martes, 19 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Cuatro: Ituango, Catíos, Nutaves, Ebéjicos, Peques, Toné, Tociná, Sinago, Nuguireta, Guaracho, Ereta y Gaspar de Rodas

 

Los soldados de Vadillo, en Cali se adhirieron a Jorge Robledo y con ellos entró al valle de Aburrá (Juan de Frades, Mendoza) y fundó la Ciudad de Antioquia. Robledo conquistó en nombre de Belalcázar el norte de Popayán a ambos lados del río grande del Cauca; fundó Ancerma, Cartago, Antioquia. Pero cuando recibió en su hueste los soldados de Vadillo, Belalcázar se llenó de celos y apoyó la creación de la gobernación del Chocó adjudicada a Andagoya para que absorbiera las conquistas de Robledo. Por eso Jorge Robledo Viajó a España y consiguió la creación de la gobernación de Antioquia y el grado de mariscal. Robledo regresó. Belacázar lo enjuició y lo condenó a muerte. Fue decapitado en Pozo una de las poblaciones establecidas por el mismo Robledo, después de someter a los indígenas Pozo, los más beligerantes de la banda oriental del río Cauca.

Castellanos versifica sobre lo acontecido en Antioquia luego de la partida de Jorge Robledo hacia España (Castellanos llama ese viaje de Robledo fuga). Soldados de Heredia y Belacázar se enfrentaron en la ciudad de Antioquia y se hirieron. Los cartageneros se retiran y los payaneses de Belalcázar trasladan la ciudad a otro sitio y la llamaron Santafé de Antioquia. Escribió Castellanos: “[…] En Antioquia vimos gran revuelta/ Entre los dos adelantados,/ Como sucede cuando gente suelta/ A varios bandos son aficionados […]”1.

En este pasaje Juan de Castellanos, El Beneficiado, introduce al conquistador Gaspar de Rodas. Dice que al regresar Robledo camino de Antioquia, los soldados de Heredia llevaban prisioneros hacia Cartagena a Gaspar de Rodas y a Alonso Madroñero. Robledo los hizo liberar: “Yendo por harto trabajosa vía/ Y con mayor zozobra que yo digo,/ Toparon al Robledo que venía,/ Y soltó muchos que llevó consigo;/ Soltó también a Rodas que tenía/ Por especial y singular amigo,/ El cual gobierna hoy la tierra misma/ Sobre que sucedió dicha cisma.”2

Esta noticia de Castellanos, permite afirmar que Gaspar de Rodas simpatizó con la causa de Robledo y participó en la pequeña guerra civil que se dio en 1546 entre cartageneros y payaneses por el dominio de Antioquia, Belalcázar contra Heredia. La ciudad quedó en manos de Belacázar quien la hizo trasladar: “Para trasladar pues aqueste pueblo/ Al siento que queda declarado/ El Belalcázar hizo confianza/ Del diestro capitan Gaspar de Rodas,/ de quien hice memoria muchas veces/ En los lugares donde convenía/ De sus trabajos varios dar noticia”3.

Sigue Castellanos: noble caballero, nacido en el pueblo “belicoso de Trujillo”, en Extremadura, hijo de Florencio de Rodas (alcalde de la fuerza de Lole, en la provincia del Algarre. “[…] Su madre doña Guiomar Coello”4. Nacida en Lucitania ciudad de Lamego. Gaspar de Rodas llegó joven a las Indias, ya entrenado en la guerra. Costeó el viaje suyo y de “alguna gente”, bajo el mando de Juan de Andagoya, hijo de Pascual de Andagoya ya distinguido en la conquista de Popayán. Juan de Andagoya emprendió la conquista de las tierras entre Popayán y el mar del sur (hoy conocido como el alto Baudó). Rodas se salió con su gente de esa empresa y en 1541 se alió a Baca de Castro, quien llegó a Popayán con poderes para someter a los rebeldes del Perú. Rodas llegó con él a Cali y terminó bajo el mando de Belalcázar que “[…] siempre/ En cargos honrrosos le dio mano”5; Le encargó mudar el pueblo de Antioquia (llamado Santa Cruz) y para ello lo nombró su teniente: trasladó el pueblo a un lugar más apacible y le puso el nombre de Villa Santafé de Antioquia y fijó en ella su vivienda en 1550 “[…] Y en ella desde tiempo que decimos/ Gaspar de Rodas hizo su vivienda,/ No sin deseo de fundar mas pueblos/ En las provincias dentre los dos ríos,/ A lo cual aspiraban otros muchos/ Varones de caudal y principales,/ Que de la gran riqueza de aquel suelo/ tenían a noticia y experiencia”6.

Hombre con este mismo objetivo de Gaspar, fue Lucas de Ávila de la ciudad de Ancerma, le pidió esas tierras de Antioquia al gobierno de Popayán para Andrés de Valdivia, quien con el oro de Lucas Ávila viajó a Castilla y regresó con las credenciales como gobernador de Antioquia. Pero los indígenas catíos comandados por el cacique Toné se preparaban para quitarse el yugo de los españoles. Toné llamaba a los catíos a seguir su ejemplo de haber matado al religioso Pedro de Frías, otros siete españoles y al mestizo Juan González por “lengua y alcahuete”7. Toné inició la sublevación en 1565 y la prolongó por cinco años. Los catíos “Negaron subyección a quien la daban/ Dando principios a sangrienta guerra,/ Y porque con la villa no podían/ Dieron en las cuadrillas de las minas,/ En hatos y en estancias de sus amos,/ matando negros, indios y españoles/ con tal obstinación, […]”8

Ante esta situación el gobernador de Popayán Álvaro de Mendoza, encomendó a Gaspar de Rodas con “largas comisiones” para castigar a los indígenas y fundar poblaciones en las provincias entre los dos ríos. Rodas convocó a sus amigos del Nuevo Reino de Granada y de Remedios. Ellos dejaron sus encomiendas y haciendas adquiridas por las armas en sus conquistas, y organizaron sus ejércitos con “Etíopes, caballos, y las cosas/ Al uso de la guerra necesaria…”9. Entre ellos el capitán Francisco de Ospina fundador de Los Remedios, Bartolomé de Pineda de la ciudad de Victoria, Antón Lobo de Sande, Juan Velasco, Gonzalo Verde, Antonio Machado, Pedro Fernández de Rivadeneira, Diego de Guzmán y Juan de Aldana. De Popayán Francisco López de la Rua, Joan Arias Ruvian, Gaspar Delgado, Alonso Serrano (padre) y Florencio Serrano (hijo mestizo).

Se formó un ejército de noventa y cuatro (94) soldados, todos veteranos conquistadores. Llegaron a Santafé de Antioquia y en julio de 1570 salieron a enfrentar a los catíos. Después de caminar diez y siete días (17) por “Asperas y fragosas serranías”, entraron en “Tociná, provincia de Ibijico […]. Allí se detuvieron en el campo/ Algunos días, y hicieron lista/ Del número de gente que venía:/ Hallaron ser los españoles ciento,/ Hasta seis menos, pero todos ellos/ De todas buenas armas pertrechados;/ Los caballos pasaban de trecientos;/ Setecientos los indios de servicio,/ Y algunos etíopes, aunque pocos,/Arrojadizos y determinados;/ […] De vacas se llevaban cuatrocientas./ Quinientos puercos, antes mas que menos,/ Y otros rebaños de menor ganado/ Para sustento del cristiano campo.”10

Luego se situaron en Pequi y recibieron embajadas que hablaron a nombre de una junta de caciques. El cacique Sinago, envió sus dos sobrinos Ytengo y Aramé; también estuvieron Chacurí, Nuguireta, Guaracho, Ereta, Panque y Agrebora. Todos exigieron a los españoles irse del territorio, o sufrir la guerra. Gaspar de Rodas les dijo que su ejército no daría la vuelta y retornar con las manos vacías. Dice Castellanos que los Pequi actuaron distinto a los de Ibijico Atociná, Cucuba, Bererúa y Rucabé, que no quisieron la guerra y prometieron guardar la paz11.

Gaspar de Rodas, veterano y experto combatiente contra los indígenas, en Pequi se situó en un lugar estratégico, con buena visibilidad, recursos de agua, leña y pastos. El lugar lo llamaron “La lagunilla”12. Sigue Juan de Castellanos: Rodas varón sagaz, mañoso, solerte (apercibido), se estableció en La Lagunilla por ser tierra alta y plana. Desde allí planeó el sometimiento de los Catíos, desde Pequi, llamado así porque los indígenas llamaban así la quebrada que por allí pasaba. Esa quebrada separaba a Rodas del llano en el que estaban los indígenas. Estos al ver a los españoles establecerse en el alto, lo rodearon y bloquearon todos los pasos por donde podrían salir “[…] Y ocuparon los pasos, desde donde/ Pudieran ser los nuestros ofendidos,/ Con sonora grita y algazara/ Y estruendo de atambores y cornetas13.

Así pensaron los naturales espantar a los españoles; pero al ver que no se movían, los indígenas se callaron. El tiempo cálido de julio – agosto, secó los pastos altos de la quebrada Pequi y los indígenas lo aprovecharon y los quemaron “[…] Y ansí toda la tierra comarcana/ Quedó sin ocasión y descubierta/ Escepto lo que con su diligencia/ De manos y de ramos guarecieron/ Los del alojamiento para pasto/ De bestias y ganados que traían […]”14

En la noche nublada salió el capitán Pineda con cuarenta (40) soldados para tomar algunos indígenas prisioneros; pero los caciques también metieron en los pajonales salvados, doscientos (200) indios, llamados por Castellanos,” gandules”. Los indios pretendían atacar a los españoles, cuando estuviesen ocupados en apagar las llamas. “[…] Ocultos y encubierto; y a la hora/ Que para poner fuego convidaba,/ De palos apropiados a tal uso/ Y presto movimiento de las manos/ Sacaron fuego, con que brevemente/ Se levantaron llamas presurosas, […]”15.

Gaspar de Rodas se dio cuenta del ardid y ordenó a sus soldados y servicio estar quietos. Los indígenas ante la quietud de los españoles intentan con gran gritería hacerlos salir; pero Pineda retorna al real y los acomete por la espalda y los hace huir. Los nativos amenazan con volver a los tres días. Gaspar de Rodas sale a buscarlos antes que vuelvan. Envía cuarenta (40) soldados (Castellanos dice peones) al mando de Gonzalo de Vega, viejo soldado; pasan la quebrada Pequi que separa el real del llano, y desde una loma “[…] A cuyo pie después vieron un llano/ Poblado de labranzas y apacible,/ En cierta parte dél doce caneyes/ O casas de vistosa compostura,/ Moradas de los indios mas cercanos”16. Atacaron el poblado y no hubo resistencia porque los indígenas estaban en los funerales de Sinago, quien murió de repente, tomaron algunas mujeres y muchachos.

En horas se reúnen cuatrocientos (400) indígenas y acometen a los españoles, quienes también atacan; pero vuelven a La Lagunilla y allí Gaspar de Rodas decide pasar el real17 para el llano y de nuevo encomendó a Gonzalo Vega, avanzar “con cantidad de indios y negros”18. En la avanzada, al pasar la quebrada Pequi decidió quemar pajonales para evitar que los indios se escondiesen allí; pero fue preso el mismo de las llamas y murió por las quemaduras.

Gaspar de Rodas entró al llano, a la provincia de Pequi sin encontrar resistencia, pues los indígenas estaban turbados por la muerte de Sinago; y Yutengo y Aramé, quemaron todo y se fueron con su gente para el partido de Carauta. Los que quedaron “[…] los otros que de mal se les hacía/ Dejar sus casas y sus propiedades,/ Aceptaron la paz que les pedían,/ Debajo de la cual los españoles/ Eran medianamente regalados/ El tiempo que estuvieron en su tierra,/ Que fue de tres semanas, porque luego/ Fueron a la provincia de Norisco,/ De grandes poblaciones, y abundante/ De los mantenimientos necesarios,/ Rica de telas de algodón y oro […]”19

Los caciques Norisco, dos hermanos: Bayaquima y Tacujurango, con otros muchos principales, les salieron de paz a los españoles y les obsequiaron oro y telas; recibieron noticia de la rica tierra de Ituango y para allá se fueron. Los recibieron de guerra los caciques Tecuce y Agrazaba. Quemaron sus casas y labranzas. Los españoles sufrieron aquella tierra bella pero quebrada. Sobrevivieron por la gran cantidad de aguacates. “[…] Grave necesidad del ganado/ y fruta de aguacates que hallaban/ En grande cuantidad, cuya hechura/ Es a similitud de pera verde,/ Aunque mayor de mas largo cuello […]”20

Gaspar de Rodas no quiso hacer poblado y decidió seguir; dijo a sus soldados, que los indios de Norisco los engañaron. El no poblar generó descontento y Francisco de Ospina, fundador de Remedios, les pidió lo dejase ir para su tierra. Rodas accedió y le puso veinte hombres para que lo llevasen a terreno fuera de peligro. Luego encomendó a Juan Velasco (ospinista) “[…] con cuarenta soldados diligentes/ A descubrir el gran rio Cauca,/ Do cae la provincia de nutaves,/ Bravísima nación y rica de oro;” Ídem. Pág. 988 Encomendó a Pedro Fernández de Rivadeneyra (ospinista), descubrir el valle de Teco. Y Rodas “[…] quedó con los mas impedidos y menos sospechosos en el campo,/ Con lo cual como capitan prudente/ Desbarató nublosas confusiones[…]”21

Los escoltas dejaron seguro a Francisco de Ospina en “la villa de Antioquia”. Desde allí Ospina se quejó ante el gobernador de Popayán por el comportamiento de Gaspar de Rodas. El gobernador Álvaro de Mendoza revocó a Rodas y en su reemplazo nombró a Alonso de Carvajal. Juan Velasco, pasó el río Cauca por el puente de bejucos, ya famoso desde las incursiones de Jorge Robledo. Velasco en la otra banda vio un valle grande, muy poblado y le puso el nombre de La Vieja, por haber sido guiado por una viuda indígena tratante (comerciante). Se regresó e informó a Gaspar de Rodas. Fernández Rivadeneyra, fue hacia Teco y entró en el Cenú y las montañas altas de Carauta; fue herido y regresó a Norisco donde se encontraba Gaspar. Este luego de escuchar a sus dos soldados sobre lo visto a norte y sur de Ituango, decidió fundar una población en esa provincia y dice Castellanos que la llamó San Juan de Rodas… “En la parte que llaman Paramillo,/ Que dista dos leguas poco menos/ Del rapidísimo río Cauca./ Y allí fundó ciudad en obediencia/ Del máximo monarca don Filipo,/ Con nombramiento de San Juan de Rodas” el diez (10) de septiembre de 157022.

Luego de la fundación, Gaspar de Rodas regresó a Peque y Ebéjico para someter los indígenas que se habían levantado. La repartición hecha en San Juan dejó a todos insatisfechos, además él se reservó los indígenas peques y ebéjicos, para ser sujetos desde la villa de Santafé de Antioquia. Esto le costó muchos enemigos, incluido Francisco de Ospina. La contradicción se agudizó cunado ordenó a Juan Velasco trasladar el pueblo recién fundado (San Juan) al valle de Teco, sitio donde anteriormente Pedro de Heredia fundó pueblo: “Y ser el sitio donde fundó pueblo/Aaños antes el don Pedro de Heredia,/ Que duró poco, como queda dicho/ En lo que se trató de Maritué,/ Del cual salieron pocos con vida,/ Y entre ellos el buen padre Juan de Frias”23.

El descontento fue radical, la mayoría renunció a poblar a San Juan y se mudaron a Santafé de Antioquia. En el paso por Peque los indígenas tacaron y mataron a Gonzalo Verde y a Alonso Maldonado. Rodas resultó ileso y llegó salvo. Ya en Antioquia en 1571 le llegaron “Hierónimo de Silva” y Andrés de Valdivia, con los documentos de la creación de la gobernación de Antioquia… “[…] Trajo gobernación ya desmembrada/ De la Popayán, como la vemos”24.

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. 809

2. Ídem. Pág. 810

3. Ídem. Pág. 972

4. Ídem. Pág. 972

5. Ídem. Pág. 972

6. Ídem. Pág. 972

7. Ídem. Pág. 973. (Aquí la palabra lengua se utiliza para nombrar a los mestizos o indígenas que aprendieron castellano y fueron utilizados como traductores)

8. Ídem. Pág. 974

9. Ídem. Pág. 975

10. Ídem. Pág. 978

11. Ídem. Pág. 980

12. Ídem. Pág. 980 (Hoy puede colegirse, que se situó en las estribaciones del Paramillo)

13. Ídem. Pág. 981

14. Ídem. Pág. 981

15. Ídem. Pág. 981

16. Ídem. Pág. 982

17. El real es la denominación de la hueste, la tropa, el campamento de los españoles.

18. Ídem. Pág. 983.

19. Ídem. Pág. 985

20. Ídem. Pág. 986

21. Ídem. Pág. 988

22. 23. Ídem. Pág. 993

24. Ídem. Pág. 994

Imagen: Homenaje al Cacique Toné, de Humberto Elías Vélez E. Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga.

jueves, 14 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Tres: Yapel, Guacá, Utibará, Quinunchú, Urabá, Buriticá, los Heredia, Francisco César y Vadillo

 

Los Heredia hacen nuevas incursiones hacia el sur. En 1535 llegan a los territorios del cacique Yapel, quien guerrea hasta huir; Llegan al río Cauca y lo vadean. Los indígenas informados sobre los españoles quemaron los pueblos y huyeron. La hueste de Heredia, debió regresar a Cartagena. Castellanos mete dentro del lío de los Heredia y Vadillo, juez de residencia enviado desde Santo Domingo, la llegada de Francisco César con 100.000 castellanos de oro sacados de su recorrido por siete meses en el sur de la gobernación de Cartagena. Dice Juan de Castellanos que César entró en la región de Guacá y vio en ella un gran número de pueblos mineros… “Aunque sobre dicho potentado/ Es tierra del Guacá que se derrama/ Por rico Mineral a cada lado/ Cuya grandeza publicó la fama;/ Y el indio de quien era gobernado/ Utibará supieron que se llama;/ hicieron pues los nuestros sus conciertos/ De estarse por entonces encubiertos.”1. Francisco César fue bien recibido, aunque los indígenas temblaban de pánico ante los caballos. Utibará ataca con dos mil indígenas de guerra […] Con flechas, hondas, y con largas lanzas/ Y con sus atambores y ordenanzas”. Utibará es traído en andas y con un gran séquito de mujeres con útiles para comerse a los invasores… “Cuando venían era de ver dino/ El orden que traían los salvajes./ Aquellas joyas ricas de oro fino,/ Aquella gran soberbia de plumajes,/ Aquel alboroto todo torbellino,/ Aquellos ademanes de corajes,/ Y de los españoles el más fuerte/ Tragada, como dicen, ya la muerte”2.

El hermano de Utibará, menor, (Quinunchú, nombrado por Cieza) “[…] De grandes miembros, mozo tan lozano” es el general del campo indígena, arremete y sitia a los españoles. Francisco César ruega a su dios y expresa su concepto del enemigo: “[…] Guie la vuestra mi cansada mano;/ No prevalezcan los que no os entienden/ Y con tantas maldades os ofenden”3. Luego de esta invocación, pica los estribos del caballo y de gran estocada decapita al general indígena Quinunchú. El cuerpo es llevado a la litera de Utibará y este declara la retirada del ejército. Los españoles despojaron los caídos muertos “[…] de joyas de oro que trajeron buenas,/ Diademas, Chaguales, capacetes,/ Orejeras y rocos brazaletes.”4. Saquearon una tumba de un cementerio de Guacá la cual sola les dio 100.000 pesos. Ante la noticia del rearme de Utibará, rápidamente tomaron el camino hacia Cartagena y al cabo de tres días llegaron a Urabá.

Vadillo restituye a Francisco César en el cargo de General de Calamar – Cartagena y seducido por sus relatos decide organizar una incursión con trescientos (300) soldados, cien (100) etíopes esclavos, numerosos indígenas de servicio, doscientos (200) caballos de silla y muchos de carga; “[…] A César hizo general teniente/, por ser para tal cargo suficiente […] Fue capitan de la caballería/ Juan de Villoria, noble caballero;/ Por consiguiente del infantería/ Alonso de Saavedra, tesorero,/ Monte Mayor alférez, y regía/ El escuadrón que llaman machetero/ Baltazar de Ledesma, que con tino/ Había de romper duro camino […] Escuadra fue Francisco de Mojica/ Y otro dicho Juan Ruiz e Molina,/ Y con los mismos cargos del aplica/ A un Carvajal y otro Medina […] con sus colaterales Juan de Frades/ Un Portalegre y un Alonso Pérez/ De quien en los rigores o bonanzas/ Hizo Vadillo grandes confianzas”5.

En este último verso está el nombre de Juan de Frades, hombre que entrará luego con Robledo al valle de Aburrá. Lleva además cuatro (4) cuatro religiosos, armamentos, “Trompetas clarones”. Por mar Vadillo recorre de Cartagena a Urabá, allí desembarca y transita, dice Castellanos, un camino ya conocido: Urabaibe, Montería, la provincia de Abive, “Terreno de poquitos moradores,/ Mas eran curiosos labradores […] Humana carne comen todos ellos,/ Y es gente de gallarda compotura;/ Traen ellos y ellas los cabellos/ Tan largos que traspasan la cintura;/ Hombres luengos de zancadas y de cuellos/ El cuerpo sin ninguna vestidura,/ Pero cubren las partes vergonzosas/ con pedazos de manta y otras cosas”6.

De Abive entran por las sierras hasta llegar a unas sabanas cultivadas de algodón, con el nombre de valle del Pito, por haber muchos chinches. Los indígenas presentaron batalla. Los conquistadores vencen a punta de estocada y “Corría por el campo vena gruesa/ De sangre del ejército salvaje”7. Llegaron luego a un valle llamado Mauri, toda tierra de Guacá, regida por Utibará. Vadillo se asentó en “Mauri por estar más cercano/ Al río del Guacá”, y de allí mandó buscar a Utibará, quien estaba con su gente, mil indígenas, fortalecido en una sierra. Vadillo utiliza la experiencia de Francisco César y suben la cuesta con dificultad con toda la hueste; “Y de repente dan en una mesa/ de gentil vista, todas partes rasas,/ Y en ella grande número de casas”8. Los indígenas salen en masa, hacen retroceder a los conquistadores quienes vuelven al valle de Mauri, donde está Vadillo. Se rearman y deciden volver sobre Utibará porque estaban informados que guardaba un tesoro; además, vencer a Utibará le sposibilitaba entran en regiones muy ricas como la provincia de Nori y la de Buriticá. Dice Francisco César: “Aquí tenemos guía que publica/ Haber otros riquísimos terrenos,/ La provincia de Norí ser muy rica,/ La de Buriticá ni más ni menos”9.

A Utibará, se le dejó y Vadillo se dirigió al Nori. Allí encontró s una serie de valles poblados y con la batalla sangrienta en el primer pueblo encontrado, los demás huyeron y dejaron a disposición de los conquistadores gran cantidad de comida. Castellanos versifica: “Crecen sanguinolentas tempestades/ De los que van diciendo ¡Santiago!/ Juan Ruiz de Molina y Juan de Frades/ En bárbaros hacian grande estrago…”10. Les vino de paz el cacique Nabuco de Nori y entregó “[…] dos mil pesos de oro fino/ Con otras muchas cosas en presente;/ Sagaz y en el aspecto venerable/ Y para bárbaro Varón afable”11. Vadillo le regaló un bonete colorado con una galana pluma, “El bárbaro mostró quedar contento”. En Nori no encontraron oro. Interrogaron a Nabuco y este se ofreció a guiarlos hasta Buriticá, provincia rica y sus naturales eran prósperos. Al cabo de tres días de camino inhóspito llegaron “Pues al septentrión y al medio día,/ Y al orto y al ocaso, van subidos/ Cerros, la cumbre dellos algo fría;/ Y ansí los indios andan bien vestidos,/ Dispuestos y de mucha gallardía,/ Valientes, sueltos, bravos y atrevidos/ Y ricos, pero poco labradores,/ Por ser de oro todas sus labores”12.

Los pobladores de Buriticá tenían un fuerte. Castellanos le dice palenque. Allí se concentraron. El palenque se describe como un alto fortificado con maderos y con accesos de caminos para una sola persona. Los indios enbijados y fortificados, es muestra que esperaban a los conquistadores. El fuerte cayó y el cacique (de quien nadie recuerda su nombre –dice Castellanos) guió a Vadillo por uno senderos escarpados hacia el lugar donde estaba el oro, del que se exigieron doce (12) cargas. El cacique engrillado y sostenido por cuatro soldados se despeño a propósito y con el cayeron quienes lo sostenían; pero un zarzal les detuvo la caída. Ante el hecho Vadillo mandó a cuatro negros a que quemaran vivo al cacique. Los soldados exhibieron el cuerpo quemado, montado en un caballo por el pueblo de Buriticá.

La hueste de Vadillo siguió hasta un provincia llamada Iraca “[…] llena de poblaciones y abundante;/ Y antes que por la tierra se metiese/ Al campo dio mandado que viniese”13. Dice Castellanos que llegaron a un río grande, (el Cauca) y a una provincia con pozos de agua salada de los cuales los indígenas sacaban sal como el principal producto de su economía. Cruzaron otro río llamado Garú cerca de la ciudad de Cori 14con mucha gente quienes dieron batalla y hubo muchos heridos. Los indios Cori huyen y la hueste descansó veinte días. Allí francisco César enferma y muere. Vadillo recibe noticia de una residencia que se le adelantaba y para evitarla sigue hacia el sur, hacia las provincias de Cartama y Caramanta “El primer pueblo de estas vecindades/ De todas cosas lo hallan falto,/ Y los indios con grandes cuantidades/ Tenían de la sierra lo mas alto;/ Mas con ciertos soldados Juan de Frades/ Tomó siete gandules en un salto,/ Y con intérprete que los entiende/ Vadillo preguntó lo que pretende”15. Llegaron hasta Ancerma y batallaron con los indígenas de varios pueblos. Allí los indígenas sorprendieron haciendo sus necesidades coprológicas a García-López y lo mataron. García antes de morir mató cuatro indígenas16. Los conquistadores se desquitan y hacen escarmiento; Castellanos lo versifica así: “Y esta parte, do se representa/ Haber sido la muerte y el conflicto,/ Emplaron después mas de cincuenta/ Que estaban harto libres del delito;/ Y ansi toda la tierra se amedrenta/ De modo que no dan guerrero grito,/ Antes de paz un cierto señor vino/ Y trajo dos mil pesos de oro fino”17. Pasaron a Otumani, a la provincia de Guarama “Y todo lo Hallan abrazado” igual en Nacor y Dabitó. El hambre los acosaba y de nuevo enviaron a Juan de Frades experto explorador, pero no encontró camino de pueblos. Pasaron el río y allí encontraron pueblos vacíos con comida. Vadillo siguió hacia el sur y se encontró con Jorge Robledo, y fue advertido de estar en territorios de Pizarro, gobernados por Belalcázar. La tropa en Lile repartió el oro rapado a los indígenas en la correría desde Cartagena, despojando así a Vadillo, quien se embarcó por Cali hacia Panamá. Allí fue prendido por su juez de residencia y enviado como reo a Castilla.

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. 749

2. Ídem. Pág. 750

3. Ídem. Pág. 751

4. Ídem. Pág. 752

5. Ídem. Pág. 756

6. Ídem. Pág. 758

7. Ídem. Pág. 760.

8. Ídem. Pág. 763

9. Ídem. Pág. 766

10. Ídem. Pág. 767

11. Ídem. Pág. 770

12. Ídem. Pág. 771

13. Ídem. Pág. 778

14. Ídem. Pág. 781

15. Ídem. Pág. 783

16. Ídem. Pág. 788.

17. Ídem. Pág. 788

jueves, 7 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Dos: Cenú, Cospique, Cocon, Caricocox, Matarapa, Bahaire y Vadillo

 

Después del caso de Aguirre ocurrido en 1561, el beneficiado Juan de Castellanos, prosigue su crónica versificada sobre la invasión de América por los españoles. La distancia de cincuenta años de la llegada de Colón y los años menos de otros acontecimientos, más cercanos, le permiten tomar unos personajes, hacerles el relato de sus acciones hasta su tiempo el año de 1600. Vuelve al principio de la conquista con otros personajes como el licenciado Juan de Vadillo en 1539, enviado por la Audiencia de santo Domingo (La Española), a tomarle residencia a Pedro de Heredia, creador de la gobernación de Cartagena, al separarla de la gobernación de Santa Marta. Heredia consiguió esta gobernación con un viaje a España donde convenció el Consejo Real de la necesidad de la creación. Heredia incursionó en el “Cenú” y el oro rescatado de la profanación de las tumbas indígenas se lo apropió, no lo compartió con sus soldados; felonía que ocasionó la denuncia ante la Audiencia.

Vadillo llegó a Cartagena con cuatrocientos (400) soldados y cien (100) caballos. Dice Castellanos de él, ser un joven muy vital; hace huir a Heredia quien pierde sus riquezas en naufragios. Pero Vadillo seducido por el oro, como todos los conquistadores, entra por el “Cenú”, tierra adentro, hasta llegar a Buriticá, en la futura Antioquia.

Cartagena se crea por las contradicciones entre el gobernador de Santa Marta Diego de Nicuesa y Pedro de Heredia y éste consiguió la gobernación en 1537, llamada inicialmente Calamar. “El despacho se dio que pretendía/ De la gobernación de Cartagena/ Y el término de tierra se estendía/ Desde el gran rio de la Magdalena/ Hasta el Darien y su bahía,/ Y por la tierra adentro fue muy llena,/ Con las fuerzas y vínculos bastantes/ Que se dan en negocios semejantes.”1

Heredia y su teniente Francisco César iniciaron la conquista de Calamar (Cartagena). Los indígenas indómitos dirigidos por el cacique Corinche, presentaron fiera batalla y los españoles hicieron una carnicería: “El buen gobernador iba delante/ Dando de su valor patente muestra,/ Recambiando la lanza penetrante,/ Vez a la diestra, vez a la siniestra;/ Corría rojo rio y abundante/ De los que clava su potente diestra;/ Brama la tierra con mortal gemido,/ Y aumentarse al grita y alarido”2

Castellanos no ahorra imágenes del horror de los indígenas vencidos… “Desta manera son los embrazos/ Que ponen a los vivos los caidos,/ Con piernas y con piés, manos y brazos/ Que por aquel lugar están tendidos:/ Cabezas repartidas en pedazos,/ Y sesos derramados y esparcidos,/ Con los demás belígeros pertrechos/ Con que se mueven semejantes hechos”3. Luego de esta batalla, los caciques indígenas “Cospique, Cocon, Caricocox, Matarapa y Bahaire” vinieron de paz y aceptaron las condiciones del conquistador.4 La paz se selló con un banquete ofrecido por Heredia a los caciques comarcanos con la comida que ellos llevaron y con vino de castilla. Aquí en este punto de la crónica versificada, el Beneficiado se pregunta si la paz estuvo en firme y se responde revelando como obtuvo la información. Los veteranos de la conquista le enviaban escritos: “Aunque según las relaciones nuevas/ Que de la villa de Mompox me envía/ El antiguo soldado Juan de Cuevas,/ No fue poco sangrienta la porfía,/ Pues antes de la paz hicieron pruebas/ De lo que cada cual parte podía;/ Más Gonzalo Fernández no da cuenta/ sino de lo que aquí se representa”5

Heredia convirtió a Calamar – Cartagena en un puerto pujante de intenso comercio de mercancías europeas cambiadas por oro “rescatado” de los indios (esta palabra encubre lo que realmente ocurrió: el despojo). Heredia informado de las riquezas que prometía el sur, arma en 1534 una incursión. Llegó al “Cenú” y dice Castellanos que encontró un pueblo de indios en cuya plaza tenía un santuario en una de sus esquinas, capaz de albergar mil hombres.6

“Y aun dos mil hombres no quedaran faltos/ De lugares cumplidos y bastantes:/ Dentro del se pusieron en dos saltos/ Esos que por allí llegaron antes:/ Ídolos veinte y cuatro vieron altos/ Todos como grandísimos gigantes,/ De madera labrada lo intestino/ Y lo de fuera hoja de oro fino […] Tenía cada cual puesta tiara/ O mitra de oro puro bien tallada;/ De dos en dos tenían una vara/ Sobre sus anchos hombros travesada,/ Cuyas posturas son cara con cara/ Y una hamaca del bastón colgada,/ En las cuales hamacas recibían/ El oro que los indios ofrecían […] Era todo lo más oro labrado/ Y había también oro derretido,/ Finísimo después de quilatado,/ Puesto que por encima denegrido,/ Que algún tiempo debió de ser quemado/ Aqueste santuario referido;/ Y ansí los indios con aquel mal talle/ Se lo dejaron sin osar tocalle […] Había muchos árbores afuera/ Pegados con el dicho santuario,/ Colgados de los ramos en hilera/ Campañas de oro no de talle vario,/ Más en tamaños, formas y maneras,/ Según un almirez de boticario;/ Y en un momento mano bien Instructas/ Los despojaron de estas bellas fructas […] Recogidas las dichas campanillas/ Cuyo sonido daba gran consuelo,/ para ver si eran de oro las costillas/ Derriban las estatuas en el suelo:/ Quitan las vestiduras amarillas,/ No de brocados ni de tercio pelo, /Más oro puro, hoja mal batida,/ De más valor cuanto menos polida”7.

El oro allí despojado, dice Castellanos, se calculó su valor en 150.000 ducados. Además de este interés por el oro, la observación de Castellanos tiene un interés antropológico. El pueblo indígena esta construido alrededor del santuario, de la plaza que tiene esquinas –dice-. Los colosos gigantes al estar vestidos de oro, indican que los adoradores llevaban, igualmente, vestido; y las campanillas y frutos de oro que pendían de los árboles alrededor del santuario, indicaban la intención de crear un ambiente de sosiego y paz. El sonido de las campanillas de oro daba gran consuelo –dice Castellanos-. Además que el santuario estaba rodeado de tumbas [montículos] según un indígena “mozuelo” quien les dijo:

“Porque según antiguamente canta,/ Y es opinión de todos mis mayores,/ Esta que veis es toda tierra santa,/ Llena de sepulturas de señores:/ Encima dellas ponen una planta/ Destas que veis o grandes o menores,/ Y otras en la grandeza más enhiestas,/ Según los tiempos en que fueron puestas […] Ansí que, porque el muerto meno pene,/ Aqueste lugar toma por abrigo,/ O natural o quien de lejos viene,/ Y aqueste suele ser orden antiguo,/ Que las preseas quel difunto tiene/ Al mundo donde va lleva consigo,/ Y la macana y arco y el aljaba/ Con que cuando vivía peleaba”8.

Continúa el cronista versificando al poner en labios del indígena “mozuelo” una descripción de las costumbres de su grupo social: enterraban vivos con él a sus sirvientes y queridas; la tumba es una “cueva cuadrada” y luego del entierro con el debido equipaje y comida, se llena con una tierra distinta y coloreada. En un “duho” (asiento bajo de piedra o madera o de oro) ponen el difunto sentado con la mochila y el poporo. Hay sepulturas en pirámide para difuntos de poca valía, pero con oro; el difunto se llora, se le hacen “areïtos”, se le dedican borracheras, las “endechaderas” cantan tristes.

El hermano de Pedro de Heredia, Diego, llegó de Guatemala. Pedro lo nombró general de su hueste y desplazó a Francisco César. Diego volvió al “Cenú” y profanó más sepulturas en Tolú y Mogotes. Dice Castellanos que esas piezas de oro eran “[…] diversísimas figuras/ Y de todas maneras de animales,/ Acuáticos, terrestres, aves, hasta/ Los mas menudos y de baja casta./ Dardos con arcos de oro rodeados,/ Con hierros de oro grandes y menores,/ Y en hojas de oro todos aforrados;/ Ansi mismo muy grandes atambores/ Y cascabeles finos enlazados,/ Según los de pretales y mayores,/Flautas, diversidades de vasijas,/ Moscas, arañas y otras sabandijas.”9

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. 696

2. Ídem. Pág. 704

3. Ídem. Pág. 705

4. Ídem. Pág. 710

5. Ídem. Pág. 712

6. Ídem. Pág. 719

7. Ídem. Pág. 719

8. Ídem. Pág. 719 – 720

9. Ídem. Pág. 725

Imagen: Theodoro de Bry 1602 Enterramiento Cacique Cinu.jpg


miércoles, 6 de octubre de 2021

Elegías de Castellanos. Uno: Cristóbal, Ursúa y Lope de Aguirre. La belleza de los caribes


Aquí hago un acercamiento a la crónica versificada del Beneficiado Juan de Castellanos. La lectura de esta obra exige construir una familiaridad con los versos y con los acontecimientos de base. En la medida en que las imágenes sobre los protagonistas, las geografías y las acciones se van posando en nuestro cerebro, la lectura discurre y de pronto la forma versificada se diluye para luego reaparecer. El acercamiento a esta extensa elegía lo he hecho buscando a dos personajes de los cuales me quiero formar un acervo documental sobre los hechos de su vida cotidiana, en el contacto que tuvieron con Antioquia. Se trata de Gaspar de Rodas y su hijo mestizo Alonso de Rodas. Ellos tuvieron uno de los primeros contactos con las sociedades indígenas asentadas en el norte del Valle de Aburrá, en especial lo que se llamó el Hatoviejo. Pero la referencia a los personajes tiene una entronización en el contexto de la conquista y por eso, estas notas se dejan llevar por esa entrada, en la que seduce la mirada antropológica de Beneficiado, por la que llena su obra de nombres, lugares, hazañas, y en especial la guerra de exterminio contra los naturales de esta parte de América.

El “Beneficiado” Juan de Castellanos, escribe sus elegías en “una época renacentista de dualismo ideológico, cuando se mezclaron los ideales caballerescos y teocéntricos del mundo medieval, con los antropocéntricos y mercantilistas del mundo moderno”1. La obra fue compuesta durante 45 años en Tunja. La primera redacción la hizo en prosa de 1561 a 1562, y de 1577 a 15892.

Castellanos realiza la crónica versificada a los cincuenta (50) años de iniciada la invasión de América, la conquista. La escribe como si fuese una gesta parecida a la del Mío Cid o la Eneida, o la Ilíada y la Odisea. Dice del ejército de Colón: “Al occidente van encaminadas/ Las naves inventoras de regiones”. En el contacto con los habitantes de América, Castellanos expresa, con la convicción del conquistador que ve el lado oscuro de su cultura: Con la iluminación de la iglesia y Jesucristo vemos “gente bruta, divertida en diabólicas idolatrías;…”3. Dice que fueron exterminados millones de indígenas y destruida su tierra y cultivos “De ver que de millones/ Ya no se hallan rastros ni pisadas;/ Y que tan conocidas poblaciones/ Esten todas barridas y asoladas,/ Y destos no quedar hombre viviente/ Que como cosa propia lo lamente.”4.

Castellanos pone en boca de Martín Pinzón, compañero de viaje de Colón (quien llamaba a entender y considerar a los naturales), palabras para mostrar su propia apreciación sobre los indígenas y justificación de la conquista. Pinzón dice: “Pues aunque todos estos naturales/ Muestran cinceridad y buen intento,/ No me podréis negar el ser bestiales,/ Sin fe, sin ley, sin buen conocimiento,/ Sin peso su razón y siendo tales/ También se moverán a cualquier viento:/ Un indiezuelo vil que los atice,/ No dudarán hacer lo que les dice”5.

Dedicado a hablar del segundo viaje de Colón, dice en un verso de los caribes, ser fieros y bellos; en las islas Guadalupe y Marigalante: “Salen de aquí caribes con armadas/ […] En sus piraguas bien aderezadas,/ ayudadas de velas y de manos;/ […] Sus flechas son de yerba tan insana/ Que mueren cuantos della son llegados,/ Las gentes de estas islas es lozana,/ Altos, fornidos, bien proporcionados,/ Y todos ellos comen carne humana,/ Mejor que la de puercos o venados;/ Acometen con más atrevimiento/ que tigre que a la caza va Hambriento”6.

Por las necesidades de combatientes, al organizar las incursiones por el Orinoco, desde la isla Margarita alrededor de 1520, Jerónimo de Ortal, recibe noticia de un grupo de soldados, quedados en la isla Cubagna, rica en perlas y pobre en vegetación; esos soldados terminaron cometiendo, muchos delitos, incluso el de sodomía. “[…] Ortal para Cubagna se fue luego/ A fin de recoger alguna gente,/ Que hicieron ausencia del armada,/ Y cosas que serían convenientes/ A la prosecusión de la jornada:/ Allí supo delitos diferentes,/ Dignos de corregir mano pesada,/ y en una levantisca compañía/ Un no sé qué hedor de sodomía.”7

Otra muestra de la crueldad y descomposición (según sus códigos morales cristianos) de los soldados conquistadores, soldados en la guerra y ante un enemigo superior en número, está en esta noticia y crónica verificada de Castellanos, sobre la seducción de las mentes codiciosas de oro causada por la imagen del Amazonas, concebido como un mar mediterráneo, regido por mujeres con cuerpos masculinos.

Desde la isla Margarita, Armendáriz encomienda a Pedro de Ursúa, someter ese mundo a la corona. Le tocó formar el ejército con los peores hombres de la conquista, aunque él no lo sabía y por eso llevó consigo a su hermosa mujer, Inés, una limeña hija de Blas de Atienza. “Ellos […] de corazón malo y horrendo,/ Como fue Joan Alonso de la Vanda,/ Lope de Aguirre, Pérez y Salduendo,/ Diego Torres, Vargas y Miranda,/ Y un Cristobal Fernández, mal cristiano,/ Pero [Pedro] Ferández y Miguel Serrano”8 mataron a Ursúa por querer asumir el mando “Pues la Caterva vil, sucia, bellaca,/ Echando mano van a las espadas,/ Y con furor que del infierno saca/ Entrambas puertas tienen ocupadas:/ Finalmente rodean la hamaca,/ Y allé le dan crüeles estocadas;/ El viéndose herir de golpes fieros/ les dice: ¿Por qué es esto, caballeros? […] Cayó diciendo bien y claramente/ Santísimos artículos del credo;/ Con esta contrición bien conocida/ El Ursúa partió de aquesta vida”.9

En este pasaje Juan de Castellanos, refuerza su percepción de crueldad y maldad de los conquistadores. Resalta como el moho de las espadas no se cansan de destrozar entrañas. Detalla muy bien lo acontecido después del asesinato de Pedro de Ursúa. Se deleita poniendo a Lope de Aguirre los calificativos que muestran en extremo su maldad. Al momento en que muere Isabel de Ursúa, ella le dice al asesino: “¡Traidor! Si tu naciste de mujeres,/ ¿Qué bestia paró hijo tan nefando?/ Y si eres hombre, di, ¿Cómo no mueres/ Tan enorme traición imaginando?/ Desdichado de ti, que donde fueres/ Siempre la soga llevas arrastrando,/ Pues la justicia del divino alarde/ No deja de llegar, aunque se tarde.”10

Lope de Aguirre vuelve a la isla Margarita, la somete y la destruye: Un monje escapa y denuncia ante la audiencia de la Española los desmanes y asesinatos. La audiencia organiza una hueste para dar caza al tirano Aguirre. Este al enterarse, reúne todos los hombres y mujeres y antes que el oro, se lleva todo el vino; entra en tierra firme por Maracaibo y se hace fuerte en Barquisimeto. Aguirre allí mata a su hija: le dice que si queda en manos de sus enemigos, la señalarán como la hija del desertor. Ella responde: “Cristianas gentes son entre quienes quedo,/ Y a quien no daré causa de discordia:/ Mostrar con mujer flaca tal denuedo/ No es animosidad sino recordia:/ ¡Desdichada de mí, pues que no puedo/ En mi padre hallar misericordia!/ Nomás, señor, tened vuestra derecha”. Él le responde: “Nada hija, te aprovecha”. “[…] Mi día llegó, llegue tu hora:/ No quiero que te digan los leales/ La hija del traidor, ó la traidora”/ Y para colmo de sus malos hechos/ Dióle de puñaladas por los pechos”11

Diego García de Arce, Galindo y Guerrero, compañeros de Aguirre, al verse vencidos y sitiados, pasaron a su jefe por sus espadas a petición del mismo Aguirre: “Al fin que como tanto le rogasen/ Aquellos a quien esto mas agrada,/ A estos les mandó que le tirasen,/ Y al uno que tiró dijo ser nada;/ Mas como mas de veras apuntasen,/ Cayó la bestia mala, traspasada/ Sin alcanzar aquello que pedía:/ Parece ser que no lo merecía.”12

Guillermo Aguirre González. Octubre 2021

1. De Castellanos, Juan. Elegías de varones ilustres de Indias. Editor Gerardo Rivas Moreno. Bogotá – Bucaramanga 1977. Prólogo de Javier Ocampo López. Pág. XI

2. Ídem. Pág. XII.

3. Ídem. Pág. 35

4. Ídem. Pág. 39

5. Ídem. Pág. 42.

6. Ídem. Pág. 52

7. Ídem. Pág. 216

8. Ídem. Pág. 307

9. Ídem. Pág. 316

10. Ídem. Pág. 322

11. Ídem. Pág. 342

12. Ídem. Pág. 342

Imagen. Oros y cerámicas Zenúes.

martes, 5 de octubre de 2021

Constitución de Cúcuta de 1821. Doscientos años de plutocracia


Hace doscientos años en Villa del Rosario de Cúcuta, los pudientes, la élite con poder económico del recientemente muerto virreinato de la Nueva Granada, se sentaron a manteles para crear la nación colombiana e instituirla. El terror del reconquistador Pablo Morillo los hizo despertar del sueño constitucionalista de la llamada “Patria boba” en el que los notables ilustrados de las provincias dejaron por escrito sus idearios independentistas en sendas constituciones, ingenuas o tímidas, así: Constitución del Estado libre e independiente del Socorro. Agosto en 1810, de corte pactista, monárquico-constitucional. Constitución de Cundinamarca 1811, monárquica y absolutista. Acta de Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada 1811 (Antioquia, Cartagena, Neiva, Pamplona, Tunja). Constitución de la República de Tunja de diciembre de 1811, liberal republicana. Acta de Independencia de Cartagena de noviembre de 1811, tímida ante la monarquía. Constitución de Cartagena de julio de 1812, monárquico - constitucionalista. Constitución de la República de Cundinamarca de abril de 1812, liberal. Constitución del estado de Antioquia de marzo de 1812, liberal. Constitución de Mariquita de junio de 1815, liberal.

Luego del triunfo en la batalla de Boyacá, la elite con poder económico, se dispuso a una guerra prolongada de liberación nacional. Y para ello necesitó centralizar el poder en el ejército y en un orden jurídico. Esto fue lo que ocurrió en Cúcuta en 1821. Y escribimos aquí sobre la obra de la elite pudiente, porque esta denominación permite acercarse al hecho histórico de una manera distinta a cuando hablamos de patriotas. Bajo la palabra patriota la historia oficial y mítica esconde la desigualdad que pasó de la colonia a la república y aun se mantiene.

Los criollos del virreinato de la Nueva Granada, adquirieron el poder económico a finales del siglo XVIII cuando la monarquía borbónica reformó la economía de los territorios de ultramar, es decir, de la América española, para ordenar las arcas reales y sostener sus guerras periódicas en Europa. Una de las medidas fue rematar las tierras realengas. En el Nuevo Reino de Granada los criollos descendientes de encomenderos y con capital, en virtud de este remate, terminaron con inmensas posesiones, dando origen al hacendado ilustrado con pretensiones de transformar su poder económico en poder político.

Aprovecharon la invasión napoleónica a España en 1808 para declarar la independencia y darse su propio orden político. Pero como puede verse en las constituciones de 1810 a 1815, la revolución no se planeó, fue espontánea y por eso la confusión en la construcción de la nueva nación. Y como se dijo arriba, fue necesario el terror de la reconquista iniciado en 1815, para obligar a la adopción de un orden constitucional centralizado y sustentado en el liberalismo rousseauniano y en el pensamiento jurídico de Montesquieu.

La Constitución de la República de Colombia de 1821, es la creación de una nación hecha acorde con las necesidades la elite criolla hacendada. Legislaron en nombre de dios y la nación, para los hombres libres y sus hijos. El pueblo de hombres libres (no se incluyen los esclavos) ejerce el poder mediado por las elecciones. Puede participar en las elecciones el…

“RTICULO 15. 1. Ser COLOMBIANO. 2. Ser casado o mayor de veinte y un años. 3. Saber leer y escribir; pero esta condición no tendrá lugar hasta el año de 1840. 4. Ser dueño de alguna propiedad raíz que alcance el valor libre de cien pesos. Suplirá este defecto el ejercitar algún oficio, profesion, comercio, o industria útil con casa o taller abierto sin dependencia de otro, en clase de jornalero o sirviente.”

El orden construido en Cúcuta hace doscientos años, fue excluyente y por eso no fue democrático. Fue un orden para los dueños de un capital de cien pesos, el precio de una hectárea de tierra, de una finca que hacía de su dueño y su familia un grupo privilegiado. Ahora para ser representante, aumenta el requisito de poder económico, además de la cualidad de saber leer y escribir en una sociedad iletrada. Dice el

“ARTÍCULO 21. Para ser Elector (es el representante salido de la asamblea parroquial) se debe […] 4. Ser dueño de una propiedad raíz que alcance el valor libre de quinientos pesos, o gozar de un empleo de trecientos pesos de renta anual, o ser usufructuario de bienes que produzcan una renta de trecientos pesos anuales, o profesar alguna ciencia, o tener un grado científico.”

Los electores se reúnen también en Asamblea de Electores por provincia para elegir Presidente y vicepresidente de la república, los senadores por departamento, representantes por departamento y diputados de la provincia. Luego de estas condiciones y dotar la república de su debido tren burocrático, establecen las disposiciones generales en el título VIII. La primera disposición establece: ARTÍCULO 156…

“el derecho de escribir, imprimir, y publicar libremente sus pensamientos y opiniones, sin necesidad de examen, revisión o censura alguna anterior á la publicación. Pero los que abusen de esta preciosa facultad sufrirá los castigos á que se hagan acreedores conforme á las leyes.”

Esta disposición tiene la forma de un contradicto; se establece la libertad, y al mismo tiempo se niega. El negador es el que dice con qué, cómo y cuándo se abuza de la “preciosa facultad” de expresar libremente las ideas. Además la elite de notables ilustrados no rompe con el pasado colonial, lo utiliza, lo mantiene y solemniza ese nexo en el

“ARTÍCULO 188.-Se declaran en su fuerza y vigor las leyes que hasta aquí han regido en todas las materias y puntos que directa o indirectamente no se opongan a esta Constitución ni a los decretos y las leyes que expidiere el Congreso.”

En Villa del Rosario de Cúcuta se crea la república de Colombia, llamada por la tradición historiográfica “la Gran Colombia”, por contener los territorios que luego, a partir de 1832, serán las repúblicas de Venezuela, Ecuador y Nueva Granada. Los constituyentes actuaron a la manera griega cuando se instituyó la democracia en una sociedad esclavista. Participaron de ella solo los hombres libres, los demás, los esclavos, las mujeres y los niños quedaron excluidos.

Lo dice taxativamente el “ARTÍCULO 4.-Son colombianos: 1. Todos los hombres libres nacidos en el territorio de Colombia, y los hijos de éstos;”. Atención, no dice todos los hombres nacidos en el territorio son libres. Dice, entiéndase, son colombianos los hombres libres; por eso actuaron a la manera griega; la elite de notables ilustrados crearon la república democrática de Colombia dentro de una sociedad esclavista. Crearon un gobierno de hacendados para hacendados.

Guillermo Aguirre González

Octubre 2021

viernes, 1 de octubre de 2021

Parque, cine y radio. Cultura en Bello 1940 -1950.

 

Sí, todo es cultura. El hacer, las prácticas humanas sólo tienen esa denominación; pero es necesario especificar para comprender como opera la memoria y el orden del pensamiento. Por eso sacamos de la cultura la ciencia, el arte, la religión, y la política. Y dentro de cada uno de estos compartimentos hemos hecho a su vez divisiones y especificidades muy particulares. Pero cuando queremos hablar de una de estas especificidades solo lo podemos hacer buscando las relaciones con el todo de la cultura y sus partes. Aquí es donde adquiere sentido una actitud dialéctica entre la parte y el todo, para saber y poder interpretar las acciones de los habitantes de un territorio.

Para tratar de hacer un acercamiento a la cultura desplegada en Bello en la década 1940 – 1950 por sus habitantes en necesario compartimentarla y el aspecto más importante que rebela el ser ante la vida, es la vida cotidiana. Cómo se vivió la ciencia, el arte, la religión, y la política, en el día a día.

Para no caer en un esquema, nombremos algunos acontecimientos que marcaron el ritmo de la vida. Terminación de la construcción del nuevo templo del Rosario. Se inauguró en 1947. Desde este podio poderoso e intimidante, una iglesia inmensa, hecha en mármol, oro y bronce, todo importado del país capital del cristianismo, de Italia, hasta el arquitecto constructor Albano Germanetti, se dirigía la conducta de los bellanitas. Dice Guillermina Zapata hablando del presbítero Rogelio Arango Calle, como en las Fiestas de San Isidro remataba desde una biflora con su matera en 50 centavos, hasta cerdos y vacas lecheras y las gentes terminaban diciendo “Ah, es que el padre Arango, le pone color al remate! Ah, es el alma de Bello... esto es lo mejor de Bello, y sus fiestas de Corpus.”1 Es el registro de la adscripción extática (éxtasis por la confirmación práctica de la belleza habitante entre el espacio, el tiempo y la economía) de la gente común a la jerarquía eclesiástica y su poder. Pero al lado de experiencia de San isidro, estaban los críticos con una mentalidad de difícil comprensión, pero que con sus palabras se ponían fuera de la sociedad de la iglesia. Por su ventanita, Guillermina, después del éxtasis sacro, testimonia sobre El “borrachito de la calle arriba, apodado Nano, [este gritaba] siempre su mismo mensaje “¡Viva el partido liberal! Y que venga el hijueputa que le cambió el nombre a mi pueblo. Yo no soy de Bello… Soy de Hatoviejo… Que viva mi Hatoviejo!”2

Este mismo presbítero, Rogelio Arango, excomulgaba repetidamente a uno de los líderes culturales de la década, Delimiro Moreno, por comunista y ateo. Aunque el cura, admirado por sus feligreses, no lo acusó directamente, fue su coadjutor Carlo Pérez… “Según Vallejo, este aventado bellanita no fue excomulgado por bañarse un viernes santo, sino por denunciar al párroco de Bello en un comunicado mimeografiado, debido a que el sacerdote era propietario de una sala de cine y había despedido sin justa causa al operador del proyector, sin pagarle la liquidación ni el último salario”. En palabras de Delimiro, “ya no era el cura Arango—que había desertado de sus votos—, ahora era el cura Luis C. Pérez, un vocero de la oligarquía industrial antioqueña, un tipo feroz, me excomulgó en todas las misas”3.

Desde la Iglesia del Rosario se irradiaron dos actitudes ante la cultura. Una para el católico genérico, básico, consumidor del clericalismo y admirador del poder eclesiástico. Y otra, la que irradiaba el presbítero Roberto Jaramillo, animador de tertulias literarias o culturales. Uno de los fundadores del Grupo Marco Fidel Suárez en 1949 y quien fuera monaguillo para la época en la que el presbítero Jaramillo se desprendió de su biblioteca personal, Rafael Castaño, dijo que se la pasó al grupo para que la pusiera al servicio del pueblo4.

Sobre la acción cultural en Bello de este presbítero que consideraba escandalosa la relación religión y política, dice el pintor Mario Madrid, quien lo conoció de cerca, -acostumbraba reunirse con amigos, en el centro de Bello; amigos de reconocido trabajo cultural en Antioquia: Ciro Medina, Carlos Castro Saavedra, Fernando González y Luis López de Mesa, o extranjeros como el poeta mejicano Carlos Pellicer5.

La ciudad de Bello en la década 1940 -1950, contaba con una población aproximada 30.000 habitantes; con espacios de encuentro que facilitaban la discusión política y cultural como el parque Santander, los bares y cantinas a su alrededor y los Teatros Iris y Rosalía. El cine, la política y las tertulias, influenciaron a jóvenes y “maduros”. Maduros como José Abel Jiménez o Hernán Villa Baena; Jóvenes como Rafael castaño, Delimiro Moreno, Miguel Ángel Días García, José Benjumea, Abel Álvarez, Hernando Velásquez, Israel Escobar o Alfonso Hernández, “…conversaban con el padre Roberto Jaramillo Arango, autor de unas magníficas traducciones de Horacio quien nos animaba a los jóvenes a pesar de nuestras inquietudes existencialistas…”6. Inquietudes por las que entraron en el conocimiento de una literatura filosófica, permitiéndoles tomar distancia de la literatura estrictamente marxista. Leyeron a “Hegel, Husserl, Sartre […] Merleau-Ponty, Lefervre, Lukács, Levi Strauss”7

Luego de la inauguración del templo del Rosario, la fisonomía de Bello, se puede imaginar, como una ciudad de tierra; casas de altos tapiales, cubiertas de teja, vigiladas por una inmensa iglesia ricamente ataviada, desde la cual emanaba una cultura clerical. Pero hubo otras fuentes de expresión y prácticas culturales, otros imaginario que si bien no hicieron ruptura con la religión, habitaron unos imaginarios basados en el bienestar y progreso de la ciudad y los ciudadanos.

Desde las fábricas y el ferrocarril emanaron esos otros imaginarios que llegaron con el telar y los rieles. El contexto nacional es insoslayable. La Revolución en Marcha se adscribió a la lucha contra el nazi-fascismo e impulsó en el país los Frentes Populares donde se dio la alianza entre comunistas, socialistas y liberales. Ese fragor de la lucha contra Hitler y Musolini, le quitó protagonismo al conservatismo colombiano; pero no lo calló. Las políticas obreristas de López Pumarejo se dirigieron a proteger, ampliar y garantizar la acción sindical. Actos que se tradujeron en un práctica defensa y promoción del sindicato único.

Hubo una sola central obrera (la CTC) de 1936 a 1946, liderada indiscutiblemente por el sindicato ferroviario. Por eso, desde los Talleres del Ferrocarril de Bello, se registran actividades de cultura política, y desde las fábricas textiles se irradió una cultura de nuevo cuño, nuevo imaginario de lucha anticlerical, antifascista y prosocialista o comunista; dice Jairo Gutiérrez de uno de los jóvenes “[…] culto y escritor comprometido en el concepto sartreano, con el destino del pueblo, del proletariado y el campesinado oprimidos por el imperialismo, las transnacionales y la burguesía nacional, su abyecta lacaya”8. Pero esas ideas se extendieron a algunos otros de estos jóvenes, Bernardo Muñoz o Mario Atehortua, aunque luego de 1953, saludaron la dictadura de Rojas Pinilla… “la dictadura ha muerto viva la dictadura” dijo uno de los miembro de grupo M.F.S. en un acto público, expresión de apoyo a Rojas que les ocasionó enemistad con los directivos liberales de Bello, entre ellos Colís Paniagua.

Los sindicatos de Bello, de Fabricato y luego Pantex, tuvieron al abogado Villa Baena por su defensor, graduado en la Universidad de Antioquia en 19429. Llevó muchos casos de obreros y se granjeó fama de efectivo, hasta que la empresa textil Coltejer le ofreció un buen salario para que cambiase de bando, oferta que rechazó. Obreros y sindicatos inmersos en el liberalismo intervencionista de López Pumarejo, quisieron poner el estado al servicio del pueblo y de la cultura. Villa Baena, Luis Montoya Cuervo, Francisco Cadavid, Óscar Agudelo y José Abel Jiménez, animaron la cultura de los años cuarenta del siglo veinte, leían por vocación, sabían de música y literatura; “Entre ellos hubo diferencias, pero a las dos o tres de la tarde tenían una tertulia con el padre Roberto Jaramillo. La hacían en Pozo del Rotal entre Copacabana y Girardota”, dice Armando Estada Villa10. Además del debate y la fama de cultos, crearon y difundieron periódicos locales, que cumplieron un papel de dinámica cultural en una ciudad cuyo interés era el trabajo fabril y el rendimiento económico.

El pensamiento de aquellos que aquí llamamos “maduros” lo dejaron signado en un par de periódicos sostenidos en la década: “Acción” dirigido por José Abel Jiménez y administrado por Alberto Monsalve; “Juventud” de un grupo de liberales. En “Acción” José Abel le dice al Concejo elegido en octubre de 1945 que solo con la unión se demostraría el deseo de trabajar con desinterés y llevar la ciudad “a una época en que veamos a Bello marchando por la ruta que desde hace muchos años le ha señalado su industria y una altiva generación que lleva siempre la mano empuñada en alto y hacia a delante”11. Llama a la unión, porque hay odios partidistas y ambiciones personales generalizados en esa década en la que se consolidó la violencia cruel y genocida. El puño en alto no fue un gesto sólo de papel; se realizó en el fragor de la confrontación. Pero además fueron capaz de hacer que el estado municipio montara una emisora local llamada la Voz de Bello que reproducía por altoparlantes ubicados en el quiosco del parque Santander programas del acontecer nacional y uno llamado “Selección Musical”. El 17 de noviembre a las 8:30 de la noche se presentaron “los siguientes números: oberturas “Italianos en Argel” y de la ópera El barbero de Sevilla, de Rosini; “Danza Macabra”, de Saint Saenz; “Miserere” de Verdi; obertura “Las Alegres Comadres de Windsor”, de Nicoli; selección de la ópera “Rigoleto” de Verdi…”12 En los números 2,3,4 y 5, Hernán Villa Baena publica artículo en el que da cuenta de su lectura sobre el sicoanálisis en el que testimonia haber leído además de Sigmund Freud, a Jung, Nietzsche, Schopenahuer y termina con esta apreciación: “La educación es tanto más eficaz cuanto mejor se [¿acerque?] a la personalidad del educando. El sicoanálisis ha enriquecido las disciplinas pedagógicas, por cuanto suministra el método preciso de exploración del subconsciente que es la verdadera personalidad humana”13

En el periódico Juventud un informe de comisión en el concejo firmado por el alcalde Samuel Mejía y el concejal Villa Baena, es una especie de declaración de la función social del derecho laboral. Dice: “En consecuencia todas las normas jurídicas del trabajo deben ser interpretadas como mejor convenga a los intereses sociales, que son los del gran número de trabajadores desconocidos hasta ahora por los estatutos civiles”14.

La década de los cuarenta presentó un ambiente cultural complejo, porque la confrontación obligó a los protagonistas a sacar y expresar sus convicciones sociales, filosóficas o políticas y defenderlas con la palabra y el hecho en los espacios de encuentro. El universo reformista liberal se desplegó por una mayoría política que sembró en el imaginario de los bellanitas una idea de progreso material e intelectual, alcanzable en el corto plazo. Pero la reacción conservadora obligó a desviar esos sentimientos y actitudes hacia la confrontación cruel y visceral.                                                                                                              

                                                                                                                             Guillermo Aguirre González

Notas

1. Zapata, Guillermina. Ventanita de mi pueblo. Memorias de la Calle arriba. En Revista Huellas. Centro de Historia de Bello. No. 1. Bello. Año 2000. Pág. 17

2. Ídem Pág. 15

3. Gutiérrez, Jairo. Delimiro Moreno Calderón: librepensador, militante revolucionario, historiador y periodista. En Revista Huellas de Ciudad. Centro de Historia de Bello No. 15. Bello 2014. Pág. 71

4. Espitaleta, Sergio. Roberto Jaramillo Arango. Un sacerdote poeta en un pueblo prosaico. En Revista Huellas de Ciudad. Centro de Historia de Bello No. 15. Bello 2014. Pág. 71

5. Ídem. Pág. 62

6. Gutiérrez, Jairo. Delimiro Moreno Calderón: librepensador, militante revolucionario, historiador y periodista. En Revista Huellas de Ciudad. Centro de Historia de Bello No. 15. Bello 2014. Pág. 73

7. Ídem. Pág. 73

8. Ídem. Pág. 72

9. Aguirre, Guillermo. Hernán Villa Baena: un liberal culto, defensor de los trabajadores. En Revista Huellas de Ciudad. Centro de Historia de Bello No. 15. Bello 2014. Pág. 80

10. Ídem. Pág. 82

11. Jiménez, José Abel. Editorial. El Nuevo Concejo. En periódico Acción No. 4. Bello noviembre 1º. de 1945

12. Jamel. Contra el Viento. Concierto. En periódico Acción No. 5. Bello noviembre 17 de 1945

13. Villa Baena, Hernán. Sección científica. Psicoanálisis. En periódico Acción No. 4. Bello noviembre 1º. de 1945

14. Periódico Juventud No. 12 Noviembre 2 de 1941.