domingo, 1 de octubre de 2017

Democratizar la democracia



Mirar a derecha e izquierda, mirar al centro, es hacer las veces de sol nietzscheano como el de Zaratustra. Se debe ser como el sol; mirar la tierra sin pasiones y ser capaz de ponderar sobre los seres humanos y sus sociedades. Ver los actos y sojuzgarlos, sin tomar partido, sin soslayar la mirada hacia izquierda o derecha.

Esta es la actitud del investigador, inscrito en una ciencia, sea humana o exacta. Este es un deber ser, un asunto ético. Se tiene información de la violación de esta ética y ha tenido que ver con los intereses políticos atados a los económicos. Sabemos de los intentos de construir una ciencia liberal o conservadora o marxista. No se puede. Si se hace, la resultante es un equívoco y termina lesionando las supuestas libertad e igualdad.

El trabajo del científico es igual al del juez. Se trata de aplicar justicia. Los primeros se acercan a la naturaleza o a la sociedad, documentados con el escrutinio sobre su objeto de estudio, para darnos una versión inteligente y justa. Estos sujetos tienen la convicción de producir conocimiento para perpetuar la humanidad y la cultura. No lo conseguirían si sus metas estuvieran inscritas en los intereses de un grupo o una clase. Sabemos que muchos productos de la ciencia han sido utilizados por los acumuladores de riqueza, para aumentar su poder; pero lo hacen por la desviación de la inspiración original. Por eso se puede decir que los bienes de la modernidad, entre ellos el individuo y la república democrática, han sido capturados y puestos al servicio de la burguesía insaciable de riqueza. Y según esto, es posible luchar por un orden social en el que los bienes de la modernidad se pongan al servicio de todos y no de una clase social.

Los segundos, los jueces, tiene actitud similar en su profesión, con los científicos sociales o exactos. La ética de su trabajo exige aplicar justicia, para sostener el objeto a que se deben: mantener el orden de la república democrática. No podrían hacerlo si sus sentencias se matizan con un color político o son un producto para la oferta y demanda de una sociedad envilecida por el enriquecimiento fácil. El juez en su estrado deja de ser un hombre común afectado por la cultura que ha introyectado y por sus intereses político – económicos. Ahí su comportamiento queda prendido del orden social, garante de la igualdad de todos, la solidaridad con todos y en especial la convicción que de sus veredictos depende la paz sostenida y duradera.

En Colombia ha entrado en vigencia la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Se acusa de ser una justicia terrorista, de un solo grupo, para favorecer a un sector social; y se trata de sustentar estos argumentos en el mecanismo de elección del grupo de magistrados. Lo especial de esta justicia, está ahí en el mecanismo nuevo por fuera de la forma tradicional caída en la corrupción del pago de favores dentro de un grupo cerrado. Desde la reelección presidencial se ha impuesto el slogan tácito “yo te elijo tú me eliges”. Después de catorce años de reelección presidencial, la justicia en Colombia fue cooptada por una mafia. Así no extraña que el nuevo mecanismo de elección de los magistrados de la JEP, sea satanizado e insultado por aquellos que no lo pudieron manipular.

La JEP generada en el acuerdo de paz entre Santos y las Farc, es un acto de ejercicio de las atribuciones del gobierno otorgadas por la constitución nacional de los colombianos. Tiene toda la legitimidad posible del ordenamiento jurídico. El presidente quiso reforzar esa legitimidad con un plebiscito no vinculante, pero los enemigos del acuerdo lo entendieron como definitivo y por eso no quieren nada con el acuerdo de paz, hasta el punto de preferir el continuismo de la guerra. Bajo esta lógica la JEP aparece como algo fuera del continuismo. El ser un mecanismo acordado y elegido por fuera de la manipulación, es blanco y objeto de todo el odio que son capaz de producir los contradictores.

Los tribunales y salas de la JEP, con cincuenta y un magistrados, de procedencia pluralista, son vituperados por sus militancias y afinidades políticas y religiosas. Ahí debemos decirle a los contradictores, que estos hombres y mujeres tienen la obligación de ser y mirar al estilo del sol de Zaratustra, ver los actos y sojuzgarlos, sin tomar partido, sin soslayar la mirada hacia izquierda o derecha.

Pensar que las militancias y afinidades políticas y religiosas van a determinar la aplicación de justicia de los magistrados de la JEP, es creer que todos los colombianos son iguales y prefieren el slogan tácito “yo te elijo tú me eliges”. Así, como el científico, el juez consecuente con la práctica de su profesión, está más comprometido con el orden de la república democrática, que con sus convicciones. En quienes imparten justicia, prima el interés público y es secundario el interés personal o de grupo.

La mirada del sol de Zaratustra sobre la tierra, permite observar dos concepciones de la república democrática en Colombia contemporánea. Una de corte cesarista, agenciada por los gobernantes tradicionales, más partidarios del autoritarismo que del consenso y que quieren perpetuar una especie de aristocracia, a toda costa, incluso por la fuerza de la exclusión y la violencia. Esa concepción tuvo todo su sustento en la democracia representativa y clientelista apoyada – generada en la constitución de 1886. Esta teoría y práctica se hace visible en los que acusan a la JEP de ser una justicia terrorista.

Otra concepción dice que la democracia ha caído y ha sido llevada por la tradición a un estado de decadencia, comandado y dirigido por la corrupción campeante. Todos los aspectos de la vida social, aupados por la violencia, han optado por la trampa y la compra de la justicia. Esa realidad se debe cambiar por otra, en la que se democratice la democracia, se de el paso de los representativo a lo participativo y se logre instituir la igualdad de oportunidades. El acuerdo de paz vigente en Colombia se dirige hacia allá. La aceptación por los beligerantes (guerrillas y paramilitares) de la autoridad del Estado, es el principio de abandonar la democracia elitista por una igualitarista.

Imagen: El observador de Antonio Tapia. Murcia 2012

domingo, 24 de septiembre de 2017

Trabajo del artista, metáfora de la creación

Fija la atención de cualquiera que esté interesado en la memoria, el texto de Ricoeur1. Ese contenido humano (la memoria) se ha tratado como todo, desde los acervos del pensamiento patrístico de la cultura occidental, la inevitable metafísica platónica y aristotélica. Este texto de Ricoeur, enriquece porque hace una arqueología del concepto de memoria en esos griegos y muestra el inevitable basamento de todo lo occidental en ese modelo de razonar. Por eso puedo pensar en las peripecias de la criatura. Ella comenzó a indagar por el don que el creador le puso; esa voz que le habla incesante, en la vigilia, en los sueños, y pareciera que criatura y creador interlocutaran. El hecho de preguntar, indagar, hace romper con el dios dador creador. La criatura se queda con la voz y la declara mistérica, un nombre que oculta la materia del dador y deja el acto puro del pensamiento. Origen y devenir del pensamiento. Misterio del inicio, rito compartido con todas las religiones y magias, es el origen de la voz. Pensamiento, ánimo, inicio, misterio, nombre, términos atrapados en ese algo básico de la voz que se indica con la palabra idea.
 
La ruptura con el creador, hace de la idea, el centro básico de la voz y del pensamiento. La idea genitora exige explicación, ya no como don, sino como contenido humano. La criatura es ahora soporte continente de la idea, convertida en la medida de todas las cosas. Ser medida, la hace una aura de verdad, para la palabra y sus reglas, para el hablar y la lógica. Lo que ven los ojos entra en el cuerpo y es medido por la idea. Por eso la experiencia es falta de verdad y la información que ella facilita debe ser cotejada con el cúmulo de ideas, depositadas en el ánima, pensamiento, misterio. ¿Qué las tiene allí? La memoria.
 
Indagar por el origen de la voz y las ideas, por fuera de la relación creador criatura, pareciera la toma de una actitud atea; pero es solo, una atenuación del origen divino. La explicación de la génesis de las ideas, desde el fenómeno mismo, cae en el recuerdo, en la memoria; esta, más que un cúmulo de ideas es un depósito de imágenes verdaderas, dejadas por la experiencia humana. Ideas verdaderas depositadas y disponibles para poder decir verdad. La idea es una imagen en la memoria, porque la experiencia vivida, deja una huella en el ánimo-alma, a la manera de una marca.
 
Idea, imagen, memoria, marca–huella, hacen sospechar de los sentidos alimentados por la experiencia. Esta debe ser cotejada por la verdad signada en el alma. Quien toma lo que le pasa como verdadero, solo hace sofistiquería. La memoria, las imágenes, las ideas, tienen jerarquía en el alma, según el sujeto. La huella de lo vivido será profunda e indeleble en los sujetos hondamente incididos por los actos, o débil en los superficiales, o frágil y pasajera en los mediocres.
 
El ser humano explica lo que tiene y le pasa con ejemplos de sus construcciones, con sus modelos, convertidos en metáforas. La medida de la experiencia por la idea verdadera signada en el alma, toma como modelo el trabajo del artista. Este incide superficies, marca, inscribe, imprime. La experiencia imprime en el cerebro, deja una impronta, las ideas. Ellas conforman la memoria y junto con la percepción del tiempo, las ideas se convierten en arquetipos, para medir las nuevas experiencias y darles estatuto de verdad. Experiencia-verdad-experiencia, esa es la episteme de la idea. La opción por el modelo tomado del trabajo del artista, hace que se vuelva al dador-dios, abandonado cuando se hace génesis de las ideas. El relato, de la creación hecha por seres antropomorfos, es un ejemplo de funcionamiento de la metáfora. El contenido del alma, espíritu, ánima, resulta, se explica con el símil de la práctica del artista; de esa manera, la observación (experiencia) imprime, deja impronta en el fondo. Esa impronta es la referencia para medir las nuevas experiencias.
 
A si se expresa lo mistérico como inicio o rito iniciático. El ser humano no puede ir más allá de explicarse por sí mismo, o mejor, humanizar el afuera para comprenderse y terminar él mismo explicándose por sus propias funciones. El alma es la obra del artista; el ser humano es la obra del ceramista. Muñeco de barro con un infundio por el soplo divino. Esta es la consecuencia de pensar el pensamiento por lo dado; por lo que se tiene en el interior: la voz incesante de la existencia humana. Este método obliga a ir de la voz a la memoria, y de esta a la huella. Y de la huella a la impronta dejada por la experiencia.
 
El estudio de la voz sigue ahí. El lenguaje sigue ahí. La palabra es una impronta, que por referirse a la idea, la significa, la hace semántica. La impronta es una imagen, que por no ser la cosa, sino su huella, es ficticia; pero como imagen refiere al arquetipo para medir las mismas cosas y posibilitar el recuerdo o la memoria. La metafísica de la voz y la idea, se ve descarnada en la cultura occidental. La historia, producto de la memoria de los acontecimientos, mide su veracidad del fondo arquetípico que yace en el recuerdo, allí donde la impronta tiene algo así como una caverna.
 
Pero a la vez el texto de Ricoeur es propositivo, permite detectar la atenuación de la divinidad (aunque se vuelva a ella) mientras se explica lo humano por sus contenidos y obras. Esa atenuación es el principio de ruptura. Occidente ha atenuado al creador y grandes sectores sociales han vuelto a él. En paralelo, la ruptura llevada a sus consecuencias extremas, explica de la voz y la palabra por métodos físicos. La observación de la elevación del animal a la condición humana, posibilitada por los métodos científico-comprensivos, permite hoy hacer un relato espaciotemporal-territorial del pensamiento. La voz, la idea y la memoria son una resultante de la física mecánica del cuerpo.
 
1. Paul Ricoeur. La memoria, la historia, el olvido.
 
Imagen: Vladimir Kush Amanecer en el Océano 1995

domingo, 10 de septiembre de 2017

Entre ismos y neoismos


El socialismo del siglo veintiuno puede llamarse neosocialismo, y tiene como matriz teórica el neomarxismo. Estas novedades encajan en la proliferación de los neoismos, porque vienen después del neoliberalismo y el neoconservadurismo. Pero falta otro neo, para completar el marco del pensamiento actual: el neopolpulismo. Estas palabras que refieren contenidos, parecen un juego nominal; pero no, porque son la actualización de los fenómenos sociopolíticos típicos de la modernidad, la misma que se pretende superada cuando se le llama posmodernidad.

Señalar este acontecimiento, es abrir una puerta para ver lo que hay tras ella. Están los pocos siglos anteriores al nuestro, en los que se acuñó la modernidad. Desde mediados del dieciséis la acumulación de la riqueza adquirida en el mercado, transformó la política y la sociedad. En Inglaterra la monarquía debió ceder a las aspiraciones de poder de la burguesía y elaborar una constitución para dar origen a la monarquía constitucional, fenómeno que trajo consigo unas relaciones sociales regidas por el derecho pactado.

El dieciocho estuvo tipificado por el absolutismo, en los países centroeuropeos. Otro fenómeno político moderno por el que la monarquía cede el poder económico a la burguesía y se somete a ella bajo la figura del préstamo sistemático. El proceso llega a su fin y la monarquía es desplazada violentamente por ser un parásito endeudado innecesario. Las relaciones sociales se fundamentan en el individuo y las garantías para que este se reproduzca.

En el diecinueve se decanta el proceso y se expone el liberalismo como teoría y práctica de la sociedad moderna. La resistencia se da y la presentan los sectores sociales que perdieron los privilegios y son los que originan el conservadurismo. Y entre ambos liberalismo y conservadurismo, por la defensa de sus privilegios y el monopolio de la riqueza, posibilitan el nacimiento de la práctica y la teoría del socialismo y el comunismo. Pero falta un ismo más. Una posibilidad política aparece en el panorama de la modernidad a finales del siglo diecinueve e inicios del veinte. Los principios liberales de democracia, libertad, igualdad y solidaridad, no soportaron la organización de la clase obrera y su aspiración de poder. Se negó, se proscribió la organización y para destruirla o canalizarla, hicieron proliferar el caos y la anarquía. Bajo esa atmósfera crearon la figura de los caudillos con una práctica política inmediatista, dirigida a conmover las vísceras y el corazón de los ciudadanos, acosados por la ruptura de la cadena de abastos y la proliferación de la inseguridad. Así, hace entrada en la modernidad el populismo como opción política. Los ejemplos más conspicuos se presentaros en Alemania antes de las dos guerras y en la vigencia del nazismo; en los preludios de la revolución rusa y en la Italia fascista.

Los neoismos de nuestra contemporaneidad, son la reedición de los modernos. El neoliberalismo se trae para terminar con los controles estatales a la economía y a la asistencia o subsidios de los desposeídos, categorizados como obreros, parados (desocupados) y habitantes de los cordones de miseria. Es poner fin al estado interventor, subsidiante de la demanda, necesario en la crisis del capitalismo; pero innecesario luego de la reactivación económica de la posguerra. El neoliberalismo es volver a los principios decimonónicos de libertad de empresa bajo las leyes del mercado autorregulado. Comenzó a impulsarse en la guerra fría, maduró en la década de los setenta del siglo veinte y se impuso con la política de apertura económica, hasta la generalización de los tratados de libre comercio. Trajo consigo la destrucción del sindicalismo y la estabilidad laboral; la riqueza más concentrada y la expansión de la pobreza, ya no sólo de los individuos, sino de los pueblos de áreas continentales.

El neoconservadurismo, reedita la actitud sociopolítica de la reacción de las castas nobiliarias, despojadas por los revolucionarios del siglo dieciocho. Esa actitud se identifica con el rechazo a la teoría del progreso indefinido, que fundamentó la igualdad y la libertad como productos de la razón. El neoconservadurismo ha montado la teoría del fin de la historia, el fin del conflicto, el fin del progreso y la entrada en la época de la aceptación de la desigualdad. El fin de la confrontación este - oeste o entre comunismo y capitalismo, es el triunfo del orden milenario instaurado por la potencia divina. La teoría del fin de la historia se adiciona a la promoción del creacionismo y el diseño universal, para fundamentar la tradición y de paso borrar el relativismo materialista de las ciencias humanas.

El neosocialismo, a diferencia del socialismo marxista del diecinueve que posaba su teoría y práctica sobre la revolución violenta, quiere llegar al poder por la participación política en el juego lectoral de la república democrática moderna y liberal. El neosocialismo basado en un neomarxismo cuestionador de la violencia como método político, toma como bandera la convicción de instaurar un Estado interventor que regule la sociedad y la economía, para evitar la acumulación extrema de riqueza en pocas manos y la pobreza de las mayorías. Esta propuesta redistributiva, se trata de llevar a la práctica manteniendo muchos pilares básicos del orden capitalista, como son la libre empresa, la libertad de pensamiento, libertad religiosa y la defensa de los derechos humanos.

Si el populismo es la última expresión fenoménica de la política moderna, el neopopulismo corona la intensión contemporánea de reeditar ese legado. El orden burgués capitalista, no ha sido capaz de materializar la justicia socioeconómica. A esta altura de desarrollo de la práctica y la teoría del liberalismo, se puede detectar un ritmo perverso para mantener el poder y la dictadura del capital: apertura de mercados o liberalismo económico, con su respectivo retiro de los controles del Estado y cuando esa libertad produce el resultado esperado, acumulación del poder en uno o varios países, de nuevo se vuelve al Estado interventor – controlador que restringe la libertad e impide el injerencia de mercaderías extranjeras. Apertura – cerramiento - apertura, es el ritmo del capitalismo para mantener el control mundial.

Entre estos ritmos o ciclos, las luchas por un orden distinto, cobran fuerza. En el final del siglo veinte y comienzo del veintiuno, el agotamiento de los modelos neoliberales, hace que dentro del juego democrático de la república liberal burguesa y capitalista, surjan movimientos y organizaciones que tratan de llegar al poder político, para impulsar acciones redistributivas. Ante estos auges los sectores sociales, dueños de la riqueza, desordenan la sociedad, meten violencia y generan desabastecimiento, para en medio del caos, permitir la llegada al poder de caudillos de inspiración neopopulista que terminen de profundizar el desorden y niegan los valores del orden liberal. Ante este diseño político, se crean las condiciones para el retorno de partidos o grupos, quienes enarbolado los bienes políticos de la modernidad y con el eslogan de la restauración, hacen volver la república liberal capitalista.

Imagen, Las manos de la Protesta de Guayasamin 1962

domingo, 20 de agosto de 2017

Objetos, sujetos y experiencia


Los objetos han llegado a ser, el mejor documento sobre el origen y devenir de la humanidad. El centramiento en los objetos, además, expone un método necesariamente material y opuesto al idealismo clásico y antiguo. Digo han llegado a ser, porque el mundo contemporáneo se ha liberado del idealismo y ha elaborado una filosofía libre de trascendencias vacuas.

El apriorismo kantiano, radicado en el platonismo, hace parte del sentimiento arcaico humano de ser hijo y estar gobernado por un ser superior. Sentimiento construido en el proceso de humanización y por eso, legítimo y apropiado. Sentirse creado, es propio de una imaginación primigenia correspondiente a seres humanos de reciente aparición sobre la superficie del planeta.

Noumenos, intuiciones e innatismos, son constructos filiales de esa primera reacción contra el naturalismo presocrático. Son esfuerzos intensos y agotadores por darle origen ideal a la experiencia. Lo que pasa, y se siente, se piensa como la expresión fenoménica de las ideas puras contenidas en el espíritu y puestas allí por el creador del mundo. El naturalismo preplatónico, de conceptos y contenidos sofísticos o de inmensa confianza en la argumentación y la palabra, le dio a las cosas poder de engendrar en el cuerpo humano, acciones excitantes de su ser llamadas, lengua, memoria, imago y gesto.

Con el discurso traceológico que sigue las huellas como cosas, se construye hoy un relato sobre la experiencia humana, desde el hombre primigenio y su teología. Por eso soy íntimo amigo de considerar lo humano y la cosa o el objeto, como dos partes inseparables del relato. Solo puede hablarse de humanidad desde el momento (fechado por la tecnología) en que un antropomorfo construye útiles; útiles que adquieren el atributo de objeto, huella, documento. Aquí entra toda una serie de discursos y contra discursos. Están los que hablan de una supuesta edad de la madera, del homo faber xiloconstructor, antes del hombre de la edad de piedra. Pero del hombre de los objetos de madera no hay traza y según el rigor de la traceología de los objetos pétreos, no existió.

Aquí, puede hablarse de una sofística moderna, apoyada en el método científico, potenciadora de un relato nuevo, para enfrentar el idealismo creacionista o antropológico, basado en la humanidad caída, castigada o destinada al ascenso hacia el mundo de su creador, mundo de luz o paraíso.

El nuevo relato se construye, en términos de coloquio, al poner a hablar los objetos. Se considera que todos los objetos construidos por el ser humano son producto de su subjetividad y por eso, el objeto se puede interrogar para que permita exponer las condiciones de su fabricación, entre las cuales está la sociedad posibilitante y el grado de abstracción de su pensamiento. Y para que estas consideraciones tengan un piso terrenal, manifiesto mi convicción de explicar la humanización, como producto de la necesidad técnica compartida por todos los seres vivos. La huella cosa, objeto, útil, para ser concebidos en su existencia, se debe explicar como la prolongación en los útiles, de las funciones técnicas del cuerpo. Los primeros útiles, testimoniados por la ciencia de la arqueología, tuvieron como función reemplazar los dientes. De esta manera ese objeto, cosa, útil llamado cuchillo primigenio o “Schopper”, al ser interrogado en su arcaicidad, junto con el cuerpo a su lado, del tallador ejecutor, muestran y dicen de un ser que ha iniciado la vocación evolutiva hacia el homo sapienz. La arcaicidad del objeto indica una subjetividad apropiada, y demuestra el primado de la experiencia y la exudación del útil con funciones caninas, por una necesidad azarosa.

Aquí radica la oposición por diferencia con el idealismo. El discurso sobre el origen de la humanidad que podemos construir hoy a partir de un esfuerzo del pensamiento, tiene la pertinencia de la actitud comprensiva. Las disciplinadas ciencias humanas han puesto en cuestión todos los absolutos mantenidos en el misterio del creacionismo, y han puesto sobre la superficie de la tierra una explicación racional posible. Tanto el cuerpo, como el sujeto y el objeto son unos constructos interrelacionados, posibilitados más por el azar, más por la acción y reacción de la existencia física y material.

La senda seguida por la subjetividad, desemboca en el homo sapiez como un mundo mental independiente y guía, del cuerpo y de las cosas objetos. Los primeros homo sapienz, datados desde hace cuarenta mil años, separaron radicalmente el mundo terrestre del mundo ideal del creador. Establecieron lazos rituales de comunicación entre ambos mundos y los pueblos especializaron su forma de concebirlos.

La relación útil-objeto con la subjetividad, es la permanencia y pertenencia al grupo, al socius. La sociedad funciona como el símbolo que conecta el ser con el mundo del creador o de los seres réplicas humanas, rectores del todo. La trashumancia obligaba a la dispersión y la memoria de grupo la garantizaban los objetos ya diversificados: útiles de labor, el vestido, objetos totémicos mágicos y las vocalizaciones con gestualidades que hoy llamamos lenguaje.

La traceología de la vida humana es reciente. Dotó la contemporaneidad de alternativas de pensamiento para poder gobernar la masificación de los cuerpos. La igualdad como pertenencia a la existencia (existir nos iguala), ha sido posible por pensar la subjetividad fuera del idealismo. Aunque este persista y sea dominante en las sociedades que aún atan el sujeto a los designios divinos. Explicar el fenómeno humano desde sus objetos es explicar la materia desde la materia y es comprender los contenidos de la subjetividad siempre condicionados por la cultura material.

La alternativa de pensamiento aquí expuesta, es otra manera de liberarse de la metafísica de la causalidad, detenida en la lucha entre los partidarios de la idea genitora de la práctica, contra los empiristas crasos que desconocen o destruyen el sujeto, para andar por el mundo, metidos en un existencialismo agónico.

Este escrito fue construido a partir de la lectura de un texto de Francois Dagognet, titulado “La subjetividad. Traducido por Luis Alfonso Palu en el 2005.

Imagen: Francis Bacon. La deriva del yo y el desgarro de la carne. 1944


 

domingo, 13 de agosto de 2017

La libertad no es un absoluto



Escucho radio y la voz recibida por los oídos, entra en el cerebro en medio de un rito, entre emisor y receptor. Este fenómeno se puede concebir también como una relación material entre ambos protagonistas y dejarla ahí, en la frialdad racional de las misiones de los dos: el uno emite y el otro escucha. Y queda expuesta la teoría de la comunicación. Pero se debe ir a la interpretación, al mundo cualitativo del análisis hermenéutico de las relaciones de poder, en el que la libertad de expresión es proclamada y defendida a ultranza por los emisores.

Esta defensa tiene sentido en el mundo teórico de la modernidad liberal y es aceptada por todos los involucrados en el consenso de la democracia; pero la persistencia de la desigualdad y la acumulación de la riqueza en manos de un sector minoritario de la sociedad, le quita el peso a ese orden sólido de la teoría. Por eso en necesario indicar la relación emisor – receptor como un rito inmerso en la complejidad de las relaciones de poder, en el que el emisor no le da oportunidad al receptor de interactuar. El receptor es un paciente atado e indefenso, a merced de la voluntad, en el caso que comento, de la onda radial.

Escribo estas palabras por la indignación que tuve en la mañana del jueves tres de agosto, cuando Darío Arismendi, director de noticias de radio Caracol, tomó la palabra, a la manera de editorial del día, y le dedicó casi cinco minutos a insultar al presidente de Venezuela Nicolás Maduro. No medió ningún esfuerzo culto de un periodista que presta un servicio público en Colombia. La voz, con tono altisonante, iba dirigida a generar indignación en el oyente y parcializar la opinión. Lo logró en mí; pero al revés. Conozco medianamente la historia de América latina y por ella he aprendido a respetar a los líderes que se han hecho elegir en unas elecciones atadas a la constitución del respectivo país. La otra indignación, la visceral, la que el periodista ocasionó, es el aumento del desprestigio de Maduro, con el desconocimiento de la vigencia de la constitución bolivariana de Venezuela y la inexistencia de argumentos para rebatir.

Escuchar radio es un rito en esta época de predominio de los medios masivos de comunicación, porque, hay violación de la imparcialidad y es clara la intensión de manipular al oyente y hacerle tomar una conducta dirigida. En el rito, un sacerdote o un investido por el poder, imparte la verdad de la ceremonia, para que el sufriente quede invadido. En la ceremonia no hay reflexión, hay fórmulas llenas de adjetivos precisos que sumergen en el mar del odio contra el objetivo.

Los medios masivos de información en Colombia, tienen el objetivo, visible sin esfuerzo, de concitar el odio contra la Venezuela chavista. Cuentan con una población sin criterio, porque la educación la ha hecho así, manejable, manipulable e irracional. Desde el fondo de la república se le ha hecho trampa a la propuesta moderna de construir un ciudadano deliberante y respetuoso del poder público. El resultado es un país de individuos encerrados en la caparazón del egoísmo, dispuestos a cantarle loas a los corruptos o a la versión sobre los hechos promocionada sin cesar por la opinión llana y ramplona.

No se pide lo contrario: unos medios salsa, para la Venezuela de hoy. Se pide unos medios que ayuden a pensar, sin tomar partido. Medios dignos de la filosofía social y política del consenso de la democracia: la imparcialidad. Hablar de Venezuela no puede quedarse en los hechos crueles de la confrontación local e inmediata. Se debe ir a la teoría y práctica de la geopolítica mundial; a la incapacidad del proyecto liberal para resolver las desigualdades sociales y educar las masas.

Los insultos de Darío Arismendi contra Maduro y el chavismo, a mi parecer, le pueden quedar bien a un político irascible; pero no a un profesional que presta un servicio público de información, así los aparatos tecnológicos de la emisora, pertenezcan a una empresa privada internacional, hecho que no puede olvidar la propiedad pública del espectro.

Esta experiencia, aquí expuesta señala el hecho traumático de los servicios públicos en manos de empresas privadas. Esta práctica del Estado neoliberal de los últimos tiempos, se impulsó y realizó con el argumento de la ineficacia empresarial del Estado. Pero fue solo un argumento para generar indignación visceral. Hoy podemos observar la crisis general de los servicios públicos privatizados. El ejemplo más palmario es el sistema de salud inoportuno. Ineficiente y corrompido.

Si la radio pública en manos de privados, moviliza la opinión hacia la justificación de sus intereses políticos, económicos y partidistas, los grandes caudales de dinero de la salud se han utilizado para elegir legisladores que garanticen la perpetuidad del sistema y su inoperancia, porque la lógica de la empresa privada es máxima ganancia y bajos costos de operación. Se conocen las dificultades del Estado para ser transparente y pulcro con las finanzas públicas; pero en él hay responsables claramente visibles e imputables.

Esta experiencia, puede llevarse más allá de la visibilidad la realidad social y mirarse desde los modelos políticos. Los cuatro siglos de modernidad han analizado extensa e intensamente la funcionalidad del Estado. Se le ha reducido a la mínima expresión y se le han retirado todas sus atribuciones económicas. También se le ha dado todo, hasta que él, soberbio y delirante, destruyó las garantías individuales de los ciudadanos. Estos dos extremos, nos permiten a los que habitamos esta realidad social, decir que, con la autoridad de la experiencia moderna, el Estado debe recuperar el control de los servicios públicos e intervenir la libertad liberal, porque la libertad no es un absoluto, es una práctica atada a la vida y es un producto de las luchas sociales.

La mayoría de los medios de comunicación del mundo privatizador y neoliberal, y la radio y la televisión colombiana informan con parcialidad sobre Venezuela, porque quieren generar un sentimiento vicenal contra el Estado interventor.

Imagen: Eugène Delacroix Le 28 Juillet La Liberté guidant le peuple 1830

viernes, 28 de julio de 2017

Tejer el velo


Atada a la historia escrita, como signo de cientificidad y veracidad, es la condición de la cultura de la sociedad occidental. Los relatos creacionistas detenidos en el tiempo por la grafía, inauguran la reflexión sobre la humanidad, necesaria desde la metafísica. Las relaciones entre el ser humano y la divinidad creadora, obligan a una teología, desde la cual, de manera esforzada, se explican los contenidos de la cultura. La parte divina del ser humano, el alma o el espíritu, en relación con el cuerpo, dejan la huella que le da existencia a la historia.

Así de esta manera, desde la antigüedad griega, la pregunta por el ser, se responde desde la metafísica y la teología. Esta sentencia deja expuesto un método, al parecer inevitable para occidente. Se trata de rastrear en los relatos escritos de la creación, todos los contenidos. Por eso se convierte en documento veraz el Génesis y los demás libros de la Biblia; o cuando se quiere ir más lejos se remonta hasta los libros orientales entre los que se nombran los hindúes Ramayana y Mahabharata.
El método ha referido la política a la soberanía monárquica, la ética a la estoa, la educación al recuerdo del alma, el arte a la mimesis falsaria, el cuerpo a la imagen divina, la belleza a la desnudez del cuerpo redimido, la ignorancia al demonio, la vida a los dones y la muerte a la transmigración.
Se fuerza la actitud arqueológica de las ideas, desde los escritos religiosos. La desnudez de Agamben* presentada como descubrimiento humano, o falla, o es una reflexión cristiana o hebrea. Elaborar una indagación sobre la conciencia de la desnudez y radicarla en el inconsciente religioso, es parcializar la visión. Los contenidos de la cultura no parten del discurso del relato de la creación hebreo cristiano. Esta línea de pensamiento es muy freudiana y se relaciona directamente con la época de la invención de la escritura y del mundo monoteísta. La conciencia de la desnudez ya estaba cuando el dispositivo nemotécnico, llamado escritura, se inventa. Este invento reciente, solo tiene siete u ocho milenios y cuando se comienza a registrar los contenidos de la experiencia humana, la humanidad ya está acabada en sus posibilidades. Si se radica la conciencia de la desnudez, solo a partir de los últimos siete milenios, quiere decir que echamos por la borda de la barca de la vida humana los últimos cuarenta mil años de experiencia sapiens.
 
Si, la teología judeocristiana marca la cultura de los dos últimos milenios, y los contenidos se pueden rastrear y explicar desde ahí, porque está el documento escrito, se ahorra el esfuerzo paleontológico, que parece una aventura. La modernidad crea la ciencia con la postura inicial de que el conocimiento se practica para entender la obra de la creación divina. Hay en el mundo cristiano una disposición espiritual que dio pie a la ciencia moderna, no por un proyecto a largo plazo, sino por las mismas contradicciones de su teología. La Comparación del cuerpo redimido con la materialidad fáctica de los existentes, posibilitó la descripción exhaustiva de la realidad y ésta es lo que se nombra con el término de ciencia.
Un ejemplo del ejercicio arqueológico de las ideas, atado a la teología de los últimos siete milenios, es el referido a la belleza. Ella está atada a la desnudez. El cuerpo creado desnudo, solo entra en conciencia de su estado, en el momento de la traición de la voluntad del creador. Esta conciencia se relaciona de facto con el vestido. Vestido y desnudez entran en una relación teológica y dialéctica. La desnudez inicial no se percibe, por estar inmersa en la gracia y glorificación paradisíaca. La misma que debe entenderse como la metafísica de las imágenes; estas por estar en la mente, gozan de la inmaterialidad. Los objetos y la experiencia cuando salen de la materialidad y se convierten en ideas hacen parte de la verdad como atributo divino y por tanto son bellas, por anular en gracia y gloria, sus opuestos, la fealdad y el pecado, elementos de la traición hecha al creador por los humanos originarios.
La desnudez inicial tiene el velo de la gloria y la gracia inmaterial de la inconsciencia. El vestido es el velo que pasa de la gracia inmaterial a la materialidad del tejido, el mismo que se hace bello porque ha sido posible por la imagen y la idea, traídos a la conciencia. El vestido está presente en todos los cuerpos, para ocultar la belleza del desnudo y su asociación con la libido de la sexualidad. La belleza está velada y es un secreto. La metafísica refiere la belleza, más allá del velo y el cuerpo que se oculta, a lo sublime, como creación, como obra de arte.
En este orden de la actitud metódica de occidente, de referirlo todo al relato escrito de la creación, y hacer desde ahí arqueología de los contenidos de la cultura, lo bello en la obra de arte, se entiende no ser la forma sensible de su presentación; es la idea velada por la materia, es esa desnudez sublime sin su opuesto deleznable, cuyo goce es gloria y gracia, infundios del creador.
Pero la cultura moderna ha explorado otras vías de acceso para ubicar sus contenidos, en el tiempo sin escritura. Por fuera de la escritura se puede hacer ejercicio de otra arqueología teniendo en cuenta los milenios anteriores. El ser humano ya estaba acabado en sus posibilidades cundo construyó la religión congelada por la escritura y obligó al recurso metafísico para explicarse. Los objetos de la cultura material, hablan y refieren los contenidos mentales de los seres que los crearon y reprodujeron.

La belleza de la obra de arte, fue una creación del mundo de la escritura. Antes se tienen registros de obras humanas valoradas por su función en el todo de la cultura. Hoy un “bisturí” de pedernal cuaternario nos parece bello; pero a su creador le parecía un objeto sin el cual estaría perdido. Ese objeto lo ataba al grupo y a la sociedad y allí el goce y la gloria (como belleza) fueron el pensamiento exhaustivo de cómo preservar la humanidad y protegerla contra la disfunción. Todos los objetos de la cultura, imagen, materia y difusión, le han dado sentido al ser.

*Otras notas sobre el texto Desnudez de Giorgio Agamben
Imagen: Los amantes. Óleo de René Magritte 1928
 

sábado, 15 de julio de 2017

La voz sin sonido


En esta mañana de julio observo en los cuerpos, el sol situado al extremo norte. Pero no es el sol quien se sitúa, es el planeta tierra que en su movimiento de traslación se inclina y hace que la luz haga la sombra de los objetos cuerpos con sus espaldas al sol del norte. Esta observación entra en la subjetividad, en esa voz sin sonido que los seres humanos se la adjudican al eco de la voz de un creador. Pero la subjetividad no se queda ahí, construye un relato sobre la creación con base en los actos creativos de la práctica cotidiana de los humanos. El relato o discurso de la creación es la respuesta a la pregunta por la existencia y al mismo tiempo un acto de expiación. La existencia está inmersa en la lucha por la vida, contra la naturaleza a quien se le arranca los recursos, y contra los otros seres vivos, humanos o no, con quienes se expresan sentimientos de amor, odio, criminales, envidia o dominación. Estos sentimientos mesclados en la subjetividad, en la condición de criatura, se perciben como la culpa del ser, la misma que debe ser expiada dentro del mismo relato de de la creación. Tener que matar para sobrevivir y asegurar la existencia, crea ante el ser creador un sentimiento de culpa, el mismo que obliga al relato. Ambos, la expiación y el relato, están en relación causa efecto; ambos se generan, uno por el otro.

El relato en su doble contenido, no cesa. Iniciado como religión, se transmuta en ciencia. La observación de la inclinación de la tierra en su periplo solar ha sido medida y deja la convicción de un afuera hecho para ser conocido. El acto de conocimiento no logra desprender el sentimiento de criatura y la subjetividad se sofistifica porque ahonda la voz sin sonido hasta la angustia de la existencia.

El relato llega a convertirse en historia, borra el creador y deja solo al humano como generador. El humano ocupa el lugar del creador y la expiación se trueca en la promesa de un futuro sin odios ni crímenes. El humano como creador produce con la subjetividad de su cuerpo, mundos conceptuales llamados teorías, dirigidas a explicarse a sí mismo y explicar el afuera, para salvar el obstáculo misterioso de la existencia.

En el discurso de la historia, pleno de mundos conceptuales, uno de ellos generado por la imaginación de lo arcaico, habla de cuerpos vivos que adquirieron la condición sapiens o la capacidad nemotécnica del lenguaje. En sus primeras expresiones, la voz sin sonido de la nemotecnia, se escuchó como la voz de dios creador salvador; pero en la contemporaneidad, se escucha como la subjetividad capaz de cambiar las condiciones de existencia. La angustia misteriosa del ser, se palea por la capacidad de modificar el mundo. El humano de hoy no necesita la historia, ni mundos conceptuales. Vive sumido en su cuerpo diseminado por el espacio de la tierra. Siente la inclinación del planeta ante el sol, como su piel ante el goce del tacto, como la lengua satisfecha ante el sabor agradable. Se vive un presente sin pasado, atado al futuro, porque la voz sin sonido está adherida a los objetos que se multiplican sin cesar. Las máquinas, cuerpos externos con inteligencia artificial, pueblan el afuera profusamente con objetos que impiden la relación con el pasado como discurso de la historia.

Observar los cuerpos con la sombra proyectada hacia el sur, en esta mañana de julio, incita a ubicarlos en el tiempo humano. Por este, digo de la subjetividad, esa voz sin sonido, ser un acumulado de prácticas y experiencias, una nemotecnia con estructura, expresada en el relato. Hay un relato primigenio producido y respondiente a la vida cobijada por los túmulos. El manto del cielo se traslada al techo del oikos, cobijo, y permite al lenguaje hacer la genealogía de las replicas de los humanos habitantes del cielo con la respectiva jerarquía. Hay un relato antiguo de los héroes conquistadores que comparten la divinidad con los dioses y trafican dones entre el cielo y la tierra para preservar la humanidad. Hay un relato de la edad media monoteísta, creado por profecías apocalípticas, que hizo de la culpa un castigo por el que se justificaba la dominación y la promesa de la redención con la muerte. El relato moderno se zafa de la religión, se sustenta en la ciencia; con esta enarbolada, cual mejor bandera, declara la libertad general, la justicia económica y política y promete redimir la humanidad con la idea de progreso indefinido hacia mejor. Hay un relato contemporáneo descreído, pesimista, con la racionalidad moderna. La subjetividad ha optado por fugarse hacia el esteticismo y la voz sin sonido busca en el futuro un espacio por conquistar para perpetuar la humanidad.

Los cuerpos funcionan a pesar de la distancia del ideal de belleza impuesto por el esteticismo. Esa distancia habla de la deformidad de las formas. Los cuerpos como autómatas son dirigidos por la subjetividad plena de relatos que logra hacer aceptar el cuerpo y su sombra. Ella está anclada en lo fortuito de la no pertenencia al diseño sino al azar sin finalidad. La estructura básica del relato: creación y redención, hoy se trueca en un discurrir que testimonia la vida; el “confieso que he vivido” es suficiente. La voz sin sonido de la subjetividad, hace que la imaginación tome la humanidad como la animalidad ubicada y metida en el tiempo y por el lenguaje pasó del cielo a la tierra y de esta a la indefinición.

La perennidad de la estructura de esa voz sin sonido, es sospechosa de reduccionismo. La dialéctica entre relato y redención o historia y promesa de la igualdad con justicia, ocurrieron y pasaron. Antes se escribía para mostrar soluciones, con actitud moralizante. Hoy se escribe por mostrar lo que le ocurre a los humanos en la vida humana.

Estas notas las ha producido la lectura del texto Desnudez de Giorgio Agamben, en un interés que tengo por todo lo relacionado por el pensamiento del cuerpo.
Imagen: “Diego yo”. Óleo de Frida Kalo 1949