jueves, 5 de mayo de 2016

Huella y esplendor del relámpago

 Zeus dueño del rayo-Anfora-470 antes de nuestra era. Museo del Louvre

Deshielo. Retiro del frío hacia el norte y hacia el sur. Y parece que el humano lo siguió. En el norte se fue tras el frío y luego de unos veinte mil años construyó un imaginario sobre su existencia y lo verbalizó y lo preservó en la memoria de las generaciones. Lo impresionante y asombroso está en la universalidad de ese imaginario, rastreado en la modernidad y nombrado como epopeya, mito o leyenda. Esa construcción se puede pensar como una actividad de la mente y el corazón de los humanos civilizados.

Una civilización que no aparece de golpe. Se construyó con la lentitud de múltiples ensayos y errores y con la posibilidad de almacenar en la memoria los hallazgos. La lingüística comparada y la semiología de las primeras décadas del siglo XX descubrieron elementos comunes en las leyendas y epopeyas de los pueblos del norte de Europa, el Cáucaso y la india. Llamaron esa tradición con el nombre de Indoeuropea. Rastrearon la existencia en el lenguaje de relatos referidos a un mismo héroe con hazañas parecidas. Los relatos analizados y rastreados desde la antigüedad en los libros más famosos (el Antiguo Testamento, el El Athatvaveda, el Bhagavad-gītā, la Iliada y la Odisea), revelaron una estructura referida a la práctica social de la sociedad sedentaria. La estructura se identifica en las tres funciones sociales del civilizado: el agricultor, el trascendente y el guerrero. Las gestas son efectuadas por héroes de cada una de las tres funciones o un solo héroe hace las tres o dos.

Es en la leyenda de los orígenes, los nombres de fundadores de la sociedad o sus creadores, son los que permitieron pensar en una estructura del relato común indoeuropea. Los nombres tienen una raíz semántica común. Pero este descubrimiento permite universalizar las tres funciones. En el tiempo de la sedentarización la humanidad, por la gravedad del comportamiento, por la forma de conseguir el alimento, por la facticidad del nuevo espacio para vivir y por la relación entre los cuerpos, se especializó en funciones, así como el cuerpo llegó a ser homo sapiens por haberse especializado en consumos y en la relación con el espacio. Con este criterio se puede afirmar que el grupo social que adopta una sede como lugar para vivir, produce en su interior tres funciones específicas correspondientes a tres clases compartimiento estanco, tres clases sociales: los que cultivan, los que se comunican con los dioses y los que portan las armas (agricultores, sacerdotes y gurreros).

La materia de esas relaciones sociales obligan la memoria, la imaginación a unos contenidos trinitarios de la cultura, en especial la verbalización y luego la escritura sobre el origen. Puede hacerse un esfuerzo de acercamiento a los grandes relatos para tratar de ver en ellos las tres funciones.

En Europa, tres héroes equivalentes, el Indra védico, el Bátraz escita y el Ares griego, transitan entre lo humano y lo divino, entre el cielo y la tierra. Se comportan como guerreros, otras veces como trabajadores de la tierra o de las artes. Indra tiene una provincia naturalista, tiene la tormenta con rayos y truenos; tiene también una provincia humana con sus batallas terrestres, personas y guerreros. Ares es guerrero especializado, cruel, sanguinario, dirige todas las guerras. Bátraz es un héroe de acero templado. Bajó del cielo para aniquilar gigantes y proteger el pueblo. Cometió tres pecados en la zona de cada función social: en la guerra, en la agricultura y en la sacralidad. 

Mata con sevicia. El padre de Bátraz es asesinado, por seducir la mujer de una familia, y el héroe cobra venganza con esa familia, ejecutora del crimen, dueña de múltiples rebaños, hombres y siembras; pero es una familia que no tiene sentido de la grandeza. La venganza se cobra con exceso. El guerrero mata los agricultores, porque no le importa, no cultiva.

Mata al pueblo trabajador. El pueblo heroico fue convocado por la familia agrícola criminal para ejecutar el asesinato del padre del héroe de acero. En asamblea se decide participar y ser responsables. Sufrieron el exterminio vengador.

Mata los genios y los espíritus. Sacerdotes jueces, apoyaron el asesinato y quieren enjuiciar el héroe por lo que está haciendo. Bátraz los declara culpables y sufren venganza. No todos; algunos escaparon, se quejaron ante dios por la conducta del héroe y dios decide eliminarlo. Le tiende una trampa y lo ataca por las rodillas, única parte del cuerpo de acero vulnerable.

En América, dos mitos de origen permiten ver en acción las tres funciones del civilizado. En el Popol Vuh se lee: en el principio había mar, cielo y los poderosos y los dominadores. Entonces vino la palabra. Los poderosos y los dominadores en la noche, celebraron consejo, se comprendieron y pensaron; se hicieron visibles y en el alba decidieron construir al ser humano. También construyeron a los Maestros Gigantes como Espíritus del Cielo para que produjeran la vida, los árboles, los bejucos, la existencia. Esos maestros se llamaron Maestro Gigante Relámpago; Huella del Relámpago y Esplendor del Relámpago. Los tres nombraron, para que nacieran, la tierra, las aguas, la germinación, la materia. Al nombrar la germinación construyeron el ser humano. Pero la obra no podía hablar y adorar a sus constructores, entonces hicieron consejo y construyeron un adorador que hablase. Se apoyaron hablando a un antiguo secreto, de la antigua ocultadora, augures llamados la Abuela del Día y la Abuela del Alba. Por decisión del consejo de los Maestros Giantes, espíritus del cielo, dijeron a esos augures “Haced pues que haya germinación, que haya alba, que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos conmemorados, por el hombre construido, el hombre formado, el hombre maniquí, el hombre moldeado…” Al ser humano le fue dado por voluntad de los constructores el maíz, el tzité. Pero “…no tenían ni ingenio ni sabiduría, ningún recuerdo de sus Constructores, de sus Formadores; andaban, caminaban sin objeto. No se acordaban de los Espíritus del Cielo; por eso decayeron…” Entonces el Tallador de Rostros vino a arrancarles los ojos, la cabeza les fue cortada por el Murciélago de la Muerte, El Brujo-pavo les comió su carne, el Brujo-búho trituró sus huesos. Se oscureció la tierra y cayó una lluvia tenebrosa día y noche. Estos primero seres humanos quedaron reducidos a simios moradores de los árboles. Los cultivadores fueron destruidos, por los guerreros con anuencia de los maestros gigantes.

La tierra estaba oculta y un ser llamado Principal Guacamayo y sus dos hijos el sabio Pez-Tierra y Gigante de la Tierra, se enorgullecían y decían ser más grandes y estar por encima del ser humano construido. Decían ser la luz del sol y la luna, pero era solo la luz de sus piedras y metales preciosos. Entonces fueron vencidos por los de la Construcción para hacer luego la humanidad. La tarea la cumplieron El Maestro Mago Brujito, hijo del Antiguo Secreto y la Antigua Ocultadora y sus hijos Maestro Mono, Maestro Simio “…músicos, cantantes, tiradores de cerbatana, pintores, escultores, joyeros, orfebres…” El Maestro Mago Brujito y sus hijos invitaron al juego de pelota a los grupos vecinos, los vencieron y por el éxtasis del triunfo devolvió el color al mundo. Los llamados Procreadores, Engendradores, Constructores, Formadores, Dominadores poderosos del cielo, celebraron consejo y dijeron: he aquí el hijo del alba, el hombre, la humanidad. Y sin madre pusieron los primeros cuatro hombres: el primero Brujo del Envoltorio; el segundo Brujo Nocturno; el tercero Guarda-Botín; y el cuarto Brujo Lunar. Estos lo conocieron todo y lo vieron todo en un país excelente, con pirámides, cacao, maíz, bebidas… pero su conocimiento absoluto llevó a los constructores a tener celos. Esos hombres sin madre son rivales y por eso en consejo de los Espíritus del Cielo, Maestro Gigante Relámpago, Huella del Relámpago, Esplendor del Relámpago, Dominadores Poderosos del Cielo, Procreadores, Engendradores, Antiguo Secreto, Antigua Ocultadora, Constructora, Formadores, decidieron limitarlos, petrificaron su saber les infundieron el sueño y al despertar quedaron atados a sus mujeres: La de la Blanca Mansión del Mar, nombre de la mujer de Brujo del Envoltorio; La de la Mansión de los Bogavantes, nombre de la mujer de Brujo Nocturno; La de la Mansión de los Colibríes, nombre de la mujer de Guarda-Botín: La de la Mansión de los Guacamayos, nombre de la mujer de Brujo Lunar. Puede pensarse que la sabiduría de la clase artesana fue limitada por la función de la clase de los sacerdotes.

En un testimonio recogido a finales de siglo XVI sobre los incas se lee: Con Tici Viracocha Pachayachachie (dios hacedor del mundo), salió de la laguna del Collasuyo (vestido con túnica blanca, una corona de sacerdote y en la mano algo parecido a un breviario) y creó el cielo y la tierra y los hombres. Lo dejó todo a oscuras. La tierra fue habitada por esos primeros seres humanos obedientes a un señor. De ellos no se sabe nada. Con Tici Viracocha volvió a salir de la laguna. Fue a Tiaguanaco, en el mismo Collasuyo. Allí hizo el sol y el día y les trazó el curso, hizo la luna y las estrellas. La primera gente y su señor no le sirvieron a Con Tici Viracocha, la castigó y la convirtió en piedra; menos a dos hombres.

Luego Con Tici Viracocha, mandó a los dos hombres a revivir los seres de piedra. Una parte fue enviada al lugar donde nace el sol, para que lo poblasen y lo llamasen Antisuyo. La otra parte de los seres de piedra se revivieron y fueron enviados a espaldas del sol para que poblasen la tierra y la llamasen Condesuyo. Los dos hombres fueron enviados a derecha e izquierda a poblar la tierra y la llamasen Chinchasuyo y Coyasuyo. Hecho esto Con Tici Viracocha salió de Tiaguanaco, rumbo al Cuzco. En el camino una tribu belicosa llamada los Canas lo atacó, el dios se defendió haciendo que cayese fuego del cielo. Así los canas lo reconocieron como dios; pero Con Tici Viracocha debió apagar el fuego. Levantó su vara apagó el fuego y murió. Los Canas levantaron una guaca (ídolo) para adorarlo como creador del mundo y los hombres.

Otra divinidad, Alcaviza, rey del Cuzco sacó de una cueva Cuatro reyes con sus mujeres (Ayar Cache y Mama Guaco. Ayar Oche y Cura. Ayar Auca y Ragua Ocllo. Ayar Mango Capac y Mama Ocllo; Cuatro reyes con el saber de las artes, los cultivos, los ganados. Por orden del sol su padre común invadieron el Cuzco y sus tierras y crearon el Tawantisuyo (el reino de las cuatro partes del mundo). Muertos los cuatro reyes nació de su descendencia Lloque Yupanqui (nació con dientes, no quiso mamar y fue gran orador y mago) Lloque Yupanqui exterminó la descendencia de Alcaviza y generó la dinastía de los cuatro reyes: Maita Capac, Inca Roca Inca, Yaguar Guacuac, Inca Yupanqui. En el relato incaico las tres funciones son ejercidas en mescla por las tres clases.

La humanidad pobló el espacio sobre sus cabezas con seres réplicas de su propia existencia sobre la tierra. El ser material establecido en un territorio como sede de la vida, hizo ruptura con su pasado trashumante y creó la cultura del civilizado con base en tres funciones básicas. Esas funciones existían igual en la tierra como en el cielo. Los seres del cielo se manifestaban, se expresaban con el trueno, el rayo y la lluvia. La voz altitonante, el fuego y el diluvio, los hacía superiores al ser humano, pero igual en fisonomía. Por eso los héroes demiurgos transitaban entre los dos mundos para traer la guerra, los cereales, el saber sobre el fuego, dar y quitar la vida y juzgar los actos de la humanidad.

Este ensayo le debe mucho a:
Juan de Batanzos. Suma y narración de los Incas. Madrid 1880.
Popol Vuh o libro del consejo de los indios quichés. Traducción de la versión francesa por Miguel Ángel Asturias y J. M. González de Mendoza. Instituto Cultural Quetzalcoatl. Méjico.
Georges Dumézil. Escitas y Osetas. Mitología y sociedad. F.de C. E. Méjico 1989

domingo, 1 de mayo de 2016

Ciudad de tierra



Shambaylla. Ciudad de los sueños. Mario Rivero

Tiene una forma extraña porque fue construida por azar. Un camino de contacto entre la capital y una zona de producción agrícola, cruzó una hacienda de servicios autosuficientes. Se proveía de mieles, ganados, aperos, metales y servicios religiosos. Cosas que atrajeron a muchos para asentarse en esas tierras, a la vera del camino y de manera funcional. Pero ese azar no impidió que a esa forma extraña se le llamase ciudad y a los seres humanos allí asentados se les llamase civilizados. Existir de esa forma, tiene milenios de tiempo encima. Sobre la morfología ciudadana extraña, de la que hablo, existieron otras civilizaciones y civilizados. Hablaron otro idioma, tuvieron otras costumbres. Fueron otra cultura. De ella los que ocupan la ciudad extraña tienen poca memoria y cuando algo recuerdan, la desdeñan a pesar de descender de ella por una mezcla genética de hombres y mujeres de otras razas. Estar en civilización es estar en ciudad y es tener en la memoria profunda la guerra, la tierra y un dios. Ellas y él obligan. Esta forma extraña, con autos, trenes, fábricas y calles resultantes por un azar funcional, contiene una sociedad que educa a sus ciudadanos, así también de manera extraña. Los niños y jóvenes van a escuelas diseñadas para que produzcan negociantes de tierras, sacerdotes y militares.

En la ciudad, recién había comenzado un cambio. Los vehículos de transporte público dejaron de ser unos andamios de madera, decorados con dibujos ingeniosos de gran colorido, abiertos al aire y al paisaje; se transformaron en buses o grandes cajas de metal, cerrados. El afuera se dificultaba verlo a través de ventanillas con cristales. Por eso cuando Clara, Mincho, Max y yo, tomamos un vehículo rumbo a Santa Rosa, nos metimos en un bus y no en un camión de escalera como se llamaban los andamios de madera rodante. Los cuatro fuimos en vacaciones de fin de año, a visitar la hermana mayor de Mincho, recluida en un convento de esa ciudad llena de eclesiásticos y templos católicos. Teníamos los cuatro la misma edad y Sor Luisa, tenía cuatro más que nosotros. Ella se quejó con Mincho por haber llegado sin avisar y tuvo que improvisar el almuerzo. Al fin nos llevó a un comedor con mesa para seis; almorzamos. Sor Luisa observó con mucha atención a su hermano y al verle emplear mal los cubiertos, convirtió el almuerzo en una clase de maneras de mesa. Entendimos que la gente que se mete en la iglesia se vuelve formal; y luego de regreso, hablamos de como en nuestras casas solo había cuidado en los comedores, en fechas de cumpleaños y en las navidades.
Otro día de ese fin de año, Mincho nos invitó al lugar de trabajo de su padre. Tenía que llevarle unos zurrones, eran tres. Le ayudamos. Los zurrones son una bolsas de cuero, fuertes, con correas gruesas para transportarlas colgadas de los hombros, luego de llenarlas de tierra. Íbamos los cuatro, y por las miradas que nos dábamos todos, teníamos la mente en los zurrones. Queríamos ver lo más rápido posible, esos zurrones llenos y cumpliendo su función. Mincho nos guiaba fuera de la ciudad. Nos dijo que su papá estaba construyendo una casa de campo en la vereda La sabana. Comprendimos que el camino se alargaría y nos acomodamos los Zurrones vacíos. Bordeamos una corriente de agua que descendía por la montaña y dejaba, al meterse entre rocas, un murmullo delicioso, convertido en música para nuestros jóvenes corazones. Clara nos encabezaba en el camino; tenía unos pantalones estrechos y su cuerpo templado nos atraía continuamente la mirada.
Llegamos a las diez de la mañana. El padre de Mincho nos esperaba, dijo estar muy agradecido con nosotros por acompañar a su hijo. De inmediato nos recibió los zurrones y los entregó a tres hombres. Estos salieron presurosos y al término de diez minutos volvieron con ellos plenos de tierra amarilla. Repitieron el viaje varias veces, y acumularon en una depresión de forma redonda un montículo. Lo humedecieron y lo pisaron hasta tener un lodo moldeable. Al lado tenían una estructura de madera que sostenía contra el piso unas formaletas de tablones, dispuestas a recibir el lodo moldeable. Los hombres y el padre de Mincho depositaron toda la tierra dentro de los tablones y repitieron la operación muchas veces hasta que nosotros regresamos a la ciudad. Hicimos el mismo camino. Mincho nos dijo que ese era el trabajo de su papá. Le pagaban muy bien; pero ya se estaba acabando. Antes lo buscaban mucho, para eso. Él dice que los muros de ladrillo, lo están dejando sin trabajo.


Max dijo que su padre antes de trabajar en los buses, había trabajado, con los zurrones. Ahora –está sentado al volante de un bus hasta doce horas- afirmó halándose con suavidad la oreja derecha. Clara se dio cuenta que debía decir algo respecto a los trabajos de los padres. Dio un par de pasos adelante se volvió y de frente caminando para atrás nos dijo que el padre suyo también fue zurronero, pero luego lo engancharon en la fábrica textil y ahora trabaja ocho horas y se metió a estudiar, porque quiere ser bachiller. Yo les comenté del trabajo de mi papá. Les dije que él aprendió muy joven el oficio de carpintero; pero que luego lo vendió todo y compró un automóvil matriculado en una empresa de servicio público.

A mi papá le dicen tapiero, -dijo Mincho- porque eso que vimos allá en la vereda La Sabana, es la construcción de una casa de tapias. Esas paredes se arman así como vimos por trozos de tierra pisada hasta lograr una altura de hasta de nueve metros. Con ese trabajo papá consiguió ser propietario de casas en la ciudad, varias fincas en la vereda y presta plata a intereses. Con ese negocio de tierras, sostiene la familia, dice que dios le ha dado todo. Por eso convenció a Sor Luisa ser religiosa y le pagó a nuestro hermano mayor la carrera de militar. Él está en Bogotá en la escuela de cadetes. Pero papá está muy triste por los muros de ladrillo. Dice muchas veces -Esos muros son muy calientes y la gente que vive en casas de ladrillos y lozas de concreto como techo, van a tener mucho calor y se volverán irascibles y rabiosos-.

El día estaba aún lleno de sol; eran las cuatro de la tarde cuando llegamos a nuestras casas. Las cuadras y las calles que cruzamos nos dieron la imagen de una ciudad con un orden extraño. Las calles se truncaban y continuaban por otro lado. Unas amplias en el comienzo, estrechas en su otra mitad. Hicimos esa observación por la imagen de los zurrones y su utilidad. Observamos una ciudad de tierra pisada y la figura del padre de Mincho en todos los rincones. Sí era cierto el poder de esa familia. Ahora que escribo estas palabras recuerdo las veces de encuentro en la casa de Mincho de Sor Luisa, el cadete y el padre dueño de tierra. La ciudad de tierra, tenía su centro allí en esa familia. Pero esa ciudad dio paso a la ciudad de ladrillo y concreto, y continúa presidida por la guerra, el artesano constructor y el dios de Sor Luisa.

domingo, 24 de abril de 2016

La luz de una esperma bajo el parasol

De la Tour. La Magdalena penitente. Óleo 1644
La tarde de un día de abril trajo una sombra fresca en la Esquina de Sebastián. Así se llama ese café con parasoles de tela y sillas cómodas en su frente. Está el café en una calle sin tránsito vehicular y con árboles altos que dejan circular el aire con facilidad. El lugar es muy apetecido por los profesores de dos colegios de ese sector central de la ciudad. Se les ve hablar y beber y hacen parte de la vida cotidiana para los que tienen que transitar por ahí. En esa tarde hablan, entre ellas, de temas exóticos dos mujeres. Alba de pelo negro boca pequeña, cuerpo grueso y ojos grandes inevitables, certifica vehemente, creer en la permanencia de los seres humanos después de morir, en los lugares habitados, en los que vivieron con intensidad. Pero no el cuerpo –afirma-, sino el alma, el espíritu, el ánima; estas formas incorpóreas mueven las cosas y el aire, así se hacen sentir. Estas formas se le expresan a veces a cualquiera, otras a un elegido. Creo que a mí me eligieron para siempre, le dice a Tonia, con un expresión solemne y llena de una seguridad angustiosa. Te digo: hace cinco meses me tocó coordinar en el colegio un acto artístico. El invitado fue un muchacho joven. Presentó un espectáculo de clawn. Le vi maquillarse con una dedicación parecida a un rito religioso. El payaso resultante desbordaba alegría contagiosa. Me pareció increíble ver a ese hombre sencillo de yines roídos, camisilla de algodón, baja estatura y un poco robusto, transformarse en un ser magnífico de gran colorido, centro de todas las atenciones. Luego de la presentación le vi volver a ser el hombre sencillo. Te digo Tonia: me enteré la semana pasada de la agonía y muerte del Clawn. Se llamaba Orlando. Le dio un dolor ventral –me dijeron- para morir luego de varios días. La noche del día de la noticia, llegué a casa dispuesta a organizar unos documentos para el rector del colegio; pero Orlando no me dejó. Movía las puertas abiertas, hacía entrar por una de las ventanas que da a la calle un aire frío a pesar del tiempo caluroso que hacía. Opté por encerrarme en mi cuarto bajo llave. Pensé largo rato sobre el porqué Orlando se estaba manifestando, si él no conoció mi casa. Me consolé pensando en la admiración que le manifesté el día de la presentación. Mis ojos atentos crearon una conexión con su espíritu, con sus ojos. Y eso fue suficiente para llegar a mi casa y despedirse. Encendí una esperma, uní los índices con los pulgares, hice el loto, después pude dormir.
Tonia escuchaba metida entre el miedo y la aceptación. ¡Porqué no le rezaste un padrenuestro! –Dijo resuelta- eso ocurre porque es un alma en penas, sedienta de oraciones, de seguro murió en pecado. Uno tiene que orar por todo y ante todo. Ante el dolor, ante el peligro, ante la indecisión, ante el mal. Eso le digo yo a mis alumnos, que los considero como mis hijos. Les enseño ciencias sociales; les recalco mucho sobre todo lo que le sobra al mundo. Lo esencial está revuelto con mucha basura. Ejemplo: he descubierto con el método americano de lectura algo fundamental; en un libro de trescientas páginas el ochenta por ciento de las palabras escritas son relleno, son artimaña de los escritores para esconder las ideas centrales. Eso le debió pasar a Orlando, su alma estuvo envuelta en muchas sobras. A la hora en que se presentó en tu casa, pedía lo básico de la vida, la oración. Con seguridad Orlando nunca oró y a la hora del juicio divino necesitó muchas. Por eso te visitó. A mis estudiantes, les hablo regularmente de la necesidad de la oración para autoayudarse a vivir. Les creo el compromiso con los turnos que les impongo para mantenerle ofrendas al cristo que preside el salón de clase.
Alba, te pregunto… ¿Tu no le hablás a tus estudiantes de esas experiencias? Es bueno ser transparentes con los estudiantes, mostrarse como uno es, lo que tiene, con sus defectos y bondades. Mostrarse tal cual es para evitar enfermarse por tener dos vidas: la privada y la pública. Estar dividida en dos es terrible. Me pasó. Muchas veces caía en cuenta que miraba fijo a una de mis estudiantes de último grado. Veía muy bella su forma de moverse y ocupar el pupitre, me gustaba. Una vez me dijo por qué la miraba más que a otras. Esas palabras me llevaron a preguntarme sobe la causa de mis atenciones para con esa estudiante. Concluí eso que te dije antes, tenía una vida doble. En privado había liberado mis gustos bisexuales, pero en público ante los estudiantes y compañeros de trabajo era una mujer normal. Los ojos de esa estudiante me convencieron de ser consecuente y tomar un comportamiento único; pero fui incapaz de hacerlo. Para ocultar esa situación me dediqué a burlarme de todos, porque creía saber y ver en los ojos de los demás esa lucha interior entre el comportamiento público y el privado. Convertí en ridiculez las conversaciones y monopolicé la atención para pensar en otra cosa o no dejar pensar; así daba salida a mi indefinición. Opté, impulsada por la pérdida progresiva del sueño y el descanso, hacer conquistas, seduje a amigos y amigas. Mi actitud de hacer de todo un chiste, resultó tener mucha aceptación. La gente a mí alrededor, me decía loca, pero reía y me buscaban para animar las horas. A los seducidos los sometí a una cruel venganza, porque me tomaron como una relación pasajera y yo quería que las cosas duraran bastante. Hice público sus gustos y formas de hacer el sexo. Aproveché los momentos de hacer de todo un chiste para poner como ejemplo las cosas íntimas de este o aquel. Me di cuenta que vivimos con gente que huele el culo a los demás, para decidir cómo tratarle. En estas, pasó algo necesario. Aquellos de quién me burlé me sacaron de su entorno, y depronto me vi rechazada. En el saludo que me daban, tenía el lado formal y el recriminatorio. Esta situación taladraba mi mente, la relacionaba con la falta de sueño. La ansiedad me obligó a buscar la medicina. Un médico le recetó antidepresivos a mi mal y hoy no puedo vivir sin ellos. Los tomo cuando mis mundos público y privado se dividen. El Clorhidrato de F. me deja ser una sola ante el mundo y mis estudiantes; solo, que he decidido ser una ante dios. Él me permite ir más allá del mundo del sexo. Ahora a nadie miro con deseo. Sé que todos necesitan ayuda y estoy convencida de que uno tiene que orar por todo y ante todo. Ante el dolor, ante el peligro, ante la indecisión, ante el mal.
Tonia sacó de su bolso un pañuelo de papel y secó el sudo abundante de su frente. Los ojos cafés y el pelo castaño a esa hora de la tarde se magnificaban. Apretó el pañuelo entre los dedos de su mano derecha y siguió hablando con los ojos fijos en los de Alba: en los cursos de ciencias sociales que les doy a los estudiantes del colegio –como tú sabes Alba- les insisto sobre la necesidad de la oración. Les digo que en los tratados de historia, de sociología, de comportamiento que deben leer, tienen que ser capaces de distinguir la basura de las ideas fundamentales. Así tendrán tiempo para dedicar a la oración y evitar el dolor de tener un espíritu dividido. Les hablo de ejemplos en el mundo, de seres que han obligado a la gente a ser transparentes ante los demás. Han obligado a todo el mundo, en un cara a cara, a tener una sola conducta pública y sacar las cosas ocultas de lo privado a la luz. Esos personajes, les digo a los estudiantes, intentaron salvar el mundo para la oración, pero fueron vencidos por la sinrazón y el libertinaje.
Alba levantó una mano y dijo:
-pará, pará. Creo que te estás contradiciendo. ¿Si el dejar de tener los dos mundos, el privado y el público, te enfermó y tuviste que ir al médico y por eso tomás antidepresivos, como seguís hablando de eso a los estudiantes? Sé que estás convencida de enseñar con el ejemplo, pero una no puede enseñarles a los jóvenes que se enfermen para luego curarlos. Sé que dices amar a tus alumnos y los dejas hacer lo que quieren y no intervenís en sus conductas porque las están haciendo públicas y eso te llena de satisfacción. Pero Tonia, la ciencia nos ha enseñado que el espíritu es uno en la casa y en la calle; por eso la educación debe cultivar el alma, llevarla a la luz, para que contemple las ideas puras y ser capaz de conectarse con los demás por ese lenguaje sin palabras que se hace con los ojos. El cuerpo obedece a ese lenguaje, en vez de orar, mira los estudiantes a los ojos, transmíteles la paz y el conocimiento y diles que la manera de ser uno mismo es con la meditación. Con ella se logra sacar los fantasmas y los espíritus de los muertos de nuestro entorno. Enséñales a amar la luz, enséñales a tener siempre encendida la luz del alma y de una esperma.
Tonia llamó para pagar el servicio golpeando la mesa con la tasa de café. Se levantó brusca y se fue sin decir nada. Alba le dijo -¿porque te vas así?- No hubo respuesta. La tarde se tornó noche. Las bujías comenzaron a encenderse y Alba pidió otra taza de café.

domingo, 10 de abril de 2016

Los héroes civilizatotrios


Prometeo de Jan Cossiers 1638
 
La persistencia de la religión en estos tiempos de aplicación del método científico a la aptitud técnica, para generar la tecnología, llama a insistir sobre su origen humano. La tecnología es una novedad que arrasa con las culturas nacionales, en pos de una cultura planetaria de claro contenido pragmático y hedonista; sin embargo la religión sigue ahí; además de haber resistido los embates del materialismo de los regímenes socialistas comunistas, resiste el mundo globalizado liberal. Las guerras motivadas en la lucha económica han dejado expuesto como inquietud la posibilidad de una nueva guerra de religión, como una imposición a la imaginación, del aparentemente invencible sentimiento religioso. Al final de las ideologías políticas, siguen vigentes y amenazantes los fundamentalismos religiosos.

Esta invencibilidad de la religión, motiva a indagar por su historicidad. Responder porqué, está afianzada en lo hondo de la memoria y ha sobrevivido a pesar de las conquistas de sistemas filosóficos materialistas que bien explican el estar en el mundo sin necesidad de divinidades inquisitorias. No hay grupos humanos sin un complicado discurso que les satisfaga las preguntas sobre el origen y el presente. Los estudios dedicados a este problema desde el fin del siglo XIX han puesto explicaciones desde la sociología, la antropología, la sicología, la etnología. Las respuestas en general se han dado desde el estudio de las sociedades arcaicas resistentes a los embates del occidente dominante y etnocéntrico. Por eso los estudios han profundizado más en las culturas occidentales, y si se ha ido a las sociedades de otras partes del mundo es para establecer comparaciones.

Las religiones indoeuropeas tienen una misma raíz y son tripartitas. En ellas luchan tres divinidades que corresponden a tres castas originarias: sacerdotes, guerreros y labradores, las tres castas del fenómeno urbano. Las religiones indoeuropeas no son primitivas, son urbanoneolíticas. Antes de la ciudad, las explicaciones de los seres humanos sobre su existencia era una construcción animista, base de las distintas magias preneolíticas. La complejidad de la cultura de ciudad permite, además de todas las novedades, unas explicaciones sobre el ser humano distintas a la magia y es la que se denomina explicaciones mítico-religiosas.

El mito nace con la ciudad o la polis y se diferencia radicalmente de la magia. Lo tripartito del mito se ejemplariza con el caso romano. Rómulo símbolo de la guerra, asesina a su hermano gemelo Remo, porque traspasó el círculo de la violencia y traicionó su signo sagrado. Estos guerreros invaden a los labradores sabinos, símbolo del orden de lo público. El crimen de Remo, fratricidio primordial, es el signo de la expiación e instauración de la sacralidad. Guerreros, sacerdotes y labradores, estructuran el mito de las sociedades sedentarias. Rómulo y Remo guerreros pastores trashumantes se funden con los sabinos labradores y originaron la ciudadanía romana. La vida material expresada en la invasión y la fusión de pueblos es verbalizada y elevada a la forma de un relato tradicional identitario, por efecto de las actividades de los miembros del grupo con funciones extáticas. Funciones radicadas en la herencia de la humanidad y ejercida por los chamanes preneolíticos y luego por los sacerdotes, pitonisas y adivinos civilizados.

La función extática se basa en el simbolismo del vuelo. Imaginan la altura y se liberan de la gravedad. En ese lugar alto e ingrávido, establecen el hábitat y origen de los seres suprahumanos (dioses, espíritus, héroes civilizadores). La función extática, revela los entusiasmos, las locuras y a los homicidas; interpreta la noche, crea imágenes de la muerte, de las catástrofes o todo lo que afecte el grupo humano.

Los descubrimientos del sedentario, la cerámica, el control del fuego, la metalurgia; se transmutan en fabulaciones, ritos y misterios. Son la materia prima de los mitos, junto con las actividades que le dan el ser al grupo tribal. Se puede decir que el mito es civilizado y se forma a partir de tres coexistencias y persistencias: uno, la práctica de la caza continua en el hombre de guerra. La muerte del cazado (animal o ser humano) hecha por el cazador, se le atribuye a un otro, por lo general extranjero, que trae la venganza del animal abatido, justificada ante el señor dios de los animales. Dos, la práctica del cultivo de los tubérculos se atribuye a un asesinato primordial; el cadáver del muerto fue descuartizado y enterrado, como una variación del canibalismo no consumado o de sacrificios humanos o de animales. Tres, la práctica del cultivo de los cereales, se atribuye a un robo o conquista de ese bien poseído por los dioses de lo alto; un héroe civilizador fue por los cereales y luego de su hierogamia, matrimonio entre un dios y el héroe, este roba el cereal y lo da a los seres humanos. Así la muerte del cazado, la extracción de la raíz alimentaria y el cereal almacenable, tiene en la memoria una explicación atada al mundo ingrávido de lo alto, a ese mundo frecuentado por los que logran el vuelo extático.

La mitología religiosa de los cultivadores sedentarios civilizados, funde dos motivaciones para imaginar el origen y darle sentido a la existencia, la de los cazadores basada en los huesos y la sangre; y la propia de los cultivadores basada en el esperma y la sangre. Esta novedad en el desarrollo de la cultura, se fecha a partir del año 9.000 antes de nuestra era. Sangre, huesos y semen del cuerpo humano o animal, para rendirle culto a la memoria y ubicarla en un panteón. Es el sentido de la genealogía divina, humana o la mescla de ambas. Cultivar la memoria es hacer genealogías seminales ancladas al origen divino del ser humano. La memoria se divide en partes con regencias de divinidades independientes pero relacionadas filialmente. Para el caso griego Zeus se une con Mnemóside, durante nueve noches para dar nacimiento a las nueve musas cuya misión e historia es cantar y alabar la grandeza del padre. Esta genealogía panteísta tuvo que luchar contra la escritura. La cultura y los seres humanos protohistóricos, para defender el mito y defender la memoria, como mecanismo de preservación de los secretos y ritos propiciatorios, impidieron la grafía de los mitos; pero a partir del triunfo de la escritura, desde el cuatro mil antes de nuestra era, el mito se inscribe y se detiene su reinvención y renovación. Comienza la religión y el dogma. La memoria sigue otras sendas.

La religión persiste, porque la cultura del ser humano es acumulativa y se transmite por la oralidad o la escritura. El acumulado tiene, el vuelo del chamán, la ascesis del sacerdote, el fichero del escritor, el saber de los oficiantes, es decir en la memoria están todas las creaciones de la humanidad. (Este texto le debe mucho a Mircea Eliade).

martes, 5 de abril de 2016

Paleontología de la memoria


Persistencia de la memoria. Dalí 1931
En el trajín de los días, en el trato y contacto con las gentes, se encuentra el ser humano medio, viviente de la cultura del hombre común. Asombra ver y escuchar como a esa cultura han llegado los conceptos científicos de la modernidad. Son incrustados en el habla cotidiana y se han amalgamado con el acervo cultural del presente. Entre ellos el sentido evolutivo de las cosas y los fenómenos naturales terrestres como la lluvia, las descargas eléctricas, los movimientos tectónicos y siderales.
Y la cultura del ser humano presente es justamente una amalgama. El ejecutivo, el profesor, el periodista, el trabajador de todos los oficios, en cualquier momento reivindica la magia, la adivinación, la oración a la necesaria fuerza superior; les es difícil concebir un ser humano sin religión y convencerse de ser unos creadores y no unas criaturas.

Por las huellas del ser humano sapiens, se pude hacer un arqueo aproximado del pensamiento de si, desde la invención de los primeros grafismos hasta la escritura. El sapiens primordial se autoexplicaba como un animal entre tantos y animó los objetos inertes y demás seres vivos con espíritus de posible control e invocación. A esta actitud se la ha llamado magia con elementos cosmogónicos.

El sapiens protohistórico construyó un relato rico, profuso y bello, mítico. Con la interpretación de las huellas megalíticas, se puede decir de estos mitos, fueron largas narraciones que explicaban el ser humano desde cosmogonías y genealogías, atadas al misterio de la muerte y materializadas en rituales profusos.

El sapiens histórico equipado con el útil de la escritura profundiza el mito y perpetua en los grupos sedentarios las cosmogonías, inscribe las genealogías y hace cohabitar el mito y la ciencia o control material y certero de la naturaleza. Las actividades del sedentario, llamadas también del civilizado, control del fuego, humanización del tiempo y el espacio, se mezclan con el mito y producen los panteísmos exhaustivos hasta adjudicarle un origen divino a cada actitud y sentimiento humano.

La intención del ser humano de autoexplicarse, por fuera del mito y la magia, en el siglo XVIII, produjo un etnocentrismo o rapiña entre las monarquías por demostrar ser la patria origen de la especie. Si una monarquía se consideraba heredera de la alta cultura, esta estaba ubicada en el cerebro y el proceso de como este órgano comenzó a crear el cuerpo humano ocurrió en su territorio. Actitud llamada cerebralismo, por el cual el cerebro ha creado el cuerpo.

El sapiens de las grandes urbes contemporáneas tiene todo el pasado sobre él. La magia, los mitos y la ciencia. Esta última aplicada sobre sí mismo, al tiempo y al espacio, da como resultado los discursos especializados sobre el todo y las partes. Hoy se puede elaborar un discurso sobre el ser humano desde el equipamiento teórico de las ciencias historicocríticas, o sociohistóricas o humanas o sociales. Para este cometido y elaborar un discurso sobre el ser humano primordial, el apoyo debe estar en la arqueología y en la paleontología. El resultado será un relato anclado en la materia.

Desde el aquí, ahora, ¿qué se puede decir? Se debe aseverar: dentro de los seres vivos y en el reino animal, una especie adquirió una serie de aptitudes que lo hicieron ser humano. El cuerpo comenzó este periplo, por la memoria. Antes de la memoria, la arqueología ha descubierto un desarrollo evolutivo o genealogía de la especie; pero solo puede hablarse y escribirse sobre la humanidad a partir del ejercicio de la memoria. Por eso este ejercicio de escritura puede llamarse Paleontología de la memoria.

La memoria no está por fuera del cuerpo, ni llegó a él. Ella acompaña a todos los seres vivos y les garantiza perpetuarse en el tiempo. Esa memoria del ser vivo se llama memoria específica; pero en el ser humano, se transforma en memoria social, por efecto de la posición del cuerpo. Como y cuando se adquirió la posición bípeda, es una historia que hunde sus tentáculos en el pasado evolutivo de los pitecos; pasado enorme, intrincado y peligroso porque se termina mitificando el origen: se cree ver la evolución en cámara lenta. Para evitar la búsqueda del origen e ir cada vez más lejos, problema sin solución, se ha hecho un acuerdo razonable. Se puede hablar de ser humano a partir del momento cuando la arqueología brinda un documento incuestionable sobre el ser humano primordial. Ese documento es un fósil con útiles. Es el único criterio, desde la materialidad del discurso y la actitud, con base lógica, para comenzar a hablar y escribir sobre la memoria y por tanto sobre la humanidad.

Hay estudios arqueológicos prestigiosos que han llevado la edad de los primeros seres humanos a unos diez millones de años; pero se sabe que deben ir cada vez más lejos, porque eso ocurre cuando se busca el origen. En ese mundo de búsquedas es necesario poner un mojón, o mejor, convenir un punto de partida. Ese punto de referencia es el fósil del australoantropo, no australopiteco. Ese fósil es el esqueleto de un humano y no de un mono-simio como lo indica la partícula calificativa pitecos. El fósil encontrado en el centro de África es el más antiguo esqueleto encontrado en su hábitat rodeado de los útiles fabricados por él. Y ese es el criterio para que el autraloantropo sea el ser desde el cual puede hablarse de humanidad.

Así el discurso presente sobre el ser humano debe partir del primer humano tallador de útiles y la arqueología le ha calculado la edad, por los métodos de la palinología y el carbono, en poco más de un millón de años. Esa es la edad convencional de la humanidad. El australoantropo es el ser en el que la postura erguida produce la primera consecuencia: el útil de piedra. Este primer útil sencillo (una amígdala de piedra percutida, para producir una punta cortante), llamado chopper, es el resultado de un proceso: la posición bípeda, lograda por una rama de los pitecos, transforma el cuerpo. La locomoción especializada sobre las dos extremidades posteriores obliga a perder la cuadrumanía, aparece el pie equilibrado por el dedo gordo y deja las manos libres. Estas en libertad reemplazan la boca en las tareas de preparar el alimento para la deglución. Pies libres de la prensión, manos libres de la locomoción, liberan la boca de las funciones de cortar, moler y perforar los alimentos, son liberaciones que llevan a un acortamiento de la cara para que se sitúe bajo la masa encefálica y deje la frente visible como el lugar ganado por el cerebro. Este proceso comenzó y ya en el australoantropo estuvo el primer resultado. Pero hay otro elemento fundamental, la coordinación de ese proceso lo hizo la memoria. Ahí en el corazón de África, en esos primeros humanos, la memoria específica comenzó la aventura de transformarse en memoria social. La construcción del chooper, es un gesto técnico, difundido por la enseñanza y el ejemplo para los demás. Es gesto porque el cuerpo toma una actitud, las manos golpean un objeto con una acción calculada y la cara expresa un estado, reforzado por un sonido de la garganta. Es técnico porque ese ser humano primigenio ejerce la aptitud de los seres vivos para garantizar la sobrevivencia de la especie. Pero acá lo técnico está mediado y potenciado por el desarrollo del cuerpo, la locomoción bípeda y las manos especializadas en producir útiles para cortar, perforar y moler, es decir reemplazar la boca.

Se tiene la memoria de la humanidad, obediente más a problemas neurofisiológicos que filosóficos. Según la neurofisiología se puede caracterizar una memoria de los invertebrados (lombriz, ameba). Una memoria de los insectos y una memoria de los vertebrados inferiores y superiores. Dentro de los tipos de memoria, el ser humano las tiene unas más atenuadas, otras, manifiestas y básicas: Memoria específica, fijación de los comportamientos de la especie animal. Memoria étnica, asegura la reproducción de los comportamientos sociales humanos. Memoria artificial, reproduce actos mecánicos encadenados electrónicos y se expresa desde el reloj de sol, hasta el computador.

Según la argumentación acá cifrada se puede decir que El esfuerzo paleontológico ha hecho una taxonomía de seres homínidos según su masa encefálica y su memoria así:

Australoantropos: vivieron de 1.6 millones hasta 800.000 años antes de nuestra era y manejaron un cerebro de 600 centímetros cúbicos de masa encefálica. Sus registros arqueológicos se han denominado Pebble Culture o cultura de los guijarros. El gesto técnico fue sencillo. Golpeo de guijarros para obtener una punta cortante (chopper). La memoria actúa para la enseñanza, el ejemplo y la emisión de sonidos de garganta.

Arcantropos: vivieron entre 800.000 hasta 400.000 años antes de nuestra era y tuvieron un cerebro de 1.000 centímetros cúbicos de masa encefálica. Su cultura se nombra Abbevilliense o acheliense. El gesto técnico se ha enriquecido: golpeo de guijarros para obtener un filo por dos caras de la amígdala de piedra (hacha bifacial). La memoria permite la comunicación de esa complejidad del diseño y confección del útil, con un gesto corporal que involucra la cara, las manos y los sonidos de garganta.

Paleantropos: vivieron de 400.000 hasta 50.000 años antes de nuestra era; tuvieron un cerebro de 1.200 centímetros cúbicos de masa encefálica. A su cultura se le ha puesto el nombre de Musteriense. La mano aumenta su motricidad (rotación de las falanges). Su memoria se enriqueció por la complejidad del gesto técnico: obtención de largos filos con el trabajo de lascas. La comunicación fue apropiada a la complejidad de la memoria y se le adjudica una abstracción ante la muerte.

Neantropos: vivieron de 50.000 hasta 30.000 años antes de nuestra era y manejaron un cerebro de 1.550 centímetros cúbicos de masa encefálica. Convivió con el homo sapiens. Su cultura se ha llamado aurignaciense, solutrense y magdaleniense. La memoria y el lenguaje corresponden a un gesto técnico que agotó la industria lítica, elaboró en piedra desde una aguja hasta un hacha y por eso con él finaliza el paleolítico.

Homo sapiens: apareció en el periodo que va de 50.000 a 40.000 años antes de nuestra era. Estabiliza su masa encefálica en 1.450 centímetros cúbicos. Convive con el Neantropo buena parte y por eso son comunes sus culturas aurignaciense, solutrense y magdaleniense. Pero el homo sapiens entra en una cultura mesolítica y neolítica, entre los años 30.000 y 10.000 antes de nuestra era, en las que la piedra se pule y se agota su versatilidad. La piedra pulida encuentra un reemplazo en el metal. El gesto técnico es atravesado por la memoria social y el lenguaje madura el proceso de graficar el pensamiento y la memoria iniciado en el magdaleniense, al crear la escritura.

En la humanidad el tamaño del cerebro, el acortamiento de la cara y la creación del útil, fueron tres procesos que dejaron como sumatoria una imaginación que hace correlato de la experiencia y el trabajo. Desde el autraloantropo es necesario adjudicar a estos seres paleolíticos, un lenguaje articulado correspondiente a su gesto técnico. Este lenguaje se puede entender como estereotipos o como una memoria de estereotipos. Una memoria basada en el gesto técnico en la que luchan el instinto y la innovación. Sólo en el homo sapiens triunfa la memoria étnica, la memoria social que permite el grafismo y luego la escritura, expresiones de una imaginación enriquecida y organizada en lo que se llama razón o lógica, dos conceptos que deben entenderse como el orden de la memoria. Del grafismo a las escritura se tiene esta cronología y morfología. El grafismo iniciado hace 50.000 años, es el mismo que los modernos llaman arte paleolítico. Época prefigurativa, hasta 30.000 años a. n. e. Época primitiva, hasta el año 20.000 a. n. e. son figuras altamente estilizadas. Periodo arcaico hasta el año 15.000 a. n. e. figuras que muestran una gran maestría técnica. El periodo Clásico Magdaleniense hasta el año 11.000 a. n. e. se alcanza el realismo en la figuración, en las formas. En el año 10.000 a. n. e. se entró en un periodo de decadencia del realismo, por la adopción de dosis crecientes de abstracción.

Este ejercicio de escritura sobre la memoria puede concluir: la memoria antes de la ciudad construyó explicaciones de la existencia mágicas. Con la sedentarización se elaboraron explicaciones mítico – religiosas y luego racionales. 
(Este escrito le debe mucho a André Lerio-Gourham y a Mircea Eliade)

viernes, 25 de marzo de 2016

Camila y el maledicente

La chismosa. Fabio Borquez. Acrílico Lienzo. Argentina 1990

Se le ve caminar con la cabeza gacha y los ojos entornados porque quiere ver sin ser visto; pero la gestualidad de su cuerpo lo delata. El común de la gente que pasa, con actitud desprevenida, contrasta con ese cuerpo de caminar presuroso y sus sentidos centrados en mirar dentro de la casa de Camila, para ver lo que esta hace con su novio Gustavo. Chelo es bajo, sus piernas son cortas en relación con su tronco; su delgadez le permite escurrir el cuerpo no proporcionado, entre la gente, de manera que logra con facilidad su objetivo de espiar a aquellos vecinos que se ponen en el centro de su interés. Sabe que la hora propicia para espiar es la seis de la tarde. La calle se llena de gente y el tráfico aumenta. El gesto característico de su cuerpo a esa hora, supone, pasa imperceptible. Chelo es consciente de su apariencia física; pero en el momento de satisfacer su vocación deja a un lado las prevenciones y se entrega todo a su rito. Termina convencido de haber pasado inadvertido.

Esta vez tiene interés en Camila. Los vecinos que son como él le hablaron sobre la hija de Nardo porque se la ve llegar tarde en la noche. Tiene con Nardo un rencor oculto porque desde hace tiempo lo dejó de saludar cuando se enteró de sus prácticas maledicentes. Camila es la hija mayor de Nardo. Trabaja de oficinista en el centro y muchas veces por exigencias de las tareas se ve obligada a amanecer en la casa de una de sus compañeras de trabajo. Así que muchas veces no llega a su propia casa.

Nardo y Chelo tienen la misma profesión. Trabajaron juntos en los talleres del ferrocarril y aprendieron metalmecánica. Hacen parte de la tradición oficiante del barrio, adquirida por difusión de la técnica importada. Setenta años tienen los talleres y crearon en la población una tradición de trabajadores diestros en el manejo de la forja de metales, cerraduras, hojalatería y estructuras de hierro. Hubo empresas grandes de hombres ambiciosos, especializadas en la fabricación de suministros para los ferrocarriles, montadas por extrabajadores; pero el caso de Nardo y Chelo, es el común. Extrabajadores vecinos de barrio, adaptaron una habitación de sus casas con acceso a la calle y crearon un negocio pequeño al que llamaron cerrajería. Ambos abrieron sus puertas al mismo tiempo y bajo el signo de la competencia y la pugnacidad. Ya traían el rencor oculto desde los tiempos del taller cuando Chelo inventó el cuento de la enfermedad venérea de Nardo y exigía ser despedido. En las cerrajerías, los obrajes, en general, exigentes de mucho espacio, los obligaba a ocupar la vía pública, y era regular ver las calles del barrio, frente a las casas de ambos, los andenes y la calzada ocupada por rejas en confección y equipos de soldadura eléctrica funcionar hasta entrada la noche.

Nardo Recibió, más de una vez, la visita las autoridades de la municipalidad que le increpaban por la ocupación del espacio público. Recogía su negocio por un tiempo y luego volvía a lo mismo y se enteraba, por muchas bocas, como el origen de esas visitas estaba en las denuncias de Chelo. En la noche de un sábado, día de tragos en los bares del barrio, ambos se encontraron, se reclamaron mutuos despojos de clientela, se acusaron de incompetentes y ladrones y se fueron a los golpes de puño; pero la fortaleza de Nardo hizo huir, la pequeñez de Chelo y fue memorable la persecución por muchos minutos entre calles y esquinas.

A Camila se le acabó el trabajo. Volvió a vérsele todos los días en casa. Esbelta y atractiva se convirtió en atracción de muchos vecinos. En las tardes, con otras muchachas recibía el aire del fin del día. La noche llegaba con el trajín de gentes, autos y jóvenes que se acercaban a saludar llenos de cortejo y aspiraciones. Camila eligió a Gustavo. Recién graduado en medicina y buen partido al decir de sus compañeras vecinas. La visita del novio regulada por la madre y el padre, debía darse tres veces por semana, a la vista de todos y en la sala de la casa inmediata a la calle. Así la pareja quedaba vigilada por la familia y por los vecinos y transeúntes. La relación de Camila y Gustavo prosperó. Luego de dos años se comprometieron y fijaron fecha de matrimonio. Esta noticia llegó al oído rencoroso de Chelo. Fiel a su rito de espía maledicente, fue capaz de viajar al centro y hacer una pesquisa sobre la rutina de Camila en su tiempo de trabajadora oficinista. Supo la dirección de la oficina, las amistades acostumbradas, la ubicación de las casas de sus compañeras en las que amanecía por necesidad del trabajo. Chelo no encontró ninguna información denigrante de la conducta de Camila; pero eso no le interesaba. Su objetivo estaba en desplegar su ser maledicente. Construyó una historia con nombres propios, números telefónicos y direcciones de lugares habituados por Camila. Según esa historia la hija de Nardo trabajó en un prostíbulo y tuvo hijos tirados a la calle. La saña de Chelo le hizo dar otro paso. Se entrevistó con Gustavo, le refirió el cuento sobre su novia y le pasó unos números de teléfono para que verificara. El novio hizo gala de gran ingenuidad. Se limitó a marcar los números, preguntar si se conocía a Camila. Fue suficiente, para creer la maledicencia y la relacionó con los relatos de su novia cuando en las largas noches de conversaciones en la sala de encuentros, ella le refirió muchas anécdotas de sus quedadas en el centro, cuando fue oficinista.

La confrontación de la pareja se dio y terminó en una Camila repudiada. Gustavo hizo saber al barrio su decisión y el porqué. La urdimbre de Chelo convenció también a Nardo. Este se cegó de ira y en vez de atacar la infamia de su contradictor, cerró el taller y abandonó la familia. Sobre Camila descendió la tradición humana de la mujer fatal y se sumió una melancolía progresiva hasta enfermar y morir.

Chelo siguió en su rutina. Se le ve caminar con la cabeza gacha y los ojos entornados porque quiere ver sin ser visto. Quien lo ve pasar frente a la casa de Camila y Nardo, solo ve su caminar presuroso. No ve sus ojos diestros, en mirar con un soslayo imperceptible. Ahora su cara blanca es inexpresiva. No parece gozar de su maledicencia, ni sufrir. La satisfacción la tiene en la profundidad de entrega a su rito. Ahora está atento a una nueva incitación de los vecinos como él; pero la gestualidad de su cuerpo le ha hecho un personaje típico del barrio: el hombre de piernas cortas que sostienen un tronco grande. Sus historias algunos las escuchas otros le escurren la atención. Lo evitan. Cuando no camina se estaciona y mira con la cabeza erguida a los demás, como tratando de elegir una presa.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Claveles de septiembre

Dama con florero. Manuel de la Rosa 1860


Es un hombre de semblante opaco; rostro redondo con hullas eruptivas. La cabeza la tiene coronada por un cabello escaso y rígido; se lo hace cortar hasta el mínimo posible tras las orejas para hacer resaltar la parte superior que termina como un cepillo poco frondoso. Lo veo en las tardes de casi todos los días sentado ante la misma mesa en el Bar Azul, con una cerveza, siempre a media botella. Nunca está acompañado y rehúye las conversaciones. Escucha las canciones y parece saberlas de memoria porque las tararea bajo. Puede ser un melómano. En el Bar Azul suenan muchos géneros de música: rancheras, carrileras, guascas, tangos y boleros. Todas las sigue en voz baja; pero creo que lo hace de manera mecánica porque muestra tener el pensamiento en otros lugares o en otras cosas. El veintitrés de septiembre, llegué al bar saludé como siempre al dueño y entre las palabras que cruzamos, ambos dirigimos la mirada hacia la mesa del hombre, al verle poner sobre la mesa un clavel negro. Fue ocasión para hablarle. Me acerqué; le dije: ese clavel es una novedad. He escuchado que los producen con el color de otras flores. Le meten el azul de unas al rojo del clavel y producen ese color oscuro y así hablan de claveles negros. Él me invitó a su mesa. Dijo: -señor mucho gusto, me llamo G. Siéntese. Perdone usted mi silencio de siempre, pero hoy estoy metido es la fecha, día terrible para mí-.

-¡Dos cervezas por favor!- Ordenó

-Traje esta flor exótica porque a ellas les gustaban los claveles rojos; pero ya no viven, por eso quise hoy tener un clavel negro. Usted me ve acá con regularidad. Vengo porque al final quedé solo. Tres mujeres me acompañaron desde los veinte años. Vea usted señor, me enamoré de Marina en el colegio. Una mañana, fumaba de pie, antes de cruzar la puerta de entrada. Observaba desprevenido a los demás estudiantes caminar rápido, hacia los salones de clase. Entre las mujeres, me atrajeron los ojos y el cuerpo de ella. Pensé en el porqué no la había detallado antes. Las piernas blancas y bien torneadas, movían con ritmo sus carnes trémulas. Los pliegues de su falda azul se abrían sobre sus nalgas y obligaban a pensar el temple su carne joven. Desde que la descubrí, seguí observándola todos los días. En septiembre me decidí a saludarla y su amabilidad nos llevó a una larga conversación. Detallé el bello juego de colores, entre los ojos verdes y la piel blanca de su cara. Sus labios eran de un rojo fresco. No creí que tanta belleza pudiera estar en mis manos. Ni creí ver mi cuerpo robusto en el gusto de ella. Pero ocurrió. Nos enamoramos y entre el cumplir con las obligaciones académicas soñamos con juntarnos para siempre. Terminamos los estudios de bachillerato. Nos casamos en una ceremonia sencilla acompañados por las familias de ambos como testigos y en un salón adornado hasta el hastío con claveles rojos. Tuvimos dos hijas. Por efecto de la naturaleza, ellas fueron una copia de la madre. La mayor la llamamos Marina Luna y a la otra Gala para que llevara la primera letra de mi nombre. Crecieron. Y me duelo que les haya tocado esa época maldita. La pequeña ciudad entró en el dominio de una generación amante de la riqueza fácil, sin ninguna sensibilidad por los bienes de vivir en sociedad y lo peor, veían a los demás como objetos de apoyo para las aspiraciones de conseguir dinero. El dinero público, fue un objetivo. Para llegar a él utilizaron el envilecimiento político de las gentes para cambiarles el voto por cosas sin valor importante. De esas personas me tocó relacionarme, con Cristian Cruz. Me dio trabajo en uno de los bares que había abierto en el centro de la ciudad. Ahí conseguí recursos para educar las hijas y pagar la universidad de Marina. Ella logró graduarse de tecnóloga en confección de trajes. Yo conocía desde muy temprano a Cristian Cruz. Le vi crecer en la política. Cuando fue jefe de directorio, se decía de él haberse metido con la mafia y tener un grupo grande de jóvenes que ofrecían servicio de vigilancia en los barrios centrales y cobraban por eso un dinero cada semana. A los que no pagaban les hacían daños para que sintieran la necesidad de la vigilancia. Mis hijas crecieron, hermosas, eran casi iguales. Se llevaban un año de diferencia. Los dos hermanos menores de Cristian Cruz, las conocieron en una fiesta llena de derroche, organizada por el partido de mi patrón. Así comencé a llamarlo desde ese día. El bar que yo administraba, se fue transformando poco a poco, pero definidamente en un casino. El patrón llevó muchas máquinas de juegos y comenzó a ir con grupos de hombres armados y muchas mujeres elegantes. Gala y Marina Luna iban con los hermanos del patrón y yo me sentía tranquilo porque sabía que nadie las podía tocar. Cristian pasó por todos los puestos de elección. Fue concejal, diputado, congresista. Según el cargo ocupado llevaba al casino sus conocidos y socios de negocios de gran inversión, de los cuales me daba cuenta por estar presente. En la pequeña ciudad creció un grupo de hombres como mi patrón. Hicieron lo mismo y entre todos desbarataron el orden legal. Se convirtieron en un gobierno paralelo; fueron policía, la vida y la muerte estuvieron en sus manos. En el año de mi desgracia, en el mes de julio, un viernes en la noche, llegó al casino un hombre de ese grupo mafioso llamado Cantaclaro, con varios amigos. Luego de conversar largo con Cristian, terminaron acusándose mutuamente de traidor, ladrón. Se dieron puños, volaron mesas y sillas, los asistentes participaron en la pelea. Se apagó la luz y sonó un disparo. Yo metido tras la barra, agachado, oí gente correr en tropel. Luego un silencio grave. Encendí una linterna, llegué a los controles de energía. Encendí la luz y vi en el centro del bar el cuerpo sin vida de Cantaclaro.

El cuerpo fue levantado por hombres de la morgue, respondí a preguntas de la policía enfurecida porque nadie había visto nada. Afuera entre una multitud de curiosos estaba el hermano de Cruz, mezclado con la gente, pero era un hombre visible, la estirpe y la ostentación de sus ropas y joyas lo delataban. Muchas miradas cayeron sobre él y fue obligado, por una especie de recriminación silenciosa, a irse, a deslizarse, lento entre los curiosos. El bar- casino se cerró por varios días. Di muchas declaraciones ante jueces y policías. Busqué a Cristian Cruz. Le entregué las llaves del bar. Lleno de angustia y tristeza me quedé en casa definitivamente. Hablé con mis hijas sobre la familia del patrón, sobre lo que sabía de ella y de él y les arranqué la promesa de cambiar de amistades. Vivimos del sueldo de Marina, ganado en una fábrica de vestidos. Ella siempre nos había advertido el peligro; pero le respondíamos con palabras confiadas por estar con gente conocida desde la niñez. En septiembre, sicarios les dispararon a mis dos hijas y al hermano de Cristian en un restaurante de las afueras de la pequeña ciudad. Entre el dolor de mi pecho, el llanto de Marina, comprendí que la amistad de los jóvenes no la destruye, los temores de los padres. Marina murió un año después por cáncer de tristeza. A mis tres mujeres las llevé al cementerio con muchos claveles rojos.

Señor perdone, haberle quitado tiempo. Usted se extrañará de mí, de esa persona silenciosa y repetidora de canciones en voz baja. Pero hoy veintitrés de septiembre me posee una tristeza negra como esta flor sobre la mesa-.