierra. La mujer sencilla del pueblo, recibe discursos sobre nobles caballeros, santos, augustos comerciantes y liberales napoleónicos que debieron pecar para salvar la humanidad. Elizabeth no es capaz de refutar los argumentos de esos aparatos ideológicos. Calla y accede.

 Cornudet, el republicano, el contradictor de nobles, burgueses y eclesiásticos, está llamado en el escenario a defender la dignidad de Elizabeth, pero su vida depende también del sacrificio de la moza. Se espera la acción de Cornudet porque él encarna la tercera república francesa; pero esa ha llegado castrada. La igualdad, la solidaridad y la libertad se han aplazado. Ahora es una forma escrita sin efectos materiales y vive de la sangre derramada por los sans-culottes de la última década del siglo XVIII. Ese pueblo, llamado despectivamente sin calzones, precavido, honesto, amante de lo humano, dadivoso, servicial, lo dio todo por la nueva Francia y por una humanidad sin discriminación, sin desigualdad; pero recibió a cambio, hambre, opresión, burla y desprecio.

 En la base de Bola de sebo de Maupassant, hay una crítica de la guerra, porque muestra su crueldad. Ella se lo lleva todo y saca a relucir la mezquindad oculta en las formas de cortesía y en la normalidad. La guerra “saquea en nombre de las armas vencedoras y ofrenda sus preces a un dios”, dice Guy.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Novelas sobre la guerra. Vida y destino de Vasili Grossman

La delicada dignidad
Por Guillermo Aguirre González

 
Esta actividad terrible de la humanidad, pareciera que puede aplazar la dignidad y la cordura; opacarlas, congelarlas, para revivirlas luego, cuando llegue la paz. La guerra vista desde el lado soviético, según el testimonio literario de Grossman, ocasionó muchos momentos en los que se aplazó la humanidad. Liudmila, viaja a una población en la que se halla su hijo herido en batalla. Cuando llega, él ya ha muerto y lo han enterrado. La mujer ante la tumba, sufre una fuga de la realidad e insensibiliza su cuerpo. Su carne se anestesia y solo funciona su cerebro. Habla con su hijo, le ve con los ojos de las ideas y su imaginación. Luego de una noche ante la tumba, la madre vuelve a la conciencia con la luz del día.

 Se presenta al lector un viejo sentimiento: lo humano es demasiado humano y parece que existiera solo, sin contacto con la tierra, parece que flotara junto con las ideas y la imaginación. Este sentimiento lo ha enriquecido la historia heroica, la historia de los héroes, de los reyes, de los elegidos. Los relatos sobre ellos han dado al observador la imagen de unos seres sin necesidades materiales. Desde tiempos remotos se construyó la convicción de lo deleznable de la carne y la importancia de preservar el verbo como expresión de lo divino. La idea es la voz de dios y si se puede transmitir al hijo, el transmisor puede desaparecer, puede ser objeto de escarnio y exterminio porque ha garantizado la pervivencia de las ideas.
 
La cultura defensora de lo humano per se, puede aplazarse, mientras se diezma la población para garantizar el predominio de las ideas del poder. Luego de la guerra vuelve lo humano a reinar hasta la próxima hecatombe. Esta lógica olvida y hace invisible la dignidad, esa construcción delicada relacionada con el dolor, la angustia, el amor y la fragilidad de la vida. Ningún ser puede ser privado de la vida, bajo ningún pretexto. No se sabe nada de lo que ocurre en el interior de los otros seres vivos, salvo en el animal humano. En este lo fundamental es el mundo interior. Cuando la guerra impone en los seres queridos la violencia se lesiona la dignidad y se conmueve hasta la locura el mundo interior.
 
La guerra llevada por Alemania a la Rusia soviética, según Grossman, dejó momentos en los que la dignidad lesionada y aplazada, se vuelven dramáticos. Es el caso ya nombrado de Liudmila. Otro es el del piloto Víktorov. Antes de volar al frente de batalla, pasa por un bosque que se halla entre su residencia y el campo aéreo. La inminencia de la muerte, impuesta a un joven pleno de vida, por el poder, le hace pensar en la tierra, los árboles y en el ámbito natural. Por su nariz entra el olor característico de varias especies, álamos, helechos, abedules y abetos. El silencio de la vegetación se escucha como un susurro. Víktorov, se despide de todo, con dolor. Toda esa belleza termina, porque se la han quitado. Es un momento para pensar en el despojo.

La dignidad de Abarchuk tiene historia. Ingresó desde muy joven al partido comunista. Por su participación en la Revolución de Octubre, obtuvo importancia política dentro del partido. Se adhirió a las apreciaciones y críticas de Bujarin sobre la colectivización y la política agraria de Stalin y por eso fue condenado al Gulag. En esa prisión Abarchuk delira, ve llegar a Bujarin fusilado para hablarle del comunismo y la nueva sociedad. Imagina construir un sindicato con los demás presos para demostrarle al partido que sigue siendo un comunista y lograr la reivindicación; pero se sabe que no hay retorno, este comunista ha sido objeto de purga, el comisario del pueblo lo encontró culpable de desviación por su espíritu crítico. El partido y sus gobernados deben ser monolíticos en el pensar y en el actuar. La dignidad del ser humano debe aplazarse hasta después de la guerra y luego se debe someter a los intereses del partido y del Estado.
 
La dignidad es un sueño de la razón, destruido y redivivo, por la misma razón y por épocas. Lo defendible es la voz del sujeto, su abstracción, el sentido de la existencia, el goce de estar entre la exuberancia del afuera; estar con los otros en el intercambio de experiencias y subjetividades. Ni el Estado, ni la historia son pretextos contra la dignidad.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Sobre El nadador de John Cheever

Una ciudad de vapor
Por Guillermo Aguirre González

 Una piscina en casa, exige a su vez un bar, alojamiento para invitados, cocina y otras comodidades. Estas condiciones de residir sobre el planeta, la tiene una clase social media alta, la misma que sirvió a John Cheever para construir su obra literaria, llena de capacidad narrativa. En el cuento El nadador, Nell Merrill sufre una especie obnubilación luego de haber perdido su nivel social; es decir, bajó de clase y ahora, le tocó trabajar, ser asalariado para vivir. La obnubilación se da cuando decide pasar el condado de New York en el que vive y creció, a nado, de piscina en piscina, hasta llegar a la suya.
 
Nell no es consciente de su nueva situación de desclasado. En las 17 piscinas que visita a hurtadillas, los dueños le insinúan su situación; pero él no entiende o no quiere entender o no puede entender. Su mente está conectada con el agua, con el disfrute de su cuerpo sumergido, con el color del verano. Le es más importante detectar la calidad del agua: si tiene cloro, es azul como el cielo y huele a animal civilizado. Si es verde, tiene el color el sabor y el olor de sales o metales y viene de fuentes naturales.
 
Las piscinas no están una seguida de la otra, le toca saltar cercas, cruzar calles y esquivar el tráfico. Todo lo hace en traje de baño, por eso motiva extrañeza en los habitantes. Esa situación es un símbolo de Cheever, empleado para mostrar el tratamiento que la sociedad norteamericana tiene para quien se empobrece. Los dueños de las piscinas visitadas le obsequian licor y comida, pero a cambio, le hablan sobre su nueva condición socioeconómica. En una de las albercas en la que haya una antigua amante, ella le enrostra su pobreza, pero él sigue adelante sin conciencia.
 
Merrill, no tiene conciencia de clase, ha perdido la del burgués pequeño o grande y no puede encontrar la del proletario asalariado. Cuando visita la piscina de los adultos mayores a quienes les gusta que los señalen de comunistas y permanecen desnudos, él se quita el traje para no descompasar. En este pasaje viene de nuevo el símbolo. El desclasado se hace arribista y va por el mundo, atolondrado, con los sentidos aguzados; ve, huele, oye y siente como nunca, como un explorador wandervogel.
 
Es posible ver en esa actitud, la condena de la sociedad capitalista a los derechos adquiridos por la cuna, por el nacimiento y el que no comprende la época presente de la movilidad social, sufre hasta la locura. El burgués pequeño o grande desclasado por empobrecimiento y que sigue anclado a sentimientos nobiliarios, por una especie de anacronismo, pierde contacto con la realidad y se fuga utilizando infinitos medios. Pero en esta fuga hay valentía, porque se prefiere un mundo de aventura y viaje, antes que sufrir la degradación social. Se entiende un no querer el mundo de la producción industrial que impide al ser humano mirar el cielo y recorrer la tierra.
 
Nell no acepta la degradación. En su periplo tiene la oportunidad de criticar la sociedad en que vivía. Ahora se siente libre como el agua, no de las piscinas, sino de la tormenta que se le interpone en la aventura; libre como las nubes que construyen ciudades caprichosas de vapor de agua, sobre su cabeza. Busca un trago de ginebra, de wiski, como ayuda para su trashumancia. Al fin llega a su casa. La piscina está vacía, las puertas y ventanas derruidas. No está su familia. Hay ruina por doquier y entra en conciencia de su nueva situación. El lector de El nadador, es llevado a imaginar el futuro de Nell Merrill, bajo estas condiciones.

viernes, 22 de agosto de 2014

Novelas sobre la guerra. Vida y destino de Vasili Grossman

Los méritos y la mantequilla
Por Guillermo Aguirre González
Con el énfasis en la presencia, tal como aparecen a los ojos de los otros, y con la carta psicológica de los personajes, Vasili Grossman presenta el acontecer de la segunda guerra mundial, en la geografía de la Rusia soviética.
 
A la geografía y las gentes que habitaron esa concepción del mundo, la del soviet supremo, Grossman le pone carne y tierra a esas ideas. Hace que el lector de Vida y destino, vea la guerra como lo que está perturbando la rutina, lo cotidiano, el día a día del hogar y los allegados, madres, padres, hijos, hermanos, vecinos y amigos. Hablar del trabajo, luego de la jornada, en la casa, es el sentido de la vida. Ese trabajo puede estar en el laboratorio, el taller, la lectura de Balzac o Maupassant. El hecho contundente, para el lector es la imagen de la vida civil, en la que prima el mutuo reconocimiento y respeto. Condiciones que son perturbadas por el nuevo régimen.
 
La descripción de los personajes, incluye el situarlos en la sociedad y en el régimen político. Libre del determinismo o de alguna predestinación, Rusia se enroló en la tarea de construir una sociedad comunista y a los veintitrés años de iniciado el experimento, se tiene el testimonio de Grossman, sobre las nuevas instituciones, las relaciones interpersonales y las consecuencias de la colectivización de la propiedad. Por esta se instaura el drástico racionamiento de los medios de vida y para el acceso a ellos es necesario el mérito. Grossman hace decir a uno de sus personajes, Nadia, hija de un físico, que su padre cambiaba su talento por mantequilla. El literato no enmascara, ni oculta su visión del mundo que le rodea. Muestra el culto a la persona de José Stalin. Quien habla mal de él es acusado de liberal, puede ser considerado delincuente y condenado a años de prisión. El escritor se duele del fascismo, porque ha borrado el individuo y en su lugar ha puesto la masa, la misma que se trata con base en la probabilidad, así como opera la física cuántica. El padre de Nadia dice que existe "un parecido terrible entre los principios del fascismo y los principios de la física contemporánea". Y añora la tranquilidad del siglo XIX.
 
Grossman presenta los niveles jerárquicos del nuevo orden en tono crítico. El ascenso dentro del partido permite llegar a un individuo a ser secretario del comité de un territorio o “como se suele decir, el dueño de la región”. Su opinión es suficiente para condenar o absolver a alguien que haya cometido una falta. Esta conducta es lógica dentro del concepto de dictadura del proletariado, base del orden soviético y para entenderlo es necesario pensarlo con otros puntos de vista sobre el derecho, la política y la democracia. Si ese centralismo se mide con los criterios del liberalismo moderno, aparece necesariamente como un régimen sin libertad, y esta parece ser la posición del escritor de Vida y destino.
 
Grossman dice que el partido ha depositado toda la confianza en sus cuadros incondicionales, por eso el secretario de un comité, con una “palabra suya podía decidir el destino del catedrático de una universidad, de un ingeniero, del director de un banco, del secretario de un sindicato, de un Koljós, de una producción teatral”. Y para hacerlo más cruel, ese personaje solo tiene en su cabeza el partido y no conoce de nada más; pero decide sobre la ciencia, el arte y la política.
 
La crítica a esa omnipotencia del partido y sus jerarquías, son señaladas con sendos análisis teóricos y con nombres que pasan a convertirse en sinónimo de maldad y traición, ejemplo: el desviacionismo. Cuando un dirigente o un ciudadano hablan de la vida, del comunismo, de la justicia, del derecho y no lo hace dentro de las directrices del partido, está desviando el curso de la historia y engaña a las masas. Los desviacionistas, son tan peligrosos como los fascistas y pueden recibir la misma pena. Dentro de los desviacionistas estaban los trotskistas, los derechistas y la sanción llegaba a todos los que alguna vez estuvieron en contacto ellos.
 
La resultante de ese estado de cosas, no podía ser otro que un régimen policivo, la vigencia de la delación, el control estrecho de la opinión y por tanto la ausencia de la libertad de prensa por la censura del partido.
 
La vida cotidiana de los alemanes, por la misma época, regida por el régimen nazi, tiene como base la masificación y el tratamiento estadístico de los comportamientos, al menos en cuanto a los efectos de la propaganda. Puede decirse que desde el año 1890 la cultura occidental opaca la modernidad liberal, garante de los derechos individuales, la libre empresa y la autonomía de pensamiento. Las consecuencias del desarrollo del capitalismo industrial se materializan en el culto de las masas, en el movimiento del sentimiento nacional dirigido hacia fines político-económicos.
 
Se tiene dos salidas al fenómeno de masas. Una nazi-fascista con criterios políticos nacionalsocialistas; y otra la salida comunista que disuelve el nacionalismo en el internacionalismo proletario. Ambas salidas políticas terminaron construyendo regímenes policivos en los que la delación por faltas contra el Führer o el Soviet supremo condenaba a la muerte o la prisión perpetua.

viernes, 15 de agosto de 2014

Culpa de los cocodrilos

Culpa de los cocodrilos
Por Guillermo Aguirre González
Atento siempre a sus movimientos, especialmente cuando se desplaza, porque va a lugares vedados, y abre puertas, ventanas, cajas, que solo él puede hacerlo. En momentos de su ausencia, el Atento, monta guardia a esas cajas, las mira, imagina los contenidos, las toca y termina forcejeándolas, porque algún día pueden ceder. Ese día parecerá como el del cuerno maravilloso; pero Bruno, no encontró oro o pedrerías. Encontró su ciudad natal convertida en un plano misterioso, porque le halló perspectivas que permiten al observador meterse en las calles. Su padre, el dueño del plano, estudiaba la ciudad con esos detalles para explotarla y emular al judío Ibn Jakub quien practicó el comercio en el siglo X al servicio de Otón I. Ibn Jakub hizo la primera descripción que se conoce de la ciudad de Cracovia.
 
Bruno ve los aditamentos que trae la modernidad para la ciudad y los vitupera. Hace una crítica mordaz contra el comercio, la industria y las economías afines, como el robo, la prostitución, el contrabando y la corrupción administrativa. Dice que el modelo es norteamericano, y la gente que vive en la calle de los cocodrilos y su barrio cree que vive en una gran ciudad, pero con la imitación solo han conseguido envilecerse. La acusación contra la ciudad moderna hace pensar en la admiración de Bruno por la ciudad, medieval o antigua. En ellas las gentes eran auténticas, debe decirse. Esta admiración no estima la ciudad como el lugar natural del comercio y la manufactura o la industria, tal como la ha representado la imaginación histórica. El dispositivo espacial llamado polis o civitas, adoptado por la mayor parte de la humanidad trae la acumulación de riquezas y el dominio de la mayoría por unos pocos.
 
El padre Jakub, comerciante amante de la contabilidad precisa y minuciosa, se culpa por practicar la acumulación de capital con agio. Se enfrasca en una discusión violenta con su dios Jehová, con su padre. Es Moisés quien está en su cabeza, quien le trae el éxtasis y la locura del Sinaí. Es obligado por el logos a inscribir la ley en una superficie de piedra o madera, para dejar testimonio del encuentro, hacerlo público, hacer cumplir la ley. Jehová dialoga con Jakub con tanta intimidad y conocimiento de su ser judío que parecen ambos ser el mismo. Así es.
 
El padre dios nació, según Freud, el día del parricidio universal. En una época de la historia del homo sapiens, el padre expulsó los hijos varones del grupo, monopolizó las hembras y como consecuencia del ser animal de los varones, terminaron practicando el homosexualismo. Estos, cansados de esa vida sin hembras, reflexionaron con un sentido tan extremo, como su condena. Decidieron matar al padre, distribuir las hembras, prohibir el incesto y para expiar el parricidio, divinizaron al padre, dedicaron días, semana o meses a remembrar el acontecimiento. Su nombre fue escrito sobre la piel, sobre las piedras, en la tierra y en los altares, para sacrificarle los hijos jóvenes del socius. Pero la más grave consecuencia de este parricidio universal está en el sentimiento de culpa. Una culpa obstinada, obsesiva, esquiza, imperiosa, que ejerce presencia en el logos trascendente de la palabra convertida en escritura.
 
Jakub se enfrenta con ese constructo y luego de días, noches, y meses de discusión, encuentra que Yahvé es él mismo y esa comunicación consigo mismo es permanente, especializada, construye su propio logos. Jakub no pudo más, comunicarse con su esposa, sus hijos, con los demás. Él no entendía el lenguaje de los otros y estos tampoco entendían el suyo. Esa actitud se le llama locura. Es el éxtasis del Sinaí asumida por uno solo, personalizada e incomunicable. Bajo estas condiciones el mapa de la ciudad resultante, contiene calles brumosas con casas en semiruina. Las gentes que la habitan, a veces, toman cara de pájaro y se miran extrañadas porque dudan de la existencia. El mapa elaborado por el loco presenta la sordidez oscura del afuera. Solo hay luz en su cabeza. Ese afuera merece el sacrificio. (Comentario sobre La calle de los cocodrilos y La visitación. Dos cuentos de Bruno Schulz)

miércoles, 30 de julio de 2014

Novelas sobre la guerra. La luna se ha puesto de Steinbeck

Un juego como la guerra
Por Guillermo Aguirre González

Un episodio de la guerra mundial se escribe. Un ejército poderoso invade un pueblo pequeño, interesante por tener una mina de carbón y una población dedicada a extraer el mineral. El invasor necesita el carbón pero no quiere forzar a los pobladores a trabajar directamente bajo sus órdenes. Táctico, el jefe de los invasores, planea utilizar el gobierno local, para legitimar sus órdenes, reducir el impacto de la invasión y garantizar el trabajo.
 
 
El episodio, narrado en La luna se ha puesto, se enraíza en ese comportamiento humano que lo obliga a invadir y colonizar otros pueblos, bajo muchos pretextos. Lo terriblemente novedoso, en esta novela corta de John Steinbeck, es el método empleado por el invasor del pequeño pueblo de mineros. Hay actitudes caballerosas, parecidas a los famosos comportamientos de un gentleman inglés, en los que se expresa el deseo de explotar el carbón y a los habitantes, de la manera menos violenta y sí, muy sutil.
 
 
Steinbeck, con el lenguaje y las maneras de cortesía de ambos, conquistado y conquistador, crea una atmósfera en la que la humanidad está obligada por la guerra a matar cortésmente. El invasor reconoce la inteligencia del dominado y quiere adoptar su modo de vida para ser amado y respetado.
 
 
Esta actitud permite mirar en el pasado algunos comportamientos de pueblos invasores. Estos han invadido por ser humanos y por necesidades de orden económico. Las más de las veces el invasor conquistador extermina al pueblo víctima; pero hay ejemplos que incitan a pensar conquistas corteses, según la atmósfera de Steinbeck. La explicación que tiene la Antropología, para dar cuenta de la expansión de los contenidos culturales, se basa en el concepto de la difusión por conquista. Las artes del fuego, la industria lítica, la agricultura se han encontrado en lugares diversos, como producto del guerrear y la mescla de pueblos y culturas. El ejemplo más prestigioso es el romano. Ese pueblo comenzó su expansión a finales del siglo III antes de nuestra era y cuando invadió y dominó a la Grecia clásica tomó toda la cultura helénica para sí, hasta llegar a producir una versión latina de lo griego en lo religioso, la literatura, la poesía, la arquitectura y las artes plásticas.
 
 
El invasor del pequeño pueblo minero, llega convencido de encontrar unos seres humanos que le van a admirar su humanidad y por tanto a respetar su derecho a la dominación. Pero se encuentra, con hombres y mujeres amantes de su libertad y tradiciones, dispuestos a aprovechar cualquier momento de descuido para atacar al invasor. La atmósfera literaria está diseñada y regida por la caballerosidad de ambos bandos. Señor intendente –dice el jefe de los agresores- ese minero ha matado uno de mis hombres, es necesario que usted como autoridad del pueblo aplique justicia y lo condene… El trato de señor, la invocación de un juicio justo, de la autoridad, es el reconocimiento de la humanidad de los dominados. Y en la respuesta del intendente le reconoce la humanidad al coronel jefe invasor, pero le dice que su humanidad está aplazada porque obedece las órdenes de un líder que le niega la libertad y solo los pueblos libres ganan las guerras.
 
 
Las escenas, el retrato sicológico de los involucrados en el conflicto, el invasor vigilado por múltiples ojos tras las ventanas, el conquistado acorralado por el hambre, los odios mutuos, el desbalance mental, el miedo, dejan en el lector la convicción de una crítica del autor de La luna se ha puesto, a la guerra. Es una actitud pacifista de Steinbeck y por eso no hay nombres de las geografías, pero sí pistas que permiten ubicar los acontecimientos en la segunda guerra. El invasor es un alemán muy humanizado, el conquistado un pequeño pueblo del norte de Francia minero, pacífico, y el pueblo que bombardea con su aviación es Inglaterra. Estos tres protagonistas participan en los acontecimientos como seres humanos obligados a pelear y a matarse por unos líderes dementes, para quienes la guerra es un juego de poder que garantiza la acumulación de riqueza. Y este es el concepto reiterado en la novela. La guerra como juego de niños, la guerra como juego de caza, como un juego aritmético, un juego de fútbol. La guerra así concebida es una invención humana y por eso se acaba cuando hay conciencia del horror.
 
 
Ese juego cruel, se ha querido atar al ser biológico y se sustenta con el evolucionismo darwiniano. De las especies sobrevive la más fuerte. La máxima transmutada a lo humano diría: la guerra es un determinismo biológico y el ser humano como animal que es, la practica por instinto y al final vence el pueblo más fuerte o la raza más fuerte. El lector avisado puede leer entre líneas el rechazo de Steinbeck a este determinismo.